645

  

Patrice Lumumba 


1.

Héroe antiimperialista de la República Democrática del Congo

“Sin dignidad no hay libertad, sin justicia no hay dignidad, y sin independencia no hay hombres libres.”

Patrice Lumumba

Líder nacionalista africano

Patrice Lumumba nació el 2 de julio de 1925 en Onalua, Katakokombe, Congo. Fue un líder anticolonialista y el primero en ocupar el cargo de primer ministro de la República Democrática del Congo, entre junio y septiembre de 1960. Su educación fue autodidacta, como consecuencia de ser expulsado de varias escuelas misionales. En 1958, decepcionado por las escasas posibilidades de acción social que le permitían las autoridades coloniales belgas, Patrice Lumumba tomó la decisión de orientarse hacia la lucha por la descolonización de actual República Democrática del Congo. Así, fundó el Movimiento Nacional Congolés, partidario de crear un Estado independiente y laico, cuyas estructuras políticas unitarias ayudaran a superar las diferencias tribales creando un sentimiento nacional. El movimiento se convirtió en el primer partido político de ámbito nacional. Al mismo tiempo, Lumumba se convirtió rápidamente en el principal líder político del país y, con el paso del tiempo, fue ganándose poco a poco el aprecio de otros líderes nacionalistas africanos, como Kwame Nkrumah, imponiéndose también a los restantes dirigentes autóctonos del Congo a partir de la Mesa Redonda de Bruselas, que preparó el camino a la independencia.

El 30 de junio de 1960, Lumumba pronunció un discurso histórico contra el racismo de los colonos en presencia del rey Balduino de Bélgica, durante la ceremonia oficial que marcó el nacimiento de la República Democrática del Congo.

El día siguiente, 1° de julio, Lumumba forjó el primer gobierno nacional, con Joseph Kasavubu como presidente y él como primer ministro, y proclamó la independencia. Los empresarios belgas, viendo sus intereses económicos amenazados, promovieron a través de los jefes militares belgas la rebelión de algunas unidades del ejército. En la confusión, la provincia de Katanga, región donde se encuentran las principales reservas mineras, se declaró república independiente, bajo la dirección de Moise Thombe. Con la excusa de proteger a su población, Bélgica envió tropas a Katanga en un intento de, mediante sus armas, sostener el gobierno secesionista. Ante esta situación, el gobierno de Kinshasa recurrió a la Organización Naciones Unidas (ONU) para expulsar a los belgas y ayudar a restaurar el orden. Las tropas belgas se negaron a evacuar, y continuaron apoyando la secesión de Katanga. Ante la negativa de la ONU a intervenir para acabar con la guerra katangueña, Lumumba solicitó ayuda a la Unión Soviética. En agosto reunió a los principales líderes africanos en Kinshasa, pidiéndoles unificar fuerzas con el gobierno del Congo. Estos movimientos en busca de apoyo, aunados a la ideología marxista de Lumumba, alarmaron a los poderes Occidentales y presionaron al presidente Joseph Kasavubu para acabar con él, cosa que hizo. El 5 de septiembre de 1960 se le destituyó del gobierno. Días después, el 14 de ese mismo mes, el coronel Joseph Mobutu, jefe del ejército congolés, asumió provisionalmente el control político. La ONU proporcionó protección a Lumumba, pero el 2 de diciembre, temiendo por su seguridad, el líder independentista intentó llegar por avión a Kisangani, donde contaba con mayor apoyo, pero fue detenido por el ejército.

Patrice Lumumba fue asesinado el 17 de enero de 1961. Su muerte fue la culminación de dos planes de asesinato interrelacionados de los gobiernos estadounidense y belga, que utilizaron cómplices congoleños y un escuadrón de ejecución belga para llevar a cabo el acto. Lumumba es recordado como un héroe nacional y un ícono de la resistencia anticolonial y antiimperialista.

https://www.cndh.org.mx/noticia/patrice-lumumba-heroe-antimperialista-de-la-republica-democratica-del-congo
 


2.
Patrice Lumumba
Dirigente de la emancipación del Congo (Katako-Kombé, Kasai, 1925 - Elisabethville, Katanga, 1961). Procedente de una de las regiones más pobres del centro del Congo belga, se instaló en 1947 en la capital de la colonia, Léopoldville (la actual Kinshasa). Su educación fue autodidacta, tras haber sido expulsado de varias escuelas misionales. Pronto se hizo notar en los movimientos asociativos indígenas por su militancia en favor de ideales igualitarios, antiimperialistas y pacifistas.
Defraudado por las escasas posibilidades de acción social que le permitían las autoridades coloniales belgas, desde 1958 se orientó decididamente hacia la lucha por la descolonización del Congo; fue entonces cuando fundó el Movimiento Nacional Congolés, partidario de crear un Estado independiente y laico, cuyas estructuras políticas unitarias ayudaran a superar las diferencias tribales creando un sentimiento nacional. En los años siguientes fue ganándose el aprecio de otros líderes nacionalistas africanos (como Kwame Nkrumah) y se impuso a los restantes dirigentes autóctonos del Congo con motivo de la Mesa Redonda de Bruselas, que preparó el camino a la independencia (1960). Las elecciones de aquel mismo año dieron el triunfo a su movimiento, que demostró ser el único con implantación en todo el país.
Convertido en primer ministro por el triunfo electoral, Lumumba aceptó un compromiso cediendo la presidencia de la República al líder moderado Joseph Kasavubu, partidario de una organización federalista del Estado que dejara subsistir las peculiaridades regionales (1960). Aun así, no pudo impedir que la precipitada retirada del ejército belga diera paso al caos político y social, con motines, pronunciamientos militares, ataques a la población blanca y disturbios generalizados.
La rebelión fue especialmente grave en la región minera de Katanga, que se declaró independiente bajo el liderazgo de Moïse Tshombé; Lumumba denunció que esta secesión había sido promovida por el gobierno belga en defensa de los intereses de la compañía minera que explotaba los yacimientos de la región. Lumumba pidió ayuda a la ONU, que envió un pequeño contingente de «cascos azules» incapaces de restablecer el orden, pero rehusó inmiscuirse en lo que consideró un «asunto interno» del Congo.
Viéndose aislado, recurrió al apoyo de la Unión Soviética, con lo que amenazó directamente los intereses occidentales en el marco de la confrontación entre las superpotencias; un golpe de Estado militar protagonizado por el coronel Mobutu Sese Seko -aliado enseguida con el presidente Kasavubu- se hizo con el control del poder en todo el Congo occidental.
Lumumba fue destituido y apresado cuando intentaba reunirse con sus partidarios, fuertes en el este del país. Mobutu lo entregó a los rebeldes de Katanga, que no dudaron en asesinarle. Para la posteridad, Lumumba ha quedado como mártir del nacionalismo africano y de sus aspiraciones de paz y justicia social, inspirando la resistencia de un movimiento lumumbista en su propio país.

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lumumba.htm 


 3.
La trágica historia de Patrice Lumumba, el líder congolés asesinado del que solo quedó un diente de oro

26 junio 2022
Patrice Lumumba llevó al Congo a la independencia.
Un diente con corona de oro es todo lo que queda del héroe independentista congolés Patrice Lumumba.
Fue asesinado a tiros en 1961 por un pelotón de fusilamiento con el respaldo tácito de la antigua potencia colonial Bélgica.
Su cuerpo fue enterrado en una tumba poco profunda, luego desenterrado y transportado 200 km para ser enterrado nuevamente. Después fue exhumado y luego cortado en pedazos.
Finalmente lo disolvieron en ácido.
El entonces comisario de la policía belga, Gerard Soete, quien supervisó y participó en la destrucción de los restos, tomó el diente, según admitió más tarde.
También dijo que había quedado un segundo diente, además de dos dedos del cadáver, pero aún no los han encontrado.
Las autoridades belgas le devolvieron el diente a la familia del líder en una ceremonia en Bruselas.
Un "trofeo de caza"
El impulso de Soete al embolsillarse las partes del cuerpo pone en evidencia el comportamiento de los funcionarios coloniales europeos de la época: solían llevarse algunos restos a sus casas como recuerdos macabros.
Pero también sirvió como humillación final a un hombre que Bélgica consideraba como un enemigo.
Soete, que apareció en un documental en 1999, aseguró que consideraba el diente y los dedos que tomó como "una especie de trofeo de caza".
El lenguaje utilizado sugiere que para el policía belga, Lumumba, quien era venerado en todo el continente como una de las principales voces de la liberación africana, valía menos que otro humano.
Sin embargo, para la hija de Lumumba, Juliana, la pregunta real es si los perpetradores eran humanos.
"¿Qué cantidad de odio debes tener para hacer eso?", se pregunta.
"Esto recuerda a lo que sucedió con los nazis, quienes tomaron pedazos de personas. Es un crimen contra la humanidad", le dijo a la BBC.
Lumumba se convirtió en primer ministro a la edad de 34 años.
Fue electo en los últimos días del gobierno colonial y encabezó el gabinete de la nueva nación independiente.
En junio de 1960, en el momento de la entrega del poder, el rey belga Balduino elogió la administración colonial y se refirió a uno de sus ancestros, Leopoldo II, como el "civilizador" del país.
No mencionó a los millones de personas que murieron o sufrieron brutalidades bajo su reinado en lo que entonces se conocía como el Estado Libre del Congo, que gobernó como una preciada propiedad personal.
Esta falta de reconocimiento del pasado presagió años de negación en Bélgica, que recién ahora ha comenzado a aceptarlo.
Humillación
Lumumba no estaba tan reacio a reconocer el pasado.
En un discurso que no estaba previsto en el programa oficial, el entonces primer ministro habló abiertamente de la violencia y la degradación que habían sufrido los congoleses.
En una retórica demoledora, interrumpida solamente por rondas de aplausos y una gran ovación de pie cuando concluyó, el líder describió "la humillante esclavitud que nos impusieron por la fuerza".
Los belgas quedaron atónitos, según el académico Ludo De Witte, quien escribió un relato innovador sobre el asesinato.
Nunca antes un africano negro se había atrevido a hablar así frente a los europeos.
Se consideró que el primer ministro, de quien De Witte dice que había sido descrito como un ladrón analfabeto en la prensa belga, humilló al rey y a otros funcionarios belgas.
Algunos han dicho que con su discurso Lumumba firmó su propia sentencia de muerte, pero su asesinato al año siguiente también ocurrió en el contexto de la Guerra Fría y del deseo belga de mantener el control del territorio.
Los estadounidenses también estaban tramando su muerte debido a que temían un posible giro del país hacia la Unión Soviética y su anticolonialismo intransigente.
Por su parte, un funcionario británico escribió un memorándum sugiriendo que matarlo era una opción.
Aún recordado
Sin embargo, muchos consideran que hubo un elemento personal en la forma en que Lumumba fue vilipendiado y perseguido.
La destrucción total del cuerpo, además de la forma de deshacerse de la evidencia, parece un esfuerzo por borrar a Lumumba de la memoria colectiva.
No habría memorial, lo que haría casi posible negar que algún día existió. No bastaba con enterrarlo.
Pero aún es recordado.
Sobre todo por su hija Juliana, quien fue una de las principales impulsoras de la campaña para que devolvieran el diente y que fue a Bruselas a recibirlo.
Juliana deja escapar una pequeña sonrisa mientras le vienen a la mente recuerdos de su infancia.
Como la más joven y la única niña en la familia, dice que siempre estuvo muy unida a su padre.
Juliana Lumumba tenía "menos de cinco años" cuando su padre se convirtió en primer ministro. Recuerda que le permitían estar en su oficina "sentada y mirando a mi padre cuando estaba trabajando".
"Para mí era papá", añade.
"Tiene que volver a su país"
Pero reconoce que su padre "pertenece al país, porque murió por el Congo... y por sus propios valores y convicciones de la dignidad de los africanos".
Reconoce que la entrega del diente en Bélgica y su regreso a la República Democrática del Congo es simbólico "porque lo que queda no es realmente suficiente".
"Pero tiene que volver a su país donde se derramó su sangre".
El diente será llevado a diferentes lugares del vasto país antes de ser enterrado en la capital.
Despido y arresto
Durante años, la familia Lumumba no supo exactamente qué le había sucedido a su padre, ya que el silencio rodeó las circunstancias de su muerte.
El giro que dio su vida, pasando de ser primer ministro a víctima de un asesinato,
tomó menos de siete meses.
Un grupo de personas le rindieron tributo a Lumumba en Bélgica este 21 de junio.
Poco después de su independencia, el país se vio afectado por una crisis secesionista cuando la provincia sudoriental de Katanga, rica en minerales, declaró que se estaba separando del resto del país.
En el caos político que siguió, se enviaron tropas belgas con el argumento de que protegerían a los ciudadanos belgas, pero también ayudaron a apoyar a la administración de Katangan, que se consideraba más complaciente.
Lumumba fue despedido como primer ministro por el presidente y poco más de una semana después, el jefe del estado mayor del ejército, el coronel Joseph Mobutu, tomó el poder.
El primer ministro fue puesto bajo arresto domiciliario, escapó y luego lo arrestaron nuevamente en diciembre de 1960, antes de que lo mantuvieran detenido en el oeste del país.
Su presencia allí fue vista como una posible fuente de inestabilidad y el gobierno belga alentó su traslado a Katanga.
Durante el vuelo hacia la provincia el 16 de enero de 1961 fue maltratado. Más tarde lo golpearon al llegar, mientras los líderes de Katanga decidían qué hacer con él.
Fusilamiento y destrucción de los restos
Finalmente decidieron que moriría en un pelotón de fusilamiento y el 17 de enero fue fusilado junto a dos de sus aliados.
Fue entonces cuando intervino el comisario de policía Gerard Soete. Al darse cuenta de que los cuerpos podían ser descubiertos, tomaron la decisión de "¡hacerlos desaparecer de una vez por todas! No debe quedar ningún rastro", según el testimonio citado en el libro de De Witte The Assassination of Lumumba (El asesinato de Lumumba).
Armado con sierras, ácido sulfúrico, máscaras faciales y whisky, Soete dirigió un equipo para mover, destruir y disponer de los restos. Fue un proceso que más tarde describiría como un viaje "a las profundidades del infierno".
Pero no fue hasta casi 40 años después, en 1999, que reconoció públicamente que había estado involucrado y que todavía tenía un diente en su poder.
Dijo que se había deshecho de las otras partes que había tomado del cuerpo.
Juliana Lumumba suspira profundamente cuando recuerda haber escuchado que una parte de su padre aún existía.
"Puedes entender lo que sentí al respecto", asegura, con la voz llena de emoción.
No se sabe qué hizo Soete con el diente cuando estaba en su poder. Una fotografía lo muestra en una caja acolchada, pero no se sabe si estaba en exhibición.
Pero sí se quedó dentro de su familia.
Resurgió en 2016 cuando la hija de Soete, Godelieve, concedió una entrevista a la revista belga Humo, publicada justo antes del 55 aniversario del asesinato de Lumumba.
"Un consuelo para la familia"
Dijo que su "pobre papi" tuvo que sufrir con el recuerdo de lo que hizo.
Godelieve Soete también piensa que las autoridades deberían disculparse con su familia por la orden que le dieron a su padre.
Afirmó que él había mantenido un archivo privado y aunque después de su muerte en el año 2000 muchas cosas fueron botadas, ella "pudo salvar cosas interesantes".
Entre esas cosas estaba el diente que sacó para mostrárselo al entrevistador y al fotógrafo.
Luego fue incautado por la policía belga después de que De Witte presentara una denuncia y tras una batalla legal de cuatro años, un tribunal dictaminó que debería ser devuelto a la familia Lumumba.
Como parte de la campaña para recuperarlo, la Sra. Lumumba escribió una conmovedora y poética carta abierta al rey Felipe.
"¿Por qué, después de su terrible asesinato, los restos de Lumumba han sido condenados a permanecer para siempre como un alma errante, sin una tumba que cobije su eterno descanso?", preguntó.
Con la devolución del diente, el exprimer ministro tendrá un lugar de descanso final en un mausoleo especial en la capital, Kinshasa.
"Esto es lo que solemos hacer en nuestra cultura, nos gusta enterrar a nuestros muertos", explica el historiador congoleño y embajador del país ante la ONU, Georges Nzongola-Ntalaja.
"Es un consuelo para la familia y el pueblo del Congo porque Lumumba es nuestro héroe y nos gustaría darle un entierro digno".
El libro de De Witte, que rompió años de silencio por parte de las autoridades, condujo a la creación en 1999 de una investigación parlamentaria encargada de determinar las "circunstancias exactas del asesinato... y la posible implicación de políticos belgas".
En sus conclusiones, dos años después, arrojó que "las normas del pensamiento políticamente correcto internacional eran diferentes" en la década de 1960.
Sin embargo, a pesar de que no encontraron un documento que ordenara el asesinato de Lumumba, la investigación concluyó que ciertos miembros del gobierno "fueron moralmente responsables de las circunstancias que llevaron a su muerte".
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61875185

 

4. 
Lumumba: el asesinato más importante del siglo XX
República Democrática del Congo es el mejor resumen de la relación entre África y Europa, un vínculo asociado al colonialismo. Arquetipo del dictador africano, Mobutu no habría estado 32 años en el poder sin el apoyo de las potencias occidentales.
21 de julio de 2020
 
“El negocio del Congo es único en la historia del mundo. Es una gran expedición de piratas”.
E. D. Morel (1873-1924)
 
El 30 de junio, coincidiendo con el 60º aniversario de la independencia del Congo, Política Exterior publicó un artículo titulado “Sueños rotos en el Congo”. Su autor, Marcos Suárez Sipmann, repasaba el histórico discurso de Patrice Lumumba, primer ministro del nuevo país, y a continuación recordó la trayectoria de los congoleños hasta la actualidad. En las conclusiones, Suárez Sipmann destacaba “la condena del colonialismo, la esclavitud y la corrupción” como los tres factores que habían marcado al Congo, y añadía que África no debería caer en la cultura del victimismo por el pasado colonial. Ante estas ideas, es necesario añadir algunas consideraciones.
Centrémonos solo en lo que hoy conocemos como República Democrática del Congo. Este territorio es, probablemente, el mejor resumen que tenemos hoy día de las relaciones entre África y Europa. La primera revolución de los automóviles (caucho), la bomba atómica de Hiroshima (uranio), las balas de la guerra de Vietnam (cobre), los móviles (coltán), los drones y las baterías de los coches eléctricos (ambos cobalto) tienen un punto en común: las materias primas que facilitaron estos procesos venían y vienen del Congo. La relación entre ambos, ayer y hoy, no puede calificarse de otra cosa que colonialismo.
El asesinato de Lumumba fue un episodio más de la guerra sin tregua entre colonizadores y colonizados. El artículo de Sipmann parece dar a entender que el choque entre Lumumba y Mobutu Sese Seko dio paso a un conflicto con actores internacionales. La cronología fue más bien a la inversa: ya en 1958, el embajador de Estados Unidos, Larry Devlin, inició sus primeros contactos con Mobutu. Su presencia en la mesa redonda en Bruselas convenció del todo a Washington de que Mobutu sería su hombre en el Congo, y desde entonces trabajaron para conseguir su llegada al poder.
El asesinato de Lumumba fue aplaudido por el diario ABC y el líder de los katangueños que le asesinaron, Moïse Tshombe, llegó a exiliarse en la España franquista poco más tarde. El historiador congoleño Georges Nzongola-Ntalaja consideró el asesinato de Lumumba como el más importante del siglo XX, al ser “un obstáculo para los ideales de unidad nacional, independencia económica y solidaridad panafricana que Lumumba había defendido”.
Es cierto que Mobutu es el arquetipo de dictador africano, pero el autor no dice que si no hubiera contado con el apoyo de las potencias occidentales, el mariscal no habría durado 32 años en el poder. El sátrapa congoleño acumuló 5.000 millones de dólares durante ese periodo y vio cómo en varias ocasiones los franceses le enviaban paracaidistas para acabar con los problemas territoriales del país. Mobutu fue recibido por Kennedy y Reagan en la Casa Blanca, y Bush padre elogió sus esfuerzos en la guerra de Angola. En una ocasión, un economista del Fondo Monetario Internacional (FMI), Erwin Blumenthal, se desplazó al entonces conocido como Zaire para comprobar el estado de las finanzas del país. Su informe no pudo ser más tajante: la frontera entre la cuenta bancaria de Mobutu y las cuentas del gobierno era inexistente, y no había ninguna posibilidad de que los créditos se devolvieran. Después del informe, el FMI –cuyo “accionista mayoritario” es EEUU– triplicó los fondos enviados al dictador.
El discurso colonialista del pasado decía que los africanos eran pobres porque eran idiotas; los análisis actuales, más elegantes, citan informes de Transparencia Internacional para concluir que los africanos son pobres porque son corruptos. No tienen en cuenta que la corrupción, como los embarazos, suele necesitar dos actores: Mobutu era un ladrón, pero las riquezas las acumulaba en bancos suizos. Hoy, los dictadores africanos siguen el mismo esquema. Criticar la corrupción en abstracto señala a unos y absuelve a otros.
Neocolonialismo
El artículo tiene la virtud de mencionar la palabra neocolonialismo en varias ocasiones, pero nunca concreta lo suficiente. A partir de ahí, se nos presenta el Congo como un lugar destruido por las guerras, el caos, la corrupción y unos líderes nefastos. El lector podría concluir que el país ha quedado atrapado en un ciclo de acción-reacción entre personajes infames (Tshombe, Mobutu, Kabila) y que de este caos se benefician las potencias exteriores. Una especie de “a río revuelto, ganancia de pescadores”. La realidad congoleña, sin embargo, es menos casual y más causal.
Sipmann habla de las dos guerras del Congo y de la presencia de “tropas regulares de media docena de países africanos y varias organizaciones guerrilleras”. Después,  de “innumerables grupos rebeldes armados”. En la Guerra Mundial Africana intervinieron Ruanda y Uganda, pero la política exterior de ambos países no se puede entender sin el apoyo explícito de Washington. Respecto a la cuestión de los refugiados ruandeses en el este del Congo, Susan Rice llegó a decir que “Kagame y Museveni saben lo que hay que hacer, lo único que tenemos que hacer nosotros es mirar hacia otro lado”. A continuación, las tropas ruandesas aniquilaron a decenas de miles de personas.
Desde el fin de la guerra en 2003, ambos países cuentan con grupos con siglas cambiantes y objetivos fijos: controlar minas de oro, coltán y otros recursos para luego enviarlos a Ruanda y Uganda. Ambos, también, aportan tropas –entrenadas por EEUU– a las misiones de paz de la ONU en África; a cambio, la Casa Blanca –más allá de amonestaciones periódicas– ignora sus fechorías. Kagame ha movido hilos para quedarse la presidencia hasta 2034, y Museveni es presidente de Uganda desde 1986. Con todo este historial, Kagame sigue siendo un invitado de honor en Yale o Harvard, donde expone sus dotes de liderazgo. Cuando pierdan el poder, los analistas les considerarán “arquetipos de dictador africano” y la rueda seguirá girando. Cuando caemos en el relato caos-guerras-muertes-analfabetismo, perdemos los matices clave que determinan la historia del continente africano. Incluso cuando el artículo habla de “potencias coloniales y neocoloniales”, añade la muletilla del “victimismo” en la frase siguiente.
Para comprender la situación, basta con echar un vistazo a la estructura de la propiedad de las empresas mineras que operan hoy en el Congo. Pese a que tengan nombres locales, el porcentaje para los accionistas extranjeros casi siempre sobrepasa el 50%, y en algunos casos se dispara hasta el 99%. Los beneficiarios son belgas, canadienses, estadounidenses y, ahora también, chinos. La historia más longeva es la de la multinacional belga Groupe Forrest International. Fundada en 1922, no ha dejado nunca de extraer minerales y riquezas del Congo, fuera cual fuera la administración gubernamental.
Quien mejor definió el sistema imperante fue el propio Mobutu en su lecho de muerte. Cuando cayó el muro de Berlín, sus aliados occidentales le abandonaron: triste y defenestrado, el dictador congoleño, aquejado de un cáncer de próstata que acabaría con él, se definió como “la última víctima de la Guerra Fría”.

https://www.politicaexterior.com/lumumba-el-asesinato-mas-importante-del-siglo-xx/

 

5.
Lumumba en el arte: historia de una iconografía
2 julio, 2020

En el aniversario del nacimiento de Patrice Lumumba, Primer Ministro de un Congo independiente, preguntamos: ¿Qué iconografía surgió en torno a su figura y por qué esa iconografía es tan diversa? El libro «Lumumba en el Arte», editado por Mathias de Groof, trata de responder a esas cuestiones.
 
Autor invitado: Matthias de Groof*
La carrera de Patrice Emery Lumumba como Primer Ministro del Congo después de la independencia duró sólo tres meses, antes de que fuera arrestado y ejecutado cinco meses después de su nombramiento. Sin embargo, Lumumba continúa vivo en forma de idea, meme, símbolo, icono, modelo, logo, metónimo, espectro, imagen, figura y proyección.
Durante cuatro años, he estado trabajando en la edición del libro «Lumumba in the Arts» (Lumumba en el arte), que examina esta iconografía. Ese libro se encuentra hoy disponible, por fin.
Aunque Lumumba se ha ganado un lugar equiparable al de otros iconos políticos como Malcolm X, Che Guevara y Nelson Mandela, y aunque también se ha desarrollado alrededor de su figura un imaginario igual o incluso más rico, esta iconografía ha permanecido inadvertida y prácticamente sin comentarios críticos.
La diversa iconografía de Lumumba comenzó con los muy variados nombres que recibió desde su misma infancia: Élias Okit’Asombo («heredero de los malditos»), Nyumba Hatshikala l’Okanga («el que siempre está implicado«), Osungu («blanco«), Lumumba («una multitud en movimiento»), Okanda Doka («la sabiduría del hechicero«) u Omote l’Eneheka («el cabezón que detecta la maldición«). Y fue ampliándose a lo largo de su vida, especialmente a través de canciones y de la prensa, aunque la mayor parte de estas expresiones surgieron después de su muerte.
Desde su asesinato, Lumumba ha sido objeto de apropiación a través de la pintura (por ejemplo, Chéri Samba, William Kentridge), la fotografía (Sammy Baloji, Robert Lebeck), la poesía (Henri López, Ousmane Sembène), la música (Pitcho, Miriam Makeba), cine (Raoul Peck, Zurlini), teatro (Aimé Césaire) y literatura (Barbara Kingsolver) así como en espacios públicos, sellos y dibujos animados. Ninguna forma de arte parece escapar a la figura de Lumumba. Si bien a primera vista parece oscilar entre la demonización y la beatificación, es la brecha entre estos dos opuestos lo que ha resultado fructífero para una iconografía muy polimórfica que, entre otras muchas cosas, observa la memoria y el sufrimiento no digerido que se inscribió en el cuerpo de Lumumba y en la historia del Congo.
Excepciones notables como «Patrice Lumumba entre Dieu et Diable. Un héros africain dans ses images«, editado por Pierre Halen y János Riesz, y «A Congo Chronicle. Patrice Lumumba en Urban Art«, editado por Bogumil Jewsiewicki, son fundamentales y seminales en mi trabajo sobre la iconografía de Lumumba en lo que respecta a la literatura y la poesía en el primer caso, y a la pintura en el segundo.
Dos preguntas guiaron nuestro trabajo: ¿Qué iconografía surgió alrededor de Lumumba y por qué es tan diversa? Una de las pinturas más llamativas sobre Lumumba es «Les pères de la démocratie et de l’indépendance» de Sam-Ilus (2018). La pintura demuestra tanto la beatificación de Lumumba como la recuperación política de su figura. Demuestra críticamente que las creaciones artísticas de la figura de Lumumba y las escenas en las que se reconfigura no son solo una ventana a la veracidad histórica; más bien, a menudo lo reinventan por razones políticas. En este ejemplo, Patrice Lumumba se alinea con el anti-luminista Etienne Tshisekedi, que siguió a Albert Kalonji en su aventura secesionista en Kasai contra el gobierno central de Lumumba, y que es el padre del actual presidente de la República Democrática del Congo, Félix Tshisekedi. En contraste con la representación más realista de Etienne Tshisekedi (que murió en 2017), Lumumba -que murió casi sesenta años antes- está más abstraído e iconizado. 
En la imagen, Lumumba es la referencia: el modelo al que aspirar. Tshisekedi intenta posar como él e identificarse con él, buscando la legitimación política y la expiación del pecado. Pero mientras Lumumba tiene los dos brazos en alto, Tshisekedi sigue tratando de encontrar el equilibrio adecuado y no está muy seguro de recibir la expiación. Lumumba no parece estar muy contento de que lo hayan metido en este encuentro con su enemigo. La parte superior de su cuerpo, que se aleja ligeramente de su compañero, muestra cierta incomodidad. Lumumba no sólo «parece desconfiado porque Tshisekedi es probablemente cómplice de su muerte», como me explicó el artista Sam-Ilus en una entrevista personal, sino también porque su figura está siendo apropiada y arrastrada a un extravío. Además de la beatificación, la recuperación política y el contraste con la historia, la pintura de Sam-Ilus también ilustra que los significados que se atribuyen a Lumumba dependen de la interacción de diferencias y oposiciones dentro de la construcción. Además, estos significados no son fijos sino diferidos a lo largo de l’hors cadre: las personas que están debajo de Lumumba sosteniendo sus carteles de protesta y también las otras obras de arte del libro, así como las no reproducidas en él, y las que están por venir. La portada funciona así como un posible portal a otras ficciones que desafían en mayor o menor medida lo que Alexie Tcheuyap llama la triple censura infligida a Lumumba: censura contra su persona (su asesinato), contra sus discursos y contra todo intento de constituir un discurso alternativo sobre su existencia.
La respuesta a la primera pregunta -qué iconografía surgió a su alrededor- depende de las diferentes formas de arte, que el libro trata en relación con la historiografía en la primera parte, y que el libro divide en diferentes capítulos en la segunda parte (cine, teatro, fotografía, poesía, cómics, música, pintura y espacio público). A través de las diferentes formas de arte, podemos distinguir una iconografía que ha sido injertada en una tradición judeo-cristiana (como la diabolización o la beatificación) de una tendencia más profana. Sorprendentemente, la figura del chivo expiatorio/mártir con rostro de Jano, la más recurrente entre todas las cosas diferentes e incluso contradictorias que Lumumba representaba, se encuentra en ambas. La respuesta a la segunda pregunta – por qué una iconografía tan diversa – se responderá desde tantos ángulos como autores haya. Sin embargo, cuatro ámbitos interrelacionados siguen siendo recurrentes: el espectral, el poscolonial, el de los mártires y el político.
Al hablar del rico patrimonio iconográfico que nos legó Lumumba y al reflexionar sobre las diferentes formas en que se le recuerda, no sólo respondemos a las dos preguntas que guiaron nuestro trabajo, sino que esperamos contribuir igualmente a este imaginario haciendo más presente su ausencia, aunque sin dejar de lado su legado.
https://www.afribuku.com/patrice-lumumba-arte-iconografia-congo/

   
6.
Patrice Lumumba: Una plaza contra el olvido
1ro de julio de 2018
 
En Bruselas (Bélgica), desde hace más de una década distintas asociaciones reivindican desde la capital belga, un espacio público que lleve el nombre del ex-Primer Ministro congoleño.
 
Tras años de reclamos por parte de la comunidad africana y congoleña en particular, el consejo comunal de la ciudad de Bruselas aprobó el 23 de abril, de manera unánime, la decisión de habilitar un espacio público en memoria a Patrice Lumumba. En la entrada de Matongé, barrio de la comunidad congoleña, será erigida una estatua del líder panafricanista. Electo democráticamente tras la declaración de independencia del Congo en 1960, Lumumba había desafiado a las autoridades belgas en un memorable discurso anticolonialista y sería asesinado seis meses más tarde, el 17 de enero de 1961, con la complicidad de responsables belgas y estadounidenses.
Algunos minutos antes del voto histórico, Zoubida Jellab, consejera comunal por el partido político Ecolo-Groen, proclama un discurso necesario: “Hoy, juntos realizaremos un acto histórico, bautizando este espacio público dedicado a la memoria de Patrice Emery Lumumba, héroe nacional del Congo; por tanto una referencia a nuestra historia común. Pensamos en él, asesinado en horribles condiciones, en su familia, en sus seres próximos, el pueblo congoleño, los afrodescendientes y todos los pueblos colonizados y oprimidos”. Mas ese gesto de reconocimiento tardío no es suficiente. Jellab continúa, “saludamos el proyecto de una estatua o por qué no, un sitio dedicado a su memoria ; pero haría falta igualmente (...) una placa conmemorativa en memoria de todas las víctimas de nuestras exacciones y crímenes en Burundi, Ruanda y evidentemente el Congo”. El senador y vicepresidente del Parlamento bruselense Bertin Mampaka reconoce que “no podemos borrar de un plumazo o de una voluntad periodística la colonización belga del Congo. Es necesario que nuestros hijos, que los belgas conozcan su historia. Lumumba hace parte de esta gran historia”.

Cuando la lucha da resultados

Desde hace diez años un grupo de asociaciones lanzaron una campaña por la reivindicación de una plaza Lumumba en Bruselas. Primero desplegando una pancarta en francés y neerlandés: “¿Una plaza Lumumba en Bruselas, por qué no?” Recientemente, la artista Rhode Makoumbou, utilizando aserrín y pegamento realizó una escultura de Lumumba a escala real, que lleva por título “Patrice Lumumba, el discurso de la independencia del 30 de junio de 1960”. Develada el 21 de enero de 2018 en la galería Ravenstein, cercana a la estación ferroviaria central de Bruselas, la obra luego fue expuesta en distintos lugares de Bélgica. Philip Buyck, comprometido en esta lucha desde el principio, organizó el mismo día del voto la exposición “Congo Poker, la biblioteca de Lumumba se expone” en los halles Saint-Géry ubicados en el centro de la ciudad. Esta cubre el período que abarca las revueltas de Leopoldville a comienzos de enero de 1959 hasta el anuncio del asesinato de Lumumba.
Ciertas páginas de nuestra historia parecen difíciles de reabrir. Fueron necesarios casi 40 años para que Bélgica intentase clarificar oficialmente su rol en el asesinato de Patrice Lumumba y sus dos compañeros, Joseph Okito, ex vicepresidente del Senado y Maurice Mpolo, antiguo ministro de la Juventud y del Deporte, igualmente ejecutados. Tras la publicación del libro El Asesinato de Lumumba de Ludo de Witte, una comisión de investigación parlamentaria para determinar las circunstancias exactas del “asesinato con premeditación” de Patrice Lumumba concluyó en 2001 que existía “responsabilidad moral” de Bélgica. Hubo que esperar 2002, para que el Ministro de Asuntos Exteriores de la época, Louis Michel (padre del actual Primer ministro), presentara sus excusas a la familia de Lumumba y al pueblo congoleño, en nombre de Bélgica.
Inclusive si quedan muchas cosas por ser reveladas y denunciadas, la plaza Lumumba es una victoria histórica; un reconocimiento, si bien tardío, pero más que necesario para combatir al olvido, mientras una estatua del rey belga Leopoldo II, responsable de millones de muertos y desaparecidos entre 1885 y 1908, continua levantada en el centro de Bruselas. En Francia, una avenida del decimosexto distrito de París y otra de Villefranche-sur-Mer llevan aún su nombre.
¿El ejemplo de Bruselas puede motivar a otras ciudades? El Partido del Trabajo de Bélgica (PTB) de Lieja, desea que la ciudad siga la iniciativa y bautice una calle o una plaza con el nombre del ex primer ministro congoleño Patrice Lumumba, estimando que se trata de una “figura mayor de la decolonización”. El diputado federal del PTB Raoul Hedebouw afirma que “Lumumba no es extranjero a nuestra ciudad, porque él vino a Lieja en múltiples oportunidades entre 1956, 1959 y 1960”. La ciudad de Charleroi bautizó una calle con el nombre de Lumumba en diciembre de 2017.
La inauguración de la futura Plaza Lumumba, ubicada entre la Chaussée d’Ixelles y la Rue du Champ-de-Mars, a las puertas de Matongé, lugar neurálgico para una parte de la comunidad congoleña y africana que vive en Bruselas, tuvo lugar este 30 de junio, día de celebración del quincuagésimo octavo aniversario de independencia de la actual República Democrática del Congo (RDC). Ha sido igualmente la ocasión para asistir a múltiples intercambios y debates, de abrir las páginas enterradas de nuestra historia y descubrir o hacer descubrir a Patrice Lumumba, una batalla por la memoria.

https://www.cadtm.org/spip.php?page=imprimer&id_article=16352
 
 
7. 
Bélgica honra a un rey genocida
Leopoldo II esclavizó y diezmó a la población del Congo para enriquecerse con el marfil y el caucho
20/05/2019
Hay muchas formas de definir a Leopoldo II, primo de la reina Victoria de Reino Unido, y rey de los belgas desde 1865 y hasta su muerte, en 1909. Pero la mejor definición es la del premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, que lo sitúa junto a Hitler y Stalin en el podio “de los criminales políticos más sanguinarios del siglo XX”.
El monarca fue el dueño del Estado Independiente del Congo entre 1885 y 1906, cuando su población se redujo a la mitad: de 20 a 10 millones de personas.
La estatua se halla en la plaza del Trono, cerca del bulevar del Regente y del palacio real. Es frecuente objeto de críticas y de acciones que tratan de recordar la verdadera dimensión histórica del homenajeado. En el 2008, el escritor y filósofo belga Téophile de Giraud cubrió la efigie del monarca de pintura roja en protesta por “la sangre de los congoleses que derramó”.
El autor, que calificó a Leopoldo II de “asesino en serie”, permaneció encaramado a la escultura media hora. Cuando descendió, fue detenido por la policía. Y, once años y muchas más protestas después, la estatua sigue allí.


Es una gran injusticia histórica que este monarca no figure, con Hitler y Stalin, como uno de los criminales políticos más sanguinarios del siglo XX”
Mario Vargas Llosa(Premio Nobel de Literatura)
 
“Recorrimos la ciudad a pie y nos topamos con esta obra, linda y con un entorno cuidado”. Los turistas que dejan sus opiniones en la web de TripAdvisor se reparten entre quienes se indignan porque aún no se haya borrado su recuerdo en lugares públicos y quienes no saben quién está montado sobre el caballo.
Por cierto, Leopoldo II era un pésimo jinete, que se caía a menudo. Nada que ver con su esposa, María Enriqueta de Austria, una amazona envidiable a la que el ministro de Defensa sabía cómo hacer la pelota: permitía que dirigiera las cargas de la caballería en las revistas militares y las maniobras de exhibición.
Cuanto más se sabe sobre la colonización de África, más se comparte la estupefacción de Vargas Llosa y más increíble resulta que este rey haya salido tan bien librado del tribunal de la historia. Hay autores que aseguran que tenía inclinaciones pedófilas. Su última amante fue una prostituta que ejercía con sólo 16 años, y a la que hizo inmensamente rica.
Leopoldo II, que se creía demasiado grande para un país tan pequeño como Bélgica, se propuso conseguir otro reino particular, donde pudiera hacer y deshacer a su voluntad, sin tener que rendir cuentas a un parlamento. Lo más pasmoso no es sólo que las potencias de la época se plegaran a sus deseos, sino que lo considerasen un filántropo.
El monarca diseñó con astucia y sobornos una inmensa cortina de humo para aparentar que su único interés en África era cristianizar a sus habitantes y salvarlos de los esclavistas árabes de Zanzíbar. En realidad, lo que quería era eliminar a sus competidores y convertirse en el mayor negrero de sus días. Comparados con él, los traficantes árabes eran benévolos.
Leopoldo II, que nunca pisó el Congo, dirigió desde Bruselas una multinacional del terror. La vida no tenía ningún valor para su ejército privado de funcionarios, mercenarios y soldados nativos reclutados a la fuerza. Mataron, secuestraron, violaron, torturaron y mutilaron a escala industrial. El país –70 veces más grande que Bélgica– era muy rico, pero no lo suficiente para su avaricia.
Cuando las aldeas no entregaban las cantidades de marfil o caucho exigidas, las represalias eran terribles. Los sicarios del rey quemaban los poblados y amputaban manos y pies, sobre todo de mujeres y niños para que sus maridos y padres pudieran seguir siendo explotados hasta la muerte por agotamiento o enfermedad.
Otro de los refinados métodos de tortura era la chicotte , un látigo hecho con piel de hipopótamo. Los castigos se podían aplicar por los motivos más intrascendentes. Más de 25 latigazos dejaban a la víctima con la piel en carne viva e inconsciente. A partir de 50 la muerte era casi segura. Hubo desgraciados que recibieron hasta 250.
Generaciones de lectores han pensado que El corazón de las tinieblas , de Joseph Conrad, era sólo una obra de ficción. Sin embargo, las vesanias de la novela (“el horror, el horror”) eran reales. Una de las pocas veces en que esta obra se ha llevado al cine fue en la genial Apocalyse Now , de Francis Ford Coppola, que situó la acción en otro tiempo y lugar, la guerra de Vietnam, lo que contribuyó a que permaneciera tranquilo El fantasma del rey Leopoldo .
Así se titula precisamente un gran libro de Adam Hoshschild. Historiadores como él y Neal Ascherson ( The King Incorporated: Leopold II and the Congo) recalcan que Joseph Conrad se inspiró en hechos reales. El novelista, que –a diferencia del rey– sí vivió en el Congo, conoció a brutales agentes comerciales, “que actuaban como bandidos que violan una caja fuerte”. Uno de ellos, el francés Léon Rom, decoraba su jardín con cabezas clavadas en estacas. Como Kurtz.
El mundo miró para otro lado hasta que las denuncias fueron tantas que el rey tuvo que traspasar la propiedad de su satrapía a Bélgica, que endulzó un poco –sólo un poco– las condiciones de vida del Congo, aún hoy lastrado por su historia. Los propios documentos de Leopoldo II hablaban de expediciones pacíficas de sus tropas que acababan en masacres de nativos y de trabajadores voluntarios a los que era necesario encadenar.
¿Por qué duró tanto este engaño? Responder es tan difícil como justificar algunos monumentos. Y más en un país como Bélgica, que tardó una eternidad en homenajear a Patrice Lumumba, primer ministro del Congo y mártir de la independencia, asesinado por la CIA y los propios servicios secretos belgas. La plaza que lleva su nombre no se inauguró en Bruselas hasta el año pasado. Y, mientras tanto, la centenaria estatua ecuestre de un rey despreciable –obra de Thomas Vinçotte– sigue en pie.
Arrancar tesoros a las entrañas de la tierra era su deseo, un deseo sin otro propósito moral que la acción de unos bandidos cuando violan una caja fuerte”
Joseph Conrad(‘El corazón de las tinieblas’)

https://www.lavanguardia.com/internacional/20190520/462305172978/rey-leopoldo-belgica-congo-africa-colonizacion-mario-vargas-llosa-marfil-caucho.html


   
8.
El horror, el horror
05/07/2020
El rey Felipe de Bélgica ha entonado un discreto mea culpa por “las heridas del pasado” belga en Congo. “Lamenta profundamente”, una colonización marcada “por las atrocidades cometidas contra las poblaciones locales”. ¡Ya tocaba! Son palabras forzadas por la ola contra el racismo que ha desatado el asesinato de George Floyd en Minneapolis.
Balduino: una de las pocas puertas abiertas que Franco tenía en Europa
Estas palabras de arrepentimiento corrigen levemente las que pronunció hace exactamente 60 años en Léopoldville (la actual Kinshasa) el tío del rey actual, Balduino, famosísimo en la España de Franco en virtud de su matrimonio con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón. Balduino era una de las pocas puertas claramente abiertas al régimen de Franco en Europa. La pareja salía cada semana en las revistas del corazón.
Balduino asistió con el orgullo herido a la ceremonia de formalización de la independencia de Congo. Bélgica cedía la inmensa colonia porque no quería pasar por la humillante experiencia de Francia con Argelia. En su discurso, llegó a describir la independencia de Congo como la culminación de “la obra civilizadora” de su antepasado Leopoldo II. Antes de convertirse en colonia de Bélgica, Leopoldo II poseía esta inmensa porción de África como propiedad estrictamente privada.
Se hizo inmensamente rico expoliando el país y esclavizando a sus gentes. A los negros que no recogían la cuota mínima de caucho, les cortaban las manos. El escritor Joseph Conrad describió el territorio del río Congo como “el corazón de las tinieblas”. En el momento de la agonía, Kurtz, protagonista de la novela, resume su vida y la del territorio: “El horror, el horror”.
El día antes de que Balduino pronunciara su discurso, desfiló en un descapotable con el primer presidente del país, Joseph Kasavubu. De repente, un hombre se les acerca, se inclina hacia el rey y se apropia de su espada. Lo detuvieron. No quería el arma para asesinarlo, al parecer, sino tan solo para dar la nota. Todos los negros que dibuja Hergé son de este estilo: o tontos o estúpidos. Temen a los leones, circulan en trenes de latón y adoran a Tintin.
Kasavubu pronunció un discurso convencional. Pero el primer ministro Patrice Lumumba dijo al rey: “Nuestras heridas están muy frescas y son demasiado dolorosas para ser olvidadas”. Al cabo de un año, Lumumba era liquidado. Los belgas y los propietarios de minas forzaron la escisión de Katanga y entregaron el país a Joseph Mobutu, arquetipo de los dictadores africanos. El país más rico en naturaleza y minas es uno de los más pobres del mundo. El horror continúa.

https://www.lavanguardia.com/opinion/20200705/482104337465/el-horror-el-horror.html  


 
9.
Patrice Lumumba: ¿Por qué Bélgica devuelve el diente de oro de un héroe congoleño?
22 de junio de 2022
Un diente con corona de oro es todo lo que queda del asesinado héroe independentista congoleño Patrice Lumumba.
Muerto a tiros por un pelotón de fusilamiento en 1961 con el respaldo tácito de la antigua potencia colonial Bélgica, su cuerpo fue luego enterrado en una tumba poco profunda, desenterrado, transportado 200 km (125 millas), enterrado nuevamente, exhumado y luego cortado en pedazos y finalmente disuelto en ácido.
El comisario de policía belga, Gerard Soete, que supervisó y participó en la destrucción de los restos, se sacó el diente, admitió más tarde.
También habló de un segundo diente y dos dedos del cadáver, pero estos no han sido encontrados.
El diente ahora ha sido devuelto a la familia en una ceremonia en Bruselas.
El impulso de Soete de embolsarse las partes del cuerpo se hizo eco del comportamiento de los funcionarios coloniales europeos durante décadas que se llevaron los restos a casa como recuerdos macabros.
Pero también sirvió como humillación final a un hombre que Bélgica consideraba un enemigo.
Soete, que apareció en un documental en 1999, describió el diente y los dedos que tomó como "una especie de trofeo de caza". El lenguaje sugiere que para el policía belga, Lumumba, venerado en todo el continente como una de las principales voces de la liberación africana, era menos que humano.
Para la hija de Lumumba, Juliana, la pregunta es si los perpetradores eran humanos.
"¿Qué cantidad de odio debes tener para hacer eso?" ella pregunta.
“Este es un recordatorio de lo que sucedió con los nazis, tomar pedazos de personas, y eso es un crimen contra la humanidad”, le dijo a la BBC.
Lumumba se había convertido en primer ministro a la edad de 34 años. Elegido en los últimos días del gobierno colonial, encabezó el gabinete de la nueva nación independiente.
En junio de 1960, en el momento de la entrega del poder, el rey belga Balduino elogió la administración colonial y se refirió a su antepasado, Leopoldo II, como el “civilizador” del país.
No se mencionó a los millones que murieron o fueron brutalizados bajo su reinado cuando gobernó lo que entonces se conocía como el Estado Libre del Congo como su propiedad personal.
Esta falta de reconocimiento del pasado presagió años de negación en Bélgica, que recién ahora ha comenzado a aceptar.
Lumumba no fue tan reticente.
En un discurso que no estaba previsto en el programa oficial, el primer ministro habló sobre la violencia y la degradación que habían sufrido los congoleños.
En una retórica demoledora, interrumpida por rondas de aplausos y una ovación de pie al concluir, describió “la humillante esclavitud que nos impusieron por la fuerza”.
Los belgas quedaron atónitos, según el académico Ludo De Witte, quien escribió un relato innovador sobre el asesinato.
Nunca antes un africano negro se había atrevido a hablar así frente a los europeos. Se consideró que el primer ministro, de quien De Witte dice que había sido descrito como un ladrón analfabeto en la prensa belga, humilló al rey y a otros funcionarios belgas.
Algunos han dicho que con su discurso Lumumba firmó su propia sentencia de muerte, pero su asesinato al año siguiente también estuvo envuelto en maniobras de la Guerra Fría y un deseo belga de mantener el control.
Los estadounidenses también tramaron su muerte debido a un posible giro hacia la Unión Soviética y su anticolonialismo intransigente, mientras que un funcionario británico escribió un memorándum sugiriendo que matarlo era una opción.
Sin embargo, parecía haber un elemento personal en la forma en que Lumumba fue vilipendiado y perseguido.
La destrucción total del cuerpo, además de una forma de deshacerse de la evidencia, parece un esfuerzo por borrar a Lumumba de la memoria. No habría memorial, lo que haría casi posible negar que existió en absoluto. No bastaba con enterrarlo.
Pero aún se le recuerda.
No menos importante por su hija Juliana, una de las principales impulsoras de la campaña para devolver el diente a casa, que fue a Bruselas a recibirlo.
Ella deja escapar una risa cálida mientras recuerda sus recuerdos de la infancia. Como la más joven y la única niña en la familia, dice que estaba muy unida a su padre.
Lumumba tenía “menos de cinco años” cuando se convirtió en primer ministro. Recuerda que le permitieron estar en su oficina “simplemente sentada y mirando a mi padre cuando estaba trabajando. Para mí fue papá”.
Pero reconoce que su padre “pertenece al país, porque murió por el Congo… y por sus propios valores y convicciones de la dignidad de la persona africana”.
Reconoce que la entrega del diente en Bélgica y su regreso a la República Democrática del Congo es simbólico “porque lo que queda no alcanza. Pero tiene que volver a su país donde se derramó su sangre”.
El diente será llevado por todo el vasto país antes de ser enterrado en la capital.
Sin embargo, durante años, la familia Lumumba no supo exactamente qué le había sucedido a su padre, ya que el silencio oficial rodeó las circunstancias de su muerte.
El viaje de Lumumba de primer ministro a víctima de asesinato tomó menos de siete meses.
Poco después de la independencia, el país se vio afectado por una crisis secesionista cuando la provincia sudoriental de Katanga, rica en minerales, declaró que se estaba separando del resto del país.
En el caos político que siguió, se enviaron tropas belgas con el argumento de que protegerían a los ciudadanos belgas, pero también ayudaron a apoyar a la administración de Katangan, que se consideraba más comprensiva.
El propio Lumumba fue despedido como primer ministro por el presidente y poco más de una semana después, el jefe del estado mayor del ejército, el coronel Joseph Mobutu, tomó el poder.
Luego, Lumumba fue puesto bajo arresto domiciliario, escapó y fue arrestado nuevamente en diciembre de 1960, antes de ser retenido en el oeste del país.
Su presencia allí fue vista como una posible fuente de inestabilidad y el gobierno belga alentó su traslado a Katanga.
Durante el vuelo allí el 16 de enero de 1961 fue asaltado. También fue golpeado a su llegada mientras los líderes de Katanga pensaban qué hacer con él.
'No queda rastro'
Finalmente se decidió que se enfrentaría a un pelotón de fusilamiento y el 17 de enero fue fusilado junto con dos aliados.

Fue entonces cuando intervino el comisario de policía Soete. Al darse cuenta de que los cuerpos podían ser descubiertos, se tomó la decisión de “¡hacerlos desaparecer de una vez por todas! No debe quedar ningún rastro”, según el testimonio citado en el libro de De Witte The Assassination of Lumumba.
Armado con sierras, ácido sulfúrico, máscaras faciales y whisky, Soete dirigió un equipo para mover, destruir y disponer de los restos. Fue un proceso que más tarde describiría como un viaje “a las profundidades del infierno”.
Pero no fue hasta casi 40 años después, en 1999, que reconoció públicamente que estaba involucrado y que todavía tenía un diente en su poder. Dijo que se había deshecho de las otras partes del cuerpo que tomó.
La Sra. Lumumba suspira profundamente cuando recuerda haber escuchado que una parte de su padre aún existía.
“Puedes entender lo que sentí al respecto”, dice, con la voz llena de emoción.
No se sabe qué hizo Soete con el diente cuando estaba en su poder. Una fotografía lo muestra en una caja acolchada, pero no está claro si estaba en exhibición.
Pero se quedó en su familia.
Resurgió en 2016 cuando la hija de Soete, Godelieve, concedió una entrevista a la revista belga Humo, publicada justo antes del 55 aniversario del asesinato de Lumumba.
Habló de su “papi pobre” que tuvo que sufrir con el conocimiento de lo que hizo. La Sra. Soete también pensó que su familia debería pedir disculpas por la orden que las autoridades belgas le dieron a su padre.
Ella dijo que él había mantenido un archivo privado y aunque después de su muerte en 2000 se desperdició mucho, ella "pudo salvar cosas interesantes".
Entre esas cosas estaba el diente que sacó para mostrárselo al entrevistador y al fotógrafo.
Luego fue incautado por la policía belga después de que De Witte presentara una denuncia y luego de una batalla legal de cuatro años, un tribunal dictaminó que debería devolverse a la familia Lumumba.
Como parte de la campaña para recuperarlo, la Sra. Lumumba escribió una conmovedora y poética carta abierta al Rey Philippe.
“¿Por qué, después de su terrible asesinato, los restos de Lumumba han sido condenados a ser un alma errante para siempre, sin una tumba que cobije su descanso eterno?” ella preguntó.
Con la devolución del diente, el ex primer ministro tendrá un lugar de descanso final en un mausoleo especial en la capital, Kinshasa.
“Esto es lo que solemos hacer en nuestra cultura, nos gusta enterrar a nuestros muertos”, dijo el historiador congoleño y embajador del país ante la ONU, Georges Nzongola-Ntalaja.
“Es un consuelo para la familia y el pueblo del Congo porque Lumumba es nuestro héroe y nos gustaría darle un entierro digno”.
A pesar del entierro, todavía es necesario tener en cuenta el pasado.
El libro de De Witte, que rompió años de silencio oficial, condujo a la creación en 1999 de una investigación parlamentaria encargada de determinar las “circunstancias exactas del asesinato… y la posible implicación de políticos belgas”.
En sus conclusiones, dos años después, escribió que las “normas del pensamiento políticamente correcto internacional eran diferentes” en la década de 1960. Sin embargo, a pesar de no descubrir ningún documento que ordenara el asesinato de Lumumba, la investigación encontró que ciertos miembros del gobierno “eran moralmente responsables de las circunstancias que llevaron a la muerte”.
'Necesitamos conocer nuestro pasado'
El entonces ministro de Asuntos Exteriores belga, Louis Michel, expresó entonces “disculpas” y un “profundo y sincero” arrepentimiento a la familia Lumumba y al pueblo congoleño.

El profesor Nzongola-Ntalaja, hablando con la BBC a título personal, no cree que Bélgica haya aceptado plenamente su papel en el asesinato. “Bélgica se niega a asumir la responsabilidad por algo que saben que hicieron, por lo que no es totalmente satisfactorio”, dijo.
Los fiscales belgas están tratando el asesinato como un crimen de guerra, pero 10 de los 12 sospechosos identificados han muerto y, una década después, la investigación avanza muy lentamente.
La entrega del diente será un elemento más en el proceso de reconciliación entre Bélgica y RD Congo sobre la época colonial y la muerte de Lumumba.
“Es un paso, y tenemos que ir más allá”, dice su hija.
Pero también argumenta que debe haber un ajuste de cuentas del lado congoleño, ya que algunos de sus compatriotas también estuvieron involucrados en la muerte de su padre.
“Tenemos que aceptar nuestra historia, lo bueno y lo malo de ella”.
Y en un floreo digno de la ex primera ministra, dice “necesitamos conocer nuestro pasado, construir nuestro futuro y vivir el presente”.
El entierro del diente, planeado para coincidir con el 61.º aniversario del famoso discurso del día de la independencia de Lumumba, ofrecerá la oportunidad de volver a visitar ese pasado.

https://www.theimmigrantsjournal.com/es/patrice-lumumba-why-belgium-is-returning-a-congolese-heros-golden-tooth/

 

10.
Patrice Lumumba, el héroe de la independencia del Congo
Lumumba luchó por un Congo unido hasta su asesinato en misteriosas circunstancias
11 diciembre 2020
Patrice Lumumba (1925-1961) fue uno de los grandes revolucionarios africanos, junto a Thomas Sankara y Nelson Mandela, que intentó separarse de la metrópolis europea y fundar un nuevo estado.
El Congo Belga y Leopoldo II
Para conocer bien cuáles fueron las motivaciones de Patrice Lumumba, hay que saber en qué contexto se produjeron. Entre 1908 y 1906, el actual territorio que corresponde a la República Democrática del Congo fue comúnmente denominado Congo Belga (llamado así para diferenciarlo del Congo Francés, la colonia gala).
Anteriormente, entre 1885 y 1908, el Congo Belga se denominó Estado Libre del Congo, un territorio con un dominio directo del rey de Bélgica, Leopoldo II. Durante esa época, se explotaron los recursos del territorio y a la población de una manera cruel, reduciendo a los nativos a menos de un 50% del total.
Poco a poco, con denuncias de locales y de varios periodistas británicos, se fue destapando esa situación de abuso de poder, y la presión internacional sobre Leopoldo II fue incrementando hasta que se vio obligado a renunciar a la soberanía del territorio en favor del Estado de Bélgica. Sin embargo, el control del rey siguió siendo importante.
Pese a ello, con el cambio de soberanía, se asignó a un gobernador general en el territorio, alguien que se pudiese controlar desde Bélgica. Con el dominio belga, empezaron unas políticas paternalistas, donde se tutelaba a las poblaciones nativas negras y se les imponían las enseñanzas católicas y occidentales.
Estas medidas, sin embargo, tuvieron escasa popularidad, y fueron generando un descontento a medida que pasaba el tiempo. Muestra de ello son las cartas de Léon Antoine Marie Petillon, el gobernador general del Congo en 1952, que pedía terminar con estas medidas paternalistas a riesgo de que estallase una rebelión.
El inicio del nacionalismo
La situación llegó a un punto de inestabilidad donde empezaron a surgir múltiples nacionalismos en el Congo Belga. El corriente ideológico que más recorrido tuvo fue el de independizar el Congo Belga como una gran nación. Sin embargo, el Congo Belga era un territorio con múltiples grupos étnicos, y algunos reclamaron también nuevos Estados separados tanto de Bélgica como del Congo, como los territorios Bakongo y Kasai.
Fue en ese contexto donde Patrice Lumumba, al frente del Mouvement National Congolais o MNC (traducido por Movimiento Nacional Congoleño), empezó a despuntar como cabeza visible de la independencia.
Patrice Lumumba: orígenes y entrada en contacto con el activismo
Patrice Émery Lumumba nació el 2 de julio de 1925 en la aldea de Onalua, Katako-Kombe, Congo Belga, el primero de cuatro hijos de una familia de granjeros de religión católica.
Durante su infancia, con las políticas paternalistas belgas, apenas tuvo acceso a una educación avanzada, aunque muchos profesores le alentaron a estudiar por su cuenta viendo un gran potencial en el joven Lumumba.
En 1944, a la edad de 19 años, se mudó a la ciudad de Stanleyville (actual Kisangani) para encontrar trabajo. Fue en ese momento donde empezó a incluirse en círculos de intelectuales nacionalistas que luchaban por un Congo independiente.
Fue en este momento cuando Lumumba, que publicaba asiduamente diversos poemas en medios congoleños que imitaban los procedimientos de la metrópolis belga (que no su ideología), empezó a forjarse un nombre como representante del pueblo congoleño nativo contra los abusos colonialistas.
En 1956, Lumumba formaba ya parte de un grupo sindicalista (prohibidos en ese entonces) de empleados congoleños no afiliados con el gobierno belga. Fue en ese mismo año cuando entró a formar parte del Partido Liberal Belga, que reclamaba más derechos para los congoleños nativos.
Con el aumento de su popularidad, en 1956 fue a Bélgica a representar los intereses de la colonia africana. Sin embargo, al volver, fue acusado de malversación y obligado a pasar un año en la cárcel. Cuando salió en 1957, se casó con Pauline Opangu, con la que tuvo ocho hijos.
Su tiempo en prisión también sirvió para aumentar su actividad y su popularidad todavía más. En 1958 fundó el MNC, el primer partido que actuaba en toda la extensión del Congo belga. La ideología de ese partido, además de la independencia, era el panafricanismo, la unión de los pueblos africanos para luchar contra el colonialismo.
El fin del colonialismo y la fundación de la República Democrática del Congo
El MNC, en 1958, se vio dividido en dos facciones: el MNC-Kalonji, y el MNC-Lumumba. Joseph Kalonji, de una postura más moderada que Lumumba, que estaba muy a la izquierda, decidió fundar un nuevo grupo para separarse ideológicamente. Sin embargo, el contacto entre ambas facciones siempre fue constante.
Se iniciaron los primeros movimientos secesionistas en 1959, cuando varios grupos independentistas además de las facciones del MNC se intentaron reunir en Stanleyville (la actual Kisangani) para iniciar el proceso de separación.
Las autoridades belgas, ante este hecho, intentaron detener a Lumumba que se vio apoyado por la población. Aunque en un principio Lumumba escapó, más tarde fue capturado, juzgado y encarcelado.
Además, la tensión se incrementó con las protestas de Léopoldville (la actual Kinshasa) por la independencia, duramente reprimidas. Al final, hacia finales de 1959, Bélgica, que ya se veía sobrepasada, intentó convocar elecciones municipales. Aunque Lumumba en un inicio llamó al boicot, posteriormente se presentó en Stanleyville, donde ganó.
Finalmente, en mayo de 1960, se convocaron elecciones legislativas, aunque Lumumba no obtuvo la mayoría necesaria. Más de 15 partidos obtuvieron resultados significativos, y Lumumba se vio forzado a elaborar pactos para organizar un gobierno.
Finalmente, se organizó un gobierno, con Patrice Lumumba como Primer Ministro y Joseph Kasa-Vubu, del partido ABAKO (Alliance des Bakongo, traducido como Alianza de los Bakongo), como Presidente. El 30 de julio, la independencia fue concedida por Bélgica.
La crisis política y la muerte de Lumumba
Poco después de la formación de un nuevo gobierno, las capas inferiores del ejército se rebelaron contra los oficiales blancos. Esto hizo que la población europea colona que todavía residía en el país se sintiese insegura.
Aprovechando esta situación, Bélgica mandó tropas al país para controlar la situación, pese a que el gobierno congoleño no las había solicitado. Ante esa invasión, Lumumba pidió apoyo a Estados Unidos, quien solo envió tropas mediante las Naciones Unidas en una misión que no consiguió nada.
Las tropas belgas se adentraron en el territorio, controlando ciertas zonas con presencia europea y además ayudando a la secesión de la zona más rica del país, Katanga, que pese a ser oficialmente independiente, estaba controlada por Bélgica.
Ante la falta de apoyo de los Estados Unidos, Lumumba entonces pidió ayuda a la URSS, la que ayudó mandando varios aviones para transportar a las tropas congoleñas y controlar la situación en Katanga. Con el apoyo de la URSS, y en plena Guerra Fría, el presidente Eisenhower mandó entonces a la CIA a controlar la situación, por miedo a que el comunismo se apoderase de una de las regiones más ricas de África.
En ese momento, las rivalidades internas afloraron también, y el presidente Kasa-Vubu intentó despedir a Lumumba como primer ministro, y Lumumba hizo lo mismo con Kasa-Vubu. Este vacío de poder fue aprovechado por Mobutu Sese Seko, un militar que, con el apoyo de la CIA, dio un golpe de estado y se estableció en el poder.
Lumumba, en un principio recluido en su hogar, huyó para iniciar la recuperación del poder, sin embargo, fue de nuevo detenido, y enjuiciado por incitar a la rebelión. En 1961, fue puesto delante de las cámaras donde se le dio una paliza y se le humilló públicamente.
La noche del 17 de enero, Lumumba fue enviado a la provincia de Katanga (la misma que se había independizado meses antes) y fue fusilado. Sus restos fueron quemados para evitar cualquier culto a su muerte.
Numerosos estudios resaltan la implicación de la CIA no solo en la muerte de Lumumba, sino en el posterior dominio del país para que se mantuviese cercano a Occidente, y poder disponer de sus recursos. También se apunta numerosas veces que Bélgica tuvo algo que ver en este golpe de Estado.
Sin embargo, la figura de Lumumba fue pronto martirizada, quedando como un héroe nacional entre las clases obreras que vieron como sus derechos eran minados con la dictadura de Mobutu Sese Seko.
Por su lado, el poder de Mobutu no se solidificó hasta 1965, cuando consiguió suprimir la oposición en el país y establecer un gobierno. A modo de anécdota final, fue en esa época cuando Ernesto “Che” Guevara voló hasta allí para intentar iniciar una guerra de guerrillas, que pronto fracasó.

https://elretohistorico.com/lumumba-africa-congo-belgica-independencia/


11.
Leopoldo II, el rey belga que cometió en África "los abusos más atroces" del colonialismo europeo
10 junio 2020
 
Una estatua del rey Leopoldo II que durante 150 años estuvo en el centro de Amberes fue retirada en las últimas horas de la ciudad belga.
 
La estatua de Amberes había sido quemada y atacada con pintura antes de ser retirada.
 
Y es que desde hace años grupos activistas piden que se deje de honrar la figura del monarca, que se considera cometió como propietario del Congo algunas de las peores atrocidades de colonialismo europeo.
Leopoldo II sigue dividiendo a los belgas, a los que durante décadas se les enseñó que fue el responsable de llevar la civilización a esa parte África.
Una muestra de lo controvertido que es este personaje, es que en las últimas horas un portavoz de la alcaldía de Amberes aseguró que la retirada de la estatua no tiene nada que ver con las recientes protestas que se han dado en todo el mundo en contra del racismo, y dijo que la figura será llevada a un museo para ser restaurada y que no se descarta que vuelva a ser instalada en el espacio público.

"El mayor y más horrible legado de todos"
Leopoldo II se declaraba "propietario" del Congo.
 
"De los europeos que luchaban para hacerse con el control de África a finales del siglo XIX, se puede decir que el rey belga Leopoldo II dejó el mayor y más horrible legado de todos", escribió en 2004 Mark Dummet, excorresponsal de la BBC en Kinshasa, en una nota sobre el monarca.
"Mientras las grandes potencias competían por conseguir territorios en otros lugares, el rey de uno de los países más pequeños de Europa esculpió su propia colonia privada de 100 kilómetros cuadrados en la selva tropical centroafricana", agregó Dummet.
Leopoldo II extendió sus dominios hasta controlar un territorio equivalente a 60 veces el tamaño de Bélgica.
Pero no sería tanto el tamaño de esas posesiones sino lo que allí ocurriría y las condiciones en las que sucedió lo que marcaría su legado.
Colonia privada
Leopoldo II, quien reinó en Bélgica entre 1865 y 1909, buscó convertir su pequeño país en una potencia imperial para lo cual lideró los esfuerzos para desarrollar la cuenca del río Congo.
Argumentando su deseo de llevar a los nativos africanos los beneficios del cristianismo, de la civilización occidental y del comercio, el monarca convenció a las potencias euroasiáticas de permitirle tomar el control de esa extensa región a través de una organización que llamó Asociación Internacional Africana y que en 1885 transformó en el Estado Libre del Congo.
Esta institución privada no estaba vinculada con el estado belga sino que dependía directamente del monarca, quien se presentaba como su "propietario". Era la única colonia privada del mundo.
Pero detrás del discurso filantrópico de Leopoldo II había un gran interés en hacerse con las grandes riquezas del territorio.
Primero, del marfil, que era inmensamente apreciado en la época previa a la creación del plástico por ser un material que podía ser utilizado para crear infinidad de piezas, desde estatuillas hasta teclas de piano pasando por piezas de joyería y dientes falsos.
De allí surgió la mayor parte de la riqueza obtenida por el monarca durante los primeros años del Estado Libre del Congo. Los abusos y las extremas condiciones a las que eran sometidos los nativos africanos allí para obtener este preciado material fueron retratados por el escritor británico de origen polaco Joseph Conrad en su novela "El corazón en las tinieblas".
Manos mutiladas
Gradualmente, el interés por el marfil fue desplazado por la fiebre del caucho, cuando en la década de 1890 su uso se disparó para producir ruedas de bicicletas y de autos, para recubrir cables así como para fabricar cintas de transporte para automatizar el trabajo en las fábricas.
El negocio del caucho tenía sus complejidades, pues la materia prima se extrae de un árbol que tarda muchos años en crecer, por lo cual quienes controlaran territorios con abundancia de estos árboles tenían una fortuna entre sus manos. Y el Estado Libre del Congo tenía muchos de ellos.
También abundan los relatos sobre la crudeza con la que se explotaba este material en los territorios controlados por Leopoldo II.
"Él convirtió su 'Estado Libre del Congo' en un campo de trabajo masivo, hizo una fortuna para sí mismo con la recolección del caucho y contribuyó en gran medida a la muerte de quizá unos 10 millones de inocentes", señaló Dummet.
La cifra de las posibles víctimas es controvertida.
En 1998, el historiador estadounidense Adam Hochschild publicó un libro en el que Leopoldo II quedaba señalado como el responsable de una suerte de holocausto africano, que superaría en cantidad de víctimas al número de judíos muertos a manos de la Alemania nazi.
En Bélgica, algunos expertos rechazaron las conclusiones del polémico texto. "Ocurrieron cosas terribles, pero Hochschild está exagerando. Es absurdo decir que murieron tantos millones", le dijo entonces Jean Stengers, un historiador especializado en la época de Leopoldo II, al diario británico The Guardian.
Stengers reconoció que la población del Congo mermó de forma dramática durante los 30 años siguientes a la toma de control de ese territorio por parte de Leopoldo II, pero advirtió que era imposible saber cuántas víctimas hubo pues nadie sabía cuántas personas habitaban allí en ese momento.
En lo que sí hay coincidencia entre los estudiosos fue en los métodos brutales utilizados por los representantes de Leopoldo II para obligar a la población nativa a explotar el caucho.
El Estado Libre del Congo estaba controlado por un ejército privado de unos 19.000 hombres conocido como Fuerza Pública.
Miembros de esta organización aterrorizaban a las poblaciones nativas para obligarlas a trabajar.
El método era el siguiente: entraban en una aldea por la fuerza, tomaban a las mujeres y a las niñas como rehenes y ordenaban a los hombres adentrarse en la selva para recolectar una cuota determinada de caucho.
Mientras los hombres cumplían con la tarea impuesta para salvar a sus esposas e hijas, estas morían de hambre o eran sometidas a abusos sexuales.
Además, quienes no fueran capaces de completar la cuota que les había sido impuesta estaban amenazados con la amputación de una de sus manos o de las de alguno de sus hijos.
Este castigo también era una práctica habitual por otros motivos. Los miembros de la Fuerza Pública tenían que demostrar que no "malgastaban" las balas de las que disponían, pues estas debían ahorrarse para ser usadas en caso de un motín.
Entonces, por cada bala gastada se les exigía que presentaran la mano cortada a uno de los rebeldes muertos. Como resultado, cuando los soldados regresaban de una expedición para sofocar una revuelta traían consigo cestas repletas de manos cortadas.
Pero esta medida de "ahorro" también se prestaba a otros adicionales abusos. Así, cuando un soldado erraba el tiro o cuando simplemente usaba sus balas para jugar al tiro al blanco, en ocasiones le cortaba la mano a un nativo para poder justificarse ante su oficial a cargo.
La biógrafa británica de Leopoldo II, Barbara Emerson, asegura que el monarca se sintió consternado cuando escuchó sobre los terribles abusos que ocurrían en sus dominios africanos -los cuales, por cierto, nunca conoció personalmente. "Estos horrores deben terminar o me retiraré del Congo. No seré salpicado de sangre y lodo", le habría escrito a su secretario de Estado.
Sin embargo, también se refiere a que comentó: "Cortar las manos. Es algo idiota. Yo les cortaría todo lo demás, pero no las manos. Eso es lo único que necesito en el Congo".
Un legado polémico
Durante la primera década del siglo XX se fueron acumulando las críticas en contra de los abusos que se cometían en el Estado Libre del Congo.
"Robo legalizado y ejecutado con el uso de la violencia", afirmó Dummet que era la forma como se describía en aquella época lo que ocurría en África bajo Leopoldo II.
Algunos historiadores señalan que esas críticas eran, en parte, impulsadas por otras potencias coloniales europeas que buscaban desviar la atención de sus propios abusos.
En todo caso, la presión ejercida sobre el monarca derivó en la decisión de este de transferir en 1908 su "propiedad" en África a Bélgica, con lo cual el Estado Libre del Congo se convirtió en el Congo Belga.
Leopoldo II murió poco después, pero dentro de los proyectos que había dejado en marcha estaba la construcción del Museo Real de África, en las afueras de Bruselas, que se convirtió en el primer museo de Congo en el mundo.
Pensado, en parte, como un instrumento de propaganda sobre el proyecto colonial, esta institución fue reabierta en 2018 luego de pasar cinco años cerrada en labores de adaptación de su colección a los nuevos tiempos.
Guido Gryseels, director general del museo, explicó en una entrevista concedida al diario The New York Times que parte del trabajo que hicieron tiene que ver con los esfuerzos para cambiar la visión positiva del colonialismo que ofrecía la institución.
"Generaciones enteras de belgas vinieron acá y recibieron el mensaje de que el colonialismo era algo bueno, de que trajimos civilización, bienestar y cultura al Congo", señaló.
Para combatir esa narrativa, el museo reorganizó la colección y colocó información que destaca los problemas causados por el colonialismo.
Pero ¿y qué hay del legado de Leopoldo II?
Derechos humanos
Mark Dummet, excorresponsal de la BBC en Kinshasa, señaló que el país nunca se había recuperado realmente de aquella experiencia colonial.
"Los soldados del Congo nunca se alejaron del rol que les atribuyó Leopoldo como una fuerza para ejercer la coerción, atormentar y violar a la población civil desarmada", apuntó en su texto de 2004.
Sin embargo, aquellos abusos al parecer sí tuvieron una consecuencia positiva aunque no buscada.
Según Dummet, la campaña para revelar lo que había ocurrido en el Estado Libre del Congo, liderada por el diplomático Roger Casement, se convirtió en el primer movimiento masivo moderno en defensa de los derechos humanos.
"La aparición de sucesores como Amnistía Internacional, Human Rights Watch o la organización con sede en Kinshasa Voix de San Voix ('La voz de los que no tiene voz') significa que en la actual República Democrática de Congo los abusos no pueden ocultarse por mucho tiempo", apuntó Dummet.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46651813



12.
El actual rey de los belgas reconoce la "violencia y crueldad" causada en la colonización del Congo
Felipe expresa por primera vez el "profundo arrepentimiento" de la casa real por los actos cometidos en la excolonia belga por Leopoldo II
30 de junio del 2020.
Nunca en la historia la casa real de Bélgica había reconocido las atrocidades y los actos de crueldad cometidos en la República Democrática del Congo por el rey Leopoldo II, que utilizó esta excolonia africana como su coto privado entre 1895 y 1908, explotando brutalmente y a su antojo los recursos naturales como el caucho y utilizando para ello a la población local en condiciones de absoluta esclavitud lo que llevó a la muerte a más de 10 millones de personas. Coincidiendo con el 60º aniversario de la independencia de la excolonia, el 30 de junio de 1960, el rey Felipe ha expresado este martes públicamente su "profundo arrepentimiento" en una carta dirigida al presidente del país, Felix Tshisekedi.
La especie de mea culpa sobre el pasado colonial belga ha tardado años en llegar y solo ha sido posible tras la ola de indignación y protestas desatadas en todo el mundo por la muerte del afroamericano George Floyd, en Estados Unidos a manos de la policía, y el movimiento Black Lives Matter que en las últimas semanas también se ha dejado sentir con fuerza en Bélgica. Decenas de estatuas y bustos de Leopoldo II, muy presente todavía en muchas ciudades incluida la capital de Bruselas, han sido vandalizadas y pintadas por grupos antirracistas que exigen su retirada y la apertura de un debate público que arrancará finalmente en septiembre en una comisión parlamentaria dispuesta a examinar el pasado colonial "en todas sus dimensiones" y en el que participará también la diáspora congoleña
"Ha llegado la hora de que Bélgica emprenda el camino de la verdad", ha reconocido también este martes la primera ministra, Sophie Wilmès, que ha indicado que durante este 2020 "debemos ser capaces de mirar el pasado compartido con lucidez y discernimiento", un pasado cargado de "desigualdades y violencia" hacia los congoleños. Faltaba, sin embargo, un pronunciamiento del rey de los belgas, que solo puede posicionarse sobre cuestiones políticas con el aval del Gobierno belga, y finalmente ha llegado este martes. 
"Violencia y crueldad"
En la carta, Felipe reconoce por primera vez los actos de "violencia y crueldad" cometidos en el Congo que "pesan en nuestra memoria colectiva" y que causaron "sufrimiento y humillaciones", aunque no menciona explícitamente y por su nombre a su antepasado Leopoldo ni pide formalmente excusas. "Quiero expresar mi profundo pesar por estas heridas del pasado cuyo dolor se ha reavivado por las discriminaciones todavía muy presentes en nuestras sociedades", señala dando su apoyo a la reflexión lanzada por el Parlamento federal belga para que "nuestra memoria quede definitivamente en paz". 
Un gesto que la prensa belga ha calificado de "histórico" ya que reconoce por primera vez de forma oficial un pasado tremendamente oscuro cuyos vestigios siguen atormentando al país. De hecho, el propio Felipe II ya optó a finales del 2018 por no participar en la ceremonia de inauguración del renovado Museo de África, situado en la periferia de Bruselas, e ideado por su antepasado como herramienta de propaganda del proyecto colonialista que lo convirtió en multimillonario. 

https://www.elperiodico.com/es/internacional/20200630/el-rey-de-los-belgas-reconoce-la-violencia-y-crueldad-causada-en-el-congo-por-leopoldo-ii-8020256



13.
10 Citas de Patrice Lumumba en el 55 aniversario de su muerte
19 de enero de 2016
1. "A los colonialistas no les importa para nada África, sólo su propio bien. Se sienten atraídos por las riquezas de África y sus acciones están guiadas por el deseo de preservar sus intereses en África contra la voluntad del pueblo africano. Para los colonialistas todos los medios son buenos si les ayudan a poseer esas riquezas". Discurso pronunciado en la Conferencia Panafricana en Leopoldville en agosto de 1960.
2. "La independencia política no tiene sentido si no va acompañada de un rápido desarrollo económico y social". Discurso pronunciado en la Conferencia Panafricana en Leopoldville en agosto de 1960
3. "Sin dignidad no hay libertad, sin justicia no hay dignidad, y sin independencia no hay hombres libres". Carta a su esposa, carta desde la prisión de Thysville, Congo, mi país.
4. "Un mínimo de comodidad es necesario para la práctica de la virtud". Congo, mi país.
5. "Llegará el día en que la historia hablará. Pero no será la historia que se enseña en Bruselas, París, Washington o las Naciones Unidas... África escribirá su propia historia, en el norte y el sur, y será una historia de gloria y dignidad". Carta desde la prisión Thysville a la señora Lumumba.
6. "Lo único que queríamos para nuestro país es el derecho a una vida digna, a la dignidad sin pretensiones, a la independencia sin restricciones. Esto no fue nunca el deseo de los colonialistas belgas y sus aliados occidentales... "Carta desde la prisión Thysville a la señora Lumumba.
7. "Estas divisiones, que las potencias coloniales han explotado para dominarnos, han jugado un papel importante y todavía están jugando un papel importante en el suicidio de África". Unidad Africana y discurso de la Independencia Nacional, de marzo de 1959.
8. "Sabemos que África no es ni francesa, ni inglesa, ni estadounidense, ni rusa, África es africana. Sabemos cuáles son los objetivos de Occidente. Ayer nos dividieron en tribus, clanes y aldeas... Quieren crear bloques antagónicos, satélites ... "Discurso en la apertura de la Conferencia Panafricana en Leopoldville el 25 de agosto de 1960.
9. "Nadie es perfecto en este mundo imperfecto". Congo, mi país.
10. "La unión africana y la solidaridad ya no son sueños. Discurso de apertura de la Conferencia Panafricana en Leopoldville, 25 agosto, 1960.

https://cidafucm.es/10-citas-de-patrice-lumumba-en-el-55-aniversario-de-su-muerte







Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Julio de 2022
Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net