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El Milagro de Malala

Malala, la activista por la educación de las niñas. En 2014 una activista adolescente pakistaní fue galardonada junto al activista indio Kailash Satyarthi con el Premio Nobel de la Paz, ambos reconocidos por su lucha por los derechos de los niños. Esa activista musulmana es: Malala Yousafzai.

Desarrollo

-I-
El día en que casi matan a Malala
Malala Yousafzai es conocida por defender la educación de las mujeres en Pakistán. Por este motivo, el 9 de octubre de 2012, un terrorista intentó asesinarla. Pero no lo consiguió
9 de octubre 2020
El 9 de octubre de 2012 sin duda fue el peor día de la vida de Malala Yousafzai, pero acabaría siendo un día mucho más perjudicial para los que habían intentado que fuera también el último.
En 2012, Malala tenía 15 años y, pese a su extrema juventud, ya se había distinguido como defensora de la educación de las mujeres en un país, Pakistán, donde los extremistas religiosos consideran que la escuela no es un sitio para las niñas. El 9 de octubre de 2012, cuando estaba en un autobús volviendo justamente de hacer un examen, un terrorista talibán entró en el bus escolar y preguntó por ella, llamándola por su nombre. Sacó una pistola y le disparó tres veces. Una de las balas le dio en la cabeza.
Después del ataque, Malala permaneció inconsciente y en estado crítico durante días, pero mejoró lo suficiente como para ser trasladada y tratada en un hospital del Reino Unido. Durante las semanas después del atentado, hubo una oleada de muestras de apoyo de todo el mundo. En su país, incluso consiguió que cincuenta líderes musulmanes condenaran duramente el ataque.
Malala no sólo no abandonó su lucha por la educación de las mujeres, sino que ha aprovechado la fama que había adquirido con el atentado para intentar que el mundo sea más consciente de las dificultades que tienen las chicas como ella para llegar a la educación. En el año 2014, Malala se convirtió en la persona más joven en obtener un Premio Nobel, cuando le fue concedido el de la Paz. Seguro que sigue recordando con horror el día 9 de octubre de hace ocho años, pero seguro que también sabe que ha vencido.
https://cadenaser.com/programa/2020/10/09/de_buenas_a_primeras/1602217393_401069.html

-II-
Malala Yousafzai es una activista pakistaní defensora del derecho a la educación de las niñas y mujeres. 
Malala nació en Mingora (Pakistán), el 12 de julio de 1997. Con solo 15 años, la joven fue el objetivo de un atentado talibán que casi acaba con su vida.
PASIÓN POR APRENDER
Malala Yousafzai nació en el seno de una familia pakistaní musulmana sunita. Se crió junto a sus padres y hermanos en su localidad natal.
En palabras de Malala, “su padre quería darle todas las oportunidades que tendría un chico”. Ziauddin Yousafzai, poeta y profesor, dirigía y daba clases en un colegio para niñas en su pueblo.
A Malala le encantaba ir a la escuela y aprender junto a su padre y sus compañeras. Sin embargo, en 2008 todo cambió cuando los talibanes tomaron el control de su pueblo.
Los extremistas radicales, entre otras cosas, prohibieron que las niñas fueran al colegio. Malala, en enero de ese año se despidió de sus compañeras.
Incapaz de aceptar el destino que le imponían, Malala comenzó a hablar sobre el derecho a la educación por diversos lugares del país, a pesar del peligro que suponía.
Debido a la creciente violencia y control talibán en la zona de Swat, a un periodista de la BBC en urdu se le ocurrió que la mejor manera de contar lo que pasaba era a través de un blog escrito por algún estudiante.
Tras una ardua búsqueda, encontraron a una estudiante de la escuela del padre de Malala que accedió. Sin embargo, antes de comenzar a escribir tuvo que renunciar por el temor de su familia.
Inmediatamente, Malala se convirtió en la alternativa. Por su seguridad, recomendaron a la joven escribir bajo un seudónimo y así lo hizo. “Gul Makai” fue el nombre escogido por la joven que, por entonces, solo tenía 11 años. Su primera entrada se publicó en enero de 2009. 
Crédito editorial imagen: By DFID – UK Department for International Development (Malala Yousafzai: Education for girls) [CC BY 2.0 ], via Wikimedia Commons
ATENTADO
Yousafzai continuó escribiendo para la BBC y promoviendo sus ideales. No pasó ni un solo día sin que la pakistaní no deseara volver a la escuela.
Pronto cambiaría su vida para siempre. Tras hablar sobre los derechos que les habían sido revocados a las niñas, Malala dio un discurso público para recuperarlo. Esto la convirtió en objetivo de los talibanes.
Según lo que ella misma relata, el 9 de octubre de ese año, un talibán asaltó su autobús escolar preguntando quién era Malala. Tras descubrirse quién era, el asaltante le disparó en el lado izquierdo de su cabeza. Otras dos niñas también fueron alcanzadas por las balas.
Por la gravedad de las heridas, rápidamente fue trasladada en helicóptero a un hospital en Peshawar. Allí, consiguieron extraerle la bala y pudo salvar la vida.
La joven de 14 años despertó 10 días después del atentado en un hospital de Birmingham, donde le esperaba un largo proceso de recuperación.
Pronto se supo del atentado en todo el mundo y os medios de comunicación se hicieron eco de la noticia. Mientras se recuperaba, recibió apoyos de personalidades como Barack Obama, Ban Ki-Moon o Madonna.
Malala Yousafzai, tras operaciones y rehabilitación, sobrevivió al atentado, aunque ahí no acabó el peligro. Cuando llegó a oídos de los terroristas, la volvieron a amenazar. Sin embargo, esto no amedrentó a la joven.
CAMBIANDO EL MUNDO
Después de dos años recuperándose, la activista se trasladó con su familia a una casa nueva en Reino Unido.
“Ahí supe que tenía dos opciones: vivir una vida callada o seguir luchando con la nueva vida que me habían dado. Lo tenía claro: continuaría con mi lucha hasta que todas las niñas pudieran ir a la escuela”, afirmaba en 2014.
Con la ayuda de su padre, ese año el sueño que perseguía Malala Yousafzai comenzaba a materializarse con la apertura de su fundación, Malala Fund. Esta tenía como objetivo dar oportunidades a todas las niñas para alcanzar el futuro que querían.
En reconocimiento a su labor, Malala Yousafzai recibió el Premio Nobel de la Paz, siendo la persona más joven en conseguirlo. Además, fue portada de la revista Time, nombrándola una de las 100 personas más influyentes del mundo en ese año.
PERSIGUIENDO SU SUEÑO
En marzo de 2018 regresó a Pakistán por primera vez desde que fuera atacada por los talibanes. Aunque fuera solamente una visita, Malala no pudo contener las lágrimas de emoción al volver a pisar suelo pakistaní.
En la actualidad, Malala Yousafzai estudia Filosofía, Política y Economía en la Universidad de Oxford. Su trabajo en la fundación no ha cesado desde su creación y continúa luchando por el derecho a la educación.
https://canalhistoria.es/perfiles/malala-yousafzai/

-III-
La increíble historia de Malala, la niña que el Talibán no quería que estudiara
Hace un año, Malala Yousafzai recibió un disparo en la cabeza cuando regresaba en autobús de la escuela a su casa en la ciudad de Mingora, en el noroeste de Pakistán. El motivo del ataque perpetrado por el Talibán era claro: esta joven de 16 años se había atrevido a levantar su voz para defender el derecho a la educación de las niñas.
El mundo reaccionó con horror. Su padre, Ziauddin Yousafzai, se preparó para lo peor. Mientras acompañaba a su hija en el helicóptero que la trasladaba de urgencia desde el Valle de Swat a un hospital militar en Peshawar, le pedía a sus familiares que iniciaran los preparativos para el funeral.
Pero después de varias semanas en cuidados intensivos Malala sobrevivió. Y aunque las balas del Talibán cambiaron su vida para siempre, no hicieron mella en su determinación de luchar para que las niñas en su país puedan tener acceso a una educación gratuita y obligatoria.
En su primera entrevista en profundidad desde el ataque, Malala conversó con la BBC sobre la necesidad de entablar un diálogo con los extremistas como el único camino para alcanzar la paz y recordó en detalle lo ocurrido el 9 de octubre.
¿Quién es Malala?
Aquel 9 de octubre por la tarde Malala salió de la escuela como cualquier otro día y se subió al autobús que la esperaba a la salida. El viaje era corto, un camino que se podía hacer fácilmente a pie: había que pasar un descampado donde los niños suelen jugar al criquet y luego bordear la rivera del río hasta llegar a la casa.
"Mi madre me dijo: 'Ahora que estás creciendo y la gente te conoce, no debes ir caminando, debes ir en carro o en autobús para estar más segura'", recuerda Malala.
Iba sentada, charlando con su amiga Moniba, pensando en los exámenes que había rendido y en los que tenía aún por delante, cuando notó algo inusual. La carretera parecía desierta.
Momentos más tarde, a unos noventa metros de la escuela, dos hombres pararon al autobús y preguntaron quién era Malala. Ella no se acuerda de cómo eran, pero su amiga Moniba sí. Parecían dos estudiantes universitarios, dice.
Moniba pensó que eran dos periodistas que querían entrevistar a su amiga famosa. Aunque Malala escribía un blog anónimo para el Servicio Urdu de la BBC donde hablaba de sus miedos y esperanzas de poder seguir yendo a la escuela, no dudaba en expresar públicamente sus opiniones sobre el derecho de las mujeres a la educación y había participado en un programa de televisión nacional en el que habló con valentía sobre el tema.
Pero rápidamente Moniba se dio cuenta de que se trataba de otra cosa: la mirada de Malala traslucía temor.
Los hombres comenzaron a disparar. Las dos niñas que estaban sentadas al otro lado de Malala -Shazia Ramzan y Kainat Riaz- también resultaron heridas. "Escuché los disparos y luego vi mucha sangre en la cabeza de Malala", rememora Kainat. "Cuando vi toda esa sangre sobre Malala, me desmayé".
Pasaron diez minutos hasta que alguien se acercó a ayudar las niñas aterrorizadas.
En ese momento, nadie se hubiese imaginado que el Talibán podría atacar a una niña. Es cierto que hubo varios incidentes en los que el Talibán quiso darles una lección a las mujeres. A principios de 2009 una bailarina acusada de inmoralidad fue ejecutada.
Pero en 2012, los peores días del Talibán ya habían pasado en la región de Swat. Un operativo militar de grandes proporciones había despejado a la mayoría de los militantes y los que permanecían allí, mantenían un perfil bajo.
"La vida seguía su curso normal para la gente normal. Pero para quienes expresaban su opinión, era un momento peligroso", dice Malala.
Y ella no se quedaba callada.
Cumpleaños en la ONU
Después del incidente y de ser hospitalizada en Peshawar primero y luego en Islamabad, Malala despertó de un coma inducido a mediados de octubre en Birmingham, Inglaterra.
"Abrí los ojos y lo primero que vi fue que estaba en un hospital. Veía médicos, enfermeras. Le agradecí a Dios por haberme dado una nueva vida".
Contra todo pronóstico, su recuperación fue asombrosa, un tributo no sólo a la calidad del cuidado que recibió sino, según dicen los médicos, a su propia resistencia y determinación.
Tras una serie de operaciones para restituir su capacidad auditiva en uno de sus oídos y para reconectar un nervio facial que le devolviese el movimiento a una parte de su rostro, Malala dio un paso crucial que demostró en qué medida había superado el incidente del autobús.
Malala celebró su 16º cumpleaños con un discurso frente a una asamblea de jóvenes en la sede central de Naciones Unidas en Nueva York.
"Un niño, un maestro, un libro, un lápiz pueden cambiar el mundo", dijo ante una multitud que la ovacionó de pie.
"Cuando vi a 400 jóvenes de más de 100 países me dije: no sólo le estoy hablando a la gente de Estados Unidos y otros países. Le estoy hablando a todas las personas del mundo".
Y su discurso no se ciñe sólo a la educación. En la entrevista con la BBC, Malala enfatizó la importancia de dialogar con el Talibán para alcanzar la paz.
"La mejor forma de resolver los problemas y luchar contra la guerra es a través del diálogo", dijo.
"Eso no es un tema para mi, es el trabajo del gobierno… y es también el trabajo de Estados Unidos".
Una voz amplificada por el Talibán
En menos de un año, la niña del Valle de Swat se convirtió en un fenómeno global. Es más, se especula que puede ser la ganadora del Premio Nobel de la Paz que se anuncia este viernes en Estocolmo.
Sin embargo, pese a su fama, Malala sigue pensando en volver a Pakistán e ingresar en la arena política.
Muchos temen que regresar comprometa su seguridad. Otros ven con ojos críticos la atención que está generando a su alrededor, especialmente en Occidente.
También hay quienes creen que cuanto más tiempo pase fuera de su país, más difícil será que la reconozcan allí como una verdadera paquistaní y que no la identifiquen con Occidente.
Pero a Malala no parecen importarle las críticas. Todos tienen derecho a expresar sus sentimientos, dice y "yo tengo derecho a decir lo que quiero". "Quiero hacer algo por la educación, ese es mi único deseo".
Críticas aparte, lo cierto es que Malala es una joven singular, con una sabiduría poco frecuente en niñas de su edad, sensible y centrada. En sus pocos años ha experimentado lo peor y lo mejor que pueden ofrecer los seres humanos, tanto de parte de los médicos que se ocuparon de ella como de las miles y miles de personas que le brindaron su apoyo.
La voz de la niña que el Talibán trató de silenciar se amplificó hasta llegar a lugares inimaginables.
Cuando la BBC le preguntó, qué creía que el Talibán había logrado ese día, Malala respondió con una sonrisa.
"Creo que estarán arrepentidos de haberle disparado a Malala. Ahora a ella", dice refiriéndose a sí misma en tercera persona, "la escuchan en cada rincón del mundo".
La historia de Malala forma parte de nuestra temporada especial titulada "100 Mujeres", con la cual la BBC busca arrojar luz sobre la vida de las mujeres en el siglo XXI y ofrecerles a ellas un espacio de mayor representación.
https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/10/131007_malala_historia_lp

-IV-
Malala: La niña Nobel de Paz defensora de la educación
«Yo no hablo por mí, sino por aquellos cuya voz no puede ser oída. Aquellos que han luchado por sus derechos. Su derecho a vivir en paz. Su derecho a ser tratados con dignidad. Su derecho a la igualdad de oportunidades. Su derecho a la educación».
En octubre de 2014 una niña pakistaní, Malala Yousafzai, recibió el premio Nobel de Paz, convirtiéndose en la ganadora más joven de este premio en toda su historia.
A sus 17 años Malala representa hoy para el mundo la lucha por los derechos de las mujeres y las niñas, en especial por la educación.
Malala es originaria de Mingora, un pequeño pueblo de Pakistán donde el régimen del Tehrik e Talibán Pakistán -organización terrorista asociada al movimiento talibán, que proclama el extremismo religioso islámico y el yihadismo- prohibió la asistencia de las niñas a la escuela.
Cuando Malala tenía 11 años comenzó un blog para la BBC, bajo el pseudónimo “Gul Makai”. En este blog Malala relataba lo que vivía al estar sometida a las reglas del Talibán, y compartía sus ideales sobre la educación de las mujeres.
Sin embargo fue un terrible episodio lo que atrajo los ojos y la solidaridad del mundo hacia ella. Tenía 15 años de edad, cuando un miliciano del grupo terrorista atacó el vehículo escolar en que ella y otras niñas se transportaban y le disparó con un fusil en repetidas ocasiones, impactándole en el cráneo y cuello.
La escritora española Rosa Montero, en entrevista con Malala, relata que;

“La bala entró por debajo del ojo izquierdo y salió por el hombro. Le destrozó los huesos de media cara, cortó el nervio y rozó el cerebro, que se inflamó tanto que tuvieron que quitarle toda la tapa de la cabeza. Durante meses estuvo con el cerebro al aire y con el pedazo de cráneo metido, para su conservación, bajo la piel del abdomen (al final tiraron el hueso y le pusieron una pieza de titanio en Londres). También estuvo meses con medio rostro desplomado: no podía reír, apenas podía hablar, no podía parpadear con el ojo izquierdo y los dolores eran terribles”.

Luego de repetidas intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos, Malala volvió a la escuela en Londres. Desde su día a día escolar, sigue luchando por la educación de todas las niñas del mundo, lo que ha señalado como “su razón de vivir, su empeño y su orgullo”.

A sus 16 años Malala publica su libro “Yo soy Malala”, una obra que no es propiamente sobre ella, sino el relato de una familia desterrada por el terrorismo global y de la lucha por la educación de las niñas.
En el libro destaca cómo un padre (Ziauddin Yousafzai), propietario de una escuela, apoyó a su hija y la alentó a escribir y a ir al colegio, en una sociedad en que la educación se negaba a las mujeres y en la cual se privilegia a los hijos varones. Su libro habla de unos padres valientes que quieren a su hija por encima de todo.
La voz que resonó en el mundo
El enviado especial de las Naciones Unidas para la Educación Mundial, Gordon Brown, lanzó una petición a nombre de Yousafzai con el slogan “Yo soy Malala” pidiendo que todos los niños del mundo tengan acceso a la educación para el 2015. Esta petición ayudó a la ratificación de la primera ley de “Derecho a la Educación” de Pakistán.
Además de su nominación al Premio Nobel de la Paz, la revista Time nombró a Malala una de las 100 personas con más influencia en el mundo en 2015.
Ese mismo año las Naciones Unidas organizaron un evento al que llamaron el “Día de Malala”, en el que la joven dio un discurso en acerca del acceso mundial a la educación. Fue el primer discurso de la adolescente después del atentado. Ella dijo: “El día de Malala no es mi día. Hoy es el día de cada mujer, cada niño y cada niña que han levantado sus voces por sus derechos”.
Premios que ha recibido https://www.coomeva.com.co/en_equidad/publicaciones/50529/malala-la-nina-nobel-de-paz-defensora-de-la-educacion/

Entrevista
-V-
“Hay que morir alguna vez en la vida”
Por Rosa Montero   
12 OCT 2013
Con solo 16 años es un icono global contra el integrismo. Los talibanes le arrebataron su infancia a balazos. Sin miedo. Sin rencores. Esta es su historia

Es diminuta pero posee una cabeza rotunda, una cabeza que destaca en la delicadeza de su cuerpo de elfo. Viste ropas tradicionales pastún de alegres colores y su cara está enmarcada en un bonito chal estampado de flores y colocado con gracia. Se le ve el cabello, detalle muy importante en la tremenda jerarquía de tocados musulmanes para mujeres, desde la siniestra y carcelaria burka hasta el ligero hiyab. Parece una figurilla de belén, una pastorcita de terracota. “Le voy a contar algo de mí”, le digo nada más sentarnos en la fea y burocrática sala privada de un hotel de Birmingham, que es donde se está celebrando el encuentro. “Verá, yo he hecho muchas entrevistas durante décadas, hasta que hace cuatro o cinco años me cansé y ya no hice más. Sin embargo, cuando me propusieron su nombre, inmediatamente dije que si. Así que usted es responsable de mi regreso a este género periodístico…” Malala me mira con una atención absoluta, con una concentración perfecta, una adolescente cautelosa y seria que lo controla todo. Empieza a darme las gracias, muy educada, como corresponde a lo que acabo de decirle. Le interrumpo: “En realidad no se lo digo para halagarle, aunque desde luego la admiro; se lo digo porque me quedé pensando en el enorme efecto que tiene usted en tantísima gente alrededor del mundo.
 
Pegunta: ¿No le agobian las expectativas que todos parecemos tener sobre usted?”
.
Respuesta: -No. Estoy entregada a la causa de la educación y creo que puedo dedicarle mi vida entera. No me importa el tiempo que me lleve. Me concentro en mis estudios, pero lo que más me importa es la educación de cada niña en el mundo, así que empeñaré mi vida en ello y me enorgullezco de trabajar en pro de la educación de las niñas, y la verdad es que es una gran oportunidad tener esta entrevista hoy con usted. ¡Gracias!

Ha contestado con firmeza, con seguridad y con tanta profesionalidad que la última palabra la ha dicho en español. Me la imagino aprendiendo a decir gracias en todos los idiomas de sus entrevistadores. Una niña aplicada. En su libro Yo soy Malala (Alianza Editorial) cuenta con gracia una anécdota reveladora: “Mi profesor de Química [en Pakistán], el señor Obaidullah, decía que yo era una política nata porque, al comienzo de los exámenes orales, yo siempre decía: ‘Señor, ¿puedo decirle que usted es el mejor profesor y que la suya es mi clase preferida?”. El nivel de autocontrol de Malala me parece increíble: ¡tiene dieciséis años! Pero, como se ve en su escalofriante y conmovedor libro, lleva viviendo una vida extremadamente adulta y anormal desde los diez. Lo talibanes no lograron ni matarla ni callarla cuando le metieron una bala en la cabeza, pero le robaron una buena parte de su infancia.

P -¿Ya está bien de salud?
R-Estoy muy bien, y esto es por las oraciones de la gente, y también por las enfermeras y los médicos en el hospital, que me han atendido muy bien, y porque Dios me ha concedido una nueva vida. Hago fisioterapia una o dos veces al mes en el lado izquierdo de mi cara, porque el nervio facial que controla el movimiento de este lado fue cercenado por la bala y por lo tanto había dejado de funcionar, pero ya han cosido el nervio, ha empezado a reconstruirse y está recuperándose muy bien. Ha alcanzado un 88% de recuperación.
P-¿Le han dado ayuda psicológica?
R-Sí, los psicólogos del hospital me han ayudado. Vinieron y me hicieron muchas preguntas y a las dos o tres sesiones dijeron, Malala está bien y ya no le hace falta tratamiento… Además es muy aburrido.

La bala entró por debajo del ojo izquierdo y salió por el hombro. Le destrozó los huesos de media cara, cortó el nervio y rozó el cerebro, que se inflamó tanto que tuvieron que quitarle toda la tapa de la cabeza. Durante meses estuvo con el cerebro al aire y con el pedazo de cráneo metido, para su conservación, bajo la piel del abdomen (al final tiraron el hueso y le pusieron una pieza de titanio). También estuvo meses con medio rostro desplomado: no podía reir, apenas podía hablar, no podía parpadear con el ojo izquierdo y los dolores eran terribles. En su discurso a la ONU el pasado 12 de julio, el día que cumplió dieciséis años, se le notaban más las secuelas que ahora: la rehabilitación hace su efecto. Sigue siendo una chica guapa y sólo queda una ligera sombra de desequilibrio en su cara.

P-Le pregunto todo esto porque usted ha pasado por una situación durísima, y ahora podría tomarse cierto tiempo para recuperarse. Pero no, inmediatamente ha sacado usted este libro, que le obliga a volver a dar entrevistas y a estar de nuevo en primera línea. Eso es una elección. Y parece dura.
R-Es que esto ya es mi vida, no es sólo una parte de ella. No puedo abandonar. Cuando veo a la gente de Siria, que están desamparados, algunos viviendo en Egipto, otros en el Líbano; cuando veo a toda la gente de Pakistán que está sufriendo el terrorismo, entonces no puedo dejar de pensar, “Malala, ¿por qué esperas a que otro se haga cargo? ¿Por qué no lo haces tú, por qué no hablas tú a favor de sus derechos y de los tuyos?” Yo empecé mi lucha a los diez años.
P-Lo sé. Cuando llegaron los talibanes.
R-En aquel entonces vivía con mi padre en Swat, es nuestra región natal, y los talibanes se levantaron y empezó el terrorismo, azotaron a las mujeres, asesinaron a las personas, los cuerpos aparecían decapitados en las plazas de Míngora, nuestra ciudad. Destruyeron muchas escuelas, destruyeron las peluquerías, quemaron los televisores en grandes piras, prohibieron que las niñas fueran a la escuela. Había mucha gente en contra de todo esto, pero tenían miedo, las amenazas eran muy grandes, así que hubo muy pocos que se atrevieron a hablar en voz alta en pro de sus derechos, y uno de ellos fue mi padre. Y yo seguí a mi padre.

El libro de Malala no es sólo sobre Malala sino, en gran medida, también sobre su padre. Un tipo singular y sin duda heroico, un maestro dispuesto a conquistar, por medio de la cultura, un futuro de justicia y de paz en un mundo en llamas. Y un hombre que, además, en una sociedad brutalmente machista como la pastún, apoyó a su hija mayor y le dio la misma libertad y la misma confianza que a un varón. El padre, Ziauddin, también está aquí, sentado al otro lado de la mesa. Bajito, de unos cuarenta años, con algo limpio y casi niño en su sonrisa. La gravedad de Malala contrasta con la ligereza juvenil de Ziauddin. Pero, claro, él no perdió su infancia ni tuvo que luchar contra todo su mundo para ser reconocida como persona pese a ser mujer. A los once años, en lo más negro del terror talibán, Malala empezó a escribir un blog para la BBC en urdú. En la primera entrada decía: “En mi camino a casa desde la escuela escuché a un hombre gritando: ¡Te mataré! Apresuré el paso… pero para mi gran alivio vi que estaba hablando por su móvil y que debía de estar amenazando a otra persona”. Aunque firmaba con seudónimo, todo el mundo acabó sabiendo que era ella. Además empezó a acudir a las televisiones y a las radios, junto con su padre, a protestar por los abusos. Fueron casi los únicos en hacerlo.

P-El libro tiene una parte que es como un cuento de terror. Dice usted: “Tenía diez años cuando los talibanes llegaron a nuestro valle. Moniba [su mejor amiga] y yo habíamos estado leyendo los libros de Crepúsculo y deseábamos ser vampiras. Y nos pareció que los talibanes llegaron en la noche exactamente como vampiros"...
R- Lo importante es que si preguntas a los niños aquí de qué tienen miedo, te van a contestar que de un vampiro, de Drácula o de un monstruo, pero en nuestro país tenemos miedo a los humanos. Los talibanes son seres humanos pero son muy violentos y hacen tanto daño que cuando un niño oye hablar de un talibán le entra miedo, igual que si fuera un vampiro o un monstruo.
P-Es un sistema perverso y demencial; prohibieron la música, prohibieron cantar...
R-Nos prohibieron todo y si oían barullo y risas en una casa, irrumpían por si estabas cantando o viendo la televisión, y rompían los televisores. A veces se limitaban a amonestar a la gente, a veces la pegaban o la fusilaban o la masacraban. No nos dejaban ni jugar a las peluqueras con las muñecas.
P-Ustedes terminaron viendo la televisión dentro de un armario. Era la apoteosis del absurdo,
R-Sí, y con el volumen muy bajo, para que nadie más la oyera. Con tanto temor por todas partes la vida se hacía muy dura y pensábamos desesperadamente en nuestro futuro, en cómo íbamos a vivir con ese miedo, en lo peligrosa que era la situación…. Y aún así nos quedaba cierta esperanza en un rincón del corazón.
P-Luego los talibanes empezaron a matar. Primero a los policías, asi que dejaron sus empleos y pusieron anuncios en los periódicos diciendo que ya no eran policías, para que no les asesinaran…. Después asesinaron a los músicos, y los músicos también pusieron anuncios diciendo que habían dejado el pecado de la música y que ya eran fervientes creyentes…. Eso de los anuncios me impresionó. Su propio padre, cuando le amenazaron, puso un anuncio que decía: “Matadme a mí pero no hagáis daño a los niños de mi escuela, que rezan todos los días al mismo Dios en el que vosotros creéis”.
R-Sí, y luego estaba la radio de los talibanes, predicaban como dos veces al día. Y daban mensajes diciendo: “Felicitamos a Fulano, que se ha dejado crecer la barba y por eso va a entrar en el paraíso; felicitamos a Zutano, que ha cerrado su tienda de video y se ha arrepentido; nos congratulamos de que la niña Tal y Cual ha dejado de ir a la escuela”... Y a las niñas que íbamos a clase nos insultaban todos los días de forma muy fea y nos decían que iríamos al infierno.
P-En los últimos años ustedes estaban convencidos de que su padre, Ziauddin, iba a ser asesinado. E idearon todo tipo de estrategias para evitarlo… Sus hermanos pequeños querían construir un túnel…
R-Sí, y también pensábamos esconder a mi padre en un armario. Mi madre dormía con un cuchillo debajo de la almohada, y también dejamos una escalera apoyada en el muro de atrás para que mi padre pudiera huir si venían a buscarle. Algún tiempo después se coló en nuestra casa un ladrón gracias a esa escalera y nos robó la tele.

-De hecho, --interviene el padre desde el otro lado de la mesa, -- nos alegró mucho que se llevara la tele, porque de haberse llevado la escalera nada más, habríamos tenido miedo de verdad.
 
¡Cierto! De modo que era alguien que, como ustedes, ¡quería ver la televisión! -¡Sí, sí! (Malala y Ziauddin ríen) ¡Gracias a Dios ha sido un ladrón!

P-¿Cómo podían aguantar ese miedo todos los días?
R-En aquel entonces el miedo nos rodeaba. Fue todo tan duro. No sabíamos lo que el futuro nos deparaba, queríamos hablar pero no sabíamos que nuestras palabras nos conducirían al cambio, que nos escucharían en todo el mundo. No estábamos enterados del poder que encierra un lápiz, un libro. Sin embargo, se ha demostrado que los talibanes, que tenían fusiles y explosivos, eran más débiles que la gente con lápices y libros.
P-En el libro cuenta que hace poco, en un centro comercial en Abu Dhabi, sintió un repentino ataque de terror. Un comprensible ataque de angustia. ¿Le ha vuelto a pasar?
R-Sí, me ha pasado dos o tres veces. Cuando vi a la gente a mi alrededor en Abu Dhabi, a todos esos hombres alrededor, de pronto pensé que estaban al acecho, armados, que me iban a disparar. Y luego me dije, ¿y por qué te da miedo ahora? Ya le has visto la cara a la muerte, ya no debes tenerle miedo, se ve que ya ni la muerte quiere matarte; la muerte quiere que vivas y trabajes en pro de la educación. De manera que me dije, no tengas miedo, sigue adelante, que Dios y la gente te acompaña. Hay que morir alguna vez en la vida.
P-Pero usted es demasiado joven…

-Demasiado joven, demasiado joven –repite dolorosamente el padre, como un coro griego.

P-Hay otra cosa que me parece muy importante de usted, y es que es creyente. Una intelectual argelina me dijo hace años que la izquierda argelina había fracasado en su intento de modernizar el país porque se habían enajenado completamente de su pueblo y de su sociedad. Eran laicos, rupturistas, demasiado modernos, demasiado occidentalizados para ser aceptados por la mayoría. Usted, en cambio, sigue perfectamente integrada en su cultura y en su religión.
R-Amo a Dios porque me ha protegido, y creo que me va a preguntar el día del juicio, “Malala, veías el sufrimiento de la gente en Swat, veías cómo sufrían las niñas, que masacraban a las mujeres, que asesinaban a tantos policías. ¿Qué has hecho tú para defender sus derechos?” Sentí que era mi deber clamar por los derechos de las niñas, por los míos, por el derecho de asistir a la escuela, y lo hago en nombre del Dios por el que los talibanes me tirotearon.
P-Cuando tenía usted once años y estaba escribiendo el blog, The New York Times hizo un precioso documental de televisión sobre usted y su padre. Le diré que, cuando lo vi, pensé que su padre era como más idealista, más alocado, y que usted era la sensata de los dos. Vamos, usted me pareció la madre de su padre, y usted perdone, Ziauddin.
(Los dos se tronchan de risa)
R-¿Me vió asi? En la sociedad pastún, si una chica es muy madura y empieza a hablar muy pronto de cosas de la familia, digamos a los once años, le dicen niyá o sea abuela.
P-Pues no sé si será usted una niyá, pero desde luego tiene un gran sentido práctico. Las dos primeras cosas que dijo en el hospital de Birmingham, tras una semana de coma inducido, fue: “¿Dónde está mi padre?” y “No tenemos dinero para pagar todo esto”.
R-Por entonces estaba todavía muy aturdida, muy confundida. Cuando un médico hablaba con una enfermera, creía que le estaba preguntando cómo íbamos a pagar el hospital, y pensaba que me iban a expulsar y que tendría que buscar un empleo.
P-En ese mismo documental usted decía que su padre quería que fuera política, pero que usted quería ser doctora y que no le gustaba la política…. Ahora ha cambiado de opinión.
R-Amo a mi padre y él me inspira, lo cual no significa que siempre esté de acuerdo con él. Discrepo con él en muchas cosas, él cree que la política es buena y sirve para cambiar el mundo pero yo antes quería ser médico. Pero luego pasó el tiempo y fui dándome cuenta de que el Gobierno no estaba haciendo nada, que su deber elemental era conceder derechos básicos al pueblo, proporcionarles electricidad, gas, educación, buenos hospitales. Y entonces por eso de repente pensé que sí que quería ser política para conseguir un cambio grande en mi país. Para que un día Pakistán esté en paz, para que no haya guerra ni talibanes y todas las niñas vayan a la escuela. Y no sólo quiero ser política, sino líder también.
P-Líder social.
R-Sí, líder social, y guiar a la gente, porque el pueblo en Pakistán anda descaminado, están divididos en muchos grupos, y llega un líder y forma un grupo, llega otro y forma otro grupo distinto, pero nunca he visto a alguien que sepa unir a la gente. Quiero hacer que toda esa gente se una, quiero que Pakistán sea uno solo, quiero ver la igualdad entre todos y la justicia.
P-¿Y cree que usted los puede unir?
R-Para lograr ese objetivo tengo que conseguir poder, y el verdadero poder consiste en la educación y el conocimiento. Además nos hace falta un escudo, que es la unidad del pueblo. Cuando la gente me acompañe, cuando los padres de las niñas me acompañen, cuando estemos juntos, me apoyarán con su voz, con su acción, con su compasión. Cuando nos apoyemos los unos a los otros, cuando nos eduquemos, cuando logremos ese poder, podremos con todo. Y entonces volveré a Pakistán.
P-En su libro dice que, a los trece o catorce años, veía los DVD de la serie norteamericana Betty la Fea “que era sobre una chica con una ortodoncia enorme y un corazón también enorme. Me encantó y soñaba con la posibilidad de ir algún día a Nueva York y trabajar en una revista como ella”. Me parece una afirmación conmovedora. ¡La revista de Betty la Fea es de moda! Esa añoranza por una vida normal y sin el peso sobrehumano que acarrea usted sobre los hombros…
R-Me gustaba ver la serie, me gustaba pensar en otro mundo en donde el mayor problema era la moda, quien viste qué ropa, qué sandalias, qué color de lápiz de labios usa tal chica… Mientras por otro lado las mujeres se mueren de hambre, y los niños también, y azotan a las mujeres, y aparecen cuerpos decapitados…
P-Pero, en cualquier caso, lo que indica este texto es que por ahí abajo hay ese anhelo comprensible de una existencia liviana y normal…
R-Malala me mira fijamente, se toma un par de segundos y luego dice que sí con la cabeza.

Ni siquiera se atreve a verbalizar su añoranza de otra realidad. Es una niña atrapada entre las ruedas de una responsabilidad colosal. Imaginen la situación: una realidad de violencia y abuso insoportables, un padre heroico que señala el camino y una niña inteligentísima, evidentemente superdotada, consciente de su propia dignidad y con una gran capacidad de compasión. Todo se conjuró en la vida de Malala para encerrarla en su destino de Juana de Arco. Las balas de los talibanes la han catapultado a una visibilidad mundial y es posible que, cuando ustedes lean esta entrevista, le hayan concedido el Nobel de la Paz, que se hará público mientras esta revista esté en imprenta. Yo he firmado pidiendo el Nobel para ella, pero ahora casi me preocupa que se lo den: sería otro peso más, otra exigencia. Malala, enardecida por haber sobrevivido y todavía muy joven, pese a su madurez, tiene ensueños grandiosos para el futuro de su pueblo. Ensueños inocentes y difíciles de alcanzar pero que quizá ella logre poner en marcha, porque esta pizca de mujer es poderosa. Tanto el padre como la hija tienen algo limpio, el corazón en la boca, una luz que encandila. Pero la luz de Malala está llena de sombras, es una estrella oscura llena de dolor y de determinación. A los dieciséis años está dispuesta a sacrificar toda su vida por su proyecto.

P-¿Se ha enamorado alguna vez? Me refiero a esos amores infantiles, de un actor, de un vecino mayor.
R-(Risas) Me encantan los jugadores de cricket. Pero eso es sólo parte de la vida, cuando te encariñas con alguien, y tengo cariño a tanta gente. Hay un jugador que se llama Shahid Afridi, que siempre sale eliminado sin anotar, pero sin embargo todos le queremos mucho. Está también Roger Federer. Hay muchos, pero eso no significa que me case con ellos.
P-¿Pero piensa casarse?
R-¡Tal vez!
P-Interesante, porque, en su parte del mundo, todas las líderes políticas tuvieron sin duda que casarse: Benazir, Indira… Es una buena respuesta.
R-Es una respuesta diferente.

-Pues nada más. Muchas gracias, Malala.
-Gracias a usted por su amor y su apoyo.

Y al escuchar su primorosa contestación final me siento como el señor Obaidullah, su profesor de Química.
https://elpais.com/elpais/2013/10/12/eps/1381613349_778121.html


La niña Malala antes del talibán atentado


De urgencia es atendida y llevada a Londres

En su Milagrosa recuperación actúa con más fuerza y convicción

Las frases célebres de una persona famosa permiten hacer un profundo análisis de su personalidad. Veamos a la niña que quisieron matar y MILAGROSAMENTE después fue Premio Nobel y joven graduada en Oxford.

83 Frases de Malala
-VI- 
1. A veces pensamos que tenemos que tener 50 años o ser primer ministro para cambiar al mundo, pero no importa la edad, sólo se necesita energía y entusiasmo.

2. Algunas personas sólo piden a los otros que hagan algo. Pero, ¿por qué debería esperar a otra persona? ¿Por qué no dar un paso y avanzar?


3. Algunos niños no quieren consolas, quieren un libro y un bolígrafo para ir al colegio.
 
4. Alza tu voz por lo correcto, por lo bueno.

5. Alzo mi voz no para gritar, sino para que todos aquellos que no tienen voces puedan ser escuchados.

6. Cambiaría el mundo si sólo enviara libros en lugar de enviar armas a otros países. (Frase dirigida al Presidente Barack Obama)

7. Conseguiré mi educación, ya sea en mi casa, en la escuela, o en cualquier otro lugar.

8. Con armas puedes matar a los terroristas. Con educación puedes matar al terrorismo.

9. Creo que todos cometen un error al menos una vez en su vida. Lo importante es lo que aprendes de él.


10. Cuando todo el mundo está en silencio, incluso una sola voz se vuelve poderosa.

11. Cuento mi historia no porque sea única, sino porque no lo es. Es la historia de muchas mujeres.

12. Debemos creer en el poder y la fuerza de nuestras palabras. Nuestras palabras pueden cambiar el mundo.
 
13. Educación es igual a cambio, niñas igual a poder, derechos humanos igual a universal y México igual a hermoso.

14. El mayor terror de los talibanes ha resultado ser un niña de 14 años armada con unos libros.

15. El mayor terror de los talibanes ha resultado ser un niña de 14 años armada con unos libros.
 
16. En algunas partes del mundo, los estudiantes van a la escuela todos los días. Es su vida normal; pero en otras partes del mundo, nos estamos muriendo de hambre por la educación. Es como un regalo precioso, es como un diamante.

17. Es verdad que la pluma es más fuerte que la espada, la educación asusta a aquellos que usan el terror.

18. Esto es lo que mi alma me dice: sé pacífica y ama a todo el mundo.

19. El Día de Malala no es mi día. Es el de todas las mujeres, todos los niños y todas las niñas que han levantado su voz por sus derechos.

20. El temor a que si vas a la escuela, alguien puede detenerte y arrojarte ácido en la cara.

 
21. Es cierto, tienes que convertirte en madre y abuela, pero por decisión propia, no por lo que dicte la sociedad o los hombres.

22. Es muy importante saber quién eres para tomar decisiones, para demostrar quién eres.

23 Es verdad que la pluma es más fuerte que la espada. La educación asusta a aquellos que usan el terror.


24. Esto es lo que mi alma me dice: sé pacífica y ama a todo el mundo.

25. Estoy orgullosa de mi religión y estoy orgullosa de mi país.

26. Extraño todo sobre Pakistán. Los ríos, las montañas, incluso las calles sucias y la basura alrededor de nuestra casa, y a mis amigos y nuestras charlas sobre nuestra vida escolar, sobre cómo solíamos pelear con nuestros vecinos.

 
27. Hagamos ahora nuestro futuro, y hagamos que nuestros sueños sean la realidad del mañana.

28. Hay dos poderes en el mundo: uno es la espada y otro es el lápiz. Hay un tercer poder más fuerte que ambos, el de las mujeres.

29. Hubo un momento en que las mujeres activistas pidieron a los hombres que lucharan por sus derechos; pero esta vez vamos a hacerlo por nuestra cuenta.

30. Incluso si soy una chica, incluso si la gente cree que no puedo hacerlo, no debería perder la esperanza.

31. La diversidad de culturas hace que el mundo sea hermoso.

32. La educación no es oriental y occidental. La educación es educación y es el derecho de cada ser humano.
 
33. La educación es la educación. Debemos aprender todo y después elegir qué camino seguir. La educación no es oriental ni occidental, es humana.

34. La educación es poder para las mujeres y eso es por lo que los terroristas le tienen miedo a la educación.

35. La mejor manera de luchar contra el terrorismo es muy sencilla: educar a la próxima generación.
 
36. La mejor manera de resolver problemas y de combatir en contra de la guerra es hacerlo a través del diálogo.

37. La vida no es sólo tomar oxígeno y expulsar dióxido de carbono.

 
38. La voz tiene poder, la gente escucha cuando hablamos.
 
39. Las mujeres tienen demasiados desafíos. El principal es confiar en sí mismas porque las mujeres son más poderosas que los hombres.
 
40. Leer un libro, tener un boli en las manos, estudiar, sentarse en un aula… es algo muy especial para nosotros, pues hemos sido privados de ello.

41. Lo único que quiero es una educación y me asusta no tener ninguna.


42. Los libros pueden capturar las injusticias de tal manera que se quedan contigo y te hacen querer hacer algo con ellas. Por eso son tan poderosos.

 
43. Los terroristas pensaban que podrían cambiar mis objetivos y frenar mis ambiciones, pero nada cambiará mi vida excepto esto: la debilidad, el miedo y la desesperanza. La fuerza, el poder y el valor nacieron.

44. Me dije: Malala, ya te has enfrentado a la muerte. Esta es tu segunda vida. No tengas miedo. Si tienes miedo, no puedes seguir adelante.

45. Me encanta la física porque su objeto es la verdad, un mundo determinado por principios y leyes, sin divagaciones ni tergiversaciones como en la política.

46. Mi meta no es obtener el Premio Nobel de la Paz. Mi meta es conseguir la paz y mi objetivo es ver la educación de todos los niños.
 
47. Mi objetivo no es conseguir el Nobel de la Paz. Mi objetivo es conseguir ver la paz y la educación para todos los niños del mundo.

48. Mi meta es conseguir la paz y mi objetivo es ver la educación de todos los niños.

49. Mi madre siempre me decía: «Oculta tu rostro, la gente te está mirando». Yo respondía: «no importa, también los estoy mirando yo».

 
50. Muchas mujeres ni siquiera saben que merecen equidad, piensan que ser discriminada es normal, pero la educación cambia eso.

51. Ni siquiera odio al talibán que me disparó. Incluso si tuviese un arma en la mano y se pusiera delante de mí, yo no le dispararía.

52. Ninguna lucha puede tener éxito si las mujeres no participan en ella junto a los hombres.


53. No debería de existir ninguna discriminación contra los lenguajes que las personas hablan, el color de la piel, o la religión.

54. No pido a los hombres que alcen la voz a favor de los derechos de la mujer, estoy enfocada en que las mujeres sean independientes y luchen por sus derechos ellas mismas.


55. No queremos políticos que tomen todas sus decisiones con el único objetivo de imponer sus ideologías. Lo que queremos es que escuchen a la gente.

56. No quiero ser recordada como la niña que recibió un disparo. Quiero ser recordada como la chica que se puso de pie y siguió.

57. No quiero vengarme de los talibanes, quiero educación para los hijos e hijas de los talibanes.

 
58. No sé por qué, pero oír que estaba amenazada no me preocupó. Me parecía que todos sabemos que algún día vamos a morir. Creo que nadie puede detener a la muerte, venga de un talibán o del cáncer. Así que seguiré haciendo lo que quiera hacer.

59. No se trata de combatir el terrorismo con la violencia, sino con las palabras.

60. Nos damos cuenta de la importancia de nuestras voces sólo cuando somos silenciados.

61. Para hacerme poderosa solo necesito una cosa: educación.

 
62. Parte de la naturaleza humana es que no aprende la importancia de nada hasta que se nos arrebata algo de nuestras manos.

63. Podrán quitarnos las plumas y los libros, pero no conseguirán que nuestras mentes dejen de pensar.

64. Pueden dispararle a mi cuerpo, pero no pueden dispararle a mis sueños.

 
65. Que las mujeres sean independientes y peleen por ellas. Es tiempo de pelear. Llamamos a los líderes mundiales a cambiar sus estrategias.

66. Quiero hacer que toda esa gente se una, quiero que Pakistán sea uno solo, quiero ver la igualdad entre todos y la justicia.
 
67. Quiero poner fin a la pobreza en el Pakistán del mañana. Quiero que todas las niñas de Pakistán vayan a la escuela.

68. Sabía que me iban a disparar, pero no quise parar mi campaña. Estaba preparada para que me dispararan.

69. Sentía aversión por la forma en que el sistema actual premiaba la obediencia por encima de la curiosidad y la creatividad.

 
70. Si se quiere acabar la guerra con otra guerra nunca se alcanzará la paz. El dinero gastado en tanques, en armas y soldados se debe gastar en libros, lápices, escuelas y profesores.

71. Si tienes miedo no puedes avanzar.

72. Si un hombre puede destruirlo todo, ¿por qué una mujer no puede cambiarlo?


73. Si vas a cualquier lugar, incluso al paraíso, echarás de menos tu hogar.

74. Sin educación las mujeres no pueden mostrar sus habilidades aunque tengan mucho talento. Cuando una mujer se educa, se da cuenta de lo valiosa que es.

75. Las acciones que emprenden generan un cambio positivo en el mundo aunque no lo noten.

76. Teníamos dos opciones, estar calladas y morir o hablar y morir, y decidimos hablar.

77. Teníamos miedo, pero nuestro miedo no era tan fuerte como nuestro coraje.

78. Todos no podemos avanzar si la mitad de la humanidad va por detrás.


70. Tomemos nuestros libros y nuestros lápices. Son nuestras armas más poderosas. Un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo.

80. Un país no es más fuerte por el número de soldados que tiene, sino por su índice de alfabetización.

81. Una vez le pedí a Dios que me diera algunos centímetros de altura. En cambio, me hizo tan alta como el cielo, tan alta que no podía ni medirme a mí misma. Al darme esta altura para llegar a la gente, también me ha dado grandes responsabilidades.

82. Vivimos como una familia de naciones, es necesario que cada miembro de esta familia reciba oportunidades iguales de crecimiento económico, social y especialmente educacional (…) Si un miembro se rezaga, el resto nunca podrá continuar hacia delante.

 
83. Volver al colegio me hace muy feliz. Mi sueño es que todos los niños en el mundo puedan ir a la escuela porque es su derecho básico.

-VII-
Malala se gradúa en la Universidad de Oxford
19 de junio de 2020
Con 15 años, la joven fue el objetivo de un atentado talibán que casi acaba con su vida
El 9 de octubre de 2012, Malala Yousafzai, de 15 años, fue víctima de un atentado en Pakistán. Recibió varios disparos en la parte izquierda de la frente y cuello, por los que fue intervenida quirúrgicamente. Tras salvar su vida y convertirse en un símbolo mundial de la lucha por la educación, la joven anunció su felicidad tras graduarse en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.
«Es difícil expresar mi alegría y gratitud ahora que me he graduado en Oxford con una licenciatura en filosofía, política y economía», dijo Malala, de 22 años, en Twitter. «No sé qué es lo siguiente. Por ahora, será Netflix, leer y dormir», añadía.
Malala fue admitida en la prestigiosa universidad en el año 2017 tras asistir a una escuela secundaria en Birmingham. La joven se mudó a tierras británicas después del atentado. Años antes, en 2007, había comenzado a ganar fama a nivel internacional al plantar cara al régimen de Pakistán cuando solo tenía once años, después de que se decidiera prohibir en el país el acceso a las escuelas de las niñas.
Con el tiempo, su fama empezó a trascender hasta llegar a ser nominada al Premio de la Paz Internacional de la Infancia. Convertida en un icono en la defensa del derecho de la mujer a la educación, fue galardonada, con solo 17 años, con el Premio Nobel de la Paz en 2014.
https://www.abc.es/sociedad/abci-malala-gradua-universidad-oxford-202006191341_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

-VIII-
Discurso de Malala Yousafzai en la recepción del Premio Nobel de la Paz 2014

Majestades, miembros distinguidos del Comité Noruego para el Nobel, queridos hermanos y hermanas, hoy es un día de gran alegría para mí. Con humildad recibo este hermoso premio que el Comité para el Nobel me ha otorgado. Gracias a todos por vuestro continuo apoyo y amor. Gracias por las cartas y postales que sigo recibiendo de todos los rincones el mundo. Vuestro cariño y vuestros ánimos me fortalecen y me inspiran. Quiero agradecer a mis padres su amor incondicional. Gracias, padre, por no sujetar mis alas, por dejarme volar. Gracias, madre, por enseñarme a ser paciente y a decir siempre la verdad, lo que creemos firmemente que es el mensaje del Islam. Estoy muy orgullosa de ser la primera Pastún, la primera pakistaní y la primera joven que recibe este premio. Estoy segura de que soy también la primera receptora del Premio Nobel de la Paz que sigue luchando junto con sus hermanos jóvenes. Quiero la paz para todo el mundo, y mis hermanos y yo seguimos trabajando en ello. También me siento honrada por recibir este galardón con Kailash Satyarti, que ha sido un campeón de los derechos de los niños durante mucho tiempo. De hecho, desde mucho antes de venir yo al mundo. Estoy contenta de que podamos estar juntos y demostrar al mundo que un indio y una pakistaní pueden estar unidos en paz y trabajar juntos por los derechos de los niños. Queridos hermanos y hermanas, llevo el nombre de la maravillosa Juana de Arco Pastún, Malalai de Maiwand. La palabra Malala significa “inmersa en la pena”, “triste”, pero para darle cierta alegría, mi abuelo siempre me llama Malala la joven más feliz del mundo. Hoy soy muy feliz porque estamos juntos por una causa importante. Este premio no es sólo para mí. Es para esos niños olvidados que quieren educación. Es para esos niños asustados que quieren paz. Es para esos niños sin voz que quieren cambio. Estoy aquí para defender sus derechos, para hacer oír su voz...no es tiempo de compadecerles. Es tiempo de actuar para que esta sea la última vez que veamos a un niño privado de educación. La gente habla de mí de diferentes maneras. Algunos me conocen cono la niña a la que dispararon los Talibán Otros, la joven que lucha por sus derechos

Hay quien me llama ahora la “Laureada con el Nobel” Pero lo único que sé es que soy sólo una persona comprometida y testaruda que quiere ver cómo todos los niños reciben educación de calidad, que quiere igualdad de derechos para las mujeres y que quiere paz en todos los rincones del mundo. La educación es una de las bendiciones de la vida y una de sus necesidades. Esta ha sido mi experiencia durante mis 17 años de vida. En mi hogar, en Swat Valley al norte de Pakistán, siempre me ha gustado la escuela y aprender cosas nuevas. Recuerdo cómo mis amigas y yo decorábamos nuestras manos con henna en ocasiones especiales. En lugar de dibujar flores o diseños, pintábamos nuestras manos con fórmulas matemáticas y ecuaciones. Teníamos sed de educación porque nuestro futuro estaba allí, en aquella aula. Allí nos sentábamos y leíamos y aprendíamos juntas. Nos gustaban nuestros uniformes limpios y arreglados y nos sentábamos allí con los ojos llenos de grandes sueños. Queríamos que nuestros padres se sintieran orgullosos y demostrar que podíamos destacar en el estudio y alcanzar cosas que algunos piensan que sólo pueden alcanzar los chicos. Pero las cosas cambiaron. Cuando tenía 10 años, Swat, que era un precioso lugar turístico, se convirtió de repente en un nido de terrorismo. Más de 400 escuelas fueron destruidas. Se prohibió que las niñas fueran a la escuela. Las mujeres recibían palizas. Se mataba a personas inocentes. Todos sufríamos. Y nuestros sueños maravillosos se convirtieron en pesadillas. La educación pasó de ser un derecho a ser un delito. Al cambiar de repente mi mundo, cambiaron también mis prioridades. Tenía dos opciones. Una era callarme y esperar a que me matasen. La otra hablar alto y que me matasen entonces. Elegí la segunda opción. Decidí hablar alto. Los terroristas trataron de detenernos y nos atacaron a mí y a mis amigas el 9 de octubre de 2012 pero sus balas no pudieron vencernos. Sobrevivimos. Y desde aquel día nuestras voces no han hecho más que crecer. Cuento mi historia no porque sea única, sino porque no lo es. Es la historia de muchas niñas. Hoy, cuento también sus historias. He traído conmigo a Oslo a algunas de mis hermanas que comparten esta historia, amigas de Pakistán, Nigeria y Siria. Mis valientes hermanas Shazia y Kainat Riaz a las que también dispararon aquel día en Swat. Ellas también han superado un trauma trágico. También mi hermana Kainat Somro de Pakistán, que ha sufrido extrema violencia e insultos. Incluso mataron a su hermano, pero ella no ha sucumbido. Y me acompañan jóvenes que conocí durante mi campaña Malala Fund, que son ahora como mis hermanas. Mezon, mi valiente hermana siria, de 16 años. Ella vive ahora en Jordania, en un campo de refugiados y va de tienda en tienda ayudando a aprender a niñas y niños. Y mi hermana Amina, del Norte de Nigeria, donde Boko Haram amenaza y secuestra niñas simplemente por querer ir a la escuela.

Aunque me presento aquí como una jovencita, una persona que mide 5 pies y 2 pulgadas- si se incluyen mis tacones altos-, no soy solamente una voz. Soy muchas voces. Soy Shazia. Soy Kainat Riaz. Soy Kainat Somro. Soy Mezon Soy Amina. Soy esos 66 millones de niñas que no van a la escuela. A la gente le gusta preguntarme por qué la educación es importante, especialmente para las niñas. Mi respuesta es siempre la misma. Lo que he aprendido de los primeros dos capítulos del Corán es la palabra Iqra, que significa “lee”, y la palabra wal-qalam, que significa “con la pluma”. Por eso, como dije el año pasado en Naciones Unidas, “Un niño, un maestro, una pluma y un libro, pueden cambiar el mundo”. Hoy, en medio mundo, se ve un progreso rápido, modernización y desarrollo. Pero hay países donde millones de personas siguen sufriendo los problemas de siempre: hambre, pobreza, injusticia y conflictos. Se nos recuerda que el 2014 es el centenario de la Primera Guerra Mundial, pero aún no hemos aprendido las lecciones que se derivan de la pérdida de esos millones de vidas hace 100 años. Todavía hay conflictos en los que cientos de miles de inocentes pierden la vida. En Siria, Gaza e Irak muchas familias se han convertido en refugiados. Todavía hay niñas que no son libres para ir a la escuela en el norte de Nigeria. En Pakistán y Afganistán vemos cómo se mata a gente inocente en ataques suicidas o con bombas. Muchos niños en África no tienen acceso a la escuela a causa de su pobreza. Muchos niños en India y Pakistán no tienen derecho a la educación a causa de tabúes sociales, o se les obliga a realizar trabajo infantil y se les obliga a las niñas a casarse. Una de mis mejores amigas de la escuela, de mi misma edad, ha sido siempre una chica audaz y segura de sí misma y soñaba con ser médico. Pero su sueño se quedó en sueño. Cuando tenía 12 años se le obligó a casarse y tuvo enseguida un niño, a una edad en que ella misma era aún una niña –tenía sólo 14 años. Estoy segura de que mi amiga habría sido una médico excelente. Pero no pudo ser...porque era niña. Su historia es el motivo por el que dedico el dinero del Premio Nobel a Malala Fund, para ayudar a ofrecer a todas las niñas una educación de calidad y para pedir a los líderes que ayuden a niñas como yo, como Mezun y como Amina. El primer sitio a dónde irán a parar estos fondos es allí donde está mi corazón, a la construcción de escuelas en Pakistán, especialmente en mi hogar de Swat y Shangla.

En mi aldea no existe aún escuela de secundaria para chicas. Quiero construir una, para que mis amigas puedan recibir educación y la oportunidad de hacer realidad sus sueños. Es allí donde quiero empezar, pero no quiero pararme allí. Quiero continuar esta lucha hasta ver que todos los niños están en la escuela. Me siento mucho más fuerte después del ataque que sufrí porque ahora sé que nadie puede detenerme o detenernos, porque ahora somos millones los que resistimos juntos. Queridos hermanos y hermanas, grandes personas que han traído cambios, como Martín Lutero King y Nelson Mandela, Madre Teresa y Aung San Suu Kyi, estuvieron también aquí, en este escenario. Espero que los pasos que Kailash Satyarti y yo hemos dado hasta ahora y los que daremos en este viaje traigan consigo un cambio. Un cambio duradero. Mi gran esperanza es que sea esta la última vez que tengamos que luchar por la educación de nuestros niños. Queremos que todos se unan para apoyarnos en nuestra campaña, para que podamos resolver esto de una vez por todas. Como dije, hemos dado ya muchos pasos en la dirección correcta. Ahora es el momento de dar un salto. No es momento de decir a los líderes que comprueben lo importante que es la educación. Ellos ya lo saben: sus hijos estudian en buenos colegios. Es momento de llamarles a la acción. Pedimos a los líderes mundiales que se unan y hagan de la educación su prioridad más importante. Hace 15 años, los líderes mundiales decidieron acerca de una serie de objetivos globales, los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Durante los años siguientes hemos visto algún progreso. El número de niños excluidos de la escuela se ha reducido a la mitad. Sin embargo, el mundo se ha centrado sólo en expandir la educación primaria y el progreso no ha alcanzado a todos. El año próximo, el 2015, representantes de todo el mundo se reunirán en Naciones Unidas para decidir sobre el próximo paquete de medidas: los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Con esto se establecerán una serie de objetivos ambiciosos para las generaciones venideras. Los líderes deben aprovechar esta oportunidad para garantizar una educación gratuita y de calidad, primaria y secundaria, para todos los niños. Algunos dirán que esto no es práctico, o que es muy caro, o muy duro. O, incluso, imposible. Pero ha llegado el momento de que el mundo piense en grande. Queridos hermanos y hermanas, el llamado mundo de los adultos puede entender esto, pero nosotros, los niños, no lo entendemos. ¿Por qué razón países que llamamos “poderosos” tienen tanto poder para crear guerras y son tan débiles para traer la paz? ¿Por qué razón dar fusiles es tan fácil y dar libros es tan duro? ¿Y por qué razón es tan fácil fabricar tanques y tan difícil construir escuelas? Vivimos una edad moderna, el siglo XXI, y todos creemos que nada es imposible. Podemos llegar a la luna y pronto aterrizaremos en Marte. Por lo tanto, en este siglo XXI debemos tomar la determinación de que nuestro sueño de una educación de calidad para todos se convierta en realidad.

Llevemos igualdad, justicia y paz a todos. No son sólo los políticos y los líderes mundiales, todos necesitamos contribuir. Yo. Tú. Es nuestro deber. Así que tenemos que trabajar...y no esperar. Mi llamada se dirige a todos los niños del mundo. Queridas hermanas y hermanos, seamos la primera generación que decida ser la última. Las aulas vacías, la infancia perdida, el potencial desperdiciado, haced que estas cosas se acaben con nosotros. Que sea la última vez que un niño o una niña pase su niñez en una fábrica. Que sea la última vez que una niña se vea forzada a un matrimonio temprano. Que sea la última vez que un niño inocente pierda la vida en una guerra. Que sea la última vez que un aula se quede vacía. Que sea la última vez que se le diga a una niña que la educación es un delito y no un derecho Que sea la última vez que un niño se quede fuera de la escuela. Que empecemos este final. Que esto se termine con nosotros. Y que construyamos un futuro mejor aquí y ahora. Gracias.
https://www.pediatriasocial.es/HtmlRes/Files/DiscursoMalala.pdf


Amiga, Amigo:

Desde el punto de vista de la numerología del 581 que corresponde al presente escrito se reduce a 5, siendo el 5 el número del cambio, el movimiento, la mutación, el que permite alcanzar la maestría gracias a la propia experimentación. Pues bien el título del presente escrito 581 refleja a Malala y se entiende al leer su desarrollo en general y en especial lo siguiente:

La escritora española Rosa Montero, en entrevista con Malala, relata que;

“La bala entró por debajo del ojo izquierdo y salió por el hombro. Le destrozó los huesos de media cara, cortó el nervio y rozó el cerebro, que se inflamó tanto que tuvieron que quitarle toda la tapa de la cabeza. Durante meses estuvo con el cerebro al aire y con el pedazo de cráneo metido, para su conservación, bajo la piel del abdomen (al final tiraron el hueso y le pusieron una pieza de titanio). También estuvo meses con medio rostro desplomado: no podía reír, apenas podía hablar, no podía parpadear con el ojo izquierdo y los dolores eran terribles”.

Pienso sxi están avergonzados los autoproclamados machistas talibanes a los que una niña de Pakistán de 15 años con su pensamiento y palabra los derrotó. Quien el año 2012 la atacó era un fundamentalista cobarde. El asesino talibán que subió al bus escolar y preguntó quién era Malala para dispararle sobre seguro a la cabeza, jamás pensó que sobreviviría y que para ser logrado sería su víctima trasladada de urgencia a Londres, allí tuvo varias operaciones, de manera misteriosa se recuperó SIN SECUELAS importantes, un Milagro que me hace pensar... Además le permitió conocer otra cultura no fundamentalista - supramachista que a ella la hubiera llevado al matrimonio sin consultarla a los 15 años. En el Reino Unido ella encontró lo que anhelaba desde corta edad en Pakistán y se potenció al estudiar en la prestigiosa Universidad de Oxford y graduarse en Filosofía, Política y Economía. 

Logrando ellamás amplitud de pensamiento equilibrado feminista no fanático con igualdad de género y su férrea lucha por la justa educación de los niños carenciados de la misma en Pakistán y el resto de las Naciones, que además potenció con sus libros y charlas en muchas naciones. Luchó por la Paz y así lo reconoció Oslo al otorgarle el Premio Nobel de la Paz 2014, "Por su lucha contra la opresión de los niños y los jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación", según anunció el Comité Nobel Noruego. Siendo la persona más joven en recibirlo y era una Mujer menor de edad de 17 años... ... ... 

El año 2014 Con la ayuda de su padre, ese año el sueño que perseguía Malala Yousafzai comenzaba a materializarse con la apertura de su fundación, Malala Fund. Esta tenía como objetivo dar oportunidades a todas las niñas para alcanzar el futuro que querían.

Este escrito 581 he intentado realizarlo de la mejor forma posible en sus ocho capítulos, por ejemplo en el -VI- las 83 frases quedan en orden alfabético y numeradas lo que facilita su búsqueda. Quería dejar una entrevista a Malala y todas están en formato video, al fin encontré el artículo del capítulo -V- que está sin separación entre preguntas y respuestas y todo con el mismo tipo de letra Times New Roman sin ser nada destacado en su desarrollo: Resalté las Preguntas diferenciándolas de las Respuestas con negrilla para las preguntas y otro tipo de letra Comic Sans MS para las respuestas, facilitando así su fácil y mejor comprensión del interesante texto.

Este 581 es para que sepas que hay Milagros y tú Amiga, Amigo te deleites con su lectura.                                      



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Marzo de 2021
Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net