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Mente y cerebro humano

 Proemio

"El cerebro es la estructura más compleja y enigmática en el universo. Contiene más neuronas que las estrellas existentes en la galaxia"

 

29 octubre 2020

Aunque se ha avanzado mucho en los últimos años, el cerebro humano sigue siendo un órgano misterioso, complejo, repleto de secretos por desentrañar.

Pero dentro de lo que es posible, el neurólogo argentino Facundo Manes (Quilmes, 1969) lo conoce bastante bien.

Manes creció en una localidad de la provincia de Buenos Aires con un sueño: seguir los pasos de su padre, médico rural. Y lo consiguió.

Se graduó en Medicina en la Universidad de Buenos Aires en 1992 y, siendo todavía estudiante, obtuvo una beca en Neurociencia de la Asociación Médica Argentina.

A partir de ahí, el cerebro se convirtió en su gran objeto de estudio. En el Hospital General de Massachusetts en Boston, en la Universidad de Iowa, en la de Cambridge… Hoy es uno de los neurólogos más reputados a nivel mundial.

 

Ha publicado numerosos libros y protagonizado varios programas de televisión, entre los que se incluyen "Los enigmas del cerebro" y "El cerebro argentino", producidos junto con Mateo Niro, licenciado en Letras.

Juntos, a cuatro manos, Manes y Niro han escrito el que es su último libro: "El cerebro del futuro: ¿Cambiará la vida moderna nuestra esencia?", en el que abordan el impacto de las nuevas tecnologías sobre el cerebro, la neuroética y el papel de la ciencia como mediadora de problemáticas de carácter social, todo bajo la óptica de los últimos avances en el campo de la neurociencia.

 

¿Qué hace que el cerebro sea un órgano tan fascinante?

El cerebro es fascinante, entre otras cualidades, porque es el único órgano que intenta explicarse a sí mismo. Y así nos damos cuenta de que todo lo que hacemos lo podemos llevar a cabo gracias al él, desde respirar a leer esta entrevista o pensar en las cuestiones filosóficas más profundas.

Es la estructura más compleja y enigmática en el universo. Contiene más neuronas que las estrellas existentes en la galaxia.

 

¿Cuánto sabemos realmente hoy sobre él?

En las últimas décadas han sido muchos los avances que hemos podido realizar en el conocimiento del cerebro. Podemos decir que en estos años logramos aprender más sobre él que en toda la historia de la humanidad.

Por mencionar algunos avances, se ha demostrado que la memoria, contrariamente a lo que comúnmente se supone, no es una cajita en la que guardamos nuestros recuerdos, sino que es nuestro último recuerdo.

No se trata del hecho que vivimos porque cada vez que evocamos algo lo vamos modificando.

También sabemos que las neuronas continúan generándose a lo largo de toda la vida, incluso, en la vida adulta.

Además, las neurociencias han realizado importantes aportes para entender los distintos componentes de la empatía, de las áreas críticas del lenguaje, de los mecanismos cerebrales de la emoción y de los circuitos neuronales involucrados en ver e interpretar el mundo que nos rodea.

Y se han obtenido avances significativos en la detección temprana de enfermedades psiquiátricas y neurológicas, permitiendo diseñar tratamientos y terapias más eficientes.

A su vez, profundizamos nuestro conocimiento sobre el proceso de aprendizaje y esto redunda en una mejor planificación de estrategias en el ámbito educativo, entre muchos otros.

Todos los avances en el conocimiento del cerebro contribuyen a una mejor calidad de vida de las personas y de la vida en sociedad.

 

¿Y qué nos falta por conocer sobre el cerebro y cuándo lo sabremos?

Si bien se han logrado muchos avances, también hay que reconocer que nos queda mucho por conocer.

Por ejemplo, hemos aprendido sobre los procesos cerebrales específicos, pero todavía no hay una teoría del cerebro que explique su funcionamiento general.

Además, los nuevos conocimientos plantean nuevos interrogantes. Así que podemos preguntarnos si alguna vez podremos dilucidar los enigmas del cerebro en su totalidad.

Siempre recuerdo la frase de un reconocido neurocientífico que decía que abordar la pregunta sobre cómo funciona nuestro cerebro es como intentar saltar tirándose de los cordones de los zapatos.

De todos modos, creo que el futuro de la ciencia es muy prometedor y nuestro conocimiento va a continuar avanzando.

 

¿El cerebro es una máquina perfecta?

Yo no hablaría de perfección, pero sí de complejidad y potencialidad.

A lo largo de nuestra vida, nuestro cerebro se transforma de manera constante. Es un órgano flexible y adaptativo.

Esa neuroplasticidad, esa capacidad que tiene el sistema nervioso para modificarse o adaptarse a los cambios, permite que las neuronas se reorganicen al formar nuevas conexiones y ajusten sus actividades en respuesta a transformaciones en el entorno.

Es decir, nuestra experiencia cambia permanentemente nuestro cerebro.

Ese es uno de los principales mecanismos a través de los cuales la especie ha ido evolucionando y adaptándose a lo largo del tiempo, más allá de aquello a lo que estaba predeterminada genéticamente.

 

Su último libro se titula "El cerebro del futuro". ¿Cómo será precisamente ese cerebro del mañana?

No es una pregunta con respuesta fácil. En términos anatómicos el cerebro no cambiará en siglos.

Con todos los avances tecnológicos que se están desarrollando podemos pensar que, tal vez, en un futuro nuestro cerebro esté más vinculado con la influencia de la ingeniería genética y la biotecnología para expandir nuestras capacidades.

Hay autores que sostienen que la evolución en términos de selección natural ya no es tan relevante para los humanos modernos en el mundo cultural y tecnológico en que nos desarrollamos.

Lo que sería fundamental es la adaptación cultural y tecnológica. Somos capaces de cambiar el entorno natural de manera eficiente a través del uso de la tecnología.

Mientras que las generaciones cambian cada 25-35 años, con la tecnología disponible es posible lograr cambios mucho más rápido.

Actualmente, somos capaces de manipular genes mediante selección artificial y modificar rasgos biológicos.

La tecnología está permitiendo el desarrollo de tejidos artificiales, como piel construida a partir de plástico, y dispositivos como retinas artificiales o implantes cocleares, por ejemplo.

Es probable que, en los próximos cientos de años, sea posible crear o regenerar el tejido neuronal que compone el cerebro, lo cual tendría importantes implicaciones en el tratamiento de enfermedades que hoy no tienen cura, como la demencia.

 

Hay quienes opinan que con las nuevas tecnologías no necesitaremos usar el cerebro y podremos guardarlo en un cajón. ¿Será así?

No, para nada, no será así. Ninguna máquina puede reemplazar a nuestro cerebro.

Nuestra mente es mucho más que un procesador de información. Pensemos en todas las habilidades de nuestro cerebro social, como entender la mente de otro ser humano, sentir su dolor, responder a él.

Entonces, la empatía, el altruismo, la cooperación son capacidades ajenas a cualquier máquina, y fundamentales para nuestra vida. Porque no tenemos que olvidar que los seres humanos somos básicamente seres sociales.

Pensemos también en nuestro lóbulo frontal, aquel que se ocupa de las funciones ejecutivas, es decir, de la capacidad para establecer metas, planificar y automonitorear el propio desempeño para alcanzar un objetivo.

Gracias a él podemos desarrollar un plan, ejecutarlo, tomar decisiones, inferir los pensamientos de los otros y actuar en consecuencia, inhibir los impulsos, y al mismo tiempo controlar estos procesos.

¿Esto lo puede hacer una máquina? No.

Entonces, las máquinas no nos van a reemplazar. Vamos a seguir necesitando que cada cerebro siga funcionando con la genialidad que lo caracteriza y dejar el cajón para guardar la ropa u otras máquinas en desuso.

 

¿De qué manera están transformando las nuevas tecnologías a nuestros cerebros?

La tecnología ha dado lugar a numerosos avances.

Por ejemplo, en el campo de la medicina, se han diseñado muchos instrumentos que permiten diagnosticar enfermedades con mayor exactitud y de manera más temprana.

También se han creado nuevos tratamientos y dispositivos que mejoran notablemente la vida de las personas.

Para dimensionar todo esto, puedo nombrar un caso muy conocido de una mujer tetrapléjica, sin movilidad en sus extremidades que pudo mover un brazo robótico.

Le implantaron quirúrgicamente dos cuadrículas de electrodos en la corteza motora, responsable del control voluntario de los movimientos.

A través de estos electrodos se envió las señales cerebrales a una computadora y complejos algoritmos informáticos decodificaron e identificaron los patrones cerebrales asociados con movimientos del brazo y de la mano.

Entonces, cuando esta mujer pensó en mover el brazo, los electrodos detectaron las oscilaciones cerebrales y un software computacional las tradujo en comandos de movimiento que fueron ejecutados por un brazo robótico.

Sin dudas, este avance es revolucionario por el impacto que tiene en la calidad de vida.

Por su parte, si bien la tecnología puede generarnos estrés al volvernos pendientes de los correos electrónicos, del último mensaje de nuestro celular, de la última noticia y llevarnos a la multitarea, en estos momentos en los que vivimos atravesados por la pandemia del Covid 19, la tecnología, poder estar conectados, ha sido una gran aliada de todos. Nos ayuda a llevar mejor estos momentos de distanciamiento físico.

 

El cerebro es un órgano fruto de millones de años de evolución. ¿Puede involucionar a causa de la inteligencia artificial, de las nuevas tecnologías o de cualquier otro aspecto?

Justamente, como es producto de la evolución de millones de años, se necesitan miles de años para ver cambios a nivel cerebral.

Teniendo su historia evolutiva, en que no se observa un cambio notable en la apariencia física de los humanos desde hace 200.000 años, es difícil pensar que la estructura del cerebro se modificará drásticamente en los próximos siglos.

Tampoco involucionar, porque así como se requieren menores funciones para algunas prácticas -recordar datos o hacer ciertas operaciones matemáticas-, se requieren mayores para otras.

Sí, es clave cuidarnos del estrés que puede generar la dependencia excesiva de la tecnología. Porque sabemos que el estrés crónico impacta negativamente en nuestra salud y en nuestro cerebro.

 

¿Somos nuestro cerebro o nuestras emociones?

Es una muy buena pregunta. Somos ambos, pero porque no se trata de cuestiones distintas.

Las emociones tienen asiento en el cerebro y son centrales en nuestra vida. Impactan en nuestra memoria porque recordamos mejor aquello que nos conmueve.

Por ejemplo, todos recuerdan qué estaban haciendo el 11 de septiembre de 2001 cuando ocurrió el atentado a las Torres Gemelas, pero nadie recuerda qué hacía el día anterior. Además, las emociones influyen en nuestra toma de decisiones.

De manera simplificada, podemos entender que poseemos dos sistemas para la toma de decisiones: uno automático y rápido, que es producto de mecanismos evolutivos y otro, lento y racional.

A lo largo de un día, tomamos muchísimas decisiones y lo hacemos en milésimas de segundo. Estas decisiones se basan en este mecanismo automático que está determinado por las emociones.

En realidad, son muy pocas las decisiones que tomamos con el sistema lento, en las que sopesamos los pros y los contras de una situación.

Nos guían las emociones, lo racional suele ser la explicación que hacemos de las decisiones con posterioridad a haberlas tomado.

 

En su libro "El cerebro argentino" usted sostiene que aunque el cerebro de los argentinos no tiene ninguna particularidad anatómica diferencial con los de otras nacionalidades ya que todos los cerebros son iguales, cada cerebro se moldea por la interacción con el ambiente, el contexto social, la cultura, los gustos y las experiencias. ¿Cómo es en ese sentido el cerebro de los argentinos?

Efectivamente, en cuanto a la anatomía, mi "cerebro argentino" es igual al cerebro de un ruso, un inglés, un japonés o un danés.

Así que, en verdad, no hay un cerebro argentino.

Ahora bien, nosotros pensamos, decidimos, sentimos, influidos por la gente que nos rodea, nuestros compañeros de trabajo, de barrio, de oficina, nuestra pareja, nuestros amigos. Y también las sociedades en las que vivimos y las historias de esas sociedades.

Las particularidades tenemos que buscarlas en las sociedades en las que crecimos y vivimos, en las historias de esas sociedades. Entonces, podemos pensar en sesgos que nos caracterizan.

¿Qué son esos sesgos? Son esquemas mentales en función de los que actuamos. Son las estructuras de pensamiento que nos permiten interpretar la información proveniente de nuestro alrededor.

Podemos pensarlos como "moldes" a partir de los cuales formamos una interpretación de nosotros mismos, de los otros y del mundo. Por lo tanto, tenemos que preguntarnos cuáles son los sesgos argentinos.

Los argentinos somos solidarios y familieros, pero tenemos que reconocer que podemos destacar también la mal llamada "viveza criolla", el "ventajismo".

Por eso, lo decimos siempre y debemos ponernos de acuerdo en que como sociedad tenemos que dejar de lado este comportamiento y pensar y planificar qué país queremos a futuro, considerar el largo plazo.

Tenemos que entender que la viveza real está en lograr una comunidad integrada que actúa con la inteligencia de pensar un proyecto de país basado en el conocimiento, la educación y en consecuencia, en el crecimiento y la igualdad.

 

¿Qué impacto está teniendo la pandemia de coronavirus en nuestros cerebros? ¿Cómo afectan el miedo, el aislamiento, la soledad, el teletrabajo, las clases online y la falta de contacto con otras personas a nuestros cerebros?

La pandemia tiene un impacto negativo en nuestra salud mental. Estamos expuestos a grandes niveles de estrés.

Nuestras rutinas se vieron completamente alteradas, tenemos miedo, estamos distanciados de nuestros seres queridos.

No hacer las cosas que hacemos siempre y hacer aquellas que habitualmente no hacemos requiere de un gran esfuerzo.

Asimismo, el malestar económico que resulta de esta situación crea una grave angustia social que es considerada otro factor de riesgo de trastornos psicológicos.

Si las sociedades no toman medidas colectivas que apunten a proteger nuestra salud mental, vamos a tener una pandemia de enfermedades mentales.

Diversas investigaciones registran que las duraciones extensas de la cuarentena se asocian con estrés postraumático, agotamiento emocional, depresión, insomnio, ansiedad, irritabilidad y frustración.

En un estudio realizado en Argentina por Fundación INECO, a los 72 días promedio del inicio de la cuarentena, se observó que la fatiga mental era el factor más importante para explicar sentimientos de ansiedad y síntomas de depresión de las personas.

Es importante evitar que esto tenga consecuencias que se extiendan en el largo plazo y se tornen crónicas. Es que la salud mental no puede separarse de la salud física. Se trata de un todo integral.

Por eso es tan importante mantener hábitos saludables como dormir bien, tener una alimentación saludable, así como evitar el tabaco, el alcohol y las drogas.

Dentro de lo posible hay que mantiene rutinas, tener horarios constantes para acostarse y levantarse, trabajar, estudiar y/o hacer ejercicio, y reforzar nuestros lazos sociales, porque estos vínculos nos ayudan a fomentar un sentido de normalidad, nos dan contención y nos permiten compartir lo que sentimos.

En muchos lados, no es posible reunirse físicamente, pero podemos mantenernos conectados gracias a la tecnología.

También tenemos que ser comprensivos con nosotros mismos, no podemos esperar tener el nivel de rendimiento habitual ni la concentración y energía de siempre después de tantos meses de estar enfrentando la pandemia.

En este sentido, puede ser beneficioso realizar prácticas de relajación y meditación como el mindfulness.

Ciertos estudios reconocen que las áreas de la corteza prefrontal, asociadas con emociones y funciones sociales, son intensamente estimuladas con la meditación, mientras que las áreas del cerebro típicamente asociadas con el procesamiento de las emociones negativas, tales como la amígdala, disminuyen su actividad.

Se trata de desarrollar la capacidad de estar totalmente atento a todos los momentos de su vida, reduciendo la cantidad de tiempo que pasa preocupándose por el futuro o por el pasado.

Tenemos que cuidar nuestra salud de manera integral y saber que entre todos vamos a superar esta situación.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-54719567 

Desarrollo


1- La ciencia de la relación entre mente y cerebro
Puede que usted nunca haya oído hablar del dualismo, pero es posible que acepte esa idea sin darse cuenta. La noción de que la mente y el cuerpo son entidades distintas es antigua y atractiva. Para comenzar, aparenta ser verdadera. Aparte de ello, una mente separada del cuerpo podría, en teoría, sobrevivir a la muerte biológica. Según una investigación de Datafolha, más del 60% de los brasileños cree en la vida después de la muerte. El dualismo también permite creencias sobrenaturales como fantasmas, proyección astral o la reencarnación.
Y no solo la creencia en entidades no físicas depende de ese concepto. La veracidad o no del dualismo puede determinar o condenar diferentes emprendimientos científicos –como permitir la transferencia de la mente a un ordenador, o destruir las esperanzas de una eventual inteligencia artificial autoconsciente.
El pensamiento dualista está más presente en nuestra vida cotidiana de lo que imaginamos. Pero ¿hay lugar para ese concepto en la investigación científica? Para responder a esa pregunta es necesario entender en qué contexto se inserta. 
El problema mente-cerebro
El principal debate sobre la mente versa sobre su naturaleza. ¿Es la mente “algo” o aquello que algo (el cerebro) hace? ¿Cuáles son sus propiedades? En filosofía, “consciencia” y “mente” suelen ser sinónimos y este es el abordaje usado en este texto. Pero en la lengua portuguesa (y castellana) la palabra “consciencia” se puede referir también al estado de vigilia, estar consciente de algo, o autoconsciencia.
Aquí, el término “Consciencia”, con mayúscula, será utilizado como sinónimo de “mente”, donde la autoconsciencia y el estado de vigilia son apenas parte de un concepto más amplio –de dolores y percepciones, como la visión y la audición, hasta creencias, deseos y el lenguaje. La Filosofía de la Mente también atribuye a la consciencia la noción de identidad (la percepción del “Yo”), las cualidades (las experiencias subjetivas y privadas) y la intencionalidad (la capacidad de tratar sobre algo, representar o estar dirigida a algo).
La principal pregunta de este debate versa sobre de la relación entre la mente y el sistema nervioso. El problema mente-cerebro (o mente-cuerpo) existe porque esas dos entidades aparentan ser cosas completamente distintas. Mientras el sistema nervioso tiene propiedades físicas (masa, volumen) y está sujeto a las leyes de la física (gravedad, entropía), la mente no. Imaginar eventos futuros no pesa. Una creencia no oxida. El problema mente-cerebro está ligado al llamado “problema difícil de la Consciencia”, que separa aspectos mentales considerados más “fáciles” de explicar (atención, percepción de objetos) que aquellos que todavía son un misterio para la ciencia (percepción del “Yo”, subjetividad).
Existen muchas teorías sobre la naturaleza de lo mental, pero es posible agruparlas en tres enfoques: reduccionismo, funcionalismo y fenomenología. El primero intenta reducir la mente a los procesos cerebrales. Algunos, como Paul y Patricia Churchland, llevan esa reducción al extremo, sugiriendo que la mente es apenas un problema lingüístico, y ni siquiera existe. En el funcionalismo, el foco son las funciones que ejecuta el sistema nervioso –o sea, la mente es lo que hace el cerebro. Esa es la posición de filósofos como Daniel Dennett. Y en la perspectiva fenomenológica residen las teorías que se niegan a reducir la mente al cerebro incluyendo, aunque no limitándose a, teorías dualistas.
El reduccionismo y el funcionalismo son considerados enfoques fisicalistas, porque asumen que todo lo relacionado a la realidad forma parte de un mundo que está afectado por las leyes de la física y puede ser explicado por ellas –una visión alineada con el proceso científico. En el fisicalismo, la Consciencia estará inevitablemente sujeta a esas mismas leyes, de una forma u otra, lo cual coloca la postura fisicalista en directa oposición al dualismo. 
Conociendo el dualismo
El término “dualismo” se refiere a la idea de que algo posee dos categorías de cosas, distintas una de la otra. Si un objeto tiene ciertas características físicas (inercia), para un dualista existe “algo” en el objeto que posee otros atributos que la materia física no comparte (no sufrir el paso del tiempo, por ejemplo). Ese es el motivo por el cual creencias sobrenaturales como fantasmas presuponen algún tipo de dualismo. Para que una entidad llamada “fantasma” exista, necesita tener propiedades completamente diferentes de las que conocemos en el mundo físico, y no someterse a las mismas leyes.
Pero hay un gran obstáculo que debe ser superado por el dualista. Si pienso que necesito tomar un vaso de agua, mi cuerpo responde de acuerdo; si veo una película triste, me pongo triste, aun sabiendo que los personajes no existen. Si la mente y el cerebro son tan distintos, ¿cómo pueden afectarse entre sí? Para explicar esta relación, los dualistas suelen recurrir a tres explicaciones: mente y cerebro interactúan (interaccionismo); mente y cerebro no interactúan (paralelismo); y mente y cerebro interactúan solo en un sentido (epifenomenalismo). 
En el primer caso, el sistema nervioso influye sobre la mente y viceversa. El problema con esa afirmación es que implica necesariamente causa y efecto entre ambos, pero realmente no hay cómo explicar la influencia de uno sobre el otro. Un taco empuja una bola de billar porque ambos están sujetos a la misma ley de acción y reacción. Si la mente no sufre acción ni reacción, ¿cómo puede influir sobre el cerebro (y viceversa)? Esa fue la mayor crítica que se le hizo al francés René Descartes, el padre del dualismo moderno.
Una alternativa para responder a ese problema es que no hay ninguna interacción, y la relación es solo aparente. Mente y cerebro son dos sustancias con eventos diferentes que ocurren en paralelo, dando la impresión de que una causa a la otra. Ese argumento fue sostenido por Leibniz y es el más anti-intuitivo. Aparte de ser difícil creer que la interacción mente-cerebro sea solo una ilusión, ¿qué (o quién) mantiene ese paralelismo, incluso cuando un científico induce determinada acción, sensación o emoción estimulando artificialmente una región del cerebro?
El epifenomenalismo es la explicación más moderada, donde la mente es un “epifenómeno”, esto es, un subproducto del funcionamiento del sistema nervioso. Así, solo el cerebro influye sobre la mente, no a la inversa. Ese concepto tropieza con dos problemas: es difícil que la mente no influya sobre el cuerpo, toda vez que éste reacciona a lo que hace la mente; y no posee ninguna ventaja evolutiva.
Dualismos moderados
La interacción entre mente y cerebro es un obstáculo para quien defiende la versión más fuerte del concepto, el dualismo de sustancia, formulado por Descartes. Pero hay variedades de dualismo que intentan sortear la noción de una mente hecha de algún tipo de sustancia inmaterial, y el problema de la interacción.
El dualismo de propiedades establece que, aunque exista solo un tipo de sustancia, ésta presenta dos tipos de propiedades: físicas y mentales. Para algunos, como David Chalmers, debemos considerar lo mental como una propiedad del mundo físico, así como el electromagnetismo y el espacio-tiempo.
Otros afirman que el dualismo entre lo mental y lo físico es solo lingüístico, o sea, cerebro y mente son la misma cosa, pero no es posible reducir las descripciones mentales a las descripciones físicas. Es lo que defienden filósofos como Jerry Fodor y Donald Davidson. Esa versión más débil, el dualismo de predicados, es también llamada “fisicalismo no reduccionista”.
Teorías de la mente sobrenatural
La ciencia requiere hipótesis que puedan ser puestas a prueba, experimentos y evidencias para establecer la verdad de un conocimiento. En general, las alegaciones del dualismo no pueden ser puestas a prueba y, a pesar de que el fisicalismo tiene sus propios problemas, hay por lo menos un punto de partida unánime: la noción de que la Consciencia es producto de la evolución, y debe haber sido seleccionada porque favoreció la reproducción y el pasaje de los genes hacia el futuro.
Pero si el dualismo no fuera una explicación de la naturaleza de lo mental, ¿por qué el cerebro evolucionó para creer que tiene una existencia separada del cuerpo? Las principales evidencias científicas sugieren que el dualismo está ligado a la percepción de estados mentales propios y a la inferencia de estados mentales de otros. En el ambiente en que evolucionó el sistema nervioso humano, ser capaz de reconocer cuándo algo es un ser vivo, y si es o no una amenaza, es una ventaja inmensa. Inferir la presencia de la mente en otros seres proporciona esa ventaja. Pero para entender que otros tienen mente, necesitamos también entender que nosotros tenemos mente.
Steven Mithen propone que la evolución de la Consciencia se dio en tres fases: inteligencia general, un conjunto de reglas básicas para tomar decisiones; inteligencias especializadas, que funcionaban aisladas unas de otras; y conexión entre las inteligencias especializadas, cuando pasaron a trabajar en conjunto. Mithen también sugiere algunas inteligencias especializadas de la fase dos: una naturalista, capaz de comprender el mundo natural; una técnica, para la fabricación y manipulación de utensilios; y una social para interactuar con otros individuos. La inteligencia social incluiría módulos capaces de inferir estados mentales en otros.
En la fase tres, el autor sugiere que hubo un salto significativo de la humanidad cuando las inteligencias pasaron a integrar conocimientos unas de las otras. Combinando informaciones de las inteligencias técnica y social, fue posible desarrollar complementos con intenciones culturales y religiosas. En la combinación de las inteligencias naturalista y social, fue posible atribuir la mente al ambiente y a fenómenos naturales –tendencia conocida como antropomorfismo.
Bruce Hood se ocupó de otra tendencia cognitiva, el esencialismo. Esa capacidad de atribuir una “esencia” a objetos y seres se ejemplifica en dos estudios del autor: la reacción a una prenda de vestir usada anteriormente por un asesino, y una “máquina de duplicar” falsa, creada para entender cómo los niños percibían una “copia exacta” de sus animales de peluche favoritos. En el primer estudio, la mayoría de las personas se negó a usar una prenda de vestir en óptimo estado cuyo dueño fuera (supuestamente) un asesino cruel –y no sabían explicar el porqué del rechazo. En el segundo, la mayoría de los niños creía que sería posible copiar aspectos físicos de su animalito de peluche, pero no su “mente”.
Hood sugiere que el esencialismo evolucionó, en parte, para lidiar con cuestiones relacionadas a la contaminación. Inferir que algo posee una “esencia” que puede ser transmitida a otros ayuda a deducir peligros invisibles del mundo natural cuando no se sabe lo que son los virus, las bacterias o los venenos. Nuestros cerebros actualmente pueden racionalizar peligros para los cuales tenemos explicaciones científicas, pero todavía tenemos el instinto de evitar cualquier tipo de contaminación –incluso algo que sea abstracto como la “maldad”. Y lo opuesto también funciona: el autor describe ejemplos de cómo tendemos a querer tocar, usar o estar cerca de objetos que pertenecieron a personas notables, o considerados sagrados.
El esencialismo es una buena explicación para nuestra tendencia a creer en lo sobrenatural, pero no es la única. Aiyana K. Willard y Ara Norenzayan estudiaron cómo se relacionan cuatro tendencias cognitivas diferentes, ligadas a creencias religiosas/sobrenaturales: teoría de la mente (inferir estados mentales de otros), pensamiento teleológico (inferir que existe un propósito en el universo), antropomorfismo y el dualismo mente-cuerpo. De las cuatro tendencias cognitivas, la presencia de dualismo fue lo que más permitió prever la presencia de las otras tres, sugiriendo que, cuanto más fuerte es la creencia en una mente separada del cuerpo, más probable es la creencia en entidades sobrenaturales.
Lo que nos han mostrado las evidencias a lo largo de décadas es que existe un sesgo dualista porque el cerebro humano evolucionó para inferir la mente en otros, y en nosotros mismos. Pero ese sesgo no es una prueba de la naturaleza dualista de lo mental, y sí una peculiaridad favorecida por la selección natural.
La ciencia de la Consciencia
Antonio Damásio y V.S Ramachandran describieron diversas condiciones clínicas que involucraban lesiones cerebrales y alteraciones de Consciencia, entre ellas el mutismo acinético (donde el estado de vigilia parece intacto, pero el cuerpo no se comunica con el ambiente externo) y los automatismos epilépticos (episodios de ausencia de Consciencia mientras el individuo se mantiene realizando tareas de forma automática). En ambos se mantiene el estado de vigilia, pero no la autoconsciencia.
En la anosognosia, el paciente, con parte del cuerpo paralizado, no consigue reconocer su parálisis. En la prosopagnosia, el paciente no reconoce rostros, pero el problema no son las vías que identifican rostros, sino la conexión emocional con rostros conocidos. Lo inverso a ese daño (conexión emocional intacta y lesión en las vías que identifican rostros) ocurre en el síndrome de Capgras, donde el paciente reconoce a un familiar, pero cree que éste fue sustituido por un doble. Y en la asomatognosia, los pacientes tienen episodios epilépticos donde pueden dejar de sentir que tienen un cuerpo.
Vale mencionar también condiciones menos raras, como el síndrome del miembro fantasma, donde individuos con miembros amputados continúan sintiendo dolor en el miembro inexistente, y la sensación de presencia fantasmagórica –que no requieren lesión cerebral para manifestarse. Recientemente, los científicos consiguieron inducir esa condición estimulando una región del cerebro, el córtex temporoparietal, en pacientes sanos, y demostraron que la “sensación de presencia”, común en relatos de fantasmas, es causada por un error de percepción del propio cuerpo.
Las investigaciones de Damásio con esas y otras lesiones cerebrales lo llevaron a teorizar que la Consciencia emerge de la actualización constante de las informaciones sobre los estados internos y externos del organismo. Con eso, propuso que la mente funciona en tres “capas”: el protoself,, que registra los cambios de estado del organismo; el self central, que genera la percepción del yo situado en el presente; y el self autobiográfico, cuando el self central se conecta con la memoria, creando la historia de vida. Es a partir de ella que funciones superiores como creencias y lenguaje son posibles. La Teoría de la Consciencia de Damásio parece ser la más cercana para explicar la generación de la mente a partir de mecanismos ya conocidos por la ciencia.
Dualismo en la investigación científica
Incluso entre los fisicalistas, ciertos aspectos de la perspectiva dualista terminan “deslizándose” en conceptos-clave utilizados hoy por las neurociencias. El ejemplo más emblemático es la presuposición de representaciones mentales.
La representación mental es un tema demasiado complejo para este texto. No hay una teoría unificada, pero la idea general es que el sistema nervioso transforma actividad “bruta” de las neuronas en representaciones abstractas como creencias, deseos y pensamientos (una comparación posible sería con un algoritmo de ordenador).
Lawrence Shapiro alerta sobre el hecho de que tales “algoritmos mentales” flirtean peligrosamente con una concepción dualista del mundo. A pesar de ser un presupuesto en la investigación neurocientífica, las representaciones mentales todavía son un constructo hipotético, difícil de ser puesto a prueba.
Pero ello no significa que el dualismo tenga alguna ventaja sobre el fisicalismo –al contrario. Las evidencias de que la actividad del cerebro genera la mente se acumulan más y más, especialmente con el advenimiento de la resonancia magnética funcional (fMRI). La fMRI proporcionó un salto en los descubrimientos neurocientíficos, al permitir la visualización de la actividad cerebral en tiempo real, y su uso ha conseguido resultados prometedores, incluso para aspectos de la Consciencia antes considerados infranqueables.
En 2018, Roger Koenig-Robert y Joel Pearson fueron capaces de prever qué tipo de imagen escogería un individuo estudiando su actividad mental. Los investigadores demostraron que la fuerza subjetiva de la figura imaginada puede ser prevista a partir de patrones de actividad neuronal en el córtex visual primario, sugiriendo que la variación subjetiva de la imagen pensada está directamente influenciada por patrones de actividad sensorial.
Se puede argumentar que esos resultados explican aspectos de la Consciencia, pero no la propia Consciencia. Puede ser. Pero estamos llegando allí. En marzo de 2019, los investigadores detectaron un patrón de actividad cerebral distinto solo cuando los pacientes están conscientes. Los resultados arrojan dos conclusiones importantes: existe una actividad cerebral particular del estado de vigilia, que es lo suficientemente distinta para ser teorizada como una “firma” de la Consciencia; y, si esa firma de hecho corresponde a la Consciencia, la visión fisicalista de la mente se corrobora de forma definitiva.
La ciencia señala un camino para la naturaleza de lo mental que no es el mismo del dualismo. No hay dudas de que la Consciencia es generada por la actividad del sistema nervioso, y que el cerebro influencia la mente y viceversa. Y hasta incluso la realidad de las representaciones mentales ha sido desafiada en los últimos años, por explicaciones alternativas que involucran interacciones en tiempo real del organismo con el ambiente. Se puede argumentar que todavía no sabemos lo que es la Consciencia, pero hay información suficiente para saber lo que probablemente no es.
https://www.revistaquestaodeciencia.com.br/index.php/espanol/2019/07/09/la-ciencia-de-la-relacion-entre-mente-y-cerebro
 

2-
 Mente y cerebro

"Los límites del alma no los hallarás andando, 
cualquier camino que recorras; tan profundo es su fundamento".
Heráclito

"Propio del alma es un fundamento
que se acrecienta a sí mismo".
Sócrates

Entre la satisfacción de la felicidad y el culto estático del misterio, el científico debe preferir la primera. Las amantes de Barba Azul o Pandora de verdad representan al género humano. El gusto por el misterio no tiene nada de incompatible en nosotros con el placer de escudriñarlo. No nos extrañe, por consiguiente, que los neurólogos cuenten con la posibilidad de reducir algún día la mente consciente a un mecanismo cerebral, todo los sofisticado, complejo y delicado que se quiera, pero mecanismo material al fin y al cabo. La explicación de las bases físicas de la conciencia dejará a mi juicio el principal misterio sin resolver y además abrirá nuevos enigmas. Las actividades mentales, las representaciones mentales, incluida la representación del yo, la imagen o sentimiento de la propia identidad personal, en su esencia, sólo son accesibles a su propietario. Podemos observar el cuerpo y el cerebro de los demás, pero no nos es posible observar directamente la mente de nadie.
"El cuerpo y su cerebro son entidades públicas, mostrables, externas e inequívocamente objetivas. La mente es una entidad privada, escondida, interna e inequívocamente subjetiva".
Inferimos que los demás tienen conciencia a través de su comportamiento, de su mirada, y de nuestra comunicación con ellos por medio del mundo físico, por analogía. Puesto que no podemos ocupar nunca la mente de otro ser humano y experimentar directamente su conciencia (si pudiéramos, la persona que habríamos ocupado ya no sería "él", ni "tú", sino "nosotros"), cualquier hipótesis que hagamos sobre la existencia de otras mentes es un acto de fe. Por principio, no puede existir una aproximación empírica al problema de la mente. Davidson, en su teoría del "monismo anómalo" ha puesto de manifiesto la _inconmensurabilidad_ entre los predicados físicos y los mentales, es decir, su no coextensionalidad.

"Los predicados mentales y los físicos no están hechos uno para el otro".

Davidson cree que es lógicamente imposible hablar físicamente del cerebro (que es un objeto) presuponiendo a la vez que somos racionales, libres, etc., esto es, que somos sujetos, de lo cual se seguiría necesariamente la imposibilidad lógica de la psicología como ciencia.
Refiriéndose a dicha inconmensurabilidad, José A. de la Rubia ha explicado el "carácter trascendental de lo mental": si bien en términos demasiado cognitivos para nuestro gusto. En efecto, cuando consideramos a los demás como agentes racionales utilizamos un sistema de explicación que incluye sistemas globales de creencias, intencionalidad... No construimos nuestro concepto de la mente de ningún modo similar a como construimos las teorías científicas porque lo hacemos sobre supuestos trascendentales: _presuponemos_ la racionalidad, la continuidad o identidad de la mente ajena, la coherencia de sus creencias..., que en modo alguno percibimos. Es chocante la idea de una comunidad de agentes racionales que no son más que un conjunto de presupuestos lógicos, ¿porqué no serían también presentimientos o conjuntos difusos de expectativas? Esto sería lo que hacemos: explicamos la mentalidad ajena suponiendo su isomorfismo con la propia o con otros sistemas mentales previsibles, virtuales o imaginarios. La inconmensurabilidad de los discursos físico y mental surgiría -como dice de la Rubia- por la incompatibilidad entre los ámbitos objetivo y normativo. Me cuesta mucho, no obstante, suponer al nivel lógico como incompatible con el nivel físico, o aceptar la lógica como un instrumento meramente normativo.
La cosa se complica cuando pensamos que tal vez la plasticidad del comportamiento humano, su capacidad de previsión, de elección, de evaluación de posibilidades, no dependa sólo de la primera imagen o sentimiento del yo, sino más bien de algo mucho más sofisticado todavía, de otro orden y que desarrollamos sólo a través de la adquisición del lenguaje. Me refiero a la _autoconciencia_.
Propongo provisionalmente una sencilla definición de la autoconciencia; se tratará de su determinación por una propiedad específica. Autoconciencia es
aquello que nos permite representar, simular... mentir y evitar mentir.
Tengo en cuenta para esta definición el famoso test de Turing. Una máquina es capaz de pensar de verdad como un ser humano si puede convencer a un investigador, que la interroga a través de un teletipo, de que es una mujer. La autoconciencia está así asociada a la capacidad de representar papeles, de ponerse en el lugar de otro, de simular estar más allá del ser que somos, de reinterpretarse como si uno fuera otro, lo cual presupone naturalmente alguna especie de lenguaje simbólico. Los filósofos suelen aludir a esta dimensión esencialmente teatral de la _persona_, atribuyendo a la palabra "persona" una etimología dudosa, que la asocia con el griego 'prosopon', que era la máscara que servía también de altavoz de resonancia en los escenarios áticos.
Aunque seguramente será beneficioso ensayar reducir el dualismo, un tanto esquizoide, que ha caracterizado a nuestra cultura desde los pitagóricos (y no sólo a nuestra cultura), me cuesta negar que haya una razón profunda para sostener que en el fondo seamos dos cosas (cuerpo/mente). Aunque tal vez un día se puedan analizar y describir las mediaciones entre una y otra, no podremos dejar de vivirlas como irreductibles entre sí.
Esta intuición es corroborada por Davidson:

"Si estoy en lo cierto, entonces, el conocimiento detallado de la física o la fisiología del cerebro, e incluso del hombreen su totalidad, no cortocircuitaría el género de interpretación requerido para la aplicación de conceptos psicológicos sofisticados"

Frente a estas intuiciones, Paul Churchland ha pretendido justificar un "materialismo eliminativo". Según este investigador, la psicología popular es esencialmente mentalista y tan falsa y desastrosa que no puede ser reformada y actualizada en consonancia con el avance de la ciencia, sólo puede ser eliminada. A su juicio, tal eliminación supondría la destrucción del lenguaje actual y su lógica. Churchland es un gran conocedor del cerebro y un entusiasta de los modelos conexionistas o PDP (procesamiento paralelo distribuido) y cree que nuestro lenguaje natural será sustituido por uno más poderoso basado enteramente en el conocimiento aportado por las neurociencias. Con tal proyecto veríamos al fantasma suicidarse en el interior de la máquina. Tal posición es miope con respecto a lo que de verdad distingue al ser mental de la máquina. Gilbert Ryle lo expresó así:

"A pesar de que el cuerpo humano es un motor, no es un motor ordinario, dado que algunas de sus funciones están gobernadas por otro motor en el interior del primero, siendo este segundo motor de una clase muy especial. Es invisible, inaudible y no tiene ni peso ni tamaño. No puede ser reducido a pedazos y las leyes que lo gobiernan no son las que conocen los ingenieros".

Ryle apoda a este administrador de los impulsos, a este regulador en quien radica el secreto de la voluntad, o sea de la automotivación, "el fantasma de la máquina". La vivencia interna de la conciencia no está localizada espacialmente aunque su _duración_ (Bergson) transcurra en el tiempo, tal vez esté hecha esencialmente de tiempo, puesto que los procesos mentales reconocibles son explícitamente dependientes de dicha duración, la sucesión misma de los estados psíquicos.
Seguramente es un error atribuir una sustancia a la mente, como si ésta fuera un objeto. Hoy día, por lo que respecta a la sustancialidad de la mente, casi todos los filósofos adoptan un cierto grado de materialismo, seguramente dependiente de un complejo cientifista. En absoluto rebaja la dignidad de la mente (o el alma) decir que no es un objeto físico, por el contrario, la devuelve a su verdadero ser: relacional, holístico, metafísico. Para Ryle, la relación entre la mente y el cuerpo es semejante a la que existe entre una colonia de hormigas y las hormigas individuales, o entre el argumento de una novela y las letras del alfabeto, o entre la melodía de una canción y la materialidad sonora e instrumental en que se interpreta.
La mente y el cuerpo no serían dos componentes de una dualidad, sino dos conceptos enteramente distintos pertenecientes a dos planos diferentes de una jerarquía de descripción. Deberíamos decir por tanto en un tono lógico que existen mentes y decir en otro tono que existen cuerpos, pues pertenecen a modos de ser distintos, intensional el primero, extensional el segundo. Pensamos tranquilamente sin ser conscientes de que lo hacemos con neuronas. El hecho de que el nivel inferior esté regido por una necesidad causal no quiere decir que el nivel mental superior no posea una autonomía específica, ni que no pueda ser ilógico y emocional. En términos funcionalistas podemos decir que lo propio de la mente no es el _hardware_ (la materia cerebral), sino el _software_ (el "programa o la organización de esta materia).
Mi mente no es una máquina ni un mueble: es yo mismo. Soy algo que piensa, actúa y sufre. David Hume no tenía razón al decir que el yo es simplemente una colección de experiencias ("a bundle of ideas"). Puede que no haya yo sin experiencias, como no hay moneda sin metal, pero la identidad personal emerge de dichas experiencias como algo que puede hacerse cargo de las mismas, recordarlas, ordenarlas, servirse de ellas para el futuro. Parece evidente que nuestro sentido de la identidad personal está muy asociado a la memoria. Pero como la conciencia humana no es sólo conciencia, sino autoconciencia, no sólo sabemos, sino que _sabemos que sabemos_, _sentimos que sentimos_, podemos reflexionar nuestras ideas y también nuestras emociones y sentimientos. La clave para desvelar el misterio de la mente tal vez esté pues en esta autorreferencia, que es una fuente inagotable de paradojas. Dichas paradojas han recibido en nuestro siglo una efectiva representación artística en el trabajo del holandés M. C. Escher. Es posible hallar también un equivalente musical de estos bucles laberínticos en las fugas de Bach.
La paradoja se manifiesta en el mismo hecho de que sea la mente consciente la que se interroga sobre sí misma...

"Conducir una investigación con el mismísimo instrumento que se está investigando determina que la definición del problema y la búsqueda de una solución del mismo revistan especial complicación. Dado el conflicto entre observador y observado..."

Para Antonio R Damasio, esta dificultad añadida no nos debe llevar a la conclusión de que será imposible en el futuro que el intelecto humano comprenda de qué modo la mente emerge del cerebro. Reconocer el conflicto no tiene por qué implicar su insuperabilidad.
El abismo abierto por el dualismo entre los fenómenos psíquicos y los estados físicos, biológicos, neurológicos, deriva de la disparidad entre dos cuerpos de conocimiento: el de la buena comprensión que la mente ha ido logrando de sí misma a lo largo de siglos de introspección y el conocimiento que actualmente tenemos de los fenómenos nerviosos, bastante incompleto. "Pero no hay razón alguna para suponer que la neurología no pueda rellenar ese abismo" (Damasio).
El yo se manifiesta precisamente en el momento en que es capaz de reflejarse a sí mismo. Probablemente la autorreferencia provoca tales paradojas e indecisiones (tal y como demostraría el teorema de Incompletitud de Gödel), que nunca, ni en principio, podrá llegar la mente a entenderse por completo a sí misma. Buscar el autoconocimiento sería semejante a embarcarnos en un viaje sin fin. La generalización del teorema de Gödel al sistema de la mente probaría, según el filósofo J.R.Lucas, que las mentes no pueden ser explicadas como máquinas, pues siempre habría principios mentales irreductibles al sistema físico.
Paul Davies se refiere a la característica esencial de todos los esfuerzos por obtener una mejor comprensión del yo como "convolución de los niveles jerárquicos".

"El _hardware_ de las células cerebrales y la maquinaria electroquímica sostienen el _software_ de los pensamientos, ideas y decisiones; pero éstos, a su vez, actúan sobre el plano neurológico y, de este modo, modifican y sustentan su propia existencia"

Sería precisamente la confusión de planos, como en la famosa cinta de Moebius, el entrelazamiento de cuerpo y alma, de lo físico y lo espiritual, lo que haría que cada cual fuera _uno mismo_. Damasio ha propuesto la división del problema mente/cerebro en dos partes. Utiliza la metáfora de una "película-en-el-cerebro" para designar la composición integrada y unificada de diversas imágenes sensoriales, como si la mente fuera un espectáculo multimedia. La segunda parte, la relacionada con el problema de la identidad personal, concierne a la generación automática de un sentido de propiedad de esa "película-en-el-cerebro". La segunda anida en la primera, aunque el separarlas constituya una "estrategia útil de investigación, ya que cada una demanda su propia solución".
El primer problema requiere una cartografía cada vez más fina de las activaciones bioeléctricas y bioquímicas, neurológicas, que empezó hace siglo y medio ya, cuando Paul Broca habló de las implicaciones de distintas zonas del cerebro en el procesamiento de aspectos diferentes del lenguaje. Respecto del segundo problema -el que interesa igualmente a neurólogos, psicólogos y filósofos- Damasio halla el fundamento biológico del sentido del yo en los mecanismos cerebrales que representan, instante a instante, la continuidad del mismo organismo.

"el cerebro utiliza sus estructuras de representación del organismo y de los objetos externos para crear una nueva representación de segundo orden... tal representación de segundo orden no constituye abstracción alguna; antes bien acontece en estructuras nerviosas, a saber, el tálamo y la corteza cingulada"

Desde una perspectiva evolutiva, es evidente la importancia de un sentido del yo. Un organismo autoconsciente dispone de un incentivo para atender a las señales de alarma dadas por la "película-en-el-cerebro", por ejemplo el dolor causado por un estímulo particular, y así puede evitar en adelante dicho estímulo. En nuestro caso, la conciencia ha constituido una clara ventaja para nuestra supervivencia.

Aunque algún día se pueda explicar completamente la emergencia del yo, como un tipo especial de sentimiento, en el acto de conocer, _en el interior_ de la propia película mental, lo que elimina al mítico homúnculo y al espectador externo (al margen del tejido del mapa sensorial), todavía quedará un aspecto del yo que no parece encajar en una descripción determinista: se trata de la _voluntad_ (martillo de psicólogos positivistas, conductistas y cognitivistas). Somos un sistema capaz de controlar-se, sobreponer-se, aguantar-se, e incluso capaz de negar-se a sí mismo.
Desde luego, el vínculo entre la verdadera libertad de la voluntad y el conocimiento es indudable. El ingrediente esencial de la mente es la _información_. Es la estructura que hay en el cerebro y no el cerebro mismo lo que nos convierte en lo que somos. Del mismo modo que la tercera sinfonía de Brahms no deja de existir cuando la orquesta ha acabado de interpretarla, la mente podría perdurar transmitiendo la información a otra parte. En cierto sentido es evidente que la mente de Séneca, pongamos por caso, sobrevive de un modo muy real en las páginas de su _De vita beata_. Más que "fantasmas en las máquinas" somos "mensajes en un circuito", y el mensaje mismo trasciende el medio de su expresión. El "programa" podría haberse ejecutado o ejecutarse en cualquier otro cuerpo en una fecha anterior o posterior (reencarnación) o en un sistema que no percibimos porque sencillamente no forma parte del universo físico. En conserva, el sistema sería atemporal, sólo es sensible al flujo del tiempo mientras se ejecuta.
http://www.oas.org/udse/dit2/documentos/di_morado/mp_Mente%20y%20Cerebro.htm

3- El cerebro y la mente: la importancia de aprender a controlar su comportamiento
Los enormes conocimientos del último tiempo en el campo de las neurociencias son importantes a la hora de entender las ventajas y desventajas que otorga la relación entre la mente y el cerebro. Qué hacer para convertir a la mente en una aliada
A partir de los enormes avances que hizo la neurociencia en el último tiempo, se pudo divulgar un importante aprendizaje sobre la mente y el cerebro humano, más que en cualquier otro momento de la historia. Ahora hay un mejor entendimiento de cómo funcionan y se pueden utilizar estos nuevos conocimientos para adquirir un mayor nivel de bienestar.
Este momento único en la historia de la humanidad permite, según ratificó a Infobae la psicóloga y escritora Celia Antonini, que por primera vez la tecnología ayude a revelar los secretos del cerebro "y explicar porque actuamos como lo hacemos". "El cerebro controla todos los aspectos de nuestra vida y hoy podemos visualizar con mayor claridad las ventajas y desventajas de la mente y el cerebro", indicó la especialista. En su criterio, conocer las desventajas y ventajas de la mente y el cerebro es clave para utilizarlas a nuestro favor.
Es importante, según sostuvo la experta, no confundir el cerebro con la mente. En este sistema, el cerebro podría ser entendido como el hardware de una computadora y la mente el software. En su libro GPS Mental 2.0, Celia Antonini señala que la mente tiene un gran ventaja, que es observarse a sí misma.
"Esta posibilidad de auto observación es la que nos permite detectar pensamientos, emociones y patrones mentales que nos perturban o nos impiden lograr lo que deseamos", indicó Antonini. "Pero la mente no solo tiene la capacidad de observarse a sí misma, sino que a la vez puede autorregularse, modificar pensamientos, reducir o anular emociones y modificar conductas, pero si no se regula y se entrena a sí misma, puede terminar por quedar presa del sistema emocional del cerebro y perder el mando".
El cerebro juega en este caso acompañando a la mente, debido a la plasticidad neuronal. "Hoy sabemos que los pensamientos modifican la estructura cerebral y ello permite que los cambios que realizamos puedan mantenerse a lo largo del tiempo".
Sin embargo, por otro lado, también hay dos grandes desventajas. En primer lugar que la mente hace lo que quiere sin regulación. "Podríamos compararla con el comportamiento que tiene un niño en el aula cuando no está la maestra. Va y viene a su antojo. Si no tiene supervisión, se descontrola", dijo Antonini. "Su compañero de fórmula, el cerebro, la acompaña con otro gran defecto: es vago. Una vez que incorporó algo, se resiste a cambiarlo".
Esto quiere decir que entonces se combinan dos grandes defectos y dos grandes virtudes que están sometidos y controlados por la propia decisión, determinismo y voluntad de cada persona. "Si nos decidimos a tomar el mando y a ser más astutos que nuestra mente, podemos convertirla en nuestra mejor aliada. Pero si la dejamos librada a su antojo, puede llegar transformarse en nuestro enemigo interno más temible", concluyó la especialista.
https://www.infobae.com/tendencias/2017/05/31/el-cerebro-y-la-mente-la-importancia-de-aprender-a-controlar-su-comportamiento/

Amiga, Amigo:

En  Charlas y por correos electrónicos pude apreciar que en personas más allá de sus ideologías, grados iniciáticos, académicos y religiosos, hay una "orfandad" de ideas convincentes con respecto a la razón de ser en la vida, a la razón de ser de la muerte y a la relación entre el cerebro con la mente, la mente con el alma... Esto quizá lo veo reflejado con mayor intensidad en cuanto confusión de ideas entre quienes mucho han buscado sin encontrar respuestas convincentes a su inquietud que está en ellos y su voz interior desea expresarles, lo buscan y buscan fuera, en donde lo Interno no será encontrado ni escuchado, lo buscan en guías ignorando que cada uno es el propio Guía.

Antes que tu cerebro fuera tu mente ya era.
Antes que tu mente fuera tu alma ya era.
Antes que tu alma fuera tu espíritu ya era.
Antes que tu espíritu fuera Dios ya era, es y será sin principio ni fin.
Como espíritu desde Dios emanaste.
Como alma por tu espíritu eres regido.
Como mente desde tu alma programado vienes.
Como cerebro por tu mente eres regido.
Como organismo por tu cerebro eres dirigido.

Bertrand Russell afirmó:
Cuando muera me pudriré y ese será mi fin.

¿Qué piensas ahora Bertrand Russell cuando tu cuerpo, cual vestimenta desechable se pudrió y tú, en lo que eres, disfrutas como alma de la Luz que acá ignoraste? Y entendiste que:

Sin el cerebro humano la mente no podría expresarse, nuestro cerebro es el único órgano dotado de los puntos dimensionales de salto cuántico que permiten el constante e ininterrumpido salto cuántico de la mente al cerebro y de las percepciones cerebrales a la mente. Pero,  somos más, infinitamente más que un cerebro pensante: Somos lo que al cerebro le permite ser... 

De todas las cosas que el hombre conocerá,
la última probablemente será él mismo.
Alexis Carrel

La moderna física nos permite hoy entender el paso de los pensamientos al cerebro y la elaborada respuesta cerebral con la percepción de los sentidos, que el cerebro hace llegar a la mente. La ciencia informática nos permite entender a la mente como el programador cerebral, es decir al cerebro cual un computador al servicio de la mente, mente que sin el cerebro no se puede manifestar acá en la Tierra. Todo ello sucede por saltos cuánticos en un constante diálogo mente-cerebro y cerebro-mente. Siendo el cerebro el órgano dotado para el salto cuántico al tener un 10% de las neuronas dotadas de especiales microtúbulos con electrones astrales y no físicos, electrones que están a la vez en el cerebro y la menteLa capacidad cerebral por más que pensemos no se agota, por el contrario, a mayor uso mayor capacidad por aumento de los circuitos neuronales.

Al ser la Vida un estado mental y corresponder los dos factores al humano pensar negativo que es prioritario, la solución a la Crisis Mundial que escapó al control de las naciones es mental; está en uno mismo, en cada uno de nosotros y se logra primero aceptando la realidad mundial y personal: Aceptar lo errado de nuestro pensar diario y, con valor decidir dar el primer paso hacia el Cambio Individual mediante la Reprogramación Mental, es decir Pensando Mejor, cada día un poco Mejor. Si con la mente hemos sido responsables del caos profetizado por nuestra media diaria de 70% pensar basura, es en la propia mente donde podemos y debemos actuar revirtiendo la polaridad pensante consciente de lo negativo hacia lo Positivo.

Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Septiembre de 2021
Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net