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Sobre la Nooesfera
del p. j. Pierre Teilhard de Chardin



El p. j. Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) es para mi el gigante del pensamiento cristiano del siglo XX. Uno de sus aportes notables que ahora es más fácil entender, se refiere a esa nueva capa terrestre por sobre la Biosfera, intuida por él y que la llamó Noosfera. Veamos qué expresó sobre este novedoso y fundamental concepto.

La Biosfera, a pesar de sus relaciones orgánicas, cuya existencia se nos ha revelado por todas partes, no formaba aún sino un conjunto de líneas divergentes y libres por sus extremos. Bajo los efectos de la Reflexión y de los repliegues que ésta comporta, las cadenas se cierran, y la Noosfera tiende a constituirse en un único sistema cerrado, en el cual cada elemento, por sí mismo, ve, siente, desea y sufre las mismas cosas que todos los demás simultáneamente. Una colectividad armonizada de conciencias, equivalente a una especie de superconciencia, la Tierra cubriéndose no sólo de granos de pensamientos, contándose por miríadas, sino envolviéndose en una sola envoltura pensante hasta no formar funcionalmente más que un solo amplio Grano de Pensamiento a escala sideral. La pluralidad de las reflexiones individuales agrupándose y reforzándose en el acto de una sola Reflexión unánime.

Viene el tiempo (y llegará) en que la masa se dará cuenta que los verdaderos éxitos humanos son los que triunfan de los misterios de la Materia y de la Vida. Se aproxima el momento en que el hombre de la calle comprenderá que hay más poesía en un instrumento destinado a desintegrar los átomos que en un cañón. Sonará, entonces, para el hombre, una hora decisiva: aquella en que el Espíritu del Descubrimiento absorberá toda la fuerza viva contenida en el Espíritu de la Guerra. Fase capital de la Historia en la que, al sumarse el poder transformado de las armadas y los ejércitos con este otro poder que la máquina habrá liberado, una marea irresistible de energías libres avanzará hacia los círculos más progresivos de la Noosfera.

No podemos alcanzar ningún progreso decisivo en nuestras concepciones del mundo animado mientras que, permaneciendo en la escala "celular", no sepamos emerger por encima de los seres vivos para ver la vida, por encima de los hombres para descubrir la humanidad: la realidad física, poderosa, en la que se bañan y se influencian todos los pensamientos individuales hasta formar, por su multiplicidad ligada, un solo espíritu de la Tierra. Flotando por encima de la biosfera, cuyas capas fluyen gradualmente por él, el mundo del pensamiento, la Noosfera, comienza a dejar irradiar su corona.

La Noosfera es una película casi imperceptible si se la compara con las magnitudes astrales. En realidad, esta delgada superficie es nada menos que la forma más progresiva bajo la que nos es dado comprender y contemplar la energía universal. En esta envoltura tenue pasa la esencia de las inmensidades que bordea: la nota superior alcanzada por la vibración de los mundos.

En la riqueza creciente de su formulación, el amor no solamente totaliza las disposiciones psicológicas del Mundo en un momento dado, sino que aclara y resume en él todos los esfuerzos del Pasado: las dos condiciones esperadas por las que podríamos reconocer que representa realmente la forma buscada por la Energía Humana... De donde, finalmente, la sugestión siguiente: Por dos puntos críticos, la Energía Humana ha tomado ya la forma que le conocíamos en este momento: aparición, primero, de la Vida, de donde ha salido la Biosfera; aparición, después, del Pensamiento, terminando en la Noosfera. ¿No estaría en curso, desde el nacimiento cristiano del amor, una metamórfosis ulterior, la última: la toma de conciencia de un "Omega" en el corazón de la Noosfera, el paso de los círculos a su centro común: la aparición de la Teosfera?

Todas nuestras dificultades y todas nuestras repulsiones se disiparían, en lo que hace referencia a las oposiciones entre el Todo y la Persona, si llegáramos tan sólo a comprender que, por su estructura misma la Noosfera y aun de una manera más general el Mundo, representaban un sistema no ya sólo cerrado sino centrado. El Espacio-Tiempo por el hecho de contener y de engendrar la Conciencia, debe ser  de naturaleza convergente. Por consiguiente, seguidas sus capas desmesuradas en la dirección conveniente, deben confluir en algún lugar, en un Punto -llamémosle Omega- que las fusione y las consuma dentro de sí de manera total.

A partir de los granos de Pensamiento que forman los verdaderos e indestructibles átomos de su trama, el Universo -un Universo perfectamente definido por su resultante- va construyéndose por encima de nosotros en el sentido inverso de una Materia que se desvanece: Universo colector y conservador; es decir, no ya como lo pensábamos, la Energía mecánica, sino las Personas. Una tras otra, "las almas" se desprenden como un efluvio continuo, llevándose hacia arriba su carga intransferible de conciencia. De una a otra y, no obstante, nada de aislamiento. Y ello porque cada una de ellas no podría existir, dada la naturaleza misma de Omega, más que un solo punto posible de emisión definitiva: aquel por el que, bajo la acción sintetizadora de la unión que personaliza, al enrollar sobre ellos mismos a sus elementos al propio tiempo que ella misma se enrolla, la Noosfera alcanzará colectivamente su punto de convergencia en el "Fin del Mundo".

En torno a nosotros, tangible y materialmente, la envoltura pensante de la Tierra -la Noosfera- multiplica sus fibras internas, estrecha sus redes, y simultáneamente, se eleva su temperatura interior, sube su psiquismo... Por la propia naturaleza de los elementos puestos en juego, el proceso no podrá alcanzar su equilibrio más que cuando, en torno al globo, el quantum humano se halle no sólo circundado sobre sí mismo como acontece en este momento, sino también orgánicamente totalizado.

Aludo a la formación, a partir de y por encima de la Biosfera, término creado por Suess para la propia capa de sustancia vitalizante que envuelve la Tierra, de una envoltura planetaria más, la envoltura de sustancia pensante a la que, por comodidad y simetría he dado el nombre de Noosfera, de Noos, espíritu: esfera terrestre de la sustancia pensante. Mas sólo hundiéndonos en el corazón de la Noosfera podemos esperar, podemos estar seguros que hallaremos todos reunidos, así como cada uno de nosotros, la plenitud de nuestra humanidad.  Porque el hombre, en el acto de concentrarse "noosféricamente" sobre sí mismo, no sólo toma conciencia reflexiva de la corriente ontológica que le arrastra, sino que llega incluso a adueñarse de ciertos resortes que rigen precisamente esta marcha hacia adelante... Por su propia naturaleza de colectividad centrada, "reflexiva", la Noosfera, aun teniendo la misma amplitud espacial que la Biosfera, difiere de ella profundamente en su estructura y en su valor de perfeccionamiento vital. Mientras que, en efecto, la Biosfera es, por esencia, complejidad ligada, pero divergente y difusa , la Noosfera combina en sí misma las propiedades de una capa planetaria "esfera" y las de una especie de individualidad superior, dotada de una especie de superconciencia.

A diferencia de los "simples" animales, que pueden muy bien ser ubicuistas pero sin jamás llegar a organizarse en una sola unidad biológica a través de los continentes, el Hombre, desde las primeras huellas de útiles y de fuego que conocemos, no ha dejado de tejer poco a poco por encima de la Biosfera, una membrana continua de lo Pensante alrededor de toda la Tierra: la Noosfera.

Considerados desde este punto de vista, no solo astrófico o astroquímico, sino astrobiológico, los planetas con Noosfera, lejos de ser una excentricidad en la naturaleza, representarían sencillamente el producto normal y último de una evolución de la Materia llevada hasta el final. Lo cual no es sino decir que en este asunto nosotros los Hombres tenemos grandes probabilidades de no ser ya, como pensábamos, los únicos corpúsculos pensantes que vamos derivando por el firmamento. Con lo que hoy sabemos sobre las relaciones esenciales existentes entre Cosmo, Bio y Noogénesis, debe haber, en realidad, "otros mundos habitados".

En su génesis, el conocimiento cimienta inevitablemente no sólo los cerebros, sino los corazones. Y es cuanto hace falta para que, por el hecho tan señalado y tan manifiesto de la universalización moderna de la Investigación, podamos concluir a priori que, sin duda, se está desarrollando cierto calor afectivo, bajo las heladas cimas de la especulación, en las zonas profundas de la Noosfera. Por sí solo, el establecimiento de una Física, de una Química, de una Biología universales hace que aparezca inevitablemente el primer esbozo de una intersimpatía planetaria.

En cada instante la energía humana total está formada por la suma de todas las energías elementales acumuladas en la superficie de la Tierra. Vivimos sin tomar consciencia de lo que debe representar, vista en su conjunto, la masa de consciencia de la que formamos parte. Flotando por encima de la Biosfera, cuyas capas fluyen gradualmente por él, el mundo del Pensamiento, la Noosfera irradia su corona. La Noosfera es una película casi imperceptible si se la compara con las magnitudes astrales. Esta delgada superficie es nada menos que la forma más progresiva bajo la que nos es dado comprender y contemplar la Energía Universal. El amor, tanto como el pensamiento, está siempre en pleno crecimiento en la Noosfera. Los planetas con Noosfera, lejos de ser una excentricidad en la Naturaleza, representarían sencillamente el producto normal y último de una evolución de la Materia llevada hasta el final. Lo cual no es sino decir que nosotros los hombres tenemos grandes posibilidades de no ser ya, como pensábamos, los únicos corpúsculos pensantes que vamos derivando por el firmamento. Con lo que hoy sabemos sobre relaciones esenciales existentes entre Cosmo, Bio y Noogénesis, debe haber, en realidad, otros mundos habitados. Veamos, pues, un poco si no podríamos escapar a la ansiedad que nos produce en este momento el peligroso poder de pensar, sencillamente pensando mejor. No estamos perdidos en el Universo, sino todo lo contrario, puesto que por espesa que sea la bruma en el horizonte, la ley cósmica de convergencia de lo Reflexivo está ahí para señalarnos, con la certeza de un radar, la presencia de una cima hacia adelante.

Imaginad en el interior de un sólido comparable al globo terrestre, una onda emergente el Polo Sur al Polo Norte. Sobre la primera mitad del trayecto (hasta el Ecuador) se dilata, mientras que más lejos empieza a contraerse sobre sí misma. Pues bien, siguiendo un ritmo muy semejante, se podía decir, parece que se realiza históricamente el establecimiento de la Noosfera. Desde sus orígenes hasta nuestros días, la Humanidad ha pasado un período de establecimiento geográfico, en el curso del cual se trataba para ella, en primer lugar, de multiplicarse y de ocupar la Tierra. Y sólo muy últimamente han aparecido en el mundo los primeros síntomas de un repliegue definitivo y global de la masa pensante en el interior de un hemisferio superior, en el que sólo podrá irse contrayendo y concentrando por efectos del tiempo.

Reflexión


La Noosfera es un concepto planetario-humano que Teilhard visionó durante la Primera Guerra Mundial. Es notable ya que explica que la fuerza de nuestros pensamientos no se diluye sino que permanece rodeando el planeta por sobre la capa de vida o Biosfera, Estamos en un período evolutivo de Cambio en el que cobra plena validez la Ciencia de la Mente dado que la mente humana es la única herramienta que tenemos para evitar el caos inminente o para atenuarlo si este no se puede ya evitar. Para ello una Noosfera más sutil es fundamental, dado que lo sutil anula y repele a lo denso y el único que puede sutilizar la Noosfera es quien piensa. No esperes que otros piensen, quieres un Mundo Mejor, entonces desde ya inicia tu personal arte de Pensar Positivo.

Cada pensamiento queda en la Noosfera y es nuestro deber Pensar Mejor no tan sólo para ayudarnos, sino que para limpiar la Noosfera. De la misma manera que el subconsciente se sutiliza y limpia gracias al consciente acto de pensar mejor, esta fuerza mental positiva que cada uno genera sutiliza y limpia la Noosfera, lo que ayuda al planeta todo. ¿Por qué? Porque refuerza su Escudo Protector Planetario que es la coraza más externa de la Noosfera. Esta coraza depende de la media de pensar que ahora uno tenga y, de esa media diaria de pensar a su vez dependerá cómo será el Cambio...



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Septiembre
de 2005

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