219
Sobre Miguel Servet
(1511- 1553)

Los conceptos físicos son creaciones libres del intelecto determinadas por el mundo exterior. En nuestro empeño por concebir la realidad, nos parecemos a alguien que tratara de descubrir el mecanismo invisible de un reloj, del cual ve el movimiento de las agujas, oye el tic-tac, pero no le es posible abrir la caja que lo contiene. Si se tratara de una persona ingeniosa, podrá imaginar un mecanismo que sea capaz de producir los efectos observados, pero nunca estará segura completamente de si su imagen es la única que los puede explicar. Jamás podrá compararla con el mecanismo real, y no puede concebir, siquiera, el significado de una comparación que le está vedada. Como él, el hombre de ciencia creerá ciertamente que, al aumentar su conocimiento, su imagen de la realidad se hará más simple y explicará mayor número de impresiones sensoriales. Puede creer en la existencia de un límite ideal del saber, al que se aproxima el entendimiento humano, y llamar a este límite verdad objetiva. 
Einstein

Este pensamiento de Einstein sobre el ámbito científico permite apreciar cómo, en todo ámbito, los condicionamientos de cada época limitan la apertura mental y van siendo reemplazados por condicionamientos "más avanzados" pero igual de limitados por, como dice Einstein, ser creaciones libres del intelecto determinadas por el mundo exterior que hace pensar como verdad objetiva lo que está sustentado en un límite que es irreal. Miguel Servet fue un adelantada para su época, cual si del presente se hubiera encontrado nacido en el año 1511. Ser adelantado le significó la condena de la Inquisición católica española y evangélica protestante calvinista, la cual tuvo el deshonor de llevarlo a la hoguera por herir con la Verdad un dogma. Dogma cimentado en creaciones del intelecto sobre lo que Jesucristo no dijo ni enseñó.

Breve biografía de Miguel Servet

El 22 de febrero de 1977 se pondría en circulación la 12ª serie de "Célebres Personajes Españoles". Uno de sus valores (Edifil nº 2399) representa al médico, teólogo y traductor bíblico MIGUEL SERVET. El grabado está inspirado en un retrato de Chistian Fritsch que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia.

Miguel Servet nació en Tudela, provincia de Navarra. Realizó la carrera de abogado en la Universidad de Toulouse, y de medicina en las Universidades de París y Montpellier así como teología en la Universidad de Lovaina.
En 1540 en Vienne, Francia, comenzaría sus prácticas de medicina ejerciendo además como doctor personal del arzobispo. Hacia 1545 comenzó a mantener correspondencia con el teólogo protestante francés, Juan Calvino sin saber que años más tarde sería traicionado y sentenciado a muerte por él.

Servet fue un personaje que, como muchos otros doctos y sabios españoles, fue perseguido por la Inquisición e incluso por otros reformistas protestantes de su época, que le hicieron huír por su vida. Su delito era que contravenía las enseñanzas dogmáticas de la cristiandad exponiéndolas como mentiras a la luz de las Santas Escrituras. Su obra a este respecto respecto fue muy perseguida tanto por católicos como por los reformadores protestantes. En "De erroribus Trinitatis" o del error de la Trinidad (1531) repudiaba la personalidad trina del Padre Yehowáh y el ritual del bautismo a la luz de la razón y de los textos bíblicos. En 1532 escribió Segundo Libro de diálogos sobre la Trinidad. Sus contribuciones científicas también fueron notables: "La restauración del cristianismo", publicado poco antes de su muerte, contiene la primera descripción rigurosa del sistema de circulación cardio-pulmonar.
En la primavera del año 1553 despuntando el alba, el reputado médico español escapó como bien pudo de la prisión en camisón y gorro de dormir, y huyó por los campos y aldeas de Francia. El proceso emprendido contra él por las autoridades católicas de Vienne en Francia había tomado un giro desfavorable. Sabían quién era. Juan Calvino, líder protestante afincado en Ginebra y enemigo acérrimo de aquella elite católica, había contribuido a entregar a Servet en sus manos para ajusticiarlo.

Si grande era el odio que existía entre protestantes y católicos en aquellos primeros años de la Reforma, mayor fue el odio que les unió en su lucha contra este hombre. ¿Cuál había sido su crimen? ¡Herejía!. En aquellos días esta aguda exclamación significaba la muerte en la hoguera literal de la intolerancia de la cristiandad.
 
Servet había escrito, en las obras ya mencionadas, que la falsedad de la doctrina de la Trinidad, enseñada por las iglesias, no tenía apoyo bíblico. Había dicho: "La Trinidad papista, el bautismo de infantes y los otros sacramentos defendidos por el papado son doctrinas de demonios".

Pero, ¿adónde podría ir? Puede que Servet supiese que en el norte de Italia contaba con un pequeño grupo de seguidores. Ocultándose, se encaminó en esa dirección. Sin embargo, a pesar de su disfraz, a su paso por la "Teocrática" Ginebra fue reconocido. Calvino lo denunció a las autoridades e instigó su ejecución. El 27 de octubre de 1553 fue quemado vivo en la hoguera con uno de sus libros atado a su muslo. Murió mientras oraba a favor de sus enemigos y rehusaba retractarse. Algunos espectadores, impresionados por aquello, llegaron a repudiar la doctrina de la Trinidad y otras ideas antibíblicas calvinistas dando origen así a uno de los grandes movimientos mesianistas de aquella difícil época.
http://es.geocities.com/circulosabeleiro/sello_espanol.htm

Miguel Servet como médico descubrió la circulación menor o pulmonar de la sangre, y sin querer queriendo "descubrió" la asepsia quirúrgica al lavarse las manos de manera rigurosa antes de atender un paciente, pues, como él decía: "al cuerpo humano había que tratarlo con las manos limpias", y, eso llevado a la cirugía actual se llama asepsia para evitar infecciones operatorias. Por su notable aporte científico como lo fue el estudio que demostró la circulación de la sangre pasó a ser hereje, y por su pensamiento teológico su herejía superó al condicionamiento mental de su época y en la hoguera terminó sus días por pensar de manera libre por sobre el limitante dogma científico y teológico cristiano de su época. Tuvo el alto honor de ser condenado a la Santa Hoguera por su Iglesia Católica que no logró cumplir la orden a pesar de tenerlo a la mano y por la Evangélica Protestante Calvinista de Ginebra que sí pudo asesinarlo en la no tan santa hoguera.

Así opinaron sobre Miguel Servet:

La ejecución de Servet abrió una herida en el seno del protestantismo. León X había excomulgado a Lutero, entre otras razones, porque el reformador había afirmado que no podía considerarse conforme a la voluntad divina la persecución de los herejes. De la misma manera, el principio de libertad de conciencia fue reconocido legalmente a instancia de los luteranos alemanes y llevado a su máxima expresión por los calvinistas holandeses. No resulta por ello extraño que, a diferencia de lo sucedido en otros medios, los protestantes de Ginebra alzaran un monumento “expiatorio” justo en el lugar donde el Consistorio de la ciudad había ejecutado a Servet. Como si también se tratara de un reconocimiento a su labor médica, enfrente se alza el Hospital cantonal.
César Vidal

Servet se nos presenta como una voluntad sana, con misticismo arrebatador y sincero, aún a pesar de aquella, su actitud de rebeldía y estravío antijerárquico, fruto de una mente zarandeada por el vaivén de unas circunstancias político-científico-religiosas. Mi creencia me permite presumir que Miguel Servet, condenado por los hombres como hereje, defensor de una doctrina, no fue condenado por Dios... al que amo y dedicó sus pensamientos y trabajos durante toda su vida.
Arner

La característica de España no es que en ella la Inquisición quemase a los heterodoxos, sino que no hubiera ningún heterodoxo importante que quemar. Cuando ha habido alguno se iba fuera, como Servet y era fuera donde lo quemaban. Ortega y Gaset

Servet fue el caballero andante de la Teología.
El suplicio de Servet, ya lo dijo Voltaire, es mil veces más censurable que todas las hogueras de la Inquisición española, porque estas no abrasaron a un sólo sabio.
Menéndez Pelayo

Servet clamaba que la naturaleza humana no puede ser depravada, condenada, totalmente corrupta e indefensa.
Servet fue el primer pensador cristiano de los tiempos modernos que abogó por el derecho de cada individuo a seguir su propia conciencia y expresar sus propias convicciones.
Los logros de Servet son los más altos de la Europa de su tiempo y originaron todas las tendencias modernas en ciencias políticas, sociales y morales, y en los conceptos de absoluta libertad de investigación intelectual y de libertad de conciencia.
Marian Hillar

El Dios de Servet y el hombre Servet y el hombre en Servet son: dinamismo, libertad, caridad, tolerancia, creatividad individual.
Angel Alcalá

Sus opiniones heterodoxas y su libertad de espíritu, que Servet defendió siempre con la pluma y el diálogo, le convirtieron en un proscrito en toda Europa.
Jaume de Marcos Andreu

El radicalismo místico de Valdés, el radicalismo intelectual, anti-institucional y anti-dogmático en Servet y el radicalismo autoritario y dogmático en Loyola; representan tres dimensiones del nativo radicalismo español.
Domingo Ricart

Servet, el sabio víctima de la Universidad, el santo víctima de las Iglesias.
Pey Ordeix

Servet creía que Fisiología, Psicología, Teología, están íntimamente unidas, siendo el hombre el punto de su conjunción. Roland H. Baiton

Pueden condenarle, suplicarle, quemarle, Servet no cambiará; sus últimos días elevan a este caballero andante de la ciencia al rango de héroe y mártir de la Fe.
Julio Arribas

En cuestiones de religión soy tolerante... ¡amaría a Calvino si no hubiera hecho quemar a Servet!
Se dice que varios jesuitas se han hecho socinianos; ¡Dios les conceda gracia! Sería gracioso que construyeran una iglesia a San Servet.
Voltaire

Servet creía que la doctrina calvinista del pecado original, de la total depradación del hombre y de su predestinación lo reducían a tronco y estatua.
Julio Arribas

Servet es el verdadero fundador de la Etnografía y de la Geografía comparada.
Eliseo Reclus

Servet tenía madera de santo, porque alcanzó el martirio con mucho más peso específico que otros que aparecen en el Santoral.
Vega Díaz

Para los católicos Servet sólo era un hereje más, para los reformadores era algo más peligroso: un revolucionario.
Otte

Servet fue el Copérnico de la Fisiología, como Copérnico era el Servet de la Astronomía.
Castelar

En Servet vemos la confluencia de lo mejor de cada cosa que llegó a madurez en el s.XVI.
Harnack

Servet se cuenta entre los diez o doce principales de la historia de la Humanidad entera.
Elisée Réclus

No está en mi ánimo polemizar, pero sí mostrar mi desacuerdo con unos poderes fácticos que excomulgaron a Galileo, o que quemaron a Miguel Servet, y que ahora, una vez más, se arrogan el privilegio de definir los designios divinos, de convertirse en oráculos del Supremo Hacedor, de pontificar acerca de materias -en este caso científicas- sobre las que no tienen el más mínimo conocimiento, a la par que personas que han sido elegidas para servir los intereses de la sociedad, se ponen incondicionalmente al servicio de quienes se caracterizan por sus ideas inmovilistas impregnadas de un integrismo radical.
Ramón Cerdá

Voltaire resumió así el desdichado final de Miguel Servet: caníbales con manteos negros se apoderaron de él, de su dinero, y le quemaron a fuego lento para agradar a Calvino. Los jueces de Ginebra violaron los derechos de las naciones y destruyeron a un héroe de la conciencia libre, a un médico, que como después su paisano Cajal, revolucionó la medicina. El protestantismo tiene en la conciencia su Galileo, aquel baturro que se iba de la mojarra, con un ego incontenible y una genialidad cercana a Goya, o a Buñuel; como el de Calanda vivió entre la fe y la blasfemia. Llegó a decir que creer en la Santísima Trinidad era como adorar a un perro de tres cabezas.
Raúl del Pozo

La lógica, la ciencia son, han sido y serán los principales enemigos por parte de la religión. La razón de ello es que la ciencia y la lógica aclaran allí justo donde la religión prefiere la oscuridad. La lógica explica igual que la ciencia, permite ver, y enfocar sobre el misterio y la iglesia gusta de apagar la luz y dejarlo como "misterio". Por eso les molestaba tanto Galileo Galilei, y lo silenciaron en su momento, luego de humillarlo como científico y como ser humano. Porque echaba luz sobre la oscuridad. Por eso lo quemaron a Giordano Bruno y a Miguel Servet.
José Murtúa


Así opinó Miguel Servet:

Por entre las brumas de la memoria, cada vez más tambaleante me llega a ratos la luz de mi pueblo, Villanueva de Aragón. Percibo la luminosidad especial de un cielo plano y límpido en los veranos y el olor a mieses, que llenaron mis sentidos para siempre, y que atesoro en el origen de mis recuerdos, desde que jugaba con niños por las calles y campos del sitio donde abrí por primera vez los ojos.

Colón fue el descubridor de un continente que los
españoles gobiernan ahora felizmente. Por eso están tan radicalmente equivocados los que llaman a América a este continente, pues Américo (Vespucio) fue a este país mucho después que Colón.

¿Quién puede llamar ortodoxo a un ministro de la Iglesia (Calvino) que es acusador, criminal y homicida?

Es un principio general que todas las cosas han salido de la raíz divina, son parte y porción de Dios, y la naturaleza de las cosas es el espíritu de Dios.

La fe, si se considera en su propiedad esencial y pura, no contiene tal perfección como el amor...El amor es superior a todo...durable, sublime, más parecido a Dios...

Propio de la condición humana es la enfermedad de creer a los demás impostores e impíos, no a nosotros mismos, porque nadie reconoce sus propios errores...

Es un abuso condenar a muerte a aquellos que se equivocaron en sus interpretaciones de la Biblia.

Los galos fueron llamados así por su color lácteo y cándido, pues significa leche.

Yo no separo a Cristo y a Dios más que una voz del hablante o un rayo del Sol.

Dios nos dio la mente para que le reconozcamos a Él mismo.

Cada cual es como Dios lo ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace.

No debe imponerse como verdades conceptos sobre los que existen dudas.

Si me hallas en error en un sólo punto, no debes por eso condenarme en todos.

Ni con estos, ni con aquellos estoy conforme ni disiento en todo. Todos tienen parte de verdad y parte de error, y cada cual descubre el error en otro sin ver el suyo.

Hay un brillo del Sol y otro de la Luna; uno del fuego y otro del agua. Todos fueron dotados de luz por Cristo, arquitecto del mundo.

La fe enciende la lámpara que solo el aceite del amor hace arder.

El hombre es libre, y recibe de los astros, solo inclinaciones y tendencias. La preordenación, predestinación, elección, son inventos de Simón Mago.

Lo divino ha bajado hasta lo humano, para que el humano pueda ascender hasta lo divino.

Por entre las brumas de la memoria, cada vez más tambaleante, me llega a ratos la luz de mi pueblo, Villanueva. Percibo la luminosidad especial de un cielo plano y límpido en los veranos y el olor a mieses, que llenaron mis sentidos para siempre, y que atesoro en el origen de mis recuerdos, desde que jugaba con otros niños por las calles y campos del sitio donde abrí por primera vez los ojos.

España es aventajada por Francia en la abundancia de vino, cereal y carnes, pero la supera en la bondad y el sabor de ellos.

Leed la Biblia una y mil veces; si no le tenéis gusto es que habéis perdido la llave del conocimiento.

Cristo camina en las olas del viento y habita en el vértice de la Tierra, mide los cielos con su palmo y le caben en sus manos las aguas del mar. 

Colón fue el descubridor de un continente y de muchas islas que los españoles gobiernan ahora felizmente. Por eso están tan radicalmente equivocados los que llaman América a este continente.

La fe es la puerta; la caridad la perfección. Ni la fe sin caridad, ni la caridad sin fe. 

No estamos obligados a juzgar según la Ley, aunque la ley nos muestra bien el pecado.

La luz da el ser a la cosa, la luz es la forma de la cosa...la luz es lo más hermoso de este mundo y del otro.

En el cuerpo de Cristo se concilia, concurre, recapitula y resuelve todo: Dios y el hombre, el cielo y la tierra, la circuncisión y el prepucio.

Si yo amo una persona, de modo entrañable, estoy pendiente de ella; a ella me entrego en todo y para todo y ella me conduce a donde quiera.

Amortigua la circuncisión el apetito de la carne, como queda amortiguado el oído si se le cortan a uno las orejas o la vista si se le cortan los parpados.

En este mundo no hay verdad alguna, sino simulacros vanos y sombras que pasan. La verdad es Dios eterno...

A quien se le planta y siembra con la predicación, se le riega y vivifica con el bautismo y se le alimenta con la cena del Señor.

No podrá ser un buen geógrafo el que no esté seriamente versado en Matemáticas.

Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace.

He decidido contarle al mundo la verdad tal y como la he descubierto, porque deduzco de este hallazgo que si los cristianos aceptasen que solamente hay un Dios, terminarían los motivos de enfrentamiento entre cristianos y musulmanes y ambas comunidades podrían convivir en paz. Este joven inexperto, con la imaginación inflamada por el entusiasmo, creyó que esta meta se conseguiría más fácilmente con la ayuda de los líderes de la Reforma, que después de todo, habían roto ya con la Iglesia católica. Las nuevas iglesias protestantes se harían unitarias y sería posible un mundo de tolerancia.

Me parece grave matar a un hombre sólo porque en alguna cuestión yerre; nadie debe de ser perseguido, por más que, como suele decirse, parezca que todo el orden del mundo se va a descomponer. Matar a un hombre por defender una doctrina no es defender una doctrina, es matar a un hombre.

Servet os responde que no llama Triteitas a los que creen en la Trinidad, pues él mismo cree, sino a los que la presentan como no es... (En su proceso).

¡Oh, Cristo, Hijo de Dios eterno, salva mi ánima! ¡El hacha! ¡El hacha!; la hoguera no! - (Servet, frente a la pira)

En alguno de sus libros, que a pesar de las llamas lograron ser salvados, Miguel Servet señaló:

 “Al estudiar los misterios sagrados de la divina Trinidad, he llegado a la conclusión de que debería partirse del propio hombre pues muchos son los hombres que abordan su elevada concepción de la Palabra sin tener ninguna comprensión fundamental de CRISTO. Le conceden poca o ninguna importancia al hombre y relegan al verdadero CRISTO al olvido. Pero me esforzaré por recordarles quien es CRISTO. Sin embargo, qué y cuánta importancia debe concedérsele a CRISTO, es algo que decidirá la Iglesia. Partiendo del hecho de que el pronombre indica un hombre, a quien ellos llaman naturaleza humana, admito estas tres cosas: en primer lugar, que este hombre es JESUCRISTO; en segundo lugar, que Él es el Hijo de Dios y en tercer lugar, que Él es Dios.“
De Trinitatis Erroribus salió a la luz el verano de 1531, en Hagenau (Alsacia).

“Sincero lector, me retracto aquí de todo lo que en siete libros he escrito últimamente en contra de la creencia generalmente aceptada sobre la Trinidad. No porque sea falso sino porque está incompleto y expresado como si lo hubiera redactado un niño. Sin embargo, ruego que lo recuerde, pues podría serle de ayuda para comprender lo que a continuación se dirá. Por otra parte, el motivo por el cual se trata de un libro tosco, confuso y lleno de errores, debe atribuirse a mi propia falta de experiencia y a la despreocupación del impresor. Tampoco es mi intención ofender a ningún cristiano de este modo, pues Dios mismo, algunas veces, acostumbra a dar a conocer su propia sabiduría a través de los instrumentos más ridículos. Le ruego, por lo tanto, que preste atención al asunto, pues si lo hace, mis palabras vacilantes no le serán ningún obstáculo. Vaya con Dios."

“Petrucius: Puedo oír la voz del hombre que estaba buscando. ¡Detente! ¿Qué estás murmurando aquí solo?
Miguel: Me siento profundamente atormentado cuando veo que las mentes de los cristianos están tan alejadas de cualquier conocimiento sobre el Hijo de Dios.
Petrucius: Yo también he visto como algunos de ellos se dejaban llevar por sus mentes totalmente enfurecidas en contra tuya porque te has propuesto quitarles gran parte de sus dioses.
Miguel: ¿Por qué razones, o según qué Escrituras, me condenan?“
Dialogorum de Trinitate libri duo de 1532.

“Sabed, sin embargo, respetables lectores, que es una pura fanfarronada y una falsedad atribuir tantas excelencias a esta tierra. La experiencia de mercaderes y viajeros que han estado allí demuestra que es poco hospitalaria, árida y sin ninguna diversión. Por lo tanto, podría decirse que la tierra es la prometida, en efecto, pero se trata de una pequeña promesa en términos de hoy en día”.
Goegrafía de Ptolomeo, 1535.

"Pues los luteranos, cuyos argumentos no son difíciles de rebatir y cuyos errores son fáciles de revelar, no desean atribuir nada a las obras porque ellos no entienden lo suficiente la importancia de la justificación."
In Leonardum Fuchsium apología, 1536.

“Cuando estaba dando clases de Astronomía en París, cierto médico1 interrumpió mi clase e intentó por medio de dos argumentos rebatir toda la teoría: la parte que predice a partir de las estrellas así como la parte que observa los movimientos celestes con la ayuda de instrumentos. Evidentemente, este discípulo de otro individuo poco cualificado que había sido su mal informado preceptor, demostró nada más que su ignorancia, de manera que ambos condenaban sin reflexionar aquello que ignoraban por completo y, a pesar de todo, se presentaron como filósofos y médicos ante la galería. De todas formas, a partir de este incidente cualquiera puede darse cuenta de que se habían alejado de lo que predicaban sus guías (Platón, Aristóteles, Hipócrates y Galeno) ya que todos estos últimos eran expertos en astrología mientras que los primeros, no sólo se confesaban completamente ignorantes en el tema sino que, además, lo criticaban severamente. Los últimos sostienen que la astrología es un principio de la filosofía, los primeros que se trata de un enemigo. Así que, primero, citaré las declaraciones de aquellos autores que apoyan las dos vertientes de la astrología3 y, luego, procederé a relatar los argumentos…”
Disceptatio pro-astrología, 1538.

“No sólo por tales obsequios sino también por aquel que nos sopla el aliento del espíritu divino, se dice que Dios nos da su espíritu (Génesis 2 y 6). Nuestra alma es como la antorcha de Dios (Proverbios 20). Es como una llama del espíritu de Dios, un reflejo de la sabiduría de Dios, creados a semejanza de esa sabiduría espiritual, incorporados en ella, conservando la luz innata de la divinidad, la llama de esa sabiduría excepcional y el propio espíritu de la divinidad. Dios mismo declara en el capítulo 6, que el espíritu de la divinidad era innato en el hombre incluso antes del pecado de Adán. Nuestra vida se nos otorga y se nos salvaguarda a través de la bendición de su aliento, como Job dice en el cap. 10, 32 y siguientes. Dios introdujo el aliento del espíritu divino en las narices de Adán con un soplo de aire, por eso perdura (Isaías 2 y Salmos 103). Dios mismo nos mantiene el soplo de vida con su espíritu, dando aliento a esos seres que habitan la tierra y espíritu a esos que la pisan, por eso vivimos, nos movemos y existimos en Él (Isaías 42 y Hechos 17). Viento de los cuatro vientos y aliento de los cuatro alientos unidos por Dios que resucitan a los muertos (Ezequiel 37). A partir de un soplo de aire, Dios concede el espíritu divino a hombres en los cuales la vida del aire inspirado ya era innata. De ahí que en hebreo "espíritu" se represente de igual forma que "aliento". A partir del aire, Dios otorga el espíritu divino, introduciendo el aire junto con el espíritu mismo y la llama de la propia divinidad que llena el aire. Como cita Aristóteles en sus libros De anima, la idea de Orfeo de que el espíritu divino es transportado por los vientos y entra con una inspiración plena es cierta. Las enseñanzas de Ezequiel nos dicen que el espíritu divino contiene una especie de sustancia elemental y, como Dios mismo enseña, se trata de algo presente en la sustancia de la sangre. Explicaré este asunto detenidamente para que puedan así comprender que la sustancia del espíritu creado de Cristo está fundamentalmente unida a la propia sustancia del espíritu santo. Me referiré al aire como espíritu porque en lenguaje sagrado no existe un nombre específico para designar al aire. Es más, este hecho indica que el aliento divino está presente en el aire que el espíritu del Señor llena.

Para que usted, lector, pueda disponer de la doctrina completa del espíritu divino y del espíritu, añadiré aquí la explicación de la filosofía divina que fácilmente comprenderá si tiene conocimientos de anatomía. Se dice que existe en nosotros un triple espíritu formado por tres elementos superiores; el natural, el vital y el animal. Afrodiseo les describe como tres espíritus. Sin embargo, no son tres sino un único espíritu (spiritus). El espíritu vital es el que se comunica a través de la anastomosis desde las arterias hasta las venas, donde pasa a denominarse espíritu natural. Por lo tanto, el primero, el espíritu natural, es el de la sangre, y se encuentra en el hígado y en las venas del cuerpo. El segundo es el espíritu vital, el cual se halla en el corazón y en las arterias del cuerpo. El tercero es el espíritu animal, una especie de rayo de luz, y está en el cerebro y en los nervios del cuerpo. En todos ellos reside la energía de un único espíritu y la luz de Dios. La formación del hombre en la matriz demuestra que el espíritu vital se comunica desde el corazón hasta el hígado. Pues una arteria unida a una vena se comunica a través del ombligo del feto, y de igual manera, poco después, la arteria y la vena se unen para siempre en nosotros. El espíritu divino de Adán fue inspirado de Dios hasta el corazón antes de llegar al hígado, y desde allí ya fue transmitido hasta el hígado. El espíritu divino entró realmente por la boca y la nariz, pero la inspiración se extendió hasta el corazón. El corazón es el principal órgano viviente, la fuente de calor que se halla en medio del cuerpo. Toma del hígado el líquido de la vida, una especie de sustancia, y a cambio le da vida, de forma que el agua líquida proporciona sustancias para elementos superiores y a través de éstos y de la luz, se le vivifica para que, a cambio, pueda coger fuerza. El material del espíritu divino surge de la sangre del hígado a partir de un proceso sorprendente que ahora pasaré a detallar. De ahí que se diga que el espíritu divino está en la sangre y que él mismo es la sangre o el espíritu sanguíneo. No quiero decir que el espíritu divino se encuentre principalmente en las paredes del corazón, del cerebro o del hígado sino que reside en la sangre, como Dios mismo dice en Génesis 9, Levítico 7 y Deuteronomio 12.

Sobre este tema debe primero entenderse la importante creación del espíritu vital, compuesto de una sangre ligera alimentada por el aire inspirado. El espíritu vital tiene su propio origen en el ventrículo izquierdo del corazón, y los pulmones tienen un papel importante en su desarrollo. Se trata de un espíritu enrarecido, producido por la fuerza del calor, de color amarillo rojizo (flavo) y de potencia igual a la del fuego. De manera que es una especie de vapor de sangre muy pura que contiene en sí mismo las sustancias del agua, aire y fuego. Se genera en los pulmones a partir de una mezcla de aire inspirado con la sangre elaborada y ligera que el ventrículo derecho del corazón comunica con el izquierdo. Sin embargo, esta comunicación no se realiza a través de la pared central del corazón, como comúnmente se cree, sino que, a través de un sistema muy ingenioso, la sangre fluye durante un largo recorrido a través de los pulmones. Elaborada por los pulmones, adquiere el tono amarillo rojizo y se vierte desde la arteria pulmonar hasta la vena pulmonar. Entonces, una vez en la vena pulmonar, se mezcla con aire inspirado y a través de la expiración se libera de sus impurezas. Así, completamente mezclada y preparada correctamente para la producción del espíritu vital, es impulsada desde el ventrículo izquierdo del corazón por medio de la diástole.

Sabemos que esta comunicación se establece así a través de los pulmones por las distintas combinaciones y la conexión de la arteria pulmonar con la vena pulmonar en la cavidad pulmonar. El tamaño considerable de la arteria pulmonar lo corrobora, pues no sería de ese tamaño ni emitiría tal fuerza de sangre pura desde el corazón hasta los pulmones sólo para proporcionar el alimento de éstos. Tampoco el corazón daría este servicio a los pulmones, pues, como decía Galeno, durante los primeros meses del embarazo, en el embrión, los pulmones reciben el alimento de otra parte ya que esas pequeñas membranas o válvulas del corazón no se abren hasta el momento del parto. Por lo tanto, el hecho de que la sangre mane de forma tan abundante desde el corazón hasta los pulmones en el mismo momento del nacimiento tiene otro propósito. De igual modo, se envía aire mezclado con sangre, no simplemente aire, desde los pulmones hasta el corazón a través de la vena pulmonar, por lo que la mezcla se produce en los pulmones. Esta sangre espirituosa se torna de color amarillo rojizo en los pulmones, no en el corazón.

No hay suficiente espacio en el ventrículo izquierdo del corazón para tal grande y abundante mezcla ni para que allí se le imprima el color amarillo rojizo. Además, esa pared central no es apta para llevar a cabo este proceso de comunicación y elaboración, pues carece de vasos y otros mecanismos que lo permitan, aunque quizás algo podría traspasarla. Al igual que en el hígado se produce una transfusión de sangre de la vena porta a la vena cava, en el pulmón se realiza una transfusión de sangre del espíritu de la arteria pulmonar a la vena pulmonar. Si alguien compara estos procesos con aquellos que Galeno describió en los libros VI y VII de De usu partium, se dará perfectamente cuenta de una verdad que le era desconocida a Galeno.

De esta forma, el espíritu vital es inyectado del ventrículo izquierdo del corazón a las arterias de todo el cuerpo y, para estar más enrarecido, busca las regiones más elevadas donde se encuentre más elaborado, especialmente en el plexo retiforme ubicado en la parte inferior de la base del cerebro. Y así, aproximándose a la región del alma racional, el espíritu animal empieza a formarse a partir del espíritu vital. De nuevo por la poderosa fuerza de la mente, se enrarece más, se elabora y se completa en los finos vasos llamados arterias capilares que están situados en los plexos coroideos y que contienen a la propia mente. Estos plexos penetran en todas las partes más recónditas del cerebro, rodeando internamente los ventrículos del cerebro, y estos vasos, envueltos y entrelazados entre sí hasta el principio de los nervios, sirven para introducir en estos últimos la facultad sensitiva y la de movimiento. Esos vasos están entrelazados con gran precisión, y aunque se les llamen arterias, en realidad son los extremos de las arterias que se extienden con la ayuda de las meninges hasta el principio de los nervios. Se trata de un nuevo tipo de vasos. Al igual que en el proceso de la transfusión de sangre de las venas a las arterias, en la transfusión de las arterias a los nervios existe un nuevo tipo de vasos de la membrana arterial en la meninge, ya que son especialmente las meninges las que conservan las membranas de los nervios. La sensibilidad de los nervios no radica en su parte blanda, como ocurre en el cerebro. Todos los nervios terminan en unos filamentos membranosos que poseen una extraordinaria sensibilidad y a los que, por este motivo, siempre llega el espíritu. Y, a modo de fuente, desde esos pequeños vasos de las meninges, o plexos coroideos, el espíritu animal fluye como un rayo a través de los nervios para llegar a los ojos y otros órganos sensoriales. Siguiendo la misma ruta a la inversa, se envían a esa misma fuente, unas imágenes claras de elementos que van produciendo sensaciones, penetrando por el interior a través del medio transparente, es decir, el espíritu.

A partir de todo esto, queda suficientemente claro que el alma racional no se aloja en esa masa blanda del cerebro, pues ésta es una zona fría y sin sensaciones. Sin embargo, esta zona, que está fría para poder atenuar el calor abrasador que contienen los vasos, actúa como una almohada de los vasos anteriormente mencionados para evitar que se rompan y como un guardián del espíritu animal para que éste no se disperse en el aire cuando se comunique con los nervios. Por lo tanto, también se observa que los nervios conforman la capa de la membrana de la cavidad interna, siendo así unos fieles guardianes del espíritu reteniéndole desde la meninge más blanda así como retienen otro desde la más fibrosa. Esas áreas vacías de los ventrículos del cerebro que desconciertan a filósofos y médicos, no contienen otra cosa que el espíritu. Los ventrículos se crearon en primer lugar como una cloaca que recibe las impurezas provenientes del cerebro para poder analizar los excrementos a partir de los cuales se originan unos deflujos malsanos y para facilitar un camino hacia el paladar y la nariz. Cuando los ventrículos están completamente llenos de la pituita en la que las propias arterias o los plexos coroideos están sumergidos, entonces, inesperadamente se produce una apoplejía. Si un humor muy tóxico obstruye una región, y su vapor infecta el cerebro, se produce la epilepsia. Ocasionará otras enfermedades según la parte del cuerpo en la que se instale una vez haya sido expulsado. Por consiguiente, podemos confirmar que es la mente la que claramente está aquejada de enfermedades. Debido al desmesurado calor de esos vasos o a la inflamación de las meninges, se produce un claro estado de delirio e histeria. A partir de las enfermedades que se producen según su ubicación o sustancia, a causa de la fuerza del calor y de la ingeniosa construcción de los vasos que lo contienen, y a partir de las acciones de la mente presentes en ella, podemos concluir que debemos considerar detenidamente a esos pequeños vasos, pues todo el resto de elementos y los nervios sensitivos están ligados a ellos para que puedan recibir toda su fuerza. Por último, podemos apreciar que el intelecto se ejercita en esa zona cuando, a raíz del pensamiento que en ella se concentra, esas arterias laten hasta las sienes. El que no haya comprobado todo esto, difícilmente lo comprenderá. Los ventrículos se crearon en segundo lugar para que una parte del aire inspirado que penetra a través de los huesos etmoidales hasta los espacios vacíos pueda, atraído por la diástole de los vasos del espíritu, refrescar y ventilar el espíritu animal que contiene dentro y el alma. En estos vasos, la mente, el alma y el ardiente espíritu requieren una ventilación constante, de lo contrario, como si se tratara de un fuego eterno que se hubiera tapado, se produciría la asfixia. Como en el caso de un fuego común, no sólo se requiere ventilación y soplidos constantes para que pueda coger combustible del aire, sino también para que pueda liberar sus vapores impuros en ese aire. Y de este modo, el fuego externo común se une a un grueso cuerpo terrenal debido a una sequedad común y a una forma de luz común, para conseguir el líquido del cuerpo a medida que su alimento es soplado, sustentado y nutrido por el aire. Así, ese espíritu ardiente y nuestra alma están ligados al cuerpo de igual manera, teniendo a la sangre como alimento. Es soplado, sustentado y alimentado por el espíritu aéreo a través de la inspiración y la expiración para que se produzca una doble alimentación, espiritual y corpórea.”
Christianismi Restitutio, 1553.

Las creencias teológicas de Miguel Servet
Miguel Servet no aceptaba la doctrina del pecado original ni la teoría de la salvación que se basa en éste, ni las doctrinas sobre la doble naturaleza de Cristo ni de la expiación indirecta conseguida con su muerte. Creía que Jesús tenía una sola naturaleza, humana y divina a la vez, y que Jesús no era otra entidad de Dios independiente del Padre, sino Dios mismo en la tierra. Otros seres humanos conmovidos por la gracia cristiana, podrían vencer al pecado y convertirse progresivamente en seres divinos. Pensaba que la existencia de la trinidad suponía una "economía" de las formas de actividad que Dios puede poner en juego. Cristo no siempre existió. Siendo sólo una sombra, fue dotado de existencia real cuando Dios necesitó ejercer esa forma de actividad. Al cabo de un tiempo, dejaría de ser una forma distinta de la expresión divina. Miguel Servet se refería a la Trinidad, en su concepción más vulgar y popular, como "un Cerbero de tres cabezas." (En la mitología griega, Cerbero era un perro de tres cabezas que habitaba el infierno.)

Miguel Servet no creía que la gente fuera totalmente depravada como lo suponía la teología de Calvino. Él pensaba que todos, incluso los no cristianos, eran susceptibles o capaces de mejorar y redimirse. No limitaba los beneficios de la fe a los pocos destinatarios de una frugal bendición de Dios como presuponía la doctrina de los elegidos de Calvino. Por el contrario, la gracia abunda y los seres humanos sólo necesitan la inteligencia y el libre albedrío que todos poseen para estar a su alcance. Miguel Servet no definió, como sí hizo Calvino, un abismo infinito entre el mundo divino y el mundo terrenal. Él concebía el reino divino y el material como un continuo de las entidades divinas. Afirmaba que Dios estaba presente en toda la creación. Este rasgo de la teología de Miguel Servet resultaba detestable para Calvino. En el juicio de Ginebra, Calvino preguntó a Miguel Servet: "¡Qué, desgraciado! Si alguien diese una patada en el suelo, ¿dirías que alguien dio una patada a tu Dios?"

Calvino le preguntó si también el diablo era parte de Dios. Miguel Servet se rió y replicó: "¿Lo dudas? Esto representa mi principio fundamental de que todas las cosas son una parte de Dios y la naturaleza de estas cosas es el espíritu sustancial de Dios."

El diablo era un factor importante de la teología de Miguel Servet. Se consideraba un dualista; pensaba que Dios y el diablo estaban inmersos en una gran batalla cósmica. El destino de la humanidad era una pequeña refriega en la historia de la salvación. Acusaba a los trinitarios ortodoxos de crear su doctrina sobre la Trinidad, no para definir a Dios, sino para creerse fundamentales en los designios de Dios. Como los trinitarios habían definido a Dios según su conveniencia, Miguel Servet les llamaba ateos.

La demonología de Miguel Servet aseguraba que el diablo había creado el papado como eficaz contramedida para la llegada de Cristo a la tierra. A través de los Papas, el diablo se había apoderado de la Iglesia. El bautismo infantil era un rito diabólico, instituido por Satanás, quien en la antigüedad, había presidido sacrificios infantiles paganos. Calculó que el Arcángel Miguel llegaría pronto para traer consigo la liberación y el fin del mundo, probablemente en 1585.
http://www.servetus.org/es/michael-servetus/writings/peter-huges.htm


Por sus opiniones, mediante este Santo evangélico Edicto calvinista, fue condenado a morir en la hoguera (26 de octubre de 1553).

Servet confiesa que, en su libro, ha llamado a los que creían en la Trinidad, trinitarios y ateos. Llama a la Trinidad "monstruo diabólico de tres cabezas"... Porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.  Esto implica el asesinato y la ruina de muchas almas. Más aún, escribió una carta a uno de los ministros en la que, junto con otras cosas y numerosas blasfemis, declara que nuestra religión evangélica es algo sin fe y sin Dios y que en lugar de Dios tenemos un Serbiro de tres cabezas. La Corte, os dice Servet: "Que no has tenido miedo ni vergüenza de oponerte a la Divina Majestad de la Santa Trinidad y así has intentado obstinadamente infectar al mundo con tu pestilente veneno herético... Por estas y otras razones, deseando purgar a la Iglesia de Dios de tales infecciones y podar el miembro podrido... Nos sentenciamos por escrito y te condenamos, Miguel Servet, a ser apresado y conducido a Champel y allí a ser atado a una estaca y ser quemado con tus libros hasta estar convertido en cenizas. Y así terminarás tus días y servirás de ejemplo para aquellos que pudiesen cometer algo semejante”.

El día siguiente, 27 de octubre de 1553, Miguel Servet muere en la hoguera preparada, de manera "caritativa" en Ginebra, por los calvinistas cristianos, con madera húmeda para que a fuego lento sufriera más antes de morir....

MUERTE DE MIGUEL SERVET
(Según Menéndez Pelayo, en su Historia de los heterodoxos españoles)

“Era mediodía. Servet yacía con la cara en el polvo, lanzando espantosos aullidos. Se arrodilló, pidió a los circunstantes que rogasen a Dios por él y se puso en manos del verdugo, que lo amarró a la picota con cuatro o cinco vueltas de cuerda y una cadena de hierro, le puso en la cabeza una corona de paja untada de azufre y al lado un ejemplar de “Christianísmi Restitutio”. Enseguida con una tea prendió fuego en los haces de leña y la llama empezó a levantarse y a envolver a Servet. Pero la leña, húmeda por el rocío de la mañana, ardía mal y se había levantado además un impetuoso viento que apartaba las llamas. El suplicio fue horrible: duró dos horas y por largo espacio oyeron los presentes los desgarradores gritos de Servet: “¡Pobre de mí! ¿Por qué no acabo de morir? Las 200 coronas de oro y el collar que me robasteis, ¿no os bastaban para comprar leña para consumirme? Eterno Dios, recibe mi alma”. Algunos de los que lo oían, movidos a compasión, avivaron la hoguera con leña seca para abreviar su martirio. Al cabo no quedó de Miguel Servet y de su libro más que un montón de cenizas que fueron esparcidas por el viento”.
http://www.archivodelafrontera.com/GAL-002.htm


*   *   *
El otro rostro de Miguel Servet
escrito por Carlos Fleitas
La hora de mi muerte ha llegado. Aquí en Champel, cerca de Ginebra, lejos de Villanueva de Sijena en donde nací, arderé en la hoguera de los herejes, hecha esta vez con madera aún verde para prolongar mi tormento y agonía. Inútiles han sido mis argumentos en el proceso, nula la piedad de los jueces, indiferente el rostro de Juan Calvino a la hora de mi condena. He sido acusado de blasfemo y de hereje contra la Cristiandad, de Unitarista, sin excluir la sospecha adicional de Islamista, que no es sorpresa alguna ni me causa inquietud. Pues lo que verdaderamente me atribula, es que el destino tenga algo de extraño y monótono, pues sólo lo conocemos cuando menos lo anhelamos. De allí que, en estos breves instantes en los que antes de mi muerte La Luz continúa iluminando mi mente, pueda repasar mis días terrenos, la verdad y la causa de mi fin.

     En mi juventud me dí al estudio del Derecho, la Medicina y la Teología, tres disciplinas que parecerían divergentes en sus métodos y objetivos. Pero esta conclusión no sería mas que una falacia producida por un intelecto disminuido. La Norma, La Observación y la Reflexión son la ratio común a las tres. ¿Qué mejor modo de aguzar y disciplinar al espíritu impetuoso que extraer de la observación, la precisa via que lo guie a través de los afanes y confusiones del mundo? Pero ahora que mi vida llega a su fin, debo decir que su estudio obedeció a otra causa, a un motivo más profundo. El de explicar a los hombres, en los términos de su limitado conocimiento, La Luz que un día me fue revelada por Las Sagradas Escrituras.

     Siempre lei con rigor y sorpresa Los Libros Sacros. Pero al intentar develar los más profundos misterios de la Fe -como el de la Santísima Trinidad- las interpretaciones de la Filosofía Escolástica me resultaron incomprensibles y por sobretodo inexactas. Por ejemplo, es extendida la creencia de la naturaleza tripersonal de Dios. Pero mis conclusiones -para mi desdicha- refutan tal equívoco. Toda creencia lleva en sí el sello del error y cuanto más absurda, paradójica y artificiosa es, parece ejercer mayor fascinación al corazón humano, que la acoge con ferviente pasión. De allí que decidí poner por escrito en De Trinitatis Erroribus los resultados de mi aplicado estudio de las Escrituras, lo que fue el comienzo de un final que nunca he querido, pero que tampoco quize nunca eludir.

II

     Para la mejor exposición de mis conclusiones comenzaré con el hombre, es decir, con Jesús el Cristo, pues cualquier argumentación sobre la Trinidad tiene que comenzar con Él. Según mi entender, Las Escrituras son cristalinas, transparentes e inequívocas en lo que a Él se refiere, pues nos muestran que es hombre e Hijo de Dios y comparte con Aquel en forma plena la Divinidad, la sustancia de Dios. Jesús el Cristo es pues un hombre, es el Hijo de Dios...es Dios. De allí que las Tres Personas de la Santísima Trinidad no sean tales, sino sólo disposiciones de Dios, reflejos de un mismo Ser. Y la imagen de Aquel es Jesús de Nazareth.

     He de llamar la atención al hecho de que estas conclusiones, están basadas enteramente en Las Sagradas Escrituras y no en un mero discurrir mental ajeno y extraño a las mismas. Yo mismo he sido sorprendido en mis creencias y convicciones al encontrarlas. Pero La Luz al rasgar las tinieblas es invencible; no puede desconocerse. Pero ay!, los seres humanos son reacios a aquello que contradice lo que aceptan sin estudio ni reflexión, pues estas ideas fueron inmediatamente repudiadas tanto por católicos y protestantes. Temiendo por mi seguridad tuve que continuar escribiendo bajo un seudónimo, que para mi desdicha no pudo finalmente confundir a Juan Calvino.

     Pero la esperanza de ser comprendido en La Revelación que llegó hasta mi alma, me indujo a continuar adelante. Comenzé a enviar correspondencia a Juan Calvino a la ciudad de Ginebra pues supuse que quizás, por su rebeldía a la doctrina católica, podía estar mejor preparado para recibirla y acogerla en su corazón. Entre las numerosas cartas, le adelanté los nuevos descubrimientos que mi intelecto, iluminado por el Eterno, iba generando día a día. Mi conocimiento de la Medicina y la investigación del cuerpo humano, se convertirían en el cauce a través del cual habría de darlos a conocer a los hombres.

      Pues como he expuesto anteriormente, el estudio de una disciplina no es ajeno a las otras, ya que todo lo que ocurre en el Mundo creado por Dios, se encuentra interconectado y no aislado e inconexo entre sí. De lo que resulta que todo descubrimiento renueva El Descubrimiento, y que todo discurso sobre lo particular es una exposición que remite a la totalidad, a la explicación de La Creación, que incluye al Hombre, a la Naturaleza y a Dios. Pues el Mundo en toda su diversidad es un modo de autoexpresión de Él y es Eterno como Él. Por ende la Medicina es más que un Tratado sobre la materia corporal, la Medicina es Teología, es la búsqueda de la Verdad de Aquel revelada en el cuerpo humano.

III

     Es sabido que desde la Antiguedad, la circulación de la sangre en el cuerpo ha sido un tema que los más doctos han tratado de describir y explicar. Galeno afirma que la sangre venosa se encuentra poblada de espíritus naturales y es la que nutre los tejidos y elimina los desechos corporales. La sangre impura atraviesa el corazón a través de poros que comunican los ventrículos, mezclándose con el aire pulmonar para formar los espíritus vitales y luego ser conducida por las arterias al resto del cuerpo. Pero he descubierto que tales poros de comunicación no existen y que tales espíritus son cosa totalmente distinta. El fenómeno es muy otro y diverso del que el griego supo describir. La sangre del ventrículo derecho es bombeada por la arteria pulmonar a éstos, se aclara al entrar en contacto con el aire inspirado y de allí viaja al otro ventrículo por la vena pulmonar, siendo finalmente distribuida por las arterias. De este modo se mezclan la sangre y el aire.

     Pero como ya he dicho, el cuerpo humano, su conformación y discurrir son la manifestación de Dios y sus Designios. Nuevamente las Sagradas Escrituras iluminan esta Revelación. Pues el alma del hombre como principio vital es el resultado del aire inspirado y su mezcla con la sangre: anima ipsa est sanguins. De allí que en cada inspiración, en cada ritmo de nuestros días, en cada aliento y susurro, el pneuma, el Espíritu, es continuamente recibido por nosotros, en forma única e idéntica para todos, sin que que sea ya posible considerar al Espiritu y al Alma, como entidades individuales alojadas en cada uno de nosotros. El Espíritu como manifestación de Lo Uno, de Dios, es Universal e Indivisible.

IV

     Llega el tiempo en el que todo hombre estudioso de La Verdad y La Revelación debe decidir, a medida que progresa, si callar o hacer público su Saber. He optado por un camino intermedio. Hacer llegar a Juan Calvino, el resultado de mis investigaciones minuciosas que brevemente he expuesto. Mis anteriores obras -que han sido prohibidas- me han colocado en la posición de ser declarado hereje sin posibilidad de redención. No es que tema esa condena, no, pues sé que es absolutamente falsa. Temo algo peor: que mi voz sea acallada, que mi testimonio de La Revelación quede desconocido para los hombres. De allí que intente como último recurso atraer el interés del alma de Calvino. Confío en que, al leer los documentos que le voy a enviar, también pueda experimentar el estado de lumen gratia que a mí me ha sido dado por obra de Dios. En la luz de un hombre, quedará sellado el destino de mis días terrenos. La fé, que siempre ha sido mi báculo, sostendrá mi pluma una vez más.

     He enviado el manuscrito a Calvino, seguido de numerosas cartas. Pero sin darme a conocer el motivo ha interrumpido la correspondencia, que he firmado haciendo uso de mi seudónimo. No tengo otra posibilidad que publicar mis conclusiones ocultando mi identidad. Así lo he hecho. La obra, una nueva versión del manuscrito enviado al teólogo y reformador, se ha de llamar Christianismi Restitutio. Mil copias, impresas en secreto y bajo mi seudónimo, pronto circularán en Francia. Mi afán es que sean no sólo un testimonio docto, comprensible sólo a los teólogos, sino que pronto se convierta en la Voz de La Iglesia. No sólo de una Iglesia ungida por la Revelación y La Verdad de las Sagradas Escrituras, sino una Iglesia pura y sencilla en sus ritos y en su predicación, alejada de toda pompa y boato mundano.

     Pero a pesar de haber resguardado mi identidad, he sido descubierto por el Santo Oficio de la Inquisición en Vienne, donde desde hace años soy médico personal del Arzobispo. He sido encarcelado y condenado a muerte por herejía. Mi obra y mi efigie han sido quemadas, como ya sucedió con otras en el pasado. Pero he logrado escapar y viajando a través de Italia me dirijo a Ginebra. Allí espero demostrar mi inocencia y demostrar a los doctos, La Verdad de La Revelación que me ha sido otorgada. Pero al llegar a la ciudad, descubro que ha sido la certera mente de Juan Calvino quien me ha reconocido como autor del Christianismi Restitutio y el que ha enviado el manuscrito y mi correspondencia a la autoridad eclesiástica.

     Llegado a este punto, sería apresurado describir la denuncia de Juan Calvino como traición. Cierto es que la palabra es aborrecida y sinónimo, en un primer examen, de una oculta malignidad en el corazón. Pero prefiero otra interpretación, dado que nunca fuí dado al juicio y a la condena del alma de un hombre, como en este caso, la de mi ejecutor. Pues la traición no es más que la confesión de un fracaso, de la claudicación de un intelecto atormentado que se debate entre La Verdad y La Tiniebla. Es la pérdida de la Luz del Espíritu en el alma, que queda condenada a un eterno debate entre la fé y la negación de la misma. Sí, Juan Calvino es un alma torturada, una potencia que se ha negado a si misma para cosechar sólo los frutos de su amargura y dolor. El verdugo que me ha condenado, hace ya tiempo que padece de la máxima pena: una inquietante y perpetua soledad....Y su fria furia no se ha hecho esperar. A instancias de él se me arresta, acusa e inicia juicio por herejía.

V

     El juicio ha sido monóntono, abundante y parcial. He hablado sin ser escuchado, he argumentado sin ser comprendido, he apelado sin ser amparado. Aun así, las innobles condiciones de la prisión donde palidecen mis días, no han podido doblegar mi fe. Ni la oscuridad, el escaso alimento, el frío y la ausencia de higiene, han menguado la llama de la luz interior. Ni siquiera la intervención del Procurador General, preguntándome porque he leído el Corán, lo que agrega la sospecha de Islamista a la de hereje, ha logrado torcer mi camino. El fin está cerca. El Consejo de los 25 ha dado su veredicto. He sido condenado a la hoguera.

     Ya las llamas enlentecidas por la inmadurez de la madera, comienzan a lacerar mi cuerpo. Ya mis ojos comienzan a velarse y a perder el esplendor de su mirada. Ya mi olfato y mi lengua se saturan con el olor intenso del azufre. Mis dias terrenos han llegado a su fin. Nuevamente he sufrido el martirio, el escarnio y la agonía interminable. Porque desde aquel día, hace ya mil quinientos veinte años en que, por primera vez, fui crucificado junto a dos ladrones, el tormento se ha repetido. He sido envenenado, lapidado, acuchillado, ahorcado, apaleado, innumerables veces. Los hombres aún no están preparados para oir La Palabra, ni Reconocerme a Mi: Elohim. El Unico. Pues Yo Soy el que Es...

La exposición en esta narración de las ideas de Miguel de Servet, ha sido tomada de sus obras adaptadas y ligeramente modificadas para los propósitos de la misma.
http://usuarios.netgate.com.uy/carlosfleitas/servet.htm

*   *   *

Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración de la Casa de Miguel Servet

Villanueva de Sijena - Huesca -, 10 de Julio de 2002

Vuelvo a Aragón, con el afecto y agrado del que se siente un poco de aquí, para unirme al homenaje que hoy dedica a uno de sus hijos más ilustres, un hombre singular que marca un hito en la historia de la ciencia y la cultura española.

De Miguel Servet se ha resaltado sobre todo su heterodoxia, en una lectura apresurada y superficial, que nos hurta lo mejor de su vida y su legado. Cierto es que fue perseguido por la Inquisición española y por la mucho más cruenta de Calvino, que finalmente le causa la muerte, pero reducir su trayectoria a estos tristes episodios es ofenderla y ofendernos.

Servet es, como Luis Vives, otro hijo de la Corona de Aragón, uno de los españoles transterrados que se movieron con soltura en la Europa del siglo XVI e hicieron avanzar el horizonte de su tiempo con la fuerza de su vocación científica, exigente y comprometida.

Sirvió con dignidad a los grandes de su época: como paje a Carlos V, donde vivió el ambiente del erasmismo, y como médico acreditado al primado de Francia. Pero su afán era otro y más alto: el del hombre universal del Renacimiento, que domina muchas ciencias y las reúne en un saber único y fecundo.

Miguel Servet reivindicó la libertad del humanista, que rompe moldes y anuncia mundos nuevos, no por el gusto irresponsable de transgredir, sino con voluntad de construir, no para sí mismo, sino para todos.

Las lenguas clásicas, la astronomía, la geografía, las matemáticas, la teología y la historia, son los sillares de su obra, que con este espíritu fue edificando día a día. Pero la piedra angular de este soberbio edificio es la medicina, y en concreto el descubrimiento de la circulación pulmonar de la sangre, por el que ha entrado, por derecho propio, en la nómina de los grandes científicos de la Humanidad.

La aventura intelectual, el arte de expresar sus conocimientos, y el empeño de vincular sus trabajos a la realidad de su tiempo y ser útil a sus coetáneos, constituyen el legado de Miguel Servet, y el ejemplo que hoy tenemos que actualizar y continuar.

La apertura de este museo, la labor del Instituto de Estudios Sijenenses y la próxima constitución de la Fundación Miguel Servet, van a ayudar sin duda a la divulgación y conocimiento de su obra.

Felicito a los aragoneses, y en particular a los sijenenses, por esta iniciativa, a la que deseo el éxito que merece y persiguen sus promotores.

Muchas gracias.
http://www.institutomiguelservet.org/


CONGRESO INTERNACIONAL
ACTOS DE CLAUSURA DEL AÑO SERVETIANO

ZARAGOZA/VILLANUEVA DE SIJENA-22 Y 23 DE OCTUBRE DE 2004

 

MANIFIESTO SERVETIANO DE SIJENA

 

        El 27 de octubre de 1553 Miguel Servet, español de Aragón, como el se definía, humanista, médico, filósofo y teólogo reformador nacido en Villanueva de Sijena, en la provincia de Huesca, fue quemado vivo por los calvinistas de Ginebra.  Le acusaron de herejía, como ya había hecho primero la Inquisición española y después la francesa, de cuya cárcel escapó.  Servet, pensador radical y, en consecuencia, arriesgado, autor de unos pocos libros de gran calado intelectual, quería "restituir el cristianismo" a sus doctrinas y prácticas originales, las anteriores al Concilio de Nicea del año 325.  En esa época, según él, ni unas ni otras se habían contaminado con dogmas incomprensibles como el de la Trinidad de Personas en un solo Dios ni como costumbres como la de bautizar a niños desprovistos de libertad y de fe propias.  En conjunto, Servet proponía todo un sistema de pensamiento y de acción que ninguna de las instituciones religiosas podía aceptar sin renunciar a sus tradiciones y sus costumbres, que él estimaba anticristianas y profundamente corruptas.

 

        Lamentablemente, el más radical, innovador y permanente de su mensajes quedó oscurecido por el humo y la ceniza de la hoguera en que ardió.  Este es el motivo de que queramos proponerlo como urgente, pues nunca fue tan necesario como en el convulsivo comienzo de este siglo XXI.  Durante largos siglos, ni católicos ni protestantes permitieron proclamar la libertad de conciencia como derecho esencial e innato a toda persona.  Con el derecho a la vida no sólo es base de todos los demás, sino que constituye la condición inalienable de la dignidad humana.

 

        Oscurecido, pero no olvidado.  Las grandes ideas tardan a veces siglos por imponerse en la historia colectiva.  "Me parece grave (escribe Servet a sus veinte años, adelantándose a los nuevos tiempos al cabo de más de mil años de silencio) matar a un hombre sólo porque en alguna cuestión yerre";  "esta nueva invención fue ignorada por los Apóstoles y discípulos de la primera Iglesia".  Por defender las propias ideas, proclama en otra parte: "nadie debe de ser perseguido, por más que, como suele decirse, parezca que todo el orden del mundo se va a descomponer".  Bien le interpretó otro humanista perseguido, Sebastián Castellio, cuando le gritó a Calvino y a todos los tiranos aquella frase inmortal: "Matar a un hombre por defender una doctrina no es defender una doctrina, es matar a un hombre".  Por fortuna, en aquel fuego ginebrino prendió la antorcha que enarbolaron los pocos que se atrevieron, como Servet, a desafiar con su inteligencia y su sacrificio las rutinas de una injusticia inmemorial.  Y hoy, gracias a esa germinal idea servetiana de la libertad, que fue recogida y desarrollada por filósofos y políticos progresistas, disfrutamos de la nuestra en todos los países democráticos.

 

        Cada cual debe ser, pues, libre para elegir el sendero que según su conciencia puede llevar a la luz.  Pero libertad de conciencia equivale a un estrato de convivencia mucho más profundo que la mera tolerancia, la cual siempre implica cierta actitud de condescendencia desde un nivel superior.  La tolerancia, pues, puede conducir a la coexistencia de diferentes colectivos, como sucedió en la llamada España de las tres culturas, pero no lleva necesariamente a ese estadio las relaciones humanas que calificamos como convivencia, sin la cual no cabe afirmar la dignidad de la diferencia.

 

        Donde una verdad es tenida por evidente, nada es nunca criticado y no se generan chispas de creatividad.  Servet enseña que cada cual necesita enfrentarse con sus propias verdades y con sus posibilidades alternativas.  Esta actitud fuerza a justificar la propias ideas y a producir sinceridad y excelencia.  Igual que una auténtica cultura necesita libertad para florecer y el pez agua para vivir, así el sentimiento religioso de cada persona y las religiones en cuanto instituciones viven y respiran mejor en respetuoso libertad recíproca y en total independencia del Estado.

 

        Muchos crímenes se han cometido y se siguen cometiendo por culpa de los estímulos predicados por algunas religiones.  Toda religión es ambigua: fuente de consuelo, esperanza y compasión, pero también en muchas ocasiones fuente de intolerancia, desprecio e incluso violencia.  La nueva situación internacional obliga a extender al islamismo radical lo que parecía propio de la Iglesia con sus cruzadas y su Inquisición, y del protestantismo con su intransigencia similar a la católica.  Toda religión puede inspirar actos de odio cuando se siente exclusiva.  En nuestra época predominan prejuicios de todo tipo, tanto étnicos como religiosos, que deben ser superados a fin de que no perezcamos todos en esta designación y esta violencia que nos atosiga.

 

        Pero la libertad es indivisible.  La de conciencia, expresión y decisión de cada persona, exige su complemento: no se puede ser libre en el ámbito privado de la vida humana y dejar de serlo en varias dimensiones de la vida social.  Por eso, a la vez que exigimos con Servet que a todos los hombres y pueblos del mundo les sea posible disfrutar de su derecho a la igualdad, el derecho a la enseñanza (sin que sea tolerable obligarla a impartirla en lengua distinta a la materna si así lo exigen las leyes fundamentales o la tradición cultural o social del territorio en que se vive), el derecho a la familia, el derecho al trabajo y a la vivienda, el derecho a la salud, el derecho a un medio ambiente no degradado, el derecho a la libertad de empresa coherente con un estado de bienestar eficiente, el derecho a la libre asociación, el derecho a exigir de los gobernantes el cumplimiento escrupuloso, tanto por las administraciones públicas de todo tipo como por los ciudadanos, de las constituciones que rigen el destino de una sociedad, y en definitiva y por encima de todo, el derecho a la paz, la cual sólo es posible como fruto de la justicia política y social.

 

            Para garantizar estos derechos, implícitos en la doctrina de Servet, ningún régimen político supera al sistema democrático, culminación de los logros intelectuales perfilados en el Renacimiento y perfeccionados en la Ilustración.  Pero esta tradición humanista e ilustrada ha sido siempre contestada desde numerosas posiciones, que abarcan desde el fanatismo de inspiración religiosa hasta la más reciente indiferencia postmoderna.  El postmodernismo dominante representa la más soterrada operación de vaciado de contenido de las democracias, manifestándose en el relativismo cultural, el egoísmo individualista, la crítica negativa, el pensamiento social y la irresponsabilidad nihilista.

 

        Frente a los fanatismos religiosos y a los absolutismos políticos que niegan la existencia de los derechos inalienables del individuo o enervan su ejercicio, es menester luchar pacíficamente, con palabras de convicción y no con armas de destrucción, para que estos principios fundamentales sean aceptados y puestos en práctica por todos los hombres y pueblos de buena voluntad.  No en el nombre de Dios o de una idea política, que tantas veces han servido a aún sirven para dividir y matar, sino en el nombre del ser humano y de la naturaleza que le rodea, cuyos elementos también participan de la esencia divina.  Y así se mostrará que la hoguera de Servet no ardió en vano.  La luz de su fuego nos ilumina todavía.

Instituto de Estudios Sijenenses "Miguel Servet"/ Michael Servetus Instit
http://www.educa.aragob.es/cpvillas/mservet.htm

Reflexión

El Portal MUNDO MEJOR es un humilde sitio donde nadie es discriminado y todos son recibidos para conocer su contenido y bajarlo desde el CiberEspacio sin costo si así les parece. Me siento honrado de poder dejar someros aspectos de la vida y obra de un sabio LIBRE, un adelantado para su época, como lo fue Miguel Servet, que no llevó hábito monacal exterior pero sí el noble manto de la santidad interior.

No me es fácil, desde este presente, situarme en aquel pasado en el que hace 452 años murió en la hoguera quemado junto a sus escritos, sufriendo el cruel martirio durante dos horas, por el lento ardor de la leña mojada de la pira. Este mártir de la Verdad que, si de santos hablamos, merece estar sobradamente en el Santoral...

En la Ciencia destacó como médico y real descubridor de la circulación de la circulación de la sangre pulmonar y fue pionero de la asepsia quirúrgica, algo impensado para su época, donde se ignoraba la acción de bacterias o gérmenes infectocontagiosos. En lo Teológico, discrepó duramente contra el dogma imperante de un mal entendido cristianismo que él, interpretó de manera más cristiana rechazando, entre otros dogmas el absurdo "Pecado Original"; no concordando con los errados fundamentos de la Trinidad que, para su concepción vulgar definió como; "un perro de tres cabezas" y por ello acusaba a los trinitarios ortodoxos de crear su doctrina sobre la Trinidad, no para definir a Dios, sino para creerse fundamentales en los designios de Dios, pues los trinitarios habían definido así a Dios según su conveniencia y por ello Miguel Servet les llamaba ateos. Servet se opuso al dogma cristiano calvinista al no aceptar que la gente fuera totalmente depravada, y enfatizó que TODOS eran susceptibles o capaces de mejorar y redimirse; rechazó el fanatismo de Calvino que lo hacía pensar que su doctrina era la de los únicos salvos elegidos de Dios, absurdo al que Servert anteponía el Amor de Dios por el que la gracia abunda y afirmaba que los seres humanos sólo necesitan la inteligencia y el libre albedrío que todos poseen para estar a su alcance. Es decir, Servet con valor desacreditó dogmas intocables que, luego de haber pasado más de 400 años y haber nosotros entrado al tercer milenio, ignoro si siguen vigentes entre quienes, hoy en día, se dicen seguidores de Jesucristo, olvidando que Jesucristo a los de afuera les habló en parábolas para que no entendieran y los humanos dogmas se han basado en las paráblolas... y no en la Enseñanza que Jesucristo dejó a su Círculo Interno que es lo que Miguel Servet expuso hiriendo con ello duramente al dogma pretérito quizá aún presente... lo que me lleva a finalizar con esta milenaria Sagrada Enseñanza que dice:

El hombre hace lo que puede hasta que se le revela su destino...

Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Noviembre
de 2005


Direcciones de acceso al Portal MUNDO MEJOR
http://mm2002.vtrbandaancha.net/
http://www.isp2002.co.cl/
isp2002@vtr.net