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La muerte para los antiguos egipcios

Los egipcios tenían la creencia de que cada ser humano tenía un cuerpo físico y un “ka”, la fuerza inmaterial que continuaba viva después de que el cuerpo haya perecido, un equivalente a lo que conocemos como alma.
-I-
La muerte para los egipcios
La muerte para los egipcios no tenía el mismo significado que para el resto del mundo, ellos no creían que hubiese algo más importante que poder alcanzar la vida eterna y hacían todo lo que estaba en sus manos para poder conseguirlo.
En el antiguo Egipto los hechizos, rituales, construcciones de tumbas magnánimas y procesos para embalsamar a los muertos eran solicitados por todos los ciudadanos pudientes que anhelaban llegar al reino de Osiris. Las personas que mayor poder económico tenían, no escatimaban en gastos para asegurarse un pasaje a la vida eterna.
Los egipcios tenían la creencia de que cada ser humano tenía un cuerpo físico y un “ka”, la fuerza inmaterial que continuaba viva después de que el cuerpo haya perecido, un equivalente a lo que conocemos como alma.
El Ka de una persona podía necesitar el mismo sustento que un ser vivo, entretenimiento y herramientas de trabajo, razón por la que se le propiciaba a los difuntos de todas estas cosas en sus tumbas.
Paralelamente a esto, Ka podría necesitar unirse a su cuerpo físico, es por ello que los egipcios momificaban a sus muertos para que puedan alcanzar la vida eterna después; pero cabe destacar que ellos sabían que el cuerpo material no podía hacer el paso desde este mundo al inmaterial, es por ello que el “Ba” (su personalidad) era la que lo hacía. Una vez que el Ba y el Ka se unían podían hacer el viaje final hacia el cielo donde el difunto resucitaba como “Akh”, espíritu, y podía vivir por siempre.
Un dato curioso es que los egipcios menos pudientes no podían pagar los servicios de un «momificador» porque eran demasiado costosos, éstos al momento de perecer se los enterraba en fosas comunes en donde el mismo calor y el clima húmedo del desierto los momificaba de forma natural.
El Libro de los Muertos era crucial en la creencia egipcia sobre la muerte y la vida eterna, este escrito fue el resultado de la evolución de “Textos de las Pirámides” del Imperio Antiguo, los escritos funerarios más viejos de todo el mundo. En un principio los hechizos y rituales que detallaba eran escritos con exclusividad en las paredes de las tumbas de los egipcios de clase alta, mientras que durante el Imperio Medio se los ofrecía también a toda persona que pudiese pagarlos, y se los grababa dentro de los sarcófagos para que el difunto pudiese “leerlo”.
Los textos grabados en estos sarcófagos dieron origen al que hoy se conoce como “El libro de los muertos”, usado en el Imperio Nuevo.
https://sobreegipto.com/2011/04/01/la-muerte-para-los-egipcios/

-II-
A propósito de los cuerpos e imágenes habitados; La muerte en el antiguo Egipto.
La muerte y las ceremonias que la rodean son el momento privilegiado para la aparición de las “imágenes habitadas”; imágenes que, en el contexto de un ritual dado, se convierten en espacios capaces de albergar la presencia del individuo fallecido. En el antiguo Egipto, donde la muerte ocupaba un lugar central dentro de su sistema creencias –o, al menos, es una de las partes más destacadas que nos ha llegado–, se pueden localizar ejemplos de gran elocuencia a través de los cuales comprobar este funcionamiento simbólico de la imagen. El cuerpo muerto, inerte, era la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y, también, era uno de los vehículos con el que se debía cruzar el mágico umbral. El muerto, cuando abandonaba el cadáver, podía disponer de numerosos recursos que le permitían moverse a lo largo de las múltiples pruebas que le aguardaban. También podía entrar en contacto con los vivos por medio de recursos como los sueños o las imágenes que le servirían de morada para su ba o akh. En el sortilegio 65 del Libro de los muertos se puede leer: “He salido en la forma de un akh viviente a quien la gente común en la tierra adora”[1]. Ese akh  viviente, que podía habitar en las estatuas que acompañaban al muerto en su tumba, era sólo una de las manifestaciones espirituales que poseían los egipcios. En la tradición cristiana normalmente se recurre al alma o al espíritu para aludir a la forma etérea que se contrapone al cuerpo físico; por el contrario, los antiguos egipcios disponían de un sistema de manifestaciones post mortem mucho más complejo.
Veamos rápidamente algunas de sus características generales no tanto para ahondar en la compleja religión egipcia, sobre lo cual existe una abundantísima bibliografía, sino para ver cómo, desde las religiones más antiguas, el uso de imágenes habitadas (cargadas de presencias) en contextos mortuorios resulta de lo más común y se acompaña de un ceremonial extraordinariamente complejo. Aunque nos pueda resultar sorprendente, en realidad (parafraseando a Latour), “nunca fuimos modernos” con relación a las imágenes y, aún hoy, perpetuamos usos y prácticas que presentan conexiones inesperadas con los usos del pasado, por lejano que nos parezca. En Egipto estaba ampliamente extendida la idea de que las imágenes podían estar habitadas por los dioses o por otras instancias supraterrenales. El ejemplo más claro lo encontramos en el ritual de apertura de la boca. Se trata de un ritual muy antiguo que en sus inicios estaba dedicado a la animación o vivificación de la estatua mortuoria, pero después fue extendiéndose su uso a todo tipo de objetos desde las ofrendas hasta los propios templos.
Esta práctica “transformaba la estatua manufacturada por los artesanos en un cuerpo cultual capaz de ser animado por un dios o un espíritu ancestral en el marco de unas acciones sagradas" Aunque hay muchos elementos divergentes, presenta en sus bases una conexión clara con el ritual de lavado de boca mesopotámico (del que tendremos ocasión de hablar en otras entradas). En ambos, las figuras eran animadas en un marco sagrado y se convertían así en receptáculos para las deidades u otras manifestaciones de orden divino.
La muerte para los egipcios suponía una auténtica fragmentación del individuo en cuerpo y espíritu. La parte espiritual que se refería al personaje en vida estaba formada por el ba, el ka, el corazón ib, el nombre, la sombra y el akh, a lo que se sumaba el cadáver, las estatuas del difunto y, más tarde, el cuerpo momificado. Todo este despliegue de realidades materiales y etéreas se combinaban con otras igualmente importantes como las tablas votivas, las estelas, la propia tumba y el desarrollo del ceremonial. El cuerpo momificado reemplazaba el cadáver y sus atributos faciales quedaban expresados en la lujosa máscara que cubría el rostro. El ba, tradicionalmente traducido de forma simplista como “alma”, era la esencia misma del individuo que tenía una capacidad extraordinaria para desplazarse por el mundo ultraterreno y para comunicarse con el cuerpo muerto, con los vivos o con los dioses, de ahí que en ocasiones cobrara la forma de halcón. También podía incluso tomar forma humana y aparecer en lugares diversos, pero el resto del tiempo permanecería unida al cadáver momificado. La momia, por tanto, era el gran receptáculo que debía preservarse por encima de todo. El miedo a que el ba pudiera huir quedaba expresado en el sortilegio 89 del Libro de los muertos, en el que se indicaba que debía ponerse un amuleto de oro y piedras preciosas en el pecho de la momia para evitarlo. Pero, como recuerda el egiptólogo Jan Assman, “la separación del ba del cadáver era uno de los objetivos de los rituales de transfiguración, y era parte de la transformación del muerto en espíritus ancestrales transfigurados”
Todos estos receptáculos de las formas espirituales cumplían una función precisa, pero no eran los espacios en los que descansaría para la eternidad la presencia espiritual del individuo muerto. Esta idea, tan desarrollada en multitud de culturas, nos permite sospechar que, en el fondo, lo que se está poniendo en evidencia es el poder que tienen las imágenes para trascender la mera materialidad formal que las define. Su materialidad posibilita una interacción con el sujeto, y la forma concreta de ésta activa una determinada experiencia en la que emerge la presencia. Ésta, por tanto, no es sino el resultado de una experiencia en el contexto de un ritual codificado por la tradición. La presencia puede ser de naturaleza sumamente variada y, además, la forma no siempre tiene que corresponderse con la presencia evocada de forma mimética.
https://postmortem.hypotheses.org/461


El Libro de los muertos fue una obra fundamental de la cultura del antiguo Egipto. Era un texto muy extenso: algunos ejemplares conservados en rollos de papiro alcanzan cuarenta metros. ... Pero, para los egipcios, el valor de este texto era incalculable, ya que sus fórmulas permitían a los difuntos alcanzar el Más Allá.


-III-
El Libro de los muertos de los egipcios
Los antiguos egipcios se hacían enterrar acompañados por una serie de fórmulas mágicas para viajar por el Más Allá
El Libro de los muertos fue una obra fundamental de la cultura del antiguo Egipto. Era un texto muy extenso: algunos ejemplares conservados en rollos de papiro alcanzan cuarenta metros. También era un producto caro, por el que se podía pagar un deben de plata, la mitad de la paga anual de un campesino. Pero, para los egipcios, el valor de este texto era incalculable, ya que sus fórmulas permitían a los difuntos alcanzar el Más Allá.
Tales fórmulas se inscribían en rollos de papiro y en las vendas de lino de las momias, las paredes de las tumbas, los sarcófagos y los elementos del ajuar funerario del difunto. Sin ellas, la persona fallecida podía sufrir una segunda muerte que significaría su total aniquilación.
Era el sacerdote quien recitaba las primeras fórmulas del Libro durante la ceremonia funeraria, cuando se trasladaba el sarcófago a la tumba. Una vez allí, se practicaban rituales para revitalizar los sentidos, entre los que se contaba el de la apertura de la boca, por el que se abrían mágicamente los ojos, las orejas, la nariz y la boca del difunto, quien, una vez recuperados los sentidos, emprendía su viaje por el Más Allá. Para los egipcios éste era un momento de esperanza, como se expresa en la fórmula nueve del Libro de los muertos, que los egipcios llamaban Libro para la salida al día: "He abierto los caminos que están en el cielo y en la tierra, porque soy el bienamado de mi padre Osiris. Soy noble, soy un espíritu, estoy bien pertrechado. ¡Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mí!".
Los egipcios creían que el difunto emprendía un viaje subterráneo desde el oeste hacia el este, como Re, el sol, que tras ponerse vuelve a su punto de partida. Durante ese trayecto el fallecido, montado en la barca de Re, se enfrentaría a seres peligrosos que intentarían impedir su salida por el este y su renacimiento.
El peor de ellos era Apofis, una serpiente que trataba de impedir el avance de la barca solar con el objeto de romper el Maat, la justicia y el orden cósmico, y forzar el caos. Apofis cada día amenazaba a Re durante su viaje subterráneo. Una fórmula del Libro de los muertos se refiere al encuentro con el temible reptil: "Que seas sumergido en el lago del Nun, en el lugar establecido por tu padre para tu destrucción. […] ¡Retrocede! ¡Se destroza tu veneno!". El fallecido podía adquirir las propiedades de varias divinidades y luchar contra los enemigos, como muestra un pasaje de la fórmula 179: "Me ha sido concedida la gran Corona Roja y salgo al día contra mi enemigo, para capturarlo, porque tengo poder sobre él. [...] Me lo comeré en el Gran Campo, sobre el altar de Wadjet, porque tengo poder sobre él, como Sekhmet, la grande".
El juicio del alma
Finalmente, el difunto llegaba a un laberinto, protegido por una serie de veintiuna puertas, aunque otro pasaje del Libro dice que son siete. Ante cada una de ellas, el difunto debía pronunciar un texto determinado, mencionando el nombre de la puerta, del guardián y del pregonero. En cada ocasión, la puerta le decía: "Pasa, pues eres puro".
Una vez pasado el laberinto, el difunto llegaba a la Sala de la Doble Verdad para que un tribunal formado por 42 jueces y presidido por Osiris evaluara su vida. Ante los dioses hacía la "confesión negativa", en la que citaba todas las malas acciones que no había cometido, según se recoge en la fórmula 125: "¡Yo os conozco, Señores de Verdad y Justicia! Yo os traigo lo Justo y he acabado con el mal. Yo no he hecho daño a los hombres. Yo no he oprimido a mis consanguíneos. Yo no he sido mentiroso en lugar de ser verídico. Yo no me he enterado de traiciones. Yo no he sido malvado. Como Jefe de hombres, yo no he hecho trabajar a ninguno cada día más de lo requerido".
Tras la confesión, llegaba el momento culminante del juicio, aquél en que se procedía a pesar el corazón del difunto. En un plato de la balanza, sostenida por Anubis, dios chacal de la momificación, se colocaba una pluma de avestruz, la pluma de Maat, que simbolizaba la justicia; en el otro plato se depositaba el corazón, que simbolizaba las acciones realizadas por cada persona. El difunto se salvaba cuando la pluma y el corazón quedaban en equilibrio.
Tanta importancia se atribuía al pesaje del corazón que los egipcios elaboraban un amuleto específico, el escarabeo del corazón, que, como su nombre indica, se colocaba sobre el corazón del difunto durante el proceso de momificación. En el reverso del amuleto se inscribía siempre la fórmula 30 del Libro para que, en el momento del juicio final, el corazón no traicionara al difunto. "¡Oh, mi corazón de [mi] madre! ¡Oh, mi corazón por el cual existo en la tierra! ¡No te levantes contra mí como testigo! ¡No te opongas contra mí entre los Jueces! ¡No estés contra mí delante de los dioses! ¡No seas intransigente contra mí delante del gran dios Señor del Occidente!".
Finalmente, los dioses proclamaban su veredicto. Aquellos cuyos corazones hubieran pesado demasiado en la balanza eran considerados impuros y condenados a toda clase de castigos: sufrían hambre y sed perpetuas, eran quemados al atravesar un lago o cocidos en un caldero, una bestia salvaje los devoraba... Los justificados, en cambio, tenían motivos para felicitarse. "Aunque yazgo en la tierra, yo no estoy muerto en el Occidente porque soy un Espíritu glorificado para toda la eternidad", dice una fórmula del Libro de los Muertos. Ante ellos se abría el paraíso de los egipcios.
El trabajo en el Más Allá
El mundo de ultratumba en el que vivirían los difuntos virtuosos se conocía como Campos de Ialu o Campo de Cañas. Los egipcios lo imaginaban como un lugar muy parecido a Egipto, con ríos, montañas, caminos, cuevas y campos muy fértiles, en los que crecía la cebada hasta los cinco codos de altura. El difunto, sin embargo, debía preocuparse por obtener su sustento. Aun siendo un "glorificado", según decía una fórmula del Libro de los muertos, tenía que "arar y segar, comer y beber, y realizar todas las cosas que se hacen en la tierra". Eso sí, para ello podía contar con la ayuda de un ejército de sirvientes, representados en unas características estatuillas, los ushebtis, siempre presentes en el ajuar funerario y que por el poder de la magia se convertían en criados.
Cada figurita tenía los brazos cruzados y sostenía en las manos aperos agrícolas. En la parte inferior se inscribía una fórmula del Libro de los muertos: "Fórmula para que los ushebtis realicen los trabajos en la Necrópolis. Osiris [nombre del difunto] justificado tiene que decir: ¡Oh ushebti! Se ha llamado al Osiris [nombre del difunto] justificado a realizar cualquier trabajo que ha de realizarse en la Necrópolis [...] Decid “estoy aquí” cuando se os llama".
Disfrutar de la vida eterna
Una de las cosas que más temía el difunto era tener que comer sus propios excrementos, como los condenados en el tribunal de la Doble Verdad. Así se expresa en la fórmula 53, en la que el fallecido se asimilaba a los dioses: "Lo que yo detesto son las porquerías. ¡Que yo no deba beber cosas fétidas, que yo no deba avanzar al revés! Yo soy poseedor del pan en Heliópolis, que tiene el alimento en el cielo con Re y alimento en la tierra con Geb".
Una última preocupación del difunto era mantener intacto su cuerpo. La momificación permitía que éste se conservara, pero no estaba de más la ayuda de la magia. Por eso era frecuente que las vendas que envolvían la momia llevaran inscrita la fórmula 154 del Libro para prevenir la descomposición: "Yo vengo para embalsamar a esos miembros míos. Este cuerpo mío no se descompone. Yo estoy intacto como mi padre Osiris-Khepri que es la imagen [mía], aquel cuyo cuerpo no se descompone. Ven, toma posesión de [mi] soplo, señor de la respiración, supremo entre su Similar. Hazme estable, fórmame, tú, Señor del sarcófago. Otorga que yo pueda caminar para la eternidad como haces tú cuando estás con tu padre Atum, cuyo cuerpo no se corrompe nunca, aquel que no conoce destrucción".
Otro pasaje resume las recompensas que el difunto podía recibir del correcto uso de sus fórmulas. "Si este texto es conocido en la tierra [o] lo hace inscribir en su sarcófago, él podrá salir cada día que le plazca y regresar a su morada sin dificultades. Le serán entregados pan y cerveza y cantidades de carne sobre el altar de Re. Será alojado en los Campos de Ialu donde le será entregado grano y cebada: será venturoso como lo fue en la tierra".
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/libro-muertos-egipcios_6238


-IV-
Qué ocurre tras la muerte, según los egipcios
La pregunta es fundamental, y las reacciones culturales e individuales a la misma son de una diversidad sorprendente. El Antiguo Egipto desarrolló una de las ideologías más ricas ante la cuestión.
20 de agosto de 2020
“¿Qué ocurre tras la muerte?”. Es la pregunta que sustenta la condición humana: la que nos hace la única especie consciente de su propio fin; y quizás también, como pensaba Martin Heidegger, la pregunta generadora de toda cultura humana. Por muy única que sea la pregunta, las reacciones culturales (e individuales) a la misma son de una diversidad sorprendente.
La cultura del antiguo Egipto desarrolló una de las ideologías más ricas y asombrosas como reacción a esa cuestión: no tanto la creencia en una vida post-mortem, que comparte con otras muchas culturas, sino más bien la especificidad de esa existencia post-mortem.
Mantener la identidad tras la muerte
Esa especificidad se manifiesta de muchas maneras, todas ellas relacionadas entre sí. La conservación del cadáver a través de la momificación; la construcción de una tumba personal; la redacción de textos inscritos en dicha tumba (ya sea en sus muros, ataúdes, sarcófagos o papiros dentro del ataúd); la fabricación de un ajuar propio del difunto (ataúdes y sarcófagos, máscara funeraria, objetos domésticos, estatuillas de sirvientes); la realización de estelas en la zona de contacto de la tumba con los vivos, a manera de documento perenne de intercomunicación entre vivos y muertos.
Todos estos elementos se refieren al mantenimiento de la identidad del difunto. Todos abordan una cuestión ontológica: ¿quién es el muerto y cómo identificarlo con el vivo que fue? Esta cuestión se reduce, en último término, a la cuestión de cómo se mantiene la continuidad ontológica entre la vida y la muerte.
Para la mentalidad egipcia, esta cuestión es eminentemente práctica y social: el egipcio forma parte de un grupo social o no es. Esta solidaridad entre individuos debe mantenerse para que la existencia permanezca. Por ello, es fundamental conservar la identidad de cada individuo, de manera que sus asociados lo puedan reconocer y contactar.
Esos asociados son, por supuesto, su familia; pero no sólo ella, sino también las “partes psíquicas” (a falta de un término adecuado) en las que el individuo se divide cuando muere: ante todo, el ka (o “doble”), que reside en la tumba y cuya función es recibir las ofrendas de los vivos, y el ba, que transita de la tumba al mundo de los vivos en forma de pájaro, cada día; pero también, la sombra y el nombre del difunto.
Por muy complejos que estos procesos puedan parecernos, se ajustan a una lógica de solidaridad social e identidad individual dentro del grupo. Pero al difunto le afectan otros dos procesos en el antiguo Egipto: su cambio en una entidad distinta (llamada aj) que triunfa sobre la muerte; y una serie de cambios en otras entidades (animales, plantas, dioses). Estos dos procesos son distintos por lo que significan y por cómo se hacen.
Transfiguración en un ‘aj’
El difunto resulta “transfigurado” en un aj mediante la realización de unos ritos, llamados saj (“transfiguración”, literalmente “hacer un aj”), por parte de un oficiante, prototípicamente el primogénito del difunto. Una vez convertido en aj, el difunto se convierte en una entidad “brillante” y “eficaz” (es lo que significa aj), viviendo en el horizonte, divinizado, y actuando a favor de sus asociados en la tierra. La transfiguración parece ser un proceso de uno a uno: es decir, que el difunto mantiene su identidad después de la transfiguración.
Gran parte de la información de que disponemos procede del material escrito sobre todo en el interior de los ataúdes y sarcófagos del reino medio del antiguo Egipto (hacia 2000-1500 a.e.C.), y que se conoce como Textos de los Ataúdes: 50 capítulos (o “fórmulas” como los egiptólogos las suelen llamar) de ese corpus se refieren a ese proceso.
Las transformaciones del difunto
Por otro lado, el difunto sufre una serie de transformaciones post-mortem. Aparentemente, nadie se las causa, sino que le ocurren. Estas transformaciones, tal y como se describen en 85 capítulos de los Textos de los Ataúdes, son de una gran diversidad y complejidad: el difunto se transforma en animales como una golondrina, un toro, halcones (incluido un halcón “humano”) o una pulga, plantas como el trigo del delta, cosas como viento o la llama, dioses como el rey del cielo, o bas de dioses.
Un asunto de esencial importancia que hay que dirimir precisamente es si las transformaciones le ocurren al difunto o a una parte del mismo (en particular, a su ba). En cualquier caso, no parece ser que estén relacionadas con la entidad aj. Complicada es también su interpretación: si la transfiguración en aj parece asegurar el triunfo del difunto sobre la muerte, ¿para que servían entonces las transformaciones?
Sobre transfiguraciones y transformaciones
Por ello, la pregunta fundamental que queda por responder es cuál es la relación entre ambos procesos (transfiguración y transformaciones), si es que la hay. El proyecto Mortexvar (Earlier Egyptian Mortuary Text Variability) plantea por vez primera un estudio conjunto de ambos procesos (transfiguraciones y transformaciones) a partir del material de los Textos de los Ataúdes. El estudio gira en torno al concepto de variabilidad en ese corpus. Se analizarán variaciones de muy distinto tipo (lingüísticas, de escritura, textuales, religiosas) que puedan ser relevantes para entender esos dos grupos de textos en su dispersión geográfica y temporal, así como en su colocación dentro de cada uno de los documentos en que aparecen.
https://elpais.com/elpais/2020/08/20/africa_no_es_un_pais/1597912064_217014.html


Amiga, Amigo:

Resumiendo: La muerte para los egipcios no tenía el mismo significado que para el resto del mundo, ellos no creían que hubiese algo más importante que poder alcanzar la vida eterna y hacían todo lo que estaba para poder conseguirlo. 

Según la tradición del Antiguo Egipto, el final del viaje al más allá terminaba en un juicio en el cual el corazón era pesado en una balanza (psicostasis). En uno de los platos de la balanza se colocaba el corazón, en el otro una pluma de avestruz, símbolo de la diosa Maat. Si el corazón pesaba más que la pluma significaba que el muerto estaba lleno de culpas y no había actuado correctamente y, en consecuencia, debía ser devorado por Ammit, una bestia mitológica. Se trataba de una diosa con cabeza de cocodrilo, cuartos delanteros de león y cuartos traseros de hipopótamo. En caso contrario, se entendía que el difunto había realizado una vida justa y estaba preparado para renacer en el más allá. A la derecha de la balanza se encontraría Thot, el dios de la sabiduría, representado con cabeza de ibis, que certificaría el resultado del pesaje transcribiéndolo en una tablilla (está claro que en el antiguo Egipto era mejor tener el corazón pequeño).

El cuerpo muerto, inerte, era la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y, también, era uno de los vehículos con el que se debía cruzar el mágico umbral. El muerto, cuando abandonaba el cadáver, podía disponer de numerosos recursos que le permitían moverse a lo largo de las múltiples pruebas que le aguardaban.

Los antiguos egipcios creían en la vida después de la muerte. Pensaban que el alma del difunto viajaba al más allá en espera del cuerpo, por eso había que conservarlo en buen estado, pues era imprescindible que el cuerpo de una persona no se descompusiera después de la muerte, ya que según las creencias de los egipcios, la desaparición del cuerpo llevaba consigo la pérdida de la vida eterna del alma, que se basaba en la antigua creencia de que el hombre estaba compuesto de:
—Un cuerpo mortal.
—Dos elementos, más o menos espirituales, independientes del cuerpo:

  1. El ba, es una fuerza anímica, componente de la parte espiritual del hombre, la fuerza animada de cada ser fallecido, personalidad espiritual manifestada una vez acaecida la muerte.
  2. El ka, es la fuerza vital, un componente del espíritu humano, una pizca del principio universal e inmortal de la vida

La momificación transformaba el cuerpo humano en un hogar eterno para el espíritu, con el fin de permitir que el fallecido pudiera alcanzar la deseada vida después de la muerte.

A manera de complemento de esa milenaria Enseñanza sobre la Muerte os dejo:

La experiencia de los Muertos Clínicos Resucitados o Retornados a la vida gracias a la moderna tecnología médica y “algo más” y además a la Experiencia lograda mediante la Regresión Hipnótica a Vidas Pasadas, han obligado a mirar hacia la Sagrada Enseñanza pues todo lo allí científicamente demostrado ahora, está desde hace miles de años expresado en lo referente a la muerte, la vida entre las vidas y la Reencarnación que los egipcios no mencionan.

ECM o Experiencia Cercana a la Muerte:

Tuve en suerte ver dos veces en la T.V. una película que me impactó como médico y como ser humano. Se trataba de un largo metraje no promocionado, una de esas poco frecuentes películas destinadas a elevar al ser humano y dejarle un mensaje de esperanza. La trama transcurría en un Hospital de los EE.UU, donde hay un servicio de pacientes terminales, además del servicio de urgencia. Se destacaba que lo relatado correspondía a hechos de la vida real. Era notable apreciar los esfuerzos de un médico por convencer a su colega amigo escéptico, de la realidad de las experiencias en el Más Allá sufridas por una serie de pacientes que habían sido declarados muertos clínicos y ellos habían visto revivir.

Un día estando el médico escéptico de guardia sucede un accidente en una fábrica de productos químicos y acude con la ambulancia e ingresa en forma descuidada a rescatar y auxiliar al personal que estaba en el interior de la industria, ignorando que se pondría en contacto con gases tóxicos, como le sucedió. Cae desvanecido y logra ser rescatado por personal protegido. Se le considera muerto clínico y su amigo con la moderna tecnología médica que disponía logra revivirlo a pesar de estar muerto clínico. Muestra la película al incrédulo médico sentado en una silla de ruedas, cubierto con una manta con sus manos bajo la misma y en un estado de absoluto mutismo. Su amigo intenta ayudarlo, le pregunta lo que vio en el más allá, le dice que debe reaccionar para poder con su experiencia ayudar a otros. Para tomarle la mano, saca la manta y con sorpresa ve que tenía ambas manos aferradas a una Biblia. Entonces el médico accidentado comienza a llorar y relata su maravillosa experiencia y dice que no puede soportar el peso de su culpa, se siente responsable pues con su ateísmo e incredulidad, había dañado a tanta gente que pudo ayudar en el trance de muerte. El amigo le explica que no lo hizo de mala fe, era esa su creencia como científico racionalista y que ahora si podría ayudar a tanto paciente terminal que temía enfrentar a la muerte. Reacciona y así lo hizo para felicidad de muchas personas.

Corresponde al Dr. Raymond Moody el mérito de haber sido el primero en atreverse a escribir sobre los ECR. Fue primero filósofo, luego se tituló de médico especializándose en psiquiatría y en la enseñanza de la filosofía en la medicina. En la introducción de su primer libro sobre el tema, "Vida después de la vida" dice que espera llamar la atención sobre un fenómeno muy extendido y al mismo tiempo bien oculto y que creará una actitud pública más receptiva sobre la materia. Y lo logró, su libro fue un "best-seller", había más gente de la que se pensaba, interesada en el tema del Más Allá por haberlo vivido y mantenido oculto. La obra de Moody fue el detonante para que otros investigadores mostraran en público sus experiencias e investigaciones.

Por aquellos años la conocida empresa Gallup publicó los resultados de una encuesta que demostró que ocho millones de estadounidenses,( 8.000.000) habían tenido una muerte clínica con recuerdos de la experiencia. Es una cifra sorprendente, que ha movido a muchos a preocuparse del tema.

El médico pediatra Dr. Melvin Morse estudia la ECM experiencia cercana a la muerte en niños y los relatos son similares a los de los adultos a pesar de no estar marcados por una formación cultural o religiosa determinada. Son datos validados por científicos sobre la base de la científica estadística-

Kenneth Ring, doctor en filosofía y en psicología social y profesor de psicología en la Universidad de Connecticut, lleva años estudiando el tema y  destaca un aspecto progresivo y secuencial en la experiencia relatada por los MCR:
La increíble velocidad y sensación de aceleración al acercarse a la LUZ que brilla con intenso fulgor y sin embargo no molesta a la vista. Luz que hace sentir intensa paz y amor puro. Muchos ven al ser de luz y comprenden que sus pecados que son revisados, son perdonados. Se recibe una enseñanza, se escucha una música trascendental, es un ambiente paradisíaco. Todos anhelan quedarse allí, pero se les recuerda que deben volver a la Tierra a terminar su misión.

Me impresionó la experiencia de una sufrida y humilde mujer que después de su muerte Clínica se transformó en sabia divulgadora de esa realidad:

"Mi vida ha sido azarosa, éramos ocho hermanos y no teníamos padre. Mi madre trabajaba casi todo el día lavando y planchando, todos vivíamos en un sólo cuarto. Yo tenía mucha fe en la Virgencita, al igual que mi mamá. Pero un día, al no conseguir mi mamá un mejor empleo por no tener marido, me revelé y comencé a robar. A los 12 años me fui a vivir con un señor dueño de una ferretería, y después con muchos otros, hasta que reuní algún dinero y un amigo me consiguió este puesto en el mercado. Mi vida estuvo tan llena de pecados, cosas tan malas ! Al tener el ataque al corazón me vi flotando en el aire en la Cruz Roja, donde había sido llevada. Vi mi cuerpo tieso y tapado completamente por una sábana. Supe que estaba muerta, quise volver pero en ese momento escuché un ruido como de truenos, pensé que era el ruido del infierno. Yo ya estaba segura que me iba al infierno y le rogaba ahora a la Virgencita pidiéndole clemencia. Entonces aparecieron todas esas luces y me encontré con mi comadre recientemente fallecida y me abrazó y me dijo que no llorara porque nada malo me iba a pasar. Llegué donde la Virgencita, era una luminosidad esplendorosa y salía de ella tanto amor y comprensión, que enseguida supe que no había sido tan mala y que la Virgen me amaba igual que a todos y no le importaba que yo la hubiera odiado, ni las cosas malas que hice. Entonces quise abrazarme a ella, pero me di cuenta que había como un precipicio que nos separaba, y sentí que me decía que todavía no estaba lista para morir, que tenía que cuidar a mis hijos y me mandó de vuelta a este mundo. Ahora yo ya se lo que pasa cuando se muere y no le tengo miedo a la muerte. También se que no soy tan mala y que DIOS perdona. Por eso yo también he aprendido a perdonar y no odio a nadie, ni me enojo por cualquier cosa como antes. Y tampoco creo en el infierno porque, cómo puede permitir DIOS que exista el diablo cuando ÉL es tan bueno y está tan lleno de amor por todos ? La verdad es que el infierno es esta vida, pero si una aprende a amar, también la vida puede ser bella."

No todos tienen la experiencia completa y llegan donde el Ser de Luz, un 5% lo logra. Este Ser es una trascendental presencia real para las personas que han tenido el encuentro con Él en los umbrales del Más Allá. No hay palabras para describirlo, todos los relatos son similares, es un Ser que irradia intensa luz dorada que no molesta a la vista. Habla telepáticamente, irradia Amor. Comprensión y Perdón. Él ayuda a proyectar en la pantalla mental la película de la vida, haciendo comprender las razones de los errores cometidos y destacando las virtudes tenidas. Él nos permite ser testigos, actores, abogados defensores, fiscales y jueces del propio juicio. Él es nos ayuda al autoperdón, cosa tan difícil de lograr en la vida. Imparte una Enseñanza Trascendente que abre la Mente hacia la realidad existencial. Cuando se intenta acercarse a Él, se comprende que existe un abismo que nos separa y que si se cruza ya no hay posibilidad de retorno. Ninguno deseaba hacia acá regresar. Pregunta si se está preparado para cruzar, todos quisieron pasar al Más Allá y no volver, pero comprendieron que debían retornar a cumplir la misión que el Ser de Luz les recordó, y en ese instante, bruscamente, para asombro de la ciencia médica, se revive como un ser totalmente renovado.

LA REGRESIÓN HIPNÓTICA.

En 1974 accidentalmente, mientras estudiaba la Regresión Hipnótica a vidas pasadas, el Dr. Joel Whitton contactó con el estado de vida entre las vidas, en sus estudios iniciados en 1973 pudo comprobar que los triunfos y fracasos de las vidas anteriores habían contribuido a la formación de la actual personalidad de los pacientes estudiados. Corroboró la tradicional enseñanza sobre el Karma, o el ajuste que en esta vida debemos realizar para corregir errores de la vida anterior. De un grupo de más de cincuenta voluntarios escogió a Paula Considine de 42 años para su trabajo. Ella fue quien le demostró la realidad de la vida entre las encarnaciones y de la vida en el Más Allá , publicó lo siguiente: "Los recuerdos obtenidos por hipnosis del sujeto se confirman en el experimento: su origen es un misterio. Los que creen en la reencarnación insistirán en que estos recuerdos son verdaderos y de vidas anteriores. Los que no creen dirán que se trata de fantasías. NO CREER NO SIGNIFICA NEGAR Y CREER NO SIGNIFICA PROBAR." En privado aceptaba la realidad de los recuerdos de Paula, correspondientes al Más Allá y a vidas anteriores.

Pudo comprobar que antes de nacer las personas habían elegido el lugar de nacimiento, a sus padres, sus profesiones y las principales características de lo que sería su vida terrenal.

El tan temido "juicio final" con la posibilidad de la condena eterna, es real en cuanto a que existe un juicio luego de morir. Hay un tribunal cuyos jueces irradian bondad, comprensión y amor y emiten una energía restauradora que ayuda a limpiar las culpas de quien ha muerto. Saben todo lo referente al "muerto" que está ante ellos y ayudan al individuo a evaluar su vida y le hacen recomendaciones para aliviar el sentimiento de culpa , el remordimiento y su arrepentimiento. Es un tribunal que ayuda, señalando a cada uno lo que en su vida ha sido positivo y correcto. NO ES UN TRIBUNAL DE CASTIGO. Se trata de un JUICIO destinado a estimular el autoanálisis del desencarnado para aprender a beneficiarse de los errores cometidos en la encarnación, pues cada experiencia por negativa que ella haya sido es una ayuda al desarrollo individual. Además el tribunal ayuda a el Alma ha comprender la relación de varias de las últimas encarnaciones. Todo esto está orientado para que el Alma pueda decidir las características que necesitará en su nueva encarnación.

A pesar de tanto escéptico el tema del MÁS ALLÁ ya tiene etiqueta científica y es estudiado por gente que antes de entrar en contacto con esta realidad eran totalmente escépticos sobre hechos que ahora aceptan como reales, al ser conectados a esa dimensión por pacientes que ellos han atendido.

En su conmovedor libro el Dr. Weiss dice: "He comenzado a meditar, cosa que, hasta hace poco, creía factible sólo para hindúes y californianos. Mi vida ha cambiado drásticamente, me he vuelto más intuitivo con mis pacientes, me siento mas responsable de mis acciones. Ahora vivo entre dos mundos: el mundo fenoménico de los cinco sentidos, representado por el cuerpo y las necesidades físicas, y el mundo mayor de los planos suprafísicos representados por el alma y el espíritu. Se que los mundos están vinculados y todo es energía. Ya no me preocupa el efecto que pueda tener este libro en mi carrera..."

FUIMOS ANTES DE NACER y SEREMOS DESPUÉS DE MORIR. 

Intentemos entender que nuestra misión en la Tierra lo es en un ciclo ascendente de encarnaciones, ciclo regido por la propia Alma programando la mente subconsciente s lograr descorrer los velos de lo denso en la materia y desarrollar los latentes atributos del Alma que ahora nos corresponde manifestar. Cada uno al nacer trae su personal y exclusiva misión de vida, una importante misión. Muchos de Los Muertos Clínicos Resucitados tienen la suerte de poder recordar la misión que les falta cumplir. Estamos programados genéticamente para padecer ciertas enfermedades kármicas -que se manifiestan de manera congénita o a determinada edad- y otras cuando algunas condiciones se manifiestan en la vida y además para ser inmune a otras enfermedades. 

Antes de nacer colaboramos activamente para programar la encarnación y poder manifestar los atributos que el Alma necesita desarrollar, lo hacemos guiados por seres más evolucionados. En esta vida tenemos el Libre Albedrío y somos los únicos responsables de lo que hemos sido, somos y seremos y del Conocimiento que logramos adquirir.

Por algo nacimos para vivir en este Pandemia que es una PLAGA de orden Superior cual ajuste del enorme desajuste que todos hemos hecho dañando a nuestra Madre Tierra e ignorando tantas advertencias previas que nos fueron dejadas...

Hagamos mérito al libremente haber tenido el Valor y Honor para encarnar en estos duros tiempos que conllevan un avance para nuestro evolución en el plano material e intentemos recordar la razón de haberlo decidido así hacerlo y con Esperanza y Resiliencia intentémoslo



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Abril de 2021
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