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        La madre de las          modernas vacunas
por ARN Mensajero




Katalin Karikó (1955)
Katalin Karikó es una científica húngara reconocida como “la madre de las vacunas” pues es una de las mentes que está detrás de la ciencia que ha permitido crear las inmunizaciones contra el covid-19.
Con años de estudios en el ARN mensajero, la bioquímica continuó sus investigaciones en torno a esta molécula de la cual se crearon las actuales vacunas Pfizer/ BioNTech y Moderna, que buscan combatir al coronavirus. La científica nació en Hungría, donde estudió Biología. En la década de los 80 dejó a su país natal para continuar con sus estudios en Estados Unidos.
La Universidad Pensilvania, donde ha sido docente por más de 20 años, es la principal locación de estudio de Karikó y el lugar en el que desarrolló una carrera a la sombra de la comunidad científica. Desde los 90 que la bioquímica estudia al ARN como una molécula apta de crear vacunas y combatir enfermedades. En ese entonces su idea no tuvo apoyo: fue constantemente rechazada y no le otorgaron subvenciones para sus investigaciones, pues en esos años priorizaban el estudio entorno al ADN. Además, durante esa década le fue difícil conseguir una visa para convertirse en ciudadana estadounidense. Mantenerse en un trabajo era necesario por lo que sus investigaciones siempre estuvieron limitada a un rango más bajo.
Ha trabajado en diversos estudios en torno al ARN. En 2005, junto al científico Drew Weissman, lograron que la molécula no produjera contraindicaciones o inflamaciones que se habían demostrados en ocasiones anteriores. Además, en 2015 Karikó descubrió la forma de recubrir al ARN para que no se degradara al ingresar a la célula.
La bioquímica continuó aferrada a su idea y sus investigaciones ayudaron a la creación de la vacuna contra el covid 19. Actualmente el ARN mensajero da vida a dos de las vacunas que, se espera, puedan combatir la pandemia. Esta molécula entra en las células identificando el historial genético para así crear las proteínas suficientes para que el organismo pueda enfrentarse al virus. El gran aporte de Katalin la convierte en una posible candidata para el Premio Nobel.
https://mujeresbacanas.com/katalin-kariko-1955/


La madre de la vacuna contra la covid: “En verano podremos, probablemente, volver a la vida normal”
La bioquímica húngara Katalin Karikó pasó 40 años trabajando en la sombra y desarrollando avances claves para las inyecciones de Moderna y BioNTech
27 dic 2020
Una mujer nacida en una pequeña ciudad húngara y que creció feliz en una casa de adobe sin agua corriente ni electricidad es hoy una de las científicas más influyentes del planeta. Sus descubrimientos han sido fundamentales para hacer posibles las dos principales vacunas que pueden sacarnos de esta pandemia.
“Yo era una niña feliz. Mi padre era carnicero y me gustaba mirarle trabajar, observar las vísceras, los corazones de los animales, quizás de ahí me vino la vena científica”, cuenta Karikó a este diario desde su casa en las afueras de Filadelfia, en EE UU. Después de estudiar Biología en Hungría, Karikó fue a EE UU para hacer el doctorado en 1985 y jamás regresó. “Estuve a punto de ir a España con el grupo de Luis Carrasco, que estaba interesado en mi trabajo, también a Francia, pero la Hungría comunista ponía las cosas muy difíciles”, explica.
Ahora parece increíble pero, durante toda una década, la de los noventa, nadie apoyó la idea de Karikó: hacer tratamientos y vacunas basadas en la molécula del ARN, exactamente la misma que usan las de Moderna y BioNtech contra el coronavirus. “Recibía una carta de rechazo tras otra de instituciones y compañías farmacéuticas cuando les pedía dinero para desarrollar esta idea”, explica esta bioquímica de 65 años nacida en Kisújszállás, a unos 100 kilómetros de Budapest. Ella misma enseña en sus charlas una carta de la farmacéutica Merck & Co (MSD) rechazando su petición de 10.000 dólares para financiar su investigación. Ahora Moderna y BioNTech han recibido cientos de millones de euros de fondos públicos para desarrollar en tiempo récord sus vacunas de ARN mensajero, la misma idea que Karikó y otro pequeño grupo de científicos intentó impulsar hace 30 años sin éxito.
Durante toda una década, la de los 90, nadie quiso apoyar la idea de Karikó

La idea era buena, pero no estaba de moda. Querían usar una molécula frágil y efímera para curar enfermedades o evitar infecciones de forma permanente. El ARN es una molécula sin la que no podría existir la vida en la Tierra. Es el mensajero encargado de entrar en el núcleo de nuestras células, leer la información que contiene nuestro libro de instrucciones genético, el ADN, y salir con la receta para producir todas las proteínas que necesitamos para movernos, ver, respirar, reproducirnos, vivir.
Karikó quería usar las células del propio enfermo para que fabricasen la proteína que les curaría inyectándoles un pequeño mensaje de ARN. “Todo el mundo lo entiende ahora, pero no entonces”, lamenta la científica.
En aquellos años lo que triunfaba era la terapia génica, basada en cambiar el ADN de forma permanente para corregir enfermedades. Esa visión comenzó a relativizarse cuando se demostró que modificar el ADN puede generar mutaciones letales y cuando algunos pacientes murieron en ensayos clínicos.
“Todo el mundo pensaba que era una locura, que no funcionaría”

Otros pocos científicos que tuvieron la idea de desarrollar vacunas de ARN se estrellaron con el mismo muro que Karikó. “Todo el mundo pensaba que era una locura, que no funcionaría”, recuerda Pierre Meulien, jefe de la Iniciativa de Medicinas Innovadoras financiada por la UE. “En 1993 nuestro equipo del Instituto Nacional de Salud de Francia desarrolló un método para llevar ARN mensajero como terapia. Lo conseguimos, pero no pudimos llegar a la fase industrial porque en parte faltaba financiación”, recuerda.
“Nuestro equipo fue el primero en desarrollar una vacuna de ARN y también el primero en recibir una ayuda de los institutos nacionales de salud para lograr financiación de empresas y probarla en humanos”, recuerda David Curiel, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis. “Pero la empresa interesada, Ambion, nos dijo que la vacuna no tenía futuro”, añade.
Las vacunas de ARN generaban dudas. “La nuestra solo tenía efectos en algunos animales y en otros no”, recuerda Frédéric Martinon, coinvestigador del proyecto francés. “Gracias al trabajo de Katalin ahora sabemos por qué”, añade. Las vacunas de ARN planteaban dos problemas aparentemente irresolubles. Por un lado, no conseguían producir suficiente proteína. Por otro, el ARN mensajero podía generar una potente inflamación causada por el sistema inmune, que pensaba que el ARN introducido era de un virus. ¿Cómo podía ser que una molécula unas 50 veces más abundante en nuestro cuerpo que el propio ADN generase rechazo?
A principios de la década de 2000, Karikó seguía acumulando rechazos, ya como investigadora de la Universidad de Pensilvania. Un día fue a la fotocopiadora y se encontró con Drew Weissman, un científico recién llegado que venía del equipo de Anthony Fauci, una eminencia en VIH y que en la actualidad dirige el instituto público que ha desarrollado la vacuna junto a Moderna. Weissman quería la vacuna contra el virus del sida y acogió a Karikó en su laboratorio para que lo intentase con ARN mensajero.
En 2005 descubrieron que modificando una sola letra en la secuencia genética del ARN podía lograrse que no generase inflamación. “Ese cambio de uridina a pseudouridina permitía que no se generase una respuesta inmune exagerada y además facilitaba la producción de proteína en grandes cantidades. Sabía que funcionaría”, dice Karikó.
Su trabajo volvió a ser ignorado durante años. Los dos científicos patentaron sus técnicas para crear ARN modificado, pero la Universidad de Pensilvania decidió cedérselas a la empresa Cellscript. “Querían dinero rápido y las vendieron por 300.000 dólares”, explica Karikó.
“Estas vacunas nos van a sacar de esta pandemia”

En 2010, un grupo de investigadores de EE UU fundó una empresa que compró los derechos sobre las patentes de Karikó y Weissman. Su nombre era un acrónimo de “ARN modificado”: ModeRNA. En pocos años, sin apenas publicar estudios científicos, recibieron cientos de millones de dólares de capital privado, incluidos 420 millones de dólares de Astrazeneca. La compañía prometía poder tratar enfermedades infecciosas con ARN mensajero. Casi al mismo tiempo, otra pequeña empresa alemana fundada por dos científicos de origen turco, BioNTech, adquirió varias de las patentes sobre ARN modificado de Karikó y Weissman para desarrollar vacunas contra el cáncer. En 2013, tras casi 40 años de trabajo prácticamente anónimo, Karikó fue fichada por BioNTech, de la que hoy es vicepresidenta.
“Sentí que era el momento de cambiar y pensé que podía aceptar el puesto para asegurarme de que las cosas iban en la dirección correcta”, dice Karikó. Las vacunas de Moderna y BioNTech, desarrollada junto a Pfizer, han demostrado una eficacia de al menos el 94%.
Hace apenas unos días, Karikó y Weissman se juntaron de nuevo para recibir la primera dosis de la vacuna de BioNTech. “No me causa ningún miedo”, dice la científica. “Si no fuera ilegal ya me habría inyectado en el laboratorio, pero a mí siempre me ha gustado seguir las normas”, explica. “La vacuna protege apenas 10 días después de la primera dosis, cuando la protección es del 88,9%. Con la segunda dosis aumenta al 95%. Hay algo muy importante. Hemos sacado sangre a los vacunados en los ensayos clínicos y hemos creado réplicas de todas las variantes del coronavirus que hay por el mundo. La sangre de estos pacientes, que contiene anticuerpos, ha sido capaz de neutralizar 20 variantes mutadas del virus”, resalta.
“Estas vacunas nos van a sacar de esta pandemia. En verano probablemente podremos volver a la playa, a la vida normal. Y con más de 3.000 muertos diarios en EE UU no me cabe duda de que la gente se va a vacunar. Especialmente los mayores”, opina.
Derrick Rossi, uno de los fundadores de Moderna, dice que Karikó y Weissman deberían recibir el Nobel de Química

Karikó entiende que haya personas que tengas dudas sobre estos fármacos “porque nunca se había aprobado una vacuna basada en ARN. Pero los prototipos llevan usándose más de 10 años, por ejemplo contra el cáncer, en ensayos clínicos, y han resultado seguras. El ARN mensajero que usamos tiene la misma composición que el que fabricas tú mismo, en tus propias células. Es algo completamente natural y se hace a partir de nucleótidos de plantas. No hay nada extra desconocido y no se usan células de ningún animal, ni bacterias, nada”, destaca.
Hace unas semanas, Derrick Rossi, uno de los fundadores de Moderna, dijo a la revista STAT que Karikó y Weissman deberían recibir el Nobel de Química. Kenneth Chien, biólogo cardiovascular del Instituto Karolinska en Suecia y también cofundador de Moderna, coincide: “Todas las empresas de ARN mensajero, incluida Moderna, existen gracias al trabajo original de Karikó y Weissman. Merecen la parte del león porque sin sus descubrimientos las vacunas de ARN no estarían tan avanzadas como para poder enfrentar esta pandemia”, resalta.
Pero en una historia tan asombrosa como la de esta vacuna no podían ser todo luces. Karikó tiene sus adversarios que discuten la importancia de su trabajo. “Kati no es la pionera, sería ridículo considerarla como tal”, espeta Hans-Georg Rammensee, inmunólogo de la Universidad de Tubinga. Este científico explica que su equipo demostró en 2000 que una inyección de ARN sin modificar generaba una respuesta inmune positiva en ratones. “Buscábamos una vacuna contra el cáncer”, señala. Ese mismo año Rammensee cofundó una empresa para desarrollar la vacuna, “pero el proyecto tardó mucho en despegar porque no había financiación”, explica. Esa empresa se llama Curevac y en la actualidad es la tercera competidora en la carrera de vacunas de ARN mensajero contra la covid. La UE ha apalabrado 225 millones de dosis con Curevac, si finalmente demuestra eficacia. Esta empresa no usa ARN modificado y Rammensee cree que ni ese ni ninguno de los otros avances de Karikó han sido determinantes. Aún así reconoce lo inevitable. “Sin nuestro estudio de 2000 no se habrían fundado ni Moderna ni Biontech, pero ellos han sido más rápidos en el desarrollo”.
Karikó declina los reconocimientos con una mezcla de humildad y orgullo. “En los últimos 40 años no he tenido ni una recompensa a mi trabajo, ni siquiera una palmadita en la espalda. No lo necesito. Sé lo que hago. Sé que esto era importante. Y soy demasiado vieja para cambiar. Esto no se me ha subido a la cabeza. No uso joyas y tengo el mismo coche viejo de siempre”, comenta. Cuando era una joven científica aún en su Hungría natal su madre le decía que algún día ganaría el Nobel. “Yo le contestaba, ¡pero si ni siquiera puedo conseguir una beca, ni siquiera tengo un puesto fijo en la universidad!”.
https://elpais.com/ciencia/2020-12-26/la-madre-de-la-vacuna-contra-la-covid-en-verano-podremos-probablemente-volver-a-la-vida-normal.html

Katalin Karikó, la bioquímica que entendió cómo utilizar el ARN mensajero para curarnos e inmunizarnos

Una vacuna es un fármaco que actúa entrenando a nuestro sistema inmunitario para responder ante un patógeno. Para ello, lo que suele hacer es enseñarle a nuestras defensas de forma controlada un señuelo, un compuesto que se parezca al patógeno o esté presente en él, de forma que cuando éste aparezca en su forma completa, nuestro cuerpo lo reconozca y ya sepa cómo vencerlo. Las vacunas son un asombroso ejemplo de lo que la ciencia ha sido capaz de entender y hacer en las últimas décadas.
Hasta ahora, las vacunas contenían o bien el propio patógeno atenuado o desactivado por distintos mecanismos, o bien una proteína del patógeno que nuestro sistema inmunitario pudiese reconocer. Pero varias de las actuales vacunas contra el SARS-CoV-2, el coronavirus causante de la COVID-19, se basan en una estrategia distinta, nunca empleada todavía. Son las llamadas vacunas de ARN mensajero, en las que una molécula de ARN se inyecta en nuestro cuerpo y se introduce en nuestras células para que sea su maquinaria celular la que produzca la proteína que debe entrenar a nuestras defensas. No se introduce virus ni proteína del virus. Solo las instrucciones para producirla, y lo demás ocurre ya en nuestras células.
Esto tiene varias ventajas. Por un lado son vacunas más rápidas de producir, algo crucial en medio de una pandemia mundial. Por otro, son más sencillas de modificar si el virus muta, algo que todos los virus hacen y que con el SARS-CoV-2 estamos viendo casi en tiempo real. Según todos los datos disponibles por ahora, son vacunas seguras. Y no, no suponen un riesgo de volvernos transgénicos, como temen algunos, ya que el ARN no se introduce en nuestro ADN ni lo modifica de ninguna forma.
De una década de rechazos a la esperanza frente a la COVID-19
Si estas vacunas son ya una realidad es porque existe el trabajo que Katalin Karikó lleva toda su vida realizando y a pesar de que esta bioquímica húngara se pasó la década de los 90 recibiendo una carta tras otra de rechazo de financiación para sus investigaciones. Esas investigaciones son hoy la base de las vacunas que, todos esperamos, nos ayudarán a dejar atrás la pandemia de COVID-19 y a volver a nuestra vida normal prepandémica.
Karikó nació en 1955 en la ciudad húngara de Szolnok. En una entrevista al periódico El País ha contado que su infancia fue feliz, que su padre era carnicero y que ella disfrutaba viéndole trabajar, observando las vísceras de los animales que despiezaba y que de ahí surgió su vocación científica.

Katalin Karikó (1980). Laboratorio de ARN del Centro de Investigación Biológica de la Academia
de Ciencias de Hungría.

Estudió ciencias y comenzó a investigar en el Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad de Szeged, donde además obtuvo su doctorado en bioquímica. Pero investigar en la Hungría comunista no era sencillo, así que en 1985 aceptó una invitación para ocupar una plaza postdoctoral en una Universidad de Temple, en Filadelfia. Su marido y ella vendieron su coche y guardaron el dinero en el osito de peluche de su hija con la idea de irse y no volver a Hungría.
Cómo usar el ARN mensajero para curar enfermedades
En Temple, continuó con sus investigaciones, que consistían en utilizar moléculas de ARN para curar enfermedades. El ARN es la molécula encargada de trasladar las instrucciones consignadas en el ADN a la maquinaria celular para que lleve a cabo su función específica, para que genere las proteínas que le tocan dentro del gran engranaje que es el organismo. Su idea era introducir en los enfermos una molécula de ARN con las instrucciones que enseñasen a sus células a producir las proteínas que pudiesen curarles. Por entonces Karikó se centraba en curar, no en inmunizar.
Durante años lo intentó con nulo éxito. Como decíamos, los años 90 fueron de continuo rechazo a su idea, demasiado innovadora por el momento. Eran los años de la terapia génica, del intento por solucionar los problemas de salud congénitos yendo directamente a la fuente, manipulando el ADN.
En 1995, tras varios rechazos de financiación fue degradada de rango en la Universidad de Pensilvania, donde se encontraba de trabajando. También le diagnosticaron un cáncer. Estuvo a punto de abandonar, de buscar otra cosa que hacer en otro sitio. “Pensé que tal vez no era lo suficientemente buena, no lo suficientemente inteligente”. Ante la necesidad de tener un trabajo para renovar su visa en Estados Unidos, aceptó ese puesto más bajo y con un sueldo menor.
Unos años después, un encuentro casual junto a una fotocopiadora de la universidad dio la vuelta a la situación de Karikó y de sus perspectivas científicas. Drew Weissman, inmunólogo recién llegado proveniente del equipo de Anthony Fauci, estaba buscando la vacuna contra el sida y quería que Karikó lo intentase con su ARN mensajero.
Los graves problemas de las primeras vacunas de ARN mensajero
Pero las vacunas de ARN tenían algunos inconvenientes. Por un lado, no conseguían que el cuerpo generase bastante proteína como para conseguir una respuesta inmune suficientemente potente. Por otro, el ARN mensajero podía causar una fuerte inflamación, una respuesta defensiva del sistema inmunitario al considerar que el ARN introducido era de un virus. La solución a ambos problemas resultó ser la misma: en 2005 descubrieron que cambiando una letra de la secuencia genética del ARN se evitaba la respuesta inmune exagerada y además se aumentaba la producción de la proteína deseada. Los ensayos con animales daban resultados cada vez mejores.
En 2010 una empresa dedicada a la investigación del tratamiento de enfermedades infecciosas con ARN mensajero compró los derechos sobre las patentes que habían registrado Karikó y Weissman. Se llamaba ModeRNA, acrónimo de “ARN modificado”. Casi a la vez, una pequeña empresa alemana fundada por dos inmigrantes de origen turco, BioNTech, adquirió otras patentes de los mismos investigadores orientadas al uso de ARN modificado para desarrollar vacunas contra el cáncer. En 2013, BioNTech contrataba a Karikó, que hoy ocupa el puesto de vicepresidenta senior.
Una vez en la empresa, Karikó siguió investigando para mejorar la técnica de ARN mensajero. Era necesario, por ejemplo, proteger de alguna forma las moléculas de ARN para que durasen más tiempo, ya que éstas son muy frágiles y se desechan enseguida, reduciendo así la eficacia de este tipo de fármacos. En 2015, Karikó comprobó que recubriéndolas de nanopartículas lipídicas se evita que se degraden demasiado rápido y se facilita su entrada en las células.
Ambas empresas, BioNtech y ModeRNA, son conocidas hoy mundialmente por su contribución al desarrollo de vacunas contra la COVID-19 utilizando la tecnología de ARN mensajero que Karikó se empeñó en desarrollar a pesar de las dificultades. “Esto es algo increíble, porque significa que todo el trabajo que estuve realizando años enteros, durante la década de los 90, y convencer a la gente de que tal vez el ARNm sería bueno, valió la pena”.
https://mujeresconciencia.com/2021/01/21/katalin-kariko-la-bioquimica-que-entendio-como-utilizar-el-arn-mensajero-para-curarnos-e-inmunizarnos/


La historia de Katalin Karikó, la científica húngara que hizo posible la vacuna anticovid
Sus innovaciones fueron claves para las vacunas contra el covid-19 desarrolladas por Pfizer y su socio alemán BioNTech.

La investigación de Katalin Karikó, una científica de origen húngaro, sobre la sustancia ARNm para combatir enfermedades, abrió el camino para desarrollar las vacunas contra el covid-19 de los laboratorios Pfizer/BioNTech y Moderna.
Esto pese a que anteriormente su trabajo pionero fue desprestigiado por académicos estadounidenses.
La obsesión de la científica por investigar el ARNm le costó una vez un puesto en la facultad de la Universidad de Pensilvania, que descartó la idea como un callejón sin salida; no obstante, su investigación podría ser lo que ahora salve al mundo de una pandemia de 100 años, resalta Milenio.com.
La científica comentó que no estaba acostumbrada a la atención después de trabajar durante años en la oscuridad, pero para ella esto demuestra por qué “es importante que la ciencia deba apoyarse en muchos niveles”.
Karikó, de 65 años, pasó gran parte de la década de 1990 escribiendo solicitudes de subvención para financiar sus investigaciones sobre el “ácido ribonucleico mensajero”, moléculas genéticas que le dicen a las células qué proteínas producir, esenciales para mantener nuestros cuerpos vivos y saludables.
Ella siempre creyó que el ARNm era la clave para tratar enfermedades en las que tener más proteínas del tipo correcto puede ayudar, como en la reparación del cerebro después de un accidente cerebrovascular.
Pero la Universidad de Pensilvania, donde Karikó estaba en camino de obtener una cátedra, decidió desvincularse del proyecto después de que se acumularan los rechazos de subvenciones.
“Estaba lista para un ascenso, y luego me degradaron y esperaban que saliera por la puerta”, dijo Karikó.
Karikó aún no tenía una tarjeta verde para permanecer legalmente en el mercado laboral y necesitaba un trabajo para renovar su visado, además de que no podría enviar a su hija a la universidad sin el considerable descuento para el personal del centro.
Por ello, decidió persistir como investigadora de nivel inferior, arreglándoselas con un salario exiguo, lo que consideró un punto bajo en su vida y carrera.  “Sin embargo, pensé…  ya sabes, la mesa (del laboratorio) está aquí, solo tengo que hacer mejores experimentos. Hay que pensar bien y después tienes que decir ‘¿Qué puedo hacer?’ Así no desperdicias tu vida”, contó.
Esa determinación es sello de su familia y filosofía para lidiar con la adversidad en todos los aspectos de la vida, pues logró que su hija Susan Francia acudiera a la Universidad de Pensilvania, donde obtuvo una maestría y ganó medallas de oro con el equipo olímpico de remo de Estados Unidos en 2008 y 2012.
Investigación del ARNm Dentro del cuerpo, el ARNm entrega a las células las instrucciones almacenadas en el ADN, las moléculas que transportan todo nuestro código genético.
A fines de la década de 1980, gran parte de la comunidad científica se centró en el uso de ADN para administrar terapia génica, pero Karikó creía que el ARNm también era prometedor, ya que la mayoría de las enfermedades no son hereditarias y no necesitan soluciones que alteren permanentemente nuestra genética.
Sin embargo, primero tuvo que superar un problema importante, ya que en los experimentos con animales el ARNm sintético causaba una respuesta inflamatoria masiva, cuando el sistema inmunológico detectaba un elemento invasor y se apresuraba a combatirlo.
Karikó, junto con su colaborador principal Drew Weissman, descubrieron que uno de los cuatro bloques de construcción del ARNm sintético estaba fallando, y pudieron superar el problema intercambiándolo por una versión modificada.
Luego de ello publicaron un artículo sobre el avance en 2005. Ya en 2015, encontraron una nueva forma de administrar ARNm a ratones, utilizando una capa grasa llamada “nanopartículas lipídicas” que evitan que el ARNm se degrade y ayudan a colocarlo dentro de la parte correcta de las células.
Innovaciones clave
Esas dos innovaciones fueron claves para las vacunas contra el covid-19 desarrolladas por Pfizer y su socio alemán BioNTech, donde Karikó es ahora vicepresidenta senior, así como para las inyecciones producidas por Moderna.
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Ambas funcionan dando a las células humanas las instrucciones para producir una proteína de superficie del coronavirus, que simula una infección y entrena al sistema inmunológico para cuando se encuentre con el virus real.
El ARNm se degrada rápidamente y las instrucciones que le da al cuerpo no son permanentes, lo que hace que la tecnología sea una plataforma ideal para una variedad de aplicaciones, dijo Karikó.
Estos podrían ir desde nuevas vacunas contra la gripe, más rápidas de desarrollar y más efectivas que la generación actual, hasta nuevos tratamientos para otras enfermedades.
Por ejemplo, AstraZeneca está trabajando actualmente en un tratamiento de ARNm para pacientes con insuficiencia cardíaca, que proporciona proteínas de señalización que estimulan la producción de nuevos vasos sanguíneos.
Aunque no quiere darle demasiada importancia, como mujer nacida en el extranjero en un campo dominado por los hombres, ocasionalmente se sentía subestimada, diciendo que la gente se acercaba después de las conferencias y preguntaba: “¿Quién es su supervisor?”. “Siempre estaban pensando, ‘Esa mujer con acento, debe haber alguien detrás de ella que sea más inteligente o algo así'”, dijo.
Hoy no es difícil imaginar que el comité del Premio Nobel recompense a Karikó y a sus colegas investigadores del ARNm, lo que le recuerda parte de las conversaciones telefónicas con su madre.
“‘Nunca en mi vida recibo subvenciones (federales), no soy nadie, ni siquiera una facultad'”, se reía Karikó. A lo que su madre respondía: “¡Pero trabajas tan duro.
https://www.prensalibre.com/vida/salud-y-familia/la-historia-de-katalin-Karikó-la-cientifica-hungara-que-hizo-posible-la-vacuna-anticovid/


De Hungría a un futuro Nobel: retrato de Katalin Karikó, la investigadora tras la vacuna de Pfizer
20/12/2020
La bioquímica ha consagrado su carrera a investigar el ácido 'ARN mensajero'.

Desde hace unas semanas, la bioquímica se ha convertido en el rostro del ARN mensajero, tecnología que ha permitido desarrollar la vacuna de Pfizer y BioNTech, presente en América. Tras dejar su Hungría natal en los ochenta, la investigadora, migrante y a menudo desprestigiada, es en sí una historia de lucha y reivindicación en la comunidad científica. Aún teniéndolo todo en contra, persistió en su pasión en Estados Unidos. Esta es su trayectoria.

"¡Redención! Empecé a respirar muy fuerte. Estaba tan emocionada que sentí gran miedo a morir". Con estas palabras fue que Katalin Karikó explicó a The Telegraph su reacción ante el anuncio de los resultados de la eficacia de la vacuna contra el Covid-19 impulsada por las farmacéuticas Pfizer y BioNTech.
Después de casi cuarenta años de esfuerzos, sus investigaciones sobre el ácido 'ARN mensajero', usado para llevar a término las vacunas, por fin fueron validadas, permitiendo así luchar contra la actual pandemia: "Jamás llegué a imaginar que se pondría tanta atención a esta tecnología. No estaba preparada para ser el centro de atención".
Y es que en cuestión de semanas esta investigadora húngara, desconocida para el gran público, y hoy instalada en Pensilvania, se ha convertido en una celebridad en el mundo científico. Cuando, en realidad, la trayectoria de Karikó viene de lejos.
Nacida hace 65 años en la urbe de Szolnok, en el centro del país y en plena época comunista, dio su primer estirón en Kisújszállás, lugar en el que su padre trabajaba como carnicero. Apasionada de las ciencias, comenzó a dar sus primeros pasos en ellas a los 23 años en el Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad de Szeged, en la que además logró su doctorado. Es en ese instante que empezó a interesarse por el ácido ribonucleico, unas moléculas que entregan a las células una especie de manual de empleo, con la forma de código genético, con tal de que puedan producir proteínas a nuestro cuerpo.
Si bien, en los laboratorios húngaros los recursos no eran abundantes. Y a los 30, como especifica la página Hungarian Spectrum, Katalin Karikó provocó su despido del centro, con miras de llegar al otro lado del Atlántico. Es de este modo que en 1985 se hizo con un puesto en la Universidad de Temple de Philadelphia. Eso sí, bajo la Unión Soviética estaba prohibido salir del país con divisas. Sin embargo, la científica decidió vender el auto familiar y esconder el dinero en el osito de peluche de su hija Susan Francia, de dos años. "Iba a ser un viaje de ida. No conocíamos a nadie", recordó ante Business Insider.
De rechazo en rechazo
Aunque Katalin Karikó pudo emprender su sueño americano, las cosas no se desarrollaron como lo esperaba. Porque a fines de la década de 1980 la ciencia no tenía ojos más que para el ADN, visto capaz de transformar las células para curar patologías como el cáncer o la fibrosis quística.
Pero la bioquímica húngara persistió en su corazonada por el ARN, proyectándolo como proveedor de instrucciones para que las células fabriquen dichas proteínas terapéuticas. Una solución que evitaría modificar el genoma celular. Sin embargo, esta tecnología suscitó críticas por sus reacciones inflamatorias, relegando el ARN mensajero a un intruso dentro del sistema inmunitario.
Así, en 1990 su primera solicitud de beca de investigación fue rechazada. Algo que en los años siguientes se repetiría de manera multiplicada. En 1995, la Universidad de Pensilvania, en la que luego se convertiría en profesora, incluso llegó a frenar sus ambiciones y a degradarla al rango de simple investigadora. "Normalmente, en este punto, la gente dice adiós y se va porque es demasiado horrible", expresó al sitio médico Stat. "Pensé en irme y hacer otra cosa. También me decía que no era lo suficientemente buena o inteligente".
Además de hacer frente a estos pensamientos, la científica debió encarar el sexismo laboral. Le preguntaban por el nombre de su supervisor, cuando era ella la que dirigía su propio laboratorio, o le decían 'señora', cuando sus pares masculinos eran identificados por el título de 'profesor'.
Pese a las dificultades, Karikó se aferró a su pasión y se consagró a ella. "Visto desde fuera puede parecer loco, incluso insultante, pero era feliz en el laboratorio. Mi marido siempre ha dicho que era un divertimento para mí. No digo nunca que voy al trabajo, es más un juego", rememora. Al mismo tiempo, luchó para hallar la financiación de los estudios de su hija Susan, transmitiéndole gran determinación. La pequeña del oso de peluche terminó siendo diplomada por la Universidad de Pensilvania, obteniendo además una medalla de oro en remo para el equipo de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 2008 y 2012.
Un encuentro en la fotocopiadora
Es al fin en 1997 que un sencillo encuentro frente a una fotocopiadora cambió el destino de Karikó. Junto a la máquina, conoció al inmunólogo Drew Weissman, uno de los investigadores para la vacuna contra el VIH. Decidieron trabajar juntos y desarrollar una solución que permita que el sistema inmunológico no reconozca el ARN sintético. Su hallazgo fue publicado en 2005 y les generó muchas alabanzas. El dúo continuó con sus investigaciones y logró después situar su preciado ARN en unas nanopartículas lipídicas. Una especie de revestimiento que evita que se degrade demasiado rápido y a la vez facilita su entrada en las células.
Es gracias a estas técnicas que los laboratorios de Moderna y Pfizer/BioNTech han podido responder hoy a la enfermedad. Las dos vacunas se basan en su estrategia de introducir instrucciones genéticas en el organismo para activar la producción de una proteína idéntica a la del coronavirus, provocando una respuesta inmunitaria.
Por su gran labor y su aplicación, tanto Karikó como Weissman apuntan al premio Nobel. Después de tantos años en los márgenes de la ciencia, la investigadora y migrante de Hungría ocupa de forma merecida un cargo de importancia en el seno del laboratorio alemán BioNTech.
Tras la aprobación de la vacuna, Katalin Karikó se permitió un respiro devorando un paquete de sus caramelos favoritos. Aún cuando saborea este éxito, sabe que no puede sacar el cotillón y el champán, como lo dijo a CNN: "Festejaremos todo esto cuando los sufrimientos humanos queden atrás, cuando los retos y el mismo periodo terrible que vivimos tengan fin. Esto ocurrirá, espero, este verano, cuando hayamos olvidado el virus y la vacuna. Entonces lo celebraré verdaderamente".
https://www.france24.com/es/ee-uu-y-canad%C3%A1/20201219-katalin-Karikó-investigadora-vacuna-covid19-hungria-eeuu


Las mujeres toman la iniciativa en el desarrollo de la vacuna
El rápido desarrollo de las vacunas ha sido impulsado por personas que, en otra época, nunca hubieran tenido esta oportunidad
07 DIC 2020
La historia dice que las vacunas es un campo dominado por los hombres. Pero la ciencia que las desarrolla, que actualmente está mostrando resultados espectaculares, ahora está liderada por mujeres. 
Analicemos la vacuna de ARNm, que es la base tecnológica de las vacunas  de Moderna y Pfizer / Biontech. Simplificando mucho, las vacunas de ARNm enseñan a las células cómo producir una proteína que desencadena una respuesta del sistema inmunológico en lugar de inyectar material de virus vivo o muerto.
Si se hace correctamente, eso hace que la vacuna sea más rápida de desarrollar, más segura de usar y más fácil de fabricar a escala. 
Además de su próximo papel en la lucha contra el Covid-19, la plataforma de la vacuna de ARNm probablemente se pueda adaptar para combatir otros virus, y otros productos de ARNm pueden tener usos adicionales, como ayudar a tratar los trastornos de la piel.
El trabajo de Katalin Karikó
El trabajo principal detrás del enfoque del ARNm proviene de Katalin Karikó, una emigrante de origen húngaro que llegó a los Estados Unidos para trabajar en cuestiones relacionadas con el ARN. 
Su carrera tuvo dificultades, incluidos problemas para recaudar fondos para la investigación y un combate contra el cáncer, pero ella persistió. Terminó trabajando con Drew Weissman y descubrieron cómo inyectar material de ARN en humanos sin causar una inflamación excesiva, que anteriormente había sido la barrera crítica para avanzar.
Karikó terminó trabajando con Biontech, una empresa emergente alemana fundada por Ugur Sahin y Özlem Türecii, un equipo de marido y mujer, cuyos padres eran emigrantes turcos en Alemania.
Nita Patel dirige el equipo de Novovax
Luego está la vacuna de Novovax, que tiene su sede en Gaithersburg, Maryland. Los resultados de Novovax aún no se han publicado, pero se dice que son muy prometedores. Esta vacuna también se basa en nuevas ideas, utilizando un sistema que produce proteínas de una manera muy innovadora.
El equipo de Novovax está dirigido por Nita Patel, una inmigrante de Gujarat, India. Su equipo de vacunas está identificado como "exclusivamente femenino". 
Patel es de una familia muy pobre; su padre casi muere de tuberculosis cuando ella tenía cuatro años y, a menudo, tenía que mendigar para pagar el billete del autobús.
Lisa A. Jackson, en Moderna
El tema común aquí es que las mujeres y los inmigrantes han ocupado un lugar destacado en puntos cruciales. La fase uno del juicio de Moderna, por ejemplo, fue dirigida por Lisa A. Jackson  en la Universidad de Washington. 
El cofundador y presidente de Moderna, Noubar Afeyan, es un inmigrante en por partida doble. Nacido en el Líbano, sus padres emigraron a Canadá y luego se mudó a los Estados Unidos.
El rápido desarrollo de todas estas vacunas podría terminar siendo el mayor avance científico en décadas, y ha sido impulsado por personas que, en otra época, nunca hubieran tenido la oportunidad.
Impacto en otras áreas
Este es un avance positivo, una verdad aleccionadora y una advertencia sobre el futuro. En los negocios, la academia y otros campos de la ciencia, las mujeres no tienen roles tan prominentes como ahora en el desarrollo de vacunas. 
Dado lo que las mujeres han contribuido a las vacunas este año, es lógica pensar qué tipo de impacto podrían tener en otras áreas.
El argumento no es que las mujeres y los hombres logren exactamente los mismos resultados. Bien puede haber razones por las que las mujeres con talento se sientan más atraídas por el desarrollo de vacunas que por otras áreas. 
Aún así, el impacto reciente y sin precedentes de las mujeres en este campo significa que hay otros esfuerzos que preocupan a la sociedad y que se beneficiarían enormemente de una mayor participación de las mujeres.
https://www.finanzas.com/economia-politica/las-mujeres-toman-la-iniciativa-en-el-desarrollo-de-la-vacuna_20110717_102.html

Amiga, Amigo:
Por ser mujer no le fue para nada fácil el camino científico a la bioquímica Katalin Karikó, su FE y tenacidad en la realidad del ADN Mensajero para lñograr vacunas eficaces e inocuas logró ahora ser reconocida y asesorar ahora a una importante empresa detrás de la VACUNA que ella descubrió sobre la base del ARN mensajero en la época en la que solo se pensaba para lograr vacunas en el ADN.

En esta Pandemia Covid 19 que para mí es una PLAGA... están de moda las vacunas y Chile ya logra un porcentaje significativo de personas vacunadas en especial adultos mayores. Sin embargo las Fake News o noticias falsas circulan por las redes sociales y no faltan los ingenuos que las crean. Es más se demostró que las vacunas de manera irresponsable son atacadas ignorando la realidad o con otros interesados fines que los seguidores de redes sociales no logran discernir, por ejemplo dicen:


“Las vacunas de ARN mensajero van a modificar nuestro genoma”

Esto es Falso. Hasta el momento, y con los conocimientos que tenemos de biología molecular y celular, no hay evidencias de que las vacunas de ARN mensajero puedan modificar nuestro genoma y las razones no son pocas, incluyendo que:
  1. El ARN mensajero se degrada muy fácilmente y no le da tiempo a casi nada, salvo activar las defensas contra el virus.
  2. El ARN mensajero no llega a encontrarse con el ADN.
  3. El ARN de las vacunas no se integra en el ADN.
  4. Hasta ahora no se ha encontrado rastro de ningún coronavirus en nuestro genoma.
Las vacunas aprobadas han pasado todo el proceso normal en el desarrollo de una vacuna, incluyendo una fase experimental preclínica en animales y las distintas fases clínicas I, II, y III. Además, después de su aprobación entran en fase IV o de farmacovigilancia, en la que se sigue estudiando su seguridad. Hasta el momento se han vacunado ya millones de personas y no se han detectado efectos adversos de gravedad que pongan en duda su seguridad.

“Con la vacuna te implantan un chip”
Falso. En algunas redes se comenta que el multimillonario creador de Microsoft Bill Gates pensaría lograr poner un chip en vacunas que permitirá el rastreo de personas; ignoro las intenciones de su megalomanía que por fortuna son solo intenciones. Este bulo tiene su origen en un vídeo en el que Bill Gates habla de la posibilidad en el futuro de usar certificados digitales con algunas vacunas usando micropartículas, algo que no tendría nada que ver con ningún microchip; pero!!!! Además, en la actualidad no es posible la implantación de ningún chip con la vacuna. Aparte del componente principal la vacuna ARN mensajero consta de sales, lípidos y azúcares.

“La vacuna tiene luciferasa”
Falso. Las luciferasas son proteínas muy usadas en los laboratorios porque son inocuas y tienen la capacidad de brillar bajo ciertas condiciones. En general, sirven para visualizar mejor las reacciones cuando se realizan experimentos en el laboratorio porque son muy fáciles de detectar. Sin embargo, ninguna de las vacunas aprobadas contiene luciferasas.

Si un loco crea una comunidad místicas las locuras grupales son responsabilidad de los tontos que al loco lo siguen y abundan esas comunidades con extremos de suicidios colectivos. Al igual no me sorprende que haya psicópatas digitales creadores de Noticias Falsas que circulan por las redes sociales, lo que sí me llama la atención es que haya personas "normales" que les crean...

Al día de hoy la cifra Covid es de: 108.200.000 de casos y más de 2.300.000 de muertos en todo el mundo, cifra que a diario va en aumento y: Aún así hay personas que dudan de la PANDEMIA y para qué decir de las Vacunas. Vacunas que son una esperanza para superar una Plaga que nos tiene como género humano muy mal con estrés grupal, miseria, desempleo, angustia etc. por sobre la enfermedad misma...


 
Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Febrero de 2021
Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net