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No olvidemos el Cambio Climático
Las noticias en general y nuestra atención en particular, con justa razón está puesta en la extraña Pandemia covid-19 y ello nos hace olvidar la tragedia mundial del Cambio Climático, tema ahora a desarrollar sobre la base de informaciones de 14 artículos; el primero de finales del 2020 que se deja como aviso por las severas consecuencias que causamos a la naturaleza y los otros trece artículos son del actual año 2021 presentados en orden cronológico.

1.
Estamos librando una "guerra suicida" contra la naturaleza, advierte Antonio Guterres, secretario general de la ONU
2 de diciembre de 2020
Naciones Unidas.
"Nuestro planeta está quebrado", advierte el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres en un discurso al que tuvo acceso exclusivo la BBC y que pronunció en un evento especial sobre el medio ambiente.
La humanidad está librando lo que él describe como una "guerra suicida" contra la naturaleza.
"La naturaleza siempre contraataca, y lo hace con cada vez más fuerza y furia", afirma.
Guterres quiere poner la lucha contra el cambio climático en el centro de la misión global de la ONU.
En un discurso titulado "Estado del planeta", anunció que su "objetivo central" de cara al próximo año será construir una coalición global en torno a la necesidad de reducir las emisiones a cero.
El cero neto se refiere a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (carbón y petróleo) en la medida de lo posible y equilibrar cualquier emisión adicional eliminando una cantidad equivalente de la atmósfera a través de distintas políticas.
Guterres cree que todos los países, ciudades, instituciones financieras y empresas "deberían adoptar planes para llevar a cabo una transición a cero emisiones netas para 2050".
En su opinión, también deberán adoptar medidas decisivas ahora para encaminarse hacia el logro de esta visión.
El objetivo, dice el secretario general de la ONU, será reducir las emisiones globales en un 45% para 2030 en comparación con los niveles de 2010.
Estas son las políticas que Guterres exigirá a las naciones del mundo:
  • Poner precio al carbono.
  • Eliminar gradualmente la financiación y terminar con los subsidios a los combustibles fósiles.
  • Transferir la carga fiscal de los ingresos al carbono y de los contribuyentes a los contaminadores.
  • Integrar el objetivo de la neutralidad de carbono (un concepto similar al cero neto) en todas las políticas y decisiones económicas y fiscales.
  • Ayudar a las personas de todo el mundo que ya se enfrentan a los terribles impactos del cambio climático.
Incendios e inundaciones apocalípticas
Él mismo reconoce que es una agenda ambiciosa, pero cree que el mundo necesita ahora una acción radical.
"La ciencia es clara", le dice Guterres a la BBC, "a menos que el mundo reduzca la producción de combustibles fósiles en un 6% cada año entre ahora y 2030, las cosas empeorarán. Se pondrán mucho peor".
Las políticas climáticas aún no están a la altura del desafío, dice el jefe de la ONU, y añade que "sin una acción conjunta, nos encaminamos a un aumento catastrófico de la temperatura, que será de tres a cinco grados este siglo".
El impacto ya se está sintiendo en todo el mundo, recuerda.
"Los incendios e inundaciones apocalípticas, los ciclones y los huracanes son la nueva normalidad", advierte en su discurso.
"La biodiversidad está colapsando. Los desiertos se están extendiendo. Los océanos se asfixian con desechos plásticos", dice.
Momento de la verdad
Guterres dice que todos los países deben llevar una lista de compromisos ambiciosos para reducir las emisiones a la conferencia climática internacional que el Reino Unido e Italia organizan conjuntamente en Glasgow en noviembre del próximo año.
Además de presionar para que se tomen medidas sobre la crisis climática, instará a las naciones a abordar la crisis de extinción que está destruyendo la biodiversidad y a intensificar los esfuerzos para reducir la contaminación.
Nos enfrentamos, a un "momento de la verdad", dice.
Aunque cree que hay algunos destellos de esperanza.
En su evaluación sobre el estado del planeta, Guterres recuerda que la Unión Europea, Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur y más de 110 países más se han comprometido con el objetivo convertirse en carbono neutral para mediados de este siglo.
Dice que quiere que este impulso se convierta en un movimiento.
La tecnología nos ayudará a alcanzar estos objetivos, cree Guterres.
"El negocio del carbón se está esfumando", porque cuesta más operar la mayoría de las plantas de carbón que construir nuevas plantas renovables desde cero, le dijo a la BBC.
"Debemos forjar un camino más seguro, sostenible y equitativo", concluye el jefe de la ONU.
Dice que es hora de que termine esta guerra contra el planeta.
"Debemos declarar un alto el fuego permanente y reconciliarnos con la naturaleza".
https://www.bbc.com/mundo/noticias-55159594


2.
El calentamiento global en 2021: causas y consecuencias
enero de 2021
La Revolución Industrial es el punto de inflexión en el que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) arrojadas a la atmósfera empezaron a dispararse. Empezó a crecer la población y aumentó la demanda y producción de energía no renovable (obtenidas mayoritariamente a través de combustibles fósiles), lo que dio lugar a un nuevo modelo de producción y de consumo. El principal resultado fue el aumento global de la temperatura: de 1,1°C entre 1850 y 2017. En este artículo recibe un resumen de la situación en 2021.

¿Qué es el calentamiento global? Definición
El calentamiento global (global warming, en inglés) es el mayor desafío medioambiental al que se enfrenta el planeta en la actualidad. Se produce por el inexorable aumento de la concentración en la atmósfera de los gases de efecto invernadero relacionados con las actividades humanas. El calentamiento global es la causa del cambio climático.
Calentamiento global y cambio climático
Con el calentamiento global, el aumento del nivel medio de temperatura del planeta provocado por las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero derivadas de la actividad humana está provocando variaciones en el clima que de manera natural no se producirían.
Según uno de los últimos informes del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), un calentamiento global de más de 1,5°C causaría perturbaciones climáticas sin precedentes, tales como: tormentas mayores y más intensas, lluvia seguida de sequías más prolongadas e intensas, etc. Estos fenómenos climáticos extremos podrían ser más frecuentes e intensos y tener repercusiones irreversibles en el medio ambiente.
Sin embargo, el cambio climático varía de un lugar a otro. Por ejemplo, las zonas polares se están calentando dos veces más rápido que el resto del mundo. Continuando con la actual trayectoria de calentamiento global, la capa de hielo del Ártico podría desaparecer completamente en unas pocas décadas.
Causas del calentamiento global: ¿que provoca el calentamiento global?
El efecto invernadero es la principal causa del calentamiento global. Es un fenómeno natural que contribuye a mantener el nivel de temperatura media de la superficie terrestre. Sin embargo, cuando los gases de efectos de la atmósfera retienen el calor, provocan la intensificación de este fenómeno. O sea, cuantos más gases de efecto invernadero hay en la atmósfera, más calor es retenido. Es lo que produce el calentamiento global.
El rápido aumento de los gases de efecto invernadero es preocupante porque está cambiando el clima tan rápidamente que algunos seres vivos no pueden adaptarse.
Consecuencias del calentamiento global: ¿que produce el calentamiento global?
El calentamiento global está ocurriendo más rápido de lo que esperaban los científicos. De hecho, algunos impactos ya están amenazando al medio ambiente y ponen en peligro la supervivencia de la flora y la fauna, incluso el ser humano.
Los principales impactos ambientales: Además, como resultado del derretimiento de los polos y el calentamiento global, el IPCC predice que el nivel medio de los océanos aumentará unos 82 cm para el 2100 si no reducimos nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Este aumento tendría un fuerte impacto en muchas zonas costeras del mundo.
El cambio climático tiene también repercusiones en la agricultura y en la pesca, lo que afecta directamente la seguridad alimentaria. Algunas poblaciones se ven obligadas a migrar para poder sobrevivir lo que provoca la aparición de refugiados climáticos. Todo esto causa tensiones en torno a los recursos naturales disponibles, incluyendo el agua, y refuerza las desigualdades entre los humanos, especialmente en países en vías de desarrollo.
Los océanos son sumideros de carbono, es decir que absorben el CO2 de la atmósfera y lo almacenan. Sin embargo, la acumulación de dióxido de carbono en los océanos cambia su composición y los océanos se acidifican. Este fenómeno de acidificación amenaza directamente la capacidad de los océanos de absorber el dióxido de carbono, y produce muertes y enfermedades de la flora y fauna marina.
Soluciones: ¿qué podemos hacer para evitar el calentamiento global?
Es imperativo que las actividades humanas, ya sea en el hogar, en la empresa o en el gobierno, tengan en cuenta el cambio climático y el calentamiento global.
Calcular su huella de carbono
Mitigar los efectos del calentamiento global significa adaptar su estilo de vida a la situación actual, reduciendo y limitando las emisiones de gases de efecto invernadero. Para ello, el primer paso es tomar conciencia de su propia huella de carbono.
  1. El cálculo de la huella de carbono es el primer paso para reducirla: identificar las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero en nuestra vida cotidiana y adaptar así nuestro estilo de vida para minimizar su impacto de carbono en el medio ambiente;
  2. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero es imperativa para luchar contra el calentamiento global: optimizar el consumo de energía, reducir nuestra huella digital de carbono y promover el transporte sostenible;
  3. La compensación de sus emisiones de carbono mediante la financiación de proyectos ambientales con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera y avanzar así hacia la neutralidad del carbono.
Desde 2019, Selectra ofrece a los particulares la posibilidad de compensar una parte o la totalidad de sus emisiones de gases de efecto invernadero mediante la financiación de un proyecto medioambiental, el proyecto Gandhi. Este proyecto consiste en la construcción de un parque eólico en la India para promover el desarrollo de la energía verde en el país.
Adaptarse a nivel internacional
El cambio climático es un reto global que no tiene fronteras y que para combatirlo requiere trabajo coordinado por parte de todos los países, por lo que la investigación y la colaboración internacional son imprescindibles: https://climate.selectra.com/es/que-es/calentamiento-global


3.
Por qué está fracasando el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático
16 de marzo de 2021
El Acuerdo de París es un tratado internacional sobre el cambio climático jurídicamente vinculante. Fue aprobado y firmado por 189 países el 12 de diciembre de 2015 en la COP21 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), adoptada en Nueva York el 9 de mayo de 1992.
Pero el Acuerdo de París no ha entrado en vigor hasta el pasado 1 de enero de 2021, cinco años después de su aprobación. La excusa era que la segunda fase del Protocolo de Kioto finalizaba el 31 de diciembre de 2020.

Ninguna reducción de emisiones en tres décadas
El objetivo principal del tratado es mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales –período: 1850-1900, definido en el 2018–, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C. Para ello, los países se proponen disminuir al máximo las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) lo antes posible para lograr un planeta con neutralidad climática en el año 2050.
En 30 años de esfuerzos políticos y diplomáticos, toda una generación, las emisiones han continuado aumentando año tras año. En el 2019, las emisiones mundiales de GEI volvieron a aumentar y se situaron en un máximo histórico: 52,4 GtCO₂e sin incluir las emisiones derivadas del cambio de uso de suelo, y 59,1 GtCO₂e si se incluyen.
Las concentraciones de CO₂ siguen aumentando. La estación de Mauna Loa, en Hawái, que se utiliza como estación de referencia, registró una concentración media de CO₂ de 416,75 ppm en febrero de 2021, frente a los 414,34 ppm en febrero de 2020.
Escasos esfuerzos por mejorar
Una parte fundamental del Acuerdo de París son las contribuciones que cada país individualmente debe establecer –de forma totalmente voluntaria–, denominadas contribuciones determinadas a nivel nacional (Nationally Determined Contributions, NCD).
En el artículo 3 del tratado se pide que sean “ambiciosas”, “representen un progreso a lo largo del tiempo” y se establezcan “para conseguir el propósito de este Acuerdo”. Las contribuciones deberían tener una actualización cada cinco años y ser registradas en la Secretaría de las UNFCCC.
Las primeras NCD se presentaron en noviembre de 2015. Los esfuerzos de reducción de emisiones que contemplaban eran insuficientes para limitar el aumento de la temperatura mundial en este siglo por debajo de los 2℃.
El pasado 26 de febrero de 2021, el CMNUCC presentó el informe de síntesis de las renovadas NCD, presentadas el 31 de diciembre de 2020. Solo se han incluido 48 contribuciones nuevas o actualizadas de únicamente 75 países, que suponen aproximadamente el 40 % de las Partes del Acuerdo de París y representan únicamente el 30 % de las emisiones globales de GEI. Su actualización en el año 2020 era un acto de responsabilidad y compromiso. Como se puede constatar, el esfuerzo de mejora es totalmente insuficiente.

¿Cuánto deberían reducirse las emisiones?
Los informes del Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas indican que las emisiones mundiales de GEI deberían bajar un 7,6 % cada año entre 2020 y 2030 para que la humanidad estuviera en camino de contener el aumento de temperaturas en 1,5℃.
En el reciente informe Net Zero Economy Index 2020 de la consultora PwC, se señala que este esfuerzo debería ser del 11,7 %.
A su vez, en un artículo publicado este mes de marzo en Nature Climate Change por los responsables del proyecto Global Carbon Project, se indica que el esfuerzo de reducción debe ser 10 veces superior al realizado en los últimos años.
Según las tendencias actuales, la probabilidad de permanecer por debajo de los 2℃ de calentamiento es solo del 5 %. La tasa de reducción de emisiones de las contribuciones determinadas a nivel nacional debe aumentar en un 80 % para cumplir con la meta de 2℃.
Se nos acaba el tiempo
Mientras tanto, de una forma lenta pero cada vez más progresiva, la sociedad civil, las empresas, el sistema financiero, etc. están tomando decisiones y poniendo objetivos para reducir sus emisiones. Lo hacen con mayor o menor intensidad; en un marco con fuertes diferencias, enfoques y planteamientos; algunas con una intención de green washing, pero asumiendo como referencia el Acuerdo de París. Muchas, incluidas las compañías petroleras y del gas, se plantean esfuerzos importantes para el año 2030. Empiezan a ser conscientes de que su ciclo de vida ha empezado a terminar.
El tiempo de respuesta se acaba y el clima no espera. Se debe alcanzar la neutralidad climática para el año 2050, pero los esfuerzos necesarios entre el 2020 y 2030 son claves.
Los compromisos presentados a finales del año pasado representan tan solo una reducción del 1 % de las emisiones en 2030 respecto a los niveles de 2010. El IPCC ha sido claro en establecer que esa reducción global para el año 2030 debería ser de al menos el 45 % para tener poco más de la mitad de las posibilidades de ser capaces de limitar el incremento de la temperatura global a 1,5℃ .
Entre los 75 países que sí han cumplido con el requisito de 2020 están los miembros de la Unión Europea y el Reino Unido –con objetivos claramente mejorables–. No están China y Estados Unidos, cuyas emisiones suponen del orden del 40 % de las emisiones totales.
La renovación de los compromisos en 2020 muestra con rotundidad lo lejos que están los gobiernos de querer cumplir el objetivo del Acuerdo de París, que firmaron tan solemnemente hace ya cinco años; y de asumir sus obligaciones. Son los principales responsables de que el Acuerdo de París esté fracasando.
https://theconversation.com/cambio-climatico-por-que-esta-fracasando-el-acuerdo-de-paris-157204


4.
5 razones por las que 2021 puede ser un año crucial en la lucha contra el cambio climático
5 de enero 2021
El mundo tiene un tiempo limitado para actuar si quiere evitar los peores efectos del cambio climático.
La pandemia de covid-19 fue el gran problema de 2020, sin duda, pero espero que, para fines de 2021, las vacunas se hayan activado y hablemos más sobre el clima que sobre el coronavirus.
Este año que comienza será decisivo para enfrentar el cambio climático.
Según Antonio Guterres, secretario general de la ONU, estamos en un "punto de quiebre" para el clima.
Con el espíritu optimista de Año Nuevo, estas son cinco razones por la que creo que 2021 podría confundir a los fatalistas y ver un gran avance en la ambición global sobre el clima.
1. La crucial conferencia climática
En noviembre de 2021, los líderes mundiales se reunirán en Glasgow, Escocia, para trabajar en el sucesor del histórico Acuerdo de París de 2015.
París fue importante porque fue la primera vez que prácticamente todas las naciones del mundo se unieron para acordar que todas necesitaban ayudar a abordar el cambio climático.
El problema fue que los compromisos asumidos por los países para reducir las emisiones de carbono en ese entonces no alcanzaron los objetivos establecidos por la conferencia.
En París, el mundo acordó que para fines de siglo el aumento de la temperatura global no estaría por encima de 2 °C respecto a los niveles preindustriales. El objetivo era limitar el aumento a 1,5 °C, si era posible.
La realidad es que no estamos avanzando en ese sentido.
Según los planes actuales, se espera que el mundo supere el límite de 1,5 °C en 12 años o menos, y que alcance 3 °C de calentamiento para fines de siglo.
Según el acuerdo de París, los países prometieron volver a reunirse cada cinco años y aumentar sus objetivos de reducción de carbono.
Eso debía suceder en Glasgow en noviembre de 2020, pero debido a la pandemia se aplazó para este año.
Así, Glasgow 2021 puede ser un encuentro en el que se aumenten los recortes a las emisiones de carbono.
2. Grandes reducciones de emisiones
El anuncio más importante sobre el cambio climático el año pasado salió completamente de la nada.
En la Asamblea General de la ONU en septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, anunció que su país tenía como objetivo convertirse en neutral en emisiones de carbono para 2060.
Los ambientalistas quedaron atónitos.
Reducir el carbono siempre ha sido visto como una tarea costosa, pero aquí estaba la nación más contaminante del mundo, responsable de cerca del 28% de las emisiones mundiales, comprometiéndose a cortar sus emisiones incondicionalmente, independientemente de si otros países seguirán su ejemplo.
Ese fue un cambio total respecto a las negociaciones anteriores, cuando todos temían asumir el costo de descarbonizar su propia economía, mientras que otros no hacían nada, pero disfrutaban a costa de los que sí habían hecho la tarea.
China no es la única en tener esta iniciativa.
En 2019, Reino Unido fue la primera de las principales economías del mundo en asumir un compromiso legal de cero emisiones netas.
La Unión Europea hizo lo mismo en marzo de 2020.
Desde entonces, Japón y Corea del Sur se han sumado a lo que, según estimaciones de la ONU, son ya más de 110 países que han establecido una meta de cero neto para mediados de siglo.
Según explica la ONU, el cero neto significa que no estamos agregando nuevas emisiones a la atmósfera. Las emisiones continuarán, pero se equilibrarán absorbiendo una cantidad equivalente de la atmósfera.
Los países que se han puesto la meta de llegar al cero neto representan más del 65% de las emisiones globales, y más del 70% de la economía mundial, dice la ONU.
Con la elección de Joe Biden en Estados Unidos, la economía más grande del mundo ahora se ha reincorporado al coro de reducción de carbono.
Estos países ahora necesitan detallar cómo planean lograr sus nuevas aspiraciones, que serán una parte clave de la agenda de Glasgow, pero el hecho de que ya estén diciendo que quieren llegar a ese punto es un cambio muy significativo.
3. La caída del costo de las energías renovables
Hay una buena razón por la que tantos países ahora dicen que planean tener cero emisiones netas: la caída del costo de las energías renovables está cambiando por completo el cálculo de la descarbonización.
En octubre de 2020, la Agencia Internacional de Energía, una organización intergubernamental, concluyó que los mejores esquemas de energía solar ofrecen ahora "la fuente de electricidad más barata de la historia".
Cuando se trata de construir nuevas centrales eléctricas, las energías renovables ya suelen ser más baratas que la energía generada por combustibles fósiles en gran parte del mundo.
Si los países aumentan sus inversiones en energía eólica, solar y de baterías en los próximos años, es probable que los precios caigan aún más, hasta un punto en el que comenzará a ser rentable cerrar y reemplazar las centrales eléctricas de carbón y gas.
Esto se debe a que el costo de las energías renovables sigue la lógica de toda la industria: cuanto más produces, más barato se vuelve, y entre más barato se vuelve, más produces.
Esto significa que los activistas no tendrán que presionar a los inversores para que hagan lo correcto.
Por su parte, los gobiernos saben que al aumentar las energías renovables en sus propias economías, ayudan a acelerar la transición energética a nivel mundial, al hacer que las energías renovables sean aún más baratas y competitivas en todas partes.
4. La pandemia lo cambia todo
La pandemia de coronavirus ha sacudido nuestra sensación de ser invulnerables y nos ha recordado que es posible que nuestro mundo se trastorne de formas que no podemos controlar.
También ha provocado la conmoción económica más significativa desde la Gran Depresión.
En respuesta, los gobiernos están dando un paso adelante con paquetes de estímulo diseñados para reactivar sus economías.
Y la buena noticia es que rara vez, si es que alguna vez, ha sido más barato para los gobiernos realizar este tipo de inversiones. En todo el mundo, las tasas de interés rondan el cero o incluso son negativas.
Esto crea una oportunidad sin precedentes para hacer las cosas mejor esta vez.
La Unión Europea y el nuevo gobierno de Joe Biden en EE.UU. han prometido billones de dólares en inversiones verdes para poner en marcha sus economías e iniciar el proceso de descarbonización.
Ambos dicen que esperan que otros países se unan a ellos, ayudando a reducir el costo de las energías renovables a nivel mundial. Pero también advierten que, junto con esta zanahoria, planean blandir un garrote: un impuesto a las importaciones de países que emiten demasiado carbono.
La idea es que esto puede ayudar a que los rezagados en la reducción de carbono, como Brasil, Rusia, Australia y Arabia Saudita, se animen a recortar emisiones.
La mala noticia es que, según la ONU, los países desarrollados están gastando un 50% más en sectores vinculados a los combustibles fósiles que en energías bajas en carbono.
5. Los negocios también se está volviendo verdes
La caída del costo de las energías renovables y la creciente presión pública para que se actúe sobre el clima también están transformando las actitudes en los negocios.
Existen sólidas razones económicas para ello. ¿Por qué invertir en nuevos pozos de petróleo o centrales eléctricas de carbón que se volverán obsoletas antes de que puedan amortizarse a lo largo de sus 20 o 30 años de vida?
De hecho, ¿por qué tener en sus carteras riesgos asociados al carbono?
La lógica ya se está desarrollando en los mercados. Solo este año, el vertiginoso precio de las acciones de Tesla la ha convertido en la empresa automotriz más valiosa del mundo.
Mientras tanto, el precio de las acciones de Exxon, que llegó a ser la compañía más valiosa del mundo, cayó tanto que fue expulsada del Promedio Industrial Dow Jones de las principales corporaciones estadounidenses.
Al mismo tiempo, existe un impulso creciente para lograr que las empresas incorporen el riesgo climático en su toma de decisiones financieras.
El objetivo es hacer que sea obligatorio para las empresas y los inversores demostrar que sus actividades e inversiones están dando los pasos necesarios para la transición a un mundo de cero emisiones netas.
Setenta bancos centrales ya están trabajando para que esto suceda, y la integración de estos requisitos en la arquitectura financiera mundial será un enfoque clave para la conferencia de Glasgow.
Aún está todo en juego.
Por lo tanto, hay buenas razones para la esperanza, pero está lejos de ser un trato hecho.
Para tener una posibilidad razonable de alcanzar el objetivo de 1,5 °C, debemos reducir a la mitad las emisiones totales para fines de 2030, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, el organismo respaldado por la ONU que recopila la ciencia necesaria para informar las políticas.
Esto implicaría lograr cada año la reducción de emisiones que hubo en 2020 gracias a los confinamientos masivos debido a la pandemia.
Las emisiones, sin embargo, ya están volviendo a los niveles que tenían en 2019.
La verdad es que muchos países han expresado grandes ambiciones de reducir el carbono, pero pocos han implementado estrategias para alcanzar esos objetivos.
El desafío para Glasgow será lograr que las naciones del mundo se adhieran a políticas que comenzarán a reducir las emisiones ya.
La ONU dice que quiere ver el carbón eliminado por completo, el fin de todos los subsidios a los combustibles fósiles y una coalición global para llegar al cero neto para 2050.
Eso sigue siendo una tarea muy difícil, incluso si los sentimientos globales sobre enfrentar el calentamiento global están comenzando a cambiar.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-55518254


5.
Hidrógeno verde: 6 países que lideran la producción de una de las "energías del futuro" (y cuál es el único latinoamericano)
31 de marzo 2021
El hidrógeno (H2) es el elemento más abundante en el universo y podría ser clave para "descarbonizar" al planeta.
El desafío es inmenso. Las temperaturas ya están 1 grado centígrado por encima de los niveles preindustriales y, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), con solo elevarse otro 0.5 C los efectos podrían ser devastadores.
Ante este escenario, muchos países están buscando urgentemente cómo resolver sus necesidades energéticas sin seguir dañando al medioambiente.
Una de las soluciones que están desarrollando algunas naciones es la del hidrógeno verde, también conocido como hidrógeno renovable o e-Hydrogen.
Recientemente el magnate informático Bill Gates, quien acaba de publicar un nuevo libro llamado How to avoid a climate disaster ("Cómo evitar un desastre climático"), destacó a este combustible como la mejor innovación de los últimos años para combatir el efecto invernadero.
"No sé si lograremos (producir hidrógeno verde a un precio accesible), pero si lo lográramos resolvería muchos problemas", señaló en el podcast Armchair Expert.
"Me entusiasma que se hable mucho sobre lograr esto. Eso no pasaba hace 3 o 4 años", dijo.
¿Qué es?
El hidrógeno es el elemento químico más abundante en el universo. Las estrellas, como nuestro Sol, están formadas principalmente de este gas, que también puede tomar estado líquido.
El hidrógeno es muy poderoso: tiene tres veces más energía que la gasolina.
Pero, a diferencia de esta, es una fuente de energía limpia, ya que solo libera agua (H2O), en forma de vapor, y no produce dióxido de carbono (CO2).
No obstante, aunque existen hace muchos años tecnologías que permiten usar el hidrógeno como combustible, hay varios motivos por los cuales hasta ahora solo ha sido usado en ocasiones especiales (como por ejemplo para potenciar las naves espaciales de la NASA).
Uno, es que es considerado peligroso por ser altamente inflamable, por lo que transportarlo y almacenarlo de manera segura es todo un desafío.
Pero un escollo aún mayor tiene que ver con las dificultades para producirlo.
Porque resulta que en la Tierra el hidrógeno solo existe en combinación con otros elementos. Está en el agua, junto con oxígeno, y se combina con el carbono para formar hidrocarburos como el gas, el carbón y el petróleo. Por ende, hay que separar al hidrógeno de las otras moléculas para usarlo como combustible.
Y lograr esto requiere de grandes cantidades de energía, además de ser muy costoso.
Hasta ahora se venían usando hidrocarburos para generar esa energía, por lo que producir hidrógeno seguía contaminando el medio ambiente con CO2.
Pero hace unos años se empezó a producir hidrógeno a partir de energías renovables como el sol y el viento, usando un proceso llamado electrólisis.
La electrólisis emplea una corriente eléctrica para dividir agua en hidrógeno y oxígeno en un aparato llamado un electrolizador.
El resultado es el llamado hidrógeno verde, que es 100% sostenible, pero mucho más costoso de producir que el hidrógeno tradicional.
No obstante, muchos creen que podría ofrecer una solución ecológica para algunas de las industrias más contaminantes, incluyendo el transporte, la producción química y de acero, y la generación de energía.
Una apuesta al futuro
En la actualidad, el 99% del hidrógeno usado como combustible se produce a partir de fuentes no renovables.
En tanto, menos del 0,1% se produce a través de la electrólisis del agua, según la Agencia Internacional de la Energía.
Sin embargo, muchos expertos en energía anticipan que esto cambiará pronto.
Las presiones para reducir la contaminación ambiental han llevado a toda una serie de países y compañías a apostar por esta nueva forma de energía limpia, que muchos creen será clave para "descarbonizar" al planeta.
Petroleras como Repsol, BP y Shell están entre quienes han lanzado proyectos de hidrógeno verde.
Y varias naciones han publicado planes nacionales de producción de este combustible renovable.
Esto incluye a la Unión Europea (UE), que en su "Estrategia de hidrógeno para una Europa climáticamente neutra", publicada a mediados de 2020, se comprometió a invertir US$430.000 millones en hidrógeno verde entre ahora y 2030.
La intención de la UE es instalar electrolizadores de hidrógeno renovable de 40 gigavatios (GW) en la próxima década, para lograr su meta de volverse climáticamente neutral para 2050.
Por su parte, el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, prometió en su plan energético que se asegurará "de que el mercado pueda acceder al hidrógeno verde al mismo costo que el hidrógeno convencional en una década, proporcionando una nueva fuente de combustible limpia para algunas centrales eléctricas existentes".
Precios a la baja
A finales de 2020, siete empresas internacionales que desarrollan proyectos de hidrógeno verde lanzaron la iniciativa Green Hydrogen Catapult (Catapulta Hidrógeno Verde), como parte de la campaña Race to Zero (Carrera a Cero) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Esta coalición global formada por el grupo saudita de energía limpia ACWA Power, el desarrollador australiano CWP Renewables, el fabricante chino de turbinas eólicas Envision, los gigantes energéticos europeos Iberdrola y Ørsted, el grupo de gas italiano Snam y el productor de fertilizantes noruego Yara, busca que la industria se multiplique por 50 en los próximos seis años.
También apunta a que se reduzca a la mitad el costo actual del hidrógeno renovable, a menos de US$2 por kilogramo.
Un informe publicado en agosto de 2020 por la consultora energética Wood Mackenzie sugiere que van por buen camino: el reporte estima que los costos se reducirán hasta en un 64% en la próxima década.
En tanto, el banco de inversiones Goldman Sachs estimó en septiembre pasado que el mercado del hidrógeno verde superará los US$11 billones para 2050.
Los líderes
Todo este optimismo en torno a lo que la revista Forbes ha llamado "la energía del futuro" se relaciona con una serie de megaproyectos que se planean alrededor del mundo.
Estas obras -que han sido anunciadas, pero en la mayoría de los casos están en fase de planificación- representarían una enorme expansión del mercado del hidrógeno verde, ampliando la capacidad actual de unos 80GW a más de 140GW.
Aquí te contamos cuáles son los seis países con los mayores proyectos de producción de hidrógeno verde.
Australia
La nación más grande de Oceanía lidera los planes de producción de este nuevo combustible limpio con propuestas para construir 5 megaproyectos en su territorio, gracias a sus enormes recursos de energía renovable, en particular la eólica y solar.
El proyecto más grande -del país y del mundo- es el Asian Renewable Energy Hub, en Pilbara, Australia Occidental, donde se planea construir una serie de plantas con electrolizadores con una capacidad total de 14GW.
Se prevé que el proyecto de US$36.000 millones esté listo para 2027-28.
Los otros cuatro proyectos (dos en Australia Occidental y dos en Queensland, en el este) están todavía en la fase inicial de planificación, pero, de aprobarse, sumarían otros 13.1GW.
Por todo esto, algunos están llamando a Australia "la Arabia Saudita del hidrógeno verde".
Países Bajos
La petrolera anglo-neerlandesa Shell lidera junto con otros desarrolladores el proyecto NortH2 en el Puerto de Ems, en el norte de Países Bajos, que prevé la construcción de al menos 10GW de eletrolizadores.
El objetivo es tener 1GW para 2027 y 4GW para 2030, utilizando energía eólica offshore.
A mediados de este año se completará el estudio de viabilidad del proyecto, cuyo costo no ha sido divulgado.
El hidrógeno generado planea utilizarse para potencial la industria pesada tanto en Países Bajos como en Alemania.
Alemania
Los alemanes también planean sus propios proyectos de hidrógeno verde en territorio nacional. El más grande es el de AquaVentus, en la pequeña isla de Heligoland, en el mar del Norte.
El plan es construir allí 10GW de capacidad para 2035.
Un consorcio de 27 empresas, instituciones de investigación y organizaciones -incluyendo a Shell- impulsan el proyecto, que utilizará los poderosos vientos de la región como fuente energética.
Un segundo proyecto más pequeño se planea en Rostock, en la costa norte alemana, donde un consorcio liderado por la energética local RWE prevé la construcción de otro 1GW de energía verde.
China
El gigante asiático es el principal productor mundial de hidrógeno, pero hasta ahora ha usado hidrocarburos para generar casi toda esa energía.
No obstante, el país está dando sus primeros pasos en el mercado del hidrógeno verde con la construcción de un megaproyecto en la región autónoma de Mongolia Interior, en el norte del país.
El proyecto es liderado por la empresa de servicios públicos estatal Beijing Jingneng, que invertirá US$3.000 millones para generar 5GW a partir de la energía eólica y solar.
Se prevé que el proyecto esté listo este año.
Arabia Saudita
El país árabe con mayores reservas de petróleo también planea incursionar en el mercado del hidrógeno verde, con el llamado Helios Green Fuels Project.
Estará ubicado en la futurista "ciudad inteligente" de NEOM, emplazada a orillas del mar Rojo, en la provincia de Tabuk, en el noroeste del país. Se ve prevé que el proyecto de US$5.000 millones instale 4GW de electrolizadores para 2025.
Chile
El país sudamericano, considerado una de las mecas de la energía solar, fue el primero en la región en presentar una "Estrategia nacional de hidrógeno verde", en noviembre de 2020.
Y también es el único latinoamericano con dos proyectos en desarrollo: HyEx, de la energética francesa Engie y la empresa chilena de servicios mineros Enaex, y Highly Innovative Fuels (HIF), de AME, Enap, Enel Green Power, Porsche y Siemens Energy.*
El primero, basado en Antofagasta, en el norte de Chile, utilizará energía solar para potenciar electrolizadores de 1.6GW. El hidrógeno verde se utilizará en la minería.
Una prueba piloto inicial prevé instalar 16MW para 2024.
El proyecto HIF, en la punta opuesta de Chile, en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, usará energía eólica para generar e-combustibles en base a hidrógeno verde.
Según información de la empresa AME, "el piloto usará un electrolizador de 1,25 MW y en las fases comerciales será superior a 1GW".
El ministro de Energía chileno, Juan Carlos Jobet, señaló que el país no solo buscar generar hidrógeno verde para cumplir con su objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, sino que incluso aspira a poder exportar este combustible limpio en el futuro.
"Si hacemos las cosas bien, la industria del hidrógeno verde en Chile puede ser tan importante como la minería, el sector forestal o como fueron alguna vez los salmones", señaló en declaraciones a la revista Electricidad.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-56531777


6.
Tres décadas perdidas en la lucha contra el cambio climático: el 2020 y el COVID-19 nos han dado un ultimátum
19 Abril 2021
Desde hace 28 años, y cada vez con más preocupación, los científicos han advertido con datos sobre un clima cambiante y sus consecuencias. En 2020, el calentamiento global siguió aumentando, así como los desastres que conlleva, con lluvias y sequías extremas, incendios, aumento del nivel del mar, y entre otras cosas, una temporada récord de huracanes en Caribe. La pandemia de COVID exacerbó aún más el hambre, la pobreza y el desplazamiento que causa el cambio climático en un año que hizo estremecer al planeta. 
El clima extremo combinado con COVID-19 fue un doble golpe para millones de personas en 2020, pero ni la desaceleración económica relacionada con la pandemia logró frenar los impulsores calentamiento global y sus impactos que se cada vez se aceleran más, asegura un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial.
El informe anual de la Organización, El Estado del Clima Global, confirma como el 2020 fue uno de los tres años más cálidos registrados, a pesar del enfriamiento que causa naturalmente el fenómeno de La Niña que estuvo presente. La temperatura media global este año fue de aproximadamente 1,2 ° Celsius por encima del nivel preindustrial (1850-1900).
Además, los seis años transcurridos desde 2015 han sido los más cálidos registrados, y 2011-2020 fue la década más cálida registrada.
 Han pasado 28 años desde que la Organización Meteorológica Mundial emitió el primer informe sobre el estado del clima en 1993, debido a las preocupaciones planteadas en ese momento sobre el cambio climático… Tenemos 28 años de datos que muestran aumentos significativos de temperatura en la tierra y el océano, así como otros cambios como el aumento del nivel del mar, el derretimiento de hielo marino y glaciares y cambios en los patrones de precipitación. Esto subraya la solidez de la ciencia climática basada en las leyes físicas que gobiernan el comportamiento del sistema climático”, afirma el secretario general de la agencia, Petteri Talas.
El experto recalcó que todos los indicadores climáticos clave y la información ofrecida por el informe destacan el incesante y continuo cambio climático, una creciente ocurrencia e intensificación de eventos extremos y graves pérdidas y daños que afectan a las personas, las sociedades y las economías.
“La tendencia negativa en el clima continuará durante las próximas décadas independientemente de nuestro éxito en la mitigación. Por tanto, es importante invertir en adaptación. Una de las formas más poderosas de adaptarse es invertir en servicios de alerta temprana y redes de observación meteorológica. Varios países menos desarrollados tienen importantes lagunas en sus sistemas de observación y carecen de servicios meteorológicos, climáticos y de agua de última generación”, advirtió el jefe de la agencia de la ONU.
El cambio climático exacerbado por el COVID en 2020
En 2020, el COVID-19 agregó una dimensión nueva y no deseada a los peligros meteorológicos, climáticos y relacionados con el agua, con impactos combinados de amplio alcance en la salud y el bienestar humanos, explica el informe.
Las restricciones de movilidad, las recesiones económicas y las perturbaciones del sector agrícola exacerbaron los efectos de los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos, elevando los niveles de inseguridad alimentaria y ralentizando la prestación de asistencia humanitaria. La pandemia también interrumpió las observaciones meteorológicas y complicó los esfuerzos de reducción del riesgo de desastres.
El documento, que reúne estudios de varias agencias de la ONU, ilustra cómo el cambio climático representa un riesgo para el logro de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a través de una cadena en cascada de eventos interrelacionados. Estos pueden contribuir a reforzar o agravar las desigualdades existentes. Además, existe la posibilidad de que se produzcan ciclos de retroalimentación que amenacen con perpetuar el círculo vicioso del cambio climático.
2021, un año definitivo
Talas presentó el informe junto al Secretario General de las Naciones Unidas, durante una conferencia de prensa en la sede de la ONU en Nueva York.
António Guterres describió el informe como “aterrador” y declaró que "nos encontramos al borde del abismo". 
“Este informe muestra que 2020 también fue otro año sin precedentes de desastres climáticos y meteorológicos extremos. La causa es clara. Cambio climático antropogénico: alteración del clima causada por actividades humanas, por decisiones y locura humana. Los efectos son desastrosos. Los datos de este informe deberían alarmarnos a todos”, afirmó: 
El informe se publica antes de la Cumbre virtual de líderes sobre el clima del 22 al 23 de abril, convocada por los Estados Unidos. El presidente Joe Biden está tratando de galvanizar los esfuerzos de las principales economías para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y cumplir con los objetivos del Acuerdo de París para mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de 2 ° C por encima de los niveles preindustriales para fines de siglo, y a 1,5 ° C si es posible.
A finales de año, se celebrará en el Reino Unido la 26ª Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático o COP26, un evento mundial que Guterres ha calificado como “definitivo”.
 “Este informe muestra que no tenemos tiempo que perder. El clima está cambiando y los impactos ya son demasiado costosos para las personas y el planeta. Este es el año de la acción. Los países deben comprometerse con emisiones netas cero para 2050. Deben presentar, mucho antes de la COP26 en Glasgow, planes climáticos nacionales ambiciosos que recorten colectivamente las emisiones globales en un 45% en comparación con los niveles de 2010 para 2030. Y deben actuar ahora para proteger a las personas contra los efectos desastrosos del cambio climático”, alertó el Secretario General.
Principales datos del informe
Gases de invernadero
Las concentraciones de los principales gases de efecto invernadero siguieron aumentando en 2019 y 2020. Las fracciones molares de dióxido de carbono (CO2) promediadas a nivel mundial ya han superado las 410 partes por millón (ppm), y si la concentración de CO2 sigue el mismo patrón que en años anteriores, podría alcanzar o superar las 414 ppm en 2021.
La desaceleración económica deprimió temporalmente las nuevas emisiones de gases de efecto invernadero, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, pero no tuvo un impacto perceptible en las concentraciones atmosféricas.
El océano
El océano absorbe alrededor del 23% de las emisiones anuales de CO2 antropogénico a la atmósfera y actúa como amortiguador contra el cambio climático. Sin embargo, el CO2 reacciona con el agua de mar, reduciendo su pH y provocando la acidificación del agua. Esto a su vez reduce su capacidad para absorber CO2 de la atmósfera. La acidificación y desoxigenación de los océanos ha continuado, afectando los ecosistemas, la vida marina y la pesca, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
El océano también absorbe más del 90% del exceso de calor de las actividades humanas. En 2019 se registró el contenido de calor oceánico más alto registrado, una tendencia probablemente continuó en 2020. La tasa de calentamiento del océano durante la última década fue más alta que el promedio a largo plazo, lo que indica una absorción continua de calor atrapado por los gases de efecto invernadero, según el Copernicus Marine Service de la Unión Europea.
Más del 80% del área oceánica experimentó al menos una ola de calor marina en 2020. El porcentaje del océano que experimentó olas de calor marino "fuertes" (45%) fue mayor que el que experimentó olas de calor marino "moderadas" (28%).
Por otro lado, el nivel promedio del mar ha aumentado a lo largo del registro del altímetro satelital (desde 1993). Recientemente, ha aumentado a un ritmo mayor en parte debido al mayor derretimiento de las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida. Una pequeña caída en el nivel medio global del mar en el verano de 2020 probablemente se asoció con el desarrollo de condiciones de La Niña, pero en general, siguió aumentando en 2020.
La criosfera
Desde mediados de la década de 1980, las temperaturas del aire en la superficie del Ártico se han calentado al menos dos veces más rápido que el promedio mundial. Esto tiene implicaciones potencialmente grandes no solo para los ecosistemas árticos, sino también para el clima global a través de diversas reacciones, como el deshielo del permafrost que libera metano a la atmósfera.
La extensión mínima del hielo marino del Ártico en 2020 después del derretimiento del verano fue de 3,74 millones de km2, lo que marca solo la segunda vez registrada que se redujo a menos de cuatro millones de km2. Además, se observaron extensiones récord de hielo marino en los meses de julio y octubre. Las altas temperaturas récord al norte del Círculo Polar Ártico en Siberia provocaron una aceleración del derretimiento del hielo marino en los mares de Siberia Oriental y Laptev, que vieron una ola de calor marina prolongada. El retroceso del hielo marino durante el verano de 2020 en el mar de Laptev fue el más temprano observado en la era de los satélites.
Mientras tanto, la capa de hielo de Groenlandia siguió perdiendo masa. Aunque el balance de masa de la superficie estuvo cerca del promedio a largo plazo, la pérdida de hielo debido al desprendimiento de icebergs se ubicó en el extremo superior del récord de satélites de 40 años. En total, se perdieron aproximadamente 152 gigatoneladas de hielo de la capa de hielo de Groenlandia entre septiembre de 2019 y agosto de 2020.
Al otro extremo del planeta, la extensión del hielo marino antártico se mantuvo cerca del promedio a largo plazo. Sin embargo, esta capa de hielo ha mostrado una fuerte tendencia a la pérdida de masa desde finales de la década de 1990, que se aceleró alrededor de 2005. En la actualidad, la Antártida pierde aproximadamente de 175 a 225 gigatoneladas de hielo por año, debido al aumento de las tasas de flujo de los principales glaciares en la Antártida occidental y la Península Antártica.
Una pérdida de 200 gigatoneladas de hielo al año corresponde aproximadamente al doble de la descarga anual del río Rin en Europa.
Inundaciones y sequías
En 2020 se produjeron fuertes lluvias e inundaciones en gran parte de África y Asia. Este clima afectó a gran parte del Sahel y el Gran Cuerno de África, lo que provocó un brote de langostas del desierto. El subcontinente indio y las zonas vecinas, China, la República de Corea y Japón, y partes del sudeste asiático también recibieron precipitaciones anormalmente elevadas en diversas épocas del año.
En contraste, la sequía severa afectó a muchas partes del interior de América del Sur en 2020, siendo las áreas más afectadas el norte de Argentina, Paraguay y las áreas fronterizas occidentales de Brasil. Las pérdidas agrícolas estimadas fueron cercanas a los tres mil millones de dólares en Brasil, con pérdidas adicionales en Argentina, Uruguay y Paraguay.
La sequía a largo plazo continuó persistiendo en partes del sur de África, en particular en las provincias del Cabo Septentrional y Oriental de Sudáfrica, aunque las lluvias invernales ayudaron a continuar la recuperación de la situación de sequía extrema que alcanzó su punto máximo en 2018.
Calor e incendios
En una gran región del Ártico siberiano, las temperaturas en 2020 fueron más de 3° C por encima del promedio, con una temperatura récord de 38° C en la ciudad de Verkhoyansk. Esto fue acompañado por incendios forestales prolongados y generalizados.
En los Estados Unidos, los incendios más grandes jamás registrados ocurrieron a fines del verano y otoño. La sequía generalizada contribuyó a los incendios, y de julio a septiembre fueron los más calurosos y secos registrados en el suroeste. El Valle de la Muerte en California alcanzó los 54,4° C el 16 de agosto, la temperatura más alta conocida en el mundo en al menos los últimos 80 años.
En el Caribe, las grandes olas de calor ocurrieron en abril y septiembre. Cuba registró un récord de temperatura nacional de 39,7 ° C el 12 de abril. Más calor extremo en septiembre supuso récords nacionales o territoriales establecidos para Dominica, Granada y Puerto Rico.
Australia batió récords de calor a principios de 2020, incluida la temperatura más alta observada en un área metropolitana australiana, en el oeste de Sydney, cuando Penrith alcanzó los 48,9 ° C.
El verano fue muy caluroso en partes del este de Asia. Hamamatsu (41,1 ° C) igualó el récord nacional de Japón el 17 de agosto.
Mientras tanto, Europa experimentó sequías y olas de calor durante el verano de 2020, aunque en general no fueron tan intensas como en 2018 y 2019. En el Mediterráneo oriental, hubo récords históricos establecidos en Jerusalén (42,7 ° C) y Eilat (48,9 ° C) el 4 de septiembre, tras una ola de calor de finales de julio en Oriente Medio en la que el aeropuerto de Kuwait alcanzó los 52,1 ° C y Bagdad los 51,8 ° C.
Ciclones tropicales
Con 30 tormentas con nombre, la temporada de huracanes del Atlántico Norte de 2020 tuvo la mayor cantidad registrada de la historia de estos fenómenos.
Hubo un récord de 12 tormentas tocando tierra en los Estados Unidos, rompiendo el récord anterior de nueve. El huracán Laura alcanzó una intensidad de categoría 4 y tocó tierra el 27 de agosto en el oeste de Luisiana, lo que provocó daños importantes y pérdidas económicas por valor de 19.000 millones de dólares. Laura también estuvo asociada con extensos daños por inundaciones en Haití y la República Dominicana en su fase de desarrollo.
La última tormenta de la temporada, Iota, también fue la más intensa, alcanzando la categoría 5 antes de tocar tierra en Centroamérica.
Al otro lado del planeta, el ciclón Amphan, que tocó tierra el 20 de mayo cerca de la frontera entre India y Bangladesh, fue el ciclón tropical más costoso registrado en el norte del Océano Índico, con pérdidas económicas registradas en la India de aproximadamente 14.000 millones de dólares.
 El ciclón tropical más fuerte de la temporada fue el tifón Goni (Rolly). Cruzó el norte de Filipinas el 1 de noviembre con una velocidad media del viento en 10 minutos de 220 km / h (o más) cuando tocó tierra por primera vez, lo que lo convirtió en uno de los más intensos jamás registrados.
El ciclón tropical Harold tuvo impactos significativos en las islas del norte de Vanuatu el 6 de abril, afectó a alrededor del 65% de la población y también provocó daños en Fiji, Tonga y las Islas Salomón.
La tormenta Alex a principios de octubre trajo vientos extremos al oeste de Francia con ráfagas de hasta 186 km/h, mientras que las fuertes lluvias se extendieron por una amplia zona. El 3 de octubre se registró un récord de extensión de lluvias en el Reino Unido con un promedio nacional de 31,7 mm.
Además, hubo precipitaciones extremas cerca de la costa mediterránea a ambos lados de la frontera entre Francia e Italia, con totales de 24 horas que superaron los 600 mm en Italia y los 500 mm en Francia.
Otras tormentas importantes fueron una granizada en Calgary (Canadá) el 13 de junio, con pérdidas aseguradas que superaron los mil millones de dólares y una granizada en Trípoli (Libia) el 27 de octubre, con granizos de hasta 20 cm, acompañadas de condiciones inusualmente frías.
Impactos combinados del COVID-19
Más de 50 millones de personas se vieron doblemente afectadas en 2020 por desastres relacionados con el clima (inundaciones, sequías y tormentas) y por la pandemia de COVID-19, según datos de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Esto empeoró el hambre y agregó otra capa de riesgo a las operaciones de evacuación, recuperación y socorro relacionadas con eventos de alto impacto.
El ciclón Harold, que azotó Fiji, las Islas Salomón, Tonga y Vanuatu y fue una de las tormentas más fuertes jamás registradas en el Pacífico Sur, provocó un estimado de 99.500 desplazamientos. Debido a los bloqueos y cuarentenas de COVID-19, las operaciones de respuesta y recuperación se vieron obstaculizadas, lo que provocó demoras en el suministro de equipo y asistencia.
En Filipinas, aunque más de 180.000 personas fueron evacuadas de forma preventiva antes del ciclón tropical Vongfong (Ambo) a mediados de mayo, la necesidad de medidas de distanciamiento social significó que los residentes no pudieran ser transportados en grandes cantidades y que los centros de evacuación solo pudieran ser utilizados a la mitad de su capacidad.
En el norte de Centroamérica, unos 5,3 millones de personas necesitaban asistencia humanitaria, incluidos 560.000 desplazados internos antes del inicio de la pandemia. Por lo tanto, las respuestas a los huracanes Eta e Iota tuvieron lugar en el contexto de vulnerabilidades complejas e interrelacionadas.
Hambre
Después de décadas de declive, el aumento del hambre está siendo impulsado desde 2014 por el conflicto y la desaceleración económica, así como por la variabilidad climática y los fenómenos meteorológicos extremos.
Casi 690 millones de personas, o el 9% de la población mundial, estaban desnutridas, y alrededor de 750 millones, o casi el 10%, estuvieron expuestas a niveles severos de inseguridad alimentaria en 2019. Entre 2008 y 2018, los impactos de los desastres costaron más de 108.000 millones de dólares en producción agrícola y ganadera dañada o perdida en países en desarrollo. El número de personas clasificadas en situaciones de crisis, emergencia y hambruna aumentó a casi 135 millones de personas en 55 países en 2019, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Programa Mundial de Alimentos.
Los efectos de la pandemia de COVID-19 paralizaron la agricultura y los sistemas alimentarios, invirtieron las trayectorias de desarrollo y obstaculizaron el crecimiento económico.
En 2020, la pandemia afectó directamente la oferta y la demanda de alimentos, con interrupciones en las cadenas de suministro locales, nacionales y mundiales, comprometiendo el acceso a los insumos agrícolas, los recursos y los servicios necesarios para mantener la productividad agrícola y garantizar la seguridad alimentaria. Como resultado de las restricciones de movimiento agravadas por los desastres relacionados con el clima, se plantearon desafíos importantes para la gestión de la inseguridad alimentaria en todo el mundo, aseguran las agencias de la ONU.
Desplazamiento
Durante la última década (2010-2019), los eventos relacionados con el clima provocaron un promedio de 23,1 millones de desplazamientos de personas cada año, la mayoría de ellos dentro de las fronteras nacionales, asegura el Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos.
Durante el primer semestre de 2020 se registraron unos 9,8 millones de desplazamientos, en gran parte debidos a peligros hidrometeorológicos y desastres, concentrados principalmente en Asia meridional y sudoriental y el Cuerno de África.
Se espera que los eventos en la segunda mitad del año, incluidos los desplazamientos relacionados con las inundaciones en la región del Sahel, la temporada activa de huracanes en el Atlántico y los impactos de tifones en el sudeste asiático, acerquen el total del año al promedio de la década.
Según la Organización Internacional para las Migraciones y la Agencia de la ONU para los Refugiados, muchas situaciones de desplazamiento provocadas por eventos hidrometeorológicos se han vuelto prolongadas o prolongadas para las personas que no pueden regresar a sus antiguos hogares o que no tienen opciones para integrarse localmente o establecerse en otro lugar. También pueden estar sujetos a desplazamientos repetidos y frecuentes, dejando poco tiempo para la recuperación entre una descarga y la siguiente.
Lecciones y oportunidades para mejorar la acción climática
Según el Fondo Monetario Internacional, si bien la actual recesión mundial causada por la pandemia de COVID-19 puede dificultar la promulgación de las políticas necesarias para la mitigación, también presenta oportunidades para poner la economía en un camino más ecológico al impulsar la inversión en productos ecológicos y resilientes. infraestructura pública, apoyando así el PIB y el empleo durante la fase de recuperación.
Las políticas de adaptación destinadas a mejorar la resiliencia a un clima cambiante, como la inversión en infraestructura a prueba de desastres y sistemas de alerta temprana, la distribución de riesgos a través de los mercados financieros y el desarrollo de redes de seguridad social, pueden limitar el impacto de las perturbaciones relacionadas con el clima y ayudar a que la economía se recupere más rápido.
https://news.un.org/es/story/2021/04/1490922


7.
2021: un año decisivo en la lucha climática
Una pandemia que lo relegó a un segundo plano, el regreso de EE UU como actor fundamental y las presiones para una recuperación verde confluyen en un momento histórico para el medio ambiente
22 de abril 2021
Las alarmas no han dejado de sonar a pesar de la pandemia. Y a António Guterres, secretario general de Naciones Unidas (ONU), se le agotan las palabras duras para advertir de las consecuencias de esta crisis climática planetaria. Esta semana hablaba de un escenario “aterrador” al referirse al último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Esta agencia de la ONU lleva ya 28 años publicando sus evaluaciones anuales y la conclusión es cristalina: las evidencias e impactos del calentamiento global se agolpan. Por ejemplo, 2020 estuvo entre los tres años más cálidos jamás registrados, recordó la OMM. Los otros dos fueron 2016 y 2019.
Si la tendencia se mantiene, 2021 será otro año más cálido de lo normal. Como recuerda Freja Vamborg, científica del Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la Unión Europea, los últimos seis años han sido los seis más cálidos desde que arrancan los registros fiables. Será cálido, pero también debería ser un punto de inflexión en la lucha climática, como reclaman desde las ONG, la ONU y otras instituciones internacionales y Gobiernos. “Verdaderamente”, recalcaba el lunes Guterres, “este es un año crucial para el futuro de la humanidad”. La pandemia hizo que se retrasasen hasta este 2021 dos importantes cumbres medioambientales: la climática que se debía celebrar en Glasgow (Reino Unido) y la reunión sobre biodiversidad de Kunming (China). Además, la pandemia sacó en gran medida de la agenda internacional la lucha contra el calentamiento. Pero el coronavirus no ha acabado con el problema. Como recuerda la Organización Meteorológica Mundial, “la desaceleración de la economía relacionada con la pandemia no logró frenar los motores del cambio climático ni la aceleración de sus impactos”.
En la cumbre del clima de Glasgow de 2020 los países tenían que haber presentado planes de recorte de emisiones de gases de efecto invernadero más duros de los que han ofrecido hasta ahora en el marco del Acuerdo de París. Pero, cuando terminó 2020, solo 75 de los casi 200 países que firmaron París lo habían hecho. Por eso se espera que 2021 sea determinante. También, por el regreso a la lucha contra el calentamiento de EE UU, cuyo presidente ha organizado una cumbre del clima, que arranca este jueves coincidiendo con el día de la Tierra, con los 40 principales jefes de Estado y presidentes del mundo para oficializar su vuelta. En esta cita presentará sus objetivos de recorte de emisiones de aquí a 2030, es decir, para la que se considera como la década más importante en los esfuerzos que debe hacer el ser humano por revertir el problema que ha generado con sus emisiones.
Rebote de las emisiones. Los registros oficiales de temperaturas que manejan la OMM y el resto de organismos científicos se remontan a 1850, cuando arranca la era industrial y cuando comenzó la quema de combustibles fósiles a gran escala para alimentar el desarrollo económico. Cuando esos combustibles se queman generan los gases de efecto invernadero que en gran medida se acumulan en la atmósfera y sobrecalientan el planeta. El principal de estos gases es el dióxido de carbono (CO₂) y durante la pandemia estas emisiones cayeron. Pero, como han advertido desde el principio los expertos, tras la caída se producirá un rebote porque el descenso era por el patrón coyuntural de la economía y no por un cambio estructural que modifique la forma en la que el mundo alimenta sus coches o genera su electricidad. La Agencia Internacional de la Energía prevé que en 2021 las emisiones de CO₂ ligadas a la energía crezcan cerca de un 5%, lo que supondría el segundo mayor crecimiento registrado hasta ahora. El anterior se produjo en 2010, tras la gran crisis financiera.
Aproximadamente la mitad del CO₂ emitido acaba acumulándose en la atmósfera —el resto lo absorben los océanos y la vegetación terrestre—. Esa acumulación atmosférica, la más alta de los últimos 800.000 años según la OMM, lleva al incremento de las temperaturas y de la intensidad y cantidad de fenómenos extremos como sequías, inundaciones y fuertes tormentas. “Los indicadores mundiales muestran que las temperaturas medias de los últimos cinco años son las más elevadas de las que se tiene constancia: 1,2 grados centígrados por encima de la media del periodo 1850-1900″, señala un informe que el servicio Copernicus, un programa de seguimiento de los efectos del calentamiento de la UE, presenta este jueves.
Esfuerzos insuficientes. El Acuerdo de París estableció que, para evitar los efectos más desastrosos del cambio climático, los países debían reducir sus emisiones de tal forma que a partir de 2050 tendrían que desaparecer. El objetivo general es que el incremento de la temperatura, que ya está en esos 1,2 grados, no supere los dos grados respecto a los niveles preindustriales. Y en la medida de lo posible que no se superen los 1,5.
El problema es que los planes de recorte de los países actuales llevarán a un incremento de más de tres grados. Por eso se requiere que los Estados aumenten sus objetivos de reducción. Algunos ya lo han hecho, como la Unión Europea, que ha pasado de una disminución para 2030 del 40% al 55% —algo que fijará en una ley climática— respecto a 1990, y el Reino Unido, que ha prometido llegar a un recorte del 68% al final de esta década. Estos objetivos se alinearían con la hoja de ruta trazada por la ONU para cumplir con el Acuerdo de París: que los gases de efecto invernadero globales se reduzcan un 45% en 2030 respecto a las de 2010. El problema es que Europa, con o sin el Reino Unido, cada vez tiene menos peso en las emisiones mundiales —no llegan ya ni al 10%— aunque sea uno de los responsables históricos del calentamiento al ser pionera en la revolución industrial.
La vuelta de Estados Unidos. El problema en este momento es principalmente cosa de dos actores: Estados Unidos y China, que acumulan cerca del 40% de las emisiones mundiales. China, el principal emisor global desde hace más de una década, se resiste desde hace años a que se le equipare con los países desarrollados en cuanto a las obligaciones de recorte de emisiones. Sus objetivos son mucho menos duros que los de la UE: alcanzar su pico de emisiones antes de 2030 y a partir de ahí, rebajarlas. Pero, a finales del pasado año, se comprometió endurecer algo sus planes y prometió que alcanzará la neutralidad de carbono (emitir tanto como retira de la atmósfera) en 2060.
El otro gran emisor, Estados Unidos, es una incógnita. Aunque su nuevo presidente, el demócrata Joe Biden, ha dado claras señales de querer colocar la lucha contra el cambio climático en el centro de su política, lo cierto es que EE UU no ha sido un socio fiable en esta batalla internacional si se atiende a su historial de espantadas. Primero, se desvinculó del Protocolo de Kioto a principios de siglo. Y, ya con Donald Trump como presidente, se desentendió del Acuerdo de París, un pacto que se firmó en 2015 y cuyos instrumentos de vinculación legal tuvieron que descafeinarse en gran medida para que lo ratificara Estados Unidos. Quizás por esto, China casi cada vez que interviene en un foro internacional sobre calentamiento insiste en que su país sí cumple con lo que firma y con lo que se compromete.
Coincidiendo con el Día de la Tierra, Biden ha convocado para este jueves y viernes una reunión con 40 presidentes y primeros ministros del mundo. A diferencia de lo ocurrido en los últimos años, en los que los dirigentes que no han mostrado compromisos contra el cambio climático no asistían, EE UU ha decidido invitar a controvertidos líderes como el presidente ruso, Vladímir Putin, y el de Brasil, Jair Bolsonaro.
En esta cumbre se espera que el presidente estadounidense presente sus objetivos de recorte de emisiones para 2030. Ese recorte rondaría el 50% respecto a los niveles de 2005 —el año en el que EE UU alcanzó su pico de emisiones—, según la información filtrada hasta ahora a los grandes medios de comunicación americanos. Esto supondría duplicar el objetivo que se fijó Obama antes de la firma de París. E implicará un gran proceso de descarbonización (dejar de usar derivados del petróleo, carbón y gas) de la economía estadounidense con especial atención al sector eléctrico y, sobre todo, al transporte. Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace Internacional, matiza: “Para ser considerado como un líder climático, Biden tiene que eliminar gradualmente los combustibles fósiles en su país y en el extranjero”. Eso supone poner fin a las subvenciones al poderoso sector de los combustibles fósiles. El otro asunto en el que se espera el regreso de Estados Unidos es en el referido a la financiación climática: los fondos que los países desarrollados aportan a los menos ricos para hacer frente a los efectos del calentamiento. Hasta la llegada de Trump, EE UU era el principal donante internacional.
Recuperación todavía poco verde. La pandemia sacó del foco principal al cambio climático y obligó a retrasar las cumbres de la ONU; sin embargo, los multimillonarios planes de recuperación de los países pueden suponer una aceleración de la descarbonización de la economía mundial, como llevan meses insistiendo varios organismos internacionales.
De momento, el balance es bastante discreto. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) está realizando un seguimiento a las ayudas y estímulos que están poniendo en marcha los Gobiernos de los 43 países miembros de este organismo, entre los que están EE UU, China y la Unión Europea. La conclusión es que 336.000 millones de dólares de esos fondos covid (unos 309.000 millones de euros) tienen un claro impacto positivo medioambiental. Suponen el 17% del total del gasto en la recuperación hasta ahora. El problema es que una cantidad similar de fondos ha ido a parar a actividades que tienen un impacto negativo medioambiental o mixto en el mejor de los casos. Los dos tercios restantes de las ayudas a la recuperación no han sido todavía clasificados por la OCDE. Y de su desarrollo y de los fondos públicos que vendrán dependerá en gran medida que este 2021 se convierta verdaderamente en un año crucial en la lucha contra la crisis climática.
https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2021-04-22/2021-un-ano-decisivo-en-la-lucha-climatica.html


8.
Respuestas definitivas a las grandes preguntas sobre el cambio climático
La ciencia del cambio climático es más contundente y está más aceptada de lo que se piensa a menudo. Pero la magnitud del tema, así como la desinformación, dificultan distinguir los hechos de la ficción.
25 de mayo de 2021
La ciencia del cambio climático es más sólida y hay más consenso en torno a ella de lo que podríamos pensar. Pero debido a la amplitud del tema, así como a la desinformación galopante, es posible que se dificulte distinguir la realidad de la ficción. Aquí hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por presentar no solo la información científica más precisa, sino también la explicación de cómo la conocemos.
¿Cómo sabemos que el cambio climático en verdad está ocurriendo?
Es frecuente que el cambio climático se presente como una predicción hecha por complicados modelos computacionales. Pero la base científica del cambio climático es mucho más amplia y los modelos son solo una parte de ella (y, por si de algo sirviera, resultan asombrosamente precisos).
Durante más de un siglo, los científicos han entendido la física básica que explica por qué los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, provocan el calentamiento. Estos gases conforman solo una pequeña parte de la atmósfera, pero ejercen un control desmesurado sobre el clima de la Tierra al retener una parte del calor del planeta antes de que se vaya hacia el espacio. Este efecto invernadero es muy importante: ¡es la razón por la que un planeta tan alejado del Sol posee agua líquida y vida!
No obstante, durante la Revolución industrial, la gente comenzó a quemar carbón y otros combustibles fósiles para echar a andar las fábricas, las fundidoras y los motores de vapor, lo cual añadió más gases de efecto invernadero a la atmósfera. Desde entonces, las actividades de los seres humanos han estado contribuyendo al calentamiento del planeta.
Sabemos que esto es así gracias a una enorme cantidad de pruebas que comienzan a mediados del siglo XIX con las mediciones de la temperatura tomadas en las estaciones meteorológicas y en los barcos. Posteriormente, los científicos comenzaron a monitorear las temperaturas de la superficie con satélites y a buscar pistas del cambio climático en los registros geológicos. Toda esta información reunida cuenta la misma historia: la Tierra se está calentando.
Desde 1880, las temperaturas globales promedio se han incrementado 1,2 grados Celsius y los cambios más grandes se produjeron en el pasado siglo XX. Las superficies terrestres se han calentado más que la superficie de los océanos y el Ártico es lo que más se ha calentado: más de 2,2 grados Celsius tan solo desde la década de 1960. También ha habido un cambio en las temperaturas extremas. En Estados Unidos, los máximos diarios récord ahora superan los mínimos diarios récord por dos a uno.
Este calentamiento no tiene precedentes en la historia geológica reciente. Una imagen famosa, publicada por primera vez en 1998 a la que con frecuencia se le llama gráfica de bastón de hockey, muestra cómo las temperaturas se mantuvieron bastante estables durante siglos (el mango del bastón) antes de dispararse de manera drástica hacia arriba (la cabeza). Está basada en información obtenida de anillos de árboles, muestras de hielo y otros indicadores naturales. Además, el panorama básico, mismo que ha resistido décadas de escrutinio tanto por parte de los científicos del clima como de los opositores, muestra que la Tierra está más caliente ahora de lo que estado en al menos mil años, y tal vez mucho más tiempo.
De hecho, las temperaturas de la superficie disfrazan la verdadera escala del cambio climático debido a que el océano ha absorbido el 90 por ciento del calor retenido por los gases de efecto invernadero. Las mediciones recabadas durante las últimas seis décadas por expediciones oceanográficas y redes de instrumentos flotantes muestran que todas las capas del océano se están calentando. De acuerdo con un estudio, entre 1997 y 2015, el océano ha absorbido tanto calor como en los 130 años anteriores.
También sabemos que el cambio climático está ocurriendo porque los efectos se ven por todas partes. Las capas de hielo y los glaciares están disminuyendo mientras que el nivel del mar está aumentando. El hielo marino del Ártico está desapareciendo. En la primavera, la nieve se derrite con mayor rapidez y las plantas florecen antes. Los animales se están trasladando a altitudes y latitudes más altas para hallar condiciones más frías. También las sequías, las inundaciones y los incendios forestales se han vuelto más intensos. Los modelos predijeron muchos de estos cambios, pero las observaciones demuestran que ya están sucediendo.
¿Qué tanto acuerdo hay entre los científicos acerca del cambio climático?
No hay duda de que a los científicos les encanta una buena discusión a la antigua. Pero cuando se trata del cambio climático, prácticamente no hay debate alguno: en muchos estudios se ha visto que más del 90 por ciento de los científicos que estudian el clima de la Tierra están de acuerdo en que el planeta se está calentando y que los seres humanos son los principales culpables. La mayor parte de los organismos científicos, desde la NASA hasta la Organización Meteorológica Mundial, respaldan esta opinión. Existe un grado asombroso de consenso dado el carácter de oposición y competencia de la sociedad científica, donde preguntas como ¿qué mató a los dinosaurios? siguen siendo objeto de amarga disputa.
El acuerdo científico sobre el cambio climático comenzó a surgir a fines de la década de 1980, cuando la influencia del calentamiento provocado por los seres humanos empezó a sobrepasar la variabilidad climática natural. Para 1991, dos terceras partes de los científicos especializados en la Tierra y la atmósfera encuestados para realizar un estudio inicial de consenso dijeron que aceptaban la idea de un calentamiento global antropogénico. Y para 1995, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, un célebre organismo conservador que, de manera periódica, participa en la situación del conocimiento científico, concluyó que “el resultado de las pruebas indica que existe una influencia identificable del ser humano sobre el clima global”. En la actualidad, más del 97 por ciento de los científicos del clima que publican están de acuerdo en la existencia y la causa del cambio climático (al igual que casi el 60 por ciento de la población general de Estados Unidos).
Así que, ¿de dónde sacamos la idea de que sigue siendo debatida la existencia del cambio climático? En gran parte surgió de campañas de mensajes coordinadas por las empresas y los políticos que se oponían a las medidas relacionadas con el clima. Muchas impulsaban la narrativa de que los científicos aún no tomaban una decisión sobre el cambio climático, pese a que eso era falso. Frank Luntz, un consultor republicano, explicó la lógica en un desafortunado memorando de 2002 a los legisladores conservadores: “Si la población llega a creer que los asuntos científicos están decididos, por consiguiente, cambiará su opinión sobre el calentamiento global”, escribió. Cuestionar el consenso sigue siendo un tema de conversación común hoy en día, y la cifra del 97 por ciento se ha convertido en una especie de pararrayos.
Con el fin de reforzar la falsedad de la permanencia de la duda científica, algunas personas han señalado cosas como el Proyecto de Petición sobre el Calentamiento Global, el cual exhortó al gobierno de Estados Unidos a rechazar el Protocolo de Kioto de 1997, un acuerdo internacional inicial sobre el clima. La petición declaraba que el cambio climático no estaba ocurriendo y que, aunque así fuera, no sería algo malo para la humanidad. Desde 1998, la han firmado más de 30.000 personas con títulos universitarios en ciencias. Sin embargo, casi el 90 por ciento de ellas no estudiaron ciencias ambientales, atmosféricas o terrestres, y entre los signatarios había solo 39 climatólogos. La mayoría eran ingenieros, médicos y otros cuya formación no tenía mucho que ver con la física del sistema climático.
Unos cuantos investigadores bien conocidos siguen oponiéndose al consenso científico. Algunos, como Willie Soon, investigador afiliado al Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, tiene vínculos con la industria de combustibles fósiles. Otros no los tienen, pero sus aseveraciones no han resistido el peso de las pruebas. Al menos uno de los escépticos destacados, el físico Richard Muller, cambió de opinión después de reevaluar los datos históricos de la temperatura como parte del proyecto de Berkeley Earth. Los hallazgos de su equipo confirmaron prácticamente los resultados que se había propuesto investigar y terminó firmemente convencido de que las actividades humanas estaban calentando el planeta. “Llámenme escéptico converso”, escribió en un artículo de opinión para The New York Times en 2012.
Luntz, el encuestador republicano, también ha cambiado su postura sobre el cambio climático y ahora asesora a los políticos sobre cómo motivar acciones climáticas.
Una observación final sobre la incertidumbre: los negacionistas a menudo la usan como prueba de que la ciencia del clima no tiene consenso. Sin embargo, en la ciencia, la incertidumbre no implica una falta de conocimiento. Más bien, es un indicador de qué tanto se sabe sobre algo. En el caso del cambio climático, los científicos han descubierto una gama de posibles cambios futuros en la temperatura, la precipitación y otras variables importantes, las cuales dependerán en gran medida de lo rápido que reduzcamos las emisiones. Pero la incertidumbre no debilita su convicción de que el cambio climático es real y que la gente lo está provocando.
¿De verdad solo tenemos información climática de 150 años? ¿Cómo es posible que sea suficiente para tener conocimientos sobre los cambios en varios siglos?
El clima de la Tierra es intrínsecamente variable. Algunos años es caliente y otros, frío, unas décadas tienen más huracanes que otras, algunas antiguas sequías duraron gran parte de siglos. Los ciclos glaciales funcionan a lo largo de muchos milenios. Así que, ¿cómo pueden los científicos analizar datos recabados durante un periodo relativamente corto y concluir que los seres humanos estamos calentando el planeta? La respuesta es que nos dicen mucho los datos instrumentales que tenemos de la temperatura, pero no es todo lo que tenemos para seguir adelante.
Los registros históricos se remontan a la década de 1880 (y a menudo antes), cuando la gente comenzó a medir la temperatura de manera periódica en las estaciones meteorológicas y los barcos mientras atravesaban los océanos del mundo. Estos datos muestran una clara tendencia al calentamiento durante el siglo XX.
Algunas personas han cuestionado si estos registros podrían estar sesgados, por ejemplo, por el hecho de que un número desproporcionado de estaciones meteorológicas estén cerca de las ciudades, las cuales tienden a ser más calientes que las zonas circundantes como resultado del llamado efecto insular de calentamiento urbano. No obstante, los investigadores corrigen con regularidad estos posibles sesgos cuando reconstruyen las temperaturas globales. Además, el calentamiento se confirma con datos independientes como las observaciones por satélite, las cuales abarcan todo el planeta, y otras maneras de medir los cambios de temperatura.
También se han aprovechado mucho las pequeñas reducciones e interrupciones que marcan la tendencia ascendente de la temperatura de los últimos 150 años. Pero estas solo son resultado de la variabilidad natural del clima o de otras actividades humanas que de modo temporal contrarrestan el calentamiento de invernadero. Por ejemplo, a mediados de los años noventa del siglo pasado, la dinámica climática natural y la contaminación que bloquea el paso de la luz de las centrales eléctricas alimentadas con carbón detuvieron el calentamiento global durante algunas décadas. (Finalmente, los gases de efecto invernadero en aumento y las leyes para el control de la contaminación hicieron que el planeta comenzara a calentarse de nuevo). Asimismo, la llamada interrupción del calentamiento del año 2000 fue en parte el resultado de la variabilidad natural del clima que permitió que entrara más calor al océano en vez de calentar la atmósfera. Los años posteriores han sido los más calientes de la historia.
Sin embargo, ¿es posible que todo el siglo XX solo sea un gran engaño climático natural? Para responder esa pregunta, podemos ver otros tipos de datos que nos ofrecen una perspectiva de más tiempo. Para ampliar el registro climático, los investigadores han usado registros geológicos, como los anillos de los árboles, muestras de hielo, corales y sedimentos que conservan información acerca de los climas prehistóricos. El panorama resultante del cambio global de la temperatura prácticamente se mantiene fijo durante siglos y luego sube de manera drástica durante los últimos 150 años. Esto ha sido un blanco de los negacionistas del clima durante décadas. No obstante, un estudio tras otro ha confirmado los resultados, los cuales muestran que el planeta no ha estado tan caliente en al menos mil años, y probablemente en más tiempo.
¿Cómo sabemos que los humanos causan el cambio climático?
Los científicos han estudiado los cambios climáticos pasados para comprender los factores que pueden provocar que el planeta se caliente o enfríe. Los grandes son cambios en la energía solar, la circulación oceánica, la actividad volcánica y la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Y cada uno ha influido en algún momento.
Por ejemplo, hace 300 años, cuando se combinaron una producción reducida de energía solar y un aumento en la actividad volcánica, hubo partes del planeta que se enfriaron tanto como para que fuera habitual que los londinenses patinaran sobre el hielo del Támesis. Hace unos 12.000 años, cambios de gran magnitud en la circulación del Atlántico sumergieron el hemisferio norte en un estado glacial. Y hace 56 millones de años, una gigantesca explosión de gases de efecto invernadero, producto de la actividad volcánica o vastos depósitos de metano (o ambos), calentó el planeta de manera abrupta al menos 4 grados Celsius, lo cual provocó que se enturbiara el clima, se asfixiaran los océanos y se produjeran extinciones masivas.
Para determinar la causa de los actuales cambios climáticos, los científicos han observado todos estos factores. Los primeros tres han variado poco durante los últimos siglos y es probable que hayan tenido efectos modestos en el clima, en particular antes de 1950. Sin embargo, no pueden representar el rápido incremento de la temperatura en el planeta, en especial en la segunda mitad del siglo XX, cuando la producción solar de hecho disminuyó y las erupciones volcánicas ejercieron un efecto refrigerante.
Ese calentamiento se explica mejor gracias a las crecientes concentraciones de gases de efecto invernadero, los cuales tienen un poderoso efecto sobre el clima (ve la siguiente pregunta para saber por qué). Y desde la Revolución industrial, los humanos han añadido más de ellos a la atmósfera, principalmente por medio de la extracción y la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas, procesos que liberan dióxido de carbono.
Las burbujas de aire antiguo atrapadas en el hielo muestran que, antes de 1750 aproximadamente, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de unas 280 partes por millón (ppm). Comenzó a aumentar lentamente y superó el umbral de las 300 ppm hacia 1900. Los niveles de CO2 se aceleraron a medida que los automóviles y la electricidad se convirtieron en elementos importantes de la vida moderna, y recientemente superaron las 420 ppm La concentración de metano, el segundo gas de efecto invernadero más importante, se ha duplicado con creces. Ahora estamos emitiendo carbono mucho más rápido que hace 56 millones de años.
Estos rápidos aumentos de los gases de efecto invernadero han provocado un calentamiento brusco del clima. De hecho, los modelos climáticos sugieren que el calentamiento por efecto invernadero puede explicar prácticamente todo el cambio de temperatura desde 1950. Según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que evalúa la literatura científica publicada, los factores naturales y la variabilidad climática interna solo pueden explicar una pequeña parte del calentamiento de finales del siglo XX.
Otro estudio lo expresa así: las probabilidades de que el calentamiento actual se produzca sin las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero son inferiores a 1 entre 100.000.
Sin embargo, los gases de efecto invernadero no son los únicos compuestos que alteran el clima y que la gente ha lanzado al aire. Al quemar combustibles fósiles, también se produce una contaminación por partículas que refleja la luz solar y enfría el planeta. Los científicos estiman que esta contaminación ha ocultado hasta la mitad del calentamiento producto de los gases de efecto invernadero que habríamos experimentado de otra manera.
Debido a que los gases de efecto invernadero ocurren de forma natural, ¿cómo sabemos que están provocando un aumento en la temperatura de la Tierra?
Los gases de efecto invernadero como el vapor de agua y el dióxido de carbono tienen un papel importante en el clima. Sin ellos, la Tierra sería demasiado fría como para mantener el agua en estado líquido ¡y los humanos no existirían!
Así funciona: la temperatura del planeta en esencia está en función de la energía que la Tierra absorbe del Sol (que la calienta) y la energía que la Tierra emite al espacio como radiación infrarroja (que la enfría). Debido a su estructura molecular, los gases de efecto invernadero absorben de manera temporal parte de esa radiación infrarroja saliente, luego la reemite en todas direcciones y envía parte de esa energía de regreso a la superficie para calentar el planeta. Los científicos han comprendido este proceso desde la década de 1850.
Las concentraciones de gases de efecto invernadero han variado de forma natural en el pasado. Durante millones de años, los niveles del CO2 atmosférico han cambiado según la cantidad de gas que los volcanes hayan escupido al aire y cuánto de este se haya eliminado por medio de procesos geológicos. En escalas de tiempo de cientos a miles de años, las concentraciones han cambiado conforme el carbono ha realizado ciclos entre el océano, la tierra y el aire.
Sin embargo, en la actualidad, somos los causantes de que los niveles de CO2 aumenten a un ritmo sin precedentes pues tomamos el carbono antiguo que hay en los depósitos geológicos de los combustibles fósiles y lo ponemos en la atmósfera cuando los quemamos. Desde 1750, las concentraciones de dióxido de carbono han aumentado casi un 50 por ciento. El metano y el óxido nitroso, otros importantes gases de efecto invernadero que son liberados principalmente por medio de las actividades agrícolas, también se han disparado durante los últimos 250 años.
Con base en la física descrita anteriormente, sabemos que esto debería calentar el clima. También observamos ciertas “huellas” reveladoras del calentamiento a causa de los gases de efecto invernadero. Por ejemplo, las noches se están calentando incluso más rápido que los días porque los gases de efecto invernadero no se van cuando se pone el sol. Y las capas superiores de la atmósfera en realidad se han enfriado, porque los gases de efecto invernadero atrapan más energía en la parte inferior de la atmósfera.
También sabemos que somos la causa del aumento en las concentraciones de los gases de efecto invernadero… y no solo porque podemos medir el CO2 que sale de los escapes y las chimeneas. Podemos verlo en la firma química del carbono en el CO2.
El carbono viene en tres masas diferentes: 12, 13 y 14. Las cosas hechas de materia orgánica (incluyendo los combustibles fósiles) tienden a tener relativamente menos carbono-13. Los volcanes tienden a producir CO2 con relativamente más carbono-13. Y durante el último siglo, el carbono del CO2 atmosférico se ha vuelto más ligero, lo que apunta a una fuente orgánica.
Podemos saber que se trata de materia orgánica antigua buscando el carbono-14, que es radiactivo y decae con el tiempo. Los combustibles fósiles son demasiado antiguos como para que queden restos de carbono-14 en ellos, por lo que si estuvieran detrás del aumento de los niveles de CO2, cabría esperar que la cantidad de carbono-14 en la atmósfera disminuyera, que es exactamente lo que muestran los datos.
Es importante notar que el vapor de agua es el gas de efecto invernadero más abundante en la atmósfera. Sin embargo, no provoca un calentamiento; más bien responde a este. Por eso el aire más caliente tiene más humedad, la cual crea un efecto de bola de nieve en el cual el calentamiento causado por el hombre permite que la atmósfera contenga más vapor de agua y amplifique más el cambio climático. Este llamado ciclo de retroalimentación ha duplicado el calentamiento a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero antropogénicas.
¿Por qué debería preocuparnos que el planeta se haya calentado 1 grado Celsius desde el siglo XIX?
Cuando hablamos de cambio climático, una fuente común de confusión es la diferencia entre tiempo y clima. El tiempo es el conjunto de condiciones meteorológicas en constante cambio que experimentamos cuando salimos al aire libre, mientras que el clima es el promedio de esas condiciones a largo plazo y se suele calcular en un periodo de 30 años. O, como dirían algunos, el tiempo es tu humor y el clima es tu personalidad.
Por lo tanto, aunque 1 grado Celsius no represente un gran cambio en el tiempo, es un inmenso cambio en el clima. Como ya hemos visto, basta para derretir el hielo y aumentar los niveles del mar, cambiar los patrones de precipitación de todo el mundo y reorganizar los ecosistemas, pues provoca que los animales huyan a hábitats más fríos y mata millones de árboles.
También es importante recordar que 1 grado representa el promedio global y muchas partes del mundo ya se han calentado más que eso. Por ejemplo, las áreas de tierra se han calentado casi el dos veces más que la superficie del mar. Y el Ártico se ha calentado unos 2,5 grados. Esto se debe a que la pérdida de nieve y hielo en latitudes altas permite que el suelo absorba más energía, lo cual provoca que haya más calor además del calentamiento de los gases de efecto invernadero.
Los cambios relativamente pequeños a largo plazo en los promedios climáticos también cambian los extremos de manera significativa. Por ejemplo, las olas de calor siempre han existido, pero en los últimos años han batido récords. En junio de 2020, una ciudad de Siberia registró temperaturas de 38 grados. Y en Australia, los meteorólogos han añadido un nuevo color a sus mapas meteorológicos para mostrar las zonas donde las temperaturas superan los 51,6 grados. El aumento del nivel del mar también ha incrementado el riesgo de inundaciones debido a las mareas de tempestad y las mareas altas. Estos son los primeros síntomas del cambio climático.
Y nos esperan más cambios en el futuro: hasta 4,5 grados Celsius de calentamiento global medio para finales de siglo, en el peor de los casos. Como referencia, la diferencia en las temperaturas medias globales entre el momento actual y el pico de la última edad de hielo, cuando las capas de hielo cubrían grandes partes de América del Norte y Europa, es de unos 5,5 grados Celsius.
Conforme el Acuerdo de París, al cual el presidente estadounidense, Joe Biden, se acaba de unir otra vez, los países han acordado hacer el intento por limitar el calentamiento total entre 1,5 y 2 grados Celsius respecto de la temperatura previa a la Revolución Industrial. E incluso este margen reducido tiene consecuencias enormes. De acuerdo con estudios científicos, es muy probable que la diferencia entre 1,5 y 2 grados Celsius sea la diferencia entre la supervivencia y la extinción de los arrecifes de coral, así como entre la continuidad del hielo marino en el Ártico durante el verano o su completa desaparición. También determinará cuántos millones de personas sufrirán de escasez de agua y pérdidas de cosechas, así como cuántas personas se están yendo de sus casas debido al aumento en el nivel del mar. En otras palabras, 0,5 grados Celsius es un mundo de diferencia.
¿El cambio climático es parte del calentamiento natural y los ciclos de enfriamiento del planeta?
El clima de la Tierra siempre ha cambiado. Hace cientos de millones de años, todo el planeta se congeló. Hace 50 millones de años, los caimanes vivían en lo que ahora conocemos como el Ártico. Y durante los últimos 2,6 millones de años, el planeta ha estado en un ciclo entre eras de hielo cuando el planeta era hasta 6 grados más frío y los casquetes glaciares cubrían buena parte de Norteamérica y Europa, y periodos interglaciares más leves como en el que estamos ahora.
Los negacionistas del clima a menudo usan estos cambios climáticos naturales para sembrar dudas sobre la idea de que los humanos están causando el cambio climático actual. No obstante, este argumento se basa en una falacia lógica. Es como “ver un cuerpo asesinado y concluir que la gente ha muerto de causas naturales en el pasado, así que la víctima de homicidio también debió morir de causas naturales”, escribió un equipo de científicos sociales en The Debunking Handbook, publicación que explica las estrategias de desinformación detrás de muchos mitos del clima.
En efecto, sabemos que mecanismos distintos provocaron que el clima cambiara en el pasado. Por ejemplo, los ciclos glaciares se desencadenaron debido a variaciones periódicas en la órbita de la Tierra, las cuales ocurrieron durante decenas de miles de años y cambiaron la manera en que la energía solar se distribuye alrededor del mundo y a lo largo de las estaciones.
Estas variaciones orbitales no afectan mucho la temperatura del planeta por sí solas. Sin embargo, activan una cascada de otros cambios en el sistema climático: por ejemplo, el crecimiento o el derretimiento de inmensos casquetes glaciares en el hemisferio norte y la alteración de la circulación del océano. A su vez, estos cambios afectan el clima pues alteran la cantidad de nieve y hielo, los cuales reflejan la luz del sol, y cambian las concentraciones de gases de efecto invernadero. De hecho, en parte por esto sabemos que los gases de efecto invernadero tienen la capacidad de afectar la temperatura de la Tierra significativamente.
Durante al menos los últimos 800.000 años, las concentraciones de CO2 atmosférico oscilaron entre unas 180 partes por millón (ppm) durante las eras de hielo y unas 280 ppm durante los periodos más cálidos, conforme el carbono se movió entre los océanos, los bosques, los suelos y la atmósfera. Estos cambios ocurrieron de la mano con las temperaturas globales y son una de las principales razones de que el planeta se calentara y enfriara durante los ciclos glaciares, no solo los polos congelados.
No obstante, en la actualidad, los niveles de CO2 se han disparado a 420 ppm: el nivel más alto en los últimos tres millones de años. La concentración de CO2 también está aumentando unas 100 veces más rápido que a finales de la última era de hielo. Esto sugiere que está pasando algo más y sabemos qué es: desde la Revolución Industrial, los humanos han quemado combustibles fósiles y liberado gases de efecto invernadero que están calentando el planeta ahora (revisa la pregunta 5 para más detalles sobre cómo sabemos esto, y las preguntas 4 y 8 para enterarte de cómo sabemos que otras fuerzas naturales no son las culpables).
Durante el próximo siglo o los siguientes dos, las sociedades y los ecosistemas experimentarán las consecuencias de este cambio climático. No obstante, nuestras emisiones tendrán impactos geológicos todavía más duraderos: según algunos estudios, los niveles de los gases de efecto invernadero tal vez ya hayan calentado suficiente el planeta para demorar el inicio del siguiente ciclo glaciar durante al menos otros 50.000 años.
¿Cómo sabemos que el calentamiento global no se debe al sol o a los volcanes?
El sol es la fuente de energía por excelencia del sistema climático de la Tierra, por lo que es un candidato natural para causar el cambio climático. Y la actividad solar ha cambiado ciertamente a lo largo del tiempo. Sabemos, por las mediciones de los satélites y otras observaciones astronómicas, que la producción del sol cambia en ciclos de 11 años. Los registros geológicos y el número de manchas solares, que los astrónomos han seguido durante siglos, también muestran variaciones a largo plazo en la actividad del sol, incluyendo algunos periodos excepcionalmente tranquilos a finales de 1600 y principios de 1800.
Sabemos que, desde 1900 hasta la década de 1950, la irradiación solar aumentó. Y los estudios sugieren que esto tuvo un efecto modesto en el clima de principios del siglo XX, del calentamiento que se ha producido desde finales del siglo XIX. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo, cuando se produjo el mayor calentamiento, explicando hasta un 10 por ciento la actividad solar disminuyó. Esta disparidad es una de las principales razones por las que sabemos que el sol no es la fuerza motriz del cambio climático.
Otra razón por la que sabemos que la actividad solar no ha causado el calentamiento reciente es que, si lo hubiera hecho, todas las capas de la atmósfera deberían estar calentándose. En cambio, los datos muestran que la atmósfera superior se ha enfriado en las últimas décadas, lo que es un sello distintivo del calentamiento por efecto invernadero.
¿Y qué hay de los volcanes? Las erupciones enfrían el planeta al inyectar en la atmósfera partículas de ceniza y aerosol que reflejan la luz solar. Hemos observado este efecto en los años posteriores a las grandes erupciones. También hay algunos ejemplos históricos notables, como cuando el volcán Laki de Islandia entró en erupción en 1783, provocando pérdidas de cosechas generalizadas en Europa y más allá, y el “año sin verano”, que siguió a la erupción del monte Tambora en Indonesia en 1815.
Dado que los volcanes actúan principalmente como enfriadores del clima, no pueden explicar realmente el reciente calentamiento. Sin embargo, los científicos afirman que también pueden haber contribuido ligeramente al aumento de las temperaturas a principios del siglo XX. Esto se debe a que a finales del siglo XIX se produjeron varias grandes erupciones que enfriaron el planeta, seguidas de unas décadas sin grandes eventos volcánicos en las que el calentamiento se recuperó. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XX se produjeron varias grandes erupciones mientras el planeta se calentaba rápidamente. En todo caso, enmascararon temporalmente una parte del calentamiento provocado por el hombre.
La segunda forma en que los volcanes pueden influir en el clima es mediante la emisión de dióxido de carbono. Esto es importante en escalas de tiempo de millones de años: es lo que mantiene el planeta habitable (revisa la pregunta 5 para más información sobre el efecto invernadero). Pero en comparación con las emisiones antropogénicas modernas, incluso las grandes erupciones como el Krakatoa y el Monte Santa Helena son solo una gota de agua. Al fin y al cabo, solo duran unas horas o días, mientras que nosotros quemamos combustibles fósiles las 24 horas del día. Los estudios sugieren que, hoy en día, los volcanes representan entre el uno y el dos por ciento de las emisiones totales de CO2.
¿Cómo es posible que los inviernos y ciertos lugares se hagan cada vez más fríos si el planeta se está calentando?
Cuando una gran tormenta de nieve azota a Estados Unidos, los negacionistas climáticos suelen intentar utilizarla como prueba de que el cambio climático no está ocurriendo. El senador James Inhofe, republicano por Oklahoma, es recordado por haber lanzado una bola de nieve en el Senado en 2015, mientras denunciaba la ciencia climática. Sin embargo, estos eventos en realidad no refutan el cambio climático.
Si bien ha habido algunas tormentas memorables en los últimos años, los inviernos en realidad se están calentando en todo el mundo. En Estados Unidos, las temperaturas promedio en diciembre, enero y febrero se han incrementado alrededor de 1,39 grados Celsius este siglo.
Por otro lado, los días récord de frío se están volviendo menos comunes que los días récord de calor. En Estados Unidos, los máximos históricos de temperatura superan en la actualidad a los mínimos históricos en una relación de dos a uno. Y las áreas del país que experimentan temperaturas invernales extremadamente frías son cada vez más pequeñas (las mismas tendencias están sucediendo a nivel mundial).
Entonces, ¿por qué suceden las tormentas de nieve? El tiempo siempre varía, por lo que no es de extrañar que todavía tengamos fuertes tormentas invernales incluso cuando las temperaturas promedio vayan en aumento. Sin embargo, algunos estudios sugieren que el mismo cambio climático podría ser el culpable. Una posibilidad es que el rápido calentamiento del Ártico haya afectado la circulación atmosférica, incluyendo el aire de gran altitud y flujo rápido que por lo general se arremolina sobre el Polo Norte (también conocido como el vórtice polar). Algunos estudios sugieren que estos cambios están generando temperaturas más frías en latitudes más bajas y provocando que el sistema climático se paralice, lo que permite que las tormentas produzcan más nevadas. Esto podría explicar lo que hemos experimentado en Estados Unidos durante las últimas décadas, así como una tendencia de enfriamiento invernal en Siberia. Sin embargo, la manera exacta en que el Ártico afecta el tiempo a nivel global sigue siendo un tema de debate científico continuo.
El cambio climático también puede explicar la aparente paradoja de la existencia de otros lugares en el planeta que no se han calentado mucho. Por ejemplo, una mancha de agua en el Atlántico Norte se ha enfriado en los últimos años, y los científicos sospechan que podría deberse a que la circulación del océano está bajando su velocidad como resultado del agua dulce que fluye por el derretimiento de Groenlandia. Si esta circulación llegara a casi detenerse, como lo ha hecho en el pasado geológico, alteraría los patrones del clima en todo el mundo.
No todo el clima frío se debe a alguna consecuencia contradictoria del cambio climático. Pero es un buen recordatorio de que el sistema climático de la Tierra es complejo y caótico, por lo que los efectos de los cambios causados por los humanos se desarrollarán de manera diferente en diferentes lugares. Es por eso que el término “calentamiento global” quizás sea una simplificación excesiva. Algunos científicos han sugerido que un nombre más acertado para el fenómeno del cambio climático causado por el ser humano sería “rareza global”.
Los incendios forestales y el mal tiempo siempre han existido. ¿Cómo sabemos que existe una conexión con el cambio climático?
El tiempo extremo y los desastres naturales son parte de la vida en la Tierra (que lo digan los dinosaurios). Sin embargo, existen pruebas convincentes de que el cambio climático ha incrementado la frecuencia y severidad de ciertos fenómenos como las olas de calor, las sequías y las inundaciones. Algunas investigaciones recientes también les han permitido a los científicos identificar la influencia del cambio climático en eventos específicos.
Empecemos por las olas de calor. Los estudios muestran que los periodos de temperaturas anormalmente elevadas ahora suceden con una frecuencia aproximada cinco veces mayor a la que sería sin el cambio climático y, además, duran más tiempo. Los modelos climáticos proyectan que, para la década de 2040, las olas de calor serán casi 12 veces más frecuentes. Y eso es preocupante, ya que el calor extremo a menudo causa un incremento de hospitalizaciones y muertes, en particular entre las personas mayores y con problemas de salud subyacentes. Por ejemplo, en el verano de 2003, una ola de calor provocó un estimado de 70.000 muertes adicionales por toda Europa (el calentamiento causado por los humanos amplificó el número de muertos).
El cambio climático también ha exacerbado las sequías, principalmente al aumentar la evaporación. Las sequías ocurren de manera natural debido a la variabilidad climática aleatoria y a factores como la prevalencia de condiciones como El Niño o La Niña en el Pacífico tropical. No obstante, algunos investigadores han encontrado evidencia de que el calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero ha estado afectando las sequías desde incluso antes del fenómeno conocido como el Dust Bowl. Y continúa haciéndolo hoy. Según un análisis, la sequía que afectó al suroeste estadounidense entre 2000 y 2018 fue casi un 50 por ciento más grave debido al cambio climático. Fue la peor sequía que había experimentado la región en más de mil años.
El aumento de las temperaturas también ha incrementado la intensidad de las fuertes precipitaciones y las inundaciones que a menudo las siguen. Por ejemplo, los estudios han descubierto que, debido a que el aire más cálido retiene más humedad, el huracán Harvey, que azotó Houston en 2017, dejó caer entre un 15 y un 40 por ciento más de lluvia de lo que habría sido sin el cambio climático.
Todavía no está claro si el cambio climático está cambiando la frecuencia general de los huracanes, pero sí los está haciendo más fuertes. Y el calentamiento parece favorecer ciertos tipos de patrones climáticos, como los eventos de la “Midwest Water Hose” que causaron inundaciones devastadoras en todo el medio oeste en 2019.
Es importante recordar que en la mayoría de los desastres naturales hay múltiples factores en juego. Por ejemplo, las inundaciones del medio oeste de Estados Unidos en 2019 ocurrieron después de que una reciente ola de frío congelara todo el terreno, lo que impidió que el suelo absorbiera el agua de lluvia e incrementó la escorrentía hacia los ríos Misuri y Misisipi. Estas vías fluviales también habían sido remodeladas con diques y otras formas de ingeniería fluvial, algunas de las cuales fallaron durante las inundaciones.
Los incendios forestales son otro fenómeno con múltiples causas. En muchos lugares, el riesgo de incendio ha aumentado porque los seres humanos han combatido de forma agresiva los incendios naturales y han impedido que los pueblos indígenas lleven a cabo prácticas tradicionales de quema. Esto ha permitido una acumulación de combustible que empeora los incendios actuales.
Sin embargo, el cambio climático también juega un papel importante al calentar y secar los bosques, convirtiéndolos en polvorines. Los estudios muestran que el calentamiento es el factor determinante del reciente aumento de incendios forestales; un análisis encontró que el cambio climático fue responsable de haber duplicado el área incendiada en el oeste de Estados Unidos entre 1984 y 2015. Los investigadores afirman que el calentamiento solo generará incendios más grandes y peligrosos en el futuro.
¿Qué tan graves serán los efectos del cambio climático?
Eso depende de cuán agresivamente actuemos para abordar el cambio climático. Si continuamos como si nada estuviera ocurriendo, para finales de siglo el calor será tan fuerte durante las olas de calor en el Medio Oriente y el sur de Asia, que no se podrá salir. Las sequías se apoderarán de Centroamérica, el Mediterráneo y el sur de África. Muchas naciones insulares y áreas bajas, desde Texas hasta Bangladés, serán rebasadas por el aumento del nivel del mar. Por otro lado, el cambio climático podría traer un apreciado calentamiento y temporadas de cultivo extendidas a la parte superior del medio oeste estadounidense, Canadá, los países nórdicos y Rusia. No obstante, más al norte, la pérdida de nieve, hielo y permafrost trastocará las tradiciones de los pueblos indígenas y amenazará la infraestructura.
Es complicado, pero el mensaje subyacente es simple: el cambio climático sin control muy probablemente agudizará las desigualdades existentes. A un nivel nacional, los países más pobres serán los más afectados, a pesar de que históricamente hayan emitido solo una fracción de los gases de efecto invernadero que causan el calentamiento. Esto se debe a que muchos países menos desarrollados tienden a estar en regiones tropicales donde el calentamiento adicional hará que el clima sea cada vez más intolerable para los humanos y los cultivos. Estas naciones también suelen tener mayores vulnerabilidades, como grandes poblaciones costeras y personas que habitan viviendas improvisadas que se dañan con facilidad con las tormentas. Además, tienen menos recursos para adaptarse, lo que requeriría de medidas costosas como reestructurar ciudades, diseñar costas y cambiar la forma en que las personas cultivan alimentos.
Entre 1961 y 2000, el cambio climático parece haber perjudicado a las economías de los países más pobres, al tiempo que ha impulsado las fortunas de las naciones más ricas, que son las que más han contribuido al problema, haciendo que la brecha de la riqueza mundial sea un 25 por ciento mayor de lo que hubiera sido. Del mismo modo, el Índice de Riesgo Climático Global descubrió que los países de menores ingresos —como Birmania, Haití y Nepal— ocupan los primeros puestos en la lista de naciones más afectadas por el clima extremo entre 1999 y 2018. El cambio climático también ha contribuido a aumentar la migración humana, que se prevé que aumente considerablemente.
Incluso dentro de los países ricos, los pobres y marginados serán los que más sufran. Las personas con más recursos disponen de mayores amortiguadores, como aires acondicionados para mantener sus casas frescas durante las peligrosas olas de calor, y de los medios para pagar las consiguientes facturas de energía. También les resulta más fácil evacuar sus casas antes de las catástrofes y recuperarse después. Las personas con menos ingresos tienen menos de estas ventajas, y también es más probable que vivan en barrios más calurosos y trabajen al aire libre, donde se enfrentan a lo peor del cambio climático.
Estas desigualdades se manifestarán a nivel individual, comunitario y regional. Un análisis de 2017 sobre Estados Unidos encontró que, si todo sigue igual, el tercio más pobre de los condados, que se concentra en el sur, experimentará daños que sumarán hasta el 20 por ciento del producto interno bruto, mientras que otros, en su mayoría en el norte del país, verán ganancias económicas modestas. Solomon Hsiang, economista de la Universidad de California en Berkeley y autor principal del estudio, ha dicho que el cambio climático “puede dar lugar a la mayor transferencia de riqueza de los pobres a los ricos en la historia del país”.
Sin embargo, incluso los “ganadores” climáticos no serán inmunes a todos los impactos climáticos. Los lugares beneficiados se enfrentarán a una afluencia de migrantes. Y como ha demostrado la pandemia del coronavirus, los desastres en un lugar no tardan en propagarse a través de nuestra economía globalizada. Por ejemplo, los científicos esperan que el cambio climático aumente las posibilidades de que se produzcan múltiples malas cosechas al mismo tiempo en diferentes lugares, lo que generaría una crisis alimentaria mundial.
Además, el tiempo más cálido ayuda a la propagación de enfermedades infecciosas y a los vectores que las transmiten, como garrapatas y mosquitos. Algunas investigaciones también han identificado correlaciones preocupantes entre el aumento de las temperaturas y el incremento de la violencia interpersonal, y el cambio climático es ampliamente reconocido como un “multiplicador de amenazas” que eleva las probabilidades de conflictos mayores entre países y dentro de ellos. En otras palabras, el cambio climático generará muchas alteraciones que ninguna cantidad de dinero podrá detener. Lo que podría ayudar es tomar medidas para limitar el calentamiento.
¿Cuánto costaría hacer algo con respecto al cambio climático, y cuánto costaría no hacer nada?
Uno de los argumentos más comunes en contra de tomar medidas agresivas para combatir el cambio climático es que hacerlo acabaría con muchos empleos y paralizaría la economía. Pero esto supone que existe una alternativa en la que no tendríamos consecuencias por el cambio climático. Y por desgracia, no es así. En realidad, no abordar el cambio climático tendría un gran costo, y causaría enormes daños ambientales y sufrimiento humano, mientras que hacer una transición a una economía más ecológica beneficiaría a muchas personas y ecosistemas de todo el mundo.
Comencemos con el costo de abordar el cambio climático. Para mantener el calentamiento por debajo de los 2 grados Celsius —el objetivo del acuerdo climático de París— la sociedad deberá alcanzar la meta de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para mediados de este siglo. Eso requerirá inversiones significativas en cosas como energía renovable, automóviles eléctricos e infraestructura de carga de baterías, sin mencionar los esfuerzos que hay que hacer para adaptarnos a las temperaturas más altas, el aumento del nivel del mar y otros efectos inevitables de los cambios climáticos actuales. Y tendremos que hacer esas modificaciones rápidamente.
Las estimaciones del costo varían mucho. Un estudio reciente reveló que mantener el calentamiento a 2 grados Celsius requeriría una inversión total de entre 4 y 60 billones de dólares, con una estimación promedio de 16 billones de dólares, mientras que mantener el calentamiento a 1,5 grados Celsius podría costar entre 10 y 100 billones de dólares, con una estimación promedio de 30 billones de dólares (para tener una referencia, la totalidad de la economía mundial fue de aproximadamente 88 billones de dólares en 2019). Otros estudios han encontrado que alcanzar el cero neto requerirá de inversiones anuales que van desde menos del 1,5 por ciento del producto interno bruto global hasta un cuatro por ciento. Es bastante, pero está dentro del rango de inversiones históricas energéticas de países como Estados Unidos.
Ahora, consideremos los costos de un cambio climático descontrolado, el cual afectaría más a los más vulnerables. Esto incluye daños a la propiedad y la infraestructura por el aumento del nivel del mar y el tiempo extremo, enfermedades y muertes relacionadas con desastres naturales, contaminación y enfermedades infecciosas, rendimientos agrícolas reducidos y pérdida de productividad laboral debido al incremento de las temperaturas, una menor disponibilidad de agua y mayores costos de energía, la extinción de especies y la destrucción de hábitats. Solomon Hsiang, economista de la Universidad de California, campus Berkeley, lo describe como una “muerte por mil heridas”.
Como resultado, los daños climáticos son difíciles de cuantificar. Moody’s Analytics calcula que incluso 2 grados Celsius de calentamiento le costarán al planeta 69 billones de dólares para 2100, y los economistas esperan que el costo siga aumentando junto con la temperatura. En un estudio reciente, los economistas calcularon que el costo de llegar a 3 grados Celsius de calentamiento (que está en el horizonte con nuestras políticas actuales) equivaldría al 5 por ciento del PIB mundial y 5 grados Celsius, al 10 por ciento. Otra investigación indica que, si continúan las tendencias actuales de calentamiento, el PIB per cápita mundial disminuirá entre un siete y un 23 por ciento para finales de siglo, un golpe económico equivalente a múltiples pandemias de coronavirus cada año. Y algunos temen que estas estimaciones se estén quedando muy cortas.
Ya hay estudios que sugieren que el cambio climático ha recortado los ingresos de los países más pobres hasta en un 30 por ciento y ha reducido la productividad agrícola mundial en un 21 por ciento desde 1961. Los fenómenos meteorológicos extremos también han pasado factura. En 2020, en Estados Unidos, las catástrofes relacionadas con el clima, como huracanes, sequías e incendios forestales, causaron casi 100.000 millones de dólares en daños a empresas, propiedades e infraestructuras, en comparación con una media de 18.000 millones de dólares al año en la década de 1980.
Dado el elevado precio de la inacción, muchos economistas afirman que abordar el cambio climático es un mejor negocio. Es como el viejo dicho: más vale prevenir que lamentar. En este caso, limitar el calentamiento reducirá en gran medida los daños futuros y la desigualdad causada por el cambio climático. También producirá los llamados beneficios colaterales, como salvar un millón de vidas cada año gracias a la reducción de la contaminación atmosférica, y millones más gracias a una dieta más sana y respetuosa con el clima. Algunos estudios incluso consideran que el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París podría crear puestos de trabajo y aumentar el PIB mundial. Y, por supuesto, frenar el cambio climático preservará muchas especies y ecosistemas de los que dependen los seres humanos, y que muchas personas consideran que tienen un valor innato.
El reto es que necesitamos reducir las emisiones ahora para evitar daños en el futuro, lo que requiere grandes inversiones durante las próximas décadas. Y cuanto más nos demoremos, más pagaremos para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. Un análisis reciente reveló que llegar al cero neto para 2050 le costaría a Estados Unidos casi el doble si decidiéramos esperar hasta 2030 en vez de actuar ahora. Pero incluso si no alcanzamos el objetivo de París, la economía sigue siendo un argumento sólido a favor de la acción climática, porque cada grado adicional de calentamiento nos costará más, tanto en dólares como en vidas.
https://www.nytimes.com/es/2021/05/25/espanol/cambio-climatico-pruebas.html


9.
La Tierra más cerca de calentarse 1,5°C en los próximos cinco años
26 de Mayo 2021
Los nuevos datos de la agencia meteorológica de la ONU alertan de un 40% de probabilidades de que el planeta alcance esas temperaturas temporalmente durante este lustro. “Eso significa más deshielo, un mayor nivel del mar y más olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos con mayores repercusiones en la seguridad alimentaria” a. Por otra parte, en 2021 el suroeste de Norteamérica registraría condiciones más secas, y el Sahel y Australia más precipitaciones.
Existe cerca de un 40 % de probabilidades de que, por lo menos en uno de los próximos cinco años, la temperatura media anual del planeta suba temporalmente 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Y esas probabilidades aumentan con el paso del tiempo, advierte un nuevo estudio de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado hoy.
Según el documento Global Annual to Decadal Climate Update (Boletín sobre el Clima Mundial Anual a Decenal), las estadísticas también marcan que es un 90% probable que en el periodo 2021-2025 se observe el año más cálido en la historia registrada. Hasta el momento 2016 ha sido el año más caliente.
“No son meras estadísticas”
Aunque estas previsiones se basan en los nuevos datos recopilados por la OMM, el secretario general de ese organismo de la ONU afirmó que “no se trata de meras estadísticas”.
Petteri Taalas explicó que el estudio muestra que el planeta se acerca “de forma inexorable” al objetivo menos ambicioso del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático mucho antes del plazo fijado.
El Acuerdo de París busca mantener el aumento de la temperatura mundial en este siglo muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, tratando de limitarlo a 1,5 °C
“Es una nueva llamada de atención sobre la necesidad de acelerar la adopción de compromisos mundiales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y lograr la neutralidad en carbono”, enfatizó Taalas.
El responsable de esta agencia de la ONU detalló que el aumento de las temperaturas “significa más deshielo, subida del nivel del mar y más olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos, al igual que mayores repercusiones en la seguridad alimentaria, la salud, el medioambiente y el desarrollo sostenible”.
El experto señaló que en la actualidad, los avances tecnológicos permiten rastrear las emisiones de gases de efecto invernadero hasta sus fuentes, lo que facilita el diseño e implementación de medidas para reducirlas.
Ciclones, más calor, sequía…
El documento también alerta de que, en el mismo lustro 2021-2025, las regiones de latitudes altas y el Sahel recibirían más precipitaciones y habría más ciclones tropicales en el Atlántico que en el pasado reciente.
Otras predicciones apuntan a que el Ártico se caliente más del doble que la media mundial en 2021 respecto al pasado reciente.
Del mismo modo, el suroeste de América del Norte experimentaría condiciones más secas durante el año en curso.
La OMM destacó la necesidad de trabajar en favor de la adaptación climática y recomendó a los países que continúen creando servicios indispensables para esa adaptación en sectores como la salud, el agua, la agricultura y las energías renovables.
Asimismo, instó a las naciones a promover sistemas de alerta temprana que reduzcan las consecuencias negativas de los fenómenos extremos. Actualmente, sólo la mitad de los 193 Estados miembros de la OMM cuenta con ellos y hay una carencia grave de datos meteorológicos, sobre todo en África y en los Estado insulares, lo que mina la exactitud de las alertas.
El Boletín sobre el Clima se elabora cada año con datos de todo el mundo y con los sistemas de predicción de los centros climáticos más avanzados para que los Estados cuenten con información actualizada y científica en la toma de decisiones y elaboración de políticas.
Deterioro acelerado
La publicación recordó que en 2020, uno de los tres años más cálidos que se han registrado, la temperatura media mundial se situó 1,2 °C por encima de los niveles preindustriales de referencia y que se documentó el deterioro acelerado de los indicadores del cambio climático, como la subida del nivel del mar, la fusión de los hielos marinos y los fenómenos meteorológicos extremos, con las graves repercusiones que estos fenómenos tienen en el desarrollo socioeconómico. Lamentablemente, los nuevos datos confirman esa tendencia.
 El jefe de predicción estacional a decenal de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, Adam Scaife, explicó que al evaluar el incremento de la temperatura mundial en el contexto del cambio climático, se analiza la temperatura media del planeta a largo plazo, no los valores medios de años o meses concretos.
Para la elaboración de los pronósticos también se ponderan las variaciones naturales, así como la influencia humana en el clima, a fin de proporcionar las mejores previsiones posibles de la temperatura, la precipitación, la configuración del viento y otras variables en los próximos cinco años.
Los confinamientos por COVID-19, sin impacto en los gases en la atmósfera
Los modelos de pronóstico, no obstante, no toman en consideración los cambios en los niveles de las emisiones de gases de efecto invernadero y aerosoles fruto de las medidas de confinamiento adoptadas a raíz de la pandemia de COVID-19. Hasta la fecha, los efectos de esas medidas en las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero han sido escasos a causa de la presencia prolongada de muchos de ellos en la atmósfera. 
Adam Scaife recalcó que las mediciones de las que se dispone sugieren que en algunos momentos de los próximos años “se superaría transitoriamente el nivel de 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales”. 
Pese a esto, los compromisos nacionales de reducción de emisiones se ubican muy por debajo de lo necesario para alcanzar ese objetivo.
Negociaciones decisivas
La OMM hizo hincapié en la importancia de las charlas sobre el cambio climático que tendrán lugar en noviembre de este año en el marco del 26º período de sesiones de la Conferencia de las Partes (COP26) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
La agencia aseveró que esas negociaciones serán “cruciales y decisivas” para evitar que el cambio climático se salga aún más de control.
https://news.un.org/es/story/2021/05/1492492


10.
Si no actuamos, nos quedamos sin planeta: la ONU lanza un plan a diez años para restaurar los ecosistemas dañados
4 de Junio 2021
La ONU dio este viernes el pistoletazo de salida al Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas. El proyecto calcula que la rehabilitación de aquí a 2030 de unos 350 millones de hectáreas de ecosistemas terrestres y acuáticos degradados generaría nueve billones de dólares en materia de servicios ecosistémicos, y eliminaría de la atmósfera de 13 a 26 gigatoneladas de gases de efecto invernadero
La iniciativa liderada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) destaca que los beneficios económicos de estas operaciones exceden en diez veces el costo de la inversión, mientras que el precio de no actuar “es al menos tres veces mayor que el de la restauración de los ecosistemas”.
La ONU invita a todas las personas a participar deteniendo y revertiendo la degradación de los ecosistemas alrededor del planeta y pide que todas las publicaciones relacionadas con este tema que se promuevan en redes sociales se etiqueten como #GeneraciónRestauración.
La inauguración de hoy, que coincide con la celebración este sábado del Día Mundial del Medio Ambiente, comporta el lanzamiento de una página web dedicada al Decenio y la celebración de un concierto conmemorativo del que formara parte un legendario grupo de artistas como Patti Smith, Ben Harper, Michael Stipe, Dave Mathews, Jack Johnson, así como líderes de todo el mundo, entre ellos el Secretario General de la ONU.

La degradación de la naturaleza ya afecta al 40% de la humanidad
Precisamente, António Guterres alertó en su mensaje por el Día Mundial del Medio Ambiente que la Tierra está alcanzando rápidamente “extremos irreversibles” y que nos enfrentamos a una triple amenaza: la pérdida de la biodiversidad, la alteración climática y el aumento de la contaminación.
“La humanidad lleva demasiado tiempo talando los bosques del planeta, contaminando sus ríos y océanos y arando sus pastizales hasta hacer que caigan en el olvido. Estamos devastando los ecosistemas que sustentan nuestras sociedades”, advirtió.
Agregó que esta pérdida de biodiversidad puede llegar a dejarnos sin los alimentos, agua y recursos que necesitamos para sobrevivir.
“La degradación del mundo natural ya está socavando el bienestar de 3200 millones de personas o, lo que es lo mismo, el 40 % de la humanidad”, apuntó, aunque afirmó que todavía estamos a tiempo de revertir los daños mediante iniciativas como el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas.
El movimiento aunará a gobiernos, empresas, la sociedad civil y la ciudadanía en un esfuerzo sin precedentes por reparar el planeta y servirá para restaurar los ecosistemas impulsando una transformación que ayude a alcanzar todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Guterres calificó esta tarea de “colosal”, ya que implica replantar y proteger bosques, limpiar ríos y mares y hacer más verdes nuestras ciudades.
“Con ello, no solo se protegerán los recursos del planeta, sino que también se crearán millones de empleos de aquí a 2030, se generarán unos ingresos anuales de más de 7 billones de dólares y se contribuirá a eliminar la pobreza y el hambre”.

La contaminación de los suelos amenaza la producción mundial de alimentos
Se sumó al llamado la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que, en el lanzamiento de un nuevo informe, advirtió que el empeoramiento de la contaminación del suelo y la proliferación de residuos amenazan el futuro de la producción mundial de alimentos, la salud humana y el medio ambiente, y requieren una respuesta mundial urgente.
Durante un evento virtual que formaba parte de las celebraciones del Día Mundial del Medio Ambiente y del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas, el director general de la FAO, Qu Dongyu, subrayó la necesidad de adoptar una respuesta coordinada para hacer frente a la contaminación del suelo e impulsar su salud para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.
La directora ejecutiva del PNUMA, Inge Andersen, aludió al Decenio como una oportunidad para el cambio y también pidió una mayor aplicación de las convenciones mundiales sobre el medio ambiente, así como un control a largo plazo para detener la contaminación industrial y el uso de prácticas sostenibles en la agricultura que favorezcan el uso de pesticidas respetuosos con el medio ambiente.
David Choquehuanca, vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, señaló que la tierra está al borde del colapso porque los seres humanos han saqueado la naturaleza e instó a las personas de todo el mundo a replantearse su relación con la Tierra para restablecer el equilibrio y protegerla para las generaciones futuras.
El informe destaca que del año 2000 al 2017 aumentó un 75% el uso de plaguicidas; que durante las últimas décadas ha aumentado significativamente el uso de plásticos en la agricultura; que creció la producción de residuos; y que la producción anual mundial de productos químicos industriales se ha duplicado desde principios del siglo XXI hasta alcanzar unos 2300 millones de toneladas que aumentarían un 85% para 2030.
https://news.un.org/es/story/2021/06/1492922


11.
2021, el año clave contra el cambio climático
Con el regreso de Estados Unidos a la lucha climática y las presiones para la recuperación mundial de los ecosistemas, 2021 será un año decisivo para ganar terreno al cambio climático.
5 de junio 2021
España, con un 75% de su territorio en riesgo de desertificación, podría ser uno de los países más secos para el año 2040.

En mitad del ajetreo de un mundo azotado por la pandemia de la COVID-19,  el medio ambiente parece haber quedado relegado a un segundo plano. Sin embargo, con el regreso de Estados Unidos a la lucha climática y las presiones para la recuperación mundial de los ecosistemas, 2021 será un año decisivo para remar a favor del cambio climático o volcar la balanza hacia la sostenibilidad. En el Día Mundial del Medio Ambiente, los expertos advierten: si no tomamos medidas urgentes y trasversales, será un tsunami aún mayor el que aceche tras esta pandemia mundial.
“El clima extremo combinado con COVID-19 fue un doble golpe para millones de personas en 2020. Sin embargo, la desaceleración económica relacionada con la pandemia no logró frenar los impulsores del cambio climático y la aceleración de los impactos”, afirma la Organización Meteorológica Mundial en su reciente informe Estado del Clima Mundial 2020, actualización del adelanto lanzado el pasado diciembre, 2020, camino de ser uno de los tres años más cálidos registrados.
Como indica, el año 2020 fue uno de los tres años más cálidos jamás registrados. A pesar del enfriamiento que produjo La Niña, la temperatura media global fue de aproximadamente 1,2 ° por encima del nivel preindustrial, que incluye el período entre 1850 y 1900. Continúa por tanto la evolución de los últimos seis años desde 2015, los más cálidos registrados, junto a la década de 2011 a 2020, también la más cálida registrada.
El aumento de las temperaturas de la tierra y los océanos, las concentraciones de gases de efecto invernadero en niveles récord, el aumento del nivel del mar, el deshielo de un 40% de la Antártida, el retroceso de los glaciares, el aumento de los climas extremos y un largo etcétera de cifras que son indicadores clave sobre el estado del clima que continúan su ascenso.
“Este informe muestra que no tenemos tiempo que perder. El clima está cambiando y los impactos ya son demasiado costosos para las personas y para el planeta”, afirma António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas. “Este es el año de la acción. Los países deben comprometerse a generar cero emisiones netas para 2050”.
La Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) cifra en 143 millones los migrantes climáticos que habrá en 2050 a nivel mundial. España, con un 75% de su territorio en riesgo de desertificación, podría ser uno de los países más secos para el año 2040. El ascenso de las cifras del cambio climático retrata un 2021 que se presenta como el momento clave para asumir en su agenda global la emergencia climática a la que nos enfrentamos.
“Han pasado 28 años desde que la Organización Meteorológica Mundial emitió el primer informe sobre el estado del clima en 1993”, afirmó el  secretario general de la OMM, Petteri Taalas. “Si bien la comprensión del sistema climático y la potencia informática ha aumentado desde entonces, el mensaje básico sigue siendo el mismo y ahora tenemos datos de 28 años más”.
El papel de la COVID-19 en el cambio climático
“Todos los indicadores climáticos clave y la información de impacto asociada que se proporciona en este informe destacan el impacto incesante y continuo del cambio climático, una creciente intensificación de eventos extremos y graves pérdidas y daños que afectan a las personas y a la economía”, afirma Taalas. “La tendencia negativa en el clima continuará durante las próximas décadas independientemente de nuestro éxito en la mitigación. Por tanto, es importante invertir en adaptación. Una de las formas más poderosas de adaptarse es invertir en servicios de alerta temprana y redes de observación meteorológica ", afirma Taalas.
En 2020, COVID-19 agregó una dimensión nueva a los peligros relacionados con el clima y el agua, con impactos en la salud y el bienestar. Las restricciones de movilidad, las recesiones económicas y las consecuencias en el sector agrícola exacerbaron los efectos de los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos, aumentando la inseguridad alimentaria y ralentizando la ayuda humanitaria. Además, la pandemia también interrumpió las observaciones meteorológicas, complicando así los esfuerzos de reducción del riesgo de desastres.
Entre las investigaciones que salieron a la luz durante la última cumbre del clima en 2019, la COP25, los expertos alertaron de que el riesgo de que se produzca una ola de calor a día de hoy es hasta cien veces más alto que hace un siglo, según el  Índice de riesgo climático global 2020. En este informe, España escaló nueve puestos en el Índice de Riesgo Climático Global (IRC), que indica el nivel de exposición y la vulnerabilidad a los fenómenos climáticos extremos. Aunque la última cumbre finalizó con la esperanza puesta en la COP26, el escenario provocado por la COVID-19 obligó a posponer el encuentro mundial y acentuó el papel crucial de Glasgow para abordar con la urgencia necesaria la emergencia climática.
Un 75% de España, en riesgo de desertificación
El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) alertaba de que el cambio climático llegaría antes y más fuerte de lo previsto, especialmente en el Mediterráneo, que aumentará un metro su nivel del mar y hasta cinco grados su temperatura para 2100, según alerta un estudio sobre el impacto del cambio climático en la región mediterránea.
Veranos casi cinco semanas más largas que al inicio de la década de los 80 en España, un aumento del 6% de territorio con climas semiáridos, más de 30.000 kilómetros cuadrados, temperaturas cada año más extremas, tanto en máximas como mínimas, así como un incremento del nivel del Mediterráneo estimado en 3,4 milímetros por año.
Las consecuencias de la crisis climática no son un futurible. Aproximadamente 32 millones de personas ya sufren las consecuencias del cambio climático en nuestro país. A nivel global, la ONU cifra en más de 140 millones los migrantes climáticos que habrán tenido que dejar atrás sus hogares para 2050.  
Océanos asfixiados y el deshielo del Ártico
Sequías, clima extremo, hambruna, migraciones climáticas, pérdida de biodiversidad y riesgo de salud pública son tan solo algunas de las consecuencias directas del clima. El Informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante destacaba la urgencia con la que debemos actuar.
“El océano absorbe alrededor del 23% de las emisiones anuales de CO2 antropogénico a la atmósfera y actúa como amortiguador contra el cambio climático. Sin embargo, el CO2 reacciona con el agua de mar, reduciendo su pH y provocando la acidificación del océano”, afirma la COI-UNESCO. “A su vez, esto reduce su capacidad para absorber CO2 de la atmósfera”.
El océano también absorbe más del 90% del exceso de calor de las actividades humanas. En 2019 se registró el aumento de temperatura oceánica más alta registrada, y esta tendencia probablemente continuó en 2020. “La tasa de calentamiento del océano durante la última década fue más alta que el promedio a largo plazo, lo que indica una absorción continua de calor atrapado por los gases de efecto invernadero”, según el Copernicus Marine Service de la UE . A pesar del parón mundial, los principales gases de efecto invernadero que absorben los océanos siguieron aumentando en 2019 y 2020.
El nivel medio global del mar ha aumentado desde 1993 y, recientemente, ha aumentado a un ritmo mayor, en parte debido al derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida. “Desde mediados de la década de 1980, las temperaturas del aire en la superficie del Ártico se han calentado al menos dos veces más rápido que el promedio mundial”, alerta el informe. “Esto tiene implicaciones potencialmente grandes no solo para los ecosistemas árticos, sino también para el clima global a través de diversas reacciones, como el deshielo del permafrost que libera metano a la atmósfera”.
El informe ilustra además cómo el cambio climático representa un riesgo para el logro de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a través de una cadena en cascada de eventos interrelacionados que pueden contribuir a agravar las desigualdades existentes. Además, existe la posibilidad de que se produzcan ciclos de retroalimentación que amenacen con perpetuar el círculo vicioso del cambio climático.
Guiados por el Acuerdo de París, los países “deben presentar, mucho antes de la COP26 en Glasgow, planes climáticos ambiciosos para el año 2030 que recorten las emisiones globales un 45% respecto a los niveles de 2010. Y debemos actuar ya para proteger a las personas contra las consecuencias del cambio climático”, afirmó Guterres.
https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2021/06/2021-el-ano-clave-contra-el-cambio-climatico


12.
Agencia Espacial Europea advierte que hielo del Ártico disminuye el doble de rápido de lo previsto
La agencia además detalló que se necesitan mediciones específicas para conocer el grosor de ese hielo y ver cómo está cambiando el volumen real.
10 de Junio de 2021
El espesor del hielo marino de las regiones costeras del Ártico podría estar reduciéndose dos veces más rápido de lo que se pensaba, alertó la Agencia Espacial Europea (ESA) este jueves en un comunicado sobre los resultados del análisis de datos de los satélites CryoSat y Envisat. "La disminución del hielo en la Tierra es, sin duda, una de las mayores víctimas del cambio climático. Sin embargo, calcular la cantidad de hielo que estamos perdiendo es un reto", destacó la ESA.

"El grosor del hielo marino es un indicador sensible de la salud del Ártico. Un hielo más grueso actúa como una manta aislante, al impedir que el océano caliente la atmósfera en invierno y protegiéndolo de los rayos del sol en verano"
Robbie Mallett

La agencia europea explicó que si bien hacer el seguimiento de la superficie terrestre y oceánica cubierta por el hielo es sencillo, gracias a las imágenes de los satélites, se necesitan mediciones específicas para conocer el grosor de ese hielo y ver cómo está cambiando el volumen real. Los autores de un estudio publicado recientemente en la revista The Cryosphere, indicaron que el dispositivo que se venía utilizando había quedado obsoleto y ha sido reemplazado por un nuevo modelo informático que calcula la profundidad y la densidad combinando datos de temperatura del aire, nevadas y movimiento del hielo. Con los resultado del mapa de nieve y las observaciones de radar de CryoSat y Envisat, los científicos calcularon la tasa global de disminución del espesor del hielo marino así como la variabilidad del adelgazamiento de un año a otro. Su conclusión es que ese hielo se está reduciendo a un ritmo entre un 70 % y un 100 % superior al que se había estimado. En las zonas costeras de Laptev, Kara y Chukchi, la disminución alcanza, respectivamente, el 70 %, el 98 % y el 110 %. "El grosor del hielo marino es un indicador sensible de la salud del Ártico. Un hielo más grueso actúa como una manta aislante, al impedir que el océano caliente la atmósfera en invierno y protegiéndolo de los rayos del sol en verano", explicó el investigador Robbie Mallett, de la Universidad College de Londres. Mallet señaló que los últimos cálculos del grosor del hielo marino se remontaban a un mapa de nieve de hace 20 años. La profesora Julienne Stroeve, del Centro de Observación y Modelización Polar (CPOM), consideró que este trabajo podría utilizarse para evaluar mejor las proyecciones de los modelos climáticos sobre los efectos del calentamiento global en el Ártico. Esta región "se está calentando a un ritmo tres veces superior al mundial y cuyos millones de kilómetros cuadrados de hielo son esenciales para mantener fresco el planeta", añadió.
https://www.emol.com/noticias/Tecnologia/2021/06/10/1023449/artico-disminuye-doble-rapido.html


13.
Alemania superó sistemáticamente los límites de NO2 según la Justicia europea
Alemania superó de manera sistemática y persistente los valores límite para el dióxido de nitrógeno (NO2) entre 2010 y 2016, indicó este jueves el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE).
03 de junio 2021
La corte, con sede en Luxemburgo, señaló este jueves (3.06.2021) en una sentencia que el país incumplió su obligación de adoptar a su debido tiempo medidas adecuadas para que el período de superación fuera lo más breve posible en hasta 26 zonas afectadas.
De ese modo, Alemania incumplió la directiva relativa a la calidad del aire al superar de manera sistemática y persistente, desde el 1 de enero de 2010 hasta 2016 inclusive, el valor límite anual fijado para el dióxido de nitrógeno (NO2) en 26 de las 89 zonas y aglomeraciones evaluadas, entre ellas Berlín, Stuttgart, Tubinga, Friburgo, Múnich, Kassel, Hamburgo, Colonia o Düsseldorf.
El Tribunal apuntó igualmente que Alemania incumplió la directiva al superar de manera "sistemática y persistente", durante el mismo período, el valor límite horario fijado para el NO2 en dos de estas zonas: las aglomeraciones de Stuttgart y la de I Rin-Meno.
Al no haber adoptado, a partir de junio de 2010, medidas adecuadas para garantizar el respeto de los valores límite fijados para el NO2 en el conjunto de las zonas controvertidas, Alemania no cumplió con sus obligaciones de acuerdo a la directiva y, en especial, la de prever medidas adecuadas para que el período de superación de los valores límite sea lo más breve posible.
Así, el Tribunal estimó en su totalidad el recurso interpuesto por la Comisión Europea y desestimó la alegación alemana de que la superación de los valores límite era imputable esencialmente a las propias omisiones de la Comisión.
Alemania considera que Bruselas fue negligente por no lograr proponer una legislación eficaz para limitar las emisiones de NO2 por los vehículos que funcionan con gasóleo, los que tienen más problemas para cumplir con los límites fijados por la directiva.
En cambio, la corte recordó en su fallo que los vehículos de motor no son la única causa de las emisiones de NO2 y que la normativa de la UE aplicable a su homologación no puede exonerar a los Estados miembros de su obligación de cumplir los valores fijados por la directiva.
https://www.dw.com/es/alemania-super%C3%B3-sistem%C3%A1ticamente-los-l%C3%ADmites-de-no2-seg%C3%BAn-la-justicia-europea/a-57768849


14.
"La Antártica está llegando a umbrales críticos":
Expertos advierten del impacto de la crisis climática en el continente blanco El trabajo "Crisis Climática y Resiliencia del Océano Austral", publicado por el Instituto Polar del Wilson Center, afirmó que los cambios en esta región podrían "exacerbar de manera desproporcional" la crisis climática global en el corto plazo.

15 de Junio de 2021
Mientras los países miembros del Tratado Antártico llevan a cabo su reunión consultiva, un grupo de expertos científicos advirtió que la crisis climática está empujando a esta región, que conecta todas las cuencas oceánicas y hace que el planeta sea habitable, hacia varios puntos de inflexión que tendrán repercusiones globales para la humanidad y la biodiversidad. El trabajo "Crisis Climática y Resiliencia del Océano Austral", publicado el lunes por el Instituto Polar del Wilson Center, estudia el impacto que ha tenido en la Antártica las presiones climáticas causados por el hombre, las que tendrán efectos importantes para todo el planeta, producto del rol protagónico de la región en la regulación de los sistemas terrestres.
Estos cambios, concluye el estudio, podrían "exacerbar de manera desproporcional" la crisis climática global en el corto plazo y alterar la red de vida en el Océano Austral, con repercusiones en la resiliencia y sustentos costeros alrededor del mundo. "La Antártica está llegando a umbrales críticos y la vida en el mundo está en línea directa de los efectos cascada. La protección de las áreas que están en más riesgo debido a la crisis climática, como la Península Antártica, no sólo nos ayudará a revivir la biodiversidad allí, sino que también ayudará a estimular la resiliencia de los ecosistemas marinos lejanos", afirmó Andrea Capurro, investigadora visitante en la Universidad de Boston y co-autora del informe. La experta aseguró que, una protección de la zona también "nos permitirá monitorear los efectos a largo plazo de los estresores humanos, como la pesca. De esta manera, al nutrir su salud, estamos nutriendo la nuestra. Al desarrollar su resiliencia a la crisis climática, estamos estimulando la nuestra". Riesgos y soluciones El informe identificó una serie de procesos naturales que están riesgo en la Antártica que impactarán a nivel global, como el aumento en las temperaturas del océano, causando el colapso del casquete de hielo y el aumento del nivel del mar global en varios metros; los cambios al hielo marino que provocan la pérdida de hábitats y biodiversidad vitales; o cambios en la química del océano, con un aumento en la absorción de dióxido de carbono provocando la acidificación y posible interrupción de las redes tróficas. El estudio también alerta sobre cambios al secuestro regional de carbono por medio del intercambio de carbono entre la atmósfera, plantas y animales, y el océano (un proceso conocido como la bomba biológica de carbono) y la alteración en las dinámicas de los ecosistemas y especies, que provoca pérdida de la biodiversidad, alteración de procesos biológicos, cambios en las distribuciones geográficas de las especies y cambios en la dinámica de la red trófica, tanto regional como globalmente.
"Los científicos nos están diciendo que la Antártica juega un papel vital en el futuro de nuestro planeta y tienen un argumento convincente para que las organizaciones que gestionan la diplomacia antártica incorporen las consideraciones climáticas a su trabajo", dijo Evan Bloom, investigador senior en el Instituto Polar del Wilson Center y antiguo jefe para Política Exterior Antártica de Estados Unidos en el Departamento de Estado del país norteamericano. "Ha quedado claro que, como parte del manejo de la crisis climática, el establecimiento de una red circumpolar de áreas marinas protegidas en el Océano Austral, entre otras acciones de gestión, contribuirá de gran manera a la ciencia climática y ayudará a desarrollar políticas relacionadas con el clima para todo el planeta", asegura el texto. En esa línea, el informe aboga por que la Comisión para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR, por sus siglas en inglés), tenga más en cuenta la crisis climática en las medidas que adopte bajo el Sistema del Tratado Antártico. Entre esas iniciativas, los expertos sugieren expandir las protecciones del hábitat creando una red circumpolar de áreas marinas protegidas alrededor de la Antártica e incorporar las consideraciones de la crisis climática en las actuales políticas de gestión de pesca.
Asimismo, plantean que se implemente un programa de trabajo de respuesta a la crisis climática y corregir la estrategia preventiva en su toma de decisiones para prevenir los cambios irreversibles a las especies que se encuentran en sus aguas. "Los gobiernos tienen la oportunidad de promover estrategias de mitigación del cambio climático al priorizar los esfuerzos de conservación de la Antártica. Debido a la importancia de la Antártica para toda la vida en la Tierra, hacemos un llamado a los estados miembros de la CCRVMA para proteger nuestro futuro estableciendo una red globalmente coordinada de áreas marinas protegidas alrededor de esta región polar estresada, para que pueda desarrollar una resiliencia completa ante las actuales amenazas climáticas, por el bien de toda la vida en la Tierra", afirmó Andrea Kavanagh, directora de los esfuerzos de conservación de la Antártica y el Océano Austral de The Pew Charitable Trusts.
https://www.emol.com/noticias/Internacional/2021/06/15/1023955/crisis-climatica-antartica-advertencia-expertos.html


Amiga, Amigo:

La realidad acá expuesta me deja un sabor amargo. Es como desheredar a las nuevas generaciones a las que les hemos dejado un futuro por decir lo menos incierto...






Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Junio de 2021
Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net