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Salud y Cambio Climático

 

1.

Así afecta el cambio climático a nuestra salud mental
Desde la ecoansiedad a la solastalgia, pasando por estrés, miedo o insomnio, son muchas las consecuencias del deterioro del planeta para quienes lo habitamos.
 
¿Quién puede negar ya el cambio climático? No hay más que encender la televisión para ver una catástrofe tras otra en zonas del mundo a las que jamás imaginaríamos que afectaría el deshielo de los polos. Lluvias torrenciales, inundaciones, terribles sequías, monstruosos incendios, mares de plástico flotando en los océanos, millones de personas desplazadas en todo el mundo… es difícil aislarse de la realidad, si es que no te has visto afectada ya por ella.
Es obvio que las personas afectadas por desastres naturales derivados del cambio climático experimentan miedo y grandes traumas psicológicos. Pero son muchos los estudios que hablan ya de miedo, tristeza y ansiedad entre la población general por las consecuencias de los cambios que está experimentando el Planeta. Hasta la OMS lo considera ya un indicador de las consecuencias de este fenómeno. “El cambio climático es algo que llevamos sufriendo durante muchos años pero no ha sido hasta estos últimos años cuando se ha tomado conciencia y medidas sobre ello”, dice Laura Llobet, psicóloga clínica de mediQuo.
¿De verdad la situación es como para asustarnos? “Por supuesto, tal y “tal y como dice la joven activista Greta Thunberg ‘I want you to panic’ (Quiero que entréis en pánico)”, dice Francisco Benedito, CEO de la plataforma Save The Planet Now y uno de los 100 top influencers de los ODS. Para este experto está claro que “las consecuencias del cambio climático tales como el aumento del nivel del mar, el deshielo de los polos y sobre todo el aumento extremo de las temperaturas, tendrán repercusiones directas sobre nuestra salud física y mental”. “De hecho, es tanto lo que nuestro estado mental se ve afectado, que condiciona nuestro nivel de vida”, añade.
“Sin embargo -apunta Llobet-, los estudios que hay sobre este tema son muy recientes y es complejo demostrar científicamente cuáles son las consecuencias directas del cambio climático en la salud psíquica de las personas”. Pero, como resalta esta psicóloga, “en los estudios realizados hasta el momento se ha podido observar que hay una relación entre cambio climático y salud mental pero debemos seguir investigando sobre ello para poder obtener respuestas más específicas”. “Personalmente, creo que no debemos pasar por alto lo que está sucediendo en nuestro planeta y debemos tomar medidas sobre ello para que esto, que es consecuencia nuestra, no acabe con nuestra salud física y mental”, concluye.
Ecoansiedad y solastalgia
Estudios realizados en EEUU han acuñado ya dos términos para hablar de los efectos del cambio climático sobre nuestra psique: ecoansiedad y solastalgia. ¿En qué consisten? Como explica Llobet, “la solastalgia es un neologismo que aparece como consecuencia de que las personas tengan que emigrar de su país o desplazarse a otros lugares dentro como consecuencia de desastres naturales”.”Es muy similar al sentimiento que siente una persona cuando emigra de su entorno familiar”. El psicólogo Juan Cruz es quien habla de ecoansiedad o ansiedad climática y lo define como “el miedo crónico a la destrucción medioambiental”. “Las personas, por diferentes motivos, empatizamos con el sufrimiento del planeta y esto es lo que nos hace sufrir la ecoansiedad”, apunta la psicóloga de mediQuo.
Cómo nos afecta el aumento de la temperatura
Esta es, sin duda, una de las consecuencias del cambio climático que más se está notando en los habitantes del planeta. Parece que el aumento de la temperatura tiene probados efectos fisiológicos sobre la salud física y mental, por lo que Naciones Unidas ha incluido la salud mental como indicador para analizar el impacto del cambio climático”, dice Llobet.
Alteraciones en el sueño, cansancio, ansiedad, son algunos de los efectos inmediatos de un aumento de la temperatura en las personas. Según Benedito, cuanto peor sea nuestra salud física, peor será nuestra salud mental. “Cuando una persona se expone a temperaturas elevadas, el cuerpo activa una serie de mecanismos de defensa para mantener la temperatura dentro de un rango seguro. Sin embargo, estos mecanismos tienen sus límites y, si se traspasan, ocurre el fenómeno llamado ‘estrés por calor’, que provoca calambres, síncopes y agotamiento”, explica este experto. “Los síntomas que se experimentan en estos casos incluyen dolor de cabeza, cansancio, vómitos y confusión y, podrían llegar a causar el fallo de múltiples órganos (riñones, hígado, corazón, pulmones, cerebro y sistema sanguíneo)”, añade.
“Además –continúa Benedito-, según los datos de la Organización Mundial de la Salud, la contaminación del aire es responsable de aproximadamente siete millones de muertes prematuras cada año a nivel mundial, en gran parte en pacientes con enfermedades cardiovasculares o enfermedades respiratorias”.
Qué podemos hacer para proteger nuestra salud
¿Qué podemos hacer si estamos demasiado preocupados por las consecuencias del cambio climático en el Planeta o si hemos sufrido alguna catástrofe relacionada con él, como inundaciones o incendios? Según la psicóloga de mediQuo, “el Analista Duncan Geere propone tres cosas que podemos hacer como individuos que me parecen muy interesantes y que todos podemos poner en práctica”, dice Llobet. “La primera es tener en mente el cambio climático cuando comemos, compramos o viajamos. En segundo lugar, propone que hablemos sobre el tema con los de nuestro alrededor para que todo el mundo vaya tomando conciencia de la importancia y las repercusiones que tiene y la tercera, según mi punto de vista un poco más complicada, propone que exijamos acciones de los políticos y las compañías con los mecanismos que cada uno tenga a su alcance”.
Tomar medidas, aunque sean pequeñas, en nuestros propios hogares y hábitos, ¿puede ayudarnos a sentirnos implicados en el problema y así reducir la ansiedad que puede provocarnos? “Sí, sentirnos implicados en el problema nos ayudará a sentirnos bien con nosotros mismos, realizados y, consecuentemente, la ansiedad podrá reducirse, afirma Llobet. “Creo que lo más importante es que cada uno aporte su granito de arena y haga todo lo que esté en sus manos para poder aportar aunque sea un pequeño cambio”, añade.
11 años para salvar el planeta
Según el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), nos quedan escasamente 11 años para solucionar la deriva del cambio climático, pues de otra forma el problema será irreversible y nos llevará progresivamente hasta la extinción. La ONU ya lo ha denominado la sexta extinción masiva, pues nos enfrentamos a estas consecuencias con un aumento de cinco o seis grados de temperatura promedio global de la Tierra. “Hablamos de una crisis climática en la que hemos conseguido que algo que tenía que ocurrir en 2.000 años, ocurra en 100 años”, afirma José Lindo, CEO de Climatecoin y cofundador de Save The Planet Now.
¿Has oído hablar de Save The Planet Now? Pues puede ser una forma sencilla de implicarte en la lucha para salvar el planeta. Se trata de un movimiento para que los ciudadanos puedan apoyar, de forma sencilla y directa, los proyectos que luchan contra el cambio climático, la preservación de los ecosistemas y el mantenimiento de la biodiversidad. “La lucha contra el cambio climático es un carro del que debemos tirar todos”, dice Benedito. “En Save the Planet Now no solo permitimos participar en proyectos con el mayor impacto sobre el Cambio Climático que progresivamente iremos incrementando en intensidad acorde al crecimiento del alcance de nuestra iniciativa, sino que tratamos de aportar en nuestras redes información útil de lo que cualquiera de nosotros podemos hacer para ayudar en nuestro día a día. Se trata de cuidar nuestro hogar y, si entre todos somos capaces de poner nuestro granito de arena, no habrá porque alarmarse. Solamente hay que ser conscientes de que el Planeta se está agotando, que es nuestro hogar y que si no lo cuidamos nosotros nadie más lo va a hacer”.
Hay dos formas de participar en Save The Planet Now. “En primer lugar tenemos las tarjetas prepago en puntos de venta Carrefour, Media Markt, Worten y Fnac. Desde solamente 5 euros, es posible comprar tu tarjeta, y apoyar uno de los distintos proyectos que forman parte de esta iniciativa”, nos cuenta Benedito. “Y en segundo lugar está la web www.savetheplanetnow.esen tan solo un clic puedes compensar tu huella de carbono personal o colaborar con el proyecto que tu elijas (5€ equivalen a la compensación de 1 tonelada de CO2).
https://www.elle.com/es/living/psico/a29854551/cambio-climatico-efectos-salud-mental/

 

2.
Cambio climático y salud
30 de octubre de 2021
Datos y cifras
El cambio climático: la mayor amenaza para la salud de la humanidad
Y los profesionales sanitarios de todo el mundo ya están respondiendo a los daños para la salud causados por esta crisis en curso.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha llegado a la conclusión de que, para evitar impactos sanitarios catastróficos y prevenir millones de muertes relacionadas con el cambio climático, el mundo debe limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C. Las emisiones del pasado ya han hecho inevitables un cierto nivel de aumento de la temperatura mundial y otros cambios en el clima. Sin embargo, un calentamiento mundial de incluso 1,5°C no se considera seguro; cada décima de grado de calentamiento adicional tendrá un grave impacto en la vida y la salud de las personas.
Aunque nadie está a salvo de estos riesgos, las personas cuya salud se está viendo perjudicada en primer lugar y de forma más grave por la crisis climática son las que menos contribuyen a sus causas y las que menos pueden protegerse a sí mismas y a sus familias: las personas de países y comunidades de bajos ingresos y desfavorecidos.
La crisis climática amenaza con deshacer los últimos cincuenta años de progreso en materia de desarrollo, salud mundial y reducción de la pobreza, y con ampliar aún más las desigualdades sanitarias existentes entre las poblaciones y dentro de ellas. Pone en grave peligro la realización de la cobertura sanitaria universal (CSU) de diversas maneras, entre ellas agravando la carga de enfermedad existente y exacerbando los obstáculos existentes para acceder a los servicios de salud, a menudo en los momentos en que más se necesitan. Más de 930 millones de personas —alrededor del 12% de la población mundial— dedican al menos el 10% de su presupuesto familiar a pagar la atención de salud. Dado que los más pobres carecen en gran medida de seguro, las crisis y tensiones relacionadas con la salud ya empujan a unos 100 millones de personas a la pobreza cada año, y los efectos del cambio climático empeoran esta tendencia.
Riesgos para la salud sensibles clima
El cambio climático ya está afectando a la salud de muchas maneras, por ejemplo, provocando muertes y enfermedades por fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, como olas de calor, tormentas e inundaciones, la alteración de los sistemas alimentarios, el aumento de las zoonosis y las enfermedades transmitidas por los alimentos, el agua y los vectores, y los problemas de salud mental. Además, el cambio climático está socavando muchos de los determinantes sociales de la buena salud, como los medios de subsistencia, la igualdad y el acceso a la atención de salud y las estructuras de apoyo social. Estos riesgos para la salud sensibles al clima afectan de forma desproporcionada a las personas más vulnerables y desfavorecidas, como las mujeres, los niños, las minorías étnicas, las comunidades pobres, los migrantes o desplazados, las poblaciones de edad avanzada y las personas con problemas de salud subyacentes.
Aunque es inequívoco que el cambio climático afecta a la salud humana, sigue siendo difícil estimar con precisión la magnitud y el impacto de muchos riesgos para la salud sensibles al clima. Sin embargo, los avances científicos nos permiten atribuir progresivamente un aumento de la morbilidad y la mortalidad al calentamiento inducido por el hombre, y determinar con mayor precisión los riesgos y la magnitud de estas amenazas para la salud.
A corto y medio plazo, los efectos del cambio climático sobre la salud vendrán determinados principalmente por la vulnerabilidad de las poblaciones, su resiliencia al ritmo actual del cambio climático y el alcance y ritmo de la adaptación. A más largo plazo, los efectos dependerán cada vez más de la medida en que se tomen ahora medidas transformadoras para reducir las emisiones y evitar que se alcancen umbrales de temperatura peligrosos y posibles puntos de inflexión irreversibles.
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/climate-change-and-health

3.
Así afecta el cambio climático al sistema inmune
El aumento global de las temperaturas podría alterar el sueño y, como consecuencia, debilitar la respuesta inmunitaria en las personas, según un nuevo trabajo de investigación realizado en la Universidad de Ciencias de la Salud de California (UCLA, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos.
Hasta ahora, hay pocos estudios sobre cómo la temperatura ambiental, o del aire circundante, afecta al sueño, pero ya indican que las temperaturas más cálidas contribuyen a los trastornos del descanso.
También se ha demostrado que un sueño deficiente se asocia con un mayor riesgo de enfermedades infecciosas y podría hacer que algunas vacunas sean menos eficaces, según aclaró Michael Irwin, profesor de psiquiatría y ciencias biológicas de la UCLA, en una revisión de la investigación publicada en la revista ‘Temperature’.
Dada la investigación que muestra una posible relación entre la falta de sueño y la reducción de la respuesta inmunitaria, Irwin afirmó que esto plantea preguntas oportunas sobre si el cambio climático provoca un mayor riesgo de enfermedades infecciosas en medio de la actual pandemia de Covid-19, un brote de viruela del mono y la reaparición del poliovirus en Nueva York (Estados Unidos) y Londres (Reino Unido).
«Nadie había planteado antes esta idea de que la actual crisis climática está contribuyendo a la alteración del sueño y que posiblemente esté contribuyendo a la alteración del riesgo de enfermedades infecciosas que estamos viendo», destacó Irwin, director del Centro Cousins de Psiconeuroinmunología del Instituto Jane y Terry Semel de Neurociencia y Comportamiento Humano de la UCLA.
Para el investigador, el tema también plantea importantes implicaciones sobre las disparidades, ya que las comunidades de bajos ingresos se enfrentan a un mayor riesgo de calor y tienen menos acceso al aire acondicionado.
Según concluye Irwin, existe una estrecha relación entre el sueño y la termorregulación, es decir, el modo en que los seres humanos mantienen una temperatura interna estable.
Los estudios experimentales han demostrado que la reducción de la temperatura del aire a un rango en el que los seres humanos pueden mantener una temperatura corporal normal sin gastar un exceso de energía mejora la calidad del sueño, mientras que el aumento de la temperatura del aire provoca un aumento de la vigilia.
Los datos de una encuesta realizada a 765.000 personas en Estados Unidos también revelaron que el aumento de las temperaturas nocturnas amplificaba las noches de sueño insuficiente, con los mayores efectos durante el verano y entre las personas de menores ingresos y de edad avanzada.
Así, se cree que el sueño ayuda a preparar la respuesta del cuerpo ante posibles lesiones o infecciones que puedan producirse al día siguiente. Cuando se interrumpe el sueño, se produce un aumento de la inflamación y se reduce la capacidad del organismo para combatir las infecciones.
Esto significa que puede haber un mayor riesgo entre los adultos mayores y los pacientes con trastornos inflamatorios, como las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de depresión, que tienen una mayor prevalencia de insomnio.
En este sentido, algunos pequeños estudios experimentales en humanos indican que un sueño deficiente también podría dar lugar a una peor respuesta a la vacuna. En un estudio, por ejemplo, las personas que tuvieron cuatro noches seguidas de privación parcial del sueño antes de recibir una vacuna trivalente contra la gripe tuvieron una reducción del 50 por ciento en los títulos de anticuerpos en comparación con los que tenían un sueño normal.
Otros estudios que analizaron los efectos de la interrupción del sueño después de la vacunación contra la gripe o la hepatitis sugieren que la corta duración del sueño, al menos en adultos sanos, está probablemente asociada a una menor respuesta inmunológica adaptativa y posiblemente a la protección clínica.
Además, la duración del sueño también se asocia con los resultados del riesgo de enfermedades infecciosas. La investigación básica ha demostrado que una mayor duración del sueño conlleva una disminución de la carga bacteriana y una mayor supervivencia en una serie de modelos de enfermedades infecciosas. Las encuestas también han mostrado una asociación entre un sueño más corto y un mayor riesgo de infección.
Aunque hay abundantes pruebas de que los trastornos del sueño y los síntomas depresivos han aumentado considerablemente durante la pandemia de Covid-19, se sabe poco sobre cómo el sueño deficiente puede estar afectando al riesgo de infección por Covid-19 y a los resultados.
Sin embargo, un estudio reciente de más de 46.000 pacientes indicó que una perturbación significativa del sueño se asoció con un aumento de más de 2 veces en el riesgo de mortalidad para los pacientes que tenían Covid-19, mientras que no se encontró una asociación similar en los que no lo tenían.
Según Irwin, las futuras investigaciones sobre este tema deberían evaluar cómo la alteración de la temperatura ambiental afecta al sueño y, como consecuencia, a la función inmunitaria. A su juicio, también debería prestarse atención a cómo el aumento de las temperaturas ambientales puede estar afectando a comunidades diversas y desfavorecidas.
“Al igual que la pandemia está afectando de forma desproporcionada a los grupos étnicos y socioeconómicamente desfavorecidos con resultados más mórbidos, podría ser que el aumento de la temperatura ambiente que estamos observando esté exagerando aún más esos perfiles de riesgo», sugirió.
https://cienciaysalud.cl/2022/08/19/dormir-poco-nos-hace-mas-vulnerables-a-las-enfermedades-infecciosas-asi-afecta-el-cambio-climatico-al-sistema-inmune/

4.
Por qué el cambio climático sigue siendo la mayor amenaza para la salud humana
18 de noviembre de 2021El aire contaminado y el aumento constante de las temperaturas están relacionados con efectos sobre la salud que van desde el aumento de los infartos hasta la propagación de enfermedades infecciosas y traumas psicológicos.Personas de todo el mundo están siendo testigos de primera mano del modo en que el cambio climático puede causar estragos en el planeta. El aumento constante de las temperaturas medias alimenta incendios forestales cada vez más intensos, huracanes y otras catástrofes que ya son imposibles de ignorar. Y mientras el mundo se ha sumido en una pandemia mortal, los científicos vuelven a dar la voz de alarma una y otra vez (la última, en la recientemente clausurada cumbre del clima COP26): el cambio climático sigue siendo la mayor amenaza para la salud humana de la historia.
En agosto -cuando los incendios forestales hacían estragos en Estados Unidos, Europa y Siberia- el Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó en una declaración que "los riesgos que plantea el cambio climático podrían eclipsar los de cualquier enfermedad".
El 5 de septiembre, más de 200 revistas médicas publicaron un editorial conjunto sin precedentes que instaba a los líderes mundiales a actuar. "La ciencia es inequívoca", escriben. "Un aumento global de 1,5°C por encima de la media preindustrial y la pérdida continuada de biodiversidad suponen un riesgo de daño catastrófico para la salud que será imposible de revertir".
A pesar de los graves peligros que plantea el COVID-19, los autores del artículo de opinión opinan que los gobiernos del mundo "no pueden esperar a que pase la pandemia para reducir rápidamente las emisiones". En lugar de ello, sostienen, todos deben tratar el cambio climático con la misma urgencia que el COVID-19.
A continuación se exponen las formas en que el cambio climático puede afectar a la salud -incluidos algunos efectos menos evidentes pero aún perniciosos- y por qué los científicos afirman que no es demasiado tarde para evitar la catástrofe.
Contaminación del aire
El cambio climático está causado por el aumento de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra, sobre todo por las emisiones de combustibles fósiles. Pero la quema de combustibles fósiles también puede tener consecuencias directas para la salud humana. Esto se debe a que el aire contaminado contiene pequeñas partículas que pueden inducir accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos al penetrar en los pulmones y el corazón, e incluso viajar al torrente sanguíneo. Esas partículas pueden dañar los órganos directamente o provocar una respuesta inflamatoria del sistema inmunitario al intentar combatirlas. Se calcula que la contaminación atmosférica provoca entre 3,6 y 9 millones de muertes prematuras al año.
"Las cifras varían", afirma Andy Haines, profesor de cambio ambiental y salud pública de la London School of Hygiene and Tropical Medicine y autor del libro Planetary Health, publicado recientemente. "Pero todos coinciden en que es una gran carga para la salud pública". (Relacionada: Tres de cada cuatro europeos respira aire contaminado).
Las personas mayores de 65 años son las más susceptibles de sufrir los efectos nocivos de la contaminación atmosférica, pero muchas otras también corren peligro, afirma Kari Nadeau, directora del Centro Sean N. Parker de Investigación sobre Alergias y Asma de la Universidad de Stanford (Estados Unidos). Las personas que fuman o consumen vapeadores corren un mayor riesgo, al igual que los niños con asma.
La contaminación del aire también tiene consecuencias para los alérgicos. El dióxido de carbono aumenta la acidez del aire, lo que hace que se extraiga más polen de las plantas. Para algunas personas, esto puede significar simplemente que se enfrentan a molestos y largos brotes de alergias estacionales. Pero para otras, puede ser una amenaza mortal.
"Para las personas que ya padecen una enfermedad respiratoria, es un problema", dice Nadeau. Cuando el polen entra en las vías respiratorias, el cuerpo crea mucosidad para deshacerse de él, que puede llenarse y asfixiar los pulmones.
Incluso las personas sanas pueden experimentar resultados similares si los niveles de polen son especialmente intensos. En 2016, en el estado australiano de Victoria, una fuerte tormenta eléctrica se combinó con altos niveles de polen para inducir lo que The Lancet ha descrito como "la mayor y más catastrófica epidemia de asma por tormenta eléctrica del mundo." Fueron tantos los residentes que sufrieron ataques de asma que las salas de urgencias se vieron desbordadas, y al menos 10 personas murieron a consecuencia de ello.
El cambio climático también está empeorando los incendios forestales, y el humo de los mismos es especialmente tóxico. Según un estudio reciente, los incendios pueden ser responsables del 25% de la contaminación atmosférica peligrosa en EE.UU. Nadeau explica que el humo contiene partículas de todo lo que el fuego ha consumido a su paso, desde neumáticos de goma hasta sustancias químicas nocivas. Estas partículas son diminutas y pueden penetrar aún más en los pulmones y órganos de una persona.
Calor extremo
Las olas de calor son mortales, pero al principio los investigadores no veían una relación directa entre el cambio climático y los efectos nocivos de las olas de calor y otros fenómenos meteorológicos extremos. Haines afirma que el número de pruebas ha ido creciendo. "Ahora tenemos una serie de estudios que han demostrado que podemos atribuir con gran confianza los resultados sanitarios al cambio climático", afirma.
Más recientemente, Haines señala un estudio publicado a principios de este año en Nature Climate Change que atribuye al cambio climático más de un tercio de las muertes relacionadas con el calor. Como informó National Geographic en su momento, el estudio descubrió que el número de víctimas era aún mayor en algunos países con menos acceso al aire acondicionado u otros factores que hacen a la gente más vulnerable al calor. 
Esto se debe a que el cuerpo humano no está diseñado para soportar temperaturas superiores a los 37 °C, afirma Nadeau. El calor puede romper los músculos. El cuerpo tiene algunas formas de lidiar con el calor, como la sudoración. "Pero cuando hace calor en el exterior todo el tiempo, no se puede hacer nada frente a eso, y los músculos del corazón y las células comienzan a morir y degradarse literalmente", dice.
Si te expones a un calor extremo durante demasiado tiempo y no eres capaz de liberar adecuadamente ese calor, el estrés puede causar una cascada de problemas en todo el cuerpo. El corazón tiene que esforzarse más para bombear la sangre al resto de los órganos, mientras que el sudor extrae del cuerpo minerales necesarios como el sodio y el potasio. La combinación puede dar lugar a infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
La deshidratación por la exposición al calor también puede causar graves daños a los riñones, que dependen del agua para funcionar correctamente. Para las personas cuyos riñones ya están empezando a fallar -sobre todo los adultos mayores-, Nadeau dice que el calor extremo puede ser una sentencia de muerte. "Esto está ocurriendo cada vez más", afirma.
Otros estudios también han establecido vínculos entre las altas temperaturas y los partos prematuros y otras complicaciones del embarazo. No está claro por qué, pero Haines dice que una hipótesis es que el calor extremo reduce el flujo de sangre al feto.
Inseguridad alimentaria
Una de las formas menos directas -pero no por ello menos perjudiciales- en que el cambio climático puede afectar a la salud es alterando el suministro mundial de alimentos.
El cambio climático reduce la cantidad de alimentos disponibles y los hace menos nutritivos.  Según un informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el rendimiento de los cultivos ya ha empezado a disminuir como consecuencia del aumento de las temperaturas, el cambio de los patrones de precipitación y los fenómenos meteorológicos extremos. Mientras tanto, los estudios han demostrado que el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera puede despojar a las plantas de zinc, hierro y proteínas, nutrientes que los seres humanos necesitan para sobrevivir.
La desnutrición está relacionada con una serie de enfermedades, como las cardiopatías, el cáncer y la diabetes. También puede aumentar el riesgo de retraso del crecimiento en los niños, lo que puede perjudicar la función cognitiva.
El cambio climático también pone en peligro lo que comemos del mar. El aumento de la temperatura de los océanos ha llevado a muchas especies de peces a migrar hacia los polos de la Tierra en busca de aguas más frías. Haines afirma que la consiguiente disminución de las poblaciones de peces en las regiones subtropicales "tiene grandes implicaciones para la nutrición", porque muchas de esas comunidades costeras dependen del pescado para obtener una cantidad considerable de proteínas en su dieta.
Es probable que este efecto sea especialmente perjudicial para las comunidades indígenas, afirma Tiff-Annie Kenny, profesora de la facultad de medicina de la Universidad Laval de Quebec (Canadá) que estudia el cambio climático y la seguridad alimentaria en el Ártico canadiense. A estas comunidades les resulta mucho más difícil encontrar fuentes alternativas de proteínas, dice, bien porque no las hay o porque son demasiado caras. "Entonces, ¿qué va a comer la gente en su lugar?", se pregunta.
Enfermedades infecciosas
A medida que el planeta se calienta más, la región geográfica en la que viven las garrapatas y los mosquitos se amplía. Estos animales son conocidos vectores de enfermedades como el virus del Zika, el dengue y la malaria. A medida que atraviesan los trópicos de Cáncer y Capricornio, dice Nadeau, los mosquitos y las garrapatas traen más oportunidades para que estas enfermedades infecten mayores franjas del mundo.
"Antes se quedaban en esos pequeños sectores cercanos al Ecuador, pero ahora, por desgracia, debido al calentamiento del norte de Europa y Canadá, se puede encontrar el Zika en lugares que no se esperaban", dice Nadeau.
Además, las condiciones climáticas, como la temperatura y la humedad, pueden influir en el ciclo vital de los mosquitos. Haines dice que hay pruebas particularmente sólidas que demuestran que, en algunas regiones, el cambio climático ha alterado estas condiciones de manera que aumenta el riesgo de que los mosquitos transmitan el dengue.
También hay varias formas en las que el cambio climático está aumentando el riesgo de enfermedades que pueden transmitirse a través del agua, como el cólera, la fiebre tifoidea y los parásitos. A veces esto sucede de una forma bastante directa, como cuando la gente interactúa con aguas sucias de las inundaciones. Pero Haines dice que la sequía puede tener efectos indirectos cuando la gente, por ejemplo, no puede lavarse las manos o se ve obligada a beber de fuentes de agua dulce de salubridad más dudosa.
Salud mental
Una repercusión común de cualquier desastre relacionado con el clima es el daño a la salud mental. La angustia causada por los cambios ambientales drásticos es tan importante que ha recibido su propio nombre: solastalgia.
Nadeau afirma que los efectos sobre la salud mental han quedado patentes en sus estudios sobre las visitas a las salas de urgencias derivadas de los incendios forestales en el oeste de EE.UU. La gente pierde sus casas, sus trabajos y, a veces, a sus seres queridos, y eso tiene un efecto inmediato. "¿Cuál es el problema más grave que se produce? El psicológico", dice. Los fenómenos meteorológicos extremos, como los incendios forestales y los huracanes, provocan tanto estrés y ansiedad que, a la larga, pueden conducir a un trastorno de estrés postraumático e incluso al suicidio.
Otro factor común es que el cambio climático causa un daño desproporcionado a las personas más vulnerables del mundo. El 2 de septiembre, la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA) publicó un análisis que muestra que las comunidades de minorías raciales y étnicas están especialmente en riesgo. Según el informe, si las temperaturas aumentan en 2°C, las personas de raza negra tienen un 40 por ciento más de probabilidades de vivir en zonas con los mayores aumentos previstos de muertes relacionadas. Otro 34% tiene más probabilidades de vivir en zonas con un aumento del asma infantil.
Además, los efectos del cambio climático no se producen de forma aislada. En un momento dado, una comunidad puede enfrentarse a la contaminación del aire, la inseguridad alimentaria, las enfermedades y el calor extremo, todo a la vez. Kenny dice que eso es especialmente devastador en comunidades donde la inseguridad alimentaria y la pobreza ya son elevadas. Esta situación no se ha estudiado adecuadamente, dice, porque "es difícil captar estos choques que puede acarrear el clima".
Por qué hay motivos para la esperanza
En los últimos años, los científicos y los activistas medioambientales han empezado a presionar para que se investigue más acerca de los innumerables efectos del cambio climático sobre la salud. "Una de las cosas más sorprendentes es que ha habido una verdadera escasez de fondos para el cambio climático y la salud", dice Haines. "Por eso, algunas de las pruebas que tenemos son todavía fragmentarias".
Aun así, no se pierde la esperanza. En el Acuerdo de París de 2016, los países de todo el mundo se comprometieron a limitar el calentamiento global a menos de 2 °C -y preferiblemente a 1,5 °C - mediante la reducción de sus emisiones. "Cuando se reducen esas emisiones, se benefician tanto la salud como el planeta", afirma Haines.
Mientras tanto, científicos y activistas medioambientales han propuesto soluciones que pueden ayudar a la gente a adaptarse a los efectos del cambio climático sobre la salud. Entre ellas están las alertas tempranas de calor y los centros de refrigeración específicos, cadenas de suministro más resistentes y liberar a los centros sanitarios de la dependencia de la red eléctrica.
Nadeau sostiene que la pandemia de COVID-19 también representa una oportunidad para que los líderes mundiales piensen en grande y de forma más estratégica. Por ejemplo, la pandemia ha puesto al descubierto problemas de eficiencia y equidad que han llevado a muchos países a reestructurar sus instalaciones sanitarias. En el proceso, dice, pueden buscar nuevas formas de reducir los residuos y las emisiones, como conseguir que más hospitales utilicen energías renovables.
"Está en nuestras manos hacerlo", dice Nadeau. "Si no hacemos nada, sería un cataclismo".
https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2021/11/por-que-el-cambio-climatico-sigue-siendo-la-mayor-amenaza-para-la-salud-humana

5.
Clima y Salud: Como Afectan nuestro bienestar
Aunque no suele concederse mucha importancia al papel que desempeña el clima en la salud o en la sensación de bienestar de las personas, algunos profesionales de la salud lo consideramos fundamental. El grado de susceptibilidad varía en cada persona, pero casi todo el mundo ha sentido las cualidades vigorizantes del aire de la montaña y conoce los efectos de un día soleado en su estado de ánimo.
La temperatura también afecta la salud de manera indirecta. Por ejemplo, en temporadas de frío riguroso, la gente permanece en espacios cerrados y hace menos ejercicio; los lugares concurridos suelen caldearse excesivamente y ventilarse mal, lo que crea condiciones ideales para la proliferación de toda clase de microorganismos infecciosos. Por último, la tentación de entrar en calor comiendo y bebiendo más de lo normal (con frecuencia golosinas dulces, comidas abundantes y grasas, café y bebidas alcohólicas) puede dar origen a malos hábitos.
La relación entre Clima y Buena Salud
Las concentraciones altas de iones positivos se presentan antes de las tormentas, en condiciones de mucha contaminación y en espacios cerrados, donde el uso de aparatos, calefacción y telas sintéticas agravan el problema. Entre los trastornos atribuibles al exceso de iones positivos se cuentan el dolor de cabeza, la tensión muscular, la depresión e incluso un empeoramiento de afecciones respiratorias como el asma. Las personas afectadas podrían sentir alivio con un aparato ionizador (Ionización).
La ciencia hoy ya estudia la influencia de los procesos atmosféricos en algunos estados de salud.
La atmósfera de la Tierra está compuesta de muchos gases. Los más abundantes son el nitrógeno y el oxígeno (este último es el que necesitamos para respirar). El resto, menos de una centésima parte, son gases llamados «de invernadero». No los podemos ver ni oler, pero están allí. Algunos de ellos son el dióxido de carbono, el metano y el dióxido de nitrógeno.
En pequeñas concentraciones, los gases invernadero son vitales para nuestra supervivencia. Cuando la luz solar llega a la Tierra, un poco de esta energía se refleja en las nubes; el resto atraviesa la atmósfera y llega al suelo. Gracias a esta energía, por ejemplo, las plantas pueden crecer y desarrollarse.
Pero uno de los problemas que afronta la humanidad hoy en día, es la degradación del medio ambiente como consecuencia de la explotación masiva de los recursos naturales, de las concentraciones industriales, urbanas y de la enorme cantidad de sustancias contaminantes arrojadas tanto a la atmósfera como al medio terrestre. Esta situación ha dado lugar a que poco a poco se pierda la capacidad asimiladora y regeneradora de la naturaleza, propiciando un grave problema de contaminación ambiental. Las consecuencias de la contaminación no solo se traducen en efectos directos al ser humano, sino también en la generación de fenómenos que afectan el medio ambiente, como son las lluvias ácidas.
Cuáles son los contaminantes del medio ambiente
Los contaminantes atmosféricos son tan numerosos que resulta difícil agruparlos. Una agrupación bastante frecuente está formada por los siguientes grupos:
Óxidos de carbono
Incluyen el dióxido de azufre y el trióxido de azufre.  En conjunto, más de la mitad del que llega a la atmósfera es emitido por actividades humanas, sobre todo por la combustión de carbón y petróleo y por la metalurgia. Otra fuente muy importante es la oxidación del H2S. Y, en la naturaleza, es emitido en la actividad volcánica.
Óxidos de nitrógeno
Incluyen el óxido nítrico, el dióxido de nitrógeno y el óxido nitroso. En concentraciones altas producen daños a la salud y a las plantas y corroen tejidos y materiales diversos. Las actividades humanas que los producen son, principalmente, las combustiones realizadas a altas temperaturas.
Compuestos orgánicos volátiles
El metano es el más abundante y más importante de los hidrocarburos atmosféricos. Es  un contaminante que se forma de manera natural en diversas reacciones del metabolismo. El ganado y las reacciones de putrefacción forman metano en grandes cantidades. Se considera que no produce daños en la salud ni en los seres vivos, pero influye de forma significativa en el efecto invernadero y también en las reacciones meteorológicas.
Partículas y aerosoles
En la atmósfera permanecen suspendidas substancias muy distintas como partículas de polvo, polen, hollín (carbón), metales (plomo, cadmio), asbesto, sales, pequeñas gotas de ácido sulfúrico, dioxinas, pesticidas, etc. Se suele usar la palabra aerosol para referirse a los materiales muy pequeños, sólidos o líquidos. Partículas se suele llamar a los sólidos que forman parte del aerosol,   mientras que se suele llamar  polvo a la materia sólida de tamaño un poco mayor (de 20 micras o más). El polvo suele ser un problema de interés local, mientras que los aerosoles pueden ser transportados muy largas distancias.
Oxidantes
El ozono es la substancia principal en este grupo. El ozono es un gas de color azulado que tiene un fuerte olor muy característico que se suele notar después de las descargas eléctricas de las tormentas.
Substancias radiactivas
El problema con estas substancias está en los graves daños que pueden provocar. En concentraciones relativamente altas (siempre muy bajas en valor absoluto) pueden provocar cáncer y afectar a la reproducción de los seres vivos en general. Su presencia en la atmósfera se puede deber a fenómenos naturales. Por ejemplo, algunas rocas, especialmente los granitos y otras rocas magmáticas, desprenden isótopos radiactivos. Por este motivo, en algunas zonas hay una radiactividad natural mucho más alta que en otras.
Calor
El calor producido por la actividad humana en algunas aglomeraciones urbanas llega a ser un elemento de cierta importancia en la atmósfera de estos lugares. Por esto, se considera una forma de contaminación, aunque no en el mismo sentido lógicamente que el ozono, o el monóxido de carbono, o cualquier otro de los contaminantes estudiados.
Ruido
Puede ser un factor a tener muy en cuenta en lugares concretos: junto a las autopistas, aeropuertos, ferrocarriles, industrias ruidosas; o en fenómenos urbanos: locales o actividades musicales, cortadoras, sirenas, etc.
Otros contaminantes
La contaminación electromagnética es un tipo de contaminación física sobre el que cada vez se está hablando más. Dispositivos eléctricos tan habituales como las líneas de alta tensión y algunos electrodomésticos, originan campos electromagnéticos.
Algunos de estos contaminantes atmosféricos son substancias que se encuentran de forma natural en la atmósfera. Los consideramos contaminantes cuando sus concentraciones son notablemente más elevadas que en la situación normal.
El calentamiento global que sufre la Tierra podría traer consigo precipitaciones mucho más abundantes que las previstas, según un estudio publicado en Science Express.
Durante los próximos 100 años, las lluvias podrían incrementarse tres veces más rápido de lo previsto inicialmente si los gases de “efecto invernadero” que provocan el calentamiento global continúan adelante, según el estudio de Remote Sensing Systems, una firma privada de investigación en Santa Rosa, California.
¿Qué podemos hacer para cuidar al medio ambiente y a nuestra Salud ?
Todos estamos obligados a tomar medidas para frenar el cambio climático y el aumento del efecto invernadero. No podemos actuar directamente sobre gobiernos, grandes empresas o multinacionales, pero sí podemos ayudar al saneamiento con acciones individuales que están a nuestro alcance.
Podemos dejar de utilizar los CFC y utilizar aerosoles no perjudiciales para el medio ambiente, a la vez que reciclar y destruir los CFC que provienen de otras fuentes.
El metano procedente de los excrementos del ganado, aprovecharlo para producir energía.
Plantar árboles y, en la medida de lo posible, conservar su entorno para que no se convierta en un bosque salvaje con los riesgos que ello conlleva.
No malgastar energía y aislar adecuadamente nuestras casas para aprovechar mejor esta.
No malgastar los recursos escasos como el agua.
Reducir el consumo de combustible de los automóviles, caminando más o utilizar transportes colectivos.
Reciclar todos nuestros residuos domésticos.
El Clima y la capa de ozono
El clima en la tierra es difícil de predecir, porque hay muchos factores a tener en cuenta:
La lluvia, la luz solar, los vientos, la temperatura… Por eso no podemos saber exactamente qué efectos traerá el calentamiento global, pero se intuyen que estos serán muy severos, ya que las actividades humanas están afectando al clima de una manera muy peligrosa.
La capa de ozono es un compuesto gaseoso situado en la estratosfera, a 25 o 30 km desde la línea del suelo, ejerce entre otras la función de absorber la radiación de los rayos UV.
Si no existiera este filtro padeceríamos daños como:
Alteraciones en el sistema inmunológico del organismo.
Influiría negativamente sobre las moléculas de ADN.
Nuestra visión se vería atacada, provocando cataratas.
Dañaría los cromosomas de la piel, pudiendo provocar más cánceres y otras enfermedades.
Las plantas se deteriorarían por la exposición continua a estos rayos sin filtro.
También se verían afectados los ecosistemas marinos, tan necesarios para el equilibrio biológico.
Conclusión
Debemos pues tomar conciencia de la importancia que tenemos para la conservación de la vida. Nuestra responsabilidad sobre el uso indiscriminado de los adelantos científicos es vital, hasta el punto de comprometer la vida de las generaciones futuras.
Todos juntos, debemos y tenemos que responsabilizarnos con esa gran deuda que contrajimos  con la Naturaleza y cuidar y proteger la capa de ozono, ya que todos salimos perjudicados por igual de esa catástrofe.
Las consecuencias que implican la destrucción de la Naturaleza son incalculables.
Podemos avanzar de forma sostenible, creciendo, pero conscientes de que tenemos que cuidar esa herencia de nuestros padres y entregarla a nuestros hijos.
https://www.naturopatamasdeu.com/clima-y-salud/



6.
El cambio climático, la salud humana y el desarrollo sostenible
La salud de la población como "estado sostenible" (1) exige el continuo apoyo de actividades que permitan tener aire puro, agua limpia, suficientes alimentos, una temperatura tolerable, un clima estable, protección contra la radiación ultravioleta solar y altos grados de diversidad biológica. Los cambios socioeconómicos y las intervenciones sanitarias han mejorado la salud de la población en los últimos decenios, aunque todavía hay muchas disparidades en el estado potencial de salud alcanzado a escala mundial y sigue habiendo morbilidad enmendable y mortalidad prematura (2). No obstante, como efecto desfavorable del desarrollo económico, han comenzado a ocurrir cambios de salud resultantes del deterioro de las condiciones del medio ambiente mundial.
El Segundo Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (Intergovernmental Panel on Climate Change, IPCC) confirmó que las actividades humanas, sobre todo la quema de combustibles fósiles, han aumentado las concentraciones atmosféricas de gases importantes con efecto invernadero que pueden ocasionar el calentamiento de la superficie de la Tierra (3). También se determinó poco probable que el aumento de 0,3 a 0,6 °C de la temperatura de la superficie del planeta observado en los últimos 100 años se deba a la variabilidad natural del sistema climático, y se llegó a la conclusión de que el resto de las pruebas indican una clara influencia humana sobre el clima mundial.
El cambio climático debido a actividades humanas compromete ahora la sostenibilidad del desarrollo humano en el planeta porque amenaza los sistemas de apoyo ecológico de los que dependen la vida (4), la salud y el bienestar de la humanidad, cuya continua mejora debe ser la meta primordial del proceso de desarrollo propiamente dicho.
 
El concepto del desarrollo sostenible
El concepto del desarrollo sostenible se discutió por primera vez en 1980 en la publicación titulada World conservation strategy, pero solo logró amplia aceptación unos 10 años después. En 1987, en el informe titulado Our common future de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (6), se lanzó la siguiente definición del desarrollo sostenible que ha sido ampliamente citada: "El desarrollo que atiende a las necesidades de la generación actual sin poner en peligro las necesidades de las futuras generaciones". Esta definición antropocéntrica se basa en el principio de equidad entre las generaciones, en que se estipula que las futuras generaciones no deben heredar la carga de problemas ambientales evitables.
En esta reseña, el desarrollo sostenible se define desde un punto de vista más ecocéntrico: "Mejorar la calidad de la vida humana y, al mismo tiempo, vivir dentro de la capacidad máxima admisible de los ecosistemas de apoyo" (7). Esta definición tiene la ventaja de reconocer que el desarrollo es un proceso destinado a mejorar las condiciones de vida de la población y, al mismo tiempo, a reconocer que la capacidad del medio ambiente para apoyar esa iniciativa esfuerzo es limitada. De conformidad con ello, la Comisión de la OMS sobre la Salud y el Medio Ambiente declaró muy explícitamente que ninguna clase de desarrollo puede calificarse de sostenible si causa daño a la salud y al bienestar del ser humano.
El Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre los Cambios Climáticos tiene por objetivo primordial la estabilización de las concentraciones de gases con efecto invernadero a un nivel que prevenga los efectos "peligrosos" para el sistema climático, y exige concretamente que ello se logre dentro de un marco cronológico suficiente ". . . para asegurarse de que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de una forma sostenible". Además, los principios del Convenio exigen específicamente que al lograr ese objetivo se tenga en cuenta a los países con particular vulnerabilidad a los efectos adversos del cambio climático. En los principios del Convenio también se reconoce el derecho que tiene cada país a lograr un desarrollo sostenible. 
El cambio climático y la salud humana: ¿desarrollo sostenible?
Todos los sistemas ecológicos y socioeconómicos indispensables para el desarrollo y bienestar del ser humano, incluso para la salud, son sensibles a la velocidad y magnitud del cambio climático. Un Grupo de Trabajo Interinstitucional establecido para evaluar los posibles efectos sanitarios del cambio climático reconoció que esa evaluación debe hacerse contra el telón de fondo de muchos cambios ambientales a escala mundial, no todos relacionados con el clima. King ha señalado que varios países en desarrollo están "atrapados en sentido demográfico" porque las comunidades han excedido o posiblemente excederán la capacidad máxima admisible de sus ecosistemas locales, su capacidad para emigrar y la capacidad de la economía para producir bienes y servicios a cambio de alimentos y artículos de primera necesidad. Esos fracasos del desarrollo sostenible ocurren independientemente del cambio climático y están marcados por los patrones de salud relacionados con las enfermedades infecciosas, la malnutrición y el hambre (aliviada en parte con ayuda alimentaria) y los actos genocidas de agresión en masa.
El cambio climático podría infligir más estrés a ecosistemas ya sobrecargados. En el plano mundial, el Grupo de Trabajo Interinstitucional prevé que algunos de los efectos más graves del aumento de temperatura y del cambio de la precipitación, la mayor frecuencia de acontecimientos climáticos extremos y la elevación del nivel del mar en todo el mundo podrían recaer sobre algunos de los países menos desarrollados. Además, se prevé que el hambre específica de cada región aumentará mucho en cualquiera de los marcos hipotéticos del clima mundial aceptados por el IPCC, aun si se deja campo para considerar el efecto del crecimiento demográfico propiamente dicho. En la actualidad, alrededor de 530 millones de personas están expuestas anualmente al riesgo de sufrir hambre: al llegar el año 2060 podría haber otros 40 a 300 millones (en relación con una población estimada de 640 millones de personas expuestas al riesgo de hambre para ese entonces, sin los efectos del cambio climático) por causa de varios factores, incluso del crecimiento demográfico. Esta expectativa, que puede ser optimista, se basa en proyecciones de los cambios del potencial de producción agrícola de los principales cultivos básicos y los cambios resultantes de la productividad en cada uno de los marcos hipotéticos del cambio climático aceptados por el IPCC.
Alrededor de 250 000 personas mueren cada año como consecuencia de desastres naturales y cerca de 95% de esas defunciones ocurren en los países pobres. Esta distribución es quizá un buen punto de reflexión sobre las diferencias en el grado de mitigación de los efectos de los desastres y de preparación para situaciones de esa índole que existen entre los países ricos y pobres. Por ende, no es difícil prever dónde se producirá la mayoría del daño adicional si llegan a ocurrir cambios climáticos extremos con más frecuencia o cuando la elevación del nivel del mar destruya más zonas costeras. Puesto que varios de los países más vulnerables a los efectos de los desastres naturales (India, Bangladesh y África subsahariana) ya están superpoblados, no hay campo para mitigar esos efectos con evacuación obligada o planificación del uso restringido de la tierra.
La elevación del nivel del mar, las inundaciones y la erosión del litoral tendrán un efecto directo en la viabilidad de muchas poblaciones costeras. Las estimaciones indican que alrededor de 46 millones de personas están expuestas actualmente al riesgo de mareas de tormenta. Sin tener en cuenta el crecimiento demográfico previsto y las medidas de adaptación, una elevación de 50 cm del nivel del mar (escala proyectada actualmente: de 15 a 115 cm en el siglo venidero) aumentaría esa cifra a 92 millones de personas. Esa elevación del nivel del mar podría amenazar a culturas enteras y forzar a las poblaciones a una emigración interna o internacional.
Se prevén cambios en la distribución de las enfermedades infecciosas y una mayor frecuencia de infecciones nuevas y reemergentes en todos los marcos hipotéticos de cambio climático aceptados por el IPCC. Por ejemplo, podría aumentar la carga mundial neta de la malaria (población actualmente expuesta a riesgo: 2,4 X 109), aunque la menor humedad del suelo reduzca su incidencia en algunas zonas. Una estimación indica que otros 100 a 700 millones de personas podrían estar expuestas al riesgo de malaria causada por el cambio climático debido a actividades humanas en el año 2050 y que otros 1 000 millones podrían estar infectados al llegar el año 2100.
Los ecosistemas naturales proporcionan muchos bienes y servicios importantes para el desarrollo sostenible, entre ellos los siguientes: alimentos, fibra, medicinas y energía; absorción y conservación de carbono y otros nutrientes; asimilación de desechos, purificación del agua, regulación de la escorrentía y control de las inundaciones, la degradación del suelo y la erosión de las playas; y actividades de recreo y turismo. El cambio climático puede alterar la composición de muchos ecosistemas y reducir la diversidad biológica y los servicios que proporcionan los ecosistemas. Es posible que algunos ecosistemas forestales y montañosos desaparezcan del todo y que la desertificación se agrave y no sea tan fácil de corregir. Los ecosistemas acuáticos y marinos importantes para el turismo, las reservas de agua dulce, la pesca y la diversidad biológica, como las zonas húmedas costeras, los arrecifes de coral y los deltas fluviales, estarán expuestos a un mayor riesgo por el cambio climático y la elevación del nivel del mar.
La materialización de las posibles repercusiones del cambio climático para la salud pública dependerá de las suposiciones hechas, la idoneidad de los modelos usados y el grado de mitigación y adaptación factible, aceptable y económicamente asequible. Es de esperar que un país con una producción agrícola en deterioro, pero con suficiente potencial de crecimiento industrial, alimente a su población con bienes importados. Un país exento de malaria con un sistema de salud pública en buen funcionamiento puede frenar el peligro de la malaria sin siquiera aumentar el gasto del sector de la salud. Sin embargo, los efectos del cambio climático pueden ser acumulativos para las poblaciones vulnerables: la malnutrición puede exacerbar la enfermedad y la muerte ocasionadas por enfermedades infecciosas, algunas de las cuales contribuyen a la malnutrición. El cambio climático antropógeno puede influir en la malnutrición y la infección.
 
Indicadores de sostenibilidad
¿Cómo se determina la "sostenibilidad"? ¿Cuáles son los indicadores del desarrollo sostenible (un indicador se define como una característica del estado y del comportamiento de un sistema dinámico) y cuáles son las metas y los valores de referencia de esos indicadores?
En los índices de salud convencionales, como las tasas de esperanza de vida y de mortalidad, no se tiene en cuenta que las bases de la salud humana dependen de la integridad y productividad de los procesos sustentadores de la vida de un ecosistema (particularmente de los relacionados con la estabilidad del clima y la producción de alimentos) (4). La salud de las poblaciones humanas es uno de los componentes de la compleja interacción que ocurre entre los procesos demográficos, biológicos, ecológicos, sociales y económicos. En el experimento modelo descrito a continuación, que se basa en un análisis de los efectos del cambio climático en la malaria, presentamos un sencillo ejemplo de cómo se pueden evaluar los indicadores económicos, ecológicos y sanitarios simultáneamente dentro de un mismo marco.
El cambio de temperatura se puede considerar como un indicador sencillo de riesgo ecológico: una tasa general de cambio de temperatura de 0,1 °C por decenio es el límite máximo en exceso del cual se prevé que aumentarán rápidamente los riesgos de grave daño a los ecosistemas y a las zonas costeras vulnerables y de cambios repentinos del sistema climático. El proceso conducente al efecto de un cambio climático debido a actividades humanas en la incidencia de malaria puede representarse por los posibles cambios de la carga de morbilidad causada por la malaria. En condiciones ideales, la carga de la morbilidad provocada por la malaria debe ser de cero, aunque quizá nunca se alcance ese nivel. Para fines de la salud, la meta aquí propuesta es, por tanto, un cambio de cero en la carga de la morbilidad (expresada como el número de años de vida perdidos ajustados en función de la discapacidad) (AVAD). Esto implica que cualquier aumento de la carga de la morbilidad se considera insostenible. El volumen de recursos asignados a servicios de salud puede servir de amortiguador contra los efectos adversos del cambio climático mundial para la salud. La dinámica y el grado de desarrollo económico, expresados como el crecimiento del producto interno bruto (PIB) per cápita, pueden considerarse indicadores de los medios a disposición del sector de la salud pública.
La carga de la morbilidad causada por la malaria, la velocidad con que cambia la temperatura y el desarrollo económico según los tres marcos hipotéticos aceptados por el IPCC (IS92a, IS92c e IS92e). Las máximas emisiones de gases con efecto invernadero provienen del marco hipotético IS92e, en que se juntan, entre otras suposiciones, una tasa moderada de crecimiento demográfico, un elevado crecimiento económico y una abundancia de combustibles fósiles. Las emisiones más pequeñas de gases con efecto invernadero provienen del marco hipotético IS92c, en que se presupone que la población crecerá y luego disminuirá a mediados del siglo venidero, que el crecimiento económico es bajo y que las existencias de combustibles fósiles son sumamente limitadas.
La meta de un aumento de la temperatura media mundial relativa de 0,1 °C por decenio se supera en todo el período de simulación (1990­2050) en los tres marcos hipotéticos empleados. La meta de un aumento nulo del número de años de vida sana perdidos por causa de malaria no se alcanza con ninguno de los cálculos y el mayor número de años de vida sana se pierden en el marco hipotético IS92e. Las proyecciones de crecimiento anual del PIB per cápita en el período 1955­1989 en las regiones maláricas varió de 1,0% en África subsahariana a 4,6% en Asia. Las presuposiciones de crecimiento económico en los marcos hipotéticos IS92a e IS92c son inferiores a las tasas históricas; el marco hipotético IS92e muestra un aumento del crecimiento económico. Sin embargo, puesto que las opciones de mitigación y adaptación que tienen los países dependen, por lo menos en parte, de la trayectoria de desarrollo de su economía que ya compromete la sostenibilidad (como en el caso de la mayoría de los países pobres), la carga de la morbilidad provocada por el cambio climático quedará sin mitigar o se mitigará a un alto costo para la economía. En cualquier caso, la sostenibilidad del desarrollo correrá mayor peligro del que habría tenido sin el cambio climático debido a actividades humanas.
 
Protección de la salud de la población
Los planes para proteger la salud humana contra los posibles efectos del cambio climático mundial (y los efectos relacionados que tienen para la salud humana las mayores concentraciones de radiación ultravioleta como resultado del agotamiento de la capa de ozono y la contaminación del aire de las zonas urbanas, tema no discutido aquí con detalles) exigen que se entiendan mucho mejor los mecanismos desencadenantes de la enfermedad en cada caso, los posibles efectos sinérgicos y la vulnerabilidad de las poblaciones. Es indispensable establecer indicadores válidos para los cambios en las condiciones de salud ambiental, en relación con los experimentos basados en el uso de modelos (como se discute en el presente artículo) y con la vigilancia de los indicadores de salud ambiental en regiones vulnerables. Por ejemplo, la vigilancia de la propagación de los mosquitos causantes de la malaria o de otros vectores a lugares actualmente exentos de las enfermedades que acarrean y la mejora de los sistemas de alerta anticipada sobre condiciones meteorológicas extremas y desastres naturales ayudarán a poner en práctica las medidas de preparación para situaciones de emergencia. El perfeccionamiento de los sistemas de pronóstico del clima y su aplicación a la planificación agrícola podrían ayudar a mejorar la seguridad alimentaria y a evitar el hambre generalizada como consecuencia de la pérdida de cultivos.
Los campos de investigación que conviene estimular a mediano plazo incluyen los siguientes: la elaboración de mejores modelos integrados para evaluar los riesgos que acarrean los ecosistemas para la salud humana a causa de la variabilidad del clima; la relativa importancia de las adaptaciones técnicas, como el acondicionamiento de aire y otras respuestas de adaptación a las variaciones extremas del clima; y la interacción del aumento de la temperatura con los mayores niveles de radiación ultravioleta y la calidad del aire exterior (particularmente en las zonas urbanas). En el plano nacional, convendría instar a los países a hacer una evaluación general de la vulnerabilidad de la población a los posibles efectos sanitarios de los diversos componentes del cambio climático, incluso un aumento de la radiación ultravioleta y de la contaminación del aire urbano.
Si los efectos para la salud humana que tiene el cambio climático en el largo plazo son tan graves como se indica, la base sostenida más eficaz para la mitigación consiste en reducir la emisión de gases con efecto invernadero (9). El sector de la salud puede desempeñar una función activa al asegurarse de que los gobiernos asignen prioridad a estrategias que reduzcan notablemente las emisiones de anhídrido carbónico, concentrándose sobre todo en medidas de uso eficiente de energía y en el aprovechamiento y uso de fuentes de energía renovables (22). Casi todas las evaluaciones del efecto del cambio climático se basan en marcos hipotéticos en que la concentración atmosférica de anhídrido carbónico es el doble de la registrada en la época preindustrial. Los posibles efectos sanitarios del cambio climático y el principio de precaución ofrecen argumentos racionales para estabilizar la concentración atmosférica en un nivel inferior al citado. También se necesita una transferencia de tecnologías de alto rendimiento energético para no desviar el desarrollo económico a corto plazo ni comprometer la atención de las necesidades de salud de la generación actual.
 
CONCLUSIONES
Esta breve reseña demuestra que el debate sobre los efectos sanitarios de los cambios climáticos y el desarrollo sostenible debe continuar a escala mundial y nacional, dentro de un marco integrado global. Cada país debe evaluar primero su actual situación de salud en función de factores de desarrollo económico y clima, y posteriormente su vulnerabilidad a los efectos sanitarios del cambio climático y sus posibilidades de mitigación y adaptación. Ulteriormente, es preciso adaptar las políticas en materia de población, agricultura e industria a metas ecológicamente aceptables en lo que respecta al bienestar de la población y a los efectos económicos para otros países, y someterlas a rigurosos criterios de sostenibilidad.
Aunque sigue habiendo incertidumbre en lo que respecta a la evaluación de lo que constituye un cambio climático "peligroso", los efectos proyectados del cambio climático para la salud internacional son una clara amenaza para el desarrollo sostenible, especialmente en las naciones más pobres del mundo y, por ende, ofrecen un argumento convincente para acelerar las negociaciones y medidas en marcha a fin de reducir las emisiones de gases con efecto invernadero. Como señala el IPCC: "Si se emplean con cuidado, esas respuestas ayudarían a enfrentar la dificultad del cambio climático y a mejorar las perspectivas de desarrollo económico sostenible de todos los pueblos y naciones".
https://www.scielosp.org/article/rpsp/1998.v4n2/100-105/#:~:text=El%20cambio%20clim%C3%A1tico%20debido%20a%20actividades%20humanas%20pone,1980%20se%20introdujo%20
el%20concepto%20del%20desarrollo%20sostenible.

 

 7.
La salud humana y la del planeta se vuelven inseparables
En el Día Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud dirige la atención a la crisis climática, la mayor amenaza para la salud que enfrenta la humanidad, y alerta sobre la necesidad de tomar medidas que permitan recuperar un entorno saludable que asegure el bienestar de la población y del planeta
 
05/04/2022 
La contaminación atmosférica, el aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos o la disponibilidad y calidad del agua y de los alimentos son algunos de los factores vinculados al cambio climático que afectan a nuestra salud. Una interconexión que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha querido convertir en el tema central del Día Mundial de la Salud que se celebra hoy bajo el lema “Nuestro planeta, nuestra salud”. 
En esta edición, la cita invita a personas, gobiernos y organizaciones de todo el mundo a reflexionar sobre los efectos del cambio climático en la salud de las personas y pretende concienciar sobre la importancia de tomar medidas que protejan nuestro planeta para contribuir, de este modo, a nuestro bienestar global.

Casi toda la población mundial (99%) respira un aire que supera los límites de calidad recomendados y pone en peligro su salud
Debido a la actividad humana y, en particular, al consumo de combustibles, durante los últimos 50 años el planeta ha recibido cantidades de CO2 y de otros gases de efecto invernadero que han causado un aumento de la retención de calor en las capas inferiores de la atmósfera y han alterado el clima mundial. Según la OMS, en los últimos 130 años, el mundo se ha calentado aproximadamente 0,85 ºC y, durante los últimos 30, cada década ha sido más cálida que cualquiera precedente desde 1850. 

En España, la Agencia Estatal de Meteorología cifra ese aumento de temperatura por década en 0,3 ºC desde los años sesenta, con un calentamiento más significativo en verano que en el resto de las estaciones y un incremento ligeramente superior al del conjunto de continentes en el periodo 1850-2012. 

Contaminación atmosférica

La mala calidad del aire puede provocar problemas respiratorios y cardiovasculares, especialmente en niños y personas mayores, y llegar a causar muertes prematuras.

Como consecuencia de este incremento de las temperaturas, ha seguido aumentando el nivel del mar, se ha acelerado la fundición de los glaciares y los regímenes de lluvia han cambiado, con fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes e intensos, además de haber empeorado significativamente la calidad del aire, uno de los factores más estrechamente vinculados a la salud humana. 

De hecho, la OMS alerta de que el 99% de la población respira un aire que supera los límites de calidad recomendados y pone en peligro su salud, y que las personas que viven en los países de ingresos bajos y medianos son quienes sufren las exposiciones más altas. 

La Organización Mundial de la Salud calcula que más de 13 millones de muertes al año en el mundo se deben a causas ambientales evitables 

Además, la Organización estima que siete millones de personas mueren cada año “por la exposición a las partículas finas contenidas en el aire contaminado, las cuales penetran profundamente en los pulmones y el sistema cardiovascular y provocan enfermedades como accidentes cerebrovasculares, cardiopatías, cáncer de pulmón, neumopatía obstructiva crónica e infecciones respiratorias, como, por ejemplo, neumonía”. 

La quema de combustibles fósiles para la energía, la industria y el transporte es la principal fuente de emisiones de carbono responsables del cambio climático y uno de los principales contribuyentes a la contaminación del aire perjudicial que, según la OMS, es la segunda causa principal de muerte por enfermedades no transmisibles en el mundo, responsable del 26% de las causadas por cardiopatía isquémica, el 24% de las provocadas por accidentes cerebrovasculares, el 43% por enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el 29% por cáncer de pulmón. 

También la contaminación del aire en las viviendas es otra de las principales causas de enfermedad y muerte prematura en los países en desarrollo, donde la exposición al humo producida por la quema de combustibles como el estiércol, la madera y el carbón en cocinas ineficientes o chimeneas abiertas genera contaminantes nocivos para la salud, además de contribuir al cambio climático (en el caso de la madera y el carbón, que fomentan la desforestación). 

La OMS estima que tres millones de personas —más del 40% de la población mundial— “no tienen acceso a combustibles y tecnologías de cocción limpios en sus hogares y que, cada año, cerca de cuatro millones de personas mueren prematuramente por enfermedades atribuibles a la contaminación del aire en los hogares, debido al uso de estufas ineficientes y contaminantes y al empleo de combustibles sólidos y queroseno, que, además producen emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen, asimismo, al cambio climático”.

Calor y desastres naturales

Solo tenemos que observar y analizar nuestro entorno para identificar muchos de los efectos del cambio climático: la presencia en el aire de polvo en suspensión, que sigue aumentando en frecuencia e intensidad; periodos de sequía o lluvias torrenciales que aparecen de forma brusca y en estaciones poco comunes; la existencia creciente de especies invasoras como la mosca negra, el mosquito tigre o la avispa asiática; temporales devastadores como el Gloria o el Filomena o las temperaturas extremas que se repiten cada verano y activan todas las alertas de salud pública son solo algunos ejemplos. 

De hecho, este aumento de las temperaturas, con olas de calor cada vez más frecuentes que han aumentado, según datos del informe COP24 Special Report elaborado por la OMS, un 46% entre 2000 y 2013, se asocian con defunciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias. 

Lo indica el exceso de mortalidad registrado en Europa en el verano de 2003, cifrado en 70.000 defunciones, 6.500 en España según el Instituto Carlos III de Madrid y un 53% más altas en Cataluña en relación con las mismas semanas de 2002. Lo apuntan, los datos del Colegio de Médicos de Barcelona en su documento “La salud del planeta, nuestra salud”, que también relaciona las altas temperaturas con complicaciones renales y efectos en la salud mental y en la reproducción. 

En este sentido, la OMS alerta que hasta 3.000 millones de personas mayores de 65 años (que son particularmente vulnerables) pueden estar expuestas a olas de calor para el año 2100, debido a una combinación del aumento de las temperaturas, el envejecimiento y la urbanización (con aglomeraciones que acentúan los efectos de las altas temperaturas). 

La OMS alerta que hasta 3.000 millones de personas mayores de 65 años (que son particularmente vulnerables) pueden estar expuestas a olas de calor para el año 2100

 

Por su parte, los desastres naturales asociados a la meteorología, al incremento del nivel del mar y a las lluvias más frecuentes e intensas se han triplicado desde la década de 1960 y son responsables de 60.000 muertes al año según la OMS, sobre todo en países en desarrollo. Además de los impactos inmediatos que provocan, como el desplazamiento de personas o el deterioro de los servicios de salud pública, este tipo de catástrofes tiene efectos sanitarios indirectos por su asociación al deterioro o a la contaminación del medio ambiente. 

Las inundaciones, por ejemplo, pueden acarrear “contaminantes y sustancias químicas de las instalaciones industriales, aguas residuales y aguas de alcantarillado que contaminen el agua potable y las tierras de uso agrícola. Cuando no existe un sistema seguro de vertido de aguas fecales y sustancias químicas, las inundaciones o las escorrentías pueden transportar contaminantes a mares y lagos e incluso llegar en algunos casos a nuestra cadena alimentaria”, apuntan en la Agencia Europea de Medio Ambiente. 

Impactos del cambio climático

En el Día Mundial de la Salud, la OMS destaca algunos datos clave que nos recuerdan el impacto del cambio climático en nuestra salud:

El cambio climático es una amenaza para la salud humana que genera enfermedades como el cáncer, el asma, las enfermedades cardíacas y enfermedades transmitidas por mosquitos como el dengue
La contaminación del aire mata a 13 personas cada minuto debido a cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares
El 99% de la población mundial (99%) respira un aire que supera los límites de calidad recomendados por la OMS y pone en peligro su salud
829.000 personas mueren de enfermedades diarreicas cada año causadas por agua contaminada y saneamiento deficiente
El aumento de las temperaturas y las inundaciones causadas por el cambio climático pondrán a dos mil millones de personas más en riesgo de infección
por dengue.

 
En contraposición a las lluvias torrenciales y las inundaciones, los periodos de sequía y la desertización también se están incrementando. De hecho, el primer informe anual del estado del clima en España, elaborado en 2019 por la Agencia Estatal de Meteorología, detalla cómo la precipitación media anual ha experimentado un moderado descenso en los últimos 50 años, a lo que se ha añadido una demanda evaporativa cada vez mayor como consecuencia del aumento de temperaturas experimentado. 

Entre otras consecuencias, esta tendencia a la desertización implica un aumento de los niveles de polen y otros alérgenos que pueden provocar asma, una dolencia que afecta a 300 millones de personas en el mundo y que se prevé que aumente en prevalencia con el incremento de temperaturas y repercuta en el rendimiento agrícola y ganadero y, por tanto, en la nutrición humana. 

La subida de temperaturas también aumenta el riesgo de incendios forestales que, de nuevo, más allá de sus consecuencias directas (víctimas mortales y daños materiales), causan contaminación atmosférica que, a su vez, se relaciona con enfermedades y muertes prematuras. 

Otra consecuencia del cambio de las temperaturas, con inviernos más suaves y veranos más húmedos, es la influencia que ejercen en los ecosistemas y la consecuente alteración de la distribución geográfica de especies que pueden actuar como huéspedes o vectores de enfermedades infecciones, capaces de sobrevivir y desarrollarse en nuevos territorios. Es el caso, por ejemplo, del mosquito tigre, procedente del sudeste asiático y ya asentado en Catalunya, que se considera transmisor de enfermedades al ser humano como la malaria, la Chicungunya o el virus del Nilo occidental, entre otras. 

La subida de temperaturas también aumenta el riesgo de incendios forestales que más allá de sus consecuencias directas causan contaminación atmosférica

Asimismo, a largo plazo, otros riesgos sanitarios asociados al cambio climático podrían afectar a la salud de la población mundial, como las variaciones de temperatura y precipitaciones que afectan a la producción alimentaria y que en algunas zonas del mundo podrían no solo agravar el problema de la malnutrición, sino también tener efectos generalizados al elevar los precios de los alimentos en todo el planeta. 
En definitiva, el cambio climático se alza como la principal amenaza para la salud mundial del siglo XXI, un problema real, y global, que sitúa el cuidado del medio ambiente como una prioridad.

Objetivo: contaminación cero

En mayo de 2021, la Comisión Europea adoptó el Plan de acción comunitario para la contaminación cero, uno de los compromisos integrados en el Pacto Verde de la UE que presenta una visión integrada para 2050 con un mundo en el que la contaminación deja de ser perjudicial para la salud humana y la de los ecosistemas naturales, así como los pasos para conseguirlo. 
Entre los principales objetivos claves del Plan para 2030 se encuentran la mejora de la calidad del aire para reducir en más de un 55% las muertes prematuras y afecciones sobre la salud humana relacionadas con la contaminación atmosférica; disminuir en un 25% el volumen de ecosistemas comunitarios amenazados por la misma causa y en un 30% la tasa de personas que sufren molestias crónicas por la contaminación acústica causada por el transporte. 
También incorpora entre sus metas disminuir a la mitad la pérdida de nutrientes del suelo y el uso de fitosanitarios en agricultura y ganadería, limitar en un 50% los residuos plásticos en el medio marino y en un 30% los microplásticos liberados al medio ambiente. 

https://www.lavanguardia.com/vida/20220405/8179116/salud-humana-planeta-inseparables-brl.html


8.
4 formas en las que el cambio climático influye en más de 200 enfermedades
25 agosto 2022
Que el cambio climático está cambiando nuestras vidas cada vez es más evidente.
Pero ahora, un equipo de la Universidad de Hawai (Estados Unidos) ha sacado un estudio donde aseveran que este ha influido en más de 200 enfermedades.
El estudio, publicado este mes de agosto en la revista científica Nature, tenía como motivación inicial encontrar si el cambio climático había influido en la aparición y expansión de la covid-19 pero se amplió y cruzaron datos con más de 70.000 artículos científicos y su incidencia en más de 200 enfermedades.
Camilo Mora, colombiano, profesor asociado en el Departamento de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Hawai, ha liderado este estudio de cómo se han visto afectadas hasta 200 enfermedades por el cambio climático.
"El cambio climático ha complicado el 58% de todas las enfermedades que hay en la humanidad", cuenta Mora. "Muchas enfermedades que ya están ahí, pero puede hacer que empeoren".
Para esto, explica con un ejemplo: "Yo me puedo sentir fuerte, pero de repente viene Mike Tyson. Puedo aguantar, pero me va a pegar una trilla (paliza). Pero si en ese mismo escenario se meten 3 más como él, no voy a sobrevivir".
"Es fuerte la vulnerabilidad que tenemos respecto a esto", añade.
En la investigación, los autores exponen que encontraron 3.213 ejemplos empíricos en los que los peligros climáticos estaban implicados en enfermedades patógenas.
Entre los principales fenómenos que causa el cambio climático, señalaron cuatro como los que afectan a más enfermedades: el calentamiento global, que incide en 160 enfermedades distintas, el aumento de las precipitaciones (en 122), las inundaciones (121) y la sequía (81).
Encontraron más de 1.000 vías únicas en las que "las amenazas climáticas, a través de diferentes tipos de transmisión, dieron como resultado casos de enfermedades patógenas" pero las englobaron en cuatro procesos generales y que tienen que ver con cómo se comportan el patógeno (lo que nos infecta de un modo o de otro) y quien se infecta, es decir, las personas.
1. Acercamiento de los patógenos al ser humano
Esto se refiere al cambio geográfico de las especies debido al cambio climático.
Cambia la zona en la que normalmente habitan por algo que esté relacionado con el cambio climático, como un aumento de lluvias, sequía o el deshielo de zonas de nieve y, debido a ello, los animales y todos los patógenos que traen con ellos, se desplazan.
Por ejemplo, explica Mora, los murciélagos que están en mitad de la selva y viven allí con sus patógenos. "Resultado, por ejemplo, de un incendio, el murciélago tiene que moverse, se acerca a nosotros y con él, todos sus patógenos".
"Se afecta su hábitat, estamos tirándole el rancho a los animales", sostiene.
Y ahí aumenta la probabilidad de contacto entre ambos y, por lo tanto, el contagio de cualquier enfermedad.
2. Acercamiento de las personas a los patógenos
Con el cambio climático ha habido fenómenos meteorológicos que se han incrementado y esto ha derivado en el desplazamiento de los seres humanos tanto de modo provisional como permanente a lugares donde se concentran los patógenos que nos causan diversas enfermedades.
Un caso es el incremento de huracanes, o las inundaciones. "Tienes que caminar por ahí (en el agua, en medio de una inundación) y eso está lleno de bacterias y virus. Tú te metes en el patógeno", apunta Mora.
Así, aumenta el contacto entre humano y patógenos y, por ende, la probabilidad de tener enfermedades asociadas a ello.
La sequía también ha hecho que las personas se desplacen.
"Por ejemplo, en África, la gente debe migrar donde hay agua. En el desplazamiento transportan animales y con ellos sus patógenos y todos se aglomeran en el mismo sitio donde está el agua".
Y, de nuevo, esto hace que la probabilidad de enfermarse por el aumento del contacto con los patógenos, aumente.
3. El cambio climático está haciendo que algunas enfermedades sean peores
Al cambiar las condiciones climáticas en algunos lugares, los organismos y patógenos o mueren o se adaptan. Por selección natural, sobreviven los más fuertes. Y esto tiene su incidencia en las enfermedades.
Por ejemplo, explica Mora, nosotros tenemos la fiebre como mecanismo para pelear contra algunas enfermedades y "esta genera unas condiciones que no gusta a los patógenos".
Pero a consecuencia de las olas de calor, los patógenos están tolerando temperaturas más altas.
"Si hay una ola de calor de 40 o 42 grados centígrados, mata a ciertos patógenos, pero los que sobreviven tienen la capacidad para soportar eso, que es una temperatura más alta que la fiebre humana normal. Así que el patógeno ya tiene la capacidad de contrarrestar tus defensas naturales", explica.
Este mismo incremento de la temperatura hace que se acelere el ciclo de reproducción en algunas especies.
También pasa con el incremento de las temporadas de lluvias en algunas zonas y, en su caso, con los mosquitos, importantes vectores de enfermedades como el chikungunya, la fiebre amarilla o el dengue.
"Si las condiciones óptimas de la cría de los mosquitos se extiende, por ejemplo, por dos meses, hay más oportunidades de que se reproduzcan", cuenta.
4. El cambio climático nos está haciendo más débiles y con peores defensas
Esto ocurre a través de varios mecanismos.
Uno tiene que ver con las infraestructuras y el acceso a ellas. Por ejemplo, "ante un huracán o una inundación, la caída de infraestructuras hace que no tengamos acceso a servicios de salud".
Pero también nos afecta a nivel corporal.
Por nombrar solo uno de ellos, este tipo de cambios generan una alteración del cortisol, la hormona que se activa ante los peligros para, a su vez, activar el mecanismo de "defensa" o de "huida".
"Esto afecta a nuestro sistema inmune y, si te infectas, tienes menor capacidad para pelear", señala Mora.
Los más "beneficiados"
Las enfermedades, que van desde diarrea hasta enfermedades cardiovasculares, encefalitis o dermatitis, tienen unos causantes principales: virus y bacterias, "los que más sobreviven", explica Mora.
La transmisión se hizo, principalmente, por el agua, aire, por contacto directo o por consumo de alimentos.
"Analizamos el efecto del cambio climático en cada enfermedad, pero no la magnitud, cómo se expande. Porque eso ya depende de muchas condiciones, como la cultura del país, condiciones socioeconómicas o las leyes y su apreciación que es complicado calcular", sostiene Mora.
Pero señala que cuantificar eso "quita responsabilidad al responsable real", el cambio climático.
"No se va al origen y hay que mirar qué enfermedades se podrían haber evitado desde el principio", apunta.
Sobre las enfermedades que contiene el estudio, dice que normalmente se pone el ojo en aquellas que son infecciosas pero hay otras como alergia -incide, una de las más comunes es la alergia al polen-, enfermedades respiratorias o conjuntivitis que se han agravado con el cambio climático y hay que prestarle atención.
Aunque en el estudio se señala que hay algunas enfermedades (algo más de 60) que en algunos casos mejoraron, "es complicado buscar esperanza".
Desde su casa en Valle del Cauca, Mora confiesa: "Esto es muy miedoso, la cantidad de sufrimiento que vimos en nuestro artículo".
Apunta que lo que han estudiado son casos que ya existieron pero que aún queda por ver "lo que se nos va a venir encima" si no se actúa y los políticos" dejan de pensar con el cerebro y le ponen corazón".

https://www.bbc.com/mundo/noticias-62662877


9.
"El calor extremo es un desastre que se puede tornar permanente"
ENTREVISTA A CRISTINA HUIDOBRO - SANTIAGO DE CHILE
28 de agosto de 2022
 
Todavía es una amenaza subestimada en América Latina, pero algunas ciudades ya se están poniendo en acción. DW habló con la Líder Contra el Calor Extremo de Santiago de Chile, primera con este cargo en la región.
 
Más del 40% de los chilenos (unos ocho millones) vive en Santiago, una metrópoli de alta densidad y contaminación, exceso de autos y residuos, insuficientes áreas verdes y fuertes inequidades. "Somos muy vulnerables a los impactos del cambio climático, como el calor extremo. Y además nuestra infraestructura y construcciones son poco resilientes", dice la arquitecta y urbanista Cristina Huidobro.
En marzo pasado fue nombrada Chief Heat Officer (CHO), jefa de Acción contra el Calor Extremo, por el gobernador de la Región Metropolitana de Santiago, Claudio Orrego. El cargo surge en el contexto de la alianza de ciudades líderes contra el calor extremo, organizada por el Centro de Resiliencia de la Fundación Rockefeller.
Santiago de Chile es la cuarta ciudad del planeta y la primera de América Latina en tener una encargada en este tema, después de Miami, Atenas y Freetown (capital de Sierra Leona). En junio se sumó Monterrey, México. Y, coincidentemente, todas son mujeres. "Es necesario tener una mirada distinta en la acción climática y las mujeres podemos ser un gran aporte. Este tema también va de la mano con la vulnerabilidad y el género. En Freetown, por ejemplo, hay proyectos para dar sombra a las mujeres que trabajan en mercados informales, que están muy expuestas", afirma Huidobro.
En Santiago, las mediciones de temperatura despiertan preocupación. El verano de 2015, la estación meteorológica de Quinta Normal registró la ola de calor más larga, de 14 días, con una máxima de 36,2 grados. Y mientras entre 2001 y 2010 hubo 38 olas de calor, de 2011 a 2020 ocurrieron 81, según datos de la Dirección Meteorológica de Chile.
 
DW: ¿Qué desafíos enfrenta como CHO?
Cristina Huidobro: Debemos prepararnos para el calor extremo y las olas de calor. Eso implica levantar información y generar protocolos. También crear conciencia sobre este tema, con campañas de comunicación y sensibilización, y promover medidas de autocuidado, porque la mayoría no entiende o no ve que esto sea un problema. Nadie cree que puede morir de calor. Por último, ver cómo la ciudad se adapta a este escenario que es nuevo para nosotros y llegó para quedarse.
¿Cómo impacto el calor a la ciudad?
Si bien el calor extremo nos afecta a todos, lo hace de manera desigual. Tenemos islas urbanas de calor, que son lugares donde las temperaturas aumentan entre 5 y 10 grados por sobre lo reportado por estaciones meteorológicas. Barrios con alta densidad y sin áreas verdes son los más afectados. Los edificios altos al menos dan sombra, pero no las casas y tampoco si no hay árboles, que además generan corrientes de viento. También por las condiciones materiales y de infraestructura, las casas de familias vulnerables, con techos de zinc o sin aislación, tienen temperaturas más elevadas. Sectores acomodados, en cambio, con la mayor superficie de áreas verdes por persona, tienen temperaturas más bajas. Queremos estudiar e intervenir para tener mayor equidad y empezaremos un programa de arbolado urbano donde hay más afectación de islas de calor.
¿Está en peligro la infraestructura?
En Europa han debido cerrar aeropuertos o se deforman las líneas de los trenes. Aquí no hemos llegado a hablar de eso y no sabemos cuál es nuestro límite. Una de las tareas es estudiar las normas, ver cómo está construida la infraestructura crítica, hasta qué temperatura puede aguantar y si es necesario cambiar normas de construcción.
¿Hay conciencia del riesgo de las olas de calor?
Ahora que estamos en invierno, se olvida. Además, está la idea de que mientras no lleguemos a 40 grados estamos bien. Y no es así. Cuando las temperaturas se mantienen más altas que el promedio por varios días, estresan al cuerpo y éste no logra recuperarse. Es muy importante descansar, hidratarse mucho y buscar sombra. Son medidas simples, pero la gran mayoría no las sabe o sigue con sus actividades. Científicos han investigado el tema y hay un proyecto de alerta temprana para monitorear las olas de calor. Es muy importante trabajar con la academia para dar el salto a la política pública y la gestión.
¿Cómo se han vivido las últimas olas de calor?
Se vieron como una noticia más, pero el calor extremo es un impacto del cambio climático que hay que mirar con una óptica de desastre, como sería la erupción de un volcán o un terremoto, sólo que es un desastre que se puede tornar permanente. Debemos entender que el clima cambió. Los mil glaciares que rodean el valle de la Región Metropolitana y son nuestra gran reserva de agua se están derritiendo hasta dos metros anualmente. A eso se suma que, aunque ha sido un invierno lluvioso, que seguimos con sequía.
¿Qué medidas están en la agenda para Santiago?
Primero debemos generar protocolos claros, como existen en otras ciudades. Por ejemplo, podríamos limitar las horas de trabajo al aire libre durante las olas de calor. Luego, diseñar infraestructura que ataque este problema. Tenemos un piloto de techos verdes y un plan de arbolado con especies nativas o aclimatadas, que son de bajo consumo hídrico, dan sombra, ayudan a generar viento y son corredores biológicos para insectos y pájaros. Además, ayudan a revertir la erosión y a infiltrar el agua de lluvia para que llegue a las napas subterráneas. Hoy, con ciudades muy impermeabilizadas, la lluvia termina en los sumideros y colectores. Y tercero, un plan maestro de ciclovías como alternativa de transporte, para ayudar a reducir emisiones que, junto con la poca ventilación en nuestra ciudad valle, contribuyen al aumento de temperaturas.
¿Están considerando asistir a las personas ante la emergencia de calor extremo?
Así como existe un código azul para ir en ayuda de personas en situación de calle los días de frío extremo, la idea es tener un código rojo para el calor. Evaluamos tener puntos de hidratación, como centros comunitarios o bibliotecas, donde la gente pueda ir a sentarse y pasar la ola de calor. En Santiago, los migrantes que viven en carpas en la calle son especialmente vulnerables.
¿Cuál es el riesgo para las personas?
El calor mata a más gente de la que sabemos, la cifra está subrepresentada. Más allá de la deshidratación que es obvia, se puede morir de un paro cardíaco o una falla renal y nadie asociarlo al calor. A nivel mundial, muere más gente por calor que por todos los efectos del cambio climático juntos, considerando inundaciones, huracanes, lluvia y otros, porque afecta en forma masiva y no se puede escapar a ello.
¿Está preocupada por lo que ocurra en los próximos veranos?
Los escenarios del cambio climático están acelerándose y adelantándose. No sabemos si tendremos problemas este verano o el próximo, pero los vamos a tener. Y cuanto antes nos preparemos, mejor. Es complejo, pero soy optimista. Creo que todavía podemos hacer algo, pero se requiere un sentido de urgencia. De lo que hagamos hoy veremos el fruto en una década. La intervención tiene que ser ahora.

https://www.dw.com/es/el-calor-extremo-es-un-desastre-que-se-puede-tornar-permanente/a-62954472




Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Agosto de 2022
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