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Vida en otros planetas: 

según Carlos Briones

 

 Proemio:


Carlos Briones
Bioquímico (CAB)
Doctor en Ciencias Químicas (especialidad: Bioquímica y Biología Molecular) por la Universidad Autónoma de Madrid, es investigador del CSIC en el CAB. Su trabajo está centrado en el origen y la evolución temprana de la vida, y en el desarrollo de biosensores. Ha acumulado amplia experiencia en divulgación científica como conferenciante, coordinador de cursos y colaborador en prensa/radio/TV. Es coautor de varios libros divulgativos, entre ellos ‘Orígenes. El universo, la vida, los humanos’ (Ed. Crítica, 2015, Premio Prismas en 2016) y ‘¿Estamos solos? En busca de otras vidas en el Cosmos’ (Ed. Crítica, 2020). En el ámbito literario ha escrito los poemarios ‘De donde estás ausente’ (Ed. Hiperión, 1993, VIII Premio de Poesía Hiperión) y ‘Memoria de la luz’ (DVD Ediciones, 2002), y relatos o poemas para varias antologías. Impulsa la Tercera Cultura promoviendo iniciativas que combinan la ciencia, el arte y las humanidades, como las tertulias ‘Diálogos del Conocimiento’.

"Ningún científico me ha dicho que estamos solos en el universo".

Carlos Briones viene ha hablar sobre la inmensidad del universo, 100.000 millones de galaxias en el universo observable, nos hacen llegar a la clásica pregunta ¿Hay vida más allá de la tierra?

 

"Si hay vida en Marte, debemos preservarla, no intervenir, estudiarla sin alterarla"

Nació en Burgos en 1969. Investiga en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) y escribe a diario, ya sean artículos científicos, poesía o divulgación.

 

"Hacernos las grandes preguntas sobre el origen de la vida y el Universo nos ayuda a desarrollar nuestro cerebro y ser más humanos, que no es poco"

Carlos Briones: Científico, divulgador y poeta, el astrobiólogo español lleva años haciéndose las grandes preguntas sobre el origen de la vida en la Tierra y la existencia de otras vidas en el universo. Y tal como dice en su cuenta de Twitter, "Ciencia para entender el mundo, poesía para nombrarlo.

Los Avances de la Química. Educación Científica (y algo de Historia …).
Carlos Briones Llorente es Doctor en Ciencias Químicas (especialidad de Bioquímica y Biología Molecular) por la Universidad Autónoma de Madrid. Realizó su tesis doctoral en el Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” (CSIC-UAM) y es Científico Titular del CSIC en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA, asociado al NASA Astrobiology Institute). Desde el año 2000 dirige el grupo de Evolución Molecular del Centro de Astrobiología, que investiga sobre diversos aspectos relacionados con el origen y la evolución temprana de la vida, la biodiversidad microbiana en ambientes extremos y el desarrollo de biosensores para caracterizar la vida en nuestro planeta o para buscarla fuera de la Tierra. Como resultado de su trabajo de investigación ha publicado más de 60 artículos científicos en revistas internacionales incluidas en el SCI, 30 capítulos en libros especializados, y es coinventor de 7 patentes en el campo de la biotecnología. Ha sido galardonado por la NASA por su colaboración en el trabajo de caracterización de la biosfera subterránea de nuestro planeta.
Paralelamente a su trayectoria investigadora ha acumulado amplia experiencia en divulgación científica como conferenciante, coordinador de cursos, autor de artículos para prensa escrita y colaborador de radio y televisión. Publica en los blogs “Naukas”, “Ciencia para llevar” y “Cuaderno de Cultura Científica”, y desde 2015 es colaborador del programa de radio “A hombros de gigantes” en Radio Nacional de España. Es coautor de los libros “Nanociencia y Nanotecnología” (Ed. FECYT, Madrid, 2008), “Astrobiología: Sobre el origen y evolución de la vida en el Universo” (CSIC-Catarata, Madrid, 2011), “El nanomundo en tus manos” (Colección Drakontos, Ed. Crítica, Barcelona, 2014) y “Biologie Evolutive” (Ed. De Boeck, París, 2015). En septiembre de 2015 publicó, junto con Alberto Fernández Soto y José María Bermúdez de Castro, otro libro en la Ed. Crítica: “Orígenes: el universo, la vida, los humanos”. Esta obra ha recibido el Premio Prismas al mejor libro de divulgación científica publicado en España durante 2015.

https://educacionquimica.wordpress.com/cursos/vi-curso-de-divulgacion/direccion-organizadores-y-ponentes/carlos-briones/

 

 Desarrollo:

1.
“Si algo define al humano es preguntarse y explorar”
"¿Por qué buscar vida en otros planetas? Porque están ahí. Los humanos somos exploradores desde nuestros orígenes: si algo define al cerebro humano es la capacidad de hacerse preguntas y explorar. Explorar en búsqueda de nuevos territorios de caza o nuevos paisajes, o cuando se inventan los barcos, cruzar el mar a ver qué hay al otro lado, o a principios del siglo XX, con la aviación, ir más allá de lo que podríamos ir con cualquier otro medio. Desde los años 50, la exploración espacial es el mismo océano que cruzábamos con los barcos y ahora intentamos cruzar con nuestras naves. La exploración espacial es la punta de lanza de la capacidad de los humanos, del interés de los humanos, por explorar. Y la pregunta más fascinante que nos podemos hacer cuando vamos a otro lugar es si en ese otro lugar puede haber surgido vida".
Con este planteamiento, a medio camino entre la ciencia y la ciencia ficción, el científico y escritor Carlos Briones resume el por qué de la exploración espacial y de su propia investigación. Desarrolla su carrera como Bioquímico y Biólogo Molecular, doctor en Ciencias y coordinador del Grupo de Evolución Molecular, Mundo RNA y Biosensores en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), donde continúa buscando respuestas al origen y evolución temprana de la vida, la genética de virus RNA, la evolución in vitro de ácidos nucleicos y el desarrollo de biosensores. En sus libros 'Orígenes. El universo, la vida, los humanos' y '¿Estamos solos?' acerca al público general los últimos descubrimientos sobre astrobiología y cosmología.
Carlos Briones. Gracias. Hola, soy Carlos Briones, científico del CSIC y divulgador científico y escritor. Trabajo en el Centro de Astrobiología, que es un centro mixto del CSIC y del INTA, y que está asociado desde su fundación al Instituto de Astrobiología de la NASA. Y os voy a contar un poquito cómo he llegado hasta aquí.
Yo crecí en Burgos, que seguro que es una ciudad que muchos conocéis. Una de las joyas del gótico, ¿verdad?, en el Camino de Santiago. Y crecí en una familia muy especial, la verdad es que maravillosa, con mucho interés por la cultura, con muchos libros en casa, visitando museos, viajando mucho, conociendo nuestro entorno. Mi padre pintaba, tanto a mi padre como a mi madre les gustaba mucho la música. Desde pequeño me metieron en el Conservatorio de Burgos y estudié muchos años violín. Estuve en la orquesta del Conservatorio y eso me llevó también a viajar por Europa con mis compañeros músicos. Y bueno, pues en ese entorno fui creciendo, haciéndome muchísimas preguntas sobre todo lo que me rodeaba. Dicen mis padres que era muy inquieto y que me gustaba indagar todo lo que había a mi alrededor. Y bueno, yo tenía mucho interés por las cosas de ciencias. Leía revistas como Investigación y Ciencia y Muy Interesante, en aquella época, pero también leía y escribía poesía. Me gustaba mucho la literatura, me gustaba el arte y no tenía muy claro qué quería ser de mayor.
Cuando me preguntaban “¿Tú qué quieres ser de mayor?” Pues decía: “Yo solo mayor, nada más”. Y claro, llegó el momento en el que ya pasé al instituto, tuve la suerte de hacer el bachillerato internacional y ahí, afortunadamente, para mis inquietudes de ciencias y de letras a la vez, pues se me abrían muchas puertas. Estudiaba física, matemáticas y química en profundidad, pero también literatura y filosofía. Y entonces eso a mí me gustaba mucho. Claro, el problema fue cuando llegas a la universidad y tienes que decidir qué carrera vas a estudiar porque yo quería estudiarlas todas y evidentemente no tenía ni tiempo ni capacidad, evidentemente, para estudiarlas todas.

Decidí estudiar Química. O sea, digamos, focalizarme hacia la ciencia en cuanto a mi formación universitaria porque pensaba que, estudiando una carrera de ciencias, mis aficiones por la música, yo seguía estudiando el violín, por la poesía, que seguía escribiendo, por la filosofía, las podía mantener mientras estudiaba. Sin embargo, a lo mejor una carrera, entre comillas, de letras, luego, en los ratos libres, no me iba a poner a resolver fórmulas o a plantear ecuaciones diferenciales, ¿verdad? Bueno, pues me metí a Químicas hasta tercero en Burgos, en la Universidad de Burgos y de aquella época recuerdo profesores magníficos, como también los había tenido en el instituto. En el instituto recuerdo, por ejemplo, a Begoña Granado, profesora de química con la que todavía me veo y somos buenos amigos. O a Tino Barriuso, profesor de física, ya fallecido, que además era un gran poeta, un gran escritor.
Entonces, para mí, Tino era una especie de espejo en el que me miraba. Se puede ser científico y escritor a la vez. Eso era, para mí, importante. Luego, en la universidad tuve grandes profesores también. Y con uno de ellos, en primero de carrera, tengo una anécdota muy bonita que quizás marcó mi futuro. En aquella época, no estaba yo tan convencido de ello, pero en primero de Bioquímica, Manuel Pérez Mateos, este profesor que ahora es precisamente rector de la Universidad de Burgos, porque la vida da muchas vueltas, yo creo que se cansó de darnos clase a los jóvenes y pasó a la vida rectoral, pues cuando estábamos en primero, unos chicos de dieciocho, diecinueve años, iban a nombrar Doctor Honoris Causa a Severo Ochoa en la Universidad de Valladolid, año 1988, y entonces nos dijo a un grupo de estudiantes si queríamos acompañarle porque él iba a ir en su coche, tenía un coche de varias plazas, a Valladolid, a ver el discurso de doctorado, la aceptación del doctorado Honoris Causa de Severo. Claro, para mí, Severo Ochoa era uno de mis héroes, de mis héroes de la vida real.
Tenía mis héroes de ficción, como tenemos todos, pero la posibilidad de ver a Severo Ochoa me emocionaba y allí me fui con Manolo y con otros compañeros y conocí a Severo Ochoa y di la mano a Severo Ochoa y durante días no me quería lavar la mano que había estrechado la mano de Severo Ochoa. Entonces, claro, ya la bioquímica para mí se quedó fijada como uno de mis intereses, porque tenía al segundo Premio Nobel de la historia de la ciencia española, Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa. Estudié hasta tercero en Burgos. En Química estudias muchas matemáticas, mucha física, mucha química, evidentemente, y llegas a creer que más o menos entiendes la naturaleza, porque la naturaleza está hecha de materia, y la materia, los átomos, las interacciones entre los electrones, lo que llamamos la cuántica, física cuántica o química cuántica, te permiten entender, entre comillas, la naturaleza.

Pero había algo que a mí me sorprendía, me llamaba la atención y que no me estaba ayudando a explicar la química, que era la vida, la evolución. ¿Qué pasa cuando la materia, además de tener una estructura, una estabilidad las moléculas, hace copias de sí misma y acaba generando seres vivos? Entonces esa inquietud me llevó a estudiar como especialidad en mi carrera, en aquella época, las licenciaturas eran de cinco años, pues estudiar Bioquímica y Biología Molecular. Me vine aquí a Madrid, a la Universidad Autónoma de Madrid y estudié Bioquímica y Biología Molecular en uno de los mejores departamentos que se podía en aquella época. También con profesores magníficos. Y bueno, más o menos entendí algo de qué era eso de la vida, la evolución y, por lo tanto, la pregunta que se instaló en mi mente fue cómo pasa la química a convertirse en biología. Es decir, ¿cómo surge la vida en un planeta como el nuestro? Y eso me ha venido persiguiendo desde entonces, como científico y como persona, digamos, como una de los grandes interrogantes a los que me gustaría poder dedicar algo de mi tiempo y algo de mi esfuerzo.
Hice la tesis en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, fijaos cómo se cerraba el círculo, fundado por ese investigador al que yo había dado la mano cinco años antes, del que había intentado aprender en esos dos, tres segundos, algo de lo que él sabía. Hice la tesis allí, etapas postdoctorales y en el año 2000 me ofrecieron ir al Centro de Astrobiología, que se acababa de fundar, para montar un laboratorio, un grupo de investigación y empezar a hacer cosas relacionadas con el origen de la vida. Precisamente, daos cuenta, es una especie de sueño hecho realidad.
Sabemos que la ciencia en España no es fácil, por muchas cuestiones, económicas, por la propia percepción entonces de la ciencia, que afortunadamente va mejorando. Pero bueno, mi vida ha ido en ese sentido, persiguiendo incógnitas como el origen de la vida. Y al trabajar en el Centro de Astrobiología tengo la suerte de estar en contacto con un entorno muy interdisciplinar. Allí hay físicos, químicos, matemáticos, ingenieros, algún filósofo de vez en cuando, biólogos, evidentemente, entonces formamos grupos interdisciplinares porque nos hacemos preguntas tan complejas como “¿Qué es la vida?” “¿Cómo pudo surgir la vida?” “¿Dónde puede haber vida en el universo?”. Y, si os dais cuenta, esas preguntas también trascienden la propia capacidad explicativa que tiene la ciencia. Porque esas preguntas también se las han explicado, se las han planteado filósofos, pintores, músicos, escritores desde el pasado. Por lo tanto, ese niño con muchas inquietudes, ahora es un niño mayor, ya con unas cuantas canas, que sigue estando en un entorno interdisciplinar en el que intenta responder a grandes preguntas, uniendo inputs y uniendo aportaciones que nos vienen de distintos campos de la cultura, de ciencias y de letras.
“En el Centro de Astrobiología buscamos respuestas a preguntas como '¿Qué es la vida?'”
Carlos Briones
Bueno, esa es mi historia resumida en unos minutos. Con ello, quiero deciros un poco que es importante lo que estudiéis, es muy importante que os desarrolléis profesionalmente, que le dejéis a vuestro cerebro que desarrolle todas sus capacidades de hacerse grandes preguntas, pero, sobre todo, que persigáis sueños, que tengáis preguntas desde jóvenes, que seáis capaces de responder o intentar responder con las herramientas que os den y trabajando en equipo cuando sois más mayores. Yo creo que esa es la gracia. Si algo te emociona, si algo te fascina, tu vida la puedes focalizar hacia eso. Y yo creo que estamos en un momento fascinante de desarrollo científico y tecnológico, de conocimiento del mundo, de todo lo que nos rodea, de la capacidad que tenemos de colaborar en equipo gracias a la red de redes e Internet también. Y todo eso lo tenemos que dedicar o intentar dedicar a resolver o a intentar aproximarnos a las mismas dudas que tenían los humanos cuando empezaron a ser humanos, pero que hoy en día estamos un poquito más cerca de poder responder.
Laura. Hola, Carlos, me llamo Laura. Como astrobiólogo y científico, ¿en qué consiste la vida? ¿Qué es para ti la vida?
Carlos Briones. “¿Qué es la vida?” probablemente es la pregunta más difícil que se puede plantear a cualquiera. Yo llevo toda la vida persiguiendo esa pregunta y, como yo, muchísimos que me han precedido. Solemos decir que vamos a hombros de gigantes. Y en esta pregunta vamos especialmente a hombros de gigantes. En todas las culturas, occidentales, orientales, esta pregunta ha estado rondando la mente de los pensadores, en la cultura occidental, pues Aristóteles ya tiene definiciones de vida y desde entonces, otros filósofos, físicos, químicos, matemáticos, ingenieros, informáticos, biólogos, evidentemente, nos hemos hecho la pregunta de qué es la vida.
Cada uno intenta responder con las herramientas que tiene a mano, con el corpus de doctrina que le rodea y es un tema recurrente, por ejemplo, en los congresos suele haber sesiones sobre qué es la vida, sobre los límites de la vida y, por lo tanto, lo que se han ido haciendo es una serie de definiciones más o menos amplias, más o menos operativas, para intentar responder a esta vieja pregunta. Lo que hemos ido viendo desde las últimas décadas es que para que una entidad se considere viva, para que los seres como tal podamos decir que están vivos, han de reunir al menos tres características. Tener un compartimento, algo que los separa del entorno y que les permite un intercambio de materia y energía, un metabolismo, que es la red de reacciones que permiten traficar con esa materia y energía y construir parte de sí mismo, de ese ser vivo, y, además, le permite vivir fuera del equilibrio termodinámico, es una cuestión técnica, un poquito más precisa, pero básicamente que gracias a que consume materia y energía puede construir partes de sí mismo. No es un sistema químico normal, es un sistema químico que se autoconstruye y además los seres vivos, la tercera característica que tienen es que disponen de una molécula con información genética, que es la que se va a transmitir a la progenie y gracias a la cual vas a poder, digamos, transmitir o pasar a la descendencia las características que tú tienes.
Entonces, cuando se unen esas tres características, podemos decir que el sistema está vivo. Ante ello, las definiciones más modernas de vida ya tienen en cuenta este conjunto de características y una de las que más nos gusta fue acuñada por Jerry Joyce, un bioquímico de California hace ya dos décadas y media más o menos, y es muy sencilla. Según él, un ser vivo es un sistema químico automantenido que evoluciona por selección natural. Muy sencillito. Si te das cuenta, es una definición que no está hablándote de componentes concretos, no estamos hablando de proteínas, ni de ADN, ni de nada específico, sino esas grandes características. Haces copias de ti mismo y evolucionas. Bueno, eso es a día de hoy lo que consideramos vida. Eso es, por tanto, lo que estamos buscando cuando viajamos hacia el pasado, con las pruebas que nos da la geología y la química, para buscar los primeros seres vivos.

Buscamos sistemas capaces de replicarse en el pasado y eso es también lo que buscamos cuando viajamos a otros mundos en busca de vida. Buscamos algo que sea capaz de hacer copias de sí mismo, que se adapte al entorno y que evolucione. Eso es lo que nos gustaría encontrar, por ejemplo, en Marte. Claro, con ello puedes estar muy convencido de que los animales, las plantas, los hongos, los microorganismos, son seres vivos y que los minerales o un copo de nieve o el fuego, aunque tenga capacidad de reproducirse, como no tiene esas tres características, no está vivo. Pero entre el blanco y el negro hay, como siempre, y eso es lo bonito en ciencia, una escala de grises. ¿Los virus? ¿Están vivos los virus? Esa es una gran pregunta. Y más en tiempos de pandemia, ¿verdad? Lamentablemente estamos sufriendo el efecto de un virus en nuestra especie, que parece que se comporta como si fuera un ser vivo, porque tiene mutaciones, genera variantes, pone a prueba nuestro sistema inmune, pero ‘sensu stricto’, si vamos a esas tres características de la vida, el virus no tiene metabolismo, el metabolismo nos lo roba a nosotros, se lo roba a las células a las que infecta, por eso es un parásito obligado. Por lo tanto, el virus, para la mayoría de los científicos, cualquier virus no es un ser vivo, es un ser vivo cuando está replicando una célula, es decir, cuando está utilizando esa maquinaria. Por lo tanto, fíjate qué bonito es un tema que parece muy teórico, como la definición de vida y que partimos de la filosofía y que nos permite llegar hasta el intento de entender cómo funciona un virus que está produciendo una pandemia en la actualidad. Esa es la gracia de la ciencia, la magia de la realidad.
Elena. Hola, soy Elena. Yo quería preguntarte porque en los últimos años han estado enviando misiones a Marte y otros planetas. Entonces, mi pregunta surge de porqué. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué buscamos vida en otros planetas? ¿Y qué se supone que hacemos allí?
Carlos Briones. Hay que buscar vida en otros planetas porque están ahí. Hay que viajar porque están ahí. Los humanos somos exploradores desde nuestros orígenes. Yo creo que si algo define al cerebro humano es la capacidad de hacerse preguntas y de explorar. Explorar en búsqueda de nuevos territorios de caza o explorar en busca de nuevos paisajes, o cuando se inventan los barcos, cruzar el mar a ver qué hay al otro lado, o a principios del siglo XX con la aviación ir más allá de lo que podríamos ir con cualquier otro medio.
Y desde los cincuenta, la exploración espacial es el mismo océano que cruzábamos con los barcos, lo intentamos cruzar con nuestras naves. La exploración espacial es la punta de lanza de la capacidad de los humanos, del interés de los humanos por explorar. Y la pregunta más fascinante que nos podemos hacer cuando vamos a otro lugar es si en ese otro lugar puede haber surgido vida, si ese paso de la química a la biología, que aquí ocurrió, más o menos, hace unos tres mil ochocientos millones de años, cuando la Tierra era muy joven todavía, pues también ha podido tener lugar en esos otros sitios. Y exploramos muchos lugares. Exploramos, desde el origen de la carrera espacial en los años cincuenta y sesenta, fundamentalmente Marte, también Venus, también satélites de los gigantes de gas, Júpiter y Saturno. Se ha llegado hasta Mercurio. Se explora cada vez mejor el Sol y sus inmediaciones. Se ha llegado a los confines del sistema solar, hay naves como las Voyager que ya han salido del sistema solar y siguen su camino hablando de nosotros. Y también buscamos o exploramos con nuestros telescopios y con nuestros espectrómetros lo que pueda haber en planetas fuera del sistema solar, en lugares que están a años luz, a los que probablemente nunca podremos llegar con nuestros robots. Probablemente, o quizás sí, pero la mayor parte de los científicos dirían que no, pero sí podemos tener información de ellos.
“De la misma forma que explorábamos océanos en barco, ahora viajamos en naves espaciales”
Carlos Briones
Entonces, preguntarnos si, en esos lugares, algo tan maravilloso como la vida ha podido ocurrir, nos permitiría saber si somos fruto del azar o de la necesidad. Fíjate qué dualidad tan bonita de la que ya los griegos hablaban y que ha dado lugar a un campo de investigación interesantísimo dentro del origen de la vida. Si somos frutos del azar, querría decir que es muy improbable que la química dé lugar a la biología, y a lo mejor estamos solos en el universo. A lo mejor, por mucha vida que busquemos, nos encontramos que la Tierra es única en ese sentido, que este planeta azul no tiene otros equivalentes fuera, pero si hay un cierto determinismo y la materia, cuando es suficientemente compleja, genera esas dinámicas replicativas que dan lugar a la vida, a lo mejor el cosmos está lleno de vida. A lo mejor estamos rodeados de cientos de planetas y de satélites, o de cientos de miles de millones de planetas y de satélites con vida. Solo conocemos un ejemplo, date cuenta de que es fascinante todo lo que sabemos de la vida, pero en el fondo, toda la vida de la tierra proviene de una única forma de vida, de una única especie que vivió hace tres mil ochocientos millones de años y que llamamos Luca, el ancestro común. ¿Puede haber otros ancestros en otros planetas? ¿Pueden tener algo que ver? ¿Puede la bioquímica de esas otras vidas ser la misma? Es decir, buscamos vidas para intentar entender y explicar nuestra propia vida.
La exploración espacial, la investigación sobre el origen de la vida, sobre los microorganismos que viven en sistemas extremos y que nos pueden servir de pista para ver cómo puede ser la vida ahí fuera, parece que son temas muy básicos, muy de ciencia sin aplicaciones, muy de ciencia que puede ayudar a aumentar nuestro conocimiento, pero poco más. Sin embargo, todos sabemos también que gran parte de los materiales que utilizamos, de las técnicas de comunicación, de los sistemas de soporte vital, de las pilas de combustible han surgido con la carrera espacial, han surgido gracias a la investigación espacial, porque es la punta de lanza de la tecnología en cada época. Entonces, estamos rodeados de tecnologías que en su día surgieron por o para la investigación espacial. Por otra parte, hay casos, hay ejemplos muy bonitos que nos dicen que esa dualidad que a veces parece que está instalada en la ciencia, de ciencia básica y ciencia aplicada, no es tal. Y te voy a poner solo dos ejemplos. Mira, hace ya muchos años, en 1900, si no recuerdo mal, 64 o 65, un microbiólogo norteamericano llamado Thomas Brock estaba viajando por Estados Unidos y llegó al parque Yellowstone, y en el parque Yellowstone, que es una zona volcánica, hay muchas surgencias de aguas termales, él empezó a investigar, porque además es una zona que tiene precipitados de metales, colores muy bonitos, muy sugerente. Y comenzó a preguntarse: “¿Ahí puede haber seres vivos?”. Bueno, pues se quedó, como decimos, se quedó con la copla, con la idea de decir: “Aquí tengo que volver con todo mi instrumental científico”. Y comenzó a investigar, fue tomando información y al año siguiente a esa primera visita, volvió al parque Yellowstone ya con todos sus tubitos, sus frascos, sus pipetas, el material de los científicos. Comenzó a tomar muestras y en una zona que se llama Mushroom Spring, una fuente de agua termal, tomó agua y de ahí aisló un microorganismo que se llama Thermus Aquaticus, que puede crecer entre cincuenta y ochenta grados de temperatura.
Es lo que llamamos un termófilo, le gusta el calor. Pues bueno, fue un descubrimiento básico en microbiología. Thomas Brock se ha convertido desde entonces, sigue vivo, en una referencia de la microbiología, la adaptación a ambientes extremos, pero lo que él no se podía imaginar es que años más tarde, ya en la década de los noventa, otros investigadores iban a utilizar esa bacteria Thermus Aquaticus, le iban a sacar la enzima que hace copias del ADN, la ADN polimerasa de ese microorganismo, e iban a descubrir que era capaz de copiar, de amplificar, cualquier secuencia de ADN que le pusieran, sometiéndole a unos determinados ciclos de temperatura. A ese proceso lo llamaron “Polymerase chain reaction”, PCR, que ahora a todos nos suena absolutamente familiar. Daos cuenta cómo una investigación que parece de microbiología básica de los años sesenta se ha convertido, entre otras miles de aplicaciones que tiene en biotecnología, en el sistema más fiable para detectar si estamos o no infectados por el Sars-COV-2. Ciencia aplicadísima. Por ese descubrimiento, por la aplicación de la DNA polimerasa de Thermus Aquaticus a la PCR, dieron el Premio Nobel a la persona que llevó a la tecnología, se llama Kary Mullis. El Premio Nobel se le dio en el noventa y tres. El mismo verano de 1993, otro microbiólogo, este español, llamado Francis Mojica, de la Universidad de Alicante, estaba investigando en las salinas de evaporación solar que hay en Santa Pola. Otro sistema extremo. Son seres vivos que viven a altísimas concentraciones de sal. Y estaba secuenciando los genomas de arqueas, que son un tipo de microorganismos que viven ahí.
Y cuando estaba secuenciando los genomas y viendo esa cadena de ACGTTGTC que forman los genomas de todos los seres vivos, se dio cuenta de que había una serie de secuencias repetidas dentro de ese genoma y, como buen científico, se empezó a preguntar qué querrá decir, por qué esas secuencias están ahí. Y les puso el nombre de CRISPR, la abreviatura es CRISPR y, con el tiempo, se dio cuenta de que tienen que ver con sistemas que tienen los microorganismos, bacterias y arqueas para defenderse de la infección por virus. Pasado el tiempo, el sistema CRISPR se convirtió en una herramienta maravillosa de edición génica para hacer corta y pega de genes dentro de genomas, por ejemplo, humano, y gracias a ese descubrimiento de Francis Mojica, de este microbiólogo español, buen amigo mío y una persona encantadora, por otra parte, dos investigadoras y no él han ganado el Premio Nobel de Química el año pasado, Doudna y Charpentier. Porque han puesto a punto el sistema CRISPR Cas, basado en el descubrimiento de Francis Mojica en unas salinas españolas en los años noventa para revolucionar la medicina genómica. Fíjate, preguntas que parece que son muy básicas se acaban convirtiendo en herramientas tecnológicas potentísimas que cambian el destino de la humanidad. Por lo tanto, la lección es un poco “no separemos tanto la ciencia básica de la ciencia aplicada, porque lo que en realidad hay es ciencia y, antes o después, aplicaciones de la ciencia”. Es decir, cuando te pregunten como científico, los que sean científicos o seáis científicos en el futuro: “¿Tú haces ciencia básica o aplicada?”. La respuesta correcta es decir “yo hago ciencia”.

https://aprendemosjuntos.bbva.com/especial/tres-historias-de-la-exploracion-espacial-y-un-mensaje-para-la-humanidad-carlos-briones/

 

2.
Tres historias de la exploración espacial y un mensaje para la humanidad. Carlos Briones, científico
 "¿Por qué buscar vida en otros planetas? Porque están ahí. Los humanos somos exploradores desde nuestros orígenes: si algo define al cerebro humano es la capacidad de hacerse preguntas y explorar. Explorar en búsqueda de nuevos territorios de caza o nuevos paisajes, o cuando se inventan los barcos, cruzar el mar a ver qué hay al otro lado, o a principios del siglo XX, con la aviación, ir más allá de lo que podríamos ir con cualquier otro medio. Desde los años 50, la exploración espacial es el mismo océano que cruzábamos con los barcos y ahora intentamos cruzar con nuestras naves. La exploración espacial es la punta de lanza de la capacidad de los humanos, del interés de los humanos, por explorar. Y la pregunta más fascinante que nos podemos hacer cuando vamos a otro lugar es si en ese otro lugar puede haber surgido vida".
Con este planteamiento, a medio camino entre la ciencia y la ciencia ficción, el científico y escritor Carlos Briones resume el por qué de la exploración espacial y de su propia investigación. Desarrolla su carrera como Bioquímico y Biólogo Molecular, doctor en Ciencias y coordinador del Grupo de Evolución Molecular, Mundo RNA y Biosensores en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), donde continúa buscando respuestas al origen y evolución temprana de la vida, la genética de virus RNA, la evolución in vitro de ácidos nucleicos y el desarrollo de biosensores. En sus libros 'Orígenes. El universo, la vida, los humanos' y '¿Estamos solos?' acerca al público general los últimos descubrimientos sobre astrobiología y cosmología.
Carlos Briones. Gracias. Hola, soy Carlos Briones, científico del CSIC y divulgador científico y escritor. Trabajo en el Centro de Astrobiología, que es un centro mixto del CSIC y del INTA, y que está asociado desde su fundación al Instituto de Astrobiología de la NASA. Y os voy a contar un poquito cómo he llegado hasta aquí.
Yo crecí en Burgos, que seguro que es una ciudad que muchos conocéis. Una de las joyas del gótico, ¿verdad?, en el Camino de Santiago. Y crecí en una familia muy especial, la verdad es que maravillosa, con mucho interés por la cultura, con muchos libros en casa, visitando museos, viajando mucho, conociendo nuestro entorno. Mi padre pintaba, tanto a mi padre como a mi madre les gustaba mucho la música. Desde pequeño me metieron en el Conservatorio de Burgos y estudié muchos años violín. Estuve en la orquesta del Conservatorio y eso me llevó también a viajar por Europa con mis compañeros músicos. Y bueno, pues en ese entorno fui creciendo, haciéndome muchísimas preguntas sobre todo lo que me rodeaba. Dicen mis padres que era muy inquieto y que me gustaba indagar todo lo que había a mi alrededor. Y bueno, yo tenía mucho interés por las cosas de ciencias. Leía revistas como Investigación y Ciencia y Muy Interesante, en aquella época, pero también leía y escribía poesía. Me gustaba mucho la literatura, me gustaba el arte y no tenía muy claro qué quería ser de mayor.
Cuando me preguntaban “¿Tú qué quieres ser de mayor?” Pues decía: “Yo solo mayor, nada más”. Y claro, llegó el momento en el que ya pasé al instituto, tuve la suerte de hacer el bachillerato internacional y ahí, afortunadamente, para mis inquietudes de ciencias y de letras a la vez, pues se me abrían muchas puertas. Estudiaba física, matemáticas y química en profundidad, pero también literatura y filosofía. Y entonces eso a mí me gustaba mucho. Claro, el problema fue cuando llegas a la universidad y tienes que decidir qué carrera vas a estudiar porque yo quería estudiarlas todas y evidentemente no tenía ni tiempo ni capacidad, evidentemente, para estudiarlas todas.

Decidí estudiar Química. O sea, digamos, focalizarme hacia la ciencia en cuanto a mi formación universitaria porque pensaba que, estudiando una carrera de ciencias, mis aficiones por la música, yo seguía estudiando el violín, por la poesía, que seguía escribiendo, por la filosofía, las podía mantener mientras estudiaba. Sin embargo, a lo mejor una carrera, entre comillas, de letras, luego, en los ratos libres, no me iba a poner a resolver fórmulas o a plantear ecuaciones diferenciales, ¿verdad? Bueno, pues me metí a Químicas hasta tercero en Burgos, en la Universidad de Burgos y de aquella época recuerdo profesores magníficos, como también los había tenido en el instituto. En el instituto recuerdo, por ejemplo, a Begoña Granado, profesora de química con la que todavía me veo y somos buenos amigos. O a Tino Barriuso, profesor de física, ya fallecido, que además era un gran poeta, un gran escritor.
Entonces, para mí, Tino era una especie de espejo en el que me miraba. Se puede ser científico y escritor a la vez. Eso era, para mí, importante. Luego, en la universidad tuve grandes profesores también. Y con uno de ellos, en primero de carrera, tengo una anécdota muy bonita que quizás marcó mi futuro. En aquella época, no estaba yo tan convencido de ello, pero en primero de Bioquímica, Manuel Pérez Mateos, este profesor que ahora es precisamente rector de la Universidad de Burgos, porque la vida da muchas vueltas, yo creo que se cansó de darnos clase a los jóvenes y pasó a la vida rectoral, pues cuando estábamos en primero, unos chicos de dieciocho, diecinueve años, iban a nombrar Doctor Honoris Causa a Severo Ochoa en la Universidad de Valladolid, año 1988, y entonces nos dijo a un grupo de estudiantes si queríamos acompañarle porque él iba a ir en su coche, tenía un coche de varias plazas, a Valladolid, a ver el discurso de doctorado, la aceptación del doctorado Honoris Causa de Severo. Claro, para mí, Severo Ochoa era uno de mis héroes, de mis héroes de la vida real.
Tenía mis héroes de ficción, como tenemos todos, pero la posibilidad de ver a Severo Ochoa me emocionaba y allí me fui con Manolo y con otros compañeros y conocí a Severo Ochoa y di la mano a Severo Ochoa y durante días no me quería lavar la mano que había estrechado la mano de Severo Ochoa. Entonces, claro, ya la bioquímica para mí se quedó fijada como uno de mis intereses, porque tenía al segundo Premio Nobel de la historia de la ciencia española, Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa. Estudié hasta tercero en Burgos. En Química estudias muchas matemáticas, mucha física, mucha química, evidentemente, y llegas a creer que más o menos entiendes la naturaleza, porque la naturaleza está hecha de materia, y la materia, los átomos, las interacciones entre los electrones, lo que llamamos la cuántica, física cuántica o química cuántica, te permiten entender, entre comillas, la naturaleza.

Pero había algo que a mí me sorprendía, me llamaba la atención y que no me estaba ayudando a explicar la química, que era la vida, la evolución. ¿Qué pasa cuando la materia, además de tener una estructura, una estabilidad las moléculas, hace copias de sí misma y acaba generando seres vivos? Entonces esa inquietud me llevó a estudiar como especialidad en mi carrera, en aquella época, las licenciaturas eran de cinco años, pues estudiar Bioquímica y Biología Molecular. Me vine aquí a Madrid, a la Universidad Autónoma de Madrid y estudié Bioquímica y Biología Molecular en uno de los mejores departamentos que se podía en aquella época. También con profesores magníficos. Y bueno, más o menos entendí algo de qué era eso de la vida, la evolución y, por lo tanto, la pregunta que se instaló en mi mente fue cómo pasa la química a convertirse en biología. Es decir, ¿cómo surge la vida en un planeta como el nuestro? Y eso me ha venido persiguiendo desde entonces, como científico y como persona, digamos, como una de los grandes interrogantes a los que me gustaría poder dedicar algo de mi tiempo y algo de mi esfuerzo.
Hice la tesis en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, fijaos cómo se cerraba el círculo, fundado por ese investigador al que yo había dado la mano cinco años antes, del que había intentado aprender en esos dos, tres segundos, algo de lo que él sabía. Hice la tesis allí, etapas postdoctorales y en el año 2000 me ofrecieron ir al Centro de Astrobiología, que se acababa de fundar, para montar un laboratorio, un grupo de investigación y empezar a hacer cosas relacionadas con el origen de la vida. Precisamente, daos cuenta, es una especie de sueño hecho realidad.
Sabemos que la ciencia en España no es fácil, por muchas cuestiones, económicas, por la propia percepción entonces de la ciencia, que afortunadamente va mejorando. Pero bueno, mi vida ha ido en ese sentido, persiguiendo incógnitas como el origen de la vida. Y al trabajar en el Centro de Astrobiología tengo la suerte de estar en contacto con un entorno muy interdisciplinar. Allí hay físicos, químicos, matemáticos, ingenieros, algún filósofo de vez en cuando, biólogos, evidentemente, entonces formamos grupos interdisciplinares porque nos hacemos preguntas tan complejas como “¿Qué es la vida?” “¿Cómo pudo surgir la vida?” “¿Dónde puede haber vida en el universo?”. Y, si os dais cuenta, esas preguntas también trascienden la propia capacidad explicativa que tiene la ciencia. Porque esas preguntas también se las han explicado, se las han planteado filósofos, pintores, músicos, escritores desde el pasado. Por lo tanto, ese niño con muchas inquietudes, ahora es un niño mayor, ya con unas cuantas canas, que sigue estando en un entorno interdisciplinar en el que intenta responder a grandes preguntas, uniendo inputs y uniendo aportaciones que nos vienen de distintos campos de la cultura, de ciencias y de letras.
“En el Centro de Astrobiología buscamos respuestas a preguntas como '¿Qué es la vida?'”
Autoria resumida en unos minutos. Con ello, quiero deciros un poco que es importante lo que estudiéis, es muy importante que os desarrolléis profesionalmente, que le dejéis a vuestro cerebro que desarrolle todas sus capacidades de hacerse grandes preguntas, pero, sobre todo, que persigáis sueños, que tengáis preguntas desde jóvenes, que seáis capaces de responder o intentar responder con las herramientas que os den y trabajando en equipo cuando sois más mayores. Yo creo que esa es la gracia. Si algo te emociona, si algo te fascina, tu vida la puedes focalizar hacia eso. Y yo creo que estamos en un momento fascinante de desarrollo científico y tecnológico, de conocimiento del mundo, de todo lo que nos rodea, de la capacidad que tenemos de colaborar en equipo gracias a la red de redes e Internet también. Y todo eso lo tenemos que dedicar o intentar dedicar a resolver o a intentar aproximarnos a las mismas dudas que tenían los humanos cuando empezaron a ser humanos, pero que hoy en día estamos un poquito más cerca de poder responder.
Laura. Hola, Carlos, me llamo Laura. Como astrobiólogo y científico, ¿en qué consiste la vida? ¿Qué es para ti la vida?
Carlos Briones. “¿Qué es la vida?” probablemente es la pregunta más difícil que se puede plantear a cualquiera. Yo llevo toda la vida persiguiendo esa pregunta y, como yo, muchísimos que me han precedido. Solemos decir que vamos a hombros de gigantes. Y en esta pregunta vamos especialmente a hombros de gigantes. En todas las culturas, occidentales, orientales, esta pregunta ha estado rondando la mente de los pensadores, en la cultura occidental, pues Aristóteles ya tiene definiciones de vida y desde entonces, otros filósofos, físicos, químicos, matemáticos, ingenieros, informáticos, biólogos, evidentemente, nos hemos hecho la pregunta de qué es la vida.
Cada uno intenta responder con las herramientas que tiene a mano, con el corpus de doctrina que le rodea y es un tema recurrente, por ejemplo, en los congresos suele haber sesiones sobre qué es la vida, sobre los límites de la vida y, por lo tanto, lo que se han ido haciendo es una serie de definiciones más o menos amplias, más o menos operativas, para intentar responder a esta vieja pregunta. Lo que hemos ido viendo desde las últimas décadas es que para que una entidad se considere viva, para que los seres como tal podamos decir que están vivos, han de reunir al menos tres características. Tener un compartimento, algo que los separa del entorno y que les permite un intercambio de materia y energía, un metabolismo, que es la red de reacciones que permiten traficar con esa materia y energía y construir parte de sí mismo, de ese ser vivo, y, además, le permite vivir fuera del equilibrio termodinámico, es una cuestión técnica, un poquito más precisa, pero básicamente que gracias a que consume materia y energía puede construir partes de sí mismo. No es un sistema químico normal, es un sistema químico que se autoconstruye y además los seres vivos, la tercera característica que tienen es que disponen de una molécula con información genética, que es la que se va a transmitir a la progenie y gracias a la cual vas a poder, digamos, transmitir o pasar a la descendencia las características que tú tienes.
Entonces, cuando se unen esas tres características, podemos decir que el sistema está vivo. Ante ello, las definiciones más modernas de vida ya tienen en cuenta este conjunto de características y una de las que más nos gusta fue acuñada por Jerry Joyce, un bioquímico de California hace ya dos décadas y media más o menos, y es muy sencilla. Según él, un ser vivo es un sistema químico automantenido que evoluciona por selección natural. Muy sencillito. Si te das cuenta, es una definición que no está hablándote de componentes concretos, no estamos hablando de proteínas, ni de ADN, ni de nada específico, sino esas grandes características. Haces copias de ti mismo y evolucionas. Bueno, eso es a día de hoy lo que consideramos vida. Eso es, por tanto, lo que estamos buscando cuando viajamos hacia el pasado, con las pruebas que nos da la geología y la química, para buscar los primeros seres vivos.

Buscamos sistemas capaces de replicarse en el pasado y eso es también lo que buscamos cuando viajamos a otros mundos en busca de vida. Buscamos algo que sea capaz de hacer copias de sí mismo, que se adapte al entorno y que evolucione. Eso es lo que nos gustaría encontrar, por ejemplo, en Marte. Claro, con ello puedes estar muy convencido de que los animales, las plantas, los hongos, los microorganismos, son seres vivos y que los minerales o un copo de nieve o el fuego, aunque tenga capacidad de reproducirse, como no tiene esas tres características, no está vivo. Pero entre el blanco y el negro hay, como siempre, y eso es lo bonito en ciencia, una escala de grises. ¿Los virus? ¿Están vivos los virus? Esa es una gran pregunta. Y más en tiempos de pandemia, ¿verdad? Lamentablemente estamos sufriendo el efecto de un virus en nuestra especie, que parece que se comporta como si fuera un ser vivo, porque tiene mutaciones, genera variantes, pone a prueba nuestro sistema inmune, pero ‘sensu stricto’, si vamos a esas tres características de la vida, el virus no tiene metabolismo, el metabolismo nos lo roba a nosotros, se lo roba a las células a las que infecta, por eso es un parásito obligado. Por lo tanto, el virus, para la mayoría de los científicos, cualquier virus no es un ser vivo, es un ser vivo cuando está replicando una célula, es decir, cuando está utilizando esa maquinaria. Por lo tanto, fíjate qué bonito es un tema que parece muy teórico, como la definición de vida y que partimos de la filosofía y que nos permite llegar hasta el intento de entender cómo funciona un virus que está produciendo una pandemia en la actualidad. Esa es la gracia de la ciencia, la magia de la realidad.
Elena. Hola, soy Elena. Yo quería preguntarte porque en los últimos años han estado enviando misiones a Marte y otros planetas. Entonces, mi pregunta surge de porqué. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué buscamos vida en otros planetas? ¿Y qué se supone que hacemos allí?
Carlos Briones. Hay que buscar vida en otros planetas porque están ahí. Hay que viajar porque están ahí. Los humanos somos exploradores desde nuestros orígenes. Yo creo que si algo define al cerebro humano es la capacidad de hacerse preguntas y de explorar. Explorar en búsqueda de nuevos territorios de caza o explorar en busca de nuevos paisajes, o cuando se inventan los barcos, cruzar el mar a ver qué hay al otro lado, o a principios del siglo XX con la aviación ir más allá de lo que podríamos ir con cualquier otro medio.
Y desde los cincuenta, la exploración espacial es el mismo océano que cruzábamos con los barcos, lo intentamos cruzar con nuestras naves. La exploración espacial es la punta de lanza de la capacidad de los humanos, del interés de los humanos por explorar. Y la pregunta más fascinante que nos podemos hacer cuando vamos a otro lugar es si en ese otro lugar puede haber surgido vida, si ese paso de la química a la biología, que aquí ocurrió, más o menos, hace unos tres mil ochocientos millones de años, cuando la Tierra era muy joven todavía, pues también ha podido tener lugar en esos otros sitios. Y exploramos muchos lugares. Exploramos, desde el origen de la carrera espacial en los años cincuenta y sesenta, fundamentalmente Marte, también Venus, también satélites de los gigantes de gas, Júpiter y Saturno. Se ha llegado hasta Mercurio. Se explora cada vez mejor el Sol y sus inmediaciones. Se ha llegado a los confines del sistema solar, hay naves como las Voyager que ya han salido del sistema solar y siguen su camino hablando de nosotros. Y también buscamos o exploramos con nuestros telescopios y con nuestros espectrómetros lo que pueda haber en planetas fuera del sistema solar, en lugares que están a años luz, a los que probablemente nunca podremos llegar con nuestros robots. Probablemente, o quizás sí, pero la mayor parte de los científicos dirían que no, pero sí podemos tener información de ellos.
“De la misma forma que explorábamos océanos en barco, ahora viajamos en naves espaciales”
Entonces, preguntarnos si, en esos lugares, algo tan maravilloso como la vida ha podido ocurrir, nos permitiría saber si somos fruto del azar o de la necesidad. Fíjate qué dualidad tan bonita de la que ya los griegos hablaban y que ha dado lugar a un campo de investigación interesantísimo dentro del origen de la vida. Si somos frutos del azar, querría decir que es muy improbable que la química dé lugar a la biología, y a lo mejor estamos solos en el universo. A lo mejor, por mucha vida que busquemos, nos encontramos que la Tierra es única en ese sentido, que este planeta azul no tiene otros equivalentes fuera, pero si hay un cierto determinismo y la materia, cuando es suficientemente compleja, genera esas dinámicas replicativas que dan lugar a la vida, a lo mejor el cosmos está lleno de vida. A lo mejor estamos rodeados de cientos de planetas y de satélites, o de cientos de miles de millones de planetas y de satélites con vida. Solo conocemos un ejemplo, date cuenta de que es fascinante todo lo que sabemos de la vida, pero en el fondo, toda la vida de la tierra proviene de una única forma de vida, de una única especie que vivió hace tres mil ochocientos millones de años y que llamamos Luca, el ancestro común. ¿Puede haber otros ancestros en otros planetas? ¿Pueden tener algo que ver? ¿Puede la bioquímica de esas otras vidas ser la misma? Es decir, buscamos vidas para intentar entender y explicar nuestra propia vida.
La exploración espacial, la investigación sobre el origen de la vida, sobre los microorganismos que viven en sistemas extremos y que nos pueden servir de pista para ver cómo puede ser la vida ahí fuera, parece que son temas muy básicos, muy de ciencia sin aplicaciones, muy de ciencia que puede ayudar a aumentar nuestro conocimiento, pero poco más. Sin embargo, todos sabemos también que gran parte de los materiales que utilizamos, de las técnicas de comunicación, de los sistemas de soporte vital, de las pilas de combustible han surgido con la carrera espacial, han surgido gracias a la investigación espacial, porque es la punta de lanza de la tecnología en cada época. Entonces, estamos rodeados de tecnologías que en su día surgieron por o para la investigación espacial. Por otra parte, hay casos, hay ejemplos muy bonitos que nos dicen que esa dualidad que a veces parece que está instalada en la ciencia, de ciencia básica y ciencia aplicada, no es tal. Y te voy a poner solo dos ejemplos. Mira, hace ya muchos años, en 1900, si no recuerdo mal, 64 o 65, un microbiólogo norteamericano llamado Thomas Brock estaba viajando por Estados Unidos y llegó al parque Yellowstone, y en el parque Yellowstone, que es una zona volcánica, hay muchas surgencias de aguas termales, él empezó a investigar, porque además es una zona que tiene precipitados de metales, colores muy bonitos, muy sugerente. Y comenzó a preguntarse: “¿Ahí puede haber seres vivos?”. Bueno, pues se quedó, como decimos, se quedó con la copla, con la idea de decir: “Aquí tengo que volver con todo mi instrumental científico”. Y comenzó a investigar, fue tomando información y al año siguiente a esa primera visita, volvió al parque Yellowstone ya con todos sus tubitos, sus frascos, sus pipetas, el material de los científicos. Comenzó a tomar muestras y en una zona que se llama Mushroom Spring, una fuente de agua termal, tomó agua y de ahí aisló un microorganismo que se llama Thermus Aquaticus, que puede crecer entre cincuenta y ochenta grados de temperatura.
Es lo que llamamos un termófilo, le gusta el calor. Pues bueno, fue un descubrimiento básico en microbiología. Thomas Brock se ha convertido desde entonces, sigue vivo, en una referencia de la microbiología, la adaptación a ambientes extremos, pero lo que él no se podía imaginar es que años más tarde, ya en la década de los noventa, otros investigadores iban a utilizar esa bacteria Thermus Aquaticus, le iban a sacar la enzima que hace copias del ADN, la ADN polimerasa de ese microorganismo, e iban a descubrir que era capaz de copiar, de amplificar, cualquier secuencia de ADN que le pusieran, sometiéndole a unos determinados ciclos de temperatura. A ese proceso lo llamaron “Polymerase chain reaction”, PCR, que ahora a todos nos suena absolutamente familiar. Daos cuenta cómo una investigación que parece de microbiología básica de los años sesenta se ha convertido, entre otras miles de aplicaciones que tiene en biotecnología, en el sistema más fiable para detectar si estamos o no infectados por el Sars-COV-2. Ciencia aplicadísima. Por ese descubrimiento, por la aplicación de la DNA polimerasa de Thermus Aquaticus a la PCR, dieron el Premio Nobel a la persona que llevó a la tecnología, se llama Kary Mullis. El Premio Nobel se le dio en el noventa y tres. El mismo verano de 1993, otro microbiólogo, este español, llamado Francis Mojica, de la Universidad de Alicante, estaba investigando en las salinas de evaporación solar que hay en Santa Pola. Otro sistema extremo. Son seres vivos que viven a altísimas concentraciones de sal. Y estaba secuenciando los genomas de arqueas, que son un tipo de microorganismos que viven ahí.
Y cuando estaba secuenciando los genomas y viendo esa cadena de ACGTTGTC que forman los genomas de todos los seres vivos, se dio cuenta de que había una serie de secuencias repetidas dentro de ese genoma y, como buen científico, se empezó a preguntar qué querrá decir, por qué esas secuencias están ahí. Y les puso el nombre de CRISPR, la abreviatura es CRISPR y, con el tiempo, se dio cuenta de que tienen que ver con sistemas que tienen los microorganismos, bacterias y arqueas para defenderse de la infección por virus. Pasado el tiempo, el sistema CRISPR se convirtió en una herramienta maravillosa de edición génica para hacer corta y pega de genes dentro de genomas, por ejemplo, humano, y gracias a ese descubrimiento de Francis Mojica, de este microbiólogo español, buen amigo mío y una persona encantadora, por otra parte, dos investigadoras y no él han ganado el Premio Nobel de Química el año pasado, Doudna y Charpentier. Porque han puesto a punto el sistema CRISPR Cas, basado en el descubrimiento de Francis Mojica en unas salinas españolas en los años noventa para revolucionar la medicina genómica. Fíjate, preguntas que parece que son muy básicas se acaban convirtiendo en herramientas tecnológicas potentísimas que cambian el destino de la humanidad. Por lo tanto, la lección es un poco “no separemos tanto la ciencia básica de la ciencia aplicada, porque lo que en realidad hay es ciencia y, antes o después, aplicaciones de la ciencia”. Es decir, cuando te pregunten como científico, los que sean científicos o seáis científicos en el futuro: “¿Tú haces ciencia básica o aplicada?”. La respuesta correcta es decir “yo hago ciencia”.
Iker. Hola, Carlos, me llamo Iker y me encanta la astronomía. De los planetas que conocemos, ¿en cuál crees que sería más probable que encontráramos vida similar a la tierra?
“La tierra es la cuna de la humanidad, pero no se puede vivir en una cuna para siempre”
Carlos Briones. Decía Konstantín Tsiolkovski, una frase muy bonita, este es el padre de la cosmonáutica rusa y decía: “La tierra es la cuna de la humanidad, pero no se puede vivir en una cuna para siempre”. Y eso nos ha llevado también a ese interés tremendo por explorar nuestro entorno, primero, el sistema solar y luego, más allá del sistema solar, en busca de una posible vida y en busca de, quizá, algún entorno habitable para que la humanidad o parte de la humanidad se pueda ir en el futuro.
Entonces, la carrera espacial, la investigación espacial, unida a los avances en astrofísica, en química, en geoquímica, en astroquímica, en todas las ramas de la ciencia y astrobiología, durante los últimos años, nos han puesto sobre la mesa una serie de lugares donde quizá la vida ha podido surgir de la química, de una forma más o menos parecida a cómo intuimos que pasó en la Tierra hace tres mil ochocientos millones de años. Uno de ellos es Marte. Marte es el objeto dorado de la exploración espacial. Es el cuerpo donde más naves han llegado de todo nuestro entorno, está relativamente cerca de nosotros. La última que ha llegado, Perseverance, ha tardado siete meses en recorrer cuatrocientos millones de kilómetros, que parece mucho, pero realmente en exploración espacial no es tanto. Y a Marte han llegado muchas misiones. Lo que nos han dicho es que Marte estuvo cubierto por un océano de agua en el pasado, más o menos entre hace cuatro mil y tres mil millones de años, que era la época en la que la vida estaba surgiendo en la Tierra. Entonces, era un planeta que estaba dentro de la banda de habitabilidad en torno al Sol. Es decir, la zona en la cual la temperatura superficial le permite tener agua líquida. Y en efecto, el hemisferio norte de Marte estaba cubierto por un gran océano de agua. Entonces, es muy probable, no tenemos ninguna evidencia, pero es muy probable que la vida pudiera surgir de la misma forma que surgió en la Tierra en ese otro cuerpo. Si surgió, tendrías dos posibilidades, que desapareció, porque Marte tuvo una historia geológica muy distinta a la nuestra, básicamente, Marte es un planeta más pequeño que, digamos, perdió su energía interna más rápido. Su núcleo líquido, de metales líquidos como el de la Tierra se solidificó y eso hizo que dejara de tener un campo magnético. Al dejar de tener un campo magnético, pierdes la protección frente a la radiación solar y el viento solar entró y arrasó la atmósfera. En un planeta más pequeño y sin atmósfera, no se retiene el agua y una parte del agua se evaporó, se perdió en el espacio y otra parte se quedó en la corteza como agua de hidratación de minerales y en los casquetes polares del Polo Norte y Polo Sur. Hay mucha agua todavía en Marte, pero congelada, porque la temperatura de Marte es de cincuenta y cinco grados bajo cero. Esa es la media.
Entonces, claro, si surgió la vida, a lo mejor desapareció por esos cambios ambientales que se produjeron en el planeta, o a lo mejor se quedó escondida en el subsuelo de Marte, donde menos radiación llega, donde todavía sabemos que puede haber reservas de agua líquida rica en sales y, a lo mejor, el agua ha permitido que haya pequeños oasis de vida debajo de ese desierto. Yendo una imagen muy de ‘El Principito’, de Saint Exupéry, que decía que lo bonito del desierto es que siempre puede esconder una fuente. Pues dentro de Marte, a lo mejor, hay pequeños oasis para la vida, eso es lo que estamos intentando averiguar con las misiones. Entonces, Marte es uno de los principales cuerpos para explorar la posibilidad de vida. En el caso de Venus, el otro planeta hermano a la Tierra de un tamaño más o menos parecido al de la Tierra, más interior. Lo que ocurrió allí fue que se acabó desencadenando un efecto invernadero desmesurado, mucha presión atmosférica, nubes muy gruesas de CO2, fundamentalmente, y eso ha hecho que la temperatura de la superficie, así como en Marte, es de menos cincuenta y cinco, en Venus es de más cuatrocientos sesenta grados. Es el infierno. Entonces, en el caso de Venus, si alguna vez surgió la vida en Venus, quizá la única opción que haya tenido sea quedarse viviendo en las nubes, microorganismos en suspensión en las nubes. Eso es un modelo muy bonito del que Carl Sagan ya había hablado en 1967, en un artículo muy famoso y que se ha vuelto a poner de moda hace poco porque encontraron, presuntamente, una molécula que nos podía estar diciendo que había, quizá, señales de vida en las nubes de Venus, que luego se ha demostrado que no era el caso, pero podría haber ocurrido. Bueno, Venus es otro lugar interesante para buscar vida, y además de los planetas, son muy interesantes los satélites de Júpiter y de Saturno, que están formados por una costra de hielo, pero que, en su interior, tienen un océano de agua líquida. Sabemos que hay varios de estos mundos oceánicos, se llaman así, y es un sistema interesantísimo. Imaginad, por ejemplo, Europa, uno de los cuatro satélites que Galileo descubrió en Júpiter en 1610, sus primeras observaciones con el telescopio, pues Europa tiene una costra de hielo de unos veinte kilómetros de grosor y, debajo, un océano de agua líquida de unos cien kilómetros de profundidad, y en el lecho de ese océano sabemos que hay volcanes y surgencias de agua caliente.
Entonces, imaginaos ese océano. Dejad volar vuestra imaginación, poneos en Europa. Imaginad que estáis buceando en Europa. Tendréis agua muy caliente abajo, muy fría arriba, lógicamente, agua muy oscura, muy rica en distintas moléculas, tenemos agua, tenemos moléculas, algunas sabemos que son moléculas orgánicas, fuentes de energía. Eso es lo que requiere la vida. A lo mejor hay vida en Europa, a lo mejor hay vida microbiana que está flotando en ese océano y que se está desarrollando ahora mismo. A diferencia de la de Marte, que a lo mejor lo más probable es que hubiera vida en el pasado, en Europa, y ocurre lo mismo en Encélado, que es otro satélite más pequeñito, pero que también tiene agua subsuperficial en el sistema de Saturno, igual hay vida en la actualidad. Estos son candidatos maravillosos. Esos son los lugares a los que ya se ha ido en alguna ocasión, con más o menos profundidad de análisis, y a los que se quiere volver para hacer investigaciones de distintos tipos, geológicas y, con un poco de suerte, biológicas.
“Dentro de Marte, a lo mejor, hay pequeños oasis para la vida”
Patricia. Hola, Carlos, soy Patricia. ¿Qué crees que piensan los astronautas cuando ven la Tierra desde fuera?
Carlos Briones. A todos los que nos gusta viajar nos tenemos que conformar con volar a diez kilómetros de altura en los aviones, como mucho. Y a partir de ahí, vas viendo el mundo. Pero claro, hay personas que han tenido la suerte de ver nuestro planeta desde fuera. De hecho, en la historia de la exploración espacial, hay, yo creo, tres puntos temporales muy bonitos. Uno es 1968, cuando el Apolo ocho estaba dando vueltas a la Luna y en la cuarta órbita que hizo en torno a la Luna, los tres astronautas que estaban allí, en el Apolo 8, cuando salieron de la cara, digamos, para nosotros, oculta de la Luna, la que está al otro lado, les apareció la tierra saliendo del horizonte, lo que se llamó el ‘Earth Rise’ o la salida de Tierra, y que nunca se había visto por los ojos humanos hasta entonces. Entonces, imaginaos el subidón que tendrían de adrenalina de decir: “Nuestro planeta, donde vive toda la humanidad, menos nosotros tres, están ahí.”. Imaginad eso, pues ahí comenzaron a vernos desde fuera algunos privilegiados. Años más tarde, en 1972, los astronautas del Apolo 17 tuvieron una visión parecida, pero más magnífica todavía, porque vieron el disco de la Tierra totalmente iluminado por el Sol. Es lo que se llamó la canica azul. Era una imagen de la Tierra en la que se veía, sobre todo, el hemisferio sur, el planeta azul y marrón, con los jirones blancos de las nubes. O sea, una belleza. Y comenzaron a pensar en que nuestro planeta es maravilloso, pero también es muy frágil. Está solo en el universo, está ahí en mitad de la noche. Entonces eso removió un poco la conciencia planetaria. Los humanos empezamos a ver que habitamos en una especie de biosfera, en un entorno privilegiado para la vida y que en las inmediaciones no hay nada más y que más nos vale cuidarlo.
La tercera etapa de ese viaje, yo creo, con la imaginación, es 1990, cuando la Voyager uno, que había sido enviada en 1977, estaba abandonando el Sistema Solar y giró las cámaras hacia atrás, era una idea que había tenido Carl Sagan, el famoso astrofísico y divulgador científico, girar hacia atrás e intentar fotografiar los distintos planetas del Sistema Solar. Y aparecieron imágenes de casi todos. Y la Tierra se veía como un píxel azulito, además, en mitad de un rayo de luz difusa que había provocado la propia óptica de la nave Voyager, entonces, lo habréis visto probablemente en miles de sitios donde ha sido reproducido, un rayito y un punto azul pálido. Eso es como lo llamó Carl Sagan, un punto azul pálido. Bueno, la verdad es que ver la tierra desde fuera te pone a ti mismo en el contexto del universo y te hace ver lo pequeño que eres, que somos todos los humanos, toda la biodiversidad que compartimos esta biosfera. Y claro, la visión de la Tierra desde un poco más de cerca luego se empezó a generalizar cuando la Estación Espacial MIR y luego la Estación Espacial Internacional empezaron a ser operativas y, constantemente, han estado habitadas por humanos.
Tuve la suerte de que el día que se celebraba el 50 aniversario de la llegada a la Luna, el 20 de julio de 2019, estábamos celebrando un acontecimiento muy bonito de ciencia, de música, de poesía, y estaba allí Alexander Lazutkin, este es un cosmonauta ruso que estuvo en la MIR, en la Estación Espacial MIR, soviética, durante seis meses en dos misiones, y, bueno, pues es un experto, imagínate seis meses habiendo vivido allí y tuve ocasión de hablar con él bastante. Gracias, entre otras cosas, a que teníamos a un traductor, lógicamente, porque él habla ruso y estuvimos hablando y yo le preguntaba las grandes dudas: “¿Qué siente un astronauta cuando ve la Tierra desde fuera?”. Y él me dijo cosas que son impresionantes cuando te lo dice alguien con esa calma suya y con esos ojazos azules que tiene, que parece que de tanto haber estado en el cosmos se le han puesto los ojos azules, decía: “Sientes mucha paz”.
Y fíjate que él pasó momentos complicados en la MIR, porque hubo algunos asuntos allí, complejos, pero él decía: “Cuando todo está solucionado y miras la Tierra, sientes una paz tremenda”. Y luego miras la Tierra y vas haciendo órbitas en torno a la Tierra y te das cuenta de que no hay fronteras, que compartimos la Tierra, los humanos de todos los países, de todas las razas, aparentemente, no existen las razas, la genética nos ha dicho que no existen las razas, de todas las religiones, de todas las formas de pensar. La Tierra es ese punto azul pálido, que decía Sagan que todos compartimos y que, visto desde fuera, no tendría que ser tan complicado vivir como luego a ras de suelo es. Entonces, esta era una de las enseñanzas de un cosmonauta. Y yo le pregunté: “¿Tú piensas, viendo la tierra desde fuera, tú piensas que puede haber vida fuera de la tierra?”. Y él dice: “Pues yo creo que sí, porque no somos especiales en absoluto, somos un planeta normal, alrededor de una estrella normal, en una galaxia normal. Y en ese sentido no hay nada privilegiado, por lo que se sabe de Astrofísica, en la Tierra respecto a otros posibles lugares”. Y él me decía: “Yo creo, sin pruebas, pero yo creo que tiene que haber otras vidas fuera de la Tierra”. Entonces, claro, que te diga eso un astronauta que ha estado fuera, que nos ha visto en el contexto del cosmos, pues te reafirma en la gran pregunta que nos rodea a unos cuantos de que merece la pena intentar buscar vida fuera de la Tierra, porque probablemente no estemos solos.
Chica. Hola, Carlos. Me surge una pregunta y es que, al paso que va el cambio climático, ¿crees que algún día la superficie de la Tierra podrá ser tan inhóspita como es Marte o Venus?
Carlos Briones. Bueno, el cambio climático es una realidad incuestionable ya. La verdad es que hemos conseguido, los humanos, hacer cambios irreversibles en el planeta y otros que no sabemos todavía si van a ser reversibles o no. Y uno de ellos es el cambio climático, el calentamiento global debido a la actividad antrópica, a las, digamos, emisiones producidas por los humanos desde hace ya varias décadas, aumento de CO2, calentamiento global, etcétera. Eso está ocurriendo ahora mismo, ya lo estamos viendo en fluctuaciones climáticas anormales hace unos años, las estaciones ya no son lo que eran. De hecho, las Cuatro Estaciones de Vivaldi ahora hay orquestas que las tocan distorsionadas para mostrar que ya ese mundo dividido en primavera, verano, otoño, invierno ya no es así. Cada año se baten prácticamente récords de temperatura alta en el planeta. Y eso nos lleva a pensar qué puede ocurrir en el futuro de nuestro planeta. Y como bien decías en tu pregunta, nos planteamos si podríamos llegar a ser lugares inhóspitos para la vida, como pueden ser Marte o Venus. En el caso de Marte, lo que ahora se ve es un desierto polvoriento y congelado a cincuenta y cinco grados bajo cero de media. Es difícil que lleguemos a eso, porque el cambio climático, lo que está produciendo, es un calentamiento global y lo que ha ocurrido con Marte es producto de su historia geológica, una historia geológica que ha sido muy distinta en la Tierra. Sin embargo, Venus sí nos habla del efecto que puede tener en la temperatura superficial la acumulación de gases de efecto invernadero que, como sabes, permiten pasar radiación, pero luego se altera esa radiación, ya no puede salir y queda atrapada, como un invernadero y entonces eso va calentando la superficie.
“Los humanos hemos provocado cambios irreversibles en el planeta”
La temperatura media de la superficie de Venus a día de hoy es cuatrocientos sesenta grados sobre cero. Es el lugar más caliente de todo el Sistema Solar. Hace más calor que en Mercurio, que está más cerca, curiosamente, porque realmente el efecto invernadero tiene la capacidad de calentar muchísimo un planeta. Yo creo, y la mayor parte de los expertos piensan, que por mucho efecto invernadero que hubiera en la Tierra, nunca llegaríamos a temperaturas tan extremas, evidentemente, como las de Venus, pero sí que es cierto que un calentamiento progresivo de nuestro planeta puede generar crisis de biodiversidad, que ya se está observando, tanto de animales como de microorganismos y alterar para siempre la dinámica ecológica de un planeta como el nuestro. Entonces, no está nada mal mirar a nuestro alrededor, no perder de vista a otros planetas que han tenido historias muy distintas y tener en cuenta que el planeta azul en el que vivimos es único para la humanidad, realmente podemos viajar fuera de la Tierra, podrá haber colonias habitadas en otros países, pero la humanidad, los casi ocho mil millones de personas que somos, vamos a seguir viviendo en la Tierra. Entonces no hay un planeta B y eso es una enseñanza que todos tenemos que tener muy clara. No hay un planeta B para la humanidad. Tenemos que cuidar nuestro planeta, porque si no cuidamos nuestro planeta, el clima acabará llegando a extremos insoportables para la biodiversidad, se generalizarán, por ejemplo, los incendios, se generalizarán, por ejemplo, las pandemias que vienen de cambios climáticos asociados a eventos de deforestación y de progresiva llegada de los humanos a zonas que eran zonas salvajes en el pasado. Es decir, todas esas alteraciones tienen un precio para nuestra especie y tienen un precio, sobre todo, para la biodiversidad que nos rodea. Nos tenemos que quedar con la idea de que tenemos que cuidar el único planeta que tenemos para vivir, que es el planeta Tierra.

https://aprendemosjuntos.bbva.com/especial/tres-historias-de-la-exploracion-espacial-y-un-mensaje-para-la-humanidad-carlos-briones/
 
3.
Carlos Briones: “La vida es muy tozuda; se abre camino en condiciones y entornos increíbles”
El científico del CSIC en el CAB (CSIC-INTA) estudia las condiciones bioquímicas del origen de la vida y su posible existencia fuera de la Tierra
11 octubre, 2021
En 2020 Carlos Briones publicaba su tercer libro: ¿Estamos solos? En busca de otras vidas en el cosmos (Ed. Crítica, Colección Drakontos). En algo más de 500 páginas, este investigador en el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) y doctor en Bioquímica y Biología Molecular, realiza un profundo viaje desde lo pequeño -la química que da paso a la biología- hasta lo inabarcable -la búsqueda de vida en otros planetas o satélites- para intentar dar respuesta a preguntas tan eternas como el propio pensamiento.
Pregunta: ¿Cómo de antigua es la pregunta que trata de responder en su libro?
Respuesta: Probablemente desde que los humanos comenzamos a mirar al cielo estrellado nos planteamos estas mismas preguntas; empezamos a vernos pequeñitos en la inmensidad del cosmos, comenzamos a pensar qué puede haber en torno a esos puntos luminosos, cómo hemos llegado hasta aquí y si puede haber otros seres vivos fuera de nuestro planeta. Creo que es de las preguntas más antiguas de la humanidad: saber si estamos solos o acompañados.
P: ¿Y cuándo pasó a ser una pregunta que trataba de responder la ciencia?
R: Ya en la Grecia clásica había muchos pensadores que se plantearon esto de una forma más o menos abierta, en el marco de la filosofía, pero es en el Renacimiento cuando se acaba convirtiendo en una pregunta científica.  El propio Galileo nos enseña a mirar otros mundos y a preguntarnos por la dinámica celeste, luego Newton introdujo la física que rige esos movimientos… y más adelante vino la parte química y biológica: ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de vida? ¿Qué características puede tener y qué ejemplos distintos de vida podemos encontrar? Todas estas corrientes se fusionaron a mediados del siglo pasado, y comenzaron a dar sus frutos en el campo de la Astrobiología desde hace tres décadas.
P: En el libro define la vida desde un punto de vista biológico como un sistema químico que presenta estas tres características: compartimento, metabolismo y capacidad de replicación.  ¿A quién compete valorar qué es y qué no es la vida?
R: Realmente, cada persona a la que preguntes qué es la vida te va a dar una respuesta distinta, dependiendo de su campo de estudio. La filosofía tiene sus explicaciones, la física las suyas, los biólogos y bioquímicos tenemos definiciones distintas también, pero actualmente siempre incluyen compartimento, metabolismo y replicación de un material genético como características indispensables. Por otra parte, la evolución siempre está presente en las definiciones de vida. Desde la física y la química se habla de un sistema lo suficientemente complejo en cuanto al repertorio molecular y a un estado fuera del equilibrio termodinámico para definir a un ser vivo, que permite la disminución de entropía dentro de él. Dependiendo de la disciplina científica, la definición de lo que es la vida será muy diferente, pero todas son interesantes.
P: El carbono y el agua son elementos indispensables para la vida en la Tierra. Aun así, ¿podrían llegar a formarse moléculas tan complejas como el ADN, el ARN o las proteínas utilizando otros elementos distintos o estamos limitados por la lógica de la química?
R: Muy buena pregunta. Desde el punto de vista químico, los científicos estamos de acuerdo en que la vida requiere carbono y agua. El agua que te estás bebiendo ahora mismo es un extraordinario disolvente que acomoda muchas reacciones entre moléculas en su seno, y además es muy abundante (en estado líquido, en forma de vapor o como hielo) en el Universo. En ese sentido no hay ningún disolvente alternativo al agua que funcione tan bien y que se encuentre en estado líquido en un rango tan amplio de temperaturas. Lo mismo ocurre con el carbono como elemento para construir moléculas: es un átomo de pequeño tamaño, muy electronegativo, con gran capacidad de formar enlaces covalentes y por tanto construir moléculas muy complejas.
P: Y cuando hablamos de posibles vidas basadas en otros elementos, ¿se trata de niveles de dificultad o practicidad, o directamente es imposible?
R: Podríamos pensar en otros elementos como el azufre o el silicio, muy de moda en la ciencia ficción, pero cuando observas como químico qué posibilidades tienen, no hay lugar. La química del silicio, que es el vecino de abajo del carbono en la tabla periódica, es muy pobre; solo se une al hidrógeno y al oxígeno, y además lo hace en unas condiciones en las que es tan estable que no tiene reactividad, o bien no puede llegar a formar moléculas que se mantengan en el tiempo. Sería imposible una química compleja basada en silicio. Como suelo decir en las charlas, el silicio es muy bueno para construir un iPhone, pero no para formar una bacteria.
P: Y en cambio, el carbono…
R: El carbono ha dado lugar hasta la fecha, que sepamos, a más de quince millones de moléculas distintas, naturales o artificiales. No hay alternativa para formar moléculas complejas, que es lo que requiere la vida. Dicho esto, a partir el agua y el carbono podrías tener bioquímicas totalmente distintas a la que ha triunfado en nuestro planeta. Por eso tenemos que estar muy abiertos a encontrar otras vidas definidas por la combinación de compartimento-metabolismo-replicación, pero formadas por biomoléculas distintas, que, por ejemplo, no contengan proteínas ni ácidos nucleicos.
P: En su libro comenta que para la vida no era realmente “necesario” evolucionar hacia sistemas pluricelulares más complejos.  ¿Sería una rareza, entonces, encontrar organismos pluricelulares en otro lugar del Universo?
R: Desde el punto de vista biológico no existe una flecha que nos indique que de lo unicelular tenga que surgir lo pluricelular.  De hecho, en nuestro planeta quizá no habrían surgido organismos pluricelulares si no se hubiera producido antes un gran aumento de oxígeno molecular producido por seres unicelulares, las cianobacterias. Yo creo que podrían existir muchos lugares en el cosmos con vida microbiana donde no se haya dado el paso (ni probablemente se vaya a dar nunca) a la pluricelularidad.  En nuestro caso, por lo que conocemos de la biodiversidad terrestre, esta vida pluricelular representa solo el 15% del total. Es decir, seguimos viviendo en un mundo de microorganismos: ellos son sus dueños y protagonistas.
P: ¿Presenta la pluricelularidad algunas ventajas, al menos?
R: Algunas ventajas y algunos problemas. Una de sus consecuencias es que al ser pluricelular y tener reproducción sexual eres mortal: tus células germinales pueden prevalecer si te reproduces, pero en cualquier caso las demás (somáticas) dejan de ser necesarias al cabo de un cierto tiempo y el organismo muere. La muerte no es, por tanto, consecuencia de la vida sino de la pluricelularidad y de la división sexual. Y este tipo de muerte programada apareció unos 2.000 millones de años después de la vida. Interesante, ¿verdad? La vida pluricelular no era necesariamente ventajosa, lo que ocurre es que los seres pluricelulares sí que podemos hacer algunas cosas más gracias a la especialización de tipos celulares y la formación de tejidos.  Con todo, sería perfectamente posible que haya muchos planetas o satélites con algo parecido a microorganismos y que ahí se acabe, digamos, la complejidad de la biología. De hecho, siempre decimos que los pluricelulares somos más complejos, pero estamos pensando en cuestiones morfológicas. En ese sentido por supuesto somos más complejos y variados, pero los microorganismos lo son mucho más desde el punto de vista del metabolismo y de su capacidad de adaptación.
P: ¿A qué se debe exactamente esa facultad para amoldarse a las circunstancias?
R: Por lo que sabemos, los microorganismos han explorado todos los metabolismos posibles en nuestro planeta. Los eucariotas no inventamos ningún metabolismo, los tomamos prestados o secuestrados. Respiramos porque ya existían microorganismos que respiraban. A nivel metabólico ellos son mucho más plásticos, mucho más adaptables que nosotros. Tienen, además, tasas de mutación algo más altas y esa característica llega al extremo en el caso de los virus con genoma de ARN, cuyas tasas de mutación son aproximadamente 100.000 veces más altas que la de los seres pluricelulares. Los virus son máquinas replicativas especializadas en el tráfico de genes, han tuneado mucho el árbol de la vida fomentando la transferencia horizontal de genes entre sus ramas, aunque volviendo a la definición de vida no se les pueda considerar seres vivos.
P: Claro, no tienen capacidad metabólica si no es gracias a su huésped...
R: Exacto. Pero, aunque no sean seres vivos como tal, sí son agentes fundamentales para la dinámica de la vida y la construcción de los ecosistemas. Como ves, el tema de la complejidad depende mucho de los criterios que tengas en cuenta. En biología te puede parecer de una complejidad maravillosa el ojo de un animal o nuestro cerebro, pero cuando lo comparas con una bacteria que puede respirar o realizar fotosíntesis en función de que tenga oxígeno o no, entonces lo comprendes perfectamente: ¡lo suyo sí que es complejo a nivel bioquímico y metabólico!
P: Decían en Parque Jurásico que “la vida se abre camino”. En nuestro planeta hay muchos ejemplos de lugares más o menos remotos con condiciones extremas donde existe vida. Quizás lo complicado es que surja, pero una vez lo hace, ¿qué es más probable, que esta se extinga o que evolucione para adaptarse a su entorno?
R: Es una pregunta que nos hacemos constantemente. Cuando repasas la historia de la vida en la Tierra te encuentras con grandes eventos de pérdida de biodiversidad y extinciones masivas, pero la vida, como tal, siempre ha prevalecido. Eso nos lleva a pensar que, si la vida ha surgido en otro lugar (sea por ejemplo en Marte, Encélado o Europa), probablemente haya sido capaz de sobrevivir a pesar de lo que haya ocurrido allí a lo largo del tiempo.
P: ¿Cómo podría haber prevalecido la vida?
R: Pongamos el ejemplo de Marte: la superficie del planeta rojo no es habitable hoy en día sobre todo porque está sometida a una gran dosis de radiación, pero sabemos que el planeta sí tiene agua líquida en su interior, y el hielo abunda también en dicha superficie. ¿Es probable que la vida haya desaparecido por completo si hubiera surgido hace unos 3.500 millones de años, más o menos a la vez que en la Tierra? Soy partidario de pensar que, si surgió allí, probablemente acabó adaptándose a vivir bajo la superficie, encontrando microambientes con algo de energía utilizable, agua, sales y moléculas orgánicas. Quizás la vida haya colonizado estos entornos y se encuentre aún allí. El reto será detectarla. Pero la vida es, como tú bien dices, muy resiliente, muy tozuda. Se adapta, se abre camino, y la evolución por selección natural te ayuda a sobrevivir en entornos increíbles y resistiendo rangos muy amplios de las variables fisicoquímicas.

https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/carlos-briones-la-vida-es-muy-tozuda-se-abre-camino-en-condiciones-y-entornos

  

4.
Carlos Briones: "Hacernos las grandes preguntas sobre el origen de la vida y el Universo nos ayuda a desarrollar nuestro cerebro y ser más humanos, que no es poco"
29 agosto 2022
Pocas personas están tan preparadas para contestar qué es la vida y dónde podemos encontrarla como Carlos Briones.
Científico, divulgador y poeta, el astrobiólogo español lleva años haciéndose las grandes preguntas sobre el origen de la vida en la Tierra y la existencia de otras vidas en el universo.
Y tal como dice en su cuenta de Twitter, "Ciencia para entender el mundo, poesía para nombrarlo. Y, siempre, la duda", le interesa y apasiona hacerlo a través de la "tercera cultura", esa conexión entre la ciencia, las humanidades y las artes.
Con su equipo, desarrolla investigaciones sobre las primeras moléculas biológicas que pudieron transmitir información genética y desarrolla biosensores capaces de detectar moléculas relacionadas con la presencia de vida, sea donde sea.
Briones -que trabaja en el Laboratorio de Evolución Molecularen el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) en España asociado al Instituto de Astrobiología de la NASA-participa esta semana en el Hay Festival de Querétaro, México, donde conversará sobre su último libro: "¿Estamos solos?: en busca de otras vidas en el cosmos".
Has dicho que si existiera vida inteligente extraterrestre, no estaría dentro del sistema solar, ¿por qué?
Porque se han visitado ya todos los planetas y los principales satélites del sistema solar.
Y hemos encontrado mundos con una gran geología y una química fascinantes, pero ninguno de ellos ha dado ninguna muestra de que haya una estructura o una emisión de señales, ni nada que nos diga que puede haber vida inteligente dentro del sistema solar.
Si existe vida inteligente fuera de nuestro planeta hay que asumir que estaría en planetas extrasolares, es decir, fuera de nuestro vecindario cósmico.
Hoy sabemos, por ejemplo, que existen más de 5.000 planetas extrasolares caracterizados, pero asumimos que debe haber un número como de un 1 seguido de 23 ceros.
Ese número es tan inmenso que si existe vida inteligente en otros planetas, ¿cómo la podríamos detectar?
La podríamos detectar por emisiones de radio.
Si hay vidas inteligentes, habrán tenido a lo mejor una evolución cultural parecida a la nuestra, y podrán enviar o recibir ondas de radio, es decir, podrán enviarnos mensajes y recibir nuestros mensajes.
Pero si evolucionaron de una manera distinta a la nuestra, no necesariamente tendrían que ser capaces de comunicarse a través de ondas de radio…
Si no han desarrollado ondas de radio, teniendo en cuenta lo lejos que están, es imposible que nos comuniquemos con ellos, aunque el universo esté lleno de vida.
Eso suena un poco decepcionante, ¿verdad? Puede ser que en torno a algunas estrellas -como las que vemos cuando miramos la noche estrellada- haya planetas y que en esos planetas haya vida, pero que seamos incapaces de detectarla.
Eso también quiere decir que a nosotros no nos podría haber detectado nadie antes de principios del siglo XX, que fue cuando se desarrolló la radio.
Y fíjate que sí éramos inteligentes en el Renacimiento o en la Grecia clásica, pero no habíamos desarrollado la tecnología para que nos detectaran desde fuera.
¿Por qué tienen que ser ondas de radio, no hay otras maneras de comunicarnos con vidas inteligentes?
Porque como están tan lejos, no podemos ver estructuras construidas por seres inteligentes. No hay ningún telescopio ni va a haber nunca ningún telescopio con una resolución suficiente como para ver esas estructuras.
Fuera del sistema solar, el planeta conocido más cercano, Próxima b, está a 4,2 años luz de la Tierra.
Entonces, ¿qué nos llega desde ese planeta, cómo descubrimos que existe?
Nos llega radiación, nos llegan ondas que pueden ser luminosas en el espectro visible u otras ondas en el espectro de radiación electromagnética.
A mediados de los 70, científicos creyeron haber encontrado una señal de vida inteligente, pero esa esperanza pronto se desvaneció...
Sí, se encontró una señal llamada WOW, que es lo que anotó el observador estadounidense Jerry Ehman cuando la detectó. Pensaba que en esa señal había alguna implicación de seres inteligentes.
Pero luego se vio que se trataba probablemente del reflejo en un trozo de basura espacial de una onda de radio producida en la Tierra.
Así que hasta ahora, hemos mandado e intentado recibir señales de radio, pero no hemos tenido ninguna buena noticia en ese sentido. Hasta ahora, estamos solos en el universo.
¿Dónde es lo más lejos que hemos llegado en el espacio?
Con instrumentos construidos por los humanos, las sondas Voyager 1 y Voyager 2 son las que más lejos han llegado y que abandonaron ya el sistema solar.
Están viajando por el espacio fuera de este entorno planetario y han hecho un trabajo excelente.
¿Qué podemos ver? Con el telescopio James Webb podemos ver la luz emitida por las primeras galaxias que se formaron, muy cerca del origen del universo, hace unos 13.000 millones de años.
Y lo más lejos que hemos podido llegar físicamente los humanos es la Luna y pronto volveremos a ella con el programa Artemis de la NASA. Quizás en un año aproximadamente.
¿Y hasta dónde hemos llegado en la investigación sobre el origen de la vida, que es clave para encontrar vida en otros planetas?
Lo que había en el origen de nuestro planeta era geología y química. Había moléculas cada vez más complejas que van formando sistemas capaces de autorreproducirse y evolucionar, es decir, seres vivos.
Si los humanos evolucionamos a partir de unas moléculas que lograron autoreproducirse, ¿Cuándo ocurrió eso?
No podemos saber exactamente cuándo pasó, pero asumimos, que si nuestro planeta tiene unos 4.500 millones de años, la vida surgió unos 700 millones de años después, es decir, hace unos 3.800 millones de años, cuando se dieron las características para que surgiera.
Hablamos de la vida entendida como un sistema de moléculas capaz de copiarse y de reproducirse. Eso estaría en las raíces del tronco común que tenemos todos los seres vivos, que está en la metáfora del árbol de la vida.
En ese árbol tenemos un tronco del que salen primero dos ramas, luego tres, luego muchas. Consideramos que puede haber unos 600 millones de ramas, es decir, de especies.
De ahí viene entonces la idea de LUCA, el antepasado universal de todos los seres vivientes en nuestro planeta...
Después de producirse una serie de procesos moleculares llegamos a LUCA, que está en la parte superior del árbol. Asumimos que LUCA era una célula parecida a las nuestras, y a partir de ahí se produce la diversificación de la vida y las especies.
Estoy tratando de imaginar lo que me dices. ¿Cómo es ese sistema de moléculas capaz de autorreproducirse, ¿a qué se parece?
Imagínate una burbujita con una membrana de moléculas tipo aceite que son capaces de llevar información genética y de hacer un metabolismo.
Serían seres mucho más sencillos que una bacteria, pero con la característica fundamental de hacer copias de sí mismos y evolucionar.
Esto de preguntarse sobre el origen de la vida y si existe vida extraterrestre, ¿para qué nos sirve realmente si las posibilidades de encontrarla son mínimas?, es decir, ¿por qué gastar tanto tiempo y recursos en eso?
Yo creo que la utilidad de este tipo de grandes preguntas es llevarnos a los límites de lo que los humanos nos podemos plantear, es llevarnos al límite del conocimiento.
Hacernos las grandes preguntas nos ayuda a desarrollar nuestro cerebro y ser más humanos, que no es poco.
Pero es que además en el camino, cada vez que investigamos sobre estos temas, se generan tecnologías que luego son muy útiles.
¿Cómo cuáles?
Por ejemplo, nuevos materiales. La exploración espacial ha sido el gran dinamizador de la búsqueda de materiales que sean más resistentes y más ligeros.
Se pueden aplicar, por ejemplo, en aviones o nuevos sistemas de comunicación que luego se aplican en tecnologías como los teléfonos.
O en sistemas de soporte vital para los astronautas, que luego se llevan a los hospitales y nos permiten estar con vida en una Unidad de Cuidados Intensivos. O en el desarrollo de fármacos.
La exploración espacial tiene una repercusión directa en el bienestar de la población.
Como la exploración es muy costosa y los recursos siempre son escasos, cuando llega el momento de elegir dónde enfocar los esfuerzos para encontrar vida extraterrestre, ¿hacia dónde se dirigen?, ¿dónde es más probable encontrar algún tipo de vida fuera de la Tierra?
En cuanto a vida cercana, es decir, en el sistema solar, los mejores candidatos son Marte y un satélite de Júpiter que se llama Europa, que tiene una costra de hielo de 20 kilómetros con muchas grietas, pero por debajo existen 100 kilómetros de agua líquida.
Imagínate, es un gran océano y en esas aguas podría haber seres vivos.
Lo que buscamos son lugares en los que pueda haber agua, una fuente de materia orgánica, es decir, moléculas con carbono, y energía.
Cuando tienes esos tres componentes, asumimos que se dan las condiciones para que haya vida.
¿Y que hemos encontrado hasta ahora en Marte?
Marte tiene bastante agua congelada en el suelo, agua con mucha sal que forma una especie de barro muy líquido, una especie de lago denso a 1.500 metros bajo la superficie.
Se han detectado distintos tipos de moléculas, pero todavía no hay nada que nos permita decir que ahí se originó vida.
¿Cuándo los humanos podremos amarizar, poner un pie en Marte por primera vez en la historia?
Para que los humanos lleguemos a Marte faltan más o menos 20 años, pero las cosas pueden ir más rápido porque ha habido iniciativas privadas, como Space X, que ha revolucionado un poco todo este campo.
Quizás en lugar de 20 años falta solo 15 años para llegar a Marte.
Hay muchas esperanzas puestas en poner una huella humana en Marte, tal como se hizo en 1969 con la Luna.
¿Y por qué no hemos vuelto a la Luna?
Se interrumpió el programa de la NASA porque estaba siendo extraordinariamente costoso y lo que se quería obtener ya se había hecho, y porque la geopolítica es fundamental.
Estados Unidos ya había demostrado su liderazgo, y ya no había en esa época mucho más que investigar allí.
Pero eso va a cambiar. Quizás el primer vuelo con humanos se hará dentro de un año aproximadamente. Las fechas están variando constantemente, pero falta poco para volver a la Luna.
¿Y en qué nivel de avance está el programa de exploración espacial de China? Recientemente hemos visto acusaciones cruzadas entre EE.UU. y China sobre querer "apoderarse de la Luna"
Sí, así como hubo una tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ahora es entre EE.UU. y China, claramente.
China tiene un programa espacial muy ambicioso, están haciendo las cosas muy rápido y muy bien. Han tenido mucho éxito en la exploración de la Luna.
También fueron capaces de llegar a Marte el año pasado con un orbitador, un aterrizador fijo, del cual descendió un vehículo con ruedas y todo eso en la misma nave.
Es algo que no había conseguido la NASA, y China lo hizo en su primer intento, lo que quiere decir que son muy buenos en exploración espacial, en tecnología de cohetes y, por lo tanto, son y van a ser un competidor importante de Estados Unidos.
Por otra parte, en China utilizan el aparato de propaganda que da este tipo de éxitos para acallar otras cuestiones en relación a los derechos humanos y el nivel de democracia.
Entonces, hay ahora una competición abierta entre Washington y Pekín por la Luna. Y otra carrera por Marte. Veremos quién gana.
A los científicos nos interesan más los avances que se puedan conseguir, que quién sea el primero que ponga su banderita. Eso es muy de los políticos.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-62553360

Amiga, Amigo:

Estamos en un MegaUniverso en el que la agregación de conjuntos de miles de millones de sistemas solares va dando lugar a galaxias, cuyo conjunto dará lugar amiles de miles de hipergalaxias, cuyo conjunto...  Y pretender que en esa magnitud de sistemas solares con planetas somos los punicos pensantes va contra la Ciencia Estadística y la Razón. Por ello he dejado acá plasmado el Pensamiento de Carlos Briones Llorente es Doctor en Ciencias Químicas (especialidad de Bioquímica y Biología Molecular) por la Universidad Autónoma de Madrid.



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Septiembre de 2022
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