Son cuatro títulos: 596, 597, 598 y 599.
Cada uno dedicado a una destacada mujer de la Ciencia que, por sobre al machismo imperante
logró triunfar y hacer historia.

-I-

596

Mary Somerville


1.
Mary Somerville (1780-1872)- BIOGRAFÍA

Mary Somerville creció a la par que la Revolución Industrial del s. XIX, vivió los surgimientos de nuevas ideologías políticas como el socialismo y el marxismo y, a pesar de su apariencia clásica, puede ser considerada una mujer de su tiempo.

Mary nació en Escocia. Pasó su infancia en el campo, en contacto con la naturaleza lo que estimuló su carácter observador, pero sin una formación básica sistematizada de manera que a los diez años apenas sabía leer y su madre le hacía practicar con la Biblia.

Al fin su padre decidió enviarla a un internado que fue para ella un auténtico suplicio ya que su profesora le hacía aprender páginas enteras de diccionarios de memoria.

Un primer encuentro interesante en su vida sucedió cuando tenía trece años. Conoció al Dr. Somerville, que posteriormente se convertiría en su suegro, quien al percibir los deseos de Mary por aprender le muestra las historias de las mujeres sabias de la antigüedad, y la anima a aprender latín y a leer a Virgilio.

Un curso de pintura y danza al que asiste le descubre cuestiones de perspectiva y geometría que había leído en los Elementos de Euclides. Sus primeras experiencias de resolución de problemas consisten en solucionar los pasatiempos matemáticos de las revistas femeninas. Cuando el tutor de su hermano le daba clase, Mary se las arreglaba para estar presente y resolvía con gran rapidez las cuestiones que éste planteaba a su hermano. Viendo el enorme interés que ella tenía por las Matemáticas, accedió a comprarle libros científicos, y le ayudó a leerlos y a resolver los problemas del primer libro de Euclides. Al poco tiempo se vio sobrepasado por el nivel que su alumna había alcanzado. Ella ya había leído los Elementos de Euclides y el Álgebra de Bonnycastle.

Advirtió entonces que las personas de su entorno no podían ayudarla, sabía demasiado y sus padres comienzan a inquietarse pensando que este afán de su hija por el estudio puede acarrearle problemas de salud no tanto física como mental. Su padre dice: "uno de estos días veremos a Mary con camisa de fuerza".

Intenta disuadirla por todos los medios, pero ella sabe compaginar de forma inteligente sus clases de piano y las labores del hogar con el estudio del álgebra y las lecturas de los clásicos. Termina así los seis primeros libros de Euclides.

A los 24 años se casa con Samuel Greig, capitán de la marina rusa, un hombre sin ningún conocimiento científico al que no le gustan las mujeres sabias, pero Mary, aprovecha la libertad que le supone este matrimonio para continuar sus estudios matemáticos. Tres años después, muere su marido y ella se encuentra viuda, con dos hijos, viviendo en Londres y con una independencia económica que sabe aprovechar para conducir su vida hacia su verdadera pasión: las matemáticas. Su primer éxito fue ganar una medalla de plata por la solución de un problema sobre las ecuaciones diofánticas en el Mathematical Repository de W. Wallace. Sus amigos le animan a seguir estudiando y poco después lee los Principia de Newton.

Su primo William Somerville se convierte en su segundo marido. Es médico y comparte su interés por la ciencia. Su matrimonio puede considerarse duradero y feliz. William era un hombre inteligente pero de poca ambición personal y el hecho de que no fuera matemático es valorado por Ch. Lyell como un hecho positivo afirmando que: "Si nuestra amiga la señora Somerville se hubiera casado con Laplace, o con un matemático, nunca habríamos oído hablar de su trabajo. Lo habría fundido con el de su marido, presentándolo como si fuera de él".

En Londres, Mary encuentra un interesante ambiente científico. Se interesa por los trabajos de Babbage y su Máquina Analítica. Conoce a Ada Lovelace y le anima a estudiar matemáticas siendo su mentora.

Sus amigos le envían libros y trabajos científicos, la invitan a conferencias y acuden a la casa de los Somerville para compartir sus experimentos. Mary comienza a desarrollar sus ensayos sobre la Refracción de los rayos solares, Acción de los rayos solares sobre jugos vegetales, Transmisión de los rayos solares en diferentes medios, etc. Trabaja en lo que podría considerarse un antecedente de la fotografía, observando los efectos de decoloración que se producen sobre papel bañado en cloruro de plata expuesto al sol.

Lord Henry Brougham, presidente de la Cámara de los Lores, gran admirador de Mary, escribe a su marido instándole a que convenza a su mujer para que traduzca la Mecánica Celeste de Laplace. Ella accede, no sin muchas vacilaciones, rogando que si su manuscrito no se considera aceptable sea destruido. Este trabajo le supone cuatro años durante los cuales demuestra una organización admirable al compaginar su vida familiar y social con su trabajo científico. En sus escritos afirma: "Un hombre siempre puede tener el control de su tiempo alegando que tiene negocios, a una mujer no se le permite tal excusa".

La obra de Laplace es larga y compleja. John Playfair llega a afirmar entonces que apenas hay una docena de matemáticos capaces de siquiera leerla. En una visita que Laplace efectuó a los Somerville, éste comentó que sólo dos mujeres habían sido capaces de leer la Mecánica Celeste, ambas escocesas, la señora Greig y Mary Somerville, quedando sorprendido al comprobar que se trataba de la misma persona.

Su traducción de Laplace resultó algo más que un trabajo mecánico ya que añadió comentarios simples y claros que permitían una mejor comprensión de la obra, incorporando así mismo opiniones independientes que interesaron a personas expertas. En su amplia Disertación Preliminar incluyó todas las matemáticas necesarias, una historia del tema con explicaciones mediante dibujos, diagramas y comprobaciones matemáticas que ella misma realizó. Este trabajo fue reimpreso posteriormente y se difundió por separado, dado su interés.

Continuó escribiendo, interesándose por el estudio de fenómenos físicos tan de moda entonces. Su siguiente publicación fue Sobre la conexión de las ciencias físicas. Los trabajos de Chladni sobre placas vibratorias le inducen a dibujar los diagramas de estos experimentos sobre los que también se había interesado Sophie Germain.

Por su interés demostrado en astronomía, fue nombrada junto con Carolina Herschel miembro honorario de la Real Sociedad de Astronomía siendo las primeras mujeres que obtuvieron tal honor. Sin embargo, Mary no asume el derecho a visitar dicha sociedad si no recibe una invitación especial para ello.

Obtiene, además, muchas otras distinciones, de la Real Academia de Dublín, de la British Philosophical Institution y la Societé de Physique et d´Histoire Naturelle de Ginebre. La reina Victoria le concedió una pensión anual de 200 libras esterlinas, aumentada dos años más tarde a 300 libras. Era por tanto una persona de alto prestigio en la comunidad científica, totalmente reconocida en diferentes países y se sentía feliz por poder disfrutar de una independencia económica que le permitía seguir estudiando.

Tras una etapa en Italia, por motivos de salud de su esposo, sin abandonar sus estudios, publica Physical Geography, un manuscrito que estuvo a punto de quemar, pero que su marido y John Herschel le convencieron para que no lo hiciera. Se hicieron de él siete ediciones.

Sufre una fuerte depresión tras la muerte sucesiva de su marido y uno de sus hijos. Sus hijas la animaron a que iniciara un nuevo proyecto. Vive entonces en Nápoles y con 85 años comienza a escribir su cuarto libro On Molecular and Mycroscopic Science y revisa su libro On the theory of differences. A los 89 años escribe su autobiografía y sigue estudiando matemáticas aun con 92 años. Cuando le sorprende la muerte estaba investigando sobre cuaterniones.

Hemos contado a grandes rasgos una larga vida admirable. Sus últimos escritos demuestran su enorme maestría en investigación matemática. Ella escribe: "Tengo 92 años..., mi memoria para los acontecimientos ordinarios es débil pero no para las matemáticas o las experiencias científicas. Soy todavía capaz de leer libros de álgebra superior durante cuatro o cinco horas por la mañana, e incluso de resolver problemas".

Quienes tuvieron la suerte de conocerla no dudaron en llamarla "la reina de las ciencias del siglo XIX".

https://thales.cica.es/rd/Recursos/rd97/Biografias/55_56-1-b-BIOGRAFIA.html


2.
Mary Somerville (1780-1872)

Mary Somerville, matemática y científica escocesa, fue una de las mujeres de su tiempo que con más pasión se dedicó al estudio de las matemáticas y al conocimiento de los avances científicos.
Ser mujer supuso una dificultad con la que convivió, sorteando obstáculos con la paciencia y la convicción de quien cree en su trabajo. Pero ni el acceso a la Universidad ni la participación en Asociaciones Científicas le estaba permitido. No se puede por tanto, desde esta perspectiva, medir sus aportaciones en la medida en la que se miden las de quienes trabajaron en plena libertad y con todos los medios en sus manos.

En sus obras predomina el deseo de contribuir a la divulgación del pensamiento científico del momento. La importancia de la versión traducida de la obra de Pierre-Simon Laplace “Mécanique Celeste” bajo el título “Mechanism of the Heavens”, fue el comienzo de una serie de trabajos de una riqueza y complejidad admirable para sus contemporáneos. “The Connection of the Physical Sciences” es un profundo ensayo filosófico, con una amplia explicación científica, acerca de los fundamentos de las fuerzas que mueven el universo. Su obra “Physical Geography” se ha utilizado durante años en las aulas inglesas, reconociendo así su calidad, su carácter innovador y su capacidad para explicar los fenómenos naturales y las relaciones entre los seres vivos. Su última obra, “Molecular and Microscopic Science” aborda el mundo microscópico en la búsqueda de explicaciones a la composición de la materia, el fenómeno del calor y los movimientos vibratorios, entre otras cuestiones.
En todas sus obras, la autora desarrolló las aportaciones matemáticas necesarias para una mejor comprensión de las teorías expuestas. Su estilo, riguroso, sencillo y didáctico, favoreció el enorme éxito de sus trabajos y la consideración de que fue objeto por parte de la comunidad científica en el siglo XIX.
Cuando nace Mary Somerville, Inglaterra presenta un decaimiento del desarrollo científico en prestigiosas sociedades como la Royal Society o el Gresham College. En el siglo XVIII, las universidades de Oxford y Cambridge no eran centros de investigación científica sino esencialmente Seminarios, y una mayoría de los estudiantes iba a parar a la Iglesia o a escuelas terminales en las que se ejercía docencia más que investigación. Pero al comienzo del siglo XIX, la proliferación de sociedades filosóficas, literarias y científicas se fue generalizando en todo el Reino Unido y a finales de siglo eran más de cien con un volumen de socios comparable a los de la Royal Society durante los siglos anteriores.
Las nuevas universidades y, en particular, las universidades escocesas de Glasgow y Edimburgo contaban con científicos como Lord Kelvin, que defendieron la introducción del trabajo experimental en la formación universitaria. Surgen los Institutos de Mecánica de Glasgow, Birmingham y otros en casi todas las grandes ciudades; la mayoría poseían un nivel bastante elevado, siendo ya en 1850 más de seiscientas las organizaciones que reunían a más de cien mil personas. La ciencia se estaba volviendo compleja y difícil de comprender para los intelectos sin formación, y la investigación experimental requería aparatos costosos, así como más clara implicación en el desarrollo industrial. Los primeros pasos de Mary Somerville en el mundo de la ciencia tuvieron como escenario una Escocia en plena ebullición. Esta circunstancia favoreció su inicial desarrollo como científica y el posterior conocimiento y difusión de sus trabajos.
En Edimburgo, existía una actitud, aun dentro de los convencionalismos de la época, más abierta a la participación de las mujeres en actos sociales en los que se daban conferencias y se realizaban demostraciones científicas, a menudo con el fin de obtener financiación necesaria para sostener nuevos proyectos. Mary Somerville era consciente de que estas reuniones culturales eran los únicos contactos posibles con las últimas novedades científicas, algo vital para estar en la primera línea de la ciencia que se desarrollaba en ese momento.
Hija de un vicealmirante de la armada inglesa, la familia vivía cerca de Edimburgo, donde pasaban los inviernos. Mary se había manifestado como una joven inquieta y observadora, de manera que inició un aprendizaje autodidacta muy común a otras científicas de su tiempo. En su autobiografía describe cómo le llamaban la atención los animales y las plantas cuando paseaba por el campo. Uno de aquellos veranos, su tío, el Dr. Somerville admirado por su deseo de saber, le recomendó iniciarse en las lecturas en latín de autores clásicos, y al tiempo le hablaba de mujeres sabias de la antigüedad.
En 1804 se casó con Samuel Greig, oficial de marina, y se trasladaron a Londres. Este cambio en su vida fue duro pero crucial para su futuro científico. Nacieron dos hijos y su marido murió al tercer año de matrimonio. Se encontró lejos de su familia, pero con una independencia personal y económica que para ella supuso una nueva manera de afrontar la vida.
Descubrió en Londres un ambiente científico que comenzó a interesarle. Su buena posición económica le facilitó aumentar su biblioteca y decidió dedicar parte del tiempo a mejorar su formación. Su primer “éxito” fue ganar una medalla de plata por la solución de un problema sobre las ecuaciones diofánticas en el Mathematical Repository de William Wallace. Por entonces, ya había leído Los Elementos de Euclides y el Álgebra de John Bonnycastle.
Volvía con frecuencia a Edimburgo, donde sus amigos, conocedores de su dedicación a las matemáticas, le animaban a que participara en coloquios y reuniones que se celebraban con frecuencia, y en las que tomó contacto con importantes científicos, entre ellos William Wallace quien orientó sus lecturas matemáticas haciéndole llegar los trabajos de los más importantes matemáticos franceses de la época.
Su segundo matrimonio, en 1812, con su primo William Somerville, inspector médico de la Royal Navy, supuso para ella una convivencia larga y feliz y un respaldo fundamental en su dedicación a la ciencia. Su marido estaba orgulloso de los conocimientos de Mary y se convirtió en su principal ayudante a la hora de facilitarle contactos con la comunidad científica. Se instalaron en Londres y William se hizo socio de la Royal Society, ya que en dicha Institución no se admitían mujeres ni les estaba permitido el acceso a las instalaciones. En su biblioteca él copiaba a mano los artículos que a su mujer le resultaban interesantes para sus investigaciones.
Cuando tuvieron la oportunidad de visitar París, en 1817, aprovecharon para encontrarse con los más importantes matemáticos de la época como Lagrange, Poisson y Laplace, quienes les mostraron el avance de sus trabajos. Para una científica como ella, el estudio de estos materiales era fundamental dado que en Inglaterra le resultaba muy difícil conseguir tratados matemáticos de esta importancia.
En 1830, el prestigioso científico Charles Babbage publicó un libro bajo el título Reflexiones sobre la decadencia de la ciencia en Inglaterra. El revuelo que ocasionó fue importante, y David Brewster, desde su condición de científico aficionado y como vicecanciller de la universidad de Edimburgo, convocó una reunión nacional de “Amigos de la Ciencia”, en la que se acordó la fundación de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia que, entre sus objetivos, planteaba una profunda reforma de la universidad, tanto en su estructura como en la cuantía y el destino de sus inversiones.
Mary Somerville seguía de cerca estos acontecimientos. La Asociación fue muy activa en el movimiento por la reforma de la educación superior, aunque estaba todavía muy lejos de plantearse el acceso de las mujeres a las enseñanzas universitarias. Por su parte, la Royal Society también emprendió algunas reformas, en especial en cuanto a las características de sus socios. A partir de 1874 los pares no dispusieron ya de un acceso privilegiado dando prioridad a los científicos mejor formados, aunque hubo que esperar hasta 1945 para que se admitiera a las mujeres como miembros.
En 1826 Mary Somerville escribió su primer artículo The Magnetic Properties of the Violet Rays of the Solar Spectrum. Le siguieron Experiments on the Transmission of the Chemical rays of the solar spectrum across different media, y On the action of the Rays of the Spectrum on Vegetable juices. Se publicaron por la Royal Society en Philosophical Transactions y eran los primeros escritos firmados por una mujer, lo que supuso un gran revuelo entre los científicos del momento. Estos trabajos no tenían detrás el aval de ninguna universidad, institución, o sociedad científica, sin embargo, el gran prestigio social que Mary Somerville alcanzó, le abrió las puertas de los salones londinenses, por otra parte los únicos a los que podía acceder por el hecho de ser mujer. Muchos científicos se interesaron en compartir sus puntos de vista llegando a mantener una correspondencia regular con muchos de ellos, siempre dirigida, por supuesto, a su marido, según costumbre de la época.
La amistad y la colaboración con John Herschel se mantuvo a lo largo de toda su vida. Las frecuentes visitas al observatorio astronómico familiar de los Herschel le abrieron una nueva perspectiva de investigación: las leyes del Universo. Tanto John como Carolina o William Herschel desarrollaban un importante trabajo de localización y catalogación de cuerpos celestes. Mary se apasionó por el tema pero desde una perspectiva teórica más en la línea de investigación de John y optó por la lectura de los trabajos de Pierre Simon Laplace. Era su primer contacto con la Mécanique Céleste, una obra compleja y voluminosa que resultaba imprescindible para la comprensión de las nuevas teorías que explicaban la dinámica del cosmos, a partir de la física newtoniana. John Playfair, profesor de filosofía natural en Edimburgo, comentaba que apenas había una docena de personas de Gran Bretaña lo bastante competentes en matemáticas como para leer esta obra. Precisamente con Playfair había compartido Mary sus impresiones tras la lectura de los Principia de Newton.
En 1827, Lord Brougham, a requerimiento de la Royal Society, instó, a Mary, a través de su marido, a que realizara una versión traducida al inglés de la Mécanique Céleste de Laplace con el fin de hacer más fácil la difusión de sus teorías en Inglaterra. Ella manifestó claramente sus temores a no estar a la altura del encargo, planteando que si no era capaz de realizar un trabajo de calidad debía ser destruido. La primera idea era hacer una versión sencilla para una colección que se preocupaba de la divulgación de las ideas científicas para no expertos, pero el trabajo resultó tan interesante que los editores, a instancias de John Herschel, decidieron publicarlo como tratado de importancia fundamental. El preámbulo, A Preliminary Dissertation era un compendio de desarrollos matemáticos e ideas fundamentales de física imprescindibles para comprender la obra de Laplace. Fue todo un éxito y se reeditó varias veces de manera independiente.
La obra de Mary Somerville se publicó con el nombre Mechanism of the Heavens. Se la ha considerado a menudo como una traducción de la obra de Laplace. Sin embargo es más que una traducción porque aporta una contextualización. y una interpretación del trabajo de Laplace. Al tiempo es menos, ya que supone un acercamiento selectivo a la obra original. El resultado fue más comprensible que una estricta traducción.
Mary Somerville se había convertido en una escritora científica del más alto nivel. Muchos de sus críticos, ante la desconfianza de que una mujer pudiera acometer un trabajo de tal envergadura, buscaban en la obra rasgos que consideraban marcadamente femeninos, como vanidad o afectación. En el fondo pensaban encontrarse con una recreación literaria, pero tuvieron que reconocer que el resultado era un tratado científico que reunía una enorme precisión y claridad. Cuando John Stuart Mill elaboró un manifiesto reivindicando la participación política de las mujeres y su derecho a la educación, Mary Somerville fue de las primeras personas en firmarlo.
En 1832 Charles Babbage presentaba su máquina analítica en el salón de los Somerville bajo la mirada fascinada de Ada Byron, una joven aristócrata de apenas 17 años que deseaba estudiar los fundamentos de tan complejo proyecto. Para Ada Byron, Mary Somerville era una referencia importante ya que se trataba de una de las escasísimas mujeres que podía acceder al conocimiento científico del momento con una preparación suficiente. Animada por Mary, quien orientó sus lecturas y le proporcionó libros y artículos para sus estudios matemáticos, la joven Ada Byron desarrolló un trabajo cuya importancia no fue valorada hasta años después y consiguió un gran reconocimiento hasta el punto que un lenguaje informático lleva su nombre, ADA.
Un segundo viaje a París de los Somerville fue el respaldo a la, cada vez más sólida, carrera científica de Mary. Estaba decidida a dedicarse a la divulgación de los principales contenidos de los ensayos que llegaban hasta sus manos, así como escribir sus propias reflexiones acerca del pensamiento científico del que ella se sentía partícipe.
Su libro The Connection of the Physical Sciences, publicado en 1834 fue un éxito y conoció nueve ediciones sucesivas, siempre mejoradas. Uno de los mayores logros fue contar con la colaboración de científicos tan importantes como Faraday, Wollaston, Herschel, Maxwell y Whewell. En él, Mary Somerville presentaba una visión del mundo físico que contenía una explicación matemática compleja, pero evitando, en la medida de lo posible, el uso excesivo de fórmulas o símbolos matemáticos. Esta idea de traducir los fundamentos matemáticos al lenguaje ordinario fue una de las mayores dificultades que tuvo que superar para mantener el rigor de su trabajo.
Su dedicación a la astronomía le llevó a realizar cálculos relativos a un posible planeta que perturbaba la órbita de Urano. Estos datos posibilitaron la localización de Neptuno por John Couch Adams.
En 1834 se instaló por un tiempo en Italia. Allí continuó sus contactos con la astronomía realizando interesantes trabajos en los que introdujo principios filosóficos que, poco a poco, fueron impregnando sus obras posteriores.
En 1835 recibió, junto a Carolina Herschel, la medalla de honor de la Sociedad de Astronomía, así como una pensión vitalicia de 200 libras que le ayudó a continuar con su trabajo científico. Fueron las primeras mujeres en conseguir este reconocimiento.
La precaria salud de su marido hizo que sus estancias en Italia fueran cada vez más dilatadas. El primer ministro inglés, conocedor de sus problemas económicos, decidió que su pensión vitalicia se aumentara a 300 libras.
En 1848 publica Physical Geography, un texto que se ha utilizado durante décadas, pero que algunos parlamentarios y miembros del clero, en la misma catedral de York, criticaron duramente por su enfoque evolucionista. Al parecer este hecho contribuyó aún más a su éxito.
Whewell, rector de la Universidad de Cambridge invitó al matrimonio Somerville durante una semana a participar en las actividades universitarias. Se alojaron en un apartamento del Trinity College, que por primera vez acogía a una mujer. En sus memorias, Mary Somerville recuerda con gran satisfacción su estancia en Cambridge y los encuentros con sus profesores. Para entonces, Mary Somerville había sido elegida miembro honorario de varias Sociedades de Física e Historia Natural de diferentes ciudades europeas, en muchos casos junto a Carolina Herschel, incluso fue elegida miembro de la Sociedad Geográfica y Estadística Americana. La Royal Society decidió situar un busto suyo en el hall principal, pero ella nunca podría contemplarlo.
En 1865, a los 85 años de edad, publica Molecular and Microscopic Science, una aproximación a la composición de la materia, el concepto de calor y las partículas microscópicas. Incluía diagramas de los experimentos de Ernnest Chladni con placas vibratorias, fenómeno del que también se había ocupado Sophie Germain.
En 1870, a los 90 años recibió la medalla de oro de la Real Sociedad Geográfica Victoriana. Su marido, su hijo mayor y su gran amigo John Herschel ya habían muerto. Le quedaba la compañía de sus hijas, que le ayudaron a escribir sus memorias que tituló Personal Recollections. Además de detalles biográficos, en el libro explicaba su visión filosófica del mundo, su actitud ante la ciencia, ante la investigación, y el papel de las mujeres ante el trabajo científico.
En 1872, a los 92 años la muerte le sorprendió en Italia, estudiando una memoria de Hamilton sobre los cuaterniones. En todos los periódicos ingleses se escribieron artículos de reconocimiento a su vida y obra. Muchos de sus amigos y admiradores hicieron una petición para que fuera enterrada en la abadía de Westminster pero se denegó por las polémicas que algunas de sus obras habían ocasionado.
Mary Somerville fue una infatigable trabajadora, una persona cuya dedicación a la ciencia es incuestionable. Su currículo, ante la imposibilidad de contener honores académicos, muestra un compendio de premios, distinciones y reconocimientos, así como una obra extensa y multidisciplinar que tuvo la virtud de abrir caminos a la divulgación científica, destacando su nivel, rigor, capacidad de síntesis y su claridad en la exposición. El reconocimiento de su trabajo como escritora científica está presente en multitud de testimonios de los más importantes científicos de su tiempo.
Las escasas referencias que de ella se encuentran en los textos de Historia de la Ciencia, la describen como matemática y científica. Sus contemporáneos la denominaron “Reina de las Ciencias” y en su honor el Somerville College de Oxford mantiene vivo su legado.
https://mujeresconciencia.com/2017/08/24/mary-somerville-1780-1872


3.
Mary Somerville (1780-1872). Genio autodidacta que fue declarada "la reina de la ciencia" y luego cayó en el olvido
22 diciembre 2019
¿Te imaginas que alguien pudiera escribir hoy en día un libro que abarcara toda la ciencia conocida? ¿Y que lo hiciera de manera que le permitiera a cualquier persona con matemáticas de nivel escolar comprender las partes más complicadas de la física de partículas, la química y la astronomía?
¡Cuántos descubrimientos se podrían hacer si alguien pudiera unificar tantos campos de conocimiento, permitiendo que los expertos se entendieran entre sí!
Eso fue lo que hizo Mary Somerville, una genio autodidacta cuyos exitosos libros en los que tradujo, explicó y reunió diferentes campos científicos llevaron a que la nombraran la "reina de la ciencia" en el siglo XIX.
Lo logró a pesar de que durante gran parte de su vida su destino como una heroína científica fue poco probable.
Mary nació en 1780 y creció deambulando por la campiña escocesa cerca de su casa en Fifeshire, recolectando conchas y observando aves. Su educación se limitaba a instrucciones en el hogar para que dominara las típicas actividades femeninas de la época: pintura, música y francés.
Solo aprendió a leer cuando tenía 10 años, pero desde ese momento comenzó a devorar vorazmente libros y revistas, cualquier cosa que pudiera tener en sus manos, incluido Shakespeare.
Sus padres no apoyaban sus intereses: su padre era un oficial naval que pasó largos años en el mar, y a su madre aparentemente solo le interesaba leer textos religiosos.
Cuando tenía 13 años, visitó una de las aburridas fiestas de té de su madre. Allí, una joven amiga le mostró "una revista mensual con imágenes de colores de vestidos de damas, charadas y rompecabezas".
"Al final de una página leí lo que me pareció una simple pregunta aritmética; pero al pasar la página me sorprendió ver frases de aspecto extraño mezcladas con letras, principalmente X y Y, y pregunté; "¿Qué es eso?" "Oh", dijo la señorita Ogilvie, "es una especie de aritmética: lo llaman álgebra".
Tras fastidiar a todos sus "conocidos o parientes" para que le explicaran qué era álgebra, finalmente alguien le dijo que se podía aprender con un libro llamado "Euclides".
Tuvo que suplicarle al tutor de su hermano que le comprara el libro, pues no era correcto que una mujer leyera ese tipo de cosas.
Sin dejar de hacer "lo que le correspondía", es decir, tocar el piano, pintar y hacer y arreglar ropa, cuando se iba a la cama, Mary se dedicaba a aprender de Euclides, algo que sus padres no veían con buenos ojos.
Su padre le comentó a su madre:
"Peg, debemos ponerle fin a esto, o tendremos a Mary en una camisa de fuerza uno de estos días. Recuerda que X, se volvió loca por estudiar la longitud".
Decidieron quitarle la vela para evitar que leyera de noche, pero ella se quedaba en la oscuridad revisando los primeros 6 libros de Euclides en su mente hasta que se los aprendió de memoria.
El primo inadecuado
El matrimonio de Mary con Samuel Grieg, un primo lejano, fue arreglado por sus padres.
Para su vida intelectual, fue una unión desastrosa.
Más tarde escribió que Grieg "tenía una opinión muy baja sobre la capacidad de mi sexo, y no tenía conocimiento ni interés en la ciencia de ningún tipo. Tomé lecciones en francés y aprendí a hablarlo".
La pareja se fue a vivir a Londres, tuvo dos hijos, y Grieg murió en 1808 cuando Mary tenía 28 años.
Después de su muerte, Mary volvió a Escocia, y, a pesar de que estaba amamantando a su bebé y cuidando a su otro hijo, "tenía mucho tiempo", escribió, así que reanudó sus estudios; "Estudié trigonometría plana y esférica, secciones cónicas y astronomía de (James) Fergusson".
El primo indicado
En Edimburgo, Mary empezó finalmente a encontrar gente afín.
Se ganó una medalla de plata por resolver un problema publicado en un diario matemático, que había sido planteada por William Wallace, quien se convertiría en el primer profesor de matemáticas de la Universidad de Edimburgo, y era uno de los matemáticos destacados con los que ella mantenía correspondencia.
Además, conoció gente con nuevas teorías sobre el mundo natural, extendió sus estudios a astronomía, química, geografía, microscopía, electricidad y magnetismo y usó la herencia que recibió de Grieg para comprar una biblioteca de libros científicos.
Para cuando conoció a su segundo esposo, William Somerville, era obvio que ella era una persona excepcional.
Somerville también era su primo y médico, pero al contrario de Grieg, tenía una mente inquisitiva y estaba encantado de haber encontrado una esposa inteligente.
Somerville y sus padres alentaron la investigación científica de Mary.
Vivieron primero en Edimburgo y luego en Londres, y estaban bien conectados con la emocionante escena intelectual de la época: eran amigos del pionero de la informática Charles Babbage, el astrónomo John Herschel, el polímata Thomas Young, quien trabajó en todo, desde la teoría de las ondas de luz hasta los jeroglíficos.
Por fin Mary estaba en su elemento.
Su renacimiento
Tuvo otros cuatro hijos y, mientras los criaba, comenzó a realizar sus propios experimentos sobre luz y magnetismo y a publicar sus propios artículos científicos.
Los Somervilles vivían en el centro de todo tipo de entretenimiento científico, y asistían a las conferencias de la Royal Institution, donde científicos como Michael Faraday, Alexander Von Humbolt y Humphry Davy hablaban con Mary como un igual. Fue nombrada miembro honorario de la Royal Astronomical Society.
Y fue en este punto que a Henry Brougham, un político reformista que había fundado una "Sociedad para Difundir el Conocimiento Útil", se le ocurrió que había un trabajo para el que ella sería la candidata ideal.
Se habían conocido en Edimburgo y Brougham no la olvidó.
Con su francés fluido y su profundo conocimiento de las matemáticas, le encargó que tradujera el libro que había sido aclamado como el mayor logro intelectual desde "Philosophiæ naturalis principia mathematica" de Isaac Newton: "Mecanique Celeste" o "Mecánica celestial" del matemático y astrónomo Pierre-Simon Laplace.
Mary tenía 51 años y su gran carrera como la escritora científica más vendida estaba por comenzar.
Más que traducir, desenredar
Mary aceptó la propuesta de Brougham bajo la condición de que el manuscrito fuera quemado si resultaba ser un desastre.
"Por supuesto que no lo fue", le dice a la BBC Kathryn Neeley, catedrática de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad de Virginia y autora de "Mary Somerville y el mundo de la ciencia".
"Ella era una de las pocas personas con los conocimientos suficientes como para explicar no solo lo que Laplace había logrado sino también la serie de desarrollos científicos que lo habían posibilitado".
La labor requerida no era realmente una traducción, sino de una interpretación que hiciera comprensible lo que no lo era: una vez se convencía de la verdad de un resultado, Laplace tendía a no molestarse en explicar en detalle el asunto.
"Otro traductor de Laplace había dicho que cuando veía en el texto la frase 'es claro' sabía que le esperaban horas de trabajo para poder entender lo que se venía.
"Además, era imposible comprender el libro sin saber lo que precedió su obra, así que Mary empieza con una disertación magistral -así fue descrita en la época- que sintetiza todo lo que pasó antes en la astronomía física hasta ese punto".
"La visión del mundo que emergía de la astronomía física era deslumbrante".
"El alcance (de lo presentado en el libro) lo conectaba al sublime científico, esa idea de que a través de la ciencia encontramos lo asombroso y hermoso en la naturaleza".
Pero todo eso se habría quedado atrapado en las páginas a menos de que quien tradujera la obra no solo entendiera las palabras sino también los conceptos y pudiera comunicarlos.
Para Lord Brougham, una de las pocas personas con esas capacidades era Mary, y no se equivocó.
Dibujando mundos desconocidos
Uno de los talentos de Mary, resalta Neeley, era la pintura.
Eso le permitía dibujar con sus palabras mundos que los lectores no habían visto, desde esa primera obra, que tenía lugar en el espacio sideral, hasta la última, "De la ciencia molecular y microscópica" (1869), que recogía los más recientes descubrimientos revelados por el microscopio.
Desde su primera publicación, Mary se volvió famosa, primero entre los expertos y, con sus siguientes libros -ya de su autoría- cada vez más con lectores aficionados a la ciencia.
Su mayor éxito de ventas fue "Geografía física", publicado en 1848, en el que, según dijo, siguió "el noble ejemplo del barón Humboldt, el patriarca de la geografía física", y adoptó una visión amplia de la geografía que incluía la Tierra, sus animales, "habitantes vegetales", así como "La condición actual y pasada del hombre, el origen, las conductas y los idiomas de las naciones existentes, y los monumentos de las que ya no existen".
El libro la hizo merecedora de la Medalla de Oro Victoria de la Royal Geographical Society y de la admiración de Humboldt quien le escribió aplaudiendo su originalidad.
Nadie habría pronosticado que Mary Somerville llegaría tan lejos dadas las condiciones en las que creció.
Afortunadamente, señala Neeley, no solo era un genio sino que vivió en un momento en el que se estaba empezando a reconocer la ciencia "como un foro de conocimiento distintivo, como una fuente cultural común, en lo que valía la pena especializarse".
"Las ciencias no eran disciplinas que se enseñaban en las universidades en la época en la que ella escribió 'La conexión de las ciencias físicas' (1834) y, como a menudo ha sido el caso, en las áreas que están emergiendo hay espacio para las mujeres.
"Si hubiera tratado de participar activamente unos años más tarde, le hubiera resultado muy difícil, pues una vez solidificada, la ciencia dejó de estar abierta para su género".
La reina
Mary y William Somerville se mudaron a Italia cuando este se retiró de su labor como médico en el Hospital Chelsea en 1840.
20 años más tarde William murió.
Mary brindó su apoyo a causas liberales como la campaña de votos para las mujeres y la educación de buena calidad para las niñas. Y continuó escribiendo. Con la ayuda de sus hijas compiló su autobiografía que les pidió que publicaran póstumamente.
Vivió hasta 1872.
En sus últimos días escribió: "Tengo 92 años, mi memoria para los acontecimientos ordinarios es débil, pero no para las matemáticas o las experiencias científicas. Todavía soy capaz de leer libros de álgebra superior durante cuatro o cinco horas por la mañana, e incluso de resolver problemas".
En su obituario, el diario The Morning Post declaró: "Cualquiera que sea la dificultad que podamos experimentar a mediados del siglo XIX para elegir un rey de la ciencia, no hay duda alguna sobre quién es la reina de la ciencia".
En 1879, el Somerville College de la Universidad de Oxford fue nombrado en su honor.
Pero, con el tiempo, su contribución a la ciencia fue casi olvidada. La fama tiende a otorgarse a las personas que hacen descubrimientos, no a las que pueden comunicarle brillantemente esos logros al público.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-50842386 

 

Amiga, Amigo:

Humildemente este Portal de Internet saca del olvido a Mary Somerville, una genio autodidacta cuyos exitosos libros en los que tradujo, explicó y reunió diferentes campos científicos llevaron a que la nombraran la "reina de la ciencia" en el siglo XIX.

“The Connection of the Physical Sciences” es un profundo ensayo filosófico, con una amplia explicación científica, acerca de los fundamentos de las fuerzas que mueven el universo. Su obra “Physical Geography” se ha utilizado durante años en las aulas inglesas, reconociendo así su calidad, su carácter innovador y su capacidad para explicar los fenómenos naturales y las relaciones entre los seres vivos. Su última obra, “Molecular and Microscopic Science” aborda el mundo microscópico en la búsqueda de explicaciones a la composición de la materia, el fenómeno del calor y los movimientos vibratorios, entre otras cuestiones.

Su primer “éxito” fue ganar una medalla de plata por la solución de un problema sobre las ecuaciones diofánticas en el Mathematical Repository de William Wallace.

En 1848 publica Physical Geography, un texto que se ha utilizado durante décadas, pero que algunos parlamentarios y miembros del clero, en la misma catedral de York, criticaron duramente por su enfoque evolucionista. Al parecer este hecho contribuyó aún más a su éxito.

En 1870, a los 90 años recibió la medalla de oro de la Real Sociedad Geográfica Victoriana.

"¿Qué es eso?" "Oh", dijo la señorita Ogilvie, "es una especie de aritmética: lo llaman álgebra".
Tras fastidiar a todos sus "conocidos o parientes" para que le explicaran qué era álgebra, finalmente alguien le dijo que se podía aprender con un libro llamado "Euclides".
Tuvo que suplicarle al tutor de su hermano que le comprara el libro, pues no era correcto que una mujer leyera ese tipo de cosas.
Sin dejar de hacer "lo que le correspondía", es decir, tocar el piano, pintar y hacer y arreglar ropa, cuando se iba a la cama, Mary se dedicaba a aprender de Euclides, algo que sus padres no veían con buenos ojos.

"Por supuesto que no lo fue", le dice a la BBC Kathryn Neeley, catedrática de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad de Virginia y autora de "Mary Somerville y el mundo de la ciencia".

En sus últimos días escribió: "Tengo 92 años, mi memoria para los acontecimientos ordinarios es débil, pero no para las matemáticas o las experiencias científicas. Todavía soy capaz de leer libros de álgebra superior durante cuatro o cinco horas por la mañana, e incluso de resolver problemas".
En su obituario, el diario The Morning Post declaró: "Cualquiera que sea la dificultad que podamos experimentar a mediados del siglo XIX para elegir un rey de la ciencia, no hay duda alguna sobre quién es la reina de la ciencia".

Con el tiempo, su contribución a la ciencia fue casi olvidada. La fama tiende a otorgarse a las personas que hacen descubrimientos, no a las que pueden comunicarle brillantemente esos logros al público.



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Julio de 2021
Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net