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2020
Según la Numerología 2020, la tendencia general de este año es la de conseguir con menos esfuerzo muchas de las cosas que no pudiste completar el año anterior. La Vida te va a dar un impulso extra para que todo empiece a germinar con menor desesperación.


Proemio

Numerología 2020
2020: Previsiones para un año 4
 Este 2020 está marcado por el número 4. Un año que, según la numerología tiene una vibración especial que denota precisión, rigor y acomodo. Pero ¿qué más hay detrás del número 4?  *Gloria Garrido Ramos en su libro “Lo esencial sobre la numerología” sobre el número 4, hace un excelente recopilación sobre este número. Aquí su texto:
El número cuatro representa al elemento tierra.
 Su planeta regente es Urano, que por su parte es el destructor de todo lo viejo, y con ello se da paso a una reconstrucción positiva.
Sus colores son los pasteles y ocres
Su símbolo geométrico es el cuadrado y su palabra clave es ORDEN*
¿Qué significa el número 4?
“Es el símbolo de la materia, lo sólido y lo tangible, así como del Espíritu o el alma del ser humano. Con este número se llega al primer cuadrado y a la década: la suma de los 4 primeros números es 10;  de ahí que los pitagóricos lo denominaron bajo la forma del TETRACTYS.
“La presencia de este número en la creación es continua: son cuatro los puntos cardinales, los vientos, las estaciones del año, las fases de la luna, las letras del nombre de Dios. No hay que olvidar que según el relato bíblico, Dios separó la luz de las tinieblas al cuarto día por lo que este número es un símbolo fundamental de orden y construcción positiva.
“Por otra parte, alquimistas e iniciados han ensalzado siempre el 4 como un axioma en la búsqueda de la perfección que el espíritu emprende en esta vida.
“Cuatro son, por ejemplo, los estados de la Ascensión mística que pasa por el control de los 4 elementos en la propia naturaleza humana (aire/ pensamiento,  fuego/ instinto y espíritu,  agua/ emociones tierra/ inconsciente). Según el psiquiatra Carl Gustav Jung también son cuatro las funciones fundamentales de la conciencia humana: pensamiento, sensación, sentimiento e intuición.”  
¿Cómo es la vibración del número 4?
 “La energía de esta vibración es productiva práctica y rutinaria. No obstante, luchará por grandes ideales: La justicia y la solidaridad, la igualdad entre diferentes clases sociales… estos objetivos humanitarios serán el verdadero motor de su evolución espiritual, siempre y cuando no se deje arrastrar por un excesivo apego al poder material.
“En el plano material despliega de forma racional sus talentos. Es muy tenaz y disciplinado. Estable y sacrificado. Se sirve de su fuerza para avanzar. Le gusta construir su vida sobre bases sólidas. Le atraen el éxito y la prosperidad.”  
¿Qué podemos esperar del 2020 según la numerología?
 De acuerdo al texto y a nuestra experta numeróloga, Rosa, podemos esperar de este 2020 que sea un año constructivo y próspero, y sobre todo un año en el que por fin las estructuras de la sociedad se ordenen. Que se primen en ella los ideales y valores que describe anteriormente la justicia social, el progreso, la igualdad entre las clases, la solidaridad, etcétera.
Ciertamente, observando el panorama actual, es algo que parece muy necesario en estos momentos.
https://www.latino.wengo.com/tarot-videncia-1270/thema/numerologia-anual


Significado espiritual del 2020 según la numerología y los astros
El año 2020 estará representado por el número 4 (2 + 0 + 2 + 0). El significado espiritual del 2020 se puede establecer a través de la numerología y también a través de la conjunción de planetas y su regente, que para este año será el Sol.
El nuevo año comienza el 1 de enero según el calendario gregoriano. Sin embargo, para la astrología, el año comienza solo el 20 de marzo, cuando el sol entra en el primer signo del zodiaco, Aries, en el hemisferio sur, y en Libra, en el hemisferio norte, con una intensa conjunción de cuatro planetas principales en Capricornio: Saturno y Plutón, que han estado juntos durante dos años, y Marte y Júpiter .
Significado espiritual del 2020 según la numerología
La numerología para el 2020 indica que debemos centrarnos en la seguridad. El objetivo del número 4 es lograr una mayor estabilidad material, credibilidad profesional y bienestar familiar, es decir, sentirse seguro en todos los ámbitos. Por ello se valorizará todo lo que nos permita lograr el objetivo de la seguridad personal y para aquellos que nos rodean.
Según el significado espiritual del 2020 representado en el número 4 debemos tener un comportamiento organizado, con los pies bien puestos en la tierra, establecer objetivos y administrar cada paso de forma gradual y sistematizada.
Las tradiciones serán más importantes el 2020
Otro significado espiritual del 2020 que se desprende del número cuatro es la valorización de las tradiciones. Sin riesgos ni aventuras. Si se deben asumir riesgos tendrán que ser muy bien estructurados y planificados. Pero el 2020 se incrementará el valor a lo más conocido en desmedro de los novedoso o poco convencional.
Todo lo que sea sólido y haga parte de la base de las personas tendrá relevancia como la familia, el hogar, las tradiciones, instituciones, la patria etc. Las estructuras que nos dan soporte, ya sea un trabajo, un matrimonio, un contrato, un hogar, serán defendidas con fuerza. Habrá una necesidad por documentar, registrar, firmar y contar con el respaldo institucional y social en todo lo que hacemos.
Los compromisos más formales ganarán fuerza este año por encima de las relaciones pasajeras, superfluas o las aventuras, es decir, podrían aumentar los compromisos y matrimonios el 2020.
Año ambicioso de limpieza y orden
Este 2020 habrá más ambición en el terreno profesional. Las personas estarán con ganas de aumentar su rendimiento y productividad, estarán más responsables y eficientes. Puede haber más exigencias, pero la voluntad de actuar con grandeza les garantizará buenos resultados.
Por otra parte, el número 4 está asociado a la limpieza y el ordenamiento  lo que llevará a las personas a revisar con más rigor los detalles, logrando mejor concentración en lo que realizan, así como una mejor aceptación de algunas tareas más difíciles.
Significado espiritual del 2020 según la conjunción astrológica
Como hemos dicho, la alineación de planetas otorga un significado espiritual del 2020 bastante especial. Este año será regido por el Sol, lo que implica que tendremos más oportunidad de conocer y buscar de mejor manera nuestra esencia, profundizando en ella para descubrir nuestra identidad y nuestro destino.
Este año tendremos más conciencia de que hay un destino mayor y un propósito para nuestras vidas. Por ello nos veremos con la obligación de meditar sobre profundas transformaciones que serán necesarias hacer si queremos evolucionar.
El regente Sol tiene que ver con nuestro camino hacia el éxito. Pero este año será de lucha, entre la luz (Sol) y la sombra (Saturno y Plutón). Será un año de tratar de alcanzar nuestros objetivos, de buscar el buen conocimiento, el autoconocimiento y la buena conciencia, pero sin pocos obstáculos.
Se dijo: El 2020 será mejor que el 2019
Sin duda que gracias a la fuerza del astro padre el 2020 se presenta con perspectivas mucho más positivas que el 2019 que tenía como regente a Marte, el planeta de la guerra.
Las personas se centrarán más en la vitalidad, la autoconfianza y la autoestima. Serán impulsadas a ser mejores de lo que son, más auténticas e íntegras. Aunque será un año de trabajo arduo, en el que no hay que despistarse ya que Saturno y Plutón permanecerán en Capricornio junto a la compañía de Júpiter y exigirán mucho de las personas; aun así promete ser un año de progreso para las personas.
https://www.wemystic.com/es/significado-espiritual-del-2020/

Comentario:
La numerología no está en mi sendero de vida, luego de vivir el año 2020 y leer lo que pronosticaban sobre lo feliz, esperanzador y de progreso que sería, me alegro de no estar en ese sendero por haber vivido la triste realidad del 2020...


Desarrollo

Nada que ver la numerología con la realidad de lo sucedido en el año 2020 por La Pandemia, el Cambio Climático y, por donde se mire. Desde que se tiene registro el 2020 ha sido el año más caluroso, la Pandemia por Covid 19 ya es la peor conocida por la cantidad de contagiados y muertos...

A.-
En 2020 el mundo se detuvo. El cambio climático, no
9 Septiembre 2020
Hace cerca de tres décadas, los países se comprometieron a través de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático a impedir interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático mediante la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Sin embargo, hoy en día, esta interferencia humana perjudicial ya está en curso: hemos experimentado un calentamiento de 1 °C por encima de los niveles preindustriales y vemos los efectos del cambio climático sobre el terreno. Hoy, debemos aceptar que el cambio climático ya es una realidad, reducir urgentemente las emisiones para evitar el calentamiento hasta niveles aún más peligrosos y a la vez trabajar en la adaptación a los efectos del cambio climático que ya no pueden evitarse.
Introducción
En la gobernanza global del cambio climático, se pretendía que 2020 fuera un año de intenso trabajo para reducir la distancia entre la trayectoria actual y la deseada en la mitigación del cambio climático. La preocupación por el cambio climático había incrementado sustancialmente: las huelgas escolares por la acción por el clima se generalizaron, los diccionarios Oxford eligieron “emergencia climática” como palabra del año y en el Informe de riesgos globales del Foro Económico Mundial cuestiones relacionadas con el calentamiento global ocuparon las cinco primeras posiciones en la lista de los riesgos más probables de la próxima década. Empezaron a surgir anuncios de nuevas acciones y objetivos de mitigación del calentamiento global por parte de Estados, organismos regionales y empresas: Chile declaró su intención de ser neutro en carbono en junio de 2019; la nueva Comisión Europea anunció el Pacto Verde Europeo y su objetivo de la neutralidad climática para 2050, y Microsoft lanzó planes para ser negativo en carbono para 2030.
Sin embargo, este año las cosas no han ido según lo planeado. COP26, la importante cumbre climática de la ONU prevista para noviembre de 2020 en Glasgow, ha sido pospuesta. Los gobiernos, los individuos y, de hecho, todo el mundo han tenido que cambiar su foco de atención hacia un problema que requiere dedicación plena, inmediata y urgente: la pandemia de la COVID-19 que abruma a todo el planeta. A corto plazo, la batalla contra la pandemia de la COVID-19 ha hecho una contribución involuntaria a la lucha contra el cambio climático. Para evitar la expansión del virus, se detuvieron a todos los efectos grandes sectores de la economía mundial, lo que provocó la disminución de los niveles locales de contaminación atmosférica y de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes del uso de energía. Sin embargo, es probable que este efecto sea solo temporal: cuando la economía se acelere de nuevo, también lo harán las emisiones. Quizá lo más relevante para la acción por el clima son las lecciones que se pueden extraer de las respuestas que se han dado ante la crisis de la COVID-19, especialmente las que se relacionan con el comportamiento individual y la acción colectiva.
La crisis climática y la de la COVID-19 presentan una serie de similitudes importantes. Ante todo, son ejemplos evidentes de problemas de acción colectiva. Ambas crisis afectan a toda la humanidad, aunque algunas personas y Estados puedan ser más resilientes y estar más equipados para hacer frente a sus efectos. Además, tanto el crecimiento de las emisiones de dióxido de carbono como la transmisión de la COVID-19 no son lineales. Las soluciones a los dos problemas son sumamente caras y requieren intervenciones que afectan profundamente a nuestras economías y sociedades. Además, las soluciones no pueden tener lugar sin la cooperación internacional, puesto que ninguno de los problemas respeta las fronteras.1 Finalmente, la ciencia desempeña un papel fundamental: la incertidumbre es el enemigo de la acción efectiva y la investigación científica robusta es clave para diagnosticar de manera precisa la situación e implementar las soluciones adecuadas.
Sin embargo, hay también una diferencia fundamental entre los dos retos: su horizonte. Las medidas que se están poniendo en práctica para luchar contra el nuevo coronavirus habrían sido inimaginables hace apenas unos meses. Pero la inmediatez y la visibilidad del impacto del virus sobre la salud de las personas y las sociedades dieron un impulso a los gobiernos, las empresas y las sociedades para emprender acciones drásticas. Los efectos del cambio climático, por el contrario, ya se están percibiendo, pero no se perciben igual en todo el mundo y a menudo son más sutiles – por ahora–. Los científicos llevan décadas advirtiendo sobre la inminente emergencia. Un sinfín de gráficos han confirmado las tendencias de aumento de la temperatura y los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más intensos y frecuentes; sin embargo, los efectos más invasivos, directos y extremos del calentamiento aún están por llegar.
Se han tomado algunas acciones, pero distan de ser suficientes. Si no se aborda adecuadamente, el pernicioso desfase entre las advertencias científicas y las acciones para afrontar el problema acarreará consecuencias graves e irreversibles para el planeta y sus habitantes. El tema es que los humanos, a grandes rasgos, no estamos preparados psicológicamente para realizar los drásticos cambios necesarios –excepto en casos de crisis agudas, cuando percibimos los efectos inmediatos y directos. Lo mismo ocurre para los sistemas políticos que los humanos han creado. El quid de la cuestión para el cambio climático, pues, es cómo conseguir la acción colectiva efectiva y rápida sobre un problema crítico que tiene un horizonte a largo plazo.
Este capítulo examinará las acciones que se han llevado a cabo –y las que no–, poniendo el foco en el papel pasado y futuro de las Naciones Unidas. Para ello, responde a las tres preguntas engañosamente simples (¿Dónde estamos?, ¿a dónde queremos ir? y ¿cómo llegaremos allí?) que guiaron el denominado diálogo de Talanoa en 2018,2 y que estructuran este volumen sobre el 75º aniversario de las Naciones Unidas. La realidad es que existe un marco internacional para abordar el reto del cambio climático: el Acuerdo de París, que fue diseñado bajo el paraguas de la Convención Marco sobre Cambio Climático de la ONU. Sin embargo, el mundo no avanza en la dirección correcta. La única manera de enderezar el rumbo es emprendiendo acciones urgentes, globales, nacionales e individuales.
¿Dónde estamos? ¿En qué dirección va el mundo?
En el momento de escribir estas líneas, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre está en 413 partes por millón (ppm). Antes de la Revolución Industrial, la concentración era de aproximadamente 280 ppm. Los niveles acumulativos de dióxido de carbono han ido incrementándose año tras años durante décadas, acercándose cada vez más al límite de 450 ppm que los científicos han indicado como el nivel más allá del cual los efectos de la interferencia humana con el sistema climático se volverán mucho más peligrosos e impredecibles. Este valor se traduce aproximadamente en 2 °C de calentamiento más para 2100 respecto a los niveles preindustriales.
Sin embargo, hoy en día la temperatura de nuestro planeta es ya 1 °C más alta de media que antes de la Revolución Industrial (IPCC, 2018). Si las emisiones globales de gases de efecto invernadero continuaran subiendo sin que se tomara ninguna acción por el clima, las temperaturas mundiales oscilarían de media entre 4,1 °C y 4,8 °C en 2100 (Climate Action Tracker, 2019). Si los países siguen implementando las políticas que tienen actualmente en vigor, se espera que las temperaturas mundiales sean cerca de 3 °C más altas que los niveles preindustriales en 2100 (UNEP, 2019). Estos valores distan de ser compatibles con los límites de 1,5 °C y 2 °C con los que se han comprometido los Estados para contener el calentamiento global.
Desde hace más de 30 años, los países cooperan para intentar abordar el reto del cambio climático, fundamentalmente en el marco de las Naciones Unidas, a través de dos componentes principales: el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). El IPCC es el órgano científico esencial: a través de informes de evaluación regulares sobre el estado de las ciencias del clima e informes especiales sobre temas específicos, el Grupo recopila un amplio abanico de conocimientos científicos ampliamente aceptados a partir de los cuales los países pueden diseñar medidas y políticas nacionales e internacionales.
Por su parte, la CMNUCC es donde tiene lugar la gobernanza global de la adaptación y mitigación del cambio climático. Creada en 1992, la convención establece el macroobjetivo de estabilizar “las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático”. También define los principios que deberían guiar las acciones de los Estados hacia ese objetivo. Uno de esos principios es el de responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas, que sostiene que, aunque mitigar el cambio climático es responsabilidad de todos, los Estados con un papel histórico mayor en la creación del problema y los que tienen más recursos para abordarlo deberían asumir más responsabilidad para su solución.
Existen dos instrumentos principales con enfoques radicalmente diferentes dentro del marco de la Convención: el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París. El Protocolo de Kioto de 1997 siguió un enfoque regulador, al definir objetivos estáticos de reducción de emisiones para los denominados países del Anexo I (fundamentalmente, los países más desarrollados) en un modelo de arriba abajo. Sin embargo, conseguir que fuera ratificado fue difícil y, aunque el protocolo finalmente entró en vigor en 2005, abarca un segmento relativamente pequeño de las emisiones globales.
El Acuerdo de París, que fue firmado en 2015 y entró en vigor a una velocidad récord en 2016, no podía ser más diferente del Protocolo de Kioto. En vez de cubrir acciones solo por parte de países desarrollados, superaba las divisiones del pasado para incluir a todos los países del mundo, 189 de los cuales habían ratificado el acuerdo en el momento de escribir estas líneas. El Acuerdo de París constituye un modelo híbrido con un conjunto de objetivo colectivos: limitar los aumentos de temperatura mundial a 1,5 °C o 2 °C por encima de los niveles preindustriales, mejorar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático, y hacer compatibles los flujos financieros con “una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero”. Estos objetivos son fijados colectivamente para el mundo entero y objetivos individuales para los Estados no se imponen de arriba abajo. Más bien al contrario, los Estados asumen compromisos voluntarios (las denominadas “contribuciones nacionales determinadas” o NDC) “de abajo hacia arriba”, en los que estipulan lo que pueden hacer y están dispuestos a hacer para la adaptación y la mitigación del cambio climático.
La pregunta clave es si la suma de los compromisos estatales individuales será suficiente para conseguir el objetivo global. El Acuerdo de París prevé momentos de balance periódicos para realizar estos cálculos, lo que proporciona una clara visión sobre el estado de la ambición. Se espera que los Estados entreguen nuevas NDC quinquenalmente, que impliquen un avance respecto de las anteriores y que reflejen su mayor ambición posible. Este constructo está diseñado para crear un mecanismo dinámico de “aumento progresivo” para alcanzar el objetivo global. Sin embargo, no hay ningún mecanismo de cumplimiento que garantice que los Estados cumplan con sus compromisos. En su lugar, el Acuerdo de París opera por medio de un marco de transparencia reforzado, mediante el que los Estados, la sociedad civil y los ciudadanos pueden exigir responsabilidades a los líderes cuando falta alguna acción o ambición. Una última novedad del Acuerdo de París es la mayor implicación de actores no estatales: es decir, actores subestatales como ciudades o regionales, actores privados como empresas y actores de la sociedad civil incluyendo ONG (véase Garcia-Chueca en este volumen).
¿Está cumpliendo lo prometido el modelo de París? En este momento, no. Los análisis muestran que, aunque todas las políticas de la primera ronda de compromisos nacionales se implementen, aún nos dirigiremos a un mundo que será unos 3 °C más caliente este siglo (UNEP, 2019). ¿Esto significa, pues, que el modelo de París está roto? La respuesta a esta pregunta también es negativa. El acuerdo fue diseñado precisamente como proceso dinámico para aumentar la ambición. Es por ello que el año 2020 –cuando se cumplen el 5º aniversario del acuerdo y el 75º de la ONU– es tan importante. Es el año en que los Estados deben comunicar o entregar compromisos nuevos y/o actualizados a la CMNUCC. El secretario general de la ONU, entre otros, ha fijado como prioridad máxima alentar a los Estados a aumentar su ambición considerablemente.
¿Dónde queremos ir? ¿Qué clase de mundo queremos construir?
El mundo que queremos construir fue definido en 1992, cuando se creó la CMNUCC: un mundo sin interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático. Sin embargo, hoy en día estas interferencias humanas nocivas son ubicuas: hemos sufrido un calentamiento de 1 °C respecto de los niveles preindustriales y ya se están produciendo efectos del cambio climático sobre el terreno. En este momento, por lo tanto, debemos aceptar que el cambio climático ya es una realidad, y trabajar para construir un mundo en el que el calentamiento no avance hasta niveles incluso más peligrosos, a través de la mitigación de las emisiones. No obstante, para los efectos del cambio climático que ya no pueden evitarse, la adaptación será crucial.
En el Acuerdo de París, todos los Estados del mundo acordaron limitar el calentamiento global a 2 °C por encima de los niveles preindustriales, y hacer esfuerzos para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C. Incluso medio grado marca la diferencia: tal como se muestra en el Informe especial sobre el calentamiento global de 1,5 °C, elaborado por el IPCC, muchos de los efectos físicos del cambio climático no siguen una tendencia lineal. Es decir, los efectos de 2 °C de calentamiento son mucho más nocivos que los de 1,5 °C por lo que respecta a la subida del nivel del mal, el calor extremo, la escasez de agua, el rendimiento de los cultivos, entre muchos otros aspectos. Por ejemplo, un estudio de modelación concluyó que en caso de un calentamiento de 1,5 °C, cerca de un 14 % de la población mundial sufriría olas de calor extremas periódicas (como la ola de calor europea de 2003, que provocó decenas de miles de muertes relacionadas con el calor); mientras que con un calentamiento de 2 °C, este porcentaje se dispara hasta casi el 37 % (el IPCC, 2018).
Por lo tanto, es fundamental reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global y el cambio climático y aspirar al objetivo de 1,5 °C. Varias organizaciones han generado escenarios de mitigación compatibles con el objetivo de 1,5 °C. La buena noticia es que limitar el calentamiento a 1,5 °C todavía es un objetivo alcanzable.
La mala noticia, sin embargo, es que será necesario actuar muy rápidamente y a una escala sin precedentes: se requiere una reducción del 7,6 % de las emisiones cada año durante los diez próximos años (UNEP, 2019). Según las previsiones actuales, las emisiones globales podrían caer un 8 % en 2020 (IEA, 2020), pero esto solo ha sido posible debido a un inconcebible cierre repentino de gran parte de la economía y el transporte de todo el mundo.
Además, cuando los motores económicos del mundo vuelvan a arrancar tras la crisis de la COVID-19, es probable que la tendencia de emisiones y el consecuente calentamiento global se reanuden. China lo demuestra: en enero de 2020, fue el primer país en dar el paso sin precedentes de parar radicalmente una gran parte de su actividad económica para detener la expansión del nuevo coronavirus. Mientras estuvieron en vigor las medidas, las emisiones nacionales de China bajaron un 25 % respecto al
mismo período de 2019 (lo que supone una reducción de 200 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono). El desplome de la actividad económica supuso una disminución del consumo de energía y, a su vez, menos emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, este cambio no fue permanente. A principios de marzo, por ejemplo, los niveles de dióxido de nitrógeno y el consumo de carbón habían vuelto a los niveles de los años anteriores (Myllvirta, 2020).
Puesto que las emisiones de gases de efecto invernadero son una parte indesligable de nuestra economía mundial y de nuestros estilos de vida, alcanzar el objetivo de 1,5 grados requiere nada más y nada menos que una transformación total de nuestras economías y modelos energéticos. Hoy en día, existen alternativas competitivas a los combustibles fósiles para muchas (aunque no todas) aplicaciones. Los precios de las energías renovables, por ejemplo, están cayendo y las energías solar y eólica compiten
con otros combustibles para las nuevas instalaciones de generación eléctrica. No obstante, hasta ahora, esto no ha desembocado en una verdadera transición energética: el 80 % del consumo de energía de todo el mundo todavía procede de la combustión de combustibles fósiles. Las fuentes de energía renovables no han sustituido los otros combustibles: simplemente han añadido una capa en la cima del consumo energético acumulativo mundial, lo que contribuye a construir un rascacielos cada vez más alto. Si bien los porcentajes relativos de determinados combustibles fósiles (como la biomasa y el carbón) han disminuido en determinados períodos, sus contribuciones al suministro mundial de energía primaria han aumentado en términos absolutos, junto con la creciente demanda mundial de energía (Newell y Raimi, 2018).
Así pues, es necesaria una verdadera transición energética (más que un mero patrón de adición) para crear el escenario que queremos, y esta requiere acción en todos los frentes: políticas, tecnologías y comportamientos. Las fuentes de energía renovables u otras fuentes con emisiones de carbono cero tendrán que incorporarse en mayor medida a la combinación de fuentes energéticas, y los esfuerzos para mejorar la eficiencia energética deberán reforzarse. En las regiones que todavía dependen en gran medida de la biomasa (carbón vegetal y leña), incluyendo una gran mayoría de la población del África subsahariana, será imprescindible escoger opciones con bajas o nulas emisiones de carbono para satisfacer las crecientes necesidades energéticas. Sin embargo, para alcanzar el objetivo de 1,5 °C, es probable que haga falta implementar también otras tecnologías, incluyendo eliminación de emisiones de carbono. El informe especial del IPCC sobre el objetivo de 1,5 °C concluye que, a menos que la demanda energética disminuya radicalmente (lo cual requeriría grandes cambios de comportamiento), se necesitará la captura y el almacenamiento geológico o uso de dióxido de carbono.3
Aunque la mitigación recibe mucha atención, la adaptación a los ya inevitables efectos del cambio climático debe avanzar en paralelo. Esto, también, es urgente: cuanto más se pospongan los esfuerzos de adaptación, más caros serán. La adaptación será necesaria en todos los lugares, pero particularmente en los Estados menos desarrollados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, que a menudo no tienen los medios para adaptarse (y solo han contribuido tangencialmente al problema global del cambio climático). Estos Estados necesitarán apoyo económico, a lo que se han comprometido los países desarrollados por medio de la CMNUCC. Sin embargo, una mayor cantidad de estos recursos deberá destinarse a la adaptación: actualmente, solo cerca de una quinta parte de la financiación para el clima se utiliza para fines relacionados con la adaptación, mientras que el resto se encauza a proyectos
de mitigación (OECD, 2019).
¿Cómo llegaremos allí? ¿Cómo podemos acortar la distancia entre estos dos mundos?
La única manera de abordar este inmenso problema y de reducir la distancia entre la trayectoria actual y la deseada es un enfoque integral. Esto implica tres niveles de acción, cada uno de los cuales es fundamental y alimenta a los demás: el global, el nacional y el individual.
Desde el punto de vista global, el Acuerdo de París ya tiene casi cinco años. Aunque la acción que se ha llevado a cabo al amparo del acuerdo todavía no es compatible con los objetivos que recoge, sigue siguiendo el instrumento más potente y más representativo (y, por lo tanto, legítimo) disponible para abordar el cambio climático, después de haber sido firmado por los 197 miembros de la CMNUCC tras largos años de negociaciones. Debido a las experiencias previas (el hecho de no conseguir un tratado global en la cumbre del clima de Copenhague en 2009, por ejemplo) y la situación del multilateralismo en general, actualmente es improbable que un modelo diferente (por ejemplo, con una mayor ambición de arriba abajo o mecanismos de cumplimiento más contundentes) fuera aceptable para un gran número de Estados. A no ser que acontezca una grave crisis, el Acuerdo de París es, pues, el instrumento global más viable para potenciar la acción por el clima en los próximos años.
Además, la naturaleza catalítica del acuerdo está diseñada para facilitar una acción climática más contundente (Hale, 2018). En este momento, es necesario trabajar en dos frentes. Por una parte, es crucial que las actuales negociaciones en el seno de la CMNUCC sobre la implementación técnica del Acuerdo de París –sobre el artículo 6 (mercados internacionales de carbono) y los plazos comunes para las NDC, por ejemplo–avancen y produzcan resultados robustos que faciliten una acción por el clima ambiciosa. Por otra parte, las NDC nuevas o actualizadas que los Estados presentan este año deben representar un claro avance respecto de las anteriores, y deben procurar alinearse con el objetivo de 1,5 °C y la neutralidad de carbono para 2050, como pide el secretario general de la ONU. En el momento de escribir estas líneas, 104 países han manifestado su intención de incrementar su ambición o acción en una NDC para 2020, pero estos países solo representan el 15 % de las emisiones globales (Climate Watch, 2020). La crisis de la COVID-19 ha alejado la atención mundial de esta cuestión, pero es fundamental que los mayores emisores se comprometan a elevar su ambición: sin sus contribuciones, la ventana hacia el tope máximo de 1,5 °C o incluso 2 °C de calentamiento se cerrará rápidamente.
No obstante, el Acuerdo de París no debería ser el único instrumento utilizado. Un enfoque integral también implica la acción por parte de otras organizaciones internacionales –por ejemplo, los que trabajan en asuntos económicos o relacionados con la energía– y de grupos más pequeños de Estados que pretenden promover un tema concreto. Este último modelo, que algunos han denominado minilateralismo (Naím, 2009) o el modelo del club, presenta desventajas de sobra conocidas, como la falta de representatividad y en ocasiones de rendición de cuentas. Sin embargo, la urgencia y la complejidad del reto del cambio climático exigen la acción sobre todos los frentes posibles.
Hará falta una gobernanza global más fuerte o más eficaz en el futuro próximo, para avanzar en una serie de temas en particular. Uno es la geoingeniería, que incluye un conjunto de tecnologías diferentes, desde la eliminación del dióxido de carbono por vías tecnológicas y naturales hasta la gestión de la radiación solar. Como mínimo, se necesita transparencia e información sobre estas tecnologías y su uso. Otros se refieren a los ámbitos de la aviación y la navegación, cuyas emisiones van en aumento: de hecho, si la aviación global fuera un país, aparecería en la lista de los diez máximos emisores del mundo (European Commission, n.d.). Tanto la Organización de Aviación Civil Internacional como la Organización Marítima Internacional se han centrado más en asuntos relacionados con las emisiones en los últimos años, pero en el futuro próximo será fundamental asegurar que la ambición es alta y que las lagunas en la regulación se resuelven.
Puesto que la gobernanza global del cambio climático se debate en muchos foros diferentes, la CMNUCC no solo debería (1) mantener y reforzar el Acuerdo de París, sus procesos y mecanismos y a la vez buscar continuamente oportunidades de mayor cooperación, sino también (2) desempeñar un papel de catalizador en la aceleración de la gobernanza y las acciones por el clima en muchos ámbitos, y (3) hacer el seguimiento e informar de las acciones que se están llevando a cabo en otras instituciones relacionadas con la gobernanza climática. Mientras tanto, el IPCC sigue siendo indispensable para ir reuniendo continuamente una sólida batería de evidencia científica para analizar el problema del cambio climático y sus posibles soluciones. Por último, para complementar la comunicación de la climatología, las organizaciones de gobernanza global deberían también esforzarse por divulgar y multiplicar las historias de éxito, resaltando la acción por el clima con efectos positivos netos y beneficios colaterales.
Avanzando al siguiente nivel de acción, es evidente que la gobernanza global no puede ser efectiva sin los Estados. Sencillamente, y tal como se ha descrito arriba, los objetivos del Acuerdo de París –y el mundo que queremos construir– no pueden alcanzarse sin acción nacional. La contribución más inmediata que los países pueden hacer es presentar NDC muy ambiciosas al proceso de la CMNUCC durante el año 2020, a pesar del aplazamiento de la cumbre COP26. Los Estados y las organizaciones que aspiran al liderazgo climático, como la UE, deberían presentar sus NDC lo más pronto posible a pesar del cambio de fecha de la cumbre, para dar ejemplo al resto del mundo. Las NDC presentadas por los principales emisores (China, la UE y la India, entre otros) serán seguidas de cerca, como también lo serán las elecciones presidenciales estadounidenses en noviembre: el candidato demócrata a la presidencia Joe Biden ha anunciado que volverá a unirse al Acuerdo de París inmediatamente si resulta elegido. A la vista de sus responsabilidades históricas, los países desarrollados deben mostrar su ambición de mitigación y a la vez cumplir sus compromisos de financiación de la lucha contra el cambio climático.
Otra acción con un alto impacto a corto plazo es asegurar que los planes de recuperación económica pos-COVID se centran en las tecnologías y las energías limpias. Las decisiones que se tomen ahora serán fundamentales en la lucha contra el cambio climático –pero en el contexto actual, el apoyo público para la acción ambiciosa por el clima puede fluctuar a medida que se disparan las preocupaciones económicas y relacionadas con el empleo. Por lo tanto, los legisladores tendrán que diseñar los programas de recuperación con cautela y pragmatismo, vinculando iniciativas “verdes” directamente con el empleo y el crecimiento. Además, en un momento de precios bajos del petróleo, los gobiernos con mirada prospectiva podrían estudiar las opciones para reformar las subvenciones a los combustibles fósiles sin que ello suponga grandes efectos económicos para sus poblaciones. A medio y largo plazo, la transición energética que viene creará oportunidades económicas y geopolíticas que los gobiernos deberían estudiar con cautela (algunos Estados, como China, han actuado rápido en este sentido). Por último, la opinión pública sobre asuntos relacionados con el cambio climático será crucial. Como lo demostraron las manifestaciones de los chalecos amarillos en Francia, los gobiernos tendrán que asegurar que las políticas por el clima no afecten de manera desigual a determinados grupos sociales. En este sentido, el paradigma de la transición justa forma un buen modelo: para los grupos más afectados por la transición energética (los trabajadores de sectores como la minería de carbón, por ejemplo), los legisladores tendrán que aportar nuevas formaciones, compensaciones o alternativas.
Pasando al ámbito individual, el año 2019 en especial mostró que la opinión pública puede ser un impulsor de la creación de políticas climáticas. Tanto las acciones individuales que se transforman en movimientos más amplios (como Greta Thunberg y las huelgas de los Viernes por el Futuro) como el trabajo que llevan a cabo ONG más establecidas (como Greepeace, E3G y Carbon Tracker) pueden ‘descargar’ marcos de urgencia desde el nivel global o de forma horizontal y escalar (o ‘subir’) sus preferencias al ámbito nacional. Además, por medio de su marco de transparencia reforzado, el Acuerdo de París ofrece muchas oportunidades para personas y ONG de monitorizar acciones y ambiciones nacionales e internacionales y surtir efecto. Finalmente, junto con las políticas y la tecnología, el comportamiento y las elecciones individuales harán una contribución importante a la mitigación del cambio climático. En el caso de la COVID-19, una crisis aguda ha hecho que los individuos entendieran la importancia de sus acciones. En el caso del cambio climático, excepto los que ya sufren los efectos del calentamiento global en su día a día (como es el caso de los habitantes de algunos estados insulares bajos), puede ser más difícil inculcar la importancia de los cambios de comportamiento. Los discursos y la educación pueden desempeñar un papel fundamental para ayudar a superar la cuestión de los horizontes temporales que plantea el cambio climático.
Conclusión
Como es lógico y necesario, la crisis de la COVID-19 actualmente domina nuestras vidas, economías y políticas. Sin embargo, otra crisis que se cuece a fuego más lento, con consecuencias duraderas y potencialmente irreversibles para el planeta y nuestra especie, sigue en marcha: el cambio climático. A pesar de las similitudes en las estructuras del problema de las dos cuestiones, los gobiernos y los individuos reaccionarán de manera más lenta al segundo reto, por una razón evidente: el cambio climático representa una “tragedia de los horizontes” (Mark Carney, 2015). Pero abordar la crisis climática es de importancia vital y marcará nuestras vidas y la de generaciones venideras. De hecho, la adopción el año pasado de los términos “crisis climática” o “emergencia climática” por parte de muchas organizaciones representa un intento de romper con los horizontes y alcanzar la acción que ya es sumamente acuciante.
Aunque nuestra atención ahora debe estar necesariamente en luchar contra la pandemia, la urgencia y acción por el clima no deben desaparecer. Pese a que la COP26 se haya pospuesto, el impulso para frenar el cambio climático no debe perderse en 2020. A corto plazo, las medidas de estímulo que se implementan para abordar la situación económica después de la COVID-19 deben ser verdes. Por lo que respecta a la gobernanza global, la ONU, a sus 75 años, ha asumido el cambio climático como uno de sus retos más importantes. El Acuerdo de París y su mecanismo de aumento progresivo es la mejor opción de la que el mundo dispone para vehicular la acción colectiva contra el cambio climático. Estos próximos años más que nunca será fundamental un liderazgo fuerte –por parte de la ONU y de los miembros con mayor ambición de la CMNUCC, como la UE– para mantenerse en la senda de la acción por el clima.
https://www.cidob.org/es/articulos/cidob_report/n1_6/en_2020_el_mundo_se_detuvo_el_cambio_climatico_no


B.-
El año 2020 fue el más cálido conocido y ello afecta aun más el derretimiento de los glaciares, del Ártico y la Antártida. Esto da lugar a aumento en el nivel de los mares y olas más altas para los bordes costeros. Además está el considerable aumento de la basura y el plástico:

Preocupante aumento de basura en el mar

La basura en el mar es un gran problema. Las imágenes de animales marinos intoxicados por la ingestión de plástico o con graves lesiones al enredarse con residuos de este tipo se han vuelto cada vez más recurrentes. Estamos enfrentando un problema de contaminación que requiere medidas contundentes, pues según estimaciones de la ONU (2019) la basura arrojada en las playas o desde las embarcaciones, así como el desplazamiento de los residuos por el viento y los ríos, lleva al océano más de 8 millones de toneladas de plástico cada año. Hacia 2025 esta cifra puede doblarse y tener efectos catastróficos para la biodiversidad marina y la economía al perjudicar actividades como el turismo y la pesca.  El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que el impacto económico de la contaminación por plásticos a los océanos representa cerca de US$8 mil millones anuales. 
Además, investigaciones realizadas en diferentes partes del mundo han encontrado partículas de microplásticos (ver Imagen 1) en peces y mariscos que son consumidos regularmente por humanos. Según un estudio reciente de la Universidad de Newcastle, Australia, a nivel mundial ingerimos un promedio semanal de 5 gramos de plásticos a la semana ¡la cantidad equivalente a comerse una tarjeta de crédito! Todavía no conocemos con certeza las implicaciones que esto representa para la salud, pues carecemos de suficiente evidencia científica para sacar conclusiones, pero sabemos gracias a estas investigaciones, que parte de los residuos plásticos que desechamos retornan a nosotros a través de los alimentos que consumimos. 
El aumento en el uso de plásticos y su escaso reciclaje es una problemática creciente a nivel global y en el caso de Chile, según datos de la Asociación Gremial de Industriales del Plástico (2019), sólo se recicla menos de un 9 % del plástico que se consume, lo cual representa aproximadamente 83.679 toneladas al año. Gran parte de objetos como las cucharas plásticas, los vasos desechables, los envases de los líquidos que consumimos y usamos, tienen una vida útil de pocos minutos, pero permanecen en el ambiente cientos y miles de años. 
Con la pandemia global esta situación parece agravarse, pues el aumento de la demanda y uso de elementos como mascarillas (tapabocas), guantes, protectores faciales y desinfectantes, así como la ausencia de medidas para su recolección y disposición, ya han tenido un impacto negativo al percibirse el incremento de estos elementos sanitarios en los mares. También las compras en línea y los servicios de delivery de comida han aumentado el uso de plásticos de un solo uso, tales como envases y cubiertos desechables. 
En la actualidad se cuentan con diversos estudios sobre la basura que se encuentra en las playas y flotando en los mares, pero los residuos que se encuentran en los fondos marinos son todavía un misterio. Las dificultades en su estudio se relacionan con la complejidad de acceder al fondo submarino y recopilar datos a gran escala. Por esta razón, la organización Ocean Eyes, ha incentivado el monitoreo de la basura submarina por medio de las observaciones de buzas y buzos en los mares chilenos. 
De esta manera, se ha podido percibir la presencia de distintos tipos de residuos en la mayoría de las inmersiones que corresponden principalmente a basura plástica (28%), materiales de pesca (22 %) y metales (20%). La mayoría de las observaciones realizadas hasta el momento se han realizado en la zona centro del país, por lo que se carece de datos en la zona norte y sur. La idea es continuar con este trabajo de observación y aumentar la recopilación de datos en las distintas regiones para tener una visión panorámica de la cantidad de residuos y su caracterización en los mares de todo el país. 
Aunque la basura se puede observar en la mayoría de las inmersiones, la cantidad de basura que se observa es baja. Estos resultados encontrados nos hablan de algo muy peligroso. El sistema de corrientes y el tipo de ecosistemas que tiene Chile hacen que esta basura que llega al agua sea rápidamente «limpiada» de los fondos marinos. Esto genera dos externalidades: por un lado, puede dar una percepción equivocada al no advertirse esta basura a simple vista, por otra parte, la basura es arrastrada al sistema de corrientes oceánicas. Una vez sucede esto, la basura puede quedarse atrapada en las profundidades o degradarse hasta convertirse en microplásticos. En ambos casos su gestión y limpieza es una tarea casi imposible.
Una tarea de todos  
Desde el gobierno el chileno se han implementado diferentes iniciativas como la Ley 20.920 de 2016 (conocida como Ley REP) que establece el Marco para la Gestión de Residuos, la Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje; la Ley 21.100 de 2018 la cual se ha implementado progresivamente y cuyo objeto es la disminución paulatina del uso de bolsas plásticas entregadas en el comercio; y un nuevo proyecto de ley que está siendo discutido en el congreso y prohíbe los plásticos desechables de un solo uso. 
También, cabe destacar el Pacto Chileno por los Plásticos, suscrito en abril de 2019 por la Fundación Chile y el Ministerio del Medio Ambiente, con la intención de articular las acciones de empresas, sector público y ONGs para promover nuevas formas de fabricación, uso, reutilización y reciclaje de plásticos. 
Por su parte, desde el mundo del buceo, distintas organizaciones como Ocean Eyes se han puesto en la tarea de generar conciencia sobre el impacto de los residuos de plástico en ecosistemas marinos, han incentivado la recopilación de datos al respecto y difunden información educativa dirigida a todo tipo de público. 
Adicionalmente, nuestro papel como consumidores es fundamental, pues, aunque se ha ido instalando en la sociedad el discurso contra el uso del plástico, aún falta para que esto se vea reflejado en nuestra cotidianidad y hábitos de consumo. 
https://www.elconcordia.cl/blog/2020/10/02/preocupante-aumento-de-basura-en-el-mar/

C.-
La producción de cocaína alcanza un nuevo máximo histórico
Según el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, hay 19 millones de consumidores de esta sustancia.
25 de junio 2020
El cultivo de hoja de coca, así como la producción y las incautaciones mundiales de cocaína se encuentran en máximos históricos, según los datos presentados este jueves en Viena en el último Informe Mundial sobre Drogas de la ONU.

"El cultivo del arbusto de coca continúa en sus niveles históricos más altos", señala el documento de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD)
"La producción global estimada de cocaína alcanzó, una vez más, un máximo histórico, y las incautaciones mundiales aumentaron marginalmente, hasta la mayor cantidad nunca registrada", prosigue el informe. Cifras al alza En 2018 se produjeron 1.723 toneladas de cocaína con una pureza del cien por cien, por lo que la cifra que llega al mercado es mucho mayor, ya que los narcotraficantes mezclan la droga con otras sustancias para aumentar sus beneficios.

La cifra de 2018 es un 4,6 % superior a las de 2017. La producción mundial de cocaína ha mantenido una tendencia al alza en la última década, desde las 1.143 toneladas de 2008.

El informe explica que este incremento continuo de la producción se debe a mejoras en el cultivo —con el uso de variedades de arbusto de coca de mayor rendimiento— y en la producción en laboratorios clandestinos.

De esta forma, si en 2015 se lograban en Colombia 5,2 kilos de clorhidrato de cocaína por hectárea, esa cifra aumentó hasta 6,5 kilos en 2018. La eficacia policial también ha mejorado, hasta incautar un total de 1.311 toneladas de cocaína de diferente pureza. La mayor parte de los decomisos se hicieron en América del Sur (55 %), seguido de América del Norte (21 %) y Europa (14 %).
El informe recoge una ligera bajada de la extensión de cultivo de coca en Bolivia, que pasa de 24.500 hectáreas en 2017 a 23.100 en 2018, mientras que en Colombia se pasan de las 171.000 hectáreas en 2017 a las 169.000 en 2018.

De Perú no hay datos de 2018, pero la ONUDD estima que en toda América del Sur el cultivo ese año ascendió a unas 244.200 hectáreas, apenas un 0,5 % menos que el año anterior.
Consumo estable. En el mundo hay un total de 19 millones de consumidores de cocaína, lo que supone el 0,4 % de la población adulta del planeta, y sus dos mayores mercados son América del Norte —con una tasa de consumo del 2,1 %— y Europa —con el 1,4 %—.

Donde se registró la mayor tasa de consumo en el mundo en 2018 fue en Australia y Nueva Zelanda, con el 2,2 % de la población de 15 a 64 años; mientras que el consumo medio en América Central (0,7 %) y América del Sur (1 %) también supera la media mundial.

En América del Sur hay 2,8 millones de consumidores de cocaína y el mayor mercado regional es Brasil. Argentina —con una tasa del 1,5 % entre la población adulta— ha visto casi duplicarse el número de consumidores entre 2007 y 2017, según el informe.

En Uruguay, el ratio de consumo es del 2 % entre los adultos de entre 15 y 64 años. La ONU también apunta a un cambio en las rutas del narcotráfico desde América del Sur, con menores salidas desde Venezuela, mientras que Brasil se mantiene, y se subraya la creciente importancia de Uruguay como punto de partida de la droga.
"A fines de 2019, las autoridades de Uruguay incautaron más de nueve toneladas de cocaína destinadas a África Occidental en dos envíos separados", señala el informe.

El uso de "narcosubmarinos" para trasladar la droga a Europa es otra de las novedades que cita la ONUDD. Si bien el uso de estos semisumergibles es habitual en las costas del Pacífico americano, la intervención de una nave con 3.000 kilos de cocaína cerca de las costas atlánticas de Galicia (España) supone un escenario con nuevos desafíos para las fuerzas de seguridad.

También la ruta de América a África Occidental —desde donde se trafica a Europa— parece estar ganando importancia, como demuestra el incremento de incautaciones en la región: si en 2015 fueron 1,2 toneladas, en 2018 aumentaron a 5,6.Impacto de la pandemia- El informe señala que las restricciones impuestas al movimiento para frenar la expansión de la covid-19 han tenido un impacto en el tráfico y la producción de cocaína.

La reducción del tráfico aéreo con Europa y Estados Unidos ha llevado a un aumento del envío de la cocaína por barco, lo que parece explicar el incremento de las incautaciones en los puertos europeos en los últimos meses.
La carestía de algunos precursores químicos para producir cocaína ha podido afectar también a la fabricación de esa droga. En Colombia, las fuerzas de seguridad "incrementaron su presión durante la pandemia" y "la campaña de erradicación del arbusto de coca continúa como se planeó".

En Bolivia, las "turbulencias políticas" y la covid-19 están limitando la capacidad de las autoridades para controlar el cultivo de coca, lo que podría generar un aumento en su producción en el futuro, advierte la ONU.

Y en Perú, la caída del precio de la hoja de coca puede llevar a desalentar el cultivo a corto plazo, aunque la crisis económica puede llevar en toda la región a que más campesinos opten por este cultivo para subsistir.

La ONU advierte que la crisis del coronavirus se ceba con los más pobres, lo que los hace más vulnerables al consumo, tráfico y cultivo de drogas para obtener ganancias.
https://www.eltiempo.com/mundo/mas-regiones/informe-sobre-cocaina-ultimo-informe-mundial-sobre-drogas-de-la-onu-2020-511006

D.-

Por segunda vez se conmemora oficialmente el 19 de diciembre como el Día Nacional contra el Femicidio, en un año en el que la violencia de género adquirió nuevo protagonismo debido a los riesgos asociados al confinamiento por la pandemia.


Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Nacional/2020/12/19/1006862/Mapa-de-los-femicidios-2020.html
Cifras y datos de violencia de género en el mundo (2020)
26-10-2020
El año 2020 será recordado como el año que cambió nuestras vidas. El coronavirus ha desplazado a muchos otros temas de la agenda internacional. Pero a pesar de todo, siguen ahí. La violencia de género, sin embargo, no es un asunto olvidado. Una violencia que afecta a más de la mitad de la población mundial no puede ser ignorada. La agenda internacional y más en concreto el ODS 5 destinado a la igualdad de género nos marcan el camino de las metas a conseguir. ¡Solo nos faltan 10 años para que ninguna niña o mujer se queden atrás en esta carrera hacia el desarrollo sostenible!
Tipos de violencia de género
La violencia contra mujeres y niñas no es uniforme: se manifiesta de formas muy diferentes. Aunque el maltrato en el ámbito de la pareja es el más conocido, existen otro tipo de violencias que impiden el desarrollo pleno de derechos para millones de niñas y mujeres en el mundo. Naciones Unidas considera que la violencia de género se manifiesta de forma física, sexual y psicológica, e identifica cinco tipos.
  1. Violencia en el marco de la pareja.
  2. Violencia sexual.
  3. Trata de seres humanos.
  4. Mutilación genital femenina.
  5. Matrimonio infantil.
Violencia de género en el marco de la pareja
Naciones Unidas define este tipo de violencia como una conducta por parte del cónyuge o la pareja (actual o anterior) que cause daño físico, sexual o psicológico. Según las estadísticas mundiales, 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja o expareja.
En el ámbito de la pareja, las cifras de violencia de las que más se habla son los feminicidios: asesinatos de mujeres por el hecho de serlo. Los últimos datos conocidos a nivel mundial, de 2017, dicen que 3 de cada 5 mujeres asesinadas lo fueron a manos de su pareja, expareja o algún miembro de su familia. África es el continente con mayor tasa de feminicidio, seguido de América.
Se estima que en todo el mundo, 87.000 mujeres fueron víctimas de feminicidios íntimos o familiares en el año 2017. Eso implica un total de 137 mujeres cada día. Ayuda en Acción desarrolla gran parte de sus proyectos en América Latina, donde hay varios países en los que la incidencia de los asesinatos de mujeres rozan las cifras de pandemia. El Salvador  y Honduras son los países que presentan mayor prevalencia, aunque en números totales lo supera México o Brasil, según datos de CEPAL recogidos en 2018. En la región se registra un feminicidio cada dos horas y media.
Las cifras del feminicidio en América Latina
Si nos centramos en las cifras de 2020, estas son las cifras de las mujeres asesinadas en cada uno de los países donde trabajamos en el continente americano: Violencia sexual
La ONU define violencia sexual como “todo acto sexual realizado contra la voluntad de otra persona”. Esto incluye el no consentimiento, incluyendo el de niños/as y personas con discapacidad mental o en estado de alteración por consumo de alcohol y/o drogas.
A nivel mundial, no hemos encontrado cifras actualizadas sobre este tipo de violencia. Sin embargo, cada vez son más los países que comienzan a sacar estadísticas sobre este tipo de violencia hacia mujeres y niñas. En el caso de España, en 2020 hemos conocido una cifra alarmante: cada mes se denuncian más de 1.000 agresiones y abusos sexuales y las cifras de violaciones grupales crecen (y se conocen más). Según un informe del Ministerio de Igualdad publicado en septiembre de 2020, 1 de cada 2 mujeres (es decir, la mitad de las mujeres que viven en España) han sufrido algún tipo de violencia machista en su vida. Esto incluye situaciones de acoso, incluso callejero.
En Nicaragua Ayuda en Acción puso en marcha en 2019 la campaña #EsViolenciaSexual para sensibilizar sobre las formas en que se manifiesta este tipo de violencia en la sociedad.
Trata de seres humanos
El Protocolo contra la trata de personas adoptado por Naciones Unidas define la trata de personas como:
La acción de captar, transportar, trasladar, acoger o recibir personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra con fines de explotación.
El último año del que se tienen cifras de víctimas de trata de personas identificadas fue 2019. No fue un buen año ya que la cifra de 105.787 jamás se había alcanzado desde 2008.
El último año del que se tienen cifras de víctimas de trata de personas identificadas fue 2019. No fue un buen año ya que la cifra de 105.787 jamás se había alcanzado desde 2008.
El último informe de la ONU sobre trata de personas data de 2018 y te contamos algunos de los datos que recoge en este post sobre cosas que no sabías de la trata. Si bien es un problema que afecta a ambos sexos, la incidencia sobre las mujeres es mayor: el 72% del total de víctimas de trata son mujeres y niñas. Otra cifra que no debemos olvidar: 4 de cada 5 mujeres víctimas de trata son utilizadas para fines de explotación sexual.
Mutilación genital femenina
Este problema, que para muchos parece ajeno, forma parte de la vida de millones de mujeres en el mundo. Como señala La Coordinadora, “es causa y consecuencia de una gran desigualdad de género”.
La mutilación genital, que por supuesto es una manifestación de la violencia de género, afecta a unos 200 millones de niñas y mujeres en el mundo. En 2020, se estima que haya 4,1 millones de niñas mutiladas más.
Sin embargo, no todo es negativo: el porcentaje de niñas de entre 15 y 19 años mutiladas en los países donde se practica es hoy del 34%, habiendo disminuido 15 puntos en los últimos 30 años.
Las últimas cifras conocidas sitúan a Mali con la mayor prevalencia de niñas de 0 a 14 años mutiladas: un 83%. Somalia, por su parte, es el país donde más mujeres adultas (15 a 49 años) están mutiladas: el 98%. El futuro de las niñas preocupa, ya que solo se muestra en contra de esta práctica el 17% de mujeres en el caso de Mali.
En España se ha conocido en el mes de noviembre de 2020 un informe de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y realizado por la Fundación Wassu-UAB que asegura que hay en el país 3.652 niñas en riesgo de sufrir mutilación genital femenina cuando vayan a sus países de origen de visita con sus familias.
Matrimonio infantil
En América Latina 1 de cada 4 niñas se casa antes de los 18 años. La cifra apenas ha variado en los últimos 25 años y está por encima de las de Oriente Medio y Norte de África. La Plataforma de Acción de Beijing establece el matrimonio infantil como una evidente violación de los derechos de las niñas. Casarse de forma prematura repercute en aspectos educativos, económicos y de desarrollo físico- emocional y de las mujeres, entre otras muchas cuestiones.
No se trata de un problema que ocurra solo en países en desarrollo, y según las últimas cifras conocidas, en el mundo hay 650 millones de niñas y mujeres que han sido obligadas a casarse siendo menores de edad (cada año suman 12 millones más). La estadística pone los pelos de punta: cada dos segundos, una niña es obligada a casarse en contra de su voluntad. Níger es el país del mundo donde la cifra de matrimonios infantiles es mayor: el 76% de niñas se casaron antes de cumplir 18 años.
https://ayudaenaccion.org/ong/blog/mujer/violencia-genero-cifras/


E.-

Por último veamos la Pandemia que arruinó en todo sentido el año 2020 y: ¿Siguiente o siguientes?

He aquí seis titulares que entre los números 1 y 4 muestran una realidad focalizada y misteriosamente silenciada por la OMS en su real magnitud pandémica... En el número 5 está lo global planetario del año 2020:


1.
Li Wenliang, el médico símbolo del dolor y la rabia por la gestión del coronavirus en China
"Una sociedad sana no debe hablar con una sola voz", había declarado desde su lecho de muerte. Li Wenliang, el médico denunciante chino que fue reprendido por la policía de Wuhan después de advertir al público de una posible enfermedad «similar al SARS» en diciembre de 2019, murió de coronavirus en Wuhan en las primeras horas del viernes por la mañana (hora local), según una declaración del Hospital Central de Wuhan.
El doctor Li Wenliang fue interrogado por la autoridad de salud local, y luego fue convocado por la policía de Wuhan para firmar una carta de reprimenda en la que se le acusó de «difundir rumores en línea» y «perturbar gravemente el orden social». «El oftalmólogo de nuestro hospital, Li Wenliang, desafortunadamente fue infectado con coronavirus durante su trabajo en la lucha contra la epidemia de coronavirus», se lee en el comunicado. «Murió a las 2:58 de la mañana del 7 de febrero después de que los intentos de resucitar no tuvieron éxito».                                                                                                                                                                     

2.
El régimen chino condenó a cuatro años de prisión a la periodista ciudadana que cubrió la epidemia de coronavirus en Wuhan
28 de Diciembre de 2020
Zhang Zhan fue culpada por “provocar disturbios” tras divulgar reportajes sobre la caótica situación que atravesaban los hospitales de la ciudad al principio de la pandemia. Dijo que en caso de recibir una condena fuerte rechazaría cualquier alimento hasta morir.

3.
El régimen chino borra el aniversario del primer muerto de covid-19 en Wuhan: “Aquí bailamos felices todos los días”
11 de enero de 2021.

Las autoridades aumentan la censura en la ciudad donde hace un año se inició el brote, en un esfuerzo para limpiar su imagen de epicentro de la pandemia. Mientras tanto, la ciudadanía celebra el retorno a la “normalidad”.

4.
Luego de negar la entrada, el régimen chino autorizó que la OMS ingrese al país para investigar sobre el origen del COVID-19
11 de enero de 2020
La llegada estaba programada para la semana pasada, pero fue cancelada en el último minuto porque el régimen de Xi Jinping puso trabas a la comisión argumentando que no había conseguido todas las autorizaciones necesarias. La pesquisa podría comprometer a Beijing por su presunto encubrimiento de los primeros brotes
5.
2020: el año de la pandemia de COVID-19 que cerró el mundo
29 Diciembre 2020
Nadie ha salido indemne de 2020. Por un motivo u otro, todos los ciudadanos del mundo hemos resultado afectados por un nuevo virus que nos llevó, en el mejor de los casos, a estar encerrados en nuestras casas y, en el peor, al duelo de la pérdida de seres queridos. Intentar abarcar todos los aspectos en los que el COVID-19 ha marcado nuestra vida es imposible, por ese motivo en este resumen nos centramos solo en seis: la desigualdad, la economía, la educación, la migración y la lucha científica contra el coronavirus.

A principios de año, un nuevo coronavirus empezó a propagarse desde Asia al resto del mundo. En marzo, se convirtió en una pandemia que, en apenas unas semanas, nos reveló no solo nuestra fragilidad física sino también la de nuestros sistemas sociales y económicos.
Intentar abarcar todos los aspectos en los que el COVID-19 ha marcado nuestra vida cotidiana es una tarea casi imposible de abarcar, por ese motivo en Noticias ONU hemos querido centrarnos solo en seis a la hora de resumir el año: Pese a todo lo que ha tocado el COVID-19 hay algo que continúa su curso con independencia del virus: el cambio climático, por lo que también incluimos en este resumen las noticias más destacadas de este año sobre el calentamiento global que continúa su curso, aunque aún estamos a tiempo de revertirlo y evitar que sea inexorable.

La desigualdad, desde la económica a la de género
Pobreza
La pandemia ha hecho retroceder los esfuerzos para crear sociedades más equitativas. La desigualdad entre ricos y pobres empeoró durante la crisis del COVID-19 y aumentó la pobreza, por primera vez en décadas.
El mundo de 2020 se caracteriza por una enorme desigualdad, con la mitad de la riqueza mundial “concentrada en un grupo de personas que podría caber alrededor de una mesa de conferencias”, según palabras del líder de la ONU, António Guterres, quien prevé que para 2030 habrá todavía unos 500 millones de personas en la pobreza extrema.
En los últimos doce meses, el COVID-19 ha profundizado esas desigualdades, una realidad que destaca la agencia de la ONU encargada de los asuntos  laborales, la Organización Internacional del Trabajo, que afirma que 2000 millones de trabajadores del sector informal son especialmente vulnerables.
A lo largo del año, la Organización Internacional del Trabajo publicó una serie de proyecciones que alertaban de que millones de personas perderían su trabajo o quedarían subempleadas.
“Esto ya no es sólo una crisis de salud mundial, también es una crisis mayúscula económica y del mercado laboral que tiene un gran impacto en las personas”, dijo el director general de la OIT, Guy Ryder. El organismo entonces emitió recomendaciones para mitigar el daño a los medios de vida, como la protección de los empleados en el lugar de trabajo, programas de estímulo económico y laboral y apoyo a los ingresos y al empleo.
En abril, la magnitud del sufrimiento mundial quedó patente en un informe de la ONU que mostró que la pobreza y el hambre estaban empeorando y que los países ya afectados por crisis alimentarias eran muy vulnerables a la pandemia. “Debemos mantener en funcionamiento las cadenas de suministro de alimentos para que las personas tengan acceso a la comida que les permita vivir”, señaló el estudio, que también enfatizó la urgencia de continuar la entrega de asistencia humanitaria “para que las personas en crisis estén alimentadas y vivas”.
Para hacer frente a las restricciones de circulación impuestas por el COVID-19, las sociedades encontraron formas innovadoras de alimentar a los más pobres y vulnerables, valiéndose lo mismo de transporte público, que de formas tradicionales de entrega a domicilio y de mercados móviles.
Esto habla de cómo las ciudades de América Latina se han unido para apoyar a sus poblaciones y, además, refleja las advertencias de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) del alto riesgo para la salud de muchos habitantes de los centros urbanos durante la pandemia, especialmente de los 1200 millones que viven en favelas y otros asentamientos informales.
Las mujeres llevan la carga más pesada
Las mujeres son las más afectadas por la crisis del COVID-19, ya que tienen más probabilidades de perder su fuente de ingresos y menos probabilidades de estar cubiertas por medidas de protección social”, aseveró Achim Steiner, titular del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), quien explicó el efecto de la pandemia en las mujeres y subrayó los datos divulgados en septiembre.
Esos números revelaron que la tasa de pobreza entre las mujeres aumentó más de un 9%, lo que equivale a unos 47 millones de mujeres. El dato representa un retroceso de décadas de avance hacia la erradicación de la pobreza extrema.
Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, apuntó que el aumento de la pobreza extrema de las mujeres es una “acusación grave de fallas profundas” en la estructura social y económica.
Uno de cada seis niños sufre pobreza
El progreso hacia la reducción de la pobreza infantil también sufrió un revés este año. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Banco Mundial informaron en octubre que unos 365 millones de niños vivían en la pobreza antes de que comenzara la pandemia y estimaron que esas cifras se incrementarían considerablemente como resultado de la crisis.
La pobreza extrema priva a cientos de millones de niños de la oportunidad de alcanzar su potencial en términos de desarrollo físico y cognitivo y amenaza su capacidad para conseguir buenos trabajos en la edad adulta
La educación en crisis
Este año se ha interrumpido la educación de millones de niños en todo el mundo. Las escuelas se esfuerzan por hacer frente a los repetidos cierres y reaperturas de actividades, y por transitar, si esto es posible, a la educación en línea. Los niños pobres también han sido los más afectados por las medidas de emergencia.
El cierre de escuelas como resultado de contingencias sanitarias y otras crisis no es nuevo, al menos no en el mundo en desarrollo, y sus consecuencias devastadoras son bien conocidas: pérdida de aprendizaje y mayores tasas de abandono escolar, aumento de la violencia contra los niños, embarazos adolescentes y matrimonios infantiles.
Lo que distingue a la pandemia de COVID-19 de las demás crisis es que ha afectado a los niños en todos los rincones del mundo al mismo tiempo.
Los niños más pobres y vulnerables son los más perjudicados cuando las escuelas cierran, por eso, a medida que los países comenzaron a implementar medidas de cierre, la ONU se apresuró a defender la continuidad del aprendizaje y la apertura segura de las escuelas, cuando fuera posible.
“Desafortunadamente, la escala global y la velocidad de la interrupción educativa actual no tiene precedentes y, si se prolonga, podría amenazar el derecho a la educación”, advirtió en marzo Audrey Azoulay, directora de la agencia de educación de la ONU, la UNESCO.
La difícil situación de los refugiados y migrantes
Noticias ONU estuve pendiente de los nuevos desafíos que enfrentaron los refugiados y migrantes durante 2020 en todo el mundo, que van desde un mayor riesgo de contraer el coronavirus en campamentos abarrotados, hasta quedar varados debido a las restricciones de viaje y convertirse en el objetivo de bandas criminales.
En abril, expertos en derechos humanos hicieron sonar la alarma sobre el destino de los refugiados, migrantes y otras personas desplazadas durante la pandemia, advirtiendo que los campamentos y otras instalaciones con alta densidad de población podrían detonar infecciones masivas de COVID-19.
La Organización Mundial para las Migraciones señaló que las medidas que se tomaban para controlar el coronavirus estaban afectando a los migrantes de todo el mundo.
“Son seres humanos, son vecinos, son familias, son personas que nuestros hijos conocen de la escuela. Se ven afectados de la misma manera en que todos nos vemos afectados por esta emergencia de salud pública. Y creemos que el mensaje más importante es tratar a las personas con dignidad y recordar que el pleno respeto por sus derechos humanos no cambia bajo estas circunstancias”, dijo a Noticias ONU, el portavoz de la Organización, Joel Millman.
Sin trabajo ni dinero y con el transporte público cerrado, cientos de miles de migrantes se vieron obligados a caminar centenares de kilómetros de regreso a sus lugares de origen y algunos murieron en el intento. Su situación desesperada llevó a Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, y al responsable de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, a pedir a las autoridades que respetaran la seguridad y los derechos de los migrantes al aplicar medidas de bloqueo.
El colapso económico
Con millones de personas obligadas a trabajar desde su casa, con las oficinas y tiendas cerradas como parte de las medidas de contención, y con los viajes restringidos en todas partes, fue inevitable que la economía sufriera.
Incluso antes de que el coronavirus se declarara oficialmente una pandemia, era claro que los cierres, las prohibiciones de viaje y otras restricciones de movimiento serían graves.
Ya en los primeros días de marzo, la conferencia de la ONU sobre comercio pronosticó que la economía mundial entraría en recesión. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se mostraron dispuestos a ayudar a los países y preparar una inyección multimillonaria para que los fondos globales respaldados por la ONU estuvieran a disposición de los mercados emergentes y de renta baja.
Pese a esta asistencia, las perspectivas fueron sombrías, sobre todo para los 6000 millones de personas que viven en los países en desarrollo, y la Conferencia sobre Comercio de la ONU alertó de un “tsunami financiero inminente”.
Los trabajadores jóvenes y menos calificados, los más afectados
En mayo, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DESA) pronosticó que la economía mundial se contraería casi un 3,2% en 2020, lo que equivale a unos 8,5 billones de dólares en pérdidas, y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió que casi la mitad de la fuerza laboral mundial podría ver destruidos sus medios de vida debido a la continua disminución de las horas de trabajo provocada por los cierres. En junio, el Banco Mundial confirmó que el mundo atravesaba la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.
Los trabajadores menos calificados fueron muy afectados, lo mismos en las economías más ricas que en los países en desarrollo. Se produjeron despidos masivos en el sector de servicios, en particular en las industrias que implican interacciones personales como el turismo, el comercio minorista, la hostelería, la recreación y los servicios de transporte.
En diciembre, la Organización Internacional del Trabajo publicó un informe que muestra que los aumentos salariales se están desacelerando, o incluso revirtiendo, lo que perjudica a las mujeres trabajadoras y a las personas con salarios más bajos.
En ese estudio, la agencia de la ONU también prevé que esta tendencia continúe aun cuando las vacunas se hayan empezado a aplicar. Los jóvenes fueron particularmente afectados: más de uno de cada seis había dejó de trabajar en mayo y los que conservaron el empleo sufrieron una reducción de casi el 23% de sus horas de trabajo.
El camino hacia una vacuna
La Organización Mundial de la Salud dio la voz de alarma sobre la posibilidad de una pandemia en enero y, ante la falta de un tratamiento y de una vacuna, emitió entonces una serie de normas de higiene y de consejos básicos, para prevenir la propagación del virus. Esos consejos incluían el uso de mascarillas, cuyas recomendaciones fueron actualizadas en diciembre.
Al mismo tiempo, empezaron a investigarse las vacunas contra el COVID-19, que se han desarrollado en un tiempo récord durante el año. No es sorprendente el suspiro de alivio con que se recibió en noviembre la noticia de la aprobación de una vacuna COVID-19 con altos niveles de efectividad. El Reino Unido fue el primer país en aprobar la inmunización a principios de diciembre y pronto le siguieron otras naciones.
Sin embargo, se han suscitado temores de que las vacunas no lleguen a los países más pobres, por lo que la ONU ha insistido constantemente en la urgencia de una solidaridad global para garantizar que todas las personas estén protegidas.
Una vacuna para el pueblo
Mucho antes de que la vacuna estuviera lista, el líder de la ONU, António Guterres, insistió en junio en que las vacunas COVID-19 deben estar disponibles para todos, no solo para los habitantes de los países más ricos.
En una entrevista exclusiva con Noticias ONU en septiembre, Guterres protestó contundentemente contra la falta de solidaridad que han mostrado los países más ricos en la búsqueda de una vacuna. “Pensar que podemos proteger a los ricos y dejar que los pobres sufran es un error estúpido”, enfatizó.
El optimismo creció en septiembre, con la presentación del COVAX, un plan respaldado por la Organización Mundial de la Salud para distribuir los riesgos y costos del desarrollo de las vacunas y permitir que las poblaciones de los países participantes, especialmente de los países de bajos ingresos, accedan rápidamente a las inoculaciones. Se espera que esta iniciativa suministre unos 2000 millones de dosis de la vacuna para fines de 2021.
En noviembre, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia dio a conocer una 'operación gigantesca' para entregar vacunas tan pronto como estén disponibles a más de 92 países, en colaboración con más de 350 socios, entre los que se cuentan las principales aerolíneas, líneas navieras y organizaciones de logística de todo el mundo.
La Organización ha elogiado la velocidad sin precedentes a la que se han desarrollado las vacunas, pero ha advertido que la pandemia no ha terminado con ellas.
La pandemia de la desinformación
Podemos esperar que la desinformación que ha caracterizado a la pandemia continúe en 2021, especialmente con noticias falsas sobre los peligros de las vacunas COVID-19, un problema que ya se ha detectado.
Ya antes de que se declarara la emergencia internacional, la ONU advirtió de la desinformación y empezó a actuar para disipar los distintos rumores que se iban extendiendo. En mayo, la Organización reforzó las campañas de comunicación con el lanzamiento de Verified (Verificado), una iniciativa que tiene el objetivo de combatir las mentiras y mensajes distorsionados con información confiable y veraz sobre la crisis. La iniciativa continuará el año que viene, para luchar contra la continua propagación de rumores infundados y atemorizantes referentes a las vacunas
Evitar la próxima pandemia
El COVID-19 ha desatado unos niveles de miseria y una paralización de  actividades incalculables. Esta situación ha hecho que  muchas personas recurran a los libros de historia para leer sobre la llamada “gripe española” de 1918 con la intención de encontrar algún punto de comparación, en términos de escala y gravedad.
Existe el temor real de que las pandemias como estas dejen de ser un evento que se produce una vez cada cien años. En julio, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió que el mundo debería esperar que muchas más enfermedades pasen de los animales a los humanos, citando una creciente demanda de carne, prácticas agrícolas insostenibles y la crisis climática global.
La comunidad internacional debe encontrar la forma de  limitar la propagación de tales enfermedades por el mundo. En octubre, la ONU elaboró una serie de recomendaciones a los gobiernos nacionales. Entre esas sugerencias destacan la cobertura universal de salud, la creación de sistemas de salud pública sólidos y el diseño de modelos de preparación ante emergencias.
El mensaje es que no hay una solución fácil: las vacunas son sumamente importantes, pero no son una respuesta milagrosa y no pueden sustituir la buena gobernanza y la cooperación internacional eficaz.
Lo único que el COVID-19 no ha tocado: el cambio climático
De entre todos los aspectos que la pandemia ha afectado, hay uno que ni tan siquiera ha rozado, el de la evolución del calentamiento global, que precisamente es más mortal que el coronavirus.
A pesar de una breve y ligera disminución de la contaminación en todos los países que batallan el COVID-19, los niveles de dióxido de carbono mundiales volvieron a marcar un récord en 2020.
Para que el calentamiento se estabilice, es imprescindible reducir desde ya las emisiones de dióxido de carbono con vistas a llegar a neutralizarlas por completo. Sin embargo, la humanidad sigue el rumbo contrario: el mundo todavía está en camino de un aumento catastrófico de la temperatura superior a los 3 grados, lo que tendrá consecuencias devastadoras para   planeta. La recuperación económica tras el COVID-19, debe ser la oportunidad para cambiar el rumbo hacia un futuro más verde.
Como advirtió António Guterres, “la naturaleza precisa de un rescate financiero” porque no hay una vacuna para el planeta. Es el momento de transformar la relación de la humanidad con la naturaleza y la relación entre los seres humanos. Esa es la lección del 2020”
El final a la vista, un rayo de esperanza
De cara al 2021, está claro que incluso con el extraordinario potencial de la asociación COVAX, muchas personas, sobre todo en el mundo en desarrollo, no recibirán la vacuna hasta bien entrado el año y aún estarán en riesgo de contraer el COVID-19. Pero como dijo el responsable de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, el fin de la pandemia está a la vista.
Para mediados de 2021, se espera que el COVAX haya administrado dosis suficientes para proteger a los trabajadores de la salud y la atención social en los 190 países. Los demás participantes deben recibir dosis suficientes para cubrir hasta el 20% de su población para fines de 2021 y dosis adicionales en 2022.
A pesar de los grandes desafíos que ha traído la pandemia, como el aumento de la pobreza y el hambre, el Secretario General de la ONU vislumbra “rayos de esperanza” para el año 2021 que comienza este viernes. Para lograrlo, António Guterres apeló a la unidad mundial.
https://news.un.org/es/story/2020/12/1486082

Las cifras de la Pandemia aproximadas al año 2020 para el ámbito mundial son:

CONTAGIADOS: 77.000.000 de personas.
MUERTOS: 1.800.000 personas.



Amiga, Amigo:
Te preguntas en qué falló tu numerología para el año 2020. No sufras. ¿Hubo error o algo sucedió?
Con certeza os digo: La razón está en que el VIRUS fue programado en un Orden Superior de manera similar a una de las PLAGAS de Egipto. Este extraño virus ES UNA PLAGA que en JUSTICIA nos fue enviada dado que ignoramos todas las señales como el Cambio Climático y otras y no reaccionamos para frenar con lo que TODOS de una u otra forma hemos dañado a nuestra MADRE TIERRA.
En lo personal la Plaga me significó desde enero de 2020 cerrar de manera definitiva mi consulta y por ser adulto mayor con dos serias enfermedades preexitentes estar en Cuarentena. ¿Fue todo malo en lo personal?: NOOO pues en ese 2020 escribí 50 títulos en mi Portal Mundo Mejor, es decir 4.17 escritos por mes, una cifra que al verla ahora en este recién comenzado 2021 me impresiona y dudo pueda igualar, es decir 2020 no fuiste tan malo ya que hubo un escrito más por semana y...

No seamos tan soberbios como el Emperador Ramsés y con humildad y arrepentimiento entendamos que habrá una Post Pandemia con un Mundo más JUSTO y SOLIDARIO, en el que por Inspiración y Revelación cada ser humano sentirá que debe CAMBIAR y, por sí mismo a su manera intentar ser MEJOR PERSONA...


Como Guerrero Lobo Estepario un día escribí cual aullido a la luz de la Luna con la Esperanza que la manada pudiera escuchar este mi agradecido premonitorio Poema de hace ocho años:

"Gracias Tierra mía":

Contemplo la Naturaleza
embelesado quedo
ante tanta belleza,
carezco de palabras
para expresar
lo que siento.

Cielo, montañas,
valles, desiertos,
ríos y mares,
todos son tan bellos
si quitamos la venda de los ojos.
Su melodía es sublime
si destapamos los oídos.

Tierra,
Tierra mía,
nuestro Planeta Azul
¿Qué estamos
contigo haciendo?
¡Mira cómo te hemos dejado!

Herida estás
Tierra mía
y herida perdonas
a quienes te hemos dañado.

Parecieras decir,
recordando al Enviado:
Perdónalos Padre,
ellos no saben lo que hacen.

¿No lo sabemos?
Igual nos perdonas
e imploras a lo alto
por nosotros
tus verdugos.

El Enviado
te ha escuchado
y traerá la Luz
de Redención
que te aliviará
y a nosotros
transformará
de bestias en dioses.

Y Tú, Tierra mía,
feliz estarás
al contemplar
nuestra transmutación.

Gracias Tierra mía
por lo que,
sin yo merecerlo,
con tanto amor
me has brindado.
Desde más allá
de las estrellas
jamás te olvidaré,
pues gracias a ti,
allá estaré.

Poema nacido ignoro desde que rincón de mi mente dado que nada tengo de poeta, y en este instante, noviembre de 2012 luego de, entre tanta mala noticia, lograr escuchar la melodía y ver el final de la película "El último mohicano" y escribir.

Destaco que este poema se puede escuchar con un audio maravilloso y ver acompañado de secuencias de imágenes sublimes del Planeta Azul Tierra que son espectaculares en las que por párrafos el poema por mi escrito se va mostrando para ser leído en una Creación inspirada de un video realizado por:

: Vianney López en Youtube
http://www.youtube.com/watch?v=AvQYgExa_bU
Noviembre de 2012
La sensitiva poetiza Vianney escribe:
MADRE TIERRA poderosa, en tu espejo me reflejo para que se me abra el Alma y sentir lo Verdadero"
*Solo quiero expresar mi agradecimiento ante esta maravillosa oportunidad de vida que se me ha dado y la dicha de poder expresarme libremente.
También un agradecimiento profundo al Dr. Iván Seperiza Pasquali que sin conocerlo ha llegado a mi por obra divina.
Autor del poema GRACIAS TIERRA MÍA
Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
su pagina web UN MUNDO MEJOR http://www.isp2002.co.cl/1.htm
El poema:
http://mbecologia.blogspot.com/2011/06/gracias-tierra-mia-d-dr-ivan-seperiza.html


Dr. Iván Seperiza Pasquali

Quilpué, Chile
Enero de 2021

Portal MUNDO MEJOR: http://www.mundomejorchile.com/
Correo electrónico: isp2002@vtr.net