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CASUALIDAD Y CAUSALIDAD

 Proemio

El precedente escrito 640 relacionado con el Destino me hizo recordar la CAUSALIDAD que dio lugar a que escribiera Mi Autobiografía y al leer la misma entender la Fuerza de Causalidad que influye en nuestro Destino, sabiendo que al estar dotados del Libre Albedrío podemos orientar la propia vida sin desconocer un Destino y muchas Causalidades...

Desarrollo

CASUALIDAD Y CAUSALIDAD
29 septiembre 2012
En la ciencia, y en la vida en general, los éxitos normalmente no se deben a la casualidad, sino que son fruto de la causalidad tras el ingenio, el tesón y el trabajo continuados. Como me parece que a menudo mucha gente confunde estas dos palabras, me permito insistirles aquí en ambos conceptos.
Según el diccionario de la Real Academia Española, casualidad es la «combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar», y causalidad la «ley en virtud de la cual se producen efectos». Así, cuando se dice de alguien la suerte que ha tenido al conseguir tal o cual premio, o reconocimiento, por ejemplo el Nobel, en realidad las razones están más cerca de una causalidad tras probablemente una vida de esfuerzo, que a la casualidad de que se encontrara paseando por una calle de Estocolmo justo en el momento apropiado cuando los miembros del comité Nobel necesitaban un premiado para ese año.
Pero son también los propios científicos los que olvidan a veces la diferencia entre estas dos palabras. Es muy habitual encontrar artículos científicos en los que los autores, respetados científicos, han realizado un buen número de mediciones de una manera competente. Tras jugar alegremente con los datos encuentran una cierta correlación entre dos medidas y formulan una tan interesante como forzada hipótesis de causalidad. Lamentablemente, en muchos casos esto solo era debido a una mera casualidad buscada a propósito con una eficiente ingeniería de datos, pero sin poder sostenerse tras una evaluación rigurosa.
De igual manera que a los individuos, estos conceptos se aplican también a sociedades o países. Lo que hemos mejorado en las últimas décadas se debe a un esfuerzo colectivo, quizás no suficiente, pero muy meritorio de muchísimas personas. Y también la situación en la que nos encontramos en España ahora se ha producido por nefastos comportamientos anteriores, no por una serie de casualidades. Todos deberíamos asumir que para asegurar nuestro futuro no podemos depender de la casualidad, sino que tenemos que crear las condiciones para que se produzcan los efectos deseados. Me temo que la única receta conocida es garantizar la convivencia, cuidar a nuestros jóvenes con una educación de primera y promover un entorno científico y tecnológico fértil.
Aunque la vida es tan compleja como para que casualidad y causalidad puedan aparecer de la mano en muchas ocasiones, les sugiero que se agarren a las seguridades de la causalidad y no se dejen cautivar demasiado por los cantos de sirena de la alegre casualidad.

https://www.laverdad.es/murcia/v/20120929/cultura/casualidad-causalidad-20120929.html

 
Definición de Causalidad
La casualidad hace referencia a la combinación de circunstancias que resulta imposible de anticipar y evitar. Aquello que ocurre por casualidad es imprevisto y, por lo tanto, no puede sortearse.
Por ejemplo: “Me tropecé y, de casualidad, encontré un fajo de billetes en el suelo” (en este caso, la persona se topa con el dinero por azar ya que no estaba buscándolo), “La colisión provocó que se desprendieran varios ladrillos de la pared, los cuales casualmente cayeron sobre mi coche” (la frase está vinculada a lo poco oportuno de haber aparcado el automóvil en el punto exacto en el cual caerían los ladrillos, suceso que el protagonista no podía prever).
Muchas personas sostienen que, en un sentido estricto, la casualidad no existe. En el primer ejemplo mencionado, podría decirse que el sujeto encontró los billetes ya que tropezó en el lugar donde éstos se encontraban y antes que otra persona pudiera advertir la presencia del dinero en el suelo. No existió voluntad ni intención por parte del individuo, pero sí se produjo una coincidencia temporal y espacial que explica racionalmente el hallazgo.
El segundo ejemplo también puede explicarse a partir de una secuencia aparentemente aleatoria de hechos: dado que nadie podía prever el accidente, el conductor aparcó su coche sin pensar en que el muro pudiera desmoronarse; más tarde, un choque en esa misma zona provocó un derrumbe que dañó el vehículo. Considerar este hecho una casualidad hace hincapié en la supuesta mala fortuna de la persona.
Para la matemática, la casualidad está vinculada a la aleatoriedad (un proceso cuyo resultado no es previsible ya que interviene el azar). Esto quiere decir que el resultado de un suceso aleatorio no puede saberse antes de que el mismo se produzca. Es posible, en cambio, hablar de probabilidades a partir de las estadísticas.
El límite de la casualidad
Si bien es posible dividir la población humana en infinitos grupos, tomando en cuenta los parámetros más diversos, la peculiar evolución de la vida en sociedad que hemos atravesado como especie en las últimas décadas deja en evidencia la existencia de dos bandos bien definidos: quienes se hacen cargo de sus acciones, y aquellos que atribuyen sus éxitos y fracasos a la casualidad.
Creer que todo ocurre independientemente de nuestra participación en el mundo constituye una ideología peligrosa, que convierte la vida en un juego de azar, en el cual no es necesario implicarse con todas nuestras energías y con nuestros sentidos bien despiertos, sino que basta con aguardar la partida afortunada mientras soportamos las terribles.
La exposición a la cual muchos se someten en la actualidad, haciendo uso de algunas de las herramientas que Internet les ofrece, da lugar a innumerables ejemplos de individuos que buscan la fama a través de diversos caminos; todos los días se presentan nuevos aspirantes a actores, bailarines y cantantes, quienes publican vídeos de variada calidad, duración y temática, pero con un mismo objetivo: ser descubiertos y convertirse en estrellas internacionales.
De dicho elenco imparable de talentos en busca de una oportunidad, solo unos pocos muestran un nivel de preparación y responsabilidad aceptables, mientras que la mayoría deja en claro que no comprende la necesidad de trabajar para conseguir sus metas. Cuando entran en juego cuestiones técnicas, apoyarse en la casualidad para obtener el resultado esperado es tan absurdo como viajar en taxi todos los días para encontrar un maletín con dinero, solo porque esto le haya ocurrido a una persona.
Por el bien del planeta que tan generosamente nos aloja y, en consecuencia, de nuestro propio bien, es aconsejable dar un espacio muy pequeño a las casualidades, priorizar siempre la posibilidad de una causa precisa para cada situación que atravesamos. Gran parte de las decisiones que tomamos, sino todas, deriva en un hecho que, a su vez, tarde o temprano será la causa de uno nuevo.

https://definicion.de/casualidad/

 

Definición de Casualidad
1. casualidad. ‘Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar’: «No hay casualidades sino destinos» (Sábato Héroes [Arg. 1961]). Deriva de casual, por lo que no debe usarse en vez de causalidad, que es voz relacionada con causa (→ causalidad).
2. por casualidad. ‘De manera casual o fortuita’: «Una pareja lo encontró por casualidad» (Vanguardia [Esp.] 4.5.94). En preguntas, puede tener también el significado de ‘acaso, quizá’: «¿Por casualidad aquí es el número doscientos setenta y tres, departamento siete?» (Vilalta Mujer [Méx. 1981]). En la lengua coloquial se usa también la fórmula de casualidad: «Yo me enteré de casualidad» (Feo Años [Esp. 1993]).
3. dar la casualidad. → dar(se)),
https://www.rae.es/dpd/casualidad
 
Definición La casualidad hace referencia a la combinación de circunstancias que resulta imposible de anticipar y evitar. Aquello que ocurre por casualidad es imprevisto y, por lo tanto, no puede sortearse.
Por ejemplo: “Me tropecé y, de casualidad, encontré un fajo de billetes en el suelo” (en este caso, la persona se topa con el dinero por azar ya que no estaba buscándolo), “La colisión provocó que se desprendieran varios ladrillos de la pared, los cuales casualmente cayeron sobre mi coche” (la frase está vinculada a lo poco oportuno de haber aparcado el automóvil en el punto exacto en el cual caerían los ladrillos, suceso que el protagonista no podía prever).
Muchas personas sostienen que, en un sentido estricto, la casualidad no existe. En el primer ejemplo mencionado, podría decirse que el sujeto encontró los billetes ya que tropezó en el lugar donde éstos se encontraban y antes que otra persona pudiera advertir la presencia del dinero en el suelo. No existió voluntad ni intención por parte del individuo, pero sí se produjo una coincidencia temporal y espacial que explica racionalmente el hallazgo.
El segundo ejemplo también puede explicarse a partir de una secuencia aparentemente aleatoria de hechos: dado que nadie podía prever el accidente, el conductor aparcó su coche sin pensar en que el muro pudiera desmoronarse; más tarde, un choque en esa misma zona provocó un derrumbe que dañó el vehículo. Considerar este hecho una casualidad hace hincapié en la supuesta mala fortuna de la persona.
Para la matemática, la casualidad está vinculada a la aleatoriedad (un proceso cuyo resultado no es previsible ya que interviene el azar). Esto quiere decir que el resultado de un suceso aleatorio no puede saberse antes de que el mismo se produzca. Es posible, en cambio, hablar de probabilidades a partir de las estadísticas.
El límite de la casualidad
Si bien es posible dividir la población humana en infinitos grupos, tomando en cuenta los parámetros más diversos, la peculiar evolución de la vida en sociedad que hemos atravesado como especie en las últimas décadas deja en evidencia la existencia de dos bandos bien definidos: quienes se hacen cargo de sus acciones, y aquellos que atribuyen sus éxitos y fracasos a la casualidad.
Creer que todo ocurre independientemente de nuestra participación en el mundo constituye una ideología peligrosa, que convierte la vida en un juego de azar, en el cual no es necesario implicarse con todas nuestras energías y con nuestros sentidos bien despiertos, sino que basta con aguardar la partida afortunada mientras soportamos las terribles.
La exposición a la cual muchos se someten en la actualidad, haciendo uso de algunas de las herramientas que Internet les ofrece, da lugar a innumerables ejemplos de individuos que buscan la fama a través de diversos caminos; todos los días se presentan nuevos aspirantes a actores, bailarines y cantantes, quienes publican vídeos de variada calidad, duración y temática, pero con un mismo objetivo: ser descubiertos y convertirse en estrellas internacionales.
De dicho elenco imparable de talentos en busca de una oportunidad, solo unos pocos muestran un nivel de preparación y responsabilidad aceptables, mientras que la mayoría deja en claro que no comprende la necesidad de trabajar para conseguir sus metas. Cuando entran en juego cuestiones técnicas, apoyarse en la casualidad para obtener el resultado esperado es tan absurdo como viajar en taxi todos los días para encontrar un maletín con dinero, solo porque esto le haya ocurrido a una persona.
Por el bien del planeta que tan generosamente nos aloja y, en consecuencia, de nuestro propio bien, es aconsejable dar un espacio muy pequeño a las casualidades, priorizar siempre la posibilidad de una causa precisa para cada situación que atravesamos. Gran parte de las decisiones que tomamos, sino todas, deriva en un hecho que, a su vez, tarde o temprano será la causa de uno nuevo.

https://definicion.de/casualidad/

 

Parónimos: ¿Casualidad o causalidad?
Casualidad y causalidad. Dos palabras muy parecidas desde el punto de vista semántico, pero casi opuestas en cuanto al contenido que expresan.
Parónimos: ¿Qué son?
En nuestro idioma existen palabras que son semejantes en el sonido, pero se escriben de forma diferente y tienen significados disímiles.
 A esta circunstancia se le denomina paronimia, y a las palabras incluidas en esta analogía parónimos.
Algunos ejemplos son descinchar (soltar las cinchas) y deshinchar (desinflar).
Adaptar (ajustar) y adoptar (adquirir), especia (condimento) y especie (clase), prever (pronosticar) y proveer (suministrar), etc.
En algunos casos se suele confundir el significado de determinados parónimos que, como hemos explicado, aun cuando se parezcan en su sonido, no expresan lo mismo, existiendo diferencias relevantes en su aplicación.
Casualidad y causalidad.
Este es el caso de casualidad y causalidad.
Dos palabras muy parecidas desde el punto de vista semántico, pero casi opuestas en cuanto al contenido que expresan.
Casualidad se refiere a la combinación de circunstancias, sucesos y situaciones que ocurren fortuitamente y que no pueden preverse.
Causalidad expresa la vinculación entre una causa y su efecto, la relación entre acontecimientos, comportamientos o actitudes y los eventos o sucesos a los que dan origen.
De tal forma, lo que ocurre por casualidad no tiene una procedencia conocida y determinante, no es previsible.
En cambio, lo que ocurre por causalidad es resultado de la relación causa-efecto, donde el último depende del primero, no es fortuito.
Ambas palabras se utilizan para expresar el tipo de relación existente entre hechos y acontecimientos, sin embargo, la casualidad se asocia a la incertidumbre y la causalidad a la seguridad de la ocurrencia o no ocurrencia de los hechos.
Causalidad y casualidad con ejemplos.
Para que quede del todo claro, que en un sorteo de 100 números posibles resulte ganador el digito que coincide con el número favorito del presentador, es una casualidad.
Que un evento se desarrolle exitosamente después de que los organizadores hayan dedicado muchas horas de trabajo a la planificación de éste, es una causalidad.
Que un alumno estudie solo un punto de un temario y apruebe porque en el examen le haya tocado únicamente preguntas sobre ese tema, es casualidad.
Que otro alumno estudie sistemáticamente, entienda y aplique los conocimientos y teorías adquiridos y apruebe el examen, es causalidad.
Ganar un sorteo apostando al número favorito, aprobar sin estudiar todos los temas… seguramente sea una casualidad. Incluso podemos asignarle esa otra palabra tan manida: suerte.
La causalidad de tus acciones.
Lo que no es casualidad es el resultado del esfuerzo bien encaminado.
Las horas de estudio utilizando técnicas eficaces, la planificación y organización consciente de eventos y acciones.
El buen desempeño debido a la formación y la dedicación, la generación de climas positivos debido a la colaboración.
Que los que te rodean estén dispuestos a ayudarte, que tus compañeros y colaboradores quieran trabajar contigo.
Que cuando tengas un problema y te sientas “hundido” reacciones y te levantes, que crezcas cada día como persona y como profesional.
Todo ello es el resultado de tus comportamientos, tu actitud y tus acciones. No es suerte. Es causalidad.
¿Suerte, causa o efecto?
Hay personas que atribuyen a la suerte todo lo que les sucede, lo que reciben o no reciben.
Una gran parte del desarrollo de su vida la asocian con hechos fortuitos. Sin tener en cuenta el factor decisiones.
En alguna medida hipotecan su existencia a una sensación constante de casualidad. Buena o mala suerte.
Es cierto que existen muchas variables ajenas a nuestra voluntad que influyen en los sucesos y eventos que nos acontecen.
Por otra parte, con frecuencia a un efecto corresponden diversas causas.
También es innegable que no siempre podemos conseguir todo lo que nos proponemos, ni es posible alcanzar todas las metas que nos tracemos, aun cuando las soñemos con anhelo.
Este tipo de frases grandilocuentes como “si quieres, puedes” han sido construidas para motivar sin embargo no son aplicables a todos los contextos.
Pero sí podemos gestionar nuestros destinos en gran medida y en casi todas las situaciones.
Aun cuando no siempre podamos elegir lo que nos ocurre, sí podemos decidir cómo actuar ante los diferentes escenarios de la vida.
Incluso muchas de las circunstancias que en principio pueden parecer casuales, en alguna medida las hemos generado con nuestras decisiones y comportamientos.
Nuestras acciones.
En la vida hay menos acontecimientos fortuitos de los que con frecuencia consideramos.
Una gran parte de lo que nos afecta depende de algún modo de nosotros.
Todo, o casi todo, está ligado a nuestras acciones
En mayor o menor medida todo lo que ocurre a nuestro alrededor y que influye en nosotros, está relacionado con nuestras decisiones y comportamientos.
Por ello es tan importante diferenciar lo que es casual de lo que es fruto de nuestra huella. 
Si no distinguimos la relación existente entre nuestras actuaciones y la obra que nos rodea podemos perder la guía sobre nuestras vidas.
Llegaremos a ser víctimas de lo que nos rodea, de la casualidad y de la mala suerte.
Emitiremos constantemente a nuestro cerebro pensamientos negativos y limitantes que nos llevarán a la inacción, al conformismo y a la crítica sin sentido y muy probablemente a la pérdida de autoestima.
No lo dudes. Aun cuando suenen parecido no es lo mismo casualidad que causalidad.
Si no te decides a perseguir una meta, nunca la lograrás.
Si no dedicas tiempo y energía a unir partes, no construirás obra alguna; si no te preocupas por los que te rodean, no se preocuparán por ti.
Si no te pones de pie, abandonas el pesimismo y la desesperanza y das el primer paso, siempre estarás inmóvil.
No es cuestión de suerte, no es casual que solo avanzan los que se ponen en movimiento.
¿Pato o Halcón?
Un conferenciante visita una ciudad donde se desarrollará un congreso internacional.
A su llegada al aeropuerto toma un taxi para que lo traslade al hotel donde se hospedará.
Desde el inicio, el conductor lo sorprende positivamente, baja del coche y le abre la puerta y le da la bienvenida.
Unos minutos después de ponerse en marcha, le ofrece una botella de agua y le pregunta si quiere escuchar música, estar en silencio o que le vaya describiendo algunos detalles interesantes de la ciudad que verán durante el viaje.
El consultor, que se había percatado de la limpieza del vehículo y de la amabilidad y actitud del taxista, fuera de lo común, le pregunta:
– “Perdone, he visto lo amable, observador y oportuno que es usted con todas las atenciones que ha tenido.
Incluso, al percatarse de que no soy de aquí, se ha ofrecido a explicarme algunos datos interesantes de su ciudad.
Estoy agradecido y muy positivamente sorprendido, ¿es usted siempre así en su trabajo?”
A esta pregunta, el taxista responde:
– “Ahora sí, pero antes no era de esta forma.
Antes estaba prácticamente todo el día quejándome de mi mala suerte, de los atascos, de la mala educación de los pasajeros, del mal tiempo, casi todo me molestaba y me parecía que todo lo malo me pasaba a mí.”
 – “¿Y qué sucedió para que cambiara tan drásticamente?” Preguntó el conferenciante.
“Un día, durante mi jornada de trabajo, recogí a un pasajero parecido a usted. Iba con traje, con una maleta y se dirigía a un hotel conocido por los eventos y reuniones que se desarrollaban en sus salas.
Comenzó a llover y yo, como siempre, comencé a quejarme.
Ya verás, esta lluvia solo sirve para ensuciar los coches, etc.
 Luego continué quejándome de los atascos, de las horas a las que llegaban los aviones y los pasajeros, de todo el tiempo que llevaba esperando en una interminable fila en el aeropuerto y de mi mala suerte.
Entonces el cliente al llegar el hotel, antes de bajarse, me dijo: – “mire, yo vengo a un encuentro internacional donde algunos expertos hablarán de las actitudes y los comportamientos que nos hacen crecer y los que nos limitan.
 Nos han entregado este pequeño folleto con una historia y varias reflexiones que le podría resultar interesante, se lo regalo, por favor léalo.””
– “¿Usted lo leyó?” –  le preguntó intrigado el conferenciante.
– “La verdad que cuando me lo entregó no le hice ningún caso.
 Pero al llegar a casa tomé el folleto para hojearlo si no había nada interesante en la tele. Así que antes de irme a dormir me puse a leerlo, y me atrapó.”
– “¿De qué trataba?”
-“El resumen era una reflexión a modo de historia donde decía que las personas se dividían según su comportamiento ante el trabajo y los problemas en dos tipos: Los patos y los halcones.
Los patos, cuando surge la más mínima complicación corren y revoletean a la vez que graznan constantemente CUA, CUA, CUA…
En cambio, los halcones ante un problema toman altura, lo observan y analizan buscando una solución, hasta que bajan en picada a resolverlo.
¡Era increíble cómo me sentía reflejado en el tipo pato, todo el día CUA, CUA, CUA!
No hacía nada, sólo quejarme de mi mala suerte y de todos los problemas que me ocurrían.”
-“Y decidió cambiar”, dijo el conferenciante en una especie de mezcla entre afirmación y pregunta.
-“Pues sí.
 Después de imaginarme constantemente graznando, sin hacer ni una sola acción para cambiar mi vida.
 Y después pensar en cómo se sentían los que me rodeaban escuchándome todo el día CUA, CUA, CUA, decidí que poco a poco tenía que dejar de ser pato y hacerme un halcón.»
-“¿Y cómo le va desde entonces?”
-“Limpié el taxi, desde entonces lo limpio todos los días. Siempre tengo prensa, compro botellas de agua para ofrecer a los clientes.
Soy amable. Observo y le preguntó al cliente qué prefiere. Diseñé unas tarjetas con mis datos.
Enfrento los problemas de otra manera, ya no me quejo…
 Desde entonces he aumentado considerablemente mis ingresos, muchos clientes me llaman para que los traslade, trabajo menos horas y disfruto mi trabajo… ya no tengo mala suerte, jaja.”
Rieron los dos.
Águila o gallina.

https://cursos.centroingentis.com/casualidad-o-causalidad/

 

Casualidad y causalidad
Casualidad y causalidad son dos palabras distintas, aunque similares, y en muchas ocasiones se confunden. De suyo, la gente suele utilizarlas indistintamente cuando significan cosas y situaciones distintas. Porque no nos equivoquemos, no quieren decir lo mismo. La primera se refiere a cuando las cosas suceden de forma inesperada y sin que las pudiéramos prever. Casi sin darnos cuenta ocurren y sin que hubiéramos puesto los medios adecuados para que sucedieran, pero, sin embargo, suceden. Tampoco es que no nos mereciéramos que ocurrieran, pero surgen con un menor esfuerzo que cuando ponemos nuestro máximo empeño en conseguir algo y, sin embargo, nos cuesta llegar a ello. Pero un día las cosas surgen sin más con absoluta facilidad. Aunque igual pudiéramos pensar que es el resultado de actuaciones anteriores. Pero, sea como fuere, lo cierto y verdad es que surgen «por casualidad».
Por otro lado, la causalidad es lo opuesto a casualidad. El principio de causalidad es un principio clásico de la filosofía y la ciencia, que afirma que todo evento tiene una causa. Así, si nosotros hacemos algo y conseguimos un determinado resultado lo será porque hemos puesto los medios adecuados para llegar a éste. Y a veces han sido muchas las razones o causas que nos han llevado a conseguir algo. Porque las cosas no ocurren de manera aislada, sino que unas están ligadas a otras en un proceso de interacción. Unas cosas suceden a otras y con frecuencia en el mismo orden. A los primeros sucesos en una relación los llamamos causas y a los segundos efectos. Decimos esto porque resulta importante destacar que el efecto, cuando conseguimos un determinado objetivo, es el resultado de una causa, o aquellos medios que hemos puesto sobre la mesa para llegar a este fin concreto. Y, por ello, el efecto es aquello que se consigue por virtud de una causa, o el fin para que se hace una cosa. Así, la relación que existe entre causa y el efecto alcanzado se llama causalidad.
Verá el lector la gran diferencia existente entre ambas acepciones. Que pueden parecer idénticas o similares, pero en el fondo no lo son. Y tampoco en la forma. Porque en muchas ocasiones las confundimos y está claro que «causa» y «casual» no son lo mismo. La primera hemos visto que son las distintas acciones que realizamos para conseguir un resultado. Esos esfuerzos diarios que vamos sumando día a día para hacer algo. Nos organizamos para llevar a cabo tareas destinadas a un fin que nos hemos propuesto y vamos sumando causas para, al final, conseguir un determinado efecto, el cual es el resultado de esa suma de esfuerzos que hemos venido realizando.
A veces escuchamos expresiones relativas a que ha ocurrido un determinado fenómeno o acontecimiento y decimos que ha ocurrido por «casualidad», pero si ahondáramos más en ello seguro que encontraríamos alguna causa o razón por la que al final ha desembocado en ese efecto concreto, con lo que ya no ha ocurrido el suceso final por casualidad, sino por causalidad. Pero al revés esto no ocurre, porque si vamos realizando esfuerzos para conseguir un fin y este ocurre, no habrá sucedido por casualidad, sino que lo será por causalidad. Nos hemos esforzado en llegar a este fin y lo hemos logrado. Nuestro esfuerzo es la causa o razón del efecto logrado.
Por ello, cuando se quiere minusvalorar el esfuerzo de alguien se suele decir: ¡Fíjate qué casualidad lo que ha logrado tal o cual persona!, como queriendo significar que no ha sido fruto del esfuerzo, sino de la suerte o la fortuna, o que las cosas y los logros surgen sin esforzarse alguien. En otras ocasiones sí que hay personas que consiguen algo y lo es por casualidad, es decir, porque o la fortuna les ha sonreído, o porque ha ocurrido el suceso de forma que no lo ha sido por el esfuerzo, sino por otros factores. Y estas situaciones se dan con mucha frecuencia en la vida, porque hay cosas que surgen por causalidad y son resultado de un esfuerzo y otras ocurren por casualidad. Pero cuando estas últimas se tornan en acontecimientos negativos para la sociedad o para los ciudadanos, quien ha puesto los medios para que éstas ocurran alegan que algo ha ocurrido por casualidad, ocultando las acciones llevadas a cabo para conseguir algo. Cuando ocurrió la crisis económica del año 2007 no fue por casualidad, sino que fue un desastre organizado que se veía venir. Y cuando las sociedades se hunden en ideas y patrones de conducta no es por casualidad. Es porque no hacemos las cosas bien. Por ello, pongamos las causas positivas en funcionamiento para evitar que «por casualidad» las cosas en la sociedad no salgan bien y los problemas sigan sin resolverse.

https://www.informacion.es/opinion/2017/07/21/casualidad-causalidad-5899572.html

Causa y efecto
"¡Si te bebes tu leche, crecerás más grande y fuerte!" "Si limpias tus juguetes, puedes jugar afuera." La mayoría de los padres y los cuidadores hablan con los niños acerca de las causas y efectos mucho antes de lo que es de esperar que los niños entiendan esos términos. Enseñamos la causa y el efecto cada vez que ayudamos a un niño a reconocer una relación entre dos cosas, o cuando demostramos que un evento es el resultado de otro.
Las ciencias tratan de explicar y entender el mundo natural. Las cosas pasan por una razón: hay una causa para cada efecto. En las ciencias, la causa explica la razón por la qué algo sucede. El efecto es la descripción de lo ocurrido. Muchas actividades sencillas se pueden hacer en casa y en el patio trasero que permitirán desarrollar la comprensión que su niño tenga de la causa y el efecto. Tome en cuenta estas ideas:
Pregúntele a su hijo: "¿Qué crees qué sucederá si dejamos la paleta helada afuera bajo el sol?" El hecho de dejar que la paleta se derrita le ofrece una oportunidad para hablar sobre el calor del sol y sus efectos en la paleta helada. Durante el invierno, haga lo mismo con pequeñas tazas de agua. "¿Qué es lo que causó que el agua se convirtiera en hielo?"
Realicen un juego sencillo en el que usted plantea oralmente una situación (o una causa). Pregúntele a su hijo que dé el complemento proponiendo una acción (o un efecto). Por ejemplo, usted le podría decir: "Estaba nevando afuera." Su hijo puede completar respondiendo: "Y todos los niños tienen sus trineos". "Alguien tocó el timbre de la puerta," él o ella podría responder: "Nuestro perro comenzó a ladrar". Este juego es perfecto para ayudar a que el niño o la niña se dén cuenta de que no solo hay una respuesta correcta — así como los científicos aprenderán que pueden existir varias causas y varios efectos.
Dé seguimiento a las plantas de su patio. Conforme v observando cómo una planta florece y va creciendo, pregúntele a su hijo que le explique por qué. ¿La planta está recibiendo buena luz y agua? Si las hojas de una planta están ajadas, pregúntele a su hijo cuál podría ser la causa de que las hojas se estén marchitando. ¿La planta necesita más sol? ¿Más agua? ¿Qué efecto podrían tener una nueva ubicación y algo de agua en la planta?
Comparta con su hijo el libro infantil Si le das una galletita a un ratón. Señale el uso de las palabras específicas de causa/efecto en el libro, como si… entonces. Lleve la cuenta de todas las causas y efectos que se producen en la historia. Por ejemplo, si le das a un ratón una galleta, le gustará un vaso de leche para acompañarla. Si le das un vaso de leche, pedirá paja, etc.
Los niños pequeños aprenden mediante la participación en actividades que son reales y significativas para ellos, actividades que fomentan el desarrollo de habilidades, conocimientos y formas de pensar y del aprendizaje. Los padres pueden ayudar a enseñarles a los niños las primeras destrezas para la alfabetización, así como en el desarrollo de las ciencias y las matemáticas mediante la creación de situaciones sencillas que fomenten el aprendizaje.

https://www.colorincolorado.org/es/articulo/causa-y-efecto

Correlación vs. causalidad
La correlación examina la relación entre dos variables. Sin embargo, observar que dos variables se mueven conjuntamente no significa necesariamente que una variable sea la causa de la otra. Por eso solemos decir que "la correlación no implica causalidad".
Una correlación fuerte puede indicar causalidad, pero también es probable que existan otras explicaciones:
En los datos observacionales, las correlaciones no pueden confirmar la causalidad...
Las correlaciones entre variables nos muestran que hay un patrón en los datos, que las variables tienden a moverse conjuntamente. Sin embargo, por sí mismas, las correlaciones no nos muestran si los datos se mueven juntos porque una variable causa la otra.
Es posible encontrar una correlación fiable y estadísticamente significativa entre dos variables que en realidad no tienen ninguna relación causal. ¡De hecho, estas correlaciones son comunes! A menudo esto se debe a que ambas variables están asociadas a una variable causal diferente, que tiende a darse junto a los datos que estamos midiendo.
Ejemplo: el ejercicio y el cáncer de piel
Vamos a verlo con un ejemplo. Imagine que está analizando datos sobre salud y observa una correlación positiva y estadísticamente significativa entre ejercicio y casos de cáncer de piel, esto es, que las personas que hacen más ejercicio tienden a sufrir cáncer de piel. La correlación parece significativa y fiable, y podemos observarla en múltiples poblaciones de pacientes. Sin hacer más indagaciones, ¡se podría llegar a la conclusión de que el ejercicio causa cáncer! Basándose en estos resultados, incluso podría desarrollarse una hipótesis plausible: quizás el estrés del ejercicio causa que el cuerpo pierda parte de su capacidad para protegerse del daño del sol.
Pero en realidad, esta correlación podría estar presente en su conjunto de datos porque las personas que viven en lugares que tienen mucha luz solar todo el año son significativamente más activas en su vida diaria que las personas que viven en lugares con menos luz. Esto se refleja en los datos como un incremento del ejercicio. Al mismo tiempo, mayor exposición diaria a la luz solar significa que hay más casos de cáncer de piel. Ambas variables (la tasa de ejercicio y la de cáncer de piel) han sido afectadas por una tercera variable causal (la exposición a la luz solar) pero no tenían una relación causal entre sí.
...pero con estudios empíricos bien diseñados, ¡podemos establecer la causalidad!
Es fundamental para el conocimiento de datos poder distinguir entre aquello que ofrece, o no, una evidencia causal. En el mundo real, la determinación de causalidad nunca es perfecta. Sin embargo, hay una variedad de técnicas experimentales, estadísticas y de diseño de estudios que sirven para encontrar evidencias de relaciones causales: p. ej., la aleatorización, los experimentos controlados y los modelos predictivos con múltiples variables. Más allá de las limitaciones intrínsecas de las pruebas de correlación (p. ej., la correlación no puede medir relaciones causales potenciales con tres variables), es importante entender que la evidencia de causalidad usualmente no procede de pruebas estadísticas individuales, sino de un diseño experimental cuidadoso.
Ejemplo: enfermedades de corazón, dieta y ejercicio
Por ejemplo, vamos a imaginar de nuevo que somos investigadores de salud y que estamos examinando un amplio conjunto de datos sobre las enfermedades cardíacas, dieta y otros hábitos de salud. Supongamos que encontramos dos correlaciones: un número mayor de enfermedades cardíacas está correlacionado con dietas más altas en grasa (correlación positiva) y una mayor cantidad de ejercicio está correlacionada con menos enfermedades cardíacas (correlación negativa). Ambas correlaciones son grandes y las encontramos de manera fiable. Seguro que esto nos da una pista sobre la causalidad, ¿verdad?
En este caso, la correlación puede sugerir una relación causal subyacente, pero sin un trabajo adicional, no la establece. Imaginemos que después de encontrar estas correlaciones, nuestro siguiente paso es diseñar un estudio biológico que examine las maneras en las que el cuerpo absorbe la grasa y cómo afecta esto al corazón. Quizás encontremos un mecanismo a través del cual un mayor consumo de grasa se almacena de tal manera que somete al corazón a mayor presión. También podemos examinar en más profundidad el ejercicio y diseñar un experimento aleatorizado y controlado que descubra que el ejercicio interrumpe el almacenamiento de grasa, lo que reduce la presión sobre el corazón.
Todas estas evidencias encajan en una explicación: las dietas más altas en grasa realmente pueden causar enfermedades cardíacas. Y a medida que nos adentramos en el problema, las correlaciones originales siguen siendo válidas: ¡las dietas altas en grasa y las enfermedades cardíacas están relacionadas!
Pero en este ejemplo, observamos que la evidencia causal no fue facilitada por la prueba de correlación en sí, la cual simplemente estudia la relación entre datos observacionales (como el índice de enfermedades cardíacas y dieta y ejercicio reportados). En su lugar, usamos un estudio empírico para encontrar evidencias de esta asociación.
Por tanto, ¿cómo exploramos la causalidad? ¡Con un tipo de estudio adecuado!
Entender la causalidad es un tema complicado. En el mundo real, nunca podemos acceder a todos los datos que necesitaríamos para establecer todas las relaciones posibles entre variables. Pero hay algunas estrategias clave para ayudarnos a aislar y explorar los mecanismos entre diferentes variables. Por ejemplo, en un experimento controlado, podemos intentar crear dos grupos muy similares y aplicar al azar un tratamiento o intervención a uno solo de ellos.
El principio de la aleatorización es fundamental en el diseño experimental y entender este contexto puede cambiar lo que somos capaces de inferir de las pruebas estadísticas.
Vamos a ver de nuevo el primer ejemplo de arriba, que examinaba la relación entre ejercicio y tasas de cáncer de piel. Imaginemos que de alguna manera podemos seleccionar una muestra grande de personas distribuidas en todo el mundo y asignarles al azar que hagan ejercicio a diferentes niveles cada semana durante diez años. Al finalizar este periodo, también recopilamos tasas de cáncer de piel de este gran grupo. Al final, tendríamos un conjunto de datos diseñado experimentalmente para probar la relación entre ejercicio y cáncer de piel. Como el ejercicio ha sido manipulado directamente en el experimento mediante asignación aleatoria, no estará sistemáticamente relacionado con ninguna otra variable que podría ser diferente entre estos dos grupos (asumiendo que todos los demás aspectos del estudio son válidos). Esto significa que en este caso, como nuestros datos se han obtenido a través de un diseño experimental sólido, una correlación positiva entre ejercicio y cáncer de piel que sería una evidencia significativa de causalidad.
https://www.jmp.com/es_cl/statistics-knowledge-portal/what-is-correlation/correlation-vs-causation.html

  

La causalidad no es una casualidad: cuando los eventos son multicausales
28 junio, 2020
La idea de causa que aprendemos cuando somos niños generalmente está asociada a una experiencia práctica que incorpora tiempo. Por ejemplo, si metes los dedos en el enchufe, luego te da la corriente; si no haces las tareas y estudias, luego repruebas el ramo. Podríamos escribir infinitos libros con ejemplos que ilustran que una causa es “algo” que antecede otro “algo”. Y aunque esta premisa parece sencilla, en el área de la Salud la definición de causa es algo mucho más complejo. Y cuando nos preguntamos porqué la incidencia o la letalidad del COVID-
19 ha sido tan disímil entre poblaciones que parecían tan semejantes, no es casual que la respuesta nos obligue a revisar el concepto de causalidad.
En la época grecorromana existía la creencia que los dioses enviaban “malos aires” en forma de castigo a los mortales pecadores; estos malos aires o vapores tóxicos, eran conocidos como miasmas y acuñaron la primera teoría sobre causalidad. Los miasmas prevalecieron hasta el siglo XIX, cuando una de las tantas epidemias de cólera vió emerger al padre de la epidemiología John Snow (y no me refiero al personaje de Game of Thrones), y con él una nueva concepción de la causalidad. Snow pensaba que había “algo” en el agua que enfermaba y que no se trataba de vápores tóxicos ni de castigo divino. Aunque muchos no le creyeron debido a la hegemonía de la teoría miasmática, algunos años más tarde Robert Koch aisló la bacteria que causa la tuberculosis y además desarrolló sus propios postulados para referirse a los microorganismos como causa de enfermedad; una nueva era para la causalidad había comenzado. Y si aplicamos la teoría unicausal, diremos que la causa de COVID-19 es un microorganismo; por lo mismo, bastaría con eliminar el virus para terminar con la pandemia. Pero casualmente la unicausalidad no parece ser la respuesta a nuestra crisis.
Considerando la teoría unicausal como el mantra de las enfermedades infectocontagiosas, muchas cosas no encajaban cuando comenzaron a proliferar las enfermedades no transmisibles como el cáncer, el infarto, o la depresión. En el siglo XX, Austin Bradford Hill desarrolló algunos criterios que permiten hacer alusión a la causalidad de eventos no transmisibles. Él había estado dando una batalla contra la industria tabacalera para decir que el tabaco era causa de cáncer de pulmón. Al lograrlo no tan solo consolidó una nueva forma de concebir la causalidad sino que también se convirtió en caballero de la corona inglesa. Las ideas de Sir Bradford Hill no configuran una teoría como los paradigmas anteriores, sino que representan criterios orientados a la construcción del conocimiento causal. Más tarde, Kenneth Rothman complementó estos criterios con sus famosas “causas componentes” ejemplificando la multicausalidad a través de gráficos sectoriales o de torta. En ese sentido, Rothman nos invitó a revisar la multicausalidad de muchos eventos (incluso de las enfermedades infecciosas como el COVID-19), tal como reconocemos que un fósforo puede encender fuego debido a la pólvora, pero es necesario que alguien manipule el fósforo y que haya oxígeno que produzca la combustión.
Judea Pearl, uno de los científicos más reconocidos por su trabajo en el campo de la causalidad, ha llevado las cosas más allá de lo pensado, reconociendo que hay causalidades que incorporan distintos niveles de complejidad y que en ocasiones solo tenemos la capacidad de modelar probabilidades que no están exentas de error; tal como muchas y muchos de nosotres, nos encontramos modelando los datos disponibles sobre COVID-19. En este punto, parece fundamental  declarar que la epidemiología actual reconoce la multicausalidad de eventos de salud en poblaciones, así como el equipo de salud reconoce los eventos de salud en un paciente. Por lo mismo, es importante que en esta crisis aprendamos a diferenciar las causas de la enfermedad en el individuo, de las causas de la tasa de incidencia o de la prevalencia de la enfermedad en un grupo poblacional como una comuna o un país. Entonces la causalidad del COVID-19 en la población, parece ir más allá del virus en el individuo.
Existe certeza que la causa de COVID-19 en un individuo es el virus SARS-CoV-2 (más conocido como coronavirus); sin embargo, no podemos negar que existe una multicausalidad en su propagación a nivel poblacional, y que esta multicausalidad podría variar de grupo en grupo. Podríamos aventuranos a decir que en algunos grupos la tasa de incidencia de casos confirmados dependerá de la cantidad de PCR  (sigla del examen que verifica la presencia del virus en una persona). También podríamos decir que en otros grupos, la principal causal de propagación es la irresponsabilidad de quienes no respetan las medidas de prevención como el uso de mascarilla o el distanciamiento social. En otros grupos, la exposición crónica a contaminantes podría conllevar al agravamiento de los cuadros de COVID-19; esto ha sido sugerido por algunos artículos recientemente publicados en poblaciones de Italia y de Estados Unidos, donde la exposición crónica se asoció a mayor letalidad. En gran parte de los países en desarrollo (y también algunos desarrollados), la inequidad, el hacimiento y los determinantes sociales han favorecido el contagio.
Estamos en un momento crítico de la pandemia y el desenlace más pesimista, la muerte, hoy se sostiene principalmente en dos factores: la capacidad de respuesta de un equipo de salud con recursos limitados (que ha tratado de enmendar la causalidad de otros factores que no fueron reconocidos previamente) y la condición basal de una persona que se ha expuesto a distintas cosas durante su vida (evitables y no evitables). Por lo mismo, la multicausalidad de los eventos poblacionales nos debe convocar a asumir nuestra responsabilidad, es decir, a reconocer que nuestro comportamiento puede ayudar a mejorar o empeorar la situación actual y a no desconocer todas las potenciales causas de la incidencia a nivel poblacional, que no es lo mismo que la causa de COVID en un individuo.

https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2020/06/28/la-causalidad-no-es-una-casualidad-cuando-los-eventos-son-multicausales/  

Las casualidades no existen
Formamos parte de una sociedad materialista, desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso, en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestras acciones, pues en última instancia las cosas pasan por "casualidad". Esta visión nos convierte en meras marionetas en manos del azar.
En paralelo, muchos individuos nos hemos vuelto "nihilistas". No es que no creamos en nada. Simplemente "negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana". De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés.
Pero ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Lo irónico es que la existencia de estas creencias limitadoras pone de manifiesto que todo lo que existe tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo. No en vano creer que no tenemos ningún tipo de control sobre nuestra vida refuerza nuestro victimismo. Y pensar que la existencia carece por completo de sentido justifica nuestra tendencia a huir constantemente de nosotros mismos.
"Según la ley de la sincronicidad, lo que nos ocurre, bueno o malo, está ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos"
Es decir, que incluso estas creencias no están ahí por casualidad, sino que cumplen la función de evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores temores: el "miedo a la libertad" y el "miedo al vacío". Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?
DEL POR QUÉ AL PARA QUÉ
"El caos es el orden que todavía no comprendemos"(Gregory Norris-Cervetto)
Cegados por nuestro egocentrismo, solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Preguntarnos por qué es completamente inútil. Fomenta que veamos la situación como un problema y nos lleva a adoptar el papel de víctima y sentirnos impotentes.
Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. Una actitud mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir la oportunidad de aprendizaje subyacente a cualquier experiencia, sea la que sea.
Y esto es precisamente de lo que trata la "física cuántica". En líneas generales, establece que "la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas". Sin embargo, "solo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas". Es decir, que ahora mismo, en este preciso instante, nuestras circunstancias actuales son el resultado de la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de nuestra vida.
Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros costes de vida, eso es precisamente lo que habremos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otros resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso.
LA TEORÍA DEL CAOS
"El aleteo de una mariposa puede provocar un 'tsunami' al otro lado del mundo" (proverbio chino)
Lo mismo nos sugiere "la teoría del caos". Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos "permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios". Dentro de estas investigaciones, destaca "el efecto mariposa". Para comprenderlo, un ejemplo: imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un máster en el extranjero. Y que al regresar a casa entra a trabajar de becario en una empresa. Allí aparece una nueva becaria, a quien sientan a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Y seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre.
En este ejemplo, "el efecto mariposa" estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.
Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un máster a raíz de la separación con su exnovia, a quien conoció años atrás en una discoteca. Remontándonos a esa noche de fiesta, destaca que el chico decidió salir con sus amigos tras perder una apuesta. Es decir, si no hubiera perdido la apuesta no habría ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no habría conocido a su exnovia. Y si esta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el máster, que es lo que le permitió entrar a trabajar de becario. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.
LA LEY DE LA SINCRONICIDAD
"Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino" (Carl Jung)
Nuestra existencia no está gobernada por la suerte ni el azar, sino por "la ley de la sincronicidad". Esta determina que "todo lo que ocurre tiene un propósito". Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón.
La ley de la sincronicidad significa que "aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomamos en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de disfrutar la vida".
De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que hemos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y acciones. No existen las coincidencias. Tan solo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho, "la ley de la sincronicidad" también ha descubierto que "nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar determinan en última instancia no solo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias".
Por ejemplo, que si somos personas inseguras y miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía. Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos.
LA LEY DEL KARMA
"Cada uno recoge lo que siembra"(Buda)
Si bien la "física cuántica", "la teoría del caos", el "efecto mariposa" y "la teoría de la sincronicidad" son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión alrededor del siglo V antes de Cristo. Según los historiadores, por aquel entonces se popularizó "la ley del karma", también conocida como "la ley de causa y efecto".
La ley del karma afirma, en esencia, que "todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias". De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con comprensión, discernimiento y sabiduría.
Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la "casualidad", sino por la "causalidad". Según "la ley del karma", cada uno de nosotros "recibe lo que da", lo que elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo.

https://elpais.com/diario/2011/03/06/eps/1299396413_850215.html

  

Una casualidad es una causalidad que todavía no conocemos
Feb 27, 2022 
Nos suelen sorprender las casualidades… hechos fortuitos que suceden en nuestra vida.
Entrar a trabajar para una gran multinacional y descubrir todo lo que tienes en común con tus compañer@s de trabajo… ¡Qué casualidad!
Quedar con una amiga para comer, hablar de algo de lo que no habíamos hablado nunca antes y descubrir cómo coincidimos en ese tema… ¡Qué casualidad!
Con los años, he dejado de creer en las casualidades. Que no sepas por qué sucede algo, no significa que sea fortuito, que no tenga un motivo.
Termino una semana muy creativa, con mis clases en la universidad, un consejo, una conferencia y trabajando en un nuevo proyecto que me ilusiona, con muchas horas de trabajo porque quiero que todo vaya muy bien. Y cuando algo quieres que vaya bien, hay que poner todo el esfuerzo … ¿es casualidad que algo te vaya bien cuando has trabajado un montón en ello, cuando es casi tu vida? El éxito nunca es casualidad.
Es curioso que hablemos de casualidades. Desde una perspectiva racional, las casualidades son una cuestión de azar. Pero a mí me da la sensación de que hay algo más, soy muy curiosa, siempre busco aprender y así es como descubrí, hace un tiempo, la teoría de Carl Gustav Jung sobre la sincronicidad. 
Sincronicidad
El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung acuñó el término «sincronicidad» cuando vio en las casualidades de hechos altamente improbables, la expresión de un fenómeno que merecía ser estudiado con rigor.
Para Jung, la sincronicidad es la presentación simultánea de dos hechos que no se encuentran vinculados por una relación de causa y efecto aparente, sino por su significado 
Psicología y física cuántica 
El desarrollo de este concepto de sincronicidad surgió de la colaboración entre Carl Gustav Jung y Wolfgang Pauli, premio Nobel de Física y uno de los padres de la mecánica cuántica. Es, por tanto, un concepto en el que confluyen planteamientos de la física cuántica y la psicología, qué casualidad, no puede apasionarme más… siempre me ha interesado conocer más sobre psicología –creo que se nota– y ya escribí cómo me enamoré del mundo de la física cuántica al leer el libro «Deja de ser tú».
La física cuántica no es magia –aunque lo parece–. La física cuántica es algo real, pero de la cual desconocemos muchísimo. En los próximos años, nos vamos a familiarizar mucho más con este ámbito, que está avanzando a pasos gigantescos. La física cuántica es la encargada de ofrecer una descripción fundamental de la naturaleza a escalas espaciales pequeñas.
Surgió en los inicios del siglo XXdentro de las tradiciones más profundas de la física, para dar una solución a problemas para los que las teorías conocidas hasta el momento habían agotado su capacidad de explicar.
La primera propuesta de un principio propiamente cuántico se debe a Max Planck en 1900, para resolver el problema de la radiación de cuerpo negro, y su planteamiento fue duramente atacado en ese momento. Sin embargo, unos años despuésAlbert Einstein le da veracidad con su trabajo.
La mecánica cuántica proporciona el fundamento de la fenomenología del átomode su núcleo y de las partículas elementales. Supone un avance en conocer el mundo a pequeña escala.
Los físicos dividieron el mundo, al principio, entre materia y pensamiento. Descartes introdujo el modelo mecanicista, y se instauró el pensamiento de que el mundo se rige por leyes previsibles. Newton  presentó el modelo cartesiano, en el cual se considera que todo es sólido.  Sin embargo, Einstein introduce una nueva dimensión, señala que el universo se mueve y que energía y materia están ligadas. En nuestro mundo, existen partículas –materia–, pero también existen ondas –energía–.
A partir de ahí, la física cuántica entra en escena. El modelo cuántico revela que los átomos no están hechos de materia, sino de energía. Un planteamiento absolutamente nuevo, fuera de las teorías físicas anteriores.
Y así aparece el enigma de las partículas subatómicas. Los objetos de mayor tamaño no están sujetos a las mismas leyes que las partículas subatómicas. Este planteamiento altera por completo la imagen del mundo que teníamos, y pasa a introducir la variable energía en la física. Y ahí estamos al inicio de una nueva rama de la física.
Fascinante… tengo otro libro por leer sobre física cuántica para poder aprender más. Y es que la física cuántica tiene que ver con esas casualidades que me persiguen últimamente, tiene que ver con la sincronicidad.
Carl Gustav Jung y Wolfgang Pauli publicaron el libro conjunto «Sincronicidad» para exponer su principio de conexiones acausales. En dicho libro, plantean la sincronicidad como un elemento clave para la comprensión de la relación entre la psique y la materia.
Jung establece la existencia de tres categorías de sincronicidad:
En la primera categoría, presenta la coincidencia entre un contenido mental –como un pensamiento, un sentimiento…– y un acontecimiento externo. El típico momento en que piensas en alguien y justo en ese momento te manda un whastapp
La segunda categoría es la coincidencia entre una visión interna y un suceso que sucede lejos de donde está la persona.
La tercera consiste en tener una imagen de algo que posteriormente sucede en el futuro.
El pensamiento racional no trata sobre este tipo de fenómenos, así que para desarrollar el concepto de sincronicidad, Jung recurre al pensamiento oriental. Este tipo de pensamientos suelen estar relacionados con lo solemos denominar ‘intuición’.
Sobre la sincronicidad, la ciencia racional ha sido bastante escéptica. En su metodología es esencial construir modelos y abstracciones basadas en generalidades estadísticas, siempre sobre muestras muy significativas. Los casos minoritarios, que se salen de la norma, como es el caso de las sincronicidades, son prácticamente indetectables a partir de una aproximación estadística.
«Todos los elementos del universo se encuentran vinculados formando una unidad…. Cada elemento del universo es considerado como un reflejo de algo superior que lo engloba. El universo es visto como un gran organismo en el que cada elemento que lo compone se encuentra intrínsecamente interrelacionado y a la vez es un espejo de este. El individuo es pues considerado como un microcosmos que refleja la dinámica del macrocosmos, del universo entero». 
Parece que la relación entre física cuántica y la cosmología oriental es un tema complejo y controvertido, que tiene defensores y detractores.
Desde que leí a Dispenza, estoy convencida de que la física cuántica es una gran desconocida para nosotros y que, a medida que sepamos más, descubriremos su enorme poder. Algo que ahora nos parece magia, entenderemos por qué se produce. En su libro, Dispenza escribe:
«En el campo cuántico, estamos conectados a todo. Todo lo que existe en el universo está conectado a un mar de información que se encuentra en una dimensión más allá del tiempo y del espacio. En el campo cuántico no necesitamos estar en contacto con ningún elemento físico, ni siquiera cerca de él, para afectarlo o para que nos afecte. El cuerpo físico se compone de patrones energéticos organizados, o de información que forman una unidad con todo cuanto existe en el campo cuántico.
Es otra forma de ver la interconexión entre los seres humanos y el campo cuántico, por medio del concepto del “entramado cuántico” o la “conexión no local cuántica”: básicamente, cuando dos partículas se vinculan de algún modo, siempre estarán unidas más allá del espacio y del tiempo. Lo que le suceda a una partícula, afectará a la otra, aunque estén separadas en el espacio. Y como los seres humanos también estamos hechos de partículas, estamos implícitamente conectados más allá del espacio y del tiempo.
Piensa en las implicaciones de este concepto». 
Para pensar… científicos de primer nivel ya han investigado sobre las casualidades, sobre la sincronicidad que podemos tener algunas personas. Eso que nos parece casual, tiene un fundamento real, aunque no lo conozcamos. 
¿Casualidad?
La vida me trae muchas casualidades. Tal vez por ello he dejado de creer en casualidades y he pasado a estar firmemente convencida de que una casualidad es una causalidad que todavía no conocemos.
Todo sucede por algo. Todo tiene un motivo… aunque tú no lo veas en ese momento.
A veces, es necesario prestar atención a las casualidades, porque muy probablemente te están diciendo algo. 
Una ‘sincronidad’ -o una ‘casualidad’- puede llegar a tu vida cuando menos lo esperas, y puede hacer cambiar la dirección de tu camino o puede influir en tus pensamientos. Para ello, tienes que estar receptiv@ y atent@ al mundo que te rodea, con una mente abierta a lo inesperado.
Tal vez las cosas que esperas vivir, no sean cómo las esperabas cuando las vivas…
Gracias a las «casualidades» más bonitas que habéis llegado a mi vida, no puedo dejar de sorprenderme, me gusta sentir la magia que se genera sin haberla pretendido.
Nada sucede por casualidad…

https://martagrano.com/casualidad-causalidad

  

Sincronicidades: ¿meras casualidades o una señal de que vas por el camino correcto?
Psicología
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Un número que se repite, un color que destaca, un encuentro inesperado... Hay causalidades que inte
A todos nos ha sucedido: de repente empezamos a ver de forma repetida un número, una letra, o pensamos intensamente en una persona a quien hace tiempo que no vemos y justo nos la encontramos o nos llama inesperadamente. Las sincronicidades son un fenómeno psicológico y filosófico del que se cuentan muchos ejemplos fascinantes.
Uno de los más célebres se atribuye al famoso actor galés Anthony Hopkins, quien hace años quiso empezar a prepararse para protagonizar la versión cinematográfica de la n ovela La chica de Petrovka, del escritor George Feifer. Como no había leído el libro, Hopkins salió un día de su casa de Londres y tomó el metro para ir a comprar en libr o. Una tarea que le resultó imposible, pues el libro estaba agotado en todas las librerías de Charing Cross que visitó. Frustrado, el actor decidió regresar a su casa, y para ello volvió a tomar el metro en la estación de Leicester Square. Al ir a sentarse, se encontró con que alguien había dejado abandonado un libro sobre su asiento, un ejemplar viejo y plagado de anotaciones. Lo tomó y cuando leyó el título se quedó sin habla. Se trataba de La chica de Petrovka. Dos años después, durante el rodaje de la película, Hopkins conoció al autor de la novela, quien le contó que dos años antes le había dejado prestado a un amigo su ejemplar, que estaba lleno de anotaciones, pero que éste lo había perdido en el metro. Cuando Hopkins le mostró el libro que se había encontrado, ambos quedaron muy sorprendidos. Hopkins no solo había encontrado el libro que buscaba, sino que, además, se trataba del mismo ejemplar que había perdido Feifer.
El psiquiatra Carl Jung, el mayor estudioso de las sincronicidades, contó una de las más extraordinarias, relativa a una de sus pacientes. Una madre alemana fotografió a su bebé en 1914 y llevó la placa a revelar a una tienda de fotografía de Estrasburgo. Al poco, estalló la Primera Guerra Mundial, circunstancia que hizo imposible que esta madre pudiera recoger la fotografía. Dos años después, la mujer compró una placa de película en Munich, a kilómetros de distancia, en este caso para tomar una foto a su hija recién nacida. Al revelarla, el técnico descubrió una doble exposición: la fotografía de la niña estaba superpuesta con la primera foto que la mujer había tomado a su bebé en 1914. Por alguna razón, la placa original, adquirida en Estrasburgo, no había sido revelada y había sido revendida como si fuera virgen. La misma mujer, en dos ciudades distintas, había comprado la misma película para fotografiar a sus dos hijos recién nacidos.
La vida nos regala a menudo pequeños momentos mágicos que toman la forma de situaciones azarosas, felices coincidencias, reencuentros fortuitos o sincronicidades asombrosas a través de las que quizá intuimos una vía hacia lo extraordinario. Personas o circunstancias que surgen en el momento preciso en que las necesitamos, como si fueran señales del camino que debemos emprender.
Coincidencias, encuentros fortuitos en el momento preciso a menudo son interpretadas como “señales” de la vida
Estos fenómenos misteriosos nos han cautivado desde siempre. En la Grecia antigua Pitágoras hablaba de la “armonía de todas las cosas”. Heráclito también creía que el mundo estaba gobernado por un principio de totalidad. Hipócrates, el padre de la medicina, creía que todas las partes del universo estaban unidas las unas con las otras. Una visión que le llevaba a explicar las coincidencias significativas como “elementos simpáticos” que se buscan los unos a los otros. En Oriente, la filosofía taoísta o la espiritualidad budista o hinduista también concebían un universo interconectado e interdependiente.
Pero el padre de las sincronicidades es, sin duda, el ya mencionado psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. Para Jung, las sincronicidades son acontecimientos con ectados los unos con los otros no a través de la ley causa-efecto, sino a través de lo que se conocía como “simpatías”. En la sincronicidad se da una coincidencia entre una realidad interior (subjetiva) y una realidad externa (objetiva), en la que los acontecimientos se vinculan a través del sentido que nosotros les damos.
El psiquiatra Carl Gustav Jung está considerado “el padre” de las sincronicidades .
Los estudiosos de este concepto pronto se dieron cuenta de que las sincronías suceden más a menudo en períodos de transición, de cuestionamiento personal o de crisis vital. Son muy frecuentes cuando acaba de suceder una muerte o un nacimiento cercano, acontecimientos que suelen volver la vida del revés. Jung creía que las sincronicidades son un reflejo de procesos psicológicos profundos, y que nos aportan mensajes, al modo de los sueños, pues adquieren significado y nos pueden servir de guía, desde el momento en que se corresponden con estados emocionales y experiencias internas.
Por ejemplo, no hace mucho, una persona cercana me contaba que mientras estaba sentada junto a la piscina se le acercó una preciosa mariposa que no paraba de revolotear a su alrededor, hasta que finalmente se posó sobre su hombro. La familia de mi amiga estaba asombrada ante la insistencia y la delicadeza de la mariposa, que se quedó con ella un buen rato. Mi amiga, por su parte, no dudó en interpretar este curioso encuentro como una bella señal de que el camino de transformación personal que acababa de emprender era el correcto.
Jung creía que las sincronicidades son un reflejo de procesos psicológicos profundos que nos aportan mensajes, como los sueños
Muchas personas pensarán que lo que a alguien le puede parecer una señal inequívoca no es más que una simple coincidencia. Pero la diferencia entre sincronicidad y coincidencia es que la primera tiene una analogía en nuestra psique y, dependiendo de cómo la interpretemos, puede informarnos, a través de la intuición o la emoción, de cuán cerca o lejos estamos de nuestra propia coherencia interna.
En las tradiciones chamánicas, las sincronías se interpretan como una especie de señal de radio que indica si nuestras decisiones y métodos son los adecuados. Quizá Ralph Waldo Emerson se refería a ellas cuando escribió que los seres humanos “poseemos las llaves que abren todas las puertas”. “Todos somos inventores”, escribió, “y cada uno de nosotros se embarca en un viaje rico en descubrimientos, guiado por un mapa personal del que no existen más copias. El mundo no es otra cosa que aperturas, oportunidades, hilos que esperan a que tiremos de ellos”
La noción de sincronía no tiene ningún fundamento científico, aunque Jung conversó acerca de ellas con Albert Einstein y acabó escribiendo sobre este fenómeno fruto de sus charlas con uno de los padres de la mecánica cuántica, Wolfgang Pauli.
Estas “coincidencias” son más frecuentes en momentos de crisis o cambios vitales
Otro de los momentos en que las sincronicidades suelen aflorar es cuando nos encontramos lejos de casa. En mitad de un entorno nuevo, comiendo platos nuevos, hablando con desconocidos, quizá incluso en otro idioma, puede que nos resulte más fácil encontrar pistas que en nuestro entorno cotidiano quizá nos pasarían por alto. Quizá por eso las vacaciones suelen ser un momento perfecto para prestar atención y familiarizarnos con ellas. Cuando nos encontramos frente a uno de esos momentos tan particulares siempre podemos elegir entre pasarlos por alto o jugar con ellos. Aunque para hacerlo, a menudo hace falta bajar revoluciones y desacelerar un tanto nuestra vida cotidiana. “La suerte favorece a los espíritus preparados”, afirmaba Pasteur.
Cómo jugar con los ‘mensajes’ del azar
La intuición juega un papel fundamental en la vida de las personas, y para desarrollarla lo primero es trabajar la atención y la observación. Prestar atención a las sincronicidades puede convertir nuestra vida en un escenario mucho más interesante y lleno de oportunidades y creatividad. ¿Cómo empezar a jugar con estos mensajes sutiles y efímeros?
1. Lleva siempre contigo una libreta de notas. Apunta en ella todo lo que se te ocurra: acontecimientos que te suceden, ideas, sueños que has tenido, proyectos, frases significativas que encuentres o buenos consejos que te den. Si la relees al cabo del tiempo, sin intentar juzgar tus anotaciones, quizá descubrirás nombres, números, símbolos o conceptos que se repiten y que pueden servirte de guía o darte claridad en algún momento de confusión. No te autocensures pensando que lo que apuntas no tiene ningún valor.
2. Entrena tu capacidad de observación. Para hacerlo, proponte seguir el siguiente experimento. Instálate en un banco, en el parque o en un lugar público que te guste. Afila tus sentidos y presta atención a todo: las personas que pasan, cómo van vestidas, el mensaje del grafiti de la pared, los olores, los diálogos que escuches, la forma de las nubes, los árboles, el tipo de flores que ves, la canción que suena en el móvil de aquel chaval, los colores, las formas que hacen las sombras, el nombre del perrito que esa señora no deja de llamar…
Anota todos esos detalles aparentemente anodinos en tu libreta de notas. Repásalo luego. ¿Hay algo que destaque, que intente salir a la superficie? ¿Quizá el nombre del perro también es el nombre del protagonista de esa novela que quieres empezar a leer? Para darse cuenta de las coincidencias significativas debemos movilizar nuestra atención. Y para ello, tenemos que, de nuevo, bajar revoluciones. En nuestros contextos cotidianos, rodeados de pantallas y saturados de información, es muy fácil que olvidemos prestar atención a las señales sutiles que emite regularmente el entorno. Vuelve a mirar los mensajes en los carteles, ese artículo con el que te topas tres veces seguidas, el autor o la palabra que no dejas de ver últimamente.
3. Repasa tu jornada. Antes de irte a dormir, detente un momento y pasa revista a la película de tu día. Repasa de memoria todos los acontecimientos, escena a escena, en orden cronológico o hacia atrás. Observa los detalles importantes que tu conciencia quizá no ha retenido en el momento y apúntalos en tu libreta. Trata, también, de resumir tu día en una palabra. Si la jornada fuera una palabra, un color, un símbolo, el título de un libro, una serie o una canción, ¿cuál sería? Cierra la libreta y apaga la luz. Existen muchas posibilidades de que tus sueños y tus anotaciones encuentren una manera de comunicarse.
4. Presta atención a los lapsus y los errores. El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, dedicó muchas páginas al estudio de estos fenómenos. Los lapsus y las equivocaciones pueden convertirse en un juego divertido, una especie de guiño malicioso de nuestro subconsciente. Olvidar el nombre de una ciudad en la que acabamos de estar, llamar a una persona por el nombre de otra, dejarse el bolso o el teléfono en casa de un amigo con quien quizá anhelamos tener otro tipo de relación, pueden ser gestos reveladores de algo anclado en nuestra psique y que pugna por emerger. Cuando te suceda, presta atención y busca su posible significado: ¿es tu error un signo de fatiga pasajera, de falta de atención o tiene algún sentido o algún mensaje para ti?
5. Juega a la bibliomancia, o sea, a practicar el arte de la ”adivinación” a través de los libros. Se dice que Abraham Lincoln abría a menudo la Biblia en una página al azar en busca de una interpretación de sus sueños. Hay quien utiliza el diccionario y elige, también al azar, una palabra que deberá ser la tónica de su jornada. También hay quien se hace una pregunta y luego toma cualquier libro, en casa o en una biblioteca, y con los ojos cerrados pasa los dedos por la página hasta que estos se detienen. Entonce s abre los ojos y descubre el texto que aparece. ¿Cuáles son las primeras sensaciones e ideas que surgen al leerlo? 

Arthur Koestler hablaba del “ángel de la biblioteca”, un espíritu estudioso que desvela el texto adecuado en el momento adecuado, cuando, por ejemplo, un libro se cae de una estantería o sobresale de ella, o incluso se abre por una página determinada que, si leemos, quizá nos aporta un mensaje oculto. Ese espíritu también podría, según Koestler, hacer desaparecer un libro que nos parece importantísimo releer en un momento determinado, para hacer que reaparezca cuando ya nos hemos dado cuenta de que en realidad no lo necesitábamos.
6. Juega y diviértete, pero no seas literal en tus interpretaciones y desapégate de los resultados. Está bien abrir la mente, pero no obsesionarse ni vivir en un estado constante de superstición o vigilancia. No hace falta convertirse en una de esas personas que no toman ninguna decisión sin el consejo de un vidente o una tirada de cartas del tarot, o que no toman cierta ruta si pasa por allí un pobre gato negro.
Está bien abrir la mente, pero no obsesionarse ni vivir en un estado constante de superstición o vigilancia
Los acontecimientos misteriosos deben servir para conectar con nosotros mismos y prestar atención a aspectos personales desatendidos. También para abrirse a la vida con g ratitud y aceptarla tal y como es, rindiéndose de vez en cuando a la magia del momento y de los encuentros que se nos ofrecen.

https://www.lavanguardia.com/vivo/psicologia/20200913/483273452239/sincronicidad-casualidad.html