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Justicia Espada
la primera mujer ingeniera de Chile y Sudamérica


Proemio

¿Fue el patriarcado (machismo) un producto del Neolítico?
Los estudios sobre prehistoria revelan que cuando surgió el género Homo, hace unos 2,5 millones de años, los homínidos eran nómadas que se desplazaban en busca de sustento. Esta forma de vida perduró hasta unos 12.000-10.000 años antes del presente, configurando un largo período llamado Paleolítico. Según los datos hoy disponibles, los expertos suponen que aquellos humanos vivían en sociedades igualitarias y poco jerarquizadas, donde la violencia y las agresiones fueron escasas y puntuales. Si durante esta extensa época existió una convivencia presidida por la desigualdad, lo cierto es que no se dispone de pruebas que lo demuestren. Esto es, en la evaluación de esta cuestión han imperado juicios de valor opinativos, pero no pruebas que evidencien tales hechos.
El Paleolítico llegó a su fin cuando nuestros antepasados abandonaron la vida nómada, crearon asentamientos y comenzaron a cultivar plantas y domesticar animales. Unas bases que al mismo tiempo fueron estableciendo sociedades jerárquicas con estructuras más complejas. Empezaba así un nuevo período de la prehistoria humana al que se ha dado el nombre de Neolítico. El paso o proceso de transición de las llamadas sociedades cazadoras-recolectoras a las agrícolas y ganaderas, ha constituido un tema de gran interés en la investigación, debido a los profundos cambios que tuvieron lugar en esa época.
Entre esas modificaciones, probablemente tuvo lugar un progresivo aumento de las tensiones con agresividad. Diversos estudios, como los realizados por los prehistoriadores Antonio Romero, profesor de Universidad del País Vasco, y J. Carlos Díez de la Universidad de Burgos, consideran que la gran explosión del comportamiento violento tal como lo conocemos hoy, tuvo lugar en torno a 10.000 años antes del presente. Un fenómeno asociado al profundo cambio en el sistema productor de alimentos y a los formatos nuevos de organización social y ejercicio de poderes.
Las hipótesis barajadas para intentar explicar el origen y las circunstancias que llevaron a nuevas pautas de producción han sido muy diversas. La mayoría de los expertos, entre ellos la autorizada prehistoriadora francesa Marylene Patou-Mathis, admite que probablemente el ascenso de la demografía y la concentración de poblaciones pudieron haber constituido un caldo de cultivo propicio para la proliferación de enfrentamientos de todo tipo.
En un clima donde la violencia empezaba a brotar con chispazos cada vez más frecuentes, el patriarcado, esto es, el dominio, explotación y sometimiento de las mujeres por parte de los hombres, representaría una forma más de agresividad que habría germinado en el nuevo estilo de convivencia que el sedentarismo trajo consigo. En la actualidad, sin embargo, no existe una respuesta clara sobre el posible origen del sistema patriarcal, pero sí existe consenso al considerar que los intentos por esclarecerlo constituyen una búsqueda apasionante, como se intentará reflejar a continuación.
¿Qué sendas condujeron al patriarcado?
Un argumento muy popular para justificar los inicios del machismo existente en la inmensa mayoría de las sociedades humanas, se ha basado en que los hombres lograron dominar a las mujeres por la fuerza física, obligándolas a que asumiesen roles secundarios bajo la amenaza de violencia. Sin embargo, al analizar este razonamiento con rigor, es posible constatar que si bien es cierto que la mayoría de los hombres son corporalmente más fuertes que la mayoría de las mujeres, esta relación no se cumple siempre. Aunque parezca difícil de admitir, algunas mujeres son más fuertes que algunos hombres.
Además, como razonan no pocos autores, si a lo largo de la historia las sociedades humanas hubiesen estado dirigidas por la ley del más bruto, los que dominasen cualquier colectividad deberían ser los hombres y las mujeres más fortachones. Sin embargo, desde la antigüedad, la mayoría de las personas que lideran tribus, ciudades o países no suelen ser los físicamente más fuertes, sino los que poseen determinadas habilidades sociales para imponer criterios en las relaciones o para fijar reglas a la hora de forjar alianzas, conexiones y redes de influencia.
En la actualidad, disponemos de multitud de evidencias que acreditan que las mujeres no están menos dotadas mentalmente que los hombres, ni carecen de capacidad para desplegar habilidades sociales y estratégicas en cualquier faceta. Un aspecto que no debemos confundir con el de condicionantes y oportunidades para verificar dichas potencialidades.
Llegados a este punto, nos parece de gran interés traer a la palestra a la experta Gerda Lerner (1920-2013), destacada fundadora de un enfoque histórico crítico con el modelo tradicional denominado Historia de las mujeres. Se trata de un área de investigación multidisciplinar vinculada al feminismo académico, la cual recupera el papel de las mujeres históricamente oculto, debido a los mecanismos desarrollados por el patriarcado.
Una de las aportaciones más valiosas de Gerda Lerner fue contribuir a que los estudios sobre mujeres se convirtiesen en una materia legítima de trabajo para los historiadores. Asimismo, esta notable investigadora potenció el uso del término sexo como una distinción biológica entre machos y hembras, a diferencia de género, que es una expresión culturalmente creada, y que asigna a las personas un papel en función de su sexo.
La tesis doctoral de Gerda Lerner, publicada en 1986 bajo el título La creación del patriarcado (The Creation of Patriarchy), ha sido considerada su obra más importante. La autora analiza los orígenes de la dominación patriarcal desde la prehistoria, aportando evidencias históricas, arqueológicas, literarias y artísticas. Tales hechos sostienen que el patriarcado es una creación cultural y no un comportamiento universal propio de toda la humanidad, como tantas y tantas veces se ha pretendido imponer.
Según Lerner, el dominio y explotación de las mujeres por los hombres surgió en una época específica como resultado de la compleja interacción de factores demográficos, ecológicos, culturales e históricos, desarrollados a medida que la gente se fue adaptando a las nuevas circunstancias. A comienzos del Neolítico, los factores que impulsaron el cambio fueron catalizados desde el proceso que media entre la etapa nómada y la sedentaria.
Cuando los hombres de los pueblos tribales aprendieron a domesticar los animales, razonaba Gerda Lerner, probablemente confirmaron el papel de los machos y las hembras en la producción de descendencia, y por tanto comprendieron, al menos parcialmente, cuál era su rol en la reproducción.
Según han señalado numerosos estudiosos, durante el Paleolítico la paternidad apenas era conocida; las relaciones sexuales no estaban controladas por la comunidad, eran más o menos libres y, aunque existiesen implicaciones emocionales, seguramente no serían duraderas en el tiempo. El único parentesco conocido era la maternidad. Las mujeres copulaban con varios hombres y no se conocía la relación entre coito y embarazo. Incluso muchas tribus actuales todavía creen que las relaciones sexuales tienen como fin preparar a las mujeres para que el espíritu del hijo/a entre en sus cuerpos.
Gerda Lerner también apuntaba en su trabajo que los hombres ganaderos fueron los primeros en tener noción de la propiedad privada; en este caso, la posesión de sus propios rebaños. Antes, durante el Paleolítico, la gente habría compartido alimentos, herramientas y tierras. Una vez adquirida la noción de propiedad privada, los hombres desearían pasar su ganado o cultivos a sus propios hijos, y por ende, exigieron fidelidad sexual a sus mujeres. Así, recuerda Lerner, comenzó lo que Friedrick Engels denominara en el siglo XIX «la derrota histórica del sexo femenino».
Abramos aquí un breve paréntesis para señalar que, sobre la paternidad, numerosos estudiosos consideran más acertado suponer que ningún grupo humano, por más arcaico que fuera, pudo haber desconocido el vínculo entre las relaciones sexuales y la gestación. Lo que sí tiene un origen mucho más reciente es el hecho de que cada criatura tenga un único padre.
Volviendo a Gerda Lerner, valga apuntar que aunque su investigación ha sido muy extensa, aquí nos limitaremos a señalar la mención de esta autora al importante fenómeno que el eminente antropólogo Claude Levi-Strauss (1902-2009) denominó el «intercambio de mujeres». Se trata de un hecho que representaba una forma de comercio donde las mujeres fueron consideradas una mercancía. Por ejemplo, las alianzas negociadas entre tribus implicaban el intercambio de jóvenes que se veían obligadas a abandonar su lugar de origen y entrar a formar parte de otro clan. Este tipo de comercio pondría de manifiesto que desde muy pequeñas las niñas eran enseñadas a consentir y aceptar sumisamente las prácticas patriarcales.
La historiadora de la Universidad de Columbia, Alice Kessler-Harris, ha resaltado que Gerda Lerner estableció la historia de las mujeres no sólo como un área de conocimientos académicos, sino que logró difundirla entre el gran público, hasta tal punto que si hoy se busca en las librerías pueden encontrarse decenas de libros sobre esta materia. En 2009, la propia Lerner escribía en una colección de ensayos autobiográficos: «Deseo que la historia de las mujeres sea legitimada, que sea parte de cualquier currículo en cualquier nivel de estudio. Quisiera que la gente pudiera hacer un doctorado en esta materia y no tener que decir que están haciendo cualquier otra cosa».
La trascendencia de las contribuciones de Gerda Lerner han tenido un gran calado. Un componente importante de su razonamiento forma parte del controvertido debate acerca del patriarcado presente hoy, tanto entre la comunidad de expertos como a nivel no especializado.
Estado actual del patriarcado
«En cuanto los grupos se vuelven sedentarios, aumenta la demografía», afirmaba en el año 2015 la citada prehistoriadora francesa Marylene Patou-Mathis. Probablemente, continúa esta experta, el crecimiento localizado de las poblaciones terminaría en crisis demográficas cuyas secuelas serían la generación de diversos conflictos, tal como indican señales detectadas en restos humanos con heridas mortales en esqueletos de hombres, mujeres y niños.
La historia ha mostrado, argumenta Patou-Mathis, que el cultivo de plantas y la domesticación de animales genera excedentes que permiten acumular alimentos y bienes materiales, esto es, la llamada economía de producción. Como posible botín, los productos alimenticios y los bienes almacenados pueden acabar suscitando codicia y provocar luchas internas. Y, continúa la prehistoriadora, «el desarrollo de la agricultura y de la ganadería también pudo originar la división social del trabajo y la consiguiente aparición de grupos con sus intereses y rivalidades». La doctora Patou-Mahis apunta otro dato significativo: «En las pinturas rupestres se ven retratados unos personajes de mayor tamaño que otros: son las élites».
En relación a esas nuevas formas de convivencia surgidas en el Neolítico, durante largo tiempo los expertos han considerado que este período representó una fase necesaria para alcanzar estilos de vida de «progreso y civilización». La agricultura y la ganadería se contemplaron como prácticas económicas decisivas que habrían conducido a una mayor estabilidad económica y a una mejora de la calidad de vida en general.
No obstante, bajo la perspectiva actual, diversos autores apuntan que las supuestas ventajas del Neolítico deben matizarse. Al parecer, como subrayaba la investigadora Trinidad Escoriza en 2002, «la adopción de la agricultura no mejora necesariamente la calidad ni la esperanza de vida». En lo referente a la organización social, cada vez en más ocasiones aparecen evidencias que sugieren como las nuevas prácticas económicas, esto es, la sedentarización en poblados estables, junto al inicio de los cultivos de plantas y la cría de animales domésticos –lo que acarrea el almacenado de alimentos sobrantes– fueron decisivas en la gestación y aparición de posteriores desigualdades sociales.
Aunque estas afirmaciones deben tomarse con mucha precaución, lo cierto es que un cuantioso número de estudios recientes señala que la violencia generalizada surgió en el Neolítico. En consecuencia, también aumenta el número de expertos que sostiene una hipótesis concluyente: este período de sedentarización y aparición de sociedades jerarquizadas, pudo propiciar el nacimiento del patriarcado.
Ahora bien, si el sistema patriarcal surgió en el Neolítico, esto significa que en tiempos anteriores, o sea en el Paleolítico, tal sistema no existiría. Pero, una situación de convivencia humana sin dominancia masculina ha sido, y para muchos lo sigue siendo, muy difícil de admitir. Los debates originados en torno a este tema generan grandes polémicas. Su espacio de encuentro es aún muy reducido.
Al respecto, la doctora en sociología Jay Ginn escribía, en un artículo publicado en 2010 sobre las relaciones de género en las primeras sociedades humanas, que debido a la influencia que las ideas de su tiempo ejercen sobre los científicos, éstos «han interpretado los pueblos del mundo en términos del marco conceptual en que se han formado». Al analizar las sociedades de tecnología simple, o cazadoras recolectoras, continua esta autora, «los primeros antropólogos escribieron sobre familias monógamas estables dominadas por el padre. Las mujeres, en caso de ser mencionadas, se describían como personas dependientes, pasivas, servidoras de los hombres».
Además, afirma J. Ginn, estas nociones estaban tan arraigadas que si los resultados no encajaban con el modelo, se etiquetaban de «anómalos», desechándose rápidamente pues pocas dudas cabían. A la postre se colige que la autonomía femenina no es sino una desviación, un comportamiento aberrante. El patriarcado se imponía sin dejar espacio a otra alternativa.
A partir de la década de los años ochenta del siglo XX, sin embargo, comenzaron a sumarse cada vez más observaciones procedentes de estudios realizados, tanto en los pueblos cazadores recolectores como en primates no humanos. Los resultados eran inconsistentes con el modelo patriarcal universal. Si bien mostraban que la gran mayoría de las sociedades humanas son y fueron patriarcales, se sospechaba que tal comportamiento solo ha sido la norma en aquellas civilizaciones complejas surgidas hace unos 10.000 o 12.000 años.
El peso de la observación contrastada sugiere hoy que el patriarcado estuvo precedido en la evolución humana por clanes matrilineales (sólo la madre podía reconocer a su propia progenie) con relaciones de género relativamente igualitarias (Jay Ginn, 2010). Se trataría de sociedades donde las mujeres y los hombres tenían funciones y derechos separados, socialmente establecidos pero igualmente respetados. En este punto, sin embargo, es necesario aclarar que tal sistema de convivencia no implica un matriarcado, esto es, una sociedad en que las mujeres dominaran y explotaran a los hombres.
En este sentido, el doctor en antropología Joan Manuel Cabezas López, se muestra rotundo al afirmar que el matriarcado es un mito «si entendemos como matriarcado el reverso o polo opuesto del patriarcado. Nunca ha existido una sociedad en la que las mujeres oprimiesen a los hombres. Lo que sí que hubo, y todavía hay, son sociedades en las cuales el género no constituye un elemento estratégico en la arquitectura social».
Un aspecto importante en el que los expertos, al menos en su gran mayoría, sí están de acuerdo hace referencia a que el sistema patriarcal de ninguna manera se basa en hechos biológicos. En una entrevista concedida en marzo 2015 al periodista Ricardo Querol del diario El País, el citado antropólogo Cabezas López muestra con firmeza su oposición al neogenetismo que atribuye el comportamiento social a imperativos de la especie. «No considero plausible, ni tan siquiera como simple conjetura, que la biología o la genética expliquen ninguna conducta humana». El antropólogo sostiene convencido que «la agresividad no es de origen genético, sino cultural».
En la misma línea, la antropóloga profesora de la UNED, Elena Hernández Corrochano, preguntada en marzo de 2015 por Ricardo Querol sobre las raíces del patriarcado, afirmaba terminante: «Como sistema de subordinación que es, el patriarcado tiene que ver con la organización social de la sexualidad y de la reproducción, y no con supuestos biológicos y naturalistas que nos podrían llevar a entender que la subordinación de las mujeres es algo inevitable».
Otros autores también recalcan que la explotación femenina no es un hecho «natural» ni universal que necesariamente deba darse en todas las sociedades. De hecho, diversas antropólogas feministas, apoyadas por colegas varones, han revisado datos recogidos en múltiples informes constatando que en algunas sociedades de tecnología simple, la diferencia sexual no lleva consigo situaciones de dominio ni de explotación. Todo lo contrario, tanto los trabajos realizados por hombres como por las mujeres, son considerados indispensables, e incluso se valoran como complementarios.
Lo cierto es que son cada vez más los estudiosos que paulatinamente han ido abandonando la vieja y caduca idea de que la opresión y la marginación de las mujeres es un hecho natural que ha existido desde los orígenes de la humanidad. Autoras como Sally Campbell (2006) o Encarna Sanahuja (2002), y muchas más, sostienen como probable que durante el 95% de su historia, los representantes del género Homo vivieron en grupos colectivos en los que disfrutaban de una relativa igualdad entre los sexos. La situación de sometimiento de las mujeres sería, por tanto, un constructo social, un enfoque que es producto de la organización de las sociedades resultantes del paso de la vida nómada a la sedentaria.
En coherencia, no podemos interpretar el comportamiento de nuestra especie Homo sapiens, que surgió hace unos 200.000 años, basándonos en conductas seguidas en los últimos 10.000 años, sólo porque de esa época sí se tienen datos fiables, mientras que de los 190.000 años restantes la información se vuelve más y más borrosa a medida que se adentra en el pasado.
Un creciente colectivo de expertas, que también incluye expertos, sostiene con creciente vigor la necesidad de un cambio de paradigma que pueda responder a la candente pregunta: ¿Por qué y cómo surgió el patriarcado a partir de relaciones de género supuestamente igualitarias en sus orígenes? He aquí un elusivo desafío que, las y los especialistas, luchan por atrapar y resolver. Confiamos en que esa alargada sombra no tarde excesivos años en despejar la guarida de refugio que ha estado alimentando uno de los perversos prejuicios más queridos por los legionarios defensores de la desigualdad de género.
https://mujeresconciencia.com/2017/03/09/fue-patriarcado-producto-del-neolitico/


Desarrollo

En medio de ese primitivo patriarcado hace 128 años Justicia Espada Acuña Mena fue la primera mujer en ingresar y titularse en la Facultad de Ingeniería de Chile, desafiando las normas sociales existentes en ese entonces. Al convertirse en la primera ingeniera civil de nuestro país, abrió el camino de la ingeniería a las mujeres en Chile y Latinoamérica.



128° aniversario de su nacimiento
Justicia Espada Acuña, primera ingeniera civil del país, es homenajeada hoy con el doodle de Google

Estudió en la Universidad de Chile, obteniendo su título en 1919, y desarrolló gran parte de su trayectoria laboral en la Empresa de Ferrocarriles del Estado.


Para conmemorar el 128° aniversario del nacimiento de Justicia Espada Acuña Mena, Google ha dedicado el doodle de su página principal en Chile, Argentina y Perú a la primera mujer en estudiar ingeniería y ejercer profesionalmente como ingeniera civil en Chile. Mediante este homenaje, la compañía busca celebrar el legado de la destacada profesional de la Universidad de Chile, al mismo tiempo que visibilizar los liderazgos, talentos e invaluables aportes de las mujeres en áreas como las matemáticas, las ingenierías, las ciencias y la tecnología (STEM, por sus siglas en inglés), donde las mujeres históricamente han estado subrepresentadas.
En esta oportunidad, la imagen fue ilustrada por la doodler Hélène Leroux, misma artista que trabajó en el doodle en homenaje a Violeta Parra en 2017. “Poder celebrar, aprender y difundir los logros de una mujer como Justicia Espada, fue un gran honor. No solo porque pude conocer sobre su vida, sino porque conté con la confianza de Google para representarla a ella y su trabajo gráficamente. Realmente espero haberle hecho justicia”, indicó.
Faride Zerán, vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la U. de Chile, comenta que "para la Universidad de Chile es motivo de alegría conmemorar el aniversario del nacimiento de Justicia Espada, una mujer que tuvo que enfrentar enormes desafíos al decidir seguir una carrera considerada para hombres. Es lo que ha ocurrido con muchas mujeres pioneras en diferentes ámbitos, que han abierto el camino para que tantas otras puedan seguir sus sueños. Las recordamos también hoy. Seguiremos en el esfuerzo de generar espacios cada vez más democráticos y paritarios, a fin de que todas las Justicias Espadas del presente y del futuro puedan seguir contribuyendo al país en igualdad de condiciones".
"Justicia Espada Acuña Mena fue la primera mujer en ingresar y titularse en nuestra Facultad, desafiando las normas sociales existentes en ese entonces. Al convertirse en la primera ingeniera civil de nuestro país, abrió el camino de la ingeniería a las mujeres en Chile y Latinoamérica. Para quienes hoy somos parte de la FCFM es un referente histórico, y el que la torre que se ubica en el centro de nuestro campus lleve hoy su nombre, es un símbolo importante del camino avanzado y un recordatorio de lo que aún nos queda por avanzar hacia la igualdad", sostiene Ziomara Gerdtzen, directora de Diversidad y Género de la FCFM.
Una pionera
Nacida el 14 de enero de 1893, Justicia Espada Acuña Mena creció junto a cuatro hermanos y tres hermanas, educándose en un ambiente de cooperación, creatividad e igualdad entre géneros, lo que le permitió romper esquemas sociales y enfrentar eventuales obstáculos. Fue así como, luego de terminar la enseñanza media en el Liceo de Aplicación (en una sección para mujeres), ingresó a la carrera de Pedagogía en Matemáticas en la Universidad de Chile, para luego, en 1912, cambiarse a Ingeniería Civil en la misma casa de estudios.
El 15 de diciembre de 1919, Justicia Acuña se tituló de ingeniera con un “Proyecto de Resistencia de Materiales”. Su interés por la infraestructura la llevó a desarrollarse principalmente en esta área, ingresando a trabajar a la Empresa de Ferrocarriles del Estado, específicamente en el cálculo de puentes. Al nacer su segundo hijo renunció al cargo, para reincorporarse años más tarde a esta empresa como calculista en el Departamento de Vías y Obras, donde se mantuvo hasta que se jubiló en 1954.
Lo anterior fue una inspiración para Hélène Leroux, tal como ella misma comenta: “fue genial aprender sobre los logros de Justicia como ingeniera civil. El hecho de que haya trabajado en Ferrocarriles del Estado me dio la oportunidad de representar su trabajo más visualmente”. De esta manera, el doodle incorpora indicios de vías de tren, una estación y los planos, mezclado con la figura de Acuña quien, según la doodler, “parecía tan elegante en las fotos que definitivamente se hizo muy agradable dibujarla con un lindo traje y un sombrero, la hace más reconocible”.
Por otra parte, el reconocimiento de sus pares lo obtuvo en 1981 cuando el Colegio de Ingenieros de Chile la incluyó en su “Galería de Ingenieros Ilustres” y más tarde, en 1990, el Instituto de Ingenieros instauró el premio Justicia Acuña que se otorga cada dos años a una mujer destacada del rubro.
Sobre este homenaje, Ana María Gómez, gerenta senior de Marketing de Google Chile y líder de la iniciativa Women@Google en el país, dice: “Con este doodle queremos conmemorar a una gran profesional de la ingeniería nacional. Queremos celebrar el legado de mujeres como Justicia y, principalmente, visibilizar el camino de pioneras como ella para que todas las niñas, jóvenes y mujeres sepan que pueden ser lo que quieran ser”.
Abriendo el camino para las nuevas generaciones
La celebración del nacimiento de Justicia Espada Acuña coincide con el momento en que las y los estudiantes en Chile comienzan su proceso para acceder a carreras universitarias y técnicas, lo que permite destacar estas historias e incentivar la participación femenina en áreas relacionadas con las STEM. Este tipo de iniciativas de visibilización de modelos de rol, junto con acciones afirmativas con perspectiva de género, son el camino para promover mayores vocaciones en rubros que continúan estando altamente masculinizados. En este contexto, destacan proyectos como el Programa de Ingreso Prioritario de Equidad de Género (PEG) de la Universidad de Chile, que desde 2014 busca eliminar los sesgos culturales que impactan negativamente en las elecciones y el desarrollo de carrera de las mujeres.
En esa misma línea, en octubre pasado Google realizó una donación de un millón de dólares por los próximos tres años a Laboratoria, con el objetivo de entrenar y capacitar a mujeres de Brasil, Chile, Colombia, México y Perú con las habilidades que necesitan para participar en la economía digital actual. Los fondos serán destinados a continuar apoyando el bootcamp en Desarrollo web y Diseño UX de Laboratoria, que se realiza en formato remoto.
En representación de la familia de Justicia Espada, su nieta mayor Mireya Gajardo, dice: "Estoy muy contenta con el homenaje que le rinde Google, principalmente porque visibilizar la presencia de mujeres en ámbitos tradicionalmente masculinos sigue siendo, todavía, una necesidad imperiosa. Las mujeres jóvenes necesitan saber que podemos hacer de todo y que ya hay otras que han abierto muchos de esos caminos", finaliza.
https://www.uchile.cl/noticias/172510/justicia-espada-acuna-es-homenajeada-hoy-con-el-doodle-de-google


Google rinde homenaje a la primera ingeniera chilena Justicia Espada Acuña
Fue la primera mujer en ingresar a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile
Lima, ene. 14. El doodle de hoy rinde homenaje a la ingeniera chilena Justicia Espada Acuña, una de las primeras ingenieras en Chile y Sudamérica. Símbolo del progreso de las mujeres en América Latina, Acuña abrió un camino para que generaciones de mujeres siguieran carreras en ingeniería.
Un día como hoy en 1893 Justicia Espada Acuña Mena nació en la capital chilena de Santiago. Su padre era un constructor civil que alentó a Acuña y sus siete hermanos a perseguir sus sueños y desafiar las normas sociales injustas. Después de la secundaria, estudió matemáticas, pero pronto se interesó por la ingeniería.
"Feliz cumpleaños, Justicia Espada Acuña, y gracias por ayudar a diseñar un futuro más brillante para las mujeres en la ciencia," destaca Google en su blog. 
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En 1912, se convirtió en la primera mujer en ingresar a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, e hizo historia cuando se graduó con una licenciatura en ingeniería civil siete años después.
Al año siguiente, Acuña inició su carrera pionera como calculadora para la Dirección de Carreteras y Obras de Ferrocarriles del Estado ( Empresa de los Ferrocarriles del Estado ). Excluyendo un descanso para criar a sus siete hijos, trabajó para la empresa hasta su jubilación en 1954.
Para honrar su legado, el Colegio de Ingenieros de Chile incorporó a Acuña a su Galería de Ingenieros Ilustres en 1981, y alrededor de una década después el Instituto de Ingenieros creó un premio en su nombre para ingenieras destacadas.
Además, en 2018 la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile rebautizó su torre central en honor a Acuña para conmemorar a la primera alumna de la facultad.
https://www.andina.pe/agencia/noticia-google-rinde-homenaje-a-primera-ingeniera-chilena-justicia-acuna-829887.aspx


Justicia Espada Acuña (1893-1980)
Hasta 1913 ninguna mujer en Sudamérica había entrado a estudiar Ingeniería Civil, hasta que Justicia Espada Acuña entró a esta carrera en la Universidad de Chile. Si bien la mujeres chilenas podían estudiar en la universidad desde 1877 gracias al decreto Amunátegui, las principales carreras elegidas eran pedagogía, medicina, enfermería y trabajo social.
Justicia nació en Santiago en 1893, hija de un ingeniero que promovió entre sus hijas que se valieran por sí mismas a pesar de las diferencias de género de la época, estudió en el Liceo de Aplicación para luego elegir Pedagogía en Matemáticas en la Universidad de Chile. Pero se aburrió de la carrera y se propuso cambiarse a Ingeniería Civil, un mundo completamente masculino, pero ante el cual Justicia no se sentía intimidada aunque en la facultad no hubiera ni baño para mujeres.
Con compañeros ilustres como el futuro presidente Jorge Alessandri, en 1919 Justicia se graduó, sin haber reprobado ningún ramo y así se convirtió en la primera mujer de Sudamérica en ser ingeniero. Comenzó a trabajar en 1920 en Ferrocarriles del Estado como calculista en el Departamento de Vías y Obras, de donde jubiló en 1954.
La presencia de Justicia en ingeniería impulsó de a poco a una nueva generación de mujeres estudiantes, que en 1959 representaban el 1% de la matrícula de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y que este 2018 tuvo un récord de 30%.
En 1981 el Colegio de Ingeniero de Chile la incorporó a su “Galería de Ingenieros Ilustres”, y en 1990 se instauró el premio Justicia Acuña que se entrega cada dos años a una mujer destacada en la profesión.
https://mujeresbacanas.com/justicia-espada-1893-1980/



Chile del ayer
Justicia Espada Acuña Mena de Gajardo (1893-1980)
Ingeniera, Primera mujer con dicha profesión en Chile y en Sudamérica.
En 1913 ingresó a la carrera de ingeniería en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, siendo la única mujer entre todos los estudiantes de esa facultad.
Se tituló de ingeniera civil en 1919, siendo compañera de generación de Jorge Alessandri.
En su época fue todo un suceso su titulación. Honrando su esfuerzo por la emancipación femenina el Colegio de Ingenieros de Chile inauguró en julio de 1980 la «Galería de los Ingenieros Ilustres», donde fue incluida, y en 1991 se creó el premio Justicia Acuña Mena, que se otorga cada dos años a una mujer ingeniera destacada en el ejercicio de su profesión.
Trabajó como calculista en el Departamento de Vías y Obras de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado.
Vida personal
Justicia se casó con su compañero de la universidad, Alfredo Gajardo Contreras, también ingeniero, con quien tuvo 7 hijos.
https://m.facebook.com/ChiledelayerPaginaOficial/posts/1256053651220172/?refsrc=http%3A%2F%2Fwww.google.cl%2Furl&_rdr


Justicia Espada, la ingeniera ícono femenino que no fue feminista
La Universidad de Chile inaugura hoy una muestra en la que destaca, entra otras mujeres, a su primera ingeniera civil, titulada hace un siglo. Menos conocida que símbolos como Elena Caffarena y sin jamás haber sido activista ni menos feminista, tuvo una vida singular. Partiendo por su familia: su padre le puso ese nombre y apellido, y uno de sus hermanos se llamaba Sansón Radical.
Se tituló hace cien años. Cuando entró a estudiar, en 1913, un año antes de que comenzara la Primera Guerra Mundial, ni siquiera había baños femeninos en las instalaciones en la Universidad de Chile. "Es que ni las secretarias eran mujeres", recuerda haberle oído cuando niña Mireya Gajardo, una de sus nietas. Estamos hablando de Justicia Espada (1893-1980), también conocida como Justicia Acuña Mena, la primera mujer chilena en convertirse en ingeniera civil. Tuvo una vida tan singular como su nombre en esa época, y hoy lunes su casa de estudios la recuerda al inaugurar la muestra "Mujeres Públicas", en la que sus familiares donarán oficialmente fotografías, documentos y libros relativos a ella.
Es menos conocida, menos mencionada que nombres como Elena Caffarena, Eloísa Díaz (a quien también destaca la exposición), y otros que se destacan, por ejemplo, como cuando hace meses se intervinieron las estaciones del Metro, rebautizándolas con nombres de mujeres ícono. Pero la historia de Justicia tiene su propio cuento, aun cuando en vida ella jamás -dicen sus familiares- se vio a sí misma como feminista, y menos fue activista.
Tanto cuento comienza con su nombre. Su padre, José Acuña, fue un constructor civil que a fines del Siglo XIX debe haber sido visto como un0 de esos caballeros "bien dado a sus ideas". Le fomentó a sus cuatro hijas y a sus cuatro hijos que las diferencias entre sexos no eran tales. "Ella nació en una familia sumamente especial. El bisabuelo era un hombre de ideas bastante progresistas; él los crió a todos en igualdad de género", recalca su nieta. Y en esos años.
"Estos ochos hermanos, cuatro mujeres y cuatro hombres, no se enteraron que había restricciones para las mujeres. Crecieron sabiendo que podían hacer todo lo que quisieran", insiste.
Sansón Radical, Australia Tonel y Justicia Espada
Era una familia distinta en varios planos. De partida, Justicia nació con ese nombre y Espada como apellido. Tal como lee. No fue pura extravagancia decimonónica. Lo que pasó fue que don José, cuenta su tataranieta y nieta de la heroína de esta historia, tomó sus precauciones.
Mireya relata que "cuentan algunas historias" que la idea le vino a Acuña porque "había sufrido alguna especie de estafa con confusión de nombres, porque había alguien que se llamaba igual que él, José Acuña. Decidió que a sus hijos no les iba a pasar lo mismo".
Por eso, explica, "los primos tenemos todos apellidos distintos. Él les puso así. Cuando cumplieron mayoría de edad, entonces 21 años, las mujeres se quedaron con los dos apellidos que les correspondían, Acuña Mena. Pero los hombres se quedaron con sus apellidos extraños. Son sus apellidos, no segundos nombres: Sansón Radical es Sansón de nombre, Radical de apellido, y mis primos son de apellido Radical".
Sí, leyó bien. Sansón Radical. Él era el mayor. Lo restantes fueron bautizados como Australia Tonel, Justicia Espada -nuestra protagonista- Tucapel Arauco, América del Sur, Arquímides Capitán, Chile Mapocho y Grecia Brasil. "Espada es su apellido. Después se lo cambió. Pero al principio todos tenían un nombre y un apellido. Fue hace tantísimos años, el Registro Civil entonces funcionaba un poco al lote", recalca su nieta.
Cuenta que "sus hermanos fueron también profesionales, astrónomos, ingenieros, músicos. El hermano de mi bisabuelo, un tío abuelo mío -Samuel Gajardo- fue el primer Juez de Menores".
Justicia entró a estudiar Pedagogía en Matemáticas, pero luego decidió que no era lo suyo y se cambió a Ingeniería Civil. Hasta entonces, las mujeres no entraban a esa carrera, pese a que nada se los prohibía. Entre sus compañeros estaba Jorge Alessandri Rodríguez, más tarde Presidente. Mireya dice que su abuela "nunca fue apegada a la política. Sin embargo, fue compañera de El Paleta en la Universidad, así que tengo la idea de que votó por él en algún momento. Pero porque era su compañero, creo".
Le fue muy bien. No reprobó ningún ramo. Se tituló en 1919, un año después del fin de la Gran Guerra, 15 años antes de que se aprobara el voto femenino para las elecciones municipales (1934) y treinta antes de que ese derecho existiera para las elecciones presidenciales (1949). Justicia comenzó a trabajar poco después en Ferrocarriles del Estado, como ingeniera calculista. Se destacó en su profesión; el Colegio de Ingenieros la tiene en su galería de ilustres desde 1981, y el Instituto de Ingenieros entrega un premio bianual con su nombre.
Se casó con Alfredo Gajardo, compañero suyo, también ingeniero. Tuvieron siete hijos: todos hombres, ninguna mujer. "Ella ejerció jefatura sobre puros hombres en su trabajo, y en su casa también, con siete hijos y un marido", agrega su nieta.
"No lo hizo con intención; estaba viviendo su vida"
Pero Mireya -que la conoció bien porque tenía, calcula, unos 18 años cuando Justicia murió- asevera que, pese a que está orgullosísima del legado de su abuela, Justicia jamás fue feminista. Aun cuando se codee con íconos del ramo.
"Me habría encantado que fuera activista, pero no lo fue. Ella fue un referente, un ¿Saben qué? Sí se puede. Pero no desde el activismo, no desde una posición ideológica. Desde ahí sí es un referente, pero no desde el feminismo. Ahora, me encantaría decir que tuve una abuela feminista", asevera.
Para ilustrar eso relata que "era una mujer muy tradicional. Tejía, bordaba, hacía todas esas cositas bonitas, bien femeninas, bien clásicas. Crió siete hijos, manejó una casa; se retiró de su trabajo para criar hijos, cocinaba. Pero al mismo tiempo destazaba un cerdo y lo preparaba en longanizas. Ella se hacía cargo de la casa, tenía doble jornada, y no renegaba de eso. Decía que se podía. ¿Entiendes que no era feminista?"
"Elena Caffarena, Eloísa Díaz, ellas fueron feministas, fueron luchadoras. La Memé nunca fue feminista. Tampoco es que haya sido antifeminista; para ella no fue tema. Nunca fue activista", recalca. Y hace ver que pese a los honres que recibe hoy Justicia "no lo estaba haciendo con una intención detrás. Ella estaba viviendo su vida".
Una vida que si bien se ha esbozado más de una vez en reseñas y notas, al parecer todavía depara detalles y sorpresas. Ariadna Botti es historiadora del Archivo Central Andrés Bello, entidad de la universidad que tiene a cargo la muestra "Mujeres Públicas". Desde su perspectiva, explica que "conocemos un poco más a Eloisa Díaz y Elena Caffarena. Pero tampoco las conocemos tanto. Sobre Justicia Espada no sabemos tanto, no tenemos plena certeza de sus vidas y tampoco son muchas las investigaciones que hay. Ese es el objetivo de esta muestra: incentivar el interés por investigar sobre estas pioneras. Son pocos los datos con que contamos".
"Mujeres Públicas" está en la Sala Museo Gabriela Mistral, y es un proyecto institucional dependiente de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile. Ésta recibió hoy donaciones documentales de Justicia Espada y de Eloísa Díaz. La muestra estará abierta de lunes a viernes entre las 9:00 y las 18:15 horas -es gratuita- durante dos años.
https://www.latercera.com/la-tercera-pm/noticia/justicia-espada-la-ingeniera-icono-femenino-no-fue-feminista/643436/


Justicia Espada ya no está sola: la inserción de la mujer en la FCFM
La Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile tuvo un absoluto predominio masculino desde su creación, en 1842, hasta por lo menos mediados del siglo XX, en el contexto de una institución que no se caracterizó por ser particularmente activa en la promoción de la educación de la mujer. Por el contrario, de los tiempos remotos cuando la Universidad de Chile era la responsable de administrar la educación secundaria de todo el país, quedaron registradas en los Anales las negativas del Consejo Universitario a solicitudes de padres para que sus hijas estudiaran en colegios de hombres en localidades donde no existía uno de mujeres, bajo argumentos de resguardo de la moral y las buenas costumbres.
Con frecuencia se otorga a Justicia Espada Acuña Mena el mérito de haber abierto el camino a la mujer en la formación de ingeniería cuando obtuvo su título de ingeniera civil en 1919, siendo la primera en lograrlo en el país y en Sudamérica. Lo cierto es que su caso fue una absoluta anomalía dentro de una realidad invariable en las siguientes décadas. Hubo que esperar otros 14 y 23 años antes de que Rosario Jaques Barra y Dora Antilo Ceppa obtuvieran también el título de ingeniera civil en 1933 y en 1942, respectivamente.
Al cumplirse el centenario de la Facultad en 1942 se habían titulado 290 profesionales de Arquitectura, de los cuales 20 eran mujeres (6,9%). Sin embargo, hasta entonces la participación femenina en la formación de ingeniería era ínfima: las tres mujeres tituladas como ingenieras civiles constituían sólo el 0,2% de 1.218 graduados durante esos 100 años. La situación no cambió significativamente durante las décadas siguientes. Hasta 1960 sólo siete mujeres obtuvieron el título profesional: Lilia Montt Araya, ingeniera civil 1953; Carmen Hochfarber Ramírez, ingeniera civil 1955; Denise Laree Granger, ingeniera civil 1957; Beatriz Levi Dresner, ingeniera civil de minas 1958; Raquel Alfaro Fernandois, ingeniera civil 1959; Eliana Almendras Carvajal, ingeniera civil de minas 1960; y Cecilia Verdejo Rojas, geóloga 1960.
La masculinización que caracterizaba a la Facultad en esos años, con una presencia femenina anecdótica en el cuerpo estudiantil y nula entre los profesores, condicionaba diversos aspectos de la vida en el campus. Por ejemplo, no existían baños para las alumnas, que debían utilizar los de las funcionarias o, como relata una egresada, ponerse de acuerdo dos o más alumnas para ocupar un baño de hombres vacío, dejando una compañera en la entrada para asegurar la privacidad.
Al final del siglo XX y en la primera década del presente se observó un crecimiento continuo en la participación de mujeres en las cohortes de egreso, desde 13,7% en la década de 1980, hasta 18,9% en la década de 1990 y en los primeros 10 años de este siglo. Desde el 2010 hasta el presente el porcentaje de mujeres tituladas o graduadas en la FCFM alcanza a 20,2%.
El lento avance en el porcentaje de graduadas, sumado al convencimiento de que el talento para cursar con éxito los programas de ingeniería y ciencias está igualmente distribuido entre los géneros, llevó al desarrollo en 2013 de la iniciativa “Más mujeres para la ingeniería y las ciencias”. A partir de 2014 se implementó el Programa de Ingreso Prioritario de Equidad de Género (PEG). De acuerdo a este programa, en el proceso anual de admisión de nuevos estudiantes la FCFM ofrece 40 cupos extraordinarios a las primeras 40 postulantes mujeres de la lista de espera del Plan Común de Ingeniería. Esta acción hizo aumentar su participación en la cohorte de ingreso desde 19,4% el 2013 a un histórico 28% el 2014. Este crecimiento estuvo también condicionado por un significativo aumento de ingreso de mujeres por la vía regular, que se asocia a la alta visibilidad y difusión que tuvo el programa PEG. Los análisis del funcionamiento de este programa dan cuenta de su éxito, en la medida que el rendimiento de las alumnas que ingresan a través de él no se diferencia significativamente de los estudiantes seleccionados por la vía regular con puntajes cercanos al de corte.
La FCFM no sólo tiene la más baja participación femenina entre sus estudiantes, en comparación con las otras unidades académicas de la Universidad, sino que el porcentaje de mujeres es aún menor en el cuerpo de profesores, lo que desde otra mirada pone de relieve la existencia de un marcado sesgo cultural que ha limitado históricamente a las mujeres en el acceso a determinadas áreas de formación profesional, alejándolas tempranamente de aquellas vinculadas a la ingeniería y las ciencias afines. A esto se suman otros factores culturales arraigados en nuestra sociedad en cuanto al rol de la mujer en la constitución de la familia, que desalientan su participación en la academia. Sigue siendo una realidad generalizada que la carga de las labores domésticas y cuidado de los hijos recae principalmente sobre la mujer, lo que inhibe, desalienta o debilita el compromiso con una carrera científica de alta exigencia y dedicación.
La participación de las mujeres en el cuerpo académico de la FCFM es de 16,8% entre los 238 profesores(as) con jornada completa, y de un 10,3% entre los 214 académicos con un nombramiento inferior a 44 horas semanales. Para abordar este marcado desbalance, que también se observa a nivel mundial en las áreas de ingeniería y ciencias, la FCFM, bajo el liderazgo del decano Francisco Brieva, impulsó en el 2014 la creación del Programa de Equidad de Género en la Academia, cuyo objetivo principal es abrir oportunidades de formación a nivel de doctorado en centros de reconocimiento internacional a mujeres que habiendo demostrado un alto nivel de excelencia en el pregrado, se interesen por continuar una carrera académica en la FCFM. El nombramiento inicial en la jerarquía de instructor se realiza por concurso público, a iniciativa de un determinado departamento que está interesado y tiene la capacidad de ampliar su planta académica. La creación de un fondo central para este programa a nivel de facultad permite financiar el nombramiento de la nueva académica por un periodo máximo de cinco años, al término del cual el financiamiento es asumido por el departamento al cual se adscribe. Las candidatas al programa deben demostrar excelentes antecedentes académicos. Si su formación de pregrado fue en la FCFM, se exige un rendimiento en el 20% superior de su cohorte de ingreso y demostrar interés y habilidad en la docencia como ayudante o profesora auxiliar.
Desde la puesta en marcha del programa la Facultad ha contratado a seis egresadas de sus aulas, lo que aumentó la presencia femenina en el cuerpo académico de los departamentos de Ingeniería Eléctrica, Geología, Ingeniería de Minas e Ingeniería Mecánica. Kimie Suzuki está desarrollando su programa de doctorado en minería en la Universidad de New South Wales en Australia. Aprender más de fluidodinámica y transferencia de calor, especialmente sus aplicaciones en el área de energía solar y eficiencia energética, son los objetivos de Mónica Zamora, quien cursa su doctorado en Ingeniería Mecánica en la Universidad de California en San Diego. Ángela Flores realiza estudios doctorales en el Instituto Sustainable Electric Networks and Sources of Energy, de la Universidad de Berlín. El objetivo de la investigación de doctorado de Alida Pérez en la Universidad de Cornell es entender las transformaciones en rocas y suelos por factores climáticos y biológicos, y cómo los ecosistemas evolucionan con dichas transformaciones. La geóloga Pía Lois, especialista en geo-minero-metalurgia, potenciará el cuerpo académico del Departamento de Ingeniería de Minas cuando termine su formación doctoral en la Universidad de Queensland en Australia. Por último, la ingeniera eléctrica Constanza Ahumada cursa su doctorado en la Universidad de Nottingham, Inglaterra, donde desarrolla su investigación en el área de sistemas eléctricos de los aviones y sus interacciones con el sistema mecánico.
Con los programas de Ingreso Prioritario de Equidad de Género y de Equidad de Género en la Academia, la FCFM busca ponerse a la vanguardia a nivel nacional e internacional en cuanto a la participación femenina.
https://palabrapublica.uchile.cl/2016/11/16/justicia-espada-ya-no-esta-sola-la-insercion-de-la-mujer-en-la-fcfm/


El Diario La Nación de Argentina destaca:
Justicia Acuña: las primera ingeniera civil en Chile
14 de enero de 2021  • 12:16

Justicia Espada Acuña Mena, la primera mujer chilena en convertirse en ingeniera civil, nació en la ciudad capital de Santiago un día como hoy, pero de 1893. En su 128° aniversario, Google rinde homenaje, a través de su habitual doodle, a quien supo transformarse en un símbolo del progreso de las mujeres en América Latina.
El doodle de hoy presenta una ilustración de Acuña, una de las primeras ingenieras en Chile y Sudamérica que abrió un camino para las futuras generaciones de mujeres. Su padre era un constructor civil, quien la alentó, al igual que a sus siete hermanos, a perseguir sus sueños y desafiar las normas sociales injustas.
Al finalizar la secundaria, Acuña estudió matemáticas, aunque rápidamente se interesó por la ingeniería. En 1912 se convirtió en la primera mujer en ingresar a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y siete años después marcó un precedente al graduarse de ingeniera civil.
Un año después, Acuña dio inicio a su carrera e ingresó a trabajar como calculadora para la Dirección de Carreteras y Obras de Ferrocarriles del Estado (Empresa de los Ferrocarriles del Estado). Excluyendo un descanso para criar a sus siete hijos, trabajó para la empresa hasta su jubilación en 1954.
El Colegio de Ingenieros de Chile incorporó a Acuña a su Galería de Ingenieros Ilustres en 1981, y alrededor de una década después el Instituto de Ingenieros creó un premio en su nombre para ingenieras destacadas.
En 2018 la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile rebautizó su torre central en honor a Acuña con el fin de conmemorar a la primera alumna de la facultad.
https://www.lanacion.com.ar/sociedad/justicia-acuna-primera-ingeniera-civil-chile-nid2569263

Amiga, Amigo:

Más me impresionó al escuchar en el programa de Ante 3 TV desde España el concurso en su segunda edición: "La Voz Senior" a varias participantes mujeres de buena voz que por primera vez actuaban en público dado que el hogar nos les permitió dedicarse al canto. Es decir el machismo viene desde el hogar y no tan solo del primitivo neolítico con su dominante hombre de neandertal. Es una realidad que en general ignoramos. Realidad que me llevó a dedicar este nuevo escrito igualitario que lo llaman feminista.... Ganó en La Voz Senior el canto lírico de Naida Abanovich, procedente ella de BieloRusia, desde donde siendo soprano tuvo que huir de esa dictadura comunista. Llegó a España y para lograr vivir con su divina voz cantaba a diario en las calles, una persona que la escuchó recomendó a "La Voz" conocerla y participó. Al enterarse de su historia el Auditorio de la Voz se remeció sintiendo culpa... Ganó por una "causalidad" cambiando su vida de manera muy favorable. Fue la Voz del Destino...

Si desde Alemania David lee este escrito que reciba de su autor la alegría y admiración por SU triunfo allá logrado...



Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
Enero de 2021 Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net