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Smartphone y la juventud

 

 

Los jóvenes de entre 12 y 17 años de edad, el 78% usan teléfonos celulares y casi la mitad de esos aparatos tienen acceso a la Internet, una cifra que tiende a crecer y que está cambiando la manera en que los jóvenes se conectan cada vez a menor edad a las redes sociales mundialmente.

 

 

Proemio


La fascinante historia de cómo los smartphones se volvieron tan inteligentes
El 9 de enero de 2007, uno de los emprendedores más influyentes del planeta Steve Jobs anunció una novedad: un producto que iba a convertirse en el más rentable de la historia.
Era el iPhone, un producto que, en muchas formas, ha definido la economía moderna.
Una de esas formas es la pura rentabilidad del objeto: hay solo dos o tres empresas en el mundo que ganan tanto dinero como Apple solo con el iPhone.
También está el hecho de que creó una nueva categoría de producto: el smartphone. El iPhone y sus imitadores representan un producto que no existía hace 10 años pero que es ahora un objeto de deseo para una gran parte de la humanidad.
Y luego está la forma en que el iPhone ha transformado otros mercados: el del software, el de la música y el de la publicidad.
Esos, sin embargo, son solo los hechos obvios vinculados al iPhone. Cuando te sumerges con más profundidad, la historia es sorprendente.
El crédito del éxito se lo suelen llevar Steve Jobs y otras figuras líderes en Apple, como su socio en los inicios Steve Wozniack, su sucesor Tim Cook, su diseñador visionario Jony Ive.
Pero algunos de los actores más importantes en esta historia han sido olvidados.
¿Qué hace realmente a un iPhone ser un iPhone? En parte es su diseño atractivo, la interfaz de usuario, la atención al detalle en la forma en que funciona el software y se siente el hardware.
Pero tras la superficie cautivadora del iPhone hay algunos elementos críticos que lo hicieron posible, así como a otros teléfonos inteligentes.
La economista Mariana Mazzucato ha hecho una lista de 12 tecnologías clave que hace que funcionen los smartphones.
En cuanto al hardware, son las siguientes:
Luego están las redes y el software: Y quizás hayan escuchado hablar de esto: Internet.
Un smartphone no es un smartphone sin Internet.
Además, están el HTTP y el HTML, los lenguajes y protocolos que convirtieron la complicada Internet en la accesible World Wide Web; las redes móviles, sin las cuales tu teléfono no solo no sería inteligente, sino que no sería un teléfono; los Sistemas Globales de Posicionamiento o GPS; la pantalla táctil y Siri, el agente de actividad artificial activado por voz.
Todas estas tecnologías son importantes componentes de lo que hace funcionar a un iPhone, o cualquier smartphone. Algunas no solo son importantes, sino indispensables.
Más allá de Steve Jobs
Pero cuando Mariana Mazzucato creó esta lista de tecnologías y revisó su historia, encontró algo sorprendente.
La figura fundacional en el desarrollo del iPhone no fue Steve Jobs. Fue el Tío Sam. Cada una de estas 12 tecnologías clave fue apoyada significativamente por gobiernos, con frecuencia por gobiernos de Estados Unidos.
Algunos de estos casos son famosos. Mucha gente sabe, por ejemplo, que la World Wide Web debe su existencia al trabajo de Sir Tim Berners-Lee.
Berners-Lee era un ingeniero de programas empleado en el Cern, el centro de investigación en física de partículas de Ginebra, financiado por gobiernos de toda Europa.
Y la propia Internet empezó como Arpanet, una red sin precedentes de computadoras financiada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos a principios de 1960.
El GPS era una tecnología puramente militar, desarrollada durante la Guerra Fría y abierta al uso civil solo en la década de 1980.
Otros ejemplos son menos famosos, aunque también importantes.
La Transformada rápida de Fourier es una familia de algoritmos que han hecho posible la transición desde un mundo donde el teléfono, la televisión y el gramófono funcionaban con señales analógicas, a un mundo donde todo es digitalizado y puede ser manejado por computadoras como el iPhone.
El algoritmo más común fue desarrollado por una intuición brillante del gran matemático estadounidense John Turkey. ¿En qué trabajaba Turkey por aquel entonces? Sí, lo han adivinado: en aplicaciones militares.
Más específicamente, formaba parte del Comité Científico Consultivo del presidente Kennedy en 1963, intentando averiguar cómo detectar cuándo la Unión Soviética estaba probando armas nucleares.
Pantallas táctiles
Los smartphones no serían smartphones sin sus pantallas táctiles, pero el inventor de la pantalla táctil fue un ingeniero llamado EA Johnson, cuya investigación inicial se llevó a cabo mientras era empleado del Royal Radar Establishment, una agencia del gobierno británico.
El trabajo fue luego desarrollado en el Cern, de nuevo. Finalmente, una tecnología multitáctil fue comercializada por los investigadores en la Universidad de Delaware en Estados Unidos Wayne Westerman y John Elias, que vendieron su empresa a Apple.
Pero incluso en esta etapa más avanzada del juego, los gobiernos tuvieron su parte: la beca de investigación de Wayne Westermann fue financiada por la Fundación Nacional de Ciencia y la CIA.
Luego está la chica con la voz de silicona, Siri.
En el año 2000, siete años antes del primer iPhone, la Agencia de Proyectos de Investigación de Defensa Avanzada, Darpa, comisionó al Instituto de Investigación de Stanford el desarrollo de una especie de prototipo de Siri, un asistente virtual que podría ayudar al personal militar en sus trabajos.
20 universidades se involucraron en el proyecto, trabajando frenéticamente en todas las distintas tecnologías necesarias para hacer realidad un asistente virtual activado por voz.
Siete años después, la investigación se comercializó como una start-up, Siri Incorporated, y fue solo en 2010 cuando Apple entró en juego para adquirir los resultados por una suma que no se hizo pública.
El apoyo público
En relación a las unidades de disco duro, las baterías de ion de litio, las pantallas de cristal líquido y los semiconductores, las historias son similares.
En cada caso, hubo brillantez científica y mucha emprendeduría del sector privado. Pero también montones de dinero puesto por agencias del gobierno, normalmente de Estados Unidos, y de algún brazo del ejército.
El propio Silicon Valley tiene una gran deuda con Fairchild Semiconductor, la empresa que desarrolló los primeros circuitos integrados prácticos a nivel comercial.
Y esta empresa, en sus comienzos, dependía de los contratos militares.
Obviamente no fue el ejército de Estados Unidos el que hizo el iPhone. El Cern no creó Facebook ni Google. Estas tecnologías, de las que tanta gente depende hoy en día, fueron perfeccionadas y comercializadas por el sector privado. Pero fue la financiación pública y los gobiernos tomando riesgos los que hicieron posibles estas cosas.
Esto es algo a tener en cuenta cuando reflexionamos sobre los retos tecnológicos que nos esperan en campos como la energía y la biotecnología.
Steve Jobs era un genio, nadie lo niega. Uno de sus proyectos laterales destacados fue el estudio de animación Pixar, que cambió el mundo del cine cuando lanzaron la película de animación digital Toy Story.
Incluso sin la pantalla táctil ni Internet ni la Transformada rápida de Fourier, Steve Jobs podría quizás haber creado algo maravilloso.
Pero no hubiera sido una tecnología trascendental como el iPhone. Con más probabilidad hubiera sido, como Woody y Buzz, un juguete muy cautivador.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-38436119

 

 

Desarrollo

1.
“El limitante de la juventud es que mira demasiado su smartphone”
 
El formador español Javier González está en Perú para capacitar a estudiantes y egresados de distintos programas de la UDEP. Conversa sobre lo que el mercado laboral exige hoy.
Se considera consultor y formador, pero no experto porque dice que mientras los investigadores se han encargado de aplicar teorías y comprobado hipótesis, él solo transmite esos conocimientos. En esta visita al Perú, el máster en Dirección de Recursos Humanos y Organización, Javier González de Herrera Carrillo, conversó sobre el mercado laboral, las limitantes y oportunidades para el desarrollo de los jóvenes.
¿Qué demandan las empresas en el mercado laboral?
En este mundo de innovación, lo primero que piden las empresas es que el centro de gravedad de las decisiones baje, que no sea el mando y los líderes los que aporten las respuestas, sino que se aproveche el talento de todas las personas de la organización. Eso requiere que el líder, más que dar respuestas, genere las preguntas adecuadas para que todos los que integran el equipo aporten una o varias propuestas. Hablamos de un líder inspirador que genere la confianza para lanzar retos a las personas y a las organizaciones.
En cuestión de tiempo, ¿no es difícil pedir los aportes de todo un equipo, más cuando las decisiones deben ser inmediatas?
Es que el equipo debe generar sus reglas y fijar para el debate un momento de inicio y de finalización que les permita evaluar las tantas ideas que se generen. Ninguna de las ideas se lleva a la práctica pues en el debate surge una nueva, la solución, que es la suma de las propuestas.
¿Cómo hacer para evitar que si no es exitosa esa idea, en el equipo se cuestione no haber aplicado otras propuestas?
Es que se necesita que quienes integran un equipo entiendan que el conjunto es el dueño de la nueva idea, que son copropietarios de los éxitos y también de los fracasos. No sé por qué tenemos la manía de compartir los fracasos y difícilmente los éxitos. Ese trabajo de maduración de la confianza no se hace en 2 días y requiere estrategias que uno tiene que implantar en su plan de dirección de personas al inicio de año. Igual que estoy haciendo un plan de compras debo hacer un plan de generación de confianza en el equipo, de hecho es más importante.
¿Las empresas son conscientes de este plan de confianza?
Se está replicando pero todos los procesos requieren su tiempo. Trabajo con empresas grandes que hacen las cosas muy desde el concepto de mando y el proceso de transformación que están viviendo en estos años es apasionante. Es un proceso del que ya se están nutriendo bastantes empresas. El concepto siempre tiene que ser el mismo: yo aporto conocimiento, experiencia, tú tienes que aportar creatividad, iniciativa y a lo mejor, conocimiento sobre el producto pero también sobre la tecnología; es absolutamente aplicable a todos.
Aportar soluciones desde el equipo… ¿Qué más exige el mercado?
También exige aprendizaje continuo, en cualquier ámbito profesional. Es una de las competencias estratégicas que las personas que se lanzan al mundo laboral deben asumir. Elegir la carrera es importante pero más cómo se va a aplicar y para ello hay que estar actualizados. A este factor se agrega la flexibilidad del colaborador. Todos tenemos paradigmas por la cultura que nos ha rodeado, por la educación que hemos recibido, por las creencias… En el mundo de hoy necesitamos poner en duda algunos paradigmas, no los de la fe porque hay cuestiones absolutas en la vida; pero sí, por ejemplo, cuestionar por qué en las organizaciones no hay cambios y se hacen las cosas como hace 20 años. La respuesta que dan los trabajadores es “porque así las inició Fulano”. Hay que ser flexible y romper esa forma de pensar.
¿Quizá eso sea un aporte que puedan dar los jóvenes al mercado?
Yo sí creo que la gente joven hoy puede tener un espíritu más flexible que los que venimos de generaciones atrás, por el hecho de vivir en un mundo global y tener acceso a esa globalidad, a través de las redes sociales. Pero también, tienen que viajar más, preguntar, investigar, leer más, tener conversaciones… Como limitante de la juventud, yo diría que el universitario de hoy mira demasiado el Smartphone, el iPhone y quizás han dejado de mirar a las personas. Descubres que el mundo está precisamente fuera, cuando levantas la cabeza.
Si ese es un limitante, ¿cómo abordarlo?
Eso se debe trabajar en el talento humano, hay que hacerles entender a los jóvenes, la necesidad de que desarrollen su capacidad de tener conversaciones inteligentes pues es lo que quizás sí está más en riesgo en esta juventud tan digital. Creo que hay demasiadas experiencias express, no saborean ninguna experiencia; deben aprender a seleccionar la información ante la catarata diaria que tienen pero les falta trabajar en lograr ese criterio para la elección.
¿Cómo generar ese cambio?
Al final se trata de preguntarle al joven cuál es su papel en el mundo. A partir de esa pregunta, seguramente empezará a reflexionar con más calma y más interés. Hay demasiadas banalidades en este mundo de las tecnologías, de las redes sociales, etc., en el que son demasiados árboles que impiden ver el bosque. Tenemos que trabajar con los jóvenes para que ellos nos ayuden con la tecnología, y nosotros apoyarles para que puedan trabajar los criterios, objetivos y retos personales a mediano y largo plazo. Eso es pensar en el futuro.

https://www.udep.edu.pe/hoy/2015/06/el-limitante-de-la-juventud-es-que-mira-demasiado-su-smartphone/

2.


El móvil no es para niños, pero todos quieren uno: crónica de una evolución
Los smartphones han caído inevitablemente en la juventud, provocando un paradigma desconocido para muchos adultos. ¿Cómo ha pasado?

La juventud y los smartphones están teniendo una estrecha relación que suscita muchas ideas para un debate. ¿Es beneficioso? ¿Es perjudicial? Y sobre todo: ¿cómo ha pasado?
Era inevitable que con la fuerza que han cogido los smartphones acabaran llegando a los niños y a la juventud. El mundo avanza, y la telefonía es parte fundamental de la tecnología, siendo natural y comprensible que acaben llegando hasta el sector más joven de la sociedad.
Pero claro, todo tiene una historia. Y esta historia ha desembocado en una situación que quizás necesita de su explicación. Una cosa queda clara: es un hecho que en los tiempos venideros la humanidad en todas sus edades estará todavía más ligado a la telefonía y a las comunicaciones.
El móvil como herramienta de trabajo
Al principio, los smartphones tenían otro nombre. Sí, exacto, eran móviles. Su uso era casi único y exclusivo, que consistía en llamar y mandar los ya primitivos SMS. Y claro está, eran dispositivos que a los infantes poco les decía a la hora de la diversión. Su salida más obvia era el ámbito laboral.
El comunicarse de forma instantánea a golpe de llamada con el plus de movilidad máxima era un incentivo increíble para trabajar. Poder comunicarte con tus superiores, tus compañeros o tus propios empleados sólo con una llamada fue el principal impulsor de que la telefonía móvil cobrara tantísima repercusión.
Los móviles estaban hechos para trabajar, y poco más: aburrimiento asegurado para los niños
Si echamos la mirada atrás y vemos dispositivos de la época, absolutamente nada en ellos nos incitaban a que nos divirtiésemos con ellos. De ello se encargaron los PCs e Internet. Por no mencionar que la tecnología era cara, y un terminal de esta clase muchas veces tenía un coste que un joven no podía asumir.
El ejemplo de las BlackBerry es perfecto, porque fue la primera aproximación directa a un smartphone. Sí, estaba destinado al trabajo. Pero eran dispositivos con más capacidades que simplemente hacer llamadas y SMS. Se hicieron avances, pero no tuvieron mucho peso… hasta ese momento. Y si algunos lectores tienen cierta edad, recodarán la fiebre de las BlackBerry. En ese momento, si eras un joven y tenías una BlackBerry, eras el dios del patio. Era la conjunción perfecta entre entretenimiento y productividad, además de proporcionar seguridad tanto a jóvenes, a padres como a empresas.
Hasta que Android llegó.
Android: ampliando el concepto y el público
Entonces, con pasos torpes y poco guiados, llegó Android a la palestra. Un sistema operativo completamente nuevo que aspiraba a ser el estándar de los estándares para móviles. Y vaya si lo consiguió. Pasamos de tener sistemas adaptados con apenas soporte en el que como mucho podías jugar al buscaminas a auténticos centros multimedia.
El concepto del teléfono se iba cambiando a medida que Android evolucionaba. Pasamos de tener móviles a smartphones, y por supuesto, las llamadas y los SMS no fueron lo único que nos ofrecían nuestros teléfonos. Podíamos jugar, consumir multimedia, hacer fotos e infinidad de cosas más si encima teníamos los conocimientos adecuados.
¿Y qué ocurrió con ese aumento de posibilidades? Que el público aumentó. Esto hizo que los más pequeños (y no tan pequeños) se interesaran por estos cacharros, ya que aparte de que eran lo último en tecnología, les daba mucha más diversión que los dispositivos convencionales. Poder ver vídeos, jugar a juegos o incluso hablar con tus amigos se convirtieron en todo un reclamo.
Este último apartado fue el que básicamente hizo que la telefonía llegara a los jóvenes: la comunicación instantánea. Antes de los smartphones, los jóvenes teníamos que comunicarnos con herramientas online o depender de las llamadas o los mensajes, que costaban un cierto dinero y no eran del todo accesibles. Fueron las apps de mensajería instantánea las proveedoras del boom.
Los móviles pasaron de ser simples cacharros para llamar a pequeñas consolas en miniatura. Y de todas las facetas de la juventud, quizás la más importante es la sociabilización. Este punto obtuvo un importante incremento con la venida de las nuevas tecnologías, y este avance consiguió que las redes sociales obtuvieran a muchas más personas y de edades más tempranas. Así, los niños empezaron a tocar la tecnología hasta el punto en el que nos encontramos hoy.
La encuesta que nos dice cómo reciben los niños al smartphone
Mucho se ha hablado de las consecuencias de que las nuevas tecnologías y la telefonía lleguen a manos de los niños y los jóvenes. Sin ir más lejos, Motorola ha publicado una encuesta 4 418 usuarios que comprenden en las edades desde los 15 hasta los 65 años. Y los datos son muy reveladores. Estos son algunos de ellos:
·                                 El 33 por ciento de los encuestados prioriza su teléfono inteligente sobre la interacción con las personas que les importan.
·                                 El 49 por ciento está de acuerdo en que usan su teléfono más tiempo del que deberían (casi 6 de cada 10 «millenials» o pertenecientes a la Generación Z) y el 44 por ciento se sienten obligados a usar su smartphone.
·                                 El 35 por ciento está de acuerdo en que pasan demasiado tiempo usando su smartphone  (44 por ciento de Generación Z) y creen que serían más felices sin usarlo (34 por ciento).
·                                 El 65 por ciento admite que «entran en pánico» cuando piensan que han perdido su smartphone (aproximadamente 3 de cada 4 Generación Z y «millenials») y tres de cada diez (29 por ciento) están de acuerdo en que cuando no están usando su teléfono están pensando en usarlo la próxima vez.
·                                 Los problemas con los smartphones son más intensos entre las generaciones más jóvenes, con el 53 por ciento de los encuestados de la Generación Z que describen su teléfono como su mejor amigo.
Hay que aclarar que estos datos son tomados de la encuesta de Motorola que realizó a sujetos de varios países distintos, y que no son una muestra de la totalidad de jóvenes de esa índole. Queda claro que la afirmación de que los jóvenes son adictos a la tecnología podría ser cierta.
Ninguna adicción es buena, eso está claro. Pero ¿realmente es tan dañina? Podrían haber diversos ámbitos en los que esta adicción suponga una ventaja o una desventaja, pero es innegable que hay apartados en los que dicha inclusión de la telefonía es beneficiosa o, por lo menos, no es nociva.
Ámbitos en los que el uso de un smartphone beneficia a un joven
La tecnología está destinada a hacernos la vida más fácil. Por lo tanto, hay aspectos en la vida de los niños en los que un smartphone puede ser más que un centro de ocio; puede ser una buena herramienta de trabajo. Sobre todo ahora, cuya era en la que viven se aproxima cada vez más a la tecnología. Igual que el mundo telefónico.
Por ejemplo, en el tema del estudio los smartphones y las tabletas pueden llegar a ser muy beneficiosas para los jóvenes. Un simple mensaje para solicitar a sus compañeros ciertos materiales de trabajo, apuntes que no se pierden como en el papel o tomar notas desde un dispositivo móvil pueden facilitar muchas veces las tareas diarias de un estudiante.
Esto va unido al aprendizaje. Hay muchas maneras de enseñar, pero el conocimiento se abre con estos dispositivos. Cualquier duda, cualquier resquicio de desconocimiento puede quedar resuelto con una simple búsqueda en Google o incluso con una consulta a un compañero. Además, podemos mejorar en muchos ámbitos estando tan sólo a un golpe de aplicación.
Las barreras que antes lastraban el estudio o el aprendizaje de un niño quedan resueltas con los smartphones
Y dejando a un lado el lado malo de este asunto, la sociabilización puede llegar a ser muy fácil para un joven con un smartphone. Las redes sociales, las apps de mensajería instantánea y demás pueden ser un portal para conocer distintas personas, comunicarse con ellas y entablar amistad con gente de todo el globo.
Ámbitos en los que el uso de un smartphone perjudica a un joven
es un sitio en el que cabe muchísima gente. Al igual que pueden haber personas buenas… hay personas malas. Un joven es mucho más susceptible a los peligros de y a sus consecuencias; máxime cuando caen en las trampas de indeseables que buscan a incautos por las redes.
Timos, estafas… la inocencia de un chaval puede caer en una mala premisa. Parte de por ello hay que estar atentos a nuestros hijos, para que tengan la máxima protección posible. Y también para evitar uno de los mayores problemas de que un joven tenga un smartphone: la adicción.
Es cierto que muchísima gente exagera que los niños puedan tener una sobreadicción a la tecnología, pero sí es verdad que un uso prolongado puede volverlos realmente susceptibles. Esto puede acarrear problemas sociales, de conducta y sobre todo problemas a niveles académicos. Repito, estamos hablando de casos de exposición prolongada.
Esto también puede dar problemas en el tema familiar, debido a que muchos de los eventos pueden verse empañados por un exceso uso del smartphone. En este caso, debemos contar con la supervisión de un adulto que le ayude a ser responsable con su teléfono.
Mi posición: el debate siempre está bien
Todo este tema tiene una consecuencia que para mi gusto es beneficiosa sobremanera: la generación de un debate. El poder dar la idea, exponerla y hablar de un tema tan trascendental como la inclusión de los jóvenes en la tecnología enriquece a todas las partes involucradas.
Pero igualmente, no estoy de acuerdo en que se les quite la palabra a los mismos protagonistas; los niños. Muchos adultos consideran que no tienen que tener voz ni voto al pensar que no tienen personalidad o aporte que proporcionar al tema, irónicamente siendo ellos los más involucrados.
Que se debata siempre está bien, pero sin sobreproteger a los jóvenes ni privándoles de voto
Por ende, creo que los niños y los jóvenes con suficiente voz para hablar deben tener su opinión y decir qué es lo que quieren o lo que dejan de querer. Porque es un tema que les atañe, y la tecnología móvil al fin y al cabo les servirá para todo lo que hagan en la vida de forma directa o indirecta. Los smartphones serán parte de su vida, queramos o no.
Así que si debemos generar un debate, debemos generarlo para que todas las voces lo tengan presente. Nos aproximamos a una época tecnológica sin par, y los niños, como reza el dicho, son el futuro. Un futuro empapado por la comunicación móvil que verán todos con sus propios ojos.

https://www.elespanol.com/elandroidelibre/20180222/movil-no-ninos-quieren-cronica-evolucion/286972835_0.html

  

3.
El (¿mal?) uso de los smartphones en la adolescencia
Durante la última década se ha podido observar en casi todos los hogares de España cómo sus menores adolescentes han incrementado su apego a los móviles o smartphones más actuales.

Hoy en día, no es de extrañar que un niño o una niña de 10 años le pida a sus padres que le regalen un Smartphone, alegando que “todos sus compañeros de clase ya tienen uno”. Según datos del INE, del 42,2% de menores de 11 años que tenían su propio dispositivo móvil en 2015, ya se ha alcanzado un total del 50,9% a lo largo de 2016.
¿Es un dato alarmante?
Según el estudio Menores de Edad y Conectividad Móvil en España -realizado por el Centro de Seguridad en para los Menores e integrado en el programa Safer de la Comisión Europea-, no sería así, ya que su propio consejo es que los menores comiencen a utilizar este tipo de dispositivos “LO ANTES POSIBLE, siempre y cuando esto suceda con el acompañamiento de sus padres y éstos estén decididamente implicados en su formación”.
Si bien es cierto que el uso a una temprana edad y durante toda la adolescencia supone diversos beneficios, también se deben contemplar los riesgos a tener en cuenta y tratarlos junto con los jóvenes de una manera sana y natural.
Entre algunas de las ventajas de las que podrán beneficiarse… se encuentra una ventana de oportunidad a nivel pedagógico, que puede ayudar a potenciar la creatividad, las competencias tecnológicas y el acceso a la información, favoreciendo también la creación de espacios de comunicación e intercambio y un mayor dinamismo en las aulas.
La práctica de otros idiomas de manera gratuita o el contacto con familiares o amistades que viven lejos de su ciudad son otros aspectos positivos que los adolescentes pueden disfrutar.
Sin embargo, durante la niñez y la adolescencia, el uso de smartphones puede convertirse también en algo negativo si no son procesos guiados y acompañados desde el diálogo y la confianza. 
Son muchos los casos en los que los jóvenes se aíslan detrás de sus pantallas, prefiriendo quedarse a solas jugando en casa o conectados a las redes sociales en vez de disfrutar de un día de deporte al aire libre o de una conversación en familia.
Algunos riesgos entre iguales también son el cyberbullying o acoso a través de Internet, el escaso desarrollo de habilidades sociales o los juegos online en los que se apueste dinero.
Actualmente, diversos estudios señalan que los jóvenes y adolescentes dedican de media entre 6 y 7 horas al día al uso de estos dispositivos, mostrando muchos de ellos algunos síntomas “típicos” de una adicción en lo referente a su uso (o abuso).
 Algunas de estas respuestas o comportamientos al utilizar sus móviles o ante la falta de estos son: irritabilidad, enfado, nervios… cuando se han olvidado el móvil en casa o cuando están cerca de agotar su batería, pérdida o distanciamiento en las relaciones familiares y con sus iguales, o falta de interés ante actividades que antes les gustaban o practicaban con frecuencia como el deporte o ir al cine.
¿Cómo podemos prevenir que se llegue a esta situación?
Comunidad educativa, familiares, organismos públicos y ciudadanía en general, puede contribuir a mejorar y fomentar el uso recreacional y a su vez responsable, en todos los y las adolescentes. Abriendo espacios de confianza y de diálogo con nuestros alumnos/as, hijos/as, vecinos/as… en los que les transmitamos información que no verse únicamente en riesgos y en miedos, sino en ejemplos claros con los que puedan sentirse identificados.
En el caso de los más pequeños, la supervisión podrá ser más amplia, estableciendo por ejemplo claves de acceso si se pretende acceder a ciertas páginas o se va a utilizar juegos de pago. Para ello, será interesante y emocionalmente eficaz, adecuar las normas y expresarlas de forma clara en función del momento evolutivo de cada menor, de modo que si se detecta que la pauta establecida ya no se ajusta a la realidad, por ser demasiado estricta o por todo lo contrario, pueda ser reformulada junto con el joven.
Actualmente, Smartphones, Tablets u otro tipo de dispositivos de misma naturaleza, canalizan la comunicación y la expresión de emociones entre los adolescentes, por lo que censurarlo o negarlo sería un error. Por ello, con más razón se vuelve imprescindible facilitar momentos de diálogo sobre qué le ocurre también en la Red, y no solo dentro del aula.
La creencia de que invadir o controlar sus cuentas de correo electrónico, sus conversaciones de Whatsapp o sus perfiles en redes sociales puede ser una buena solución, sólo traerá dificultades a la relación entre joven y adulto. Ahora, los niños y niñas nacen siendo nativos digitales y negarles el acceso a una de sus principales vías de socialización solo sería un error.
Somos los adultos los que tenemos la responsabilidad de mantenernos actualizados con las nuevas tecnologías, con las nuevas aplicaciones y las diversas formas de comunicarse, compartir tus experiencias y, en general, tu vida.
Y ahí está la clave, en la conjunción entre educar y educarse a sí mismo, para lograr un encuentro saludable entre unas generaciones y otras, y para el buen uso de las tecnologías.

http://revistaindependientes.com/el-mal-uso-de-los-smartphones-en-la-adolescencia/

4.
10 motivos para prohibir los smartphone a niños menores de 12 años
Por qué no es aconsejable que los niños tengan un celular o móvil antes de los 12 años de edad
El acceso de los niños a las nuevas tecnologías parece no tener frenos. Antes, la preocupación se limitaba a que los niños se quedaban demasiadas horas frente a la televisión, mientras hoy hay un gran desasosiego de los padres acerca del contacto que tienen los niños, incluso los bebés, con los smartphone y tabletas.
Expertos en el tema alertan sobre el riesgo del uso de esos aparatos en bebés y niños. ¿Son los teléfonos móviles y las tablets las nuevas niñeras y cuidadores de los niños?
Cómo y cuánto los niños pueden usar los smartphone
Hace meses, la Asociación Japonesa de Pediatría empezó una campaña para restringir el uso prolongado de los móviles y tabletas, sugiriendo control y más juegos a los padres. Ahora son la Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría las que revelan 10 razones por las que los niños menores de 12 no deben usar estos aparatos sin control. Ellos lo tienen claro, los bebés de 0 a 2 años no deben tener contacto alguno con la tecnología; los de 3 a 5 años, debe ser restringido a una hora/día; de 6 a 18 años la restricción debería ser a 2 horas/día.
Por qué limitar el acceso de los niños a los móviles o tabletas
1- Desarrollo cerebral de los niños
Un desarrollo cerebral causado por la exposición excesiva a las tecnologías, puede acelerar el crecimiento del cerebro de los bebés
 entre 0 y 2 años de edad, y asociarse con la función ejecutiva y déficit de atención, retrasos cognitivos, problemas de aprendizaje, aumento de la impulsividad y de la falta de autocontrol (rabietas).
2- Retraso en el desarrollo del niño
El excesivo uso de las tecnologías puede limitar el movimiento, y consecuentemente el rendimiento académico, la alfabetización, la atención y capacidades.

3- Obesidad infantil
El sedentarismo que implica el uso de las tecnologías es un problema que está aumentando entre los niños. Obesidad lleva a problemas de salud como la diabetes, vasculares y cardíacos.

4- Alteraciones del sueño infantil
Los estudios revelan que la mayoría de los padres no supervisan el uso de la tecnología a sus hijos, en sus habitaciones, con lo que se observa que los niños tienen más dificultades para conciliar el sueño. La falta de sueño afectará negativamente a su rendimiento académico.

5- Enfermedad mental
Algunos estudios comprueban que el uso excesivo de las nuevas tecnologías está aumentando las tasas de depresión y ansiedad infantil, trastornos de vinculación, déficit de atención, trastorno bipolar, psicosis y otros problemas de conducta infantil.

6- Conductas agresivas en la infancia
La exposición de los niños a contenidos violentos y agresivos, puede alterar su conducta. Los niños imitan todo y a todos. Así que hay que vigilar el uso y la navegación de los niños en móviles o tabletas.

7- Falta o déficit de atención
El uso excesivo de las nuevas tecnologías puede contribuir a déficit de atención, disminuir la concentración y la memoria de los niños, gracias a la gran velocidad de sus contenidos.

8- Adicción infantil
Los estudios demuestran que uno de cada 11 niños de 8 a 18 años son adictos a las nuevas tecnologías. Cada vez que los niños usan dispositivos móviles, se separan de su entorno, de amigos y familiares.

9- Demasiada radiación
La OMSOrganización Mundial de la Salud clasifica los teléfonos celulares como un riesgo debido a la emisión de radiación. Los niños son más sensibles a estos agentes y existe el riesgo de contraer enfermedades como el cáncer.

10- Sobreexposición
La constante y sobreexposición de los niños a la tecnología les hacen vulnerables, explotables y expuestos a los abusos.

Además, los expertos coinciden que estar demasiadas horas pegado al móvil o a la tableta es perjudicial al desarrollo de los niños. Ellos creen que generan niños más pasivos y que no saben interactuar o tener contacto físico con otras personas. Y aunque entienden que las nuevas tecnologías son parte de su vida, ellos creen que no deben sustituir a la lectura de un libro o al tiempo de juego con los hermanos y los padres.
Puedes leer más artículos similares a 10 motivos para prohibir los smartphone a niños menores de 12 años, en la categoría de Nuevas Tecnologías en Guiainfantil.com.

https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/nuevas-tecnologias/10-motivos-para-prohibir-los-smartphone-a-ninos-menores-de-12-anos/


5.
El uso del smartphone puede perjudicar a tu hijo
¿Tu hijo no se despega de teléfono inteligente? Es momento de hacer algo. Descubre cómo hacer que su smartphone de forma provechosa.
El uso del smartphone ¿es excesivo en tu hijo? Algunos padres permiten que sus hijos usen el smartphone para distraerse, sin embargo, su uso excesivo puede ser perjudicial para su salud y desarrollo.
Hoy en día es común que los niños tengan su propio teléfono inteligente. De hecho, si tu hijo aún no tiene uno, prepárate porque no debe faltar mucho tiempo para que te lo pida.  Aunque el teléfono facilita la comunicación con tu pequeño, debes tener presente que el uso del smartphone en niños  puede no ser demasiado beneficioso.
En primer lugar, los niños se convierten en personas sedentarias. Esto puede desarrollar enfermedades como la obesidad e incluso, diabetes.  Además, el smartphone causa adicción y cuando el niño no lo tiene a la mano puede presentar irritabilidad, agresividad e ira.
¿A qué edad se recomienda el uso del smartphone?
Cumpleaños, Día de Reyes o navidades son las fechas ideales para regalarle un móvil a tu hijo. Pero, ¿alguna vez te has preguntado cuál es la mejor edad para que los niños tengan un teléfono? Según un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística, en el 2016 uno de cada cuatro niños a los 10 años de edad  ya tenían un móvil propio.
A los 12 años ya tres de cada cuatro infantes hacen uso del smartphone. Esta edad coincide con el paso del colegio a una institución secundaria. Además, si los amigos de tu hijo tienen teléfonos, probablemente él también te pedirá uno.
El uso del smartphone no depende de la edad de tu hijo, sino de si está preparado o no para tenerlo. También influyen las circunstancias  y necesidades de tu hijo. Asimismo, es importante tomar en cuenta si usará el teléfono para comunicarse o para buscar cosas por curiosidad en la red y ver vídeos sin supervisión.
¿Con qué frecuencia debe usarse el teléfono inteligente?
Desde que son pequeños, los niños están expuestos a las pantallas de los móviles. Pero, necesitan límites ya que su consumo excesivo puede afectar considerablemente a su salud, desarrollo personal y escolar.
Utilizar el  teléfono por más tiempo del indicado puede traer consecuencias como:
·                         Irritabilidad.
·                         Alteraciones de sueño.
·                         Agresividad.
·                         Déficit de atención.
·                         Obesidad.
·                         Trastornos de alimentación.
Si tu bebé tiene menos de dos años de edad evita exponerlo a la pantalla del móvil. Solo en casos de videollamadas. Posteriormente se puede aumentar el tiempo, si bien este ha de regirse por el sentido común de los padres, que deben hacer de centinelas. Enseña a tu hijo a sacar provecho al uso del smartphone, y jamás permitas que lo utilicen a solas.
Lo más común es que los pequeños de la casa quieran usar el móvil para videos y juegos en línea. Sin embargo, como padre, debes sacarle provecho a sus preferencias. Es decir, existe una amplia variedad de apps diseñadas para que los niños jueguen mientras trabajan sus habilidades motrices y cognitivas.
Además, existen muchos vídeos educativos y entretenidos que tus hijos pueden disfrutar mientras aprenden lecciones  de tipo interactivo, no todo han de ser juegos que no aporten nada más que ratos ociosos.
Aplicaciones para aprender
Con la llegada del smartphone, los juguetes han ido perdiendo campo. Las pantallas se han convertido en la opción favorita de los más pequeños a la hora de jugar.
Asimismo, existen diferentes juegos diseñados para que tu hijo refuerce los conocimientos que adquiere en el colegio o que les permite desarrollar su creatividad y habilidades motoras.
Por ejemplo, algunas apps imitan la forma y sonidos de instrumentos musicales como pianos, xilófonos o guitarras. Con ellas, tu hijo puede desarrollar su sentido del oído y al mismo tiempo, despertar interés en la música. Asimismo, hay apps que a través de juegos, le enseñan a los niños a contar, hablar en otros idiomas y aprender el alfabeto. Los juegos de rompecabezas o tangram son ideales para que tu pequeño trabaje sus habilidades espaciales y cognitivas.
Para reforzar su aprendizaje con el smartphone, solo debes escoger las aplicaciones ideales. Recuerda preguntarle qué cosas les gusta y así sabrás cuál juego podría interesarle.
Poder investigar temas relacionados a las tareas escolares
A veces los niños pueden traer a casa una tarea con la cual tengas problemas ayudándolo. Sin embargo, no debes preocuparte, es ahí donde el uso del smartphone puede sacarte de apuros. No solo dispones de para investigar cualquier duda o tarea que tu hijo tenga, también, puedes hacer uso de apps educativas como enciclopedias interactivas, calculadoras, atlas y mapas geográficos.
Sano entretenimiento
El smartphone también puede ser utilizado para disfrutar en familia. Recuerda que entre los tipos de aplicaciones para móviles existen centros de entretenimientos, apps para ver películas y reproducir música.
Si conectas tu teléfono al televisor familiar, tu hijo podrá disfrutar de las películas y dibujos animados de su preferencia mientras comparte un rato distinto con la familia. Estas películas pueden ser fábulas animadas que dejen una moraleja en tu pequeño.
Sin embargo, no debes olvidar que el uso del smartphone debe estar supervisado por ti. Evita dejar a tu hijo manipulando el teléfono solo, ya que podría encontrarse con vídeos o páginas en que no son aptas para su edad.
Lo que debes evitar como padre
Además de monitorear y controlar el tiempo que tu niño pasa usando el smartphone, debes estar al tanto de las páginas que navega y las aplicaciones que descarga.
En ocasiones, los niños pueden consultar a páginas webs que pongan en riesgo su integridad moral. Por ejemplo, el uso de redes sociales sin ningún tipo de supervisión puede exponer a tu pequeño a interactuar con desconocidos y a tener acceso a contenido violento o pornográfico.
Para evitar esto, puedes crear un perfil de navegación específico para tu hijo. En este bloqueas el acceso a determinadas páginas webs, y lo configuras de tal manera que solo tú seas quien pueda descargar archivos al dispositivo.
Contenido violento
Algunas listas de reproducciones de video pueden incluir clips con material violento no apto para menores de edad. Solo con un par de clicks, tu hijo puede tener acceso a vídeos de contenido inadecuado
Sin embargo, debes aprovechar el modo de “navegación para niños” para bloquear ese tipo de contenido. Procura estar cerca de tu hijo cuando quiera ver vídeos, para seleccionar qué contenido puede ver y cuál no.
Una investigación publicada por el International Journal of Developmental and Educational Psychology demostró que cada tres de cuatro niños, de 13 años de edad, se han topado con pornografía mientras navegan en
smartphone...
Aparte de tener acceso a esta clase de contenido, algunos niños ponen en riesgo su integridad moral al dejar sus datos personales en los cuadros de registro de de paginas webs pornograficas. Para evitar esto debes revisar constantemente el historial de búsqueda. Si consigues que ha revisado material pornográfico, conversa y explícale por qué no debe frecuentar este tipo de páginas.
Hablar con desconocidos
Uno de los mayores riesgos que corre tu hijo por el uso del smartphone sin supervisión es que entren en salas de chat o crear perfiles sociales en los que puede llegar a hablar con desconocidos. Tu hijo pensará que está charlando con un amigo más, sin embargo, conversar con un extraño puede ser un riesgo para él y la familia en general.
En la red, navegan muchos pedófilos que se dedican a averiguar información personal. Algunos son tan persuasivos que convencen a los niños a enviarle fotos e incluso, son capaces de convencerlos de programar un encuentro.
Para minimizar este riesgo, lo más recomendable es que tengas accesos a las redes sociales de tu hijo y límites el uso del smartphone. Asimismo, procura preguntarle qué sitios webs frecuenta y con quienes charla comúnmente.
A modo de recapitulación
El uso del smartphones puede ser una herramienta para que tu hijo aprenda de una forma más creativa e interactiva. Sin embargo, los padres son los principales responsables del contenido que consumen a través de este dispositivo. Es importante que constantemente revises la configuración de privacidad en el navegador y en los perfiles sociales de tu hijo.

https://mejorconsalud.as.com/el-uso-del-smartphone-perjudicar-hijo/


6.
7 ventajas y 7 desventajas del uso de smartphone en los niños
Los niños y los smartphones se relacionan desde edades cada vez más tempranas. Corresponde a los padres decidir cuándo se inicia el uso, evaluando las ventajas y las desventajas. Aquí presentamos algunas de ellas.
¿Te has preguntado cuáles son las ventajas y desventajas del uso de smartphone en los niños desde temprana edad? En ese caso, no te preocupes, porque a continuación te comentaremos todo lo que necesitas saber al respecto.
Los teléfonos móviles juegan un papel cada vez más importante en la vida de los niños. Padres, pedagogos, psicólogos, tecnólogos, publicistas, fabricantes y comerciantes tienen opiniones dispares sobre el tema. ¿Quieres saber si debes o no introducir un teléfono inteligente en la vida de tus hijos?
¿Qué es un smartphone?
Un smartphone o teléfono inteligente es un tipo de teléfono con mayor conectividad y capacidad de almacenar datos y facilidades que un teléfono móvil convencional. Es, a grandes rasgos, un ordenador de bolsillo para los hijos.
Mucho se ha comentado con respecto a su uso desmedido durante la infancia y a partir de edades cada vez más tempranas. ¿Debemos o no permitirlo? Para tomar la mejor decisión, hemos de analizar sus ventajas y desventajas, y decidir qué es lo más conveniente para los hijos y la dinámica familiar.
Ventajas del uso de smartphone en los niños
Aunque la tecnología puede contribuir en diversos aspectos del desarrollo, hay que informarse muy bien sobre cómo aprovecharla adecuadamente. Por ello, es necesario conocer las ventajas del uso de dispositivos electrónicos en la infancia.
1. Forman parte de la realidad
Vivimos una era marcada por la tecnología, por lo que negar al niño el acceso a un teléfono inteligente puede resultar contradictorio. ¿Cómo explicarles, entonces, que pueden resultar nocivos si les permitimos jugar con ordenadores y tablets?
2. Una oportunidad para profundizar en el conocimiento
Después de las clases, el uso de smartphone, orientado por sus maestros, puede impulsar a los niños a buscar información sobre el tema abordado. Esto permite enseñarles a usar herramientas educativas, la búsqueda de información de interés para la asignatura y potenciar la investigación rigurosa en vez del simple plagio.
Así pues, y tal y como señala este estudio publicado en Suma de Negocios, el smartphone cada vez proporciona más beneficios que se pueden aprovechar en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
3. Seguridad y contacto
Los padres podemos usar el teléfono móvil para estar en contacto con los hijos; saber cómo y dónde están ante cualquier eventualidad o emergencia es realmente un plus. Además, prácticamente todos los móviles están equipados con sistemas de GPS, lo que permite a los padres, en caso de que sea necesario, rastrear el equipo y, por consiguiente, saber dónde se encuentra el niño.
4. Incentiva la responsabilidad, una de las ventajas del uso de smartphone en los niños
Cuando los padres permiten el uso de smartphone en los niños puede ser un medio para enseñarlos a ser responsables. No solo con el cuidado del dispositivo, sino también con el tiempo y los usos que le dan.
Y esto, como señala este artículo llevado a cabo por profesionales de la Universidad de Navarra, está en manos de la educación que al respecto proporcionemos los padres y educadores.
5. Herramientas de aprendizaje
Los smartphones pueden ayudar a los niños a usar calendarios para saber cuáles son las fechas de los exámenes, tomar notas de voz para recordar algo de interés, así como guardar los teléfonos de padres, maestros y amigos. También puede tomar una foto de un esquema en la pizarra, lo que lo ayudará en el proceso de aprendizaje.
Desventajas del uso de smartphone en los niños
Por supuesto, no todo son bondades. También hay sombras, riesgos y peligros detrás de la utilización de los teléfonos inteligentes. A continuación, presentamos algunas desventajas de la temprana introducción de los niños en el mundo de las tecnologías.
1. Se afecta la motricidad fina
Un niño necesita aprender a agarrar un lápiz y aprender a escribir antes de saber usar un smartphone. La pinza que hace con su dedo índice y pulgar es uno de los hitos fundamentales del desarrollo psicomotor de todo niño, aunque por el momento son necesarias más investigaciones al respecto.
2. Aislamiento social
Al igual que los videojuegos y otros dispositivos electrónicos, el uso excesivo de un smartphone conlleva al aislamiento social. El niño juega, navega, interactúa en redes sociales, pero no se comunica con los seres humanos que le rodean. Y así lo señala este estudio publicado en Política y sociedad. Desarrollar habilidades sociales forma parte importante de su desarrollo.
3. Poca movilidad y más obesidad infantil, una de las desventajas del uso de smartphone en los niños
El uso desmedido del smartphone, así como pasar demasiadas horas viendo la televisión o jugando a videojuegos, deja al niño sentado en un mueble o acostado en la cama durante mucho tiempo. Y así lo señala este artículo publicado RqR Enfermería Comunitaria. La falta de actividad física tiene serias repercusiones en la calidad de vida de los chicos.
4. Pérdida de la privacidad
El smartphone tiene todas las herramientas para llevar un registro de la vida diaria. Tu hijo puede tomar fotos y hacer vídeos que comparte en todo tipo de redes sociales. La vida se centra en conseguir un “me gusta”, un comentario o ganar un seguidor. La privacidad queda expuesta, lo cual puede traer serias complicaciones como la que exponemos a continuación.
5. Víctima o victimario de los delitos cibernéticos
El uso descontrolado del teléfono móvil y las redes sociales expone a los niños al ciberbullying o a los depredadores sexuales. El niño puede subir por error una fotografía o vídeo íntimo y ser víctima de acoso.
O, por el contrario, puede fotografiar o compartir un contenido privado de otro niño y convertirse en un acosador, como evidencia este trabajo llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Navarra. Sobre el uso de smartphone en los niños: ¿qué hacemos los padres?
El abanico de ventajas y desventajas sobre el uso de smartphone en los niños cada vez es más extenso. Así pues, es responsabilidad de los padres controlar el uso que sus hijos hacen de los dispositivos y del acceso al smartphone. Hay muchas aplicaciones para ello, por lo que es cuestión de informarse, evaluar y decidir cuál es la mejor opción para los hijos.

Asimismo, es importante que los acompañemos en todo el proceso de educación digital. Tenemos que estar allí, atentos y presentes, y saber qué hacen los niños, qué contenidos visitan y qué comparten. En las manos adecuadas, los smartphone pueden ser una herramienta maravillosa.

Los niños del siglo XXI y la tecnología
Los niños del siglo XXI abrieron los ojos en un mundo dominado por la tecnología. A los padres les corresponde promover el uso responsable. Leer más »

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 7.
5 Razones por las que limitar el uso de dispositivos electrónicos a los niños según expertos
Los padres cada vez están más preocupados con el uso indebido de las tecnologías por parte de los niños. Hace unos años causaba inquietud que los niños vieran mucho tiempo la televisión. En la actualidad la preocupación viene del empleo excesivo de tabletas y smartphones. Por ejemplo, en una tarde de verano aburrida, un niño puede estar más de cinco horas viendo la televisión y jugando con la tableta y el móvil. Los niños necesitan salir a la calle, jugar, divertirse y comunicarse con otros niños.
Incluso los bebés y los niños menores de seis años usan excesivamente estos electrónicos. Dolores de cabeza, problemas de cervicales o trastornos del sueño son algunos de los efectos negativos de este empleo indebido. Hay que tener cuidado con la edad a la que les compramos el primer móvil a nuestros hijos.
Por primera vez se ha publicado un estudio que analiza cómo afecta a los menores de tres años y que concluye que influye negativamente en su forma de dormir. Según el estudio realizado en la Universidad de Londres, hay una correlación muy clara entre el uso de pantallas interactivas por parte de niños de entre seis meses y tres años y una reducción en el tiempo que pasan durmiendo.
En concreto, por cada hora diaria que pasaban con las tabletas, reducían 26 minutos su sueño nocturno. La luz azul que emiten estos aparatos manda señales que confunden los ritmos naturales de sueño del cerebro.
Razones por las que limitar el uso los smartphones a los niños
La Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría revelaron en un estudio 10 razones por las que los niños menores de 12 años no deben emplear estos aparatos sin control. Según su estudio, los bebés de 0 a 2 años no deben tener contacto alguno con la tecnología. De 3 años a 5 años deberían solo usarlo 1 hora al día y de 6 a 18 años solo 2 horas al día.
Entre las razones negativas que citaba este estudio vamos a resaltar 5 que pueden afectar a su vida diaria. No se trata de prohibirles una actividad que les encanta sin ninguna razón, sino porque puede causar un daño real a los niños.
1. Afecta al desarrollo cerebral de los niños
La utilización excesiva de las tecnologías, según el estudio, puede acelerar el crecimiento del cerebro de los bebés de 0 y 2 años de edad. Esto podría asociarse con déficit de atención, retrasos cognitivos, problemas de aprendizaje, aumento de la impulsividad y de la falta de autocontrol (rabietas).
2. Retraso en el desarrollo del niño
El excesivo uso de las tecnologías puede limitar el movimiento. Como consecuencia, puede afectar al rendimiento académico, la alfabetización y la atención. Este sedentarismo puede llevar a un aumento de la obesidad infantil y a problemas de salud vasculares o cardíacos e incluso diabetes.
3. Alteraciones del sueño infantil
Los niños que utilizan de noche estos aparatos en sus habitaciones suelen tener más dificultades para conciliar el sueño. Los padres no suelen supervisar el empleo de la tecnología en sus habitaciones. Esa falta de sueño afecta a su rendimiento académico.
4. Enfermedad mental
Algunos estudios comprueban que la utilización excesiva de las nuevas tecnologías está aumentando las tasas de depresión y ansiedad infantil, trastornos de vinculación, déficit de atención, trastorno bipolar, psicosis y otros problemas de conducta infantil.
5. Demasiada radiación
La OMS, Organización Mundial de la Salud, clasifica los teléfonos celulares como un riesgo debido a la emisión de radiación. Los niños son más sensibles a estos agentes y existe un riesgo de contraer enfermedades como el cáncer.
Según el estudio, los niños que usan demasiado las tecnologías son más pasivos y tienen problemas para interactuar o tener contacto físico con otras personas. Nuestros hijos tienen que dedicar más tiempo a jugar con otros niños o a mantener una conversación en familia, es importante para que se socialicen.
Las nuevas tecnologías son parte de la vida de los niños en la actualidad y tampoco se las podemos prohibir.  Pero nunca los smartphones o las tabletas deberían sustituir a la lectura de un buen libro o a los momentos de juego con los hermanos o los amigos. Tenemos que intentar prevenir los efectos adversos y que nuestros hijos dediquen a la tecnología solamente las horas adecuadas.

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8.
¿Está embotando el móvil el cerebro de los adolescentes?
Varios estudios sugieren que los jóvenes enganchados al teléfono inteligente están condenados mental y socialmente. Pero la realidad no es tan simple.
En síntesis
Estudios recientes han planteado que el uso del móvil favorece la depresión, la ansiedad y el aislamiento social en los adolescentes. Sin embargo, no se ha confirmado la relación causal de esas correlaciones, y todavía muchos investigadores reconocen no saber cómo afectará al desarrollo cerebral y al comportamiento.
A las redes sociales se las acusa a menudo de ser culpables de los problemas mentales que afectan a los adolescentes. Pero algunos de los efectos problemáticos del uso del móvil los motivan otros factores, como dormir menos, no las aplicaciones en sí.
Es fácil culpar a las nuevas tecnologías de los problemas de la adolescencia, pero los traumas psicológicos y la pobreza son mucho más graves. Así, por ejemplo, la inestabilidad económica tras la recesión probablemente sea más responsable del repunte de la ansiedad que el uso del móvil.
¿Hay algún colectivo más difamado que el de los adolescentes? Cuando vagan en pandas despiertan temor, se les evita o se les dice que se calmen. Son desgarbados, narcisistas, superficiales, se sienten fuera de lugar, se creen que tienen derecho a todo, están borrachos de hormonas. Y, por si fuese poco, ¿no han oído que el móvil les está sorbiendo el seso? Criados al resplandor de las pantallas de los aparatos digitales, los adolescentes modernos son depresivos, antisociales, están ansiosos. E, irremediablemente, ya no prestan atención a nada más.
Si los teléfonos inteligentes se han convertido en un símbolo de la adolescencia es por su ubicuidad. Según un informe del Pew Research Center, el 92 por ciento de los adolescentes de EE.UU. (definidos en el documento como aquellos con edades comprendidas entre los 13 y los 17 años) declaran usar a diario, y el 24 por ciento de ellos confiesa hacerlo «casi a todas horas». Solo el 12 por ciento afirma conectarse una sola vez al día.
Los últimos titulares sobre adolescentes transmiten la idea de que sus amados móviles están abocándolos a contraer trastornos mentales y al aislamiento social. Un estudio publicado en 2017 en Child Development y dirigido por Jean Twenge, profesora de psicología de la Universidad Estatal de San Diego, constataba que los adolescentes actuales tienen menos tendencia que las generaciones precedentes a beber alcohol, mantener relaciones sexuales, sufrir embarazos, conducir, salir con una pareja y trabajar. En otro artículo, publicado en la revista The Atlantic, Twenge acababa convirtiendo esas tendencias aparentemente positivas en algo básicamente negativo: una preocupante resistencia a crecer y madurar. Insertaba algunas estadísticas que apuntaban a que se está produciendo un deterioro de la salud mental de los adolescentes, y culpaba de ello a los teléfonos. Escribía: «Existen pruebas contundentes de que los aparatos que hemos puesto en manos de los jóvenes están ejerciendo una profunda repercusión en sus vidas y causándoles una gran infelicidad».
Un mes después, en un artículo que ocupó la portada del New York Times Magazine, se daba a conocer el alarmante aumento en el número de universitarios afectados por «ansiedad acuciante» y se señalaba a las redes sociales como uno de los factores responsables. Estos artículos son solo los de la última hornada. La psicóloga social Sherry Turkle, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, acaparó docenas de titulares cuando en 2015 publicó su libro En defensa de la conversación: El poder de la conversación en la era digital (Ático de los Libros, 2017). En él argumentaba que tanto adultos como adolescentes estaban perdiendo la capacidad de entenderse y prestarse atención mutua por culpa de la naturaleza desarticulada y solitaria de las comunicaciones electrónicas. Y, para Turkle, esas son las facultades que nos hacen humanos.
Pero, tal vez previsiblemente, las generaciones de adolescentes que han madurado en la era del teléfono inteligente no están sufriendo estragos irremediables, y ni siquiera más que otras. Y los móviles no son el claro chivo expiatorio de los cambios de conducta observados en las nuevas generaciones del siglo XXI. «Durante el mismo período al que alude Twenge, también ha habido mejoras en salud mental», matiza Laurence Steinberg, catedrático de psicología de la Universidad Temple de Pensilvania y experto en el desarrollo adolescente. Hace dos años, la propia Twenge publicaba con dos colegas un estudio en el que concluía que los adolescentes de hoy eran más felices y estaban más satisfechos con la vida que sus predecesores.
El análisis es complicado porque los investigadores se centran en aspectos diferentes de la salud mental y los miden de distinta manera. Pero aludir a «los jóvenes de hoy» con tono pesimista no es nuevo. «Cada vez que aparece una nueva forma de ocio o un nuevo avance tecnológico, hay adultos que afirman: “esto está acabando con nuestros hijos”», opina Steinberg, autor de Age of opportunity («La edad de las oportunidades»), obra publicada en 2014 sobre la gran capacidad de cambio de los adolescentes. «Ha pasado con el rock y con los ordenadores. La juventud del mundo ha sobrevivido a todo, y estoy convencido de que sobrevivirá a los teléfonos inteligentes.»
La misma cualidad que hace adaptables a los adolescentes es también su punto vulnerable. Al inicio de la pubertad, el cerebro muestra una elevada plasticidad, una notable capacidad de remodelación. Impulsados a buscar lo novedoso y tendentes a asumir riesgos, los jóvenes poseen circuitos neuronales flexibles que facilitan la adaptación al entorno mientras toman decisiones y aprenden. A medida que inician la edad adulta, la ventana de tiempo en que se forjan las conexiones entre regiones cerebrales empieza a cerrarse y su conducta se vuelve más rígida. «Cualquier vivencia que se experimente en la época en que el cerebro es maleable tiene posibilidades de influir en él», afirma Steinberg. El cerebro de los niños y los adolescentes se ve influido por factores de todo tipo: progenitores, amigos, escuela, etcétera. «Los teléfonos inteligentes no tienen ninguna relevancia especial. Ahora bien, todo aquello a lo que uno dedica más tiempo deja una huella más profunda en el cerebro.»
Lo que sabemos y lo que no
En 2015, Lauren Sherman, ahora investigadora posdoctoral en Temple, presenció en primera persona el injustificado pánico por la relación entre móviles y adolescentes. Sabedora del grado de felicidad que les proporcionan las gratificaciones a los jóvenes (muestran una activación en las regiones gratificadoras del cerebro mayor que los niños o los adultos), quiso explorar las respuestas neuronales a los «me gusta» de las redes sociales. Invitó a un grupo de estudiantes de secundaria al laboratorio para que miraran una versión de Instagram mientras yacían en el interior de un escáner de resonancia magnética. Había manipulado un conjunto de imágenes subidas a esa red social de tal modo que algunos las viesen con muchos «me gusta», mientras que otros las viesen con pocos. Entre las imágenes había fotografías aportadas por los participantes en el estudio.
Era más probable que los probandos les dieran su «me gusta» a las fotografías si creían que estas ya tenían muchos votos. También manifestaban más actividad en las regiones implicadas en la cognición social y la atención visual, como si estuvieran pensando más en las fotografías más populares y estuvieran examinándolas en detalle. Cuando los sujetos veían que sus propias fotos recibían multitud de «me gusta», mostraban una respuesta en el estriado ventral, una zona que interviene en la gratificación.
La publicación del estudio en Psychological Science desató una ola de exageraciones. «Puesto que implican los mismos circuitos cerebrales, la prensa llegó a decir que los “me gusta” eran como el crack. ¡Y no lo son en absoluto!», afirma Sherman. Una emisora de televisión se atrevió a proclamar que los «me gusta» eran mejores que las drogas y el sexo.
La propia Sherman analizó transcripciones de charlas que había entablado a través del Instant Messenger de AOL en sus años de adolescencia. Cree que el tintineo que avisaba de la respuesta a un mensaje no era tan distinto de los «me gusta» que reciben hoy los adolescentes. Fuese una piedrecita lanzada por la noche contra la ventana o el esperado timbre de un teléfono de disco, podemos suponer que cualquier signo de interacción social inminente siempre resultó estimulante para el cerebro joven.
Pero, a diferencia del teléfono de disco o de la mensajería instantánea en el ordenador de sobremesa, los móviles se han convertido en apéndices corporales, lo que alimenta la angustia por su efecto en los adolescentes. «No contamos con indicios claros sobre cómo está afectando el móvil al desarrollo cerebral», asegura Nicholas Allen, director del Centro de Salud Mental Digital de la Universidad de Oregón. «Cualquiera que diga otra cosa hace cábalas. La bibliografía sigue creciendo, pero todavía es solo correlacional», advierte Steinberg. E incluso estos resultados basados únicamente en correlaciones conforman una mezcla de hallazgos a favor y en contra, con algunos estudios que destacan los riesgos del acoso cibernético, y otros que subrayan todos los recursos en línea que pueden resultar útiles a los adolescentes que afrontan problemas.
Cuesta llevar a cabo los estudios a largo plazo que podrían sacar a luz una relación causal. «No se puede designar al azar qué adolescentes van a tener teléfono y cuáles no», dice Steinberg. Otra dificultad de orden práctico es que el examen de los adolescentes pasa por obtener primero el permiso de los padres. Eso significa que las predicciones del experto son a menudo extrapolaciones de investigaciones realizadas con estudiantes universitarios. Para complicar más las cosas, se ha descubierto que algunas regiones del cerebro, como la corteza prefrontal, no maduran totalmente hasta mediados de la veintena.
Otra traba en el diseño de estos estudios reside en definir con exactitud qué cuenta como móvil inteligente. Estos aparatos son un teléfono, una cámara, una consola de videojuegos y una enciclopedia.  Y centrarse en las aplicaciones predilectas de los adolescentes, como Snapchat o YouTube, no ofrece un horizonte lo bastante amplio. Steinberg argumenta que preguntarse cómo están afectando las redes sociales a los jóvenes es como preguntarse por el efecto de la televisión sin distinguir entre ciertos programas de telerrealidad y la adaptación de un clásico.
Entre lo que empieza a decirse de los jóvenes de la Genera­ción Z (aquellos nacidos alrededor del año 2000), de lo que más ha cuajado es que son más depresivos y ansiosos y que la culpa es del teléfono. La realidad es que existe «una pequeña pero persistente relación transversal [observada en un mismo momento] entre el tiempo que pasan conectados y la depresión y la ansiedad», afirma Allen, «pero no podemos dar por sentado que sea causal». (El tiempo de conexión también se define de modo dispar: algunos estudios se centran solo en los videojuegos o las redes sociales.) Para Steinberg, una hipótesis verosímil es que la relación causal sigue el sentido contrario: «No es difícil imaginar que un adolescente deprimido prefiera pasar el tiempo encerrado en su habitación, conectado, antes que salir».
Larry D. Rosen, catedrático emérito de psicología de la Universidad Estatal de California en Dominguez Hills y uno de los autores de The distracted mind: Ancient brains in a high-tech world («La mente dispersa: Antiguos cerebros en un mundo de alta tecnología»), sospecha que, si bien es posible que los jóvenes que sufren depresión o ansiedad usen el móvil de modo distinto, la influencia probablemente sea recíproca. Cree que la comparación social (los usuarios de las redes sociales se sienten fatal con su vida después de ser bombardeados por las versiones en color de rosa de la vida de los demás) y el contagio emocional (los exabruptos en línea afectan el estado mental de los usuarios) son posibles culpables. Que el adolescente sufra o no una crisis de autoestima o tristeza por influencia de otros depende de con quién se esté relacionando en línea y de lo que ande buscando exactamente.
Los investigadores están analizando ahora este aspecto del uso de las redes sociales. Oscar Ybarra, de la Universidad de Michigan, y sus colaboradores constataron que el bienestar subjetivo se veía afectado negativamente por el uso pasivo de las redes sociales debido a la envidia que suscitaban las comparaciones. En cambio, la participación activa (colgar contenidos y relacionarse con los otros, en lugar de permanecer expectante) predijo mayores niveles de bienestar subjetivo, presumiblemente porque el uso activo crea capital social y hace que los usuarios se sientan más conectados con otras personas. En otro ejemplo, un estudio de la Facultad de Educación de Harvard halló que los adolescentes a los que se instó a valorar críticamente las series de imágenes de usuarios de Instagram (reconocer que las fotografías estaban retocadas y que no eran representativas de la realidad) tenían menos sentimientos negativos, sobre todo si antes se habían comparado desfavorablemente con otros usuarios de la red.
Si bien el estado de ánimo de los adolescentes podría, en general, resistir bien las vicisitudes de las redes sociales, otras áreas del desarrollo cognitivo suscitan una preocupación creciente. Harry Wilmer y Jason Chein, psicólogos de Temple, hallaron un posible vínculo entre un empleo profuso del teléfono inteligente y la incapacidad de tolerar demoras en la gratificación (como, por ejemplo, tomar una pequeña suma de dinero ahora en lugar de aguardar más y recibir un importe mayor). Se desconoce todavía si las personas impulsivas pasan más tiempo con el teléfono o si los teléfonos nos están haciendo a todos más impacientes.
Para Rosen, la gran preocupación no solo radica en el uso que los adolescentes están dando al móvil, sino en la «ansiedad tecnológica» y la nomofobia (sentimientos negativos por no tener el teléfono), que los distraen de otras tareas. Las investigaciones demuestran que la multitarea lleva a un peor rendimiento en todas los quehaceres. Por medio de una aplicación, Rosen contabilizó cuántas veces desbloqueaban sus alumnos el teléfono cada día: «En promedio eran 50. Y permanecían conectados unos cinco minutos cada vez». La mayoría de esos vistazos tenían que ver con la comunicación, ya que las aplicaciones más consultadas eran Facebook, Instagram, Snapchat y YouTube. «Sabemos que la mitad de las veces que la gente ingresa en algún sitio es porque recibe una notificación.» Los adultos tampoco parecen escapar a ello: un estudio británico constató que la mera presencia de un teléfono sobre la mesa en la que dos personas mantenían una conversación sobre un tema trascendente deterioraba el diálogo. La llamada del teléfono es cognitivamente fuerte, aunque esté desconectado.
La distracción momentánea es una cosa; el posible daño cerebral a largo plazo motivado por el estrés es más inquietante. «Lo que sucede, estoy convencido, es que después de echar varios vistazos [y dejar de mirar el móvil otras tantas veces], las glándulas suprarrenales segregan cortisol. Un poco está bien, pero el exceso no. A medida que esta hormona se acumula, la gente se vuelve ansiosa. Y el único modo de contener ese impulso es volver a mirar el teléfono», explica Rosen.
El investigador se pregunta si la secreción sostenida de cortisol influirá en el desarrollo de la corteza prefrontal, la región que, entre otras cosas, controla los impulsos y la toma de decisiones. Esta es la última zona del sistema nervioso cuyas neuronas quedan envueltas por mielina, un recubrimiento que facilita la transmisión de impulsos nerviosos. «Mi hipótesis es que los jóvenes están empleando la corteza prefrontal de un modo distinto y, tal vez, menos eficiente», aduce Rosen, quien está empleando espectroscopía funcional del infrarrojo cercano para analizar la corteza prefrontal de usuarios empedernidos y moderados del teléfono. Ha hallado que, por lo menos mientras llevan a cabo una tarea ejecutiva, los empedernidos usan la corteza prefrontal de modo distinto que los moderados.
Vidas digitales, contrapartidas reales
A los adolescentes aferrados al móvil se les ha tachado de solitarios, carentes de empatía y hasta de incapaces de entablar relaciones «reales» con amigos o parejas amorosas. El temor es que el uso del teléfono inteligente disuada —o reemplace— las conductas saludables, como los encuentros cara a cara.
Los investigadores, sin embargo, no se muestran tan preocupados. «No hay indicios de que el uso de redes sociales altere el desarrollo de las habilidades sociales. Los adolescentes se relacionan en redes mayoritariamente con las mismas personas con las que se lo hacen cara a cara», asegura Steinberg. Según Allen, la ironía radica en que lo que más atrae a muchos adolescentes es la posibilidad que les brinda el móvil de explorar relaciones de todo tipo eludiendo la vigilancia directa de los padres. De hecho, conectarse a través del móvil incluso podría mejorar la empatía.
En 2016, un estudio holandés analizó a 942 adolescentes y lo hizo de nuevo al cabo de un año. Aparentemente, el uso de las redes sociales durante ese tiempo mejoró su capacidad de comprender a sus compañeros y compartir con ellos sus sentimientos. Según otro de los estudios con los que Sherman quiso investigar el modo en que las redes sociales repercuten en la intimidad, el mayor grado de conexión entre dos chicas adolescentes se lograba en las conversaciones presenciales, pero no era mucho mayor que cuando charlaban por videoconferencia. Sherman cree que las plataformas de comunicación nos acercarán cada vez más a medida que vayan siendo más audiovisuales.
¿Qué hay del incesante intercambio de mensajes escritos? Jay Giedd, director de psiquiatría infantil y adolescente de la Universidad de California en San Diego, afirma que, en cualquier caso, los jóvenes tienden a mejorar en la interpretación de las expresiones faciales cuando cumplen la veintena. En lo que atañe a la forma en que se están relacionando entre ellos, «no se debe confundir “diferente” con “defectuoso”» aclara. «Algunos afirman que el estilo que usan en sus mensajes es malo, pero están comunicando ideas, aunque su prosa y su gramática no sean las que nos gustaría ver.» En lugar de buscar carencias, Giedd se pregunta acerca de las contrapartidas: «¿En qué tipo de cosas demuestra ser mejor su cerebro? ¿En cribar textos? ¿En seguirles los pasos a más amigos?».
Hasta la suposición de que los encuentros presenciales son más gratificantes y profundos no siempre es cierta. Sherman preguntó a sus participantes si les resultaba más cómodo hablar sobre ciertos temas por vía digital; por ejemplo, mediante el envío de mensajes de texto. Le respondieron que si querían decir algo realmente emotivo y creían que podían echarse a llorar, preferían el envío de mensajes. Y, dado que los adolescentes acostumbran a relacionarse en línea con los amigos de la vida real, es posible que entre ellos se esté trabando un vínculo distinto y más profundo gracias a intimidades que comparten así pero que les resultarían más difíciles de expresar de viva voz.
Menos benigno que el intercambio de mensajes de texto es el acceso sin precedentes a la pornografía que ofrece el móvil, lo cual podría dificultar que muchos adolescentes, sobre todo aquellos con otros factores de riesgo, entablen relaciones amorosas en la vida real. «Aunque no existen pruebas concluyentes, la exposición sin restricciones a la pornografía podría influir en su manera de entender la sexualidad y las relaciones afectivas, sobre todo si sus primeros devaneos con el sexo consisten en eso», afirma Allen. Un estudio de 2016 reveló que cerca de tres cuartas partes de los adolescentes (sin distinción de género ni de entorno social o procedencia) notificaron un problema sexual, como deseo escaso o incapacidad para alcanzar el orgasmo, con niveles clínicamente significativos de ansiedad como consecuencia. La autora del estudio, Lucia O’Sullivan, profesora de psicología de la Universidad de Nueva Brunswick, en Canadá, cree que la mayoría de los jóvenes acaba habituándose a la pornografía. Para ella, los resultados del estudio podrían deberse más a cuestiones generales de salud mental y al hincapié que la educación sexual hace en el embarazo y las infecciones, en lugar de explorar con más amplitud la comunicación y el funcionamiento de las relaciones sexuales.
Mientras los adolescentes se sumergen en el complejo mundo de la sexualidad y las relaciones de todo tipo, también se están encontrando a sí mismos. Formar una identidad es una tarea ardua, y algunos se preguntan si el apego excesivo o la obsesión por el móvil pueden frustrar oportunidades para madurar y acabar forjándose como personas. «Las redes sociales constituyen un lugar donde los adolescentes se expresan y piensan sobre cómo se están mostrando ante los demás», afirma Sherman. «Una de las primeras hipótesis era que los jóvenes se conectarían y explorarían identidades nuevas para convertirse en otra persona. Eso no parece ser mayoritario.» Con todo, no significa que no estén sometiendo a prueba versiones ligeramente distintas de una identidad básica.
Los adolescentes demuestran habilidad en no ser descubiertos e ingenio en la promoción de su personalidad pública y privada. «Algunos cuentan con un perfil público y con una “Finsta”: una cuenta de Instagram falsa donde, paradójicamente, exhiben su verdadero yo» compartiendo fotos grotescas de su cara o rosarios de pensamientos sin retocar, afirma Sherman. La tendencia seguramente ha influenciado la funcionalidad de Instagram. «Ahora es posible enlazar dos cuentas, lo que probablemente sea una respuesta directa a los usuarios que crean cuentas secundarias», añade. «Los adolescentes amoldan esos entornos virtuales a sus propios fines. Pasamos muchísimo tiempo debatiendo sobre los efectos que las redes sociales ejercen sobre ellos, pero están interaccionando con esas herramientas y las están cambiando. La relación es recíproca.»
Theo Klimstra, profesor adjunto de psicología del desarrollo en la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos, considera los móviles inteligentes como un arma de doble filo para la formación de la identidad. «Una cosa que los adolescentes suelen hacer es buscar a personas que son como ellos para hallar un espejo», explica. Si creces en un lugar donde hay muy poca gente como tú, las redes sociales hacen posible encontrar ese espíritu afín. Muchos investigadores señalan el ejemplo de los adolescentes homosexuales que no se atreven a salir del armario en su localidad, pero sí encuentran modelos a seguir en las comunidades virtuales. Los posibles inconvenientes, advierte Klimstra, son la tiranía de tener que elegir entre demasiadas opciones y el riesgo de ser víctima de comentarios y reproches crueles. puede paralizar a los adolescentes con su abrumadora variedad de identidades potenciales y dañar su autoestima con las reacciones radicales que sacuden las redes sociales.
Aunque el teléfono móvil no esté fomentando el aislamiento social de los adolescentes ni esté agravando la confusión acerca de su identidad, sí parece estar arrebatándoles parte de un elemento esencial de su etapa vital: el sueño. Ahora duermen menos. Un compendio de datos pertenecientes a 690.747 niños de 20 países entre 1905 y 2008 se calculó que, hoy, los jóvenes duermen una hora larga menos que hace un siglo.
Sakari Lemola, profesor ayudante de psicología de la Universidad de Warwick, comprobó hace poco que los jóvenes que poseen teléfonos inteligentes se van a dormir más tarde por la noche. «La razón más probable es que se conecten a las redes sociales. También hemos observado que el uso de medios electrónicos cerca de la hora de ir a la cama acarrea dormir menos y más síntomas de insomnio. El sueño breve y de mala calidad aparece vinculado a su vez a síntomas depresivos», explica.
Son varias las conexiones posibles, asegura. Las modernas pantallas planas emiten más luz azul, que suprime la melatonina, una hormona segregada por la glándula pineal durante la noche o en la oscuridad y que regula nuestro reloj interno. El intercambio de mensajes o comentarios con los amigos en las redes sociales excita a los adolescentes y dificulta la conciliación del sueño. Y no es fácil apagar el móvil cuando este ofrece incontables opciones de entretenimiento.
Lemola señala que otro estudio reciente mostró que, en los adultos jóvenes, dormir poco puede contribuir a generar problemas graves de salud mental, como síntomas psicóticos. «Por una parte, confío en que la mayoría de los adolescentes sean capaces de amoldarse a las nuevas oportunidades que brindan las redes sociales», subraya el investigador. «Por otra, existe una minoría más vulnerable y que corre un mayor riesgo de padecer problemas mentales que las generaciones precedentes. Es probable que el aumento en el uso de los medios electrónicos y el deterioro de la calidad y la duración del sueño esté teniendo una gran influencia en la salud mental, aunque puede que otros cambios en la vida del adolescente —desde la adaptación a la vida urbana hasta el estrés en la escuela— también estén desempeñando un papel.»
Cuando un padre preocupado y nervioso le interpela, Steinberg le pregunta a su vez: «¿Qué está dejando de hacer su hija mientras anda con el móvil? Si no duerme, no practica deporte, no estudia y no estimula su mente con actividades nuevas y exigentes, entonces no es saludable». No obstante, las ideas sobre qué es «nuevo y exigente» también podrían ser cambiantes. «Antes, si alguien me hubiera preguntado qué era mejor para un adolescente, si un violín o el videojuego Assassin’s Creed, habría pensado que se trataba de una broma», confiesa Giedd. «Pero he acabado viendo los dotes de estrategia, retentiva, reconocimiento de patrones y reflejos que exige Assassin’s Creed. Y mirar vídeos de calidad probablemente sea un mejor modo de aprender que la lectura. Me resulta difícil pronunciar estas palabras, pero, si nos atenemos a la forma en que el cerebro asimila la información, podrían ser ciertas.»
Los adultos de hoy
En lo que atañe a los peligros que afrontan los adolescentes, las flamantes tecnologías constituyen un foco de atención más interesante que los problemas habituales, ya enquistados. Ese sesgo puede deformar nuestro sentido de la proporción: además de dormir poco, explica Allen, los conflictos familiares son una fuente capital de problemas mentales para el adolescente. «El conflicto y el estrés afectan al cerebro, al igual que la falta de afecto y apoyo. ¿Por qué nos preocupan tanto los móviles cuando tenemos tantas pruebas evidentes de esos otros factores?» Steinberg coincide: los problemas que ante todo deberían preocuparnos son los traumas psicológicos, la pobreza, la violencia y el consumo de drogas duras, pues todos ellos repercuten profundamente en el desarrollo del adolescente.
La ansiedad generada por el móvil podría ser simplemente una tapadera de la dificultad de asistir al crecimiento y maduración del niño. «Vemos que a nuestros hijos no les interesa pasar el tiempo con nosotros o que andan ocupados en algún tipo de actividad anómala, todas esas cosas que vinculamos con la adolescencia en general», opina Sherman. Pero, en lugar de aceptar los cambios como normales, nos preguntamos: «¿Qué es distinto? ¡Ah! Toda esa nueva tecnología». Al fin y al cabo, los miembros de la generación X y los millenials pasaron sus primeras décadas de vida pegados al televisor o enfrascados en versiones primitivas de las comunicaciones electrónicas.
Asimismo, resulta útil adoptar la visión antropológica, asegura Klimstra. Los adolescentes de hoy están creciendo en un mundo muy distinto. «A través de nuestro prisma, los selfies y las redes sociales pueden parecer narcisistas, pero todo está vinculado con el contexto.» Y el suyo es uno impregnado por la inseguridad económica. «El desempleo es galopante en muchas partes del mundo. Es realmente difícil emprender tu propia vida si eres joven; emanciparse de los padres y obtener la independencia económica y psicológica. Esos son peligros peores que el uso del móvil», matiza Klimstra.
Los investigadores ven oportunidades para paliar los efectos negativos del uso del teléfono. Rosen insta a los adolescentes a que no se conviertan en «el perro de Pavlov» y desconecten las notificaciones. Además, recomienda a los padres que prediquen con el ejemplo y no toqueteen tanto sus propios teléfonos. Es una gran pregunta sin respuesta: ¿cómo influyen los padres adictos al móvil en el desarrollo mental de sus hijos, cuando ellos mismos están menos implicados y menos pendientes de ellos?
«En EE.UU., los padres regalan a sus hijos un teléfono móvil a los 12 años y les dicen: “Suerte con las noticias falsas, el acoso y el porno”», denuncia Allen. «Esperamos que maduren de golpe y aprendan a lidiar con el mundo de los adultos. Debemos apuntalar esas experiencias e irlas moldeando con el tiempo, para que así vayan adquiriendo su autonomía. Sin duda, es un ámbito donde la educación y las políticas públicas desempeñan un papel.» Giedd coincide: «El terapeuta más solicitado del mundo no es el Dr. Phil [psicólogo y presentador de un popular programa de televisión en EE.UU.], sino Siri [el asistente de iPhone]. Ella recibe más preguntas sobre salud mental que nadie. Y eso no es responsabilidad de Apple. ¿Qué podemos hacer mejor cuando es ahí donde acuden los adolescentes?».
Puesto que los especialistas están de acuerdo en que mantener una buena relación con los progenitores es uno de los aspectos esenciales para la salud mental del adolescente, lo mejor que pueden hacer los padres es entenderse con sus hijos en el uso de la tecnología. Según Allen, hay que preguntarles qué les fascina del móvil. Es mucho más productivo que decir «déjalo en la mesa».
Un poco de fe en el deshilvanado espíritu adolescente también puede contrarrestar el pánico generado por el móvil. «La razón por la que somos nosotros quienes estamos aquí y no los neandertales», concluye Giedd, «es porque tenemos adolescentes. Los neandertales desconocían la adolescencia: eran padres a los 12 años. El uso que hacían de las herramientas no cambió en absoluto durante casi 200.000 años. Su cerebro era más voluminoso que el nuestro, pero fueron incapaces de adaptarse cuando el clima cambió. Por su naturaleza, el cerebro adolescente se adapta al entorno. Tal vez los jóvenes de hoy no memoricen la altura de las montañas y la longitud de los ríos, pero serán capaces de encontrar la señal en medio del ruido».

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/los-primeros-agujeros-negros-733/est-embotando-el-mvil-el-cerebro-de-los-adolescentes-16236


  9.
Cómo el uso de tu smartphone está afectando tu cerebro
En los últimos años se ha popularizado el uso de smartphones. Cada vez más personas acceden a ellos y a sus cientos de aplicaciones que prometen facilitar nuestra vida. 
De cierto modo es verdad, algunas aplicaciones de los nuevos teléfonos hacen nuestra vida más simple, pero también debemos aceptar que están cambiando nuestra vida de una forma no tan positiva.
Los smartphones y las relaciones humanas
La tecnología y las redes sociales virtuales cambiaron el modo en que vivimos nuestra vida. Si bien cada persona es diferente, debemos aceptar que en mayor o menor medida todos estamos inmersos en un mundo muy diferente al de hace 15 años atrás. Claro que no todo es culpa de los smartphones y la tecnología, los culpables también somos nosotros mismos. La tecnología es una herramienta, y somos las personas las que la usamos bien o mal. 
Hoy en día la tecnología que nos conecta con el resto del mundo está al alcance de la mano en cualquier momento y en cualquier lugar: la llevamos en el bolsillo. Pero a la vez, la misma tecnología nos desconecta de nuestro entorno más cercano y las relaciones personales cara a cara. 
Cómo los teléfonos inteligentes afectan nuestro cerebro
El primero de los efectos físicos o mentales que tiene el uso intensivo de la tecnología de las comunicaciones es el estrés. Así como los teléfonos inteligentes y las tablets nos proporcionan aplicaciones fáciles de usar que simplifican algunas de nuestras tareas cotidianas, también nos generan estrés y preocupaciones. 
La simpleza de los smartphones nos permite realizar muchas tareas a la vez. Por ejemplo, con un teléfono inteligente puedo mantener varias conversaciones con personas diferentes, a la vez que chequeo mis e-mails, las noticias del día y el reporte del tiempo.
Y es cierto, en principio, poder hacer muchas cosas a la vez es bueno: ahorras más tiempo, estás más enterado de las cosas que suceden y estás más en contacto con personas que no ves personalmente de forma habitual. 
Sin embargo también produce mucho estrés a nivel del sistema nervioso central porque el cerebro debe adaptarse a procesar mucha información de manera cada vez más rápida y desordenada, que además suele provenir de múltiples dispositivos. Esta adaptación del cerebro impacta negativamente en los procesos de aprendizaje
Privación del sueño y pérdida de memoria
La privación del sueño es otro de los efectos que tiene el uso intensivo de la tecnología, en nuestro cerebro. La posibilidad de llevar a cualquier lado, incluso a la cama por las noches, mantiene a nuestro cerebro en estado de alerta y no permite un correcto descanso. 
Estar hasta muy tarde en la noche atento a los juegos electrónicos y las redes sociales puede conducir a desarrollar trastornos de sueño muy difíciles de tratar y revertir. A su vez, los problemas de sueño tienen aparejados trastornos de personalidad y demás problemas de salud. 
La pérdida de memoria también es uno de los efectos negativos del uso de la tecnología, pero nuevamente es necesario comentar que lo malo no es la tecnología en sí misma, sino el uso que nosotros le damos.
Las grandes cantidades de información repetida y desordenada que recibimos permanentemente son muy difíciles de procesar para nuestro cerebro. Ello naturalmente implica que hagamos una selección de lo que retenemos y lo que descartamos. De este modo, el cerebro poco a poco se acostumbra a descartar información que en realidad puede ser muy importante. 
¿No has notado que cada vez te resulta más difícil estudiar? ¿O qué, por ejemplo, es muy difícil concentrarte en una cosa a la vez? Ello es producto del ritmo de vida que llevamos, y está directamente vinculado al mal uso, o al uso intensivo o irracional, de la tecnología. 
Es innegable que la tecnología pone a nuestro alcance información a la que no podríamos acceder de otro modo. Sin embargo un mal uso de esa tecnología de hecho puede conducir a no poder asimilar correctamente esa información y además estar más expuesto a riesgos para la salud. 
Nuestro cerebro está cambiando y los cambios son buenos, pero requieren tiempo. La última década ha sido demasiado intensa en cambios tecnológicos y ciertamente nuestros cerebros no están preparados para evolucionar tan velozmente 

https://www.univision.com/explora/como-el-uso-de-tu-smartphone-esta-afectando-tu-cerebro

 

10.
"El uso del móvil tendrá efectos en nuestras conexiones neuronales"
No se sorprenda si en algún momento el Nobel de Medicina va a parar a Reinhard Jahn. Sus investigaciones en el campo de la neurociencia molecular ya le han valido a este neurocientífico y bioquímico alemán de 61 años un reconocimiento en la última edición de los Premios Balzan, considerados como la antesala de los galardones de la academia sueca y, de hecho, mejor dotados económicamente que éstos.
Jahn y su equipo han llevado a cabo estudios pioneros que les han permitido determinar el papel fundamental que una proteína juega en la comunicación entre las neuronas, en que se produzca la chispa eléctrica a través de la cual las células del sistema nervioso se transfieren datos. Si por ejemplo usted en este momento levanta los ojos de este artículo y mira a su alrededor, si es capaz de percibir su entorno, es gracias a las interconexiones entre sus neuronas, lo que se llama sinapsis. Y para que se produzcan esas interconexiones, para que haya sinapsis, son necesarias las proteínas identificadas por Jahn.
P: ¿Son todavía muchas las cosas sobre nuestro cerebro que desconocemos?
R: Sí, muchísimas. Creo que sólo hemos rascado la superficie. Cómo se codifica y cómo se procesa la información en el cerebro es algo de lo que por ahora aún sabemos poquísimo. Y eso que hemos conseguido revelar muchos de los secretos del cerebro... Ahora sabemos por ejemplo qué zona del cerebro, qué grupo de conexiones, controla determinados comportamientos. Si entramos en un cerebro y silenciamos ciertas neuronas, sabemos qué consecuencias va a tener eso a nivel de comportamiento. Pero se trata de un conocimiento descriptivo, no sabemos por qué las cosas funcionan como lo hacen.
P: ¿Y cree que algún día conoceremos todos los detalles de nuestros cerebros?
R: No, nunca. Sobre todo porque los hombres siempre nos haremos nuevas preguntas, siempre querremos saber más detalles, conocer más cosas. ¿Qué significa conocer todo? Depende del nivel de conocimiento del que hablemos. Y cuando se supera un nivel siempre aparece otro nuevo. Es como los videojuegos.
P: ¿Y cuál es en su opinión la principal pregunta sobre nuestro cerebro a la que aún no hemos sabido dar respuesta?
R: Todavía no entendemos cómo la información es codificada en nuestros cerebros. Piense en su abuela o en su hijo, visualice su rostros. ¿Cómo almacena esa información su cerebro, como se archivan los recuerdos? No lo sabemos. No sabemos cómo conectamos unas cosas con otras. No sabemos por qué sabemos que esto en una silla, que aquello es un coche, que lo que cuelga en este momento encima de nuestras cabezas es una lámpara.
P: ¿Las nuevas tecnologías están cambiando de alguna manera nuestra manera de realizar conexiones neuronales?
R: Bueno... Lo que sabemos es que si uno lleva a cabo un comportamiento de manera repetitiva eso deja una impronta en el cerebro. Así que sí, el uso de las nuevas tecnologías tendrá efectos en nuestros cerebros. Pero puede que sea algo positivo. Mire usted por ejemplo lo que sucede cuando se aprende a tocar un instrumento musical o a escribir a máquina: la persona desarrolla zonas del cerebro que antes no utilizaba, realiza nuevas conexiones neuronales que antes no hacía. Utilizar estos cacharros, los teléfonos móviles, tendrá de alguna manera efectos en nuestro cerebro. No sé si serán efectos positivos o negativos. Pero lo que sé es que estamos hechos como estamos hechos, y que ante un comportamiento repetitivo nuestro cerebro aprende y se activa para adaptarse a él, a fin de ser más efectivo ante ese comportamiento y poder encararlo de manera más simplificada.
P: Y esos cambios en el cerebro fruto de las nuevas tecnologías ¿serán permanentes, serán cambios a nivel biológico?
R: Serán cambios que se podrán ver: habrá más conexiones neuronales y esas conexiones tal vez sean más fuertes... Pero eso no significa que las nuevas tecnologías vayan a producir cambios en nuestra anatomía cerebral.
P: Me refería a si los niños del futuro nacerán con un cerebro ya adaptado a las nuevas tecnologías, a los teléfonos inteligentes...
R: No. Eso serían cambios biogenéticos, y no es a ese nivel al que se producen los cambios por un comportamiento repetitivo. Lo que esos cambios generan, como ya le he dicho, son nuevas conexiones neuronales. Por desgracia no podemos heredar el conocimiento, sólo algunas habilidades.
P: Y si el uso de las nuevas tecnologías activa nuevas partes de nuestro cerebro, genera nuevas conexiones neuronales... ¿sucede también lo contrario, qué hay conexiones que se desactivan a causa precisamente del uso de las nuevas tecnologías?
R: Probablemente. En el cerebro todo está interconectado, si haces algo en una parte del cerebro eso afecta a otras partes. El que se activen nuevas conexiones neuronales puede tener consecuencias en otras conexiones. Pero cuáles serán esas consecuencias es algo que no sé responderle.
P: Cuando una persona está concentrada, ¿cuántas conexiones neuronales, cuántas sinapsis se producen?
R: No lo sé exactamente. Muchísimas. Varios puñados de millones. Piense que el número de sinapsis de una neurona es de 10 elevado a la 14 potencia, es decir, un 10 seguido de 14 ceros... Y piense que tenemos miles de millones de neuronas. Es algo increíble.
P: Pero habrá límites, ¿no?
R: Sí, hay límites. Límites de tiempo. La señal que se transmite de una neurona a otra va con un minúsculo retraso, y no es posible hacer que vaya más rápida. En nuestro sistema esa señal nos impone límites de tiempo, límites de velocidad. En cada sinapsis transcurre una milésima de segundo antes de que la señal se transmita. Suena muy rápido, ¿verdad? Pero si en total se realizan un centenar de transmisiones ese retraso acumulado ya es de una décima de segundo. Por eso nunca podremos ser como las máquinas tragaperras. Cuando uno va a un casino y quiere detener una de esas máquinas con todas las frutas iguales para ganar el premio gordo es imposible. No somos tan rápidos como ella.
P: Sin el complejo proteico que usted ha identificado las células de nuestro cerebro no se podrían comunicar entre ellas?
R: Eso es. Trataré de explicárselo... Las transmisiones sinápticas son el mecanismo principal utilizado por las neuronas de nuestro cerebro para comunicarse entre ellas. Cuando un impulso nervioso llega a una terminación nerviosa, se libera una sustancia química que provoca la fusión de unas pequeñas vesículas con la membrana celular. Esas vesículas contienen esa sustancia, que es liberada en el estrechísimo espacio entre las neuronas transmisoras y las receptoras. Nosotros hemos investigado los detalles moleculares y hemos contribuido a identificar la proteína de las vesículas sinápticas, la sustancia responsable de que tenga lugar ese proceso.
P: ¿Y su descubrimiento tiene alguna aplicación práctica? ¿Es posible, por poner un ejemplo, reactivar a través de esa proteína las conexiones neuronales de una persona anciana a la que le funcionen mal?
R: Bueno, todavía queda un largo camino que recorrer para entender los mecanismos por los que un cerebro deja de funcionar correctamente y para desarrollar las consecuentes curas. Y si le soy sincero mis investigaciones se mueven más por la curiosidad que por los aspectos prácticos, lo que las impulsa es el deseo de saber cómo funciona un mecanismo, por qué unas estructuras hacen lo que hacen y se comportan como se comportan.
P: ¿Y a dónde le lleva ahora la curiosidad?
R: Primero hemos identificado las proteínas responsables de ese mecanismo. Y ahora lo que queremos saber es cómo consiguen hacer lo que hacen, cómo esa sustancia entra en la vesícula, cómo es reconocida por el transmisor y el receptor... Si pudiéramos usar un microscopio para averiguarlo sería relativamente fácil, pero el problema es que no podemos. Tenemos que emplear métodos indirectos para realizar nuestros estudios y tratar de entender lo que ocurre.
https://www.elmundo.es/salud/2017/02/13/58a049f0268e3efb4e8b461a.html


 
11.
Escribir en el "smartphone" altera nuestro cerebro
 
La representación de la corteza cerebral en los usuarios de teléfonos inteligentes con pantalla táctil difiere en comparación con las personas con celulares convencionales.
 
Pasamos muchos minutos al cabo del día escribiendo en el teclado de nuestro teléfono móvil. Tanto “ejercicio digital” tiene efectos sobre nuestros dedos, sobre nuestra columna vertebral –esa posición ligeramente inclinada con la que muchos caminan por la calle– pero también sobre el cerebro. Una investigación que publica en Current Biology revela que el uso de los dedos para manejar el smartphone y, en especial, el pulgar, está alterando nuestro cerebro.

Cada región del cuerpo, desde los dedos hasta la mandíbula y la lengua, tiene un área de procesamiento particular en nuestro centro emocional del cerebro, la corteza somatosensorial. Estas áreas son flexibles y pueden cambiar. En el caso de los violinistas, por ejemplo, el área de representación de los dedos que guían el instrumento es mayor que en otras personas.

El científico Arko Ghosh, del Instituto de Neuroinformática de la Universidad de Zurich y la Escuela Politécnica Federal de Zurich (Suiza), decidió investigar el impacto que la destreza de los dedos de los usuarios de teléfonos inteligentes tiene sobre el cerebro y descubrió que la plasticidad diaria del cerebro humano podría ser investigado según el uso del smartphone.

"Los teléfonos inteligentes nos ofrecen la oportunidad de entender cómo la vida normal moldea el cerebro de la gente común", explica Ghosh. Trabajando en equipo con colegas de la Universidad de Friburgo (Alemania), analizó la activación en la corteza sensoriomotora desencadenada por movimientos de los dedos. Los científicos utilizaron electroencefalografía para medir la actividad cerebral cortical en 37 personas diestras, de las cuales 26 eran usuarios de smartphone con pantalla táctil y 11 usuarios de teléfonos celulares antiguos.

Un total de 62 electrodos colocados en la cabeza del sujeto grabaron este potencial basado en los movimientos de los dedos pulgar, índice y dedo medio. Los resultados revelaron que la representación cortical en los usuarios de teléfonos inteligentes con pantalla táctil difería en comparación con las personas con teléfonos móviles convencionales.

Ghosh también demostró que la frecuencia de uso del smartphone influye en la actividad cortical. Cuanto más se había utilizado el móvil en los últimos diez días, mayor era la señal en el cerebro. Esta correlación fue la más fuerte, en la zona que representa el pulgar.

"A primera vista, este descubrimiento parece comparable a lo que sucede en los violinistas", explica Ghosh. Sin embargo, los investigadores fueron capaces de hallar dos distinciones: en primer lugar, que el tiempo que los usuarios de teléfonos inteligentes han poseído y utilizado un dispositivo no influye, mientras que, en el caso de los violinistas, la actividad en el cerebro depende de la edad a la que comenzaron a tocar.

En segundo lugar, hay una conexión lineal entre la activación en el cerebro y el uso más reciente de un teléfono inteligente, mientras que no hubo evidencia de esto para los violinistas en estudios anteriores. "La tecnología digital que utilizamos a diario moldea el procesamiento sensorial en el cerebro y en una escala que nos sorprendió", concluye el neurocientífico.

https://www.diariopanorama.com/noticia/188077/escribir-smartphone-altera-nuestro-cerebro

El uso del smartphone ¿es excesivo en tu hijo? Algunos padres permiten que sus hijos usen el smartphone para distraerse, sin embargo, su uso excesivo puede ser perjudicial para su salud y desarrollo.
Hoy en día es común que los niños tengan su propio teléfono inteligente. De hecho, si tu hijo aún no tiene uno, prepárate porque no debe faltar mucho tiempo para que te lo pida.  Aunque el teléfono facilita la comunicación con tu pequeño, debes tener presente que el uso del smartphone en niños  puede no ser demasiado beneficioso.
En primer lugar, los niños se convierten en personas sedentarias. Esto puede desarrollar enfermedades como la obesidad e incluso, diabetes.  Además, el smartphone causa adicción y cuando el niño no lo tiene a la mano puede presentar irritabilidad, agresividad e ira.

Aparte de tener acceso a esta clase de contenido, algunos niños ponen en riesgo su integridad moral al dejar sus datos personales en los cuadros de registro de de paginas webs pornograficas. Para evitar esto debes revisar constantemente el historial de búsqueda. Si consigues que ha revisado material pornográfico, conversa y explícale por qué no debe frecuentar este tipo de páginas.



12.
 
El gran experimento: cómo el móvil pone al límite a tu cerebro
 
El cerebro humano no ha evolucionado para soportar una carga de información social tan grande y constante.

Las características del smartphone han creado un cóctel perfecto.
 
El mundo académico estudia de forma amplia el impacto de los smartphones en nuestras vidas, pero por ahora no parece haber mucho consenso. Existen estudios afirmando que son capaces de exacerbar los síntomas de la ansiedad ya presentes en las personas, otros trabajos concluyen que el impacto que tienen no excede de una pérdida de concentración, mientras que otros van más allá y aseguran que son una serie de elementos inocuos de forma independiente pero que forman un conjunto adictivo.
Exdirectivos de redes sociales y empresas tecnológicas hablan de “el nuevo tabaco”, “no sabemos lo que hacen al cerebro de nuestros hijos” y otras frases similares. La conclusión general es que son un bien preciado, una nueva herramienta de la que hemos abusado. Hay diversos trucos que podemos usar y que parecen ayudar en algunos casos.

En el pasado no podíamos meter nuestro ordenador debajo de la almohada, llevarlos con nosotros al supermercado para mirarlo mientras hacíamos cola, o aprovechar que nuestros hijos están jugando en el parque para echar una mirada rápida. Pero el teléfono sirve para eso y más. Nos permite una sensación de conexión constante con el mundo que puede abotargarnos psicológicamente.

Depende mucho de cada persona, pero el flujo de notificaciones, contactos y actividad puede llegar a ser demasiado. El cerebro humano, acostumbrado durante su evolución a tratar un flujo de información social más o menos estable, se enfrenta a un nuevo reto que puede resultar esta vez imposible de superar.


Cuando todo el mundo está conectado todo el tiempo el flujo de información se hace imposible de manejar para menores y adultos”

Incluso la postura prolongada por el uso del smartphone puede ser perjudicial a largo plazo.
 

El Número de Dunbar, acuñado así por el antropólogo Robin Dunbar en los años 90, respondía a una relación entre el tamaño y desarrollo cognitiva del cerebro en primates y la magnitud del grupo social que podía mantener. Para humanos, esa cifra estaba en torno a los 150. A partir de ahí, según el británico, se difuminaban las líneas de los grupos cohesivos y estables. Otros psicólogos, antropólogos y primatólogos han dado otras cifras que van desde los 80 a los 290, pero la cifra de Dunbar sigue siendo la más reseñada.
El propio Dunbar hizo un estudio para Facebook en 2010. Analizando perfiles de usuarios con cientos de amigos, incluso más de mil, en la red social encontraron que el número de conexiones reales en el círculo interno volvía a quedarse cerca de esta cifra de 150 detectada dos décadas antes.
Seguimos a mucha gente, recibimos muchas notificaciones y nuestro cerebro tiene que filtrar demasiado ruido”
 
Pero el problema va más allá de las conexiones personales que podamos realizar. Los smartphones, además de su reducido tamaño, conexión permanente y gran portabilidad, han añadido una forma de interacción que simplemente no existía de forma masiva hace una década: las notificaciones. Un sistema de atención constante que permite estar al tanto de las novedades al segundo. Quién ha dicho qué, qué ha ocurrido dónde, qué acabas de lograr.
Las notificaciones son una simple herramienta, pero durante estos años las apps, juegos y plataformas sociales las han retorcido hasta lograr niveles de acción inauditos. Dicho de otra forma, a base de millones de experimentos han conseguido encontrar qué notificaciones enviadas en qué momento, con qué texto y contexto nos hacen pinchar más veces, estar más minutos en su aplicación. El objetivo es afinar sus algoritmos a nuestros perfiles, tener una huella mejorada de la personalidad de cada usuario.
Cuando no abres un juego durante un tiempo y vuelves, muchos desarrolladores han añadido cambios que hacen que las nuevas partidas sean más fáciles. Te ponen rivales humanos con menos nivel o los puzzles resultan ser más asequibles. La meta: que nuestro subconsciente vuelva a disfrutar de superar un reto y que sigamos jugando. Más minutos jugados, más anuncios vistos. Y cuando juguemos lo suficiente y el reto sea muy alto, quizá pensemos en pagar por superarlo.
Ahora, desde agencias gubernamentales, ex empleados de tecnológicas, asociaciones de padres o académicos de ciencias sociales se pide a las compañías que desmonten el coliseo a la dopamina que han construido. No va a ocurrir. Es un negocio excesivamente goloso que ha propulsado a Facebook, Tencent, Apple, Google y otras compañías a valoraciones astronómicas en bolsa. Es como pedirle a tu camello que te ayude a dejarlo.
Pedir a las grandes tecnológicas que solucionen la adicción al móvil es como pedirle a tu camello que te ayude a dejarlo”
 
Apple se ha comprometido a lanzar nuevas mejoras y restricciones para menores de edad en sus dispositivos, y que los padres sean capaces de conducir mejor el desarrollo cognitivo de sus hijos. Limitar la inundación de información constante, especialmente de los tipos más perjudiciales, parece ser bueno para los muy plásticos cerebros de los menores. El reto para los padres —y sociedad— es ser capaces de marcarse unos límites al entretenimiento y la información sin formación académica para hacerlo. Es como informar a tus hijos de las ventajas y desventajas de una droga, y luego dejarles probar un poco bajo tu supervisión con la esperanza de que no desenfoque en un adicción.
Ver YouTube durante horas, estar atentos a quién nos deja un “me gusta” en Instagram o responder a los grupos de WhatsApp queda lejos de los efectos de las drogas, el tabaco o el alcohol. La noción de que pueda ser perjudicial es intuitiva pero también rápidamente desechada por nuestro cerebro, ávido de una notificación nueva con un chiste, una persona especial que nos responde con un emoticono de un corazón o un cofre lleno de monedas virtuales en el juego de moda.

Cuando toda la sociedad está enganchada, ¿quién es el responsable de dar la voz de alarma?”
 
https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20180116/4437326194/smartphones-notificaciones-abuso.html



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Agosto de 2022
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