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Sobre las ideas que llevaron a la hoguera al Nolano Mártir que las manifestó

Nolano es alguien nacido en Nola, Italia. En lo personal es un honor referirme otra vez a Giordano Bruno, el Nolano Mártir, por decir la Verdad cuando reinaba la Santa Ignorancia. Este sabio con valor visionario hace 400 años destacó:

La única luz resplandece en todos, en donde el espíritu se encamina hacia una profunda unidad con la universalidad divina. La unión espiritual con DIOS solo puede realizarse en la contemplación de la verdad, siendo la "santa ignorancia" el obstáculo y enemiga declarada de toda investigación de la verdad. Existe la encarnación a realizarse en cada uno de los mundos innumerables.

Existe un universo infinito con mundos infinitos, en el que las estrellas fijas no lo son en absoluto. Hay innumerables soles con un sinnúmero de tierras que giran alrededor de dichos soles. Estos planetas no son visibles porque las estrellas se hallan a enormes distancias de nosotros, y deben haber en nuestro sistema solar otros planetas no visibles. Si se acepta el punto de vista de que el universo es infinito, lo que resulta inevitable, en tal caso suponer que está habitado por una limitada e imperfecta población de seres inteligentes, es incompatible con la infinita bondad y perfección de Dios y Sus Obras. Debe haber un infinito número de seres moralmente imperfectos y otros más perfectos, habitando la infinitud de mundos.

Muchas vidas hemos vivido y muchas más por delante tenemos a realizarse en cada uno de los mundos innumerables. El alma y el cuerpo son ambos inmortales, y así como éste se disuelve y se transforma, aquella sufre una transcorporeización y por accidentes infinitos, aglomerando en torno a sí multitud de átomos, forma y fabrica nuevos cuerpos.

Las estrellas, consideradas fijas, no lo son en absoluto. Ya que si pudiéramos observar el movimiento de cada una de ellas, podríamos ver que jamás dos estrellas conservan la misma dirección a la misma velocidad; sólo la gran distancia que nos separa de ellas nos impide percibir las variaciones. Por tanto hay innumerables soles y un sinnúmero de tierras que giran alrededor de dichos soles, igual que los siete astros que podemos observar a simple vista girando alrededor del sol que tan próximo se halla de nosotros. Si se acepta el punto de vista de que el universo es infinito, en tal caso, suponer que está habitado tan solo por una limitada y, en consecuencia, imperfecta población de seres inteligentes, es incompatible con la infinita bondad y perfección atribuidas a Dios y a sus obras. La perfección infinita se manifiesta muchísimo mejor en innumerables individuos que en los contados y finitos. Debe haber un infinito número de seres moralmente imperfectos, habitando la infinitud de mundos...

El Sol no gira en torno de la Tierra ni la Tierra es el centro del Universo. El universo no está sometido a un destino rígido sino que se encuentra en permanente cambio y evolución siguiendo un orden fijado desde la eternidad. Lo superior y lo inferior están ligados por una sola y misma vida que es infinita e inagotable. Si bien los individuos son innumerables el Todo es Uno y conocer esta Unidad es el objetivo de toda filosofía y de toda contemplación. Todo hombre lleva un filósofo dentro, para hacerlo vivir se necesita la presencia del amor heroico, de esta fuerza infinita que proviene de lo Uno, y que permite al hombre soportar dolores, transformar al mundo y plasmar sus ideales. Todas las cosas que existen en el Universo están dotadas de alma y vida. Dispongamos de tal manera al sol que está a punto de salir, que no nos descubra tan inmundos como estamos. Debemos Limpiarnos y hermosearnos, no solamente nosotros, sino también nuestras estancias y nuestros techos han de estar pulidos y claros; debemos purificarnos interior y exteriormente. El Universo es eterno en el tiempo, infinito en el espacio y en constante cambio. El Universo es infinito con un número infinito de mundos habitados con formas de vida y seres inteligentes que moran en otros planetas. En un Universo infinito, el espacio, tiempo, tamaño, peso, movimiento, cambio, sucesos, relaciones y perspectivas son siempre relativas a cualquier marco de referencia. Si uno se imagina flotando alejándose de la Tierra, al acercarse uno más y más a la Luna, ésta crece mientras que la Tierra deviene más pequeña. Desde la superficie lunar, la Tierra es la que parece un satélite, mientras que la Luna parece tener el tamaño de nuestro planeta. Nunca debe valer como argumento la autoridad de cualquier hombre, por excelente e ilustre que éste sea. Es sumamente injusto plegar el propio sentimiento a una reverencia sumisa hacia otros; es propio de mercenarios o esclavos, y contrario a la dignidad de la libertad humana sujetarse y someterse; es suma estupidez creer por costumbre inveterada; es cosa irracional conformarse con una opinión a causa del número de quienes la detentan. Por el contrario, es preciso buscar siempre una razón verdadera y necesaria, y escuchar la voz de la naturaleza.

Contempla en la vela que lleva este candelero, a quien doy a luz, aquello que clarificará ciertas sombras de ideas... No hace falta que te instruya en mi creencia. El tiempo todo lo da y todo lo quita; todo cambia pero nada perece. Uno solo es inmutable, eterno y dura para siempre, uno y el mismo consigo mismo. Con esta filosofía mi espíritu crece, mi mente se expande. Por ello, no importa cuán oscura sea la noche, espero el alba, y aquellos que viven en el día esperan la noche. Por tanto, regocíjate, y mantente íntegro, si puedes, y devuelve amor por amor.

Todo este orbe, esta estrella, no estando sujeta a la muerte, y siendo imposibles la disolución y la aniquilación en la Naturaleza, de tanto en tanto se renueva a sí mismo cambiando y alterando todas sus partes. No hay un arriba o abajo absolutos, como enseñó Aristóteles; ninguna posición absoluta en el espacio; sino que la posición de un cuerpo es relativa a las de los otros cuerpos. En todos lados hay un incesante cambio relativo de posición a través del universo, y el observador siempre está en el centro.

La Santa VERDAD no debe ser avasallada por la Santa Ignorancia.

La esencia divina está en todo. Todo lo llena, todo lo penetra. Ésta es la vida de las vidas, el alma de las almas. Dos son los principios activos del movimiento. Uno es finito y se mueve en el tiempo. El otro es infinito, es la naturaleza del Alma del Mundo, de la Divinidad en hecho, que está en todas partes y en todo.

Los dioses le han dado al hombre el entendimiento y las manos, y le han hecho semejante a ellos, dándole facultades sobre los otros animales; lo cual consiste no solamente en poder obrar de ordinario según la naturaleza, sino también fuera de las leyes de la misma; y así, formando o pudiendo formar otras naturalezas, otros cursos, otras órdenes con el ingenio, con aquella libertad sin la cual no había dicha semejanza, vino a erigirse en dios en la tierra.

El hombre atraviesa las infinitas vicisitudes de los seres, y por eso, no existe mal del que no pueda salir y no existe bien que no pueda alcanzar. No hay muerte para el hombre ni para cosa alguna puesto que nada sustancialmente se destruye o disminuye, sino que todo, transcurriendo por el infinito espacio, cambia de forma y aspecto.

En general, todas las religiones, turban la paz y la serenidad en el hombre, apagan la luz de la razón y no sirven para mejorar las costumbres. Vendrá un nuevo y deseado siglo, en que los númenes serán desterrados al Orco y cesará el miedo a las penas eternas.

Porque es imposible que un espíritu racional y algo despierto pueda imaginar que carezcan de parecidos y mejores habitantes innumerables mundos que se revelan tan magníficos o más que éste. Lo mismo que el espacio exterior al mundo, si es que existe, debe estar, según mi opinión, lleno de seres inteligentes, es decir, afines a la divinidad de dicho espacio, así el mundo sensible se halla absolutamente ocupado por seres vivos.

Por encima de los fundadores y constructores de todas las cosas encontramos la forma de las formas, la fuente de la luz, la verdad de las verdades, el dios de los dioses, para quien todo está lleno de divinidad, verdad, esencia y bondad.

Procediendo hacia lo más profundo de la mente, para lo cual no es menester abrir desmesuradamente los ojos al cielo, alzar las manos, dirigir los pasos hacia el templo, aturdir las orejas de las imágenes a fin de ser mejor entendido; sino llegar a lo más íntimo de sí, considerando que Dios se halla cercano, consigo y dentro de sí más de lo él mismo pueda estarlo, como es propio de aquello que es el alma de las almas, vida de las vidas, esencia de las esencias, y teniendo en cuenta que cuanto ves arriba o abajo, o en torno a los astros, son cuerpos, criaturas semejantes a este globo en el que nos hallamos y en los cuales la divinidad de se halla ni más ni menos presente que en éste nuestro o en nosotros mismos.

Yo puedo imaginar un infinito numero de mundos parecidos a la tierra, con un jardín del edén en cada uno. En todos esos jardines la mitad de los Adanes y Evas no comerán del fruto del conocimiento y la otra mitad lo hará, de esta manera un infinito numero de mundos caerá en desgracia  y habrá un infinito numero de crucifixiones. De aquí puede haber un único Jesús que ira de mundo en mundo o un infinito numero de Jesuses. Si hay un solo Jesús la visita a un número infinito de mundos tomara una infinita cantidad de tiempo, de este modo debe haber un infinito numero de Jesuses creados por Dios.

La infinitud del universo es diferente de la infinitud divina, que, por llamarla de algún modo, es mucho más inmaterial. Llamo al universo tutto infinito porque no tiene borde, término o superficie; digo que el universo no es totalmente infinito porque cada parte que de él podemos considerar es finita, y de los innumerables mundos que contiene, cada uno es finito. Llamo a Dios tutto infinito porque excluye de sí todo término y cada uno de sus atributos es único e infinito, y llamo a Dios totalmente infinito porque él, todo eterno, está en todo el mundo y está infinita y totalmente en cada una de sus partes, al contrario de la infinitud del universo, la cual está totalmente en todo y no en las partes (si es que al referirnos al infinito se puede hablar de partes) que podemos incluir en aquél.

No es necesario, pues, investigar si fuera del cielo existe el lugar, el vacío o el tiempo, porque uno solo es el lugar general, uno el espacio inmenso que podemos llamar libremente vacío, en el cual hay innumerables e infinitos globos, como éste en que vivimos y nos alimentamos nosotros. Y a semejante espacio le llamamos infinito, porque no hay razón, capacidad, posibilidad, sentido o naturaleza que deba limitarla. En él existen infinitos mundos semejantes a éste y no diferentes de éste en su género, porque no hay razón ni defecto de capacidad natural (me refiero tanto a la potencia pasiva como a la activa) por la cual, así como en este espacio que nos rodea existen, no existan igualmente en todo el otro espacio que por su  naturaleza no es diferente ni diverso de éste.

A los santos Inquisidores sustentados en la santa ignorancia, en el Juicio que lo llevó a la hoguera el año 1600, Bruno les respondió:

        Creo que el universo es infinito como obra del divino e infinito poder, porque hubiera sido indigno de la omnipotencia y de la bondad de Dios crear un solo mundo finito, pudiendo crear, además de este mundo, infinitos otros. Por lo tanto declaro que hay infinitos mundos parecidos al nuestro, el cual, de acuerdo con el sentir de Pitágoras, creo que es una estrella de naturaleza análoga a la luna, a los otros planetas y demás astros, cuyo número es infinito, y que todos estos cuerpos celestes son mundos innumerables que constituyen el universo infinito en el espacio infinito, y esto es lo que llamo universo infinito con innumerables mundos, y así tenemos dos linajes de grandeza infinita en el universo y una multitud de mundos. Esto parece a primera vista contraria a la verdad, si se compulsa con la fe ortodoxa.
       Además, en este universo hay una providencia universal por cuya virtud todos los seres vivos se mueven y perseveran en su perfeccionamiento. Esto lo entiendo en dos sentidos: primero, a la manera como el alma está en todo el cuerpo y en cada una de sus partes,  lo que llamo la naturaleza, sombra o huella de la Divinidad; y segundo, a la manera como Dios está en todo y sobre todo, por esencia, presencia y preferencia, no como parte ni como alma, sino de modo inefable.
        Además, creo que todos los atributos de Dios son uno solo y el mismo. De acuerdo con los más eminentes teólogos y filósofos concibo tres atributos principales: poder, sabiduría y bondad, o mejor dicho, voluntad, conocimiento y amor. La voluntad engendra todas las cosas; el conocimiento los ordena; y el amor las concierta y armoniza. Así comprendo la existencia de todas las cosas, pues nada hay que no participe de la existencia ni esta es posible sin esencia, de la propia manera que nada es bello sin belleza, y por lo tanto nada puede escapar a la divina presencia. Así es que raciocinio y no por verdad substancial entiendo distinción en Dios.
       Creo que el universo con todos sus seres precede de una Causa Primera, por lo que no debe desecharse el nombre de creación a que, según cotejo, se refiere Aristóteles al decir que Dios es aquello de que el universo y la naturaleza dependen. Así es que, según el sentir de Santo Tomás, sea o no eterno el universo, considerado en razón de sus seres, depende de una Causa Primera y nada hay en él independiente.
        Con respecto a la verdadera fe, prescindiendo de la filosofía, ha de creerse en la individualidad de las divinas personas, y que la sabiduría, el hijo de la mente, llamado por los filósofos inteligencia y por los teólogos verbo, tomó carne humana. Pero a la luz de la filosofía, dudo de estas enseñanzas ortodoxas, aunque no recuerdo haberlo dado a entender explícitamente, ni de palabra ni por escrito, sino de un modo indirecto, al hablar de otras cosas que con toda sinceridad creo que pueden demostrarse por natural juicio. Así, en lo referente al Espíritu Santo o tercera persona, solo comprendo de otra manera que como lo entendieron Salomón y Pitágoras, es decir, como Alma del universo compenetrado con el universo, pues según Salomón: "El espíritu de Dios llena toda la Tierra y contiene todas las cosas".
        De este Espíritu, vida del universo, procede, a mi entender, la vida y el alma de todo cuanto tiene alma y vida. Además, creo en la inmortalidad del alma lo mismo que en la del cuerpo, pues en lo que a su sustancia se refiere, también el cuerpo es inmortal, ya que no hay otra muerte que la disposición, según parece inferirse de la sentencia del Eclesiastés, que dice: Nada hay nuevo bajo el sol. Lo que es será.

Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla.  

Su autoanálisis antes de morir consumido por las llamas el día 17 de febrero de 1600 a los 52 años fue:

El Nolano ha desarrollado el espíritu humano y ha dado libertad al conocimiento, que se hallaba sofocado por el aire viciado de una angosta cárcel en la que apenas si podía, a través de una especie de pequeños agujeros, vislumbrar las lejanas estrellas. He aquí, pues, a aquel que ha atravesado el aire, ha penetrado a través de los cielos, ha caminado por entre las estrellas, ha traspasado los márgenes del mundo y ha hecho desvanecer las fantásticas murallas representadas por la primera, octava, nona, décima y demás esferas que hubieran podido imaginarse, construidas a partir de las relaciones que han establecido malos matemáticos y la ciega observación de los filósofos vulgares. Así, con la ayuda de todos los sentidos y de la razón, con la llave que nos proporciona la investigación diligente, nos ha abierto las puertas de la verdad y nos ha dado el poder necesario para rasgar los velos que nos ocultaban la naturaleza, ha dado ojos a los topos, ha iluminado a los que no podían fijar la vista en su propia imagen reproducida en los innumerables espejos que existen a su alrededor, ha devuelto el habla a los mudos que no sabían ni conseguían explicar sus intrincados sentimientos, ha dado fuerza a los indecisos que no se atrevían a que su espíritu llevara a cabo el avance que le está vedado a la innoble y perecedera materia.

El lugar de las afueras de Roma donde fue quemado Bruno se llamaba Campo de Fiori, hoy es una plaza con una estatua de Bruno inaugurada el 9 de junio de 1889 por académicos y alumnos de la Universidad de Roma. Muestra al mundo esta inscripción:

A Giordano Bruno; el siglo que él anticipó.
En Roma, donde fue quemado en la pira.


Reflexión

Es tanto el respeto y admiración que siento por Giordano Bruno que me cuesta reflexionar sobre lo que él a los de su época les Enseñó y cobra hoy relevancia. Apreciar su sacrificio sin claudicar ante los inquisidores más una vez me ha dado fortaleza para seguir adelante...

Las actas del juicio a Bruno "desaparecieron", su inquisidor del proceso fue el teólogo jesuita Roberto Belarmino (1542-1621) cuyo
proceso de beatificación comenzó a poco de él morir y se prolongó por tres siglos. Después, en un solo año, en el 1930, obtuvo del Papa Pío XI ser beatificado y canonizado santo. Fue declarado Doctor de la Iglesia en 1931.

Es necesario pensar en la Europa de hace 400 años donde Bruno, por Inspiración señaló lo que dijo, cuando la Verdad señalaba sin lugar a duda que la Tierra era el centro del universo y el Sol y las estrellas giraban en torno a la Tierra (
El Sol no gira en torno de la Tierra ni la Tierra es el centro del Universo. El universo no está sometido a un destino rígido sino que se encuentra en permanente cambio y evolución siguiendo un orden fijado desde la eternidad.); cuando la palabra Reencarnación era anatema: (Muchas vidas hemos vivido y muchas más por delante tenemos a realizarse en cada uno de los mundos innumerables. El alma y el cuerpo son ambos inmortales, y así como éste se disuelve y se transforma, aquella sufre una transcorporeización y por accidentes infinitos, aglomerando en torno a sí multitud de átomos, forma y fabrica nuevos cuerpos. Existe la encarnación a realizarse en cada uno de los mundos innumerables.); cuando suponer que los dioses tuvieron que ver con la creación en lo físico del hombre era más que herejía: (Los dioses le han dado al hombre el entendimiento y las manos, y le han hecho semejante a ellos...); cuando era anatema pensar por uno mismo, es decir, ser libre: (En general, todas las religiones, turban la paz y la serenidad en el hombre, apagan la luz de la razón y no sirven para mejorar las costumbres. Vendrá un nuevo y deseado siglo, en que los númenes serán desterrados al Orco y cesará el miedo a las penas eternas.); cuando suponer vida en otros planetas y otros universos estaba más allá del humano raciocinio: (Yo puedo imaginar un infinito numero de mundos parecidos a la tierra, con un jardín del edén en cada uno. En todos esos jardines la mitad de los Adanes y Evas no comerán del fruto del conocimiento y la otra mitad lo hará, de esta manera un infinito numero de mundos caerá en desgracia  y habrá un infinito numero de crucifixiones. De aquí puede haber un único Jesús que ira de mundo en mundo o un infinito numero de Jesuses. Si hay un solo Jesús la visita a un número infinito de mundos tomara una infinita cantidad de tiempo, de este modo debe haber un infinito numero de Jesuses creados por Dios. La perfección infinita se manifiesta muchísimo mejor en innumerables individuos que en los contados y finitos. Debe haber un infinito número de seres moralmente imperfectos, habitando la infinitud de mundos...); cuando rechazó el castigo eterno del alma que pensara diferente al dogma imperante: (El hombre atraviesa las infinitas vicisitudes de los seres, y por eso, no existe mal del que no pueda salir y no existe bien que no pueda alcanzar. No hay muerte para el hombre ni para cosa alguna puesto que nada sustancialmente se destruye o disminuye, sino que todo, transcurriendo por el infinito espacio, cambia de forma y aspecto. El ascenso procede en el alma de la potencia y el vigor que se halla en las alas que son el intelecto y la intelectiva voluntad, por las cuales ella tiende naturalmente hacia Dios y pone en Él su mirada como en el sumo bien y la verdad primera, como la absoluta bondad y belleza.). Dios es amor y no castigo... algo nada de fácil de entender en aquella época...

En fin tantas cosas nuevas que dijo este hombre sabio que la imperante santa ignorancia de su época no toleró, verdades cuyas semillas junto a las de otros mártires pretéritos, dan sus frutos en subconscientes del presente y esa Luz se irradia ayudando a despejar de las tinieblas los Santuarios Interiores y del mundo exterior.



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Septiembre
de 2005

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