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Sobre Bruno y el Infinito
Del' infinito vniuerfo et Mondi



CiberPoema
Se desclava en clave

de la clave el secreto

Que clavado en la cruz

dejó su luz

Cobijada en copa

de  linaje de Luz.

                                                         

En silencio de cruz

Se desclava ahora

La Luz…….

criss
desde La Paz, Bolivia
agosto de 2004


***


Ya no está encarcelada nunca más nuestra razón con los conceptos de los fantásticos ocho, nueve y diez móviles y motores (de Aristóteles). Sabemos que no hay más que un cielo... hemos descubierto el infinito efecto de la infinita causa... y sabemos que no hay que buscar la divinidad lejos de nosotros.
Giordano Bruno
(1548-1600)

***

Muchos todavía viven en una cápsula que les impide darse cuenta sobre qué pasa más allá de los ultrafinitos límites de su percepción capsular de credo. Sin embargo debes saber que eres LIBRE y puedes salir, libremente, de esos límites si te atreves a discernir, pensar por ti mismo y no seguir como oveja ajenas opiniones, y otear más allá de la cápsula y entonces contemplarás lo infinito que te hará saber que eres parte de Dios Manifestado y, como espíritu tú, yo y todos, por algo a estos universos emergimos y lo fue con una personal específica misión. Iniciamos la larga senda infinitamente pequeños, dotados de infinitos atributos potenciales a manifestar en vidas por los diferentes planos o dimensiones de lo creado y... caminando por las sendas de las vidas hacia Dios retornamos para, algún día, como infinitamente grandes, lograr decir: Dios mío, misión cumplida, ¿qué debo ahora realizar?

A manera de argumento sobre el por qué este tercer título dedicado a Giordano Bruno, como una reflexión previa de lo que de fondo se leerá, señalo que Bruno presenta sus ideas sobre la base del dialogo de personajes, uno de ellos Filoteo, quien es la voz del autor y de cuyos diálogos rescato lo que como pensamientos de Bruno se conocerá. Debo insistirme, para entenderlo mejor en su enorme magnitud, que esta sorprendente obra fue escrita el año 1584 y debió ser realizada con el lenguaje de la época que a la luz del entendimiento actual se aprecia cual una cosmovisión más allá de la astronómica visión presente y, nos proyecta hacia lo infinitamente pequeño más allá del átomo y lo infinitamente grande más allá de las estrellas; magnitudes en donde lo grande pasa a ser pequeño y lo pequeño grande, con un 0.01% de "realidad" atómica y 0.01% de realidad "realidad" estelar. Todo, aún lo considerado más sólido por nuestros sentidos está inmerso en una realidad de 99.99% de vacío que para Bruno no lo era tal y hoy lo entendemos como lleno de Inteligencia Pura, la cual con infinitos lazos de energía entrelaza a todos y cada uno de los átomos y estrellas del universo en donde ese 99.99% de vacío no tan sólo separa a cada átomo entre sí, y cada estrella o sol entre sí, sino que a cada galaxia entre sí, a cada macrogalaxia entre sí, a cada hipergalaxia entre sí... y cada dimensión de la otra. Bruno supo la mega la distancia entre cada átomo y entre cada estrella o sol, nuestro sol está separado del vecino a lo menos por 5 años luz de distancia = nuestro sol está rodeado de 99.99% de vacío, cosa similar ocurre entre cada átomo y su vecino, aún en aquellos sólidos más sólidos = son 99.99 vacío sustentado en un 0.01% de átomos que...

Una de las tantas críticas contra Bruno fue la de ver y defender a Dios en todos y todo en Él y no aceptarlo como el mítico anciano con larga barba, concepto que todavía al parecer algunos dogmatizan.

Si se logra leer a Bruno recordando su época, será posible captar que hizo sus planteamientos que tanto alteraron a teólogos y filósofos por ser sobrepasados por la visión de uno con lógica que por lógica, en su forma de pensar, no era de ese presente pretérito sino que provenía de de un futuro que sobrepasa a nuestra era tecnológica con su presente desarrollo acelerado.

Los 400 años de la muerte de Bruno nos llevaron mentalmente a recordarlo en una plaza de Roma con una estatua lograda por jóvenes e intelectuales e inaugurada
el 9 de junio de 1889 por académicos y alumnos de la Universidad de Roma. La placa por ellos dejada respetuosamente señala al mundo:

A Giordano Bruno; el siglo que él anticipó.
En Roma, donde fue quemado en la pira.

Escribo todo esto motivado por la especial admiración que siento por el pensamiento y sacrificio de un estepario lobo solitario humano cuyo aullido resuena, de manera directa o subliminal, en más y más jóvenes e intelectuales de hoy que sienten ese GRITO de LIBERTAD que él nos legó.

En lo personal este viaje lo encuentro fantástico, sobrecogedor y liberador, pues nos ayuda a liberar la mente al lograr mirar hacia más allá de las estrellas en busca de nuestras raíces cósmicas falsamente enraizadas en lo ilusorio de la presente vida. A continuación de algunos considerandos dejados a manera de refuerzo veamos esta aventura del pensamiento que Giordano Bruno nos brindó.

***

A pesar de la hoguera del 17 de febrero de 1600 en Campo de Fiori, Roma, que a la Obra escrita y su autor, Giordano Bruno, en sus llamas consumió, esto, escrito por él, quedó:
  
1580 El Compendio de Arquitectura y Complemento Artístico.
1582 De las sombras de las ideas y el Arte de la memoria.
1584 La Cena de las Cenizas.
1584 Sobre la Causa el Principio y el Uno.
1584 Sobre el Infinito Universo y los Mundos.
1585 La Expulsión de la Bestia Triunfante.
1585 Cábala del Caballo Pegaso.
1585 De los Heroicos Furores.
1586 Figuración del Tratado de Aristóteles sobre el Oído Físico.
1586 Ciento veinte Artículos sobre la Naturaleza y el Mundo contra los Peripatéticos.
1586 Ciento sesenta Artículos contra los Matemáticos y Filósofos de esta Epoca.
1591 Sobre el mínimo y la Medida Triple según los Principios de las Tres Ciencias Especulativas y de muchas Artes Prácticas.
1591 Sobre la Moneda, el Número y la Figura, o sea, Elementos de la más Oculta Física, Matemática y Metafísica.
1591 Sobre lo Inmenso y los Innumerables, o sea, sobre el Universo y los Mundos.
1595 Suma de Términos Metafísicos.
1595 Descenso a la Práctica.

Me imagino la reacción con cara de espanto de los santos varones inquisidores ante el solo título de la obra que hoy veremos: "Del Infinito: El universo y los mundos". Los doctos inquisidores a los que Giordano Bruno, el sacerdote rebelde, llamaba de la cofradía de la Santa Ignorancia, deben haber dicho espantados: ¿Cómo osa hablar del infinito del universo y los mundos cuando la Tierra es el único mundo y centro del finito universo?

No develaron los dioses a los hombres todos sus secretos;
Mejores son los resultados de una larga indagación.
Xenófanes

Frente a lo manifestado por Xenófanes recordemos la "verdad" absoluta y no sujeta a discusión, sustentada piadosamente en el dogma del lineal paradigma de esa pretérita época de hace 420 años:

La tierra era el centro del universo.
El Sol giraba entorno de la Tierra.
La Tierra era el único mundo universal y, por lo tanto, los únicos pensantes del universo eran los hombres.
La Iglesia se regía por los postulados cosmológicos geostáticos, geocéntricos y antropocéntricos, enmarcados en esferas finitas enseñados por Aristóteles (384-322 a.C.) que afirmaba que: la Tierra es el centro del universo y como tal la luna, el sol y los planetas giran en torno a ella. A su vez las estrellas estaban encendidas en una esfera, el límite del finito universo: como clavadas y fijas en una octava esfera...


Giordano Bruno indagó sobre los secretos no revelados a los hombres, encontró, rechazó y argumentó violentamente en contra del dogma cosmológico en justicia para él absurdos, lo que a la hoguera lo llevó... Postulados aristotélicos hoy por la ciencia considerados infantiles y cómicos.

En este ambiente mentalmente estrecho Giordano Bruno estudia y se rebela en contra de las ideas de Aristóteles el paradigma científico de su fe de sacerdote dominico. Esa rebeldía lo hizo dejar el convento, recorrer Europa, escribir, defender sus ideas e hizo que fuera encarcelado, torturado, "enjuiciado" y a la hoguera condenado... En dos páginas de InterNet se señala:

http://astroufo2.tripod.com.pe/iglesia.htm
El 17 de febrero de 1 601 la plaza romana de Campo dei fiori veía como Giordano Bruno, despojado de sus ropas y atado a un palo, con la lengua aferrada en una prensa de madera para que no pudiese hablar, fue quemado vivo, al igual que sus trabajos, en cumplimiento de la sentencia dictada pocos días antes por el tribunal romano de la Inquisición, tras un largo y tortuoso proceso iniciado en Venecia en 1 592 que lo declaro hereje, impertinente y obstinado.

Giordano Bruno rechazaba la influencia de la Iglesia en la política, realizo una reforma cosmológica, apoyaba el heliocentrismo, la idea del movimiento de la Tierra, el universo infinito y la pluralidad de los mundos animados.

Creía también en que Dios era el alma del universo y que las cosas materiales no son mas que manifestaciones de un único principio infinito. Fue el primer Panteísta, doctrina en la que se cree que dios es todo el Universo y no una personalidad.

La Iglesia puede sacarse de encima el caso de Galileo con una suave y condescendiente explicación. Bruno se le queda en la garganta.

En el siglo XIX se erigió una estatua dedicada a la libertad de pensamiento en el lugar donde tuvo lugar su martirio.


EPÍLOGO DE GIORDANO BRUNO
http://www.ladedios.com.ar/?q=node/view/311
“A Giordano Bruno; el siglo que él anticipó. En Roma, donde fue quemado en la pira”
Tenía entonces cincuenta y dos años. Aunque su cuerpo había sido torturado y debilitado por los largos y penosos años de cárcel, se mantenía obstinadamente en su determinación. Sabía íntimamente que él no le había dado la espalda a Dios; seguía creyendo que lo que él cuestionaba no se oponía a Dios, sino sólo a algunos de sus dogmas. Los repetidos pedidos de que se le diera la oportunidad de explicar sus creencias y filosofía encontraron constantes negativas. La frustración de Bruno aumentó cuando se le negó la oportunidad de presentar sus puntos de vista ante los Inquisidores papales.
El 20 de enero de 1600, Bruno fue nuevamente llevado ante los Inquisidores, esta vez en presencia del papa Clemente VIII. Todas sus peticiones previas al papa no habían tenido éxito; Clemente sencillamente se había negado a leerlas o a considerarlas. No hay duda de que el papa ordenó que se completara el juicio y que se pronunciara sentencia. Antes, ya habían prometido a Bruno la libertad si él se retractaba y había sido traicionado. Por lo tanto, finalmente aceptó la futilidad de ese recurso. Advirtió que sus preguntas y observaciones amenazaban a la Inquisición y a la Iglesia, y que ningún hombre estaría dispuesto a considerar sus explicaciones. La realidad y la brutalidad de su elección eran claras. Se negó a retractarse. Eligió seguir la opción del disenso; eso le costó la vida. La herejía se castigaba con la muerte por fuego en la hoguera.
El 9 de febrero del 1600 en Roma, el Notario de la Inquisición, Flaminio Adriano, después de mencionar los principales acontecimientos de la vida de Bruno, leyó la sentencia:
“Después de invocar el nombre de Jesucristo y de su muy Gloriosa Madre María siempre Virgen, en la causa de las causas traídas ante este Santo Oficio, publicamos, anunciamos, pronunciamos, sentenciamos y declaramos, Hermano Giordano Bruno, que sois un hereje impenitente; por consiguiente que habéis incurrido en todas las censuras eclesiásticas y en los castigos del Santo Canon, las leyes y las constituciones, impuestas a los herejes confesos impenitentes, pertinaces y obstinados, por lo cual nosotros por este acto ordenamos y mandamos que seáis degradado. Y os expulsamos de nuestra Santa e Inmaculada Iglesia de cuya misericordia os habéis hecho indigno, ordenamos y mandamos que seáis entregado a la Corte Secular , que seáis castigado con el castigo merecido; además condenamos, reprobamos y prohibimos todos vuestros dichos y escritos por heréticos y erróneos. Ordenamos que todos los libros que lleguen a las manos del Santo Oficio sean públicamente destruidos y quemados ante los escalones de la plaza de San Pedro, y que sean puestos en el Registro de Libros Prohibidos.
Y así como lo hemos ordenado, deberá ser hecho”
Bruno oyó la sentencia, miró a los Inquisidores y respondió:
“En este momento, señores, quizá vuestro temor al sentenciarme sea mayor que el mío al recibir la sentencia”
Es interesante observar que uno de los hombres que firmó el documento de la condena de Bruno fue el cardenal Roberto Bellarmino, conocido por sus contemporáneos como el más bondadoso de los hombres, aunque participó tanto del juicio de Bruno como en el de Galileo. Bellarmino fue canonizado en 1930.
Hay informes contradictorios sobre los momentos finales de Bruno. Algunos señalan que fue amordazado para impedir que dijera más herejías, de acuerdo con otro, él maldecía y no quiso oír a nadie; quizá Bruno haya escrito involuntariamente su propio epitafio en De Monade, una de sus obras latinas, publicada en Frankfurt en 1590. sus escritos a menudo se caracterizaban por la imaginería mitológica y el uso de seudónimos. En De Monade, uno de los personajes es el gallo; Bruno puso en su boca las siguientes palabras:
“Mucho he luchado; pensé que podía ganar, pero el destino y la naturaleza sofocaron mis meditaciones y esfuerzos. Pero ya es algo estar en el campo de batalla, porque ganar depende mucho de la suerte. Pero hice cuanto pude y no creo que nadie en las generaciones futuras lo niegue. No temí a al muerte, nunca me rendí a nadie; en lugar de una vida de cobarde, elegí una muerte valiente”

Tengo entre mis manos una joya para el discernir, se trata del libro de Giordano Bruno dado a conocer en Londres el año 1584. Su título aun hoy resulta audaz: "Del
Infinito: El universo y los mundos". Se trata de una obra compleja, quizá velada, cuya lectura me motiva a destacar párrafos del personaje Filoteo, el portavoz creado por Bruno para representarlo en este libro escritos hace 420 años y, al copiarlos vuelvo a pensar en el ¿cómo Bruno logró acceder a ese saber tan adelantado para su época? Dijo en aquel entonces Giordano:

DIALOGO PRIMERO

Filoteo.- Así pues, os presento mi contemplación del infinito universo y los mundos innumerables.

* La definición de lugar dada por Aristóteles no conviene al lugar primero, máximo y universalísimo y que no vale tomar la superficie próxima e inmediata al cuerpo contenido y otras ligerezas que hacen del lugar algo matemático y no físico. Además, entre la superficie del continente y la del contenido que se mueve dentro de ella se necesita siempre un espacio intermedio al que conviene ser más bien lugar; y si queremos tomar del espacio sólo la superficie, es preciso ir buscando infinitamente un lugar finito... en la eternidad no hay diferencia entre ser y poder ser.

* Está bien que exista este mundo, no está menos bien  que exista cada uno de los infinitos otros.

* Se hace patente la vanidad de los argumentos de Aristóteles, el cual, argumentando contra los que afirman que el mundo es infinito, presupone el centro y la circunferencia y pretende que en el mundo finito o infinito la Tierra ocupa el centro.

* Hay un espacio universal que abraza los infinitos mundos; aunque no negamos una pluralidad e incluso una infinidad de cielos, tomando esta palabra con un significado diferente, pues así como esta tierra tiene su cielo, que es la región en la que se mueve y por la que discurre, también tiene el suyo cada una de todas las demás tierras innumerables.

        Elpino.- ¿Cómo es posible que el universo sea infinito?
        Filoteo.- ¿Cómo es posible que el universo sea finito?
        Elpino.- ¿Pretendes tú que se puede demostrar esa infinitud?
        Filoteo.- ¿Pretendes tú que se puede demostrar esa finitud?
        Elpino.- ¿Qué ensanchamiento es ése?
        Filoteo.- ¿Qué límite es ese?
        Francastoro.- Demasiado rato nos habéis tenido pendientes.
        Burquio.- Pasa rápidamente a dar alguna razón, Filoteo, que yo me divertiré escuchando esa fábula o fantasía.
        Francastoro.- Burquio, ¿qué dirás si al final te convence la verdad?
        Burquio.- Eso no estoy dispuesto a creerlo aunque sea verdad, porque no es posible que ese infinito pueda ser comprendido por mi cabeza ni digerido por mi estómago, aunque a decir verdad me gustaría que fuese como dice Filoteo, puesto que si por mala suerte ocurriera que me cayera de este mundo, siempre encontraría algún sitio.
        Elpino.- Es verdad, Filoteo; si queremos hacer juez al sentido o bien darle esa primacía que le conviene tener en él origen todo el conocimiento, hallaremos quizá que no es fácil encontrar un medio para concluir lo que tú dices antes que lo contrario. Ahora, por favor, comienza a enseñarme.

         Filoteo.- Es al intelecto a quien conviene juzgar y dar razón de las cosas ausentes y separadas por distancia de tiempo e intervalo de espacio.

* Si el mundo es finito y fuera del mundo no hay nada, ¿dónde está el mundo?, ¿dónde está el universo? Aristóteles responde: está en sí mismo. La convexidad del primer cielo es el lugar universal y como primer continente no está en otro continente, porque el lugar no es otra cosa que la superficie y la extremidad del cuerpo continente; por lo que quien no tiene cuerpo continente, no tiene lugar. Pero ¿qué quieres decir tú, Aristóteles, con eso de que el lugar está en sí mismo?, ¿qué me concluirás con "algo fuera del mundo"? Si dices que no hay nada, el cielo, el mundo, no estará ciertamente en sitio alguno.

* Me parece ridículo decir que fuera del cielo no hay nada y que el cielo está en sí mismo y está ubicado por accidente y es lugar por accidente. Y entiéndase lo que se quiera por ese suyo "por accidente"; lo cierto es que no puede evitar hacer una cosa de dos, porque siempre serán dos cosas distintas lo que es continente y lo que es contenido. Y hasta el punto son distintas que, según el mismo, el continente es incorpóreo y el contenido es cuerpo; el continente es inmóvil, el contenido móvil; el continente matemático, el contenido físico. Pues bien, sea lo que se quiera de esa superficie; yo preguntaré una y otra vez: ¿qué hay más allá de ella? Si se responde que no hay nada, yo diré que eso es el vacío, lo inane, y un vacío y un inane tal que no tiene límite ni término alguno ulterior y sólo está limitado en su interior: y es más difícil de imaginar una cosa así que pensar que el universo es infinito e inmenso, porque no podemos evitar el vacío si queremos establecer que el universo es finito.

* Así yo digo que del mismo modo que el vacío e inane no tiene capacidad alguna de recibir, todavía menos debe tener para rechazar el mundo.. Pero de estas dos capacidades nosotros vemos la una en acto y la otra no podemos verla en absoluto, excepto con el ojo de la razón. Por tanto, del mismo modo que en este espacio igual a la magnitud del mundo, está este mundo, también puede estar otro mundo en aquel espacio y en innumerables otros espacios más allá de éste e iguales a la vez.

* Tras haber dicho que el universo tiene que ser infinito por la capacidad y aptitud del espacio infinito y también por la posibilidad y conveniencia del ser de innumerables mundos como éste, queda probarlo ahora a partir de las circunstancias del eficiente que debe haberlo producido tal o, para ser más correcto, producirlo siempre tal, y a partir de la condición de nuestro modo de entender. Podemos argumentar más fácilmente que el espacio infinito es semejante a éste que vemos que argumentar que es tal como no lo vemos ni con ejemplo ni por semejanza ni por proporción ni tampoco por imaginación alguna que al final no se destruya a sí misma. Entonces, para comenzar: ¿por qué queremos o podemos pensar que la divina bondad, que puede comunicarse a infinitas cosas y puede difundirse infinitamente quiera ser escasa y constreñirse en nada, dado que cualquier cosa finita es nada en comparación con el infinito?; ¿por qué pretendéis que ese centro de la divinidad, que puede ampliarse infinitamente en una esfera (si tal cosa pudiera decirse) infinita, permanezca estéril, como si tuviera envidia, antes que comunicarse cual padre fecundo, ornado y bello?, ¿prefiera comunicarse infinitamente y, para ser más correctos, no comunicarse antes que obrar según la razón de su gloriosa potencia y ser?; ¿por qué debe quedar frustrada la capacidad infinita, defraudada la posibilidad de infinitos mundos que pueden existir, perjudicada la excelencia de la imagen divina, que debería resplandecer más en un espacio no contraído y según su modo de ser infinito inmenso? ¿Por qué debemos afirmar eso, que una vez puesto trae consigo tantos inconvenientes y destruye tantos principios de filosofía sin favorecer las leyes, religiones, fe o moralidad en modo alguno? ¿Cómo quieres tú que Dios en cuanto a potencia, en cuanto a la operación y en cuanto al efecto (que en él son la misma cosa) sea limitado y sea como el límite de la convexidad de una esfera, antes que (como se puede decir) límite ilimitado de una cosa ilimitada? Y digo límite ilimitado por ser diferente la infinitud del uno de la infinitud del otro, ya que él es todo el infinito complicadamente y totalmente, mientras que el universo es todo en todo (en el caso de que se pueda hablar de alguna manera de totalidad allí donde no hay parte ni fin) explícitamente y no totalmente, por lo que el uno ejerce función de límite y el otro de limitado, no por la diferencia entre finito e infinito, sino porque el uno es infinito y el otro lo delimita por razón de ser total y totalmente en todo aquello que, aunque sea todo infinito, no es, sin embrago, totalmente infinito, porque eso repugna a la infinitud dimensional.

* Yo llamo al universo "todo infinito" porque no tiene borde, límite o superficie; digo que el universo no es "totalmente infinito" porque cada una de las partes que podemos tomar de él es finita y cada uno de los mundos innumerables que contiene es finito. Llamo a Dios "todo infinito" porque excluye de sí todo límite y cada atributo suyo es uno e infinito; y digo que Dios es "totalmente infinito" porque todo él está en todo el mundo y en cada una de su partes infinitamente y totalmente, al contrario que la infinitud del universo, la cual está totalmente en todo, pero no en las partes (si a propósito del infinito podemos hablar de partes) que podamos comprender en él.

* Por todas las razones, pues, por las que se dice que es conveniente, bueno, necesario este mundo comprendido como finito, debe decirse también que son necesarios, convenientes y buenos todos los demás mundos innumerables, a los cuales por la misma razón la omnipotencia no escatima el ser. Sin ellos además la omnipotencia se vería censurada (bajo la acusación de no querer o no poder) por dejar un vacío o, si no quieres hablar de vacío, un espacio infinito. De esta manera no sólo se sustraería infinita perfección de ente, sino también infinita majestad actual al eficiente en aquellas cosas hechas si son hechas o en las cosas dependientes si son eternas. ¿Qué razón exige que creamos que el agente que puede hacer un bien infinito lo hace finito? Y si lo hace finito, ¿por qué debemos creer que puede hacerlo infinito, si en él el poder y el hacer es todo una sola cosa? Pues es inmutable, no tiene contingencias en su acción ni en su eficacia, sino que de su eficacia determinada y cierta depende inmutablemente un efecto determinado y cierto, por lo cual no puede ser distinto de como es, no puede ser como no es, no puede poder otra cosa que lo que puede, no puede querer sino lo que quiere y necesariamente no puede hacer otra cosa que lo que hace, dado que el tener una potencia distinta del acto conviene únicamente a las cosas mutables.

* Estos silogismos, aunque no son simples, son demostrativos. Sin embargo, yo alabo que algunos dignos teólogos no los admitan, porque considerando prudentemente saben que con esa necesidad los pueblos rudos e ignorantes terminan por no poder concebir cómo puede darse la libertad y la dignidad y méritos de justicia, por lo cual confiados o desesperados bajo un destino seguro resultan necesariamente malvadísimos. Así, en ocasiones, algunos corruptores de leyes, fe y religión, queriendo parecer sabios, han infectado muchos pueblos, convirtiéndolos en más bárbaros y malvados de lo que eran antes, despreciadores de las buenas obras y confiadísimos ante todo tipo de vicios y fechorías, gracias a las conclusiones que sacan de semejantes premisas. Por eso, ante los sabios el modo de hablar contrario no resulta tan escandaloso y tan difamante de la grandeza y excelencia divinas como pernicioso para la convivencia civil y contrario al fin de leyes resulta el modo de hablar verdadero, no por ser verdadero, sino por ser entendido mal tanto por quienes maliciosamente lo tratan como por quienes no son capaces de entenderlo sin detrimento de las costumbres.

* Algunos de los verdaderos padres y pastores de pueblos suprimen esa manera de hablar y otras parecidas quizás para no dar ocasión a malvados y seductores, enemigos de la sociedad y del bien común, de extraer conclusiones nocivas abusando de la simplicidad e ignorancia de quienes difícilmente pueden comprender la verdad y están prontísimamente dispuestos al mal. Ellos nos disculparán fácilmente si usamos las proposiciones verdaderas, de las cuales no queremos inferir otra cosa que la verdad de la naturaleza y de la excelencia de su autor, tanto más cuanto que no las proponemos al vulgo, sino únicamente a sabios que pueden llegar a comprender nuestras consideraciones. De este principio depende que los teólogos no menos doctos que religiosos jamás han puesto trabas a la libertad de los filósofos verdaderos, con conciencia cívica y buenas costumbres, han favorecido siempre las religiones, porque tanto los unos como los otros saben que la fe es necesaria para la ordenación de los pueblos rudos que deben ser gobernados y la demostración para los contemplativos que saben gobernarse a sí mismos y los demás.

* En primer lugar siendo el universo infinito e inmóvil no es preciso buscar su motor; en segundo lugar que -siendo infinitos los mundos contenidos en él, como son las tierras, los fuegos y otras especies de cuerpos llamados astros todos se mueven en virtud de su principio interno que es la propia alma, y por eso es inútil andar buscando su motor externo. En tercer lugar estos cuerpos mundanos no se mueven en la región etérea o clavados en cuerpo alguno de lo que está fija esta tierra, que es uno de ellos y con respecto a la cual demostramos que gira en torno al propio centro de varias maneras y en torno al sol en virtud de su instinto animal interno. Antepuestas estas advertencias según nuestros principios, no estamos obligados a demostrar movimiento activo ni pasivo de virtud infinita intensivamente, puesto que el móvil y el motor son infinitos y el alma motriz y el cuerpo movido concurren en un sujeto finito, en cada uno de dichos astros mundanos. De manera que el primer principio no es lo que mueve, sino que -quieto e inmóvil- da el poder moverse a infinitos e innumerables mundos, grandes y pequeños animales colocados en la amplísima región del universo, cada uno de los cuales tiene una fuerte movilidad, motricidad y otros accidentes según la condición de la propia virtud.

* En las cosas hay que tener en cuenta, si así se quiere, dos principios activos de movimiento: el uno finito según la condición del sujeto finito, y este principio mueve en el tiempo; el otro infinito en virtud del alma del mundo o bien de la divinidad, que es como el alma del alma, la cual está toda en todo y hace que el alma esté en todo; y este principio mueve instantáneamente. La tierra tiene, por tanto, dos movimientos. De la misma manera que todos los cuerpos que se mueven tienen dos principios de movimiento, de los cuales el principio infinito es el que en un solo instante mueve y ha movido... el que estos cuerpos sean movidos por una fuerza infinita es lo mismo que el no ser movidos, puesto que mover en un instante y no mover es una sola e idéntica cosa. Queda, por tanto, el otro principio activo de movimiento, que actúa por virtud o fuerza intrínseca y por consiguiente se da el tiempo y con cierta sucesión; y este movimiento es distinto del reposo. He ahí, pues, cómo podemos decir que Dios mueve el todo y cómo debemos entender que da el moverse al todo que mueve.

DIALOGO SEGUNDO

* Puesto que el primer principio es simplicísimo, si fuera finito según un atributo, sería finito según todos los atributos; o bien si fuera finito según cierta razón intrínseca e infinito según otra, se entendería necesariamente que en él hay composición. Por tanto, si él es realizador del universo, es ciertamente realizador infinito y atiende a un efecto infinito; digo efecto en cuanto que todo depende de él. Además, así como nuestra imaginación es capaz de avanzar infinitamente, imaginando siempre una extensión más allá de la extensión y un número más allá del número, según una determinada sucesión y -como suele decirse- en potencia, debemos entender igualmente que Dios entiende en acto una dimensión infinita y un número infinito. Y de este entender se sigue la posibilidad junto con la conveniencia y oportunidad que decimos existe, pues así como la potencia activa es infinita, también es infinito por consecuencia necesaria el objeto de esa potencia, puesto que el poder hacer exige el poder ser hecho, lo que dimensiona exige lo dimensionable, el dimensionante exige lo dimensionado. Añade a esto que así como en la realidad hay cuerpos de extensión finita, el intelecto primero entiende también el cuerpo y la extensión. Si lo entiende, lo entiende igualmente infinito; si lo entiende infinito y el cuerpo es entendido infinito, necesariamente tal especie inteligible existe y por haber sido producida por un intelecto tal como es el divino, es realísima y hasta tal punto real que existe más necesariamente que lo que está actualmente delante de nuestros ojos. Entonces, si lo examinamos bien, ocurre que al igual que existe en verdad un infinito indivisible y simplicísimo, existe también un amplísimo infinito dimensional que está en aquél y en el cual está aquel, de la misma manera que aquél está en el todo y el todo está en aquél.

* Si el vacío e inane existe, es sin duda capaz de recibir y esto no se puede negar de ninguna manera, dado que por la misma razón por la que se estima imposible que en el espacio en que está este mundo esté contenido también otro mundo, se debe proclamar posible que pueda estar contenido en el espacio de fuera de este mundo o en aquella nada, si así quiere llamara Aristóteles a lo que no quiere llamar vacío. La razón por la que él dice que dos cuerpos no pueden estar en el mismo lugar es la incompatibilidad de las dimensiones de uno y de otro; resta, pues, dando satisfacción a dicha razón, que donde no están las dimensiones del uno puedan estar las dimensiones del otro. Si existe esta potencia, entonces el espacio es en cierto modo materia; si es materia, tiene capacidad; si tiene capacidad, ¿por qué razón debemos negarle el acto?

* Nosotros no afirmamos un vacío como aquello que es sencillamente nada, sino el sentido de que todo aquello que es sencillamente nada, sino en el sentido de que todo aquello que no es cuerpo que ante los sentidos ofrezca resistencia sele ser llamado, si tiene dimensiones, vacío, puesto que por lo general los sentidos no toman noticia de la existencia de un cuerpo más que por la propiedad de ofrecer resistencia; por eso se dice que igual no es carne lo que no es vulnerable, tampoco es cuerpo lo que no ofrece resistencia. Decimos así que existe un infinito, es decir, una inmensa región etérea, en la que hay innumerables e infinitos cuerpos como la tierra, la luna, el sol, a los cuales llamamos mundos compuestos de lleno y de vacío, porque este espíritu, este aire, este éter no solamente existe alrededor de estos cuerpos, sino que penetra también dentro de todos ellos y resulta ínsito a toda cosa. Hablamos además de vacío en el mismo sentido con que a la pregunta que inquiriera dónde está el éter infinito y los mundos, responderíamos : en un espacio infinito, en un cierto seno en el cual está y se extiende el todo y el cual no se puede entender ni estar en otro sitio.

* Ahora bien, Aristóteles, tomando confusamente el vacío según estos dos significados y un tercero que él se imagina u ni él mismo sabe nombrar ni definir, se pone a discutir para eliminar el vacío y piensa que con ese modo de argumentar destruye completamente todas las opiniones sobre el vacío. Sin embargo, no las toca más de lo que haría alguien si, por haber eliminado el nombre de alguna cosa, pensara haber eliminado la cosa misma; porque destruye -en el caso de que lo destruya- el vacío entendido como quizá no ha sido entendido por nadie, ya que los antiguos y nosotros entendemos el vacío como aquello en lo que puede haber un cuerpo y que puede contener alguna cosa y en donde están los átomos y los cuerpos, mientras que él define únicamente el vacío como aquello que es nada, en donde no hay nada y no puede haber nada. por eso, entendiendo el vacío según un significado por el cual nadie lo ha entendido jamás, viene a hacer castillos en el aire y a destruir su vacío y no el de todos aquellos otros que han hablado de vacío y se han servido de esa palabra "vacío". No se comporta de otra manera este sofista en todas las demás cuestiones, como el movimiento, el infinito, la materia, la forma, la demostración, el ente, donde siempre construye sobre la fe de su propia definición y de la palabra tomada en un nuevo significado. Por eso, todo el que no está completamente privado de juicio puede darse cuenta fácilmente de hasta qué punto es superficial este hombre en la consideración de la naturaleza de las cosas y hasta qué punto está apegado a sus suposiciones, ni admitidas ni dignas de serlo, pues son más vanas en su filosofía natural de lo que jamás se pueda imaginar en la matemática. Y fíjate si se glorió y se mostró satisfecho de esta vanidad que en lo relativo a la consideración de las cosas naturales anhela tanto ser estimado razonador o, por así decir, lógico, que a los que han sido más solícitos de la naturaleza, realidad y verdad, los llama a modo de insulto "físicos". Pues bien, para venir a lo nuestro, dado que en su libro Sobre el vacío no dice nada, ni directa ni indirectamente, que pueda luchar dignamente contra nuestra concepción, lo dejamos estar así, remitiéndolo quizá a una ocasión en la que dispongamos de más tiempo.

* Es imposible encontrar otro que con el título de filósofo se haya imaginado suposiciones más vanas y atribuido al contrario posiciones tan necias para dar lugar a tanta ligereza como se ve en sus argumentos. Ahora, por lo que se refiere a lo que dice de los lugares propios de los cuerpos y del arriba, abajo e inferior determinados, quisiera yo saber contra qué posición argumenta él. Porque todos los que establecen un cuerpo y una magnitud infinita no le atribuyen ni centro ni extremidad; porque quien afirma lo inane, el vacío, el éter infinito, no le atribuye peso, ni ligereza, ni movimiento, ni región superior, inferior o intermedia; y además ellos colocan en tal espacio infinitos cuerpos, como son esta tierra, aquella y aquella otra tierra, este sol, aquél y aquel otro, todos realizando sus giros dentro de este espacio infinito a través de espacios finitos y determinados o bien en torno a sus propios centros. Así nosotros que estamos en la tierra decimos que la tierra está en el centro y todos los filósofos modernos y antiguos, sean de la secta que sean, dirán que está en el centro sin menoscabo de su principios. igual que nosotros decimos a la vista del horizonte máximo de esta región etérea que está a nuestro alrededor, limitada por ese círculo equidistante con respecto al cual estamos como en el centro. de la misma manera los que están en la luna entienden tener a su alrededor esta tierra, el sol y otras muchas estrellas, que están en torno al centro y en el límite de los radios propios del propio horizonte. Así, no hay unos polos determinados para la tierra más de lo que la tierra misma es un polo determinado para cualquier otro punto del éter y espacio mundano; y lo mismo cabe decir de todos los demás cuerpos, los cuales son todos -para distintos puntos de referencia- centros y puntos de la circunferencia, polos, cenits y otras distinciones. La tierra, por tanto, no está en el centro absoluto del universo, sino sólo con respecto a esta región nuestra.

* Procede, pues, este litigante con petición de principios y presuponiendo lo que debe probar. Toma, digo, por principio lo equivalente a lo opuesto de la tesis contraria, presuponiendo centro y extremo contra quienes declarando que el mundo es infinito niegan al mismo tiempo necesariamente ese extremo y ese centro y por consiguiente el movimiento hacia el lugar alto y supremo y hacia el lugar bajo e ínfimo. Vieron, pues, los antiguos y vemos también nosotros que algo viene a la tierra donde estamos y algo parece que se aleja de la tierra o bien del lugar donde estamos, por lo que si decimos y queremos decir que el movimiento de esa cosa es hacia arriba y hacia abajo, se entiende que en cierta región, desde ciertos puntos de vista, de forma que si algo, alejándose de nosotros, avanza hacia la luna, igual que nosotros decimos que sube, los anticéfalos nuestros que están en la luna dirán que baja. Los movimientos, pues, que hay en el universo no tienen ninguna distinción de arriba, abajo, aquí, allí, con respecto al universo infinito, sino con respecto a los mundos finitos que hay en él, tomados dichos movimientos según las extensiones de los innumerables horizontes mundanos o según el número de los innumerables astros, donde la misma cosa, según el mismo movimiento, se dice venir de arriba o de abajo con respecto a distintos puntos de vista. Cuerpos determinados no tienen, por tanto, movimiento infinito, sino movimiento finito y determinado en torno a sus propios términos. Pero lo indeterminado e infinito no tiene movimiento finito ni infinito, así como tampoco distinciones de lugar ni de tiempo.

* En cuanto al argumento que aduce del peso y de la ligereza, decimos que es uno de los frutos más bellos que haya poseído producir el árbol de la estúpida ignorancia, porque (como demostraremos en el momento en que nos ocupemos de ello) ningún cuerpo entero y colocado y dispuesto naturalmente es pesado y por eso no hay diferencias que deban distinguir la naturaleza de los lugares y la causa del movimiento. Además, mostraremos que la misma cosa viene a llamarse pesada y ligera según idéntico impulso y movimiento con respecto a centros diferentes, igual que con respecto a centros diferentes se dice que la misma cosa es alta y baja o que se mueve hacia arriba o hacia abajo. Y digo esto a propósito de los cuerpos particulares y mundos particulares, ninguno de los cuales es pesado o ligero y cuyas partes se llaman ligeras cuando se alejan y se separan de ellos, mientras que se llaman pesadas cuando regresan a ellos, así como las partículas de tierra o de cosas terrestres se dice que suben hacia la circunferencia del éter y se dice que descienden hacia el todo al que pertenecen. Pero en lo que se refiere al universo y cuerpo infinito, ¿quién hubo jamás que lo llamara pesado o ligero?, o bien ¿quién estableció tales principios y deliró hasta tal punto que pueda inferir en consecuencia de su forma de hablar que el infinito es pesado o ligero, que deba ascender, subir o elevarse? Nosotros demostraremos cómo de los infinitos cuerpos que hay ninguno es pesado ni ligero, porque estas cualidades acontecen a las partes en cuanto que tienden a su totalidad y al lugar de su conservación y por eso no valen con respecto al universo, sino con respecto a los propios mundos continentes y enteros.

* Decimos que hay infinitas tierras, infinitos soles, infinito éter, o según modo de hablar de Demócrito y Epicuro, que existe lo lleno y lo vacío, ínsito lo uno en lo otro. Hay diversas especies finitas comprendidas las unas dentro de las otras y ordenadas las unas con respecto a las otras. Estas especies diferentes concurren todas a hacer un entero universo infinito, en calidad de infinitas partes del infinito...

* Sin embargo, siendo el universo infinito y todos sus cuerpos transmutables, todos, por consiguiente, expulsan constantemente de sí y acogen constantemente en sí, envían fuera lo propio y acogen en su interior lo que anda errante por fuera. No creo que sea absurdo e inconveniente, sino, por el contrario, convenientísimo y natural que sean finitas las transmutaciones posibles a un sujeto y por eso partículas de tierra vayan vagando por la región etérea y accedan por el inmenso espacio ora a un cuerpo ora a otro, igual que vemos a las mismas partículas cambiar de lugar, de disposición y de forma cuando todavía están junto a nosotros.

* Por todo ello, si esta tierra es eterna y perpetua no lo es por la consistencia de sus mismas partes y de sus mismos individuos, sino por la alternancia visitudinal de las partes que difunde y de aquellas otras que le advienen en lugar de ellas, de modo que, aun perseverando la misma alma e inteligencia, el cuerpo se va cambiando y renovando constantemente partícula a partícula... Estamos en continua transmutación lo cual trae consigo que a nosotros afluyan continuamente nuevos átomos y de nosotros se alejen los acogidos con anterioridad. Asimismo, uniendose a los átomos en torno al esperma en virtud del intelecto universal y alma (mediante la estructura a la que concurren en calidad de partes), viene a formarse y a crecer el cuerpo cuando la afluencia de los átomos es mayor que su salida; luego el mismo cuerpo está en una cierta consistencia cuando la salida es igual a la entrada y al final comienza a declinar cuando la salida es mayor que la entrada... Afirmo que en virtud de esa alternancia vicisitudinal no es inapropiado, sino razonabilísimo decir que las partes y átomos tienen un curso y movimiento infinito por las infinitas vicisitudes y transmutaciones tanto de formas como de lugares. Inapropiado sería que hubiera algo que tendiera al infinito como término próximo prescrito al movimiento local o a la alteración. Tal cosa no puede ser, ya que tan pronto como algo es movido de un sitio se encuentra en otro; tan pronto como se ve despojado de una disposición se ve investido de otra y tan pronto como deja un ser toma otro, el cual sigue necesariamente a la alteración, que a su vez sigue necesariamente al cambio de lugar. De esta forma el sujeto próximo y dotado de una forma no puede moverse más que dentro de unos límites finitos, porque adopta fácilmente otra forma si cambia de lugar. de esta forma el sujeto próximo y dotado de una forma no puede moverse más que dentro de unos límites finitos, porque adopta fácilmente otra forma si cambia de lugar. El sujeto primero y susceptible de recibir formas se mueve infinitamente, tanto según el espacio como según el número de las configuraciones, mientras que las partes de la materia prima entran y salen de este a aquel y aquel otro lugar, parte y todo.

* El universo infinito puede ser concebido como un continuo en el que el éter interpuesto entre cuerpos tan grandes no introduce más separación de la que pueda introducir en el barro el aire que está interpuesto y situado entres las partes del agua y de la tierra seca, siendo la única diferencia la pequeñez de las partes y el escaso tamaño e imperceptibilidad presente en el barro y la grandeza, enorme magnitud y perceptibilidad de las partes del universo.

* El cuerpo infinito por tanto, según nosotros no es móvil ni en potencia ni en acto; no es pesado ni ligero ni en potencia ni en acto y aún menos puede tener un peso o ligereza infinitos según nuestros principios y los de otros, contra los cuales edifica éste tan hermosos castillos.

* Todo lo que dice Aristóteles quiero que esté bien dicho cuando se aplique correctamente y cuando concluya a propósito. Pero, como hemos dicho, no hay filósofo que haya hablado del infinito y de cuyo modo de hablar puedan seguirse tales inconvenientes. Sin embargo examinaremos su modo de argumentar no para responder a lo que dice, porque no es contrario a nosotros, sino tan solo para contemplar el valor de sus opiniones. En primer lugar, pues, procede en sus suposiciones por fundamentos no naturales, queriendo tomar esta y aquella parte del infinito, cuando el infinito no puede tener parte, a no ser que queramos decir que esa parte es infinita, puesto que implica contradicción que en el infinito haya una parte mayor y una parte menor o una parte que guarde una proporción mayor o menor con respecto a él, ya que al infinito no te acercas más con la centena que con el tres, porque el número infinito no consta menos de infinitas tríadas que de infinitas centenas... De la misma forma mil años no son parte de la eternidad, porque no guardan proporción con el todo, pero sí son partes de alguna medida de tiempo, como por ejemplo diez mil años, cien mil siglos.

* Las partes proporcionales  de la duración, que guardan una proporción con la duración y el tiempo, pero no con la duración infinita y el tiempo infinito, porque en éste el tiempo máximo, es decir, la parte proporcional máxima de la duración viene a ser equivalente a la parte mínima, dado que siglos infinitos no hacen más que infinitas horas. Quiero decir que en la duración infinita que es eternidad, no hay más horas que siglos, de suerte que todo lo que se dice parte del infinito, en tanto que es parte del infinito, es infinita, tanto en la duración infinita como en el tamaño infinito. A partir de esta doctrina puedes considerar cuán precavido es Aristóteles en sus suposiciones cuando toma finitas las partes del infinito y cuánta es la fuerza de las razones de algunos teólogos cuando de la eternidad del tiempo pretenden inferir lo inapropiado de tantos infinitos mayores el uno que el otro como puede haber especies de números. esta doctrina, digo, te permite liberarte de innumerables laberintos.

* En segundo lugar, Aristóteles no procede demostrativamente en su razonamiento, porque de que el universo es infinito y en él (no digo de él, porque una cosa es hablar de partes en el infinito y otra cosa de partes del infinito) hay infinitas partes, todas en acción y pasión y, por consiguiente, con transmutación entre sí, pretende inferir o que el infinito tiene acción o pasión sobre lo finito o de lo finito, o bien que el infinito tiene acción sobre el infinito y éste sufra su acción y sea transmutado por él. Esa inferencia, afirmamos nosotros, no es válida físicamente, aunque lógicamente sea verdadera, ya que aunque computando con la razón encontramos infinitas partes que son activas e infinitas que son pasivas y aunque éstas se tomen como un contrario y aquéllas como otro contrario, sin embargo en la naturaleza -por estar estas partes desunidas y separadas y divididas por unos límites particulares, tal como observamos- no nos obligan ni nos inclinan a decir que el infinito sea agente o paciente, sino que en el infinito innumerables partes finitas tienen acción o pasión. Se admite, pues, no que el infinito sea móvil y alterable, sino que en él hay infinitos cuerpos móviles y alterables.

* Yo creo y entiendo que más y más allá del límite imaginario del cielo sigue existiendo región etérea y cuerpos mundanos, astros, tierras, soles, todos absolutamente perceptibles en sí mismos y para los que están dentro o cerca, aunque no sean perceptibles a nosotros por su lejanía y distancia. Mientras, considera qué fundamentos adopta Aristóteles, que a partir del hecho de que no tenemos ningún cuerpo sensible más allá de esa circunferencia imaginaria, pretende que no hay cuerpo alguno. Por eso él se obstinó en no aceptar otro cuerpo que la octava esfera, más allá de la cual los astrónomos de su tiempo no habían reconocido ningún otro cielo... Nosotros juzgamos que tal estrella que parece menor en el firmamento y es estimada de la cuarta o quinta magnitud, será mucho mayor que aquella otra que es estimada de la segunda y primera magnitud, en cuyo juicio el sentido, incapaz de conocer la razón de la mayor distancia, se engaña.

DIALOGO TERCERO

* Uno, pues, es el cielo, el espacio inmenso, el seno, el continente universal, la etérea región por la que todo discurre y se mueve. Los sentidos nos permiten ver allí innumerables estrellas, astros, globos, soles y tierras y la razón argumenta la existencia de infinitos astros. El universo inmenso e infinito es el compuesto que resulta de tal espacio y de tantas cuerpos en él comprendidos.

* Nosotros vemos los soles, que son los cuerpos más grandes, incluso grandísimos, y no vemos las tierras, las cuales resultan invisibles por ser cuerpos mucho menores.

* Digo que el sol no reluce en el sol, la tierra no reluce en la tierra, ningún cuerpo reluce en sí mismo, pero todo cuerpo luminoso reluce en el espacio circundante.

DIALOGO CUARTO

No son, pues, infinitos los mundos a la manera como se imagina el compuesto de esta tierra rodeado de toda una serie de esferas, de las cuales unas contienen un astro, otra astros innumerables, puesto que el espacio es tal que por él pueden correr muchos astros, cada uno de los cuales es tal que por sí mismo y por principio intrínseco puede moverse a la obtención de las cosas convenientes; cada uno de ellos es tan grande que resulta suficiente, capaz y digno de ser considerado un mundo; todos ellos poseen un principio eficaz y el modo de continuar y conservar la perpetua generación y la vida de innumerables y excelentes individuos. Una vez se haya conocido que la apariencia del movimiento mundano está causada por el verdadero movimiento diario de la tierra, el cual se da igualmente en astros semejantes, ya no habrá razón que nos obligue a creer en la equidistancia de las estrellas, que el vulgo entiende como clavadas y fijas en una octava esfera; tampoco habrá creencia que nos impida conocer que las diferencias de la longitud de los radios de la distancia de las innumerables estrellas son innumerables.

* Ese pobre sofista, él usa la palabra "mundo" en un sentido diferente a nosotros, porque nosotros sumamos mundo a mundo, en el sentido de astro a astro en este espaciosísimo seno etéreo, como es lógico que hayan entendido también todos aquellos sabios que han creído los mundos innumerables e infinitos. Él (Aristóteles) usa la palabra "mundo" como el conjunto de estos elementos ordenados y orbes imaginarios hasta la convexidad del primer móvil, que dotado de una figura perfectamente esférica gira con movimiento rapidísimo rotando en torno al centro en el que nos encontramos nosotros. Por eso será un entretenimiento vano y pueril pretender examinar argumento por argumento esa fantasía; lo correcto y oportuno será, por el contrario, refutar sus argumentos en la medida en que puedan ser contrarios a nuestra concepción, sin tomar en consideración lo que no está en contra nuestra... Contra esto decimos que de la misma manera que en este espacio universal infinito nuestra tierra se mueve por esta región y ocupa esta parte, los demás astros ocupan igualmente sus propios lugares y se mueven por sus regiones en el inmenso campo.

DIALOGO QUINTO

* Son raíces amputadas que germinan, son cosas antiguas que rotornan, son verdades ocultas que se descubren; es una nueva luz que, tras larga noche, apunta en el horizonte y hemisferio de nuestro conocimiento y poco a poco se avecina al mediodía de nuestra inteligencia.

* Porque único es el lugar universal, único el espacio inmenso que podemos llamar libremente vacío, en el cual hay innumerables e infinitos globos como éste en el que vivimos y vegetamos nosotros.

* Fuera, pues, de la imaginaria circunferencia y convexidad del mundo hay tiempo, porque allí hay medida y razón del movimiento, ya que allí hay cuerpos móviles similares... Son, pues, infinitos los motores, igual que son, infinitas las almas de estas infinitas esferas.

* Digo que en el campo etéreo no existe un punto determinado hacia el que en calidad de centro se mueven las cosas graves y del que se alejen las cosas ligeras como hacia la circunferencia. La razón es que en el universo no hay centro ni circunferencia. La razón es  que en el universo no hay centro ni circunferencia, sino que -si así se lo quiere- por doquier está el centro y en cualquier punto se puede encontrar parte de alguna circunferencia con respecto a algún otro medio o centro...

Filoteo.- Fuera, pues, de la imaginaria circunferencia y convexidad del mundo hay tiempo, porque allí hay medidas y razón del movimiento, ya que allí hay cuerpos móviles similares... Son, pues, infinitos los motores, igual que son, infinitas las almas de esas infinitas esferas...
Elpino.- Es propio de un ingenio no dormido poder considerar y comprender mucho con poco que se haya visto y oído.
Albertino.-  Aunque hasta ahora no me haya sido concedido ver todo el cuerpo del luminoso planeta, puedo sin embargo vislumbrar por los rayos que difunde a través de los estrechos agujeros de las cerradas ventanas de mi intelecto que esto no es resplandor de linterna artificiosa y sofística, no es de luna ni de otra estrella menor. Por eso me apresto a una mayor comprensión en el futuro.
Filoteo.- Gratísima será tu compañía.
Elpino.- Vayamos ahora a cenar.
Final de los cinco diálogos del infinito universos y mundos.

***
Para entender mejor lo planteado por Bruno creo conveniente dejar al final y de manera ordenada los argumentos puestos al comienzo del libro por Bruno a manera de:

EPISTOLA PROEMIAL
AL ILUSTRÍCIMO
SEÑOR MICHEL DE CASTELNAU
Embajador ante la Serenísima Reina de Inglaterra.


Aquí, pues, os presento mi cotemplación del infinito universo y los mundos innumerables:

Argumento del primer diálogo:
En primer lugar se concluye de qué manera la verdad está en sujetos diferentes.
En segundo lugar se empieza a demostrar la infinitud del universo  y se aduce el primer argumento, sacado de que no saben dar un límite al mundo quienes por obra de la fantasía pretenden fabricarle murallas.
En tercer lugar, del hecho de que es incorrecto decir que el mundo es finito y que está en sí mismo, porque eso conviene sólo al inmenso. El tercer argumento se toma de la incorrecta e imposible imaginación del mundo como no ubicado en ningún lugar, porque se seguiría necesariamente que no existe, dado que toda cosa está en un lugar.
El cuarto argumento se recoge de una demostración o cuestión muy apremiante que plantean los epicúereos: "Suponiendo finito todo el espacio existente, si alguien corriese haicia el borde extremo, a lo último, y desde allí lanzara un dardo volador, ¿qué prefieres decir, que irá a donde se le envíe, o crees que algo podrá resistirle y oponerse a su curso?
El quinto se toma del hecho que la definición de lugar dada por Aristóteles no conviene al lugar primero, máximo y universalísimo y que no vale tomar la superficie próxima e inmediat6a al cuerpo contenido y otras ligerezas que hacen del lugar algo matemático y no físico. Además, entre la superficie del continente y la del contenido que se mueve dentro de ella se necesita siempre un espacio intermedio al que conviene ser más bien lugar; y si queremos tomar del espacio sólo la superficie, es preciso ir buscando infinitamente un lugar finito.
El sexto se toma de que no se puede evitar el vacío afirmando que el mundo es finito, si vacío es aquello en lo que no hay nada.
El séptimo se toma de que, así como el espacio en el que está este mundo se entendería vacío si en él no estuviera este mundo, también donde no está este mundo se entiende que está vacío... en la eternidad no hay diferencia entre ser y poder ser.
El octavo argumento se toma de que ningún sentido niega el infinito, dado que no lo poemos negar por el hecho de que no lo comprendemos con el sentido; por el contrario, del hecho de que el sentido es comprendido por el infinito y la razón viene a confirmarlo, debemos afirmarlo.
El argumento noveno lo tomamos de que no se puede negar el espacio infinito más que de palabra, como hacen los obstinados, una vez se ha considerado que el resto del espacio donde no hay mundo y que se llama vacío o se finge también nada, no es posible entenderlo sin capacidad de contener no menor que esta capacidad que contiene.
El décimo de que igual que está bien que exista este mundo, no está menos bien que exista cada uno de los infinitos otros.
El undécimo de que la bondad de este mundo no es comunicable a otro mundo que pueda existir, igual que mi ser no es comunicable al de éste o aquél.
El duodécimo de que no hay razón ni sentido que no permita que exista un infinito corpóreo y explicado igual que se afirma un infinito indivisible, simplicísimo y complicante.
El decimotercero de que este espacio del mundo, que a nosotros nos parece tan grande, no es ni parte ni todo en comparación con el infinito y no puede ser el objeto de una operación infinita, con respecto a la cual es un no ente lo que nuestra debilidad puede comprender.
El decimocuarto de que si la potencia activa infinita actualiza el ser corporal y dimensional, éste debe ser necesariamente infinito.
El decimoquinto de que el universo en la concepción vulgar no se peude decir que comprenda la perfección de todas las cosas de manera distinta a como yo comprendo la perfección de todos mis miembros y cada globo todo lo que hay en él.
El decimosexto de que el infinito eficiente sería necesariamente deficiente sin el efecto y no podemos concebir que tal efecto infinito sea sólo él mismo.
El decimoséptimo argumento se toma de que si decimos que el mundo es ilimitado se sigue la paz del entendimiento con nuestro modo de pensar, mientras que del modo contrario se siguen innumerables dificualtades e inconvenientes.
El decimooctavo de que si el mundo es esférico, entonces tiene una figura y un límite y ese límite que está más allá de este mundo limitado y figurado tiene también una figura, de suerte que su concavidad está unida a la convexidad que no se diferencia en nada de la superficie convexa de este mundo.
          En la segunda parte de este primer diálogo lo que se ha demostrado por la potencia pasiva del universo se muestra por la potencia activa del eficiente con varias razones:
La primera se coge de que la potencia divina no debe estar ociosa y tanto más afirmando un efecto exterior a la propia sustancia en el caso de algo pueda serle exterior.
Se coge la segunda de la práctica, porque la opinión contraria elimina la razón de la bondad y grandeza divinas.
La tercera es convertible aduce la diferencia entre el todo infinito y el totalmente infinito.
La cuarta se toma de que la omnipotencia resulta censurada por haber hecho el mundo finito y ser agente infinito de un sujeto finito, no menos por no querer que por no poder.
La quinta infiera que si no hace el mundo infinito, no puede hacerlo.
La sexta se aduce la causa por la que los teólogos defienden lo contrario no sin un motivo conveniente; y se habla también de la amistad entre estos sabios y los filósofos sabios.
La séptima se toma de proponer la razón que distingue la potencia activa de las diferentes acciones y de disolver tal argumento. Además se muestra la potencia divina intensiva y extensivamente de manera más egregia de lo que el conjunto de los teólogos haya hecho jamás.
Por la octava se muestra que el movimiento de los infinitos mundos no proviene de un motor extrínseco, sino del alma de cada uno y cómo a pesar de todo existe un motor infinito.
Por la novena se muestra cómo se verifica en cada uno de los mundos el movimiento intensivamente infinito, a lo que se debe añadir que del hecho de que un móvil se mueva y se haya movido un instante se sigue que se puede ver en cualquier punto del círculo que hace con el propio centre.

Argumento del segundo diálogo:
Aduce en primer lugar cuatro razones:
La primera de las cuales procede a partir de que todos los atributos de la divinidad son como cada uno por separado.
La segunda, de que nuestra imaginación no debe poder extenderse más que la acción divina.
La tercera, de la indiferencia entre el intelecto y la acción divina y de que no entiende menos lo infinito que lo finito.
La cuarta, de que si la cualidad corporal tiene una potencia activa infinita sensible a nosotros, ¿qué ocurrirá entonces con toda la cualidad que está en toda la absoluta potencia activa y pasiva?
En segundo lugar argumenta a partir de que una cosa corpórea no puede estar limitada por una cosa incorpórea, sino o bien por el vacío o bien por lo lleno, y que fuera del mundo hay necesariamente espacio... Y se muestra la vanidad del argumento de Aristóteles sacado de la incompatibilidad de las dimensiones.
En tercer lugar se enseña la diferencia que hay entre el mundo y el universo, porque quien llama al universo infinito uno distingue necesariamente entre estos términos.
En cuarto lugar se aducen las razones contrarias por las que se estima al universo finito... Con ello se hace patente la vanidad de los argumentos de Aristóteles, el cual pretende que en el mundo finito o infinito la tierra ocupa el centro.

Argumento del tercer diálogo:

En primer lugar en el tercer diálogo se niega  aquella vil fantasía de la figura, de las esferas y de la diversidad de los cielos y se afirma que el cielo es uno, que hay un espacio universal que abraza los infinitos mundos; aunque no tengamos una pluralidad e incluso una infinitud de cielos, tomando esta palabra con un significado diferente, pues así como esta tierra tiene su cielo, que es la región en la que se mueve y por la que discurre, también tiene el suyo cada una de todas las demás tierras innumerables.
En segundo lugar se advierte que el movimiento universal y el de los llamados excéntricos y cuantos pueden referirse al llamado firmamento, son todos fantásticos, puesto que realmente dependen de un movimiento que hace la tierra con su centro por la elíptica y de los otros cuatro movimientos diferentes que efectúa en torno al centro de la propia mole... Esta consideración nos hace ver que todos los argumentos sobre el móvil y el movimiento infinito son vanos y están fundados en la ignorancia del movimiento de este globo nuestro.
En tercer lugar se establece que no hay estrella que no se mueva igual que esta nuestra y otras... pero que los soles que son cuerpos donde predomina el fuego se mueven de una manera y las tierras en las que predomina el agua de una manera distinta.
En cuarto lugar se indica la verdadera diferencia entre los astros que centellean y los que no.
En quinto lugar se examina la opinión de Cusano en torno a la materia y habitabilidad de los mundos y en torno a la causa de la luz.
En sexto lugar cómo la luz procede siempre del astro opuesto.
En séptimo lugar se pone claramente de manifiesto que no hay accidente aquí que no se presuponga allá, igual que no hay nada que se vea allá desde aquí lo cual no se vea aquí desde allá.
En octavo lugar se muestra que aunque sea verdadera la distinción de los elementos, no es en modo alguno observable o inteligible el orden de los elementos establecido vulgarmente.
En noveno lugar, del hecho que se ha visto que el famoso orden de los elementos es falso se infiere la naturaleza de estos cuerpos sensibles compuestos que, en calidad de otros tantos mundos, están en el espacioso campo que es el aire, cielo o vacío. Allí están todos estos mundos, los cuales no contienen menos habitantes y animales que pude contener ésta, dado que no tienen menor potencia ni una naturaleza distinta.
En décimo lugar se pone de manifiesto también cómo suelen concluir por lo general las discusiones...... tales individuos deben ser evitados por quien no tenga una buena coraza de paciencia.

Argumento del cuarto diálogo:
Primeramente se repite lo que otras veces se ha dicho que los mundos son infinitos, cómo se mueve cada uno de ellos y de qué está formado... Al refutar los abundantes argumentos de Aristóteles contra dicha infinita multitud, se ponen fundamentos de no poca importancia para ver los verdaderos principios de la filosofía natural.
En segundo lugar se aclara que aunque la superficie de una tierra estuviera pegada a la otra no ocurriría que las partes de una pudieran moverse hacia la otra, refiriéndonos a las partes heterogéneas o diferentes, no a los átomos y cuerpos simples, de donde se aprende a pensar mejor sobre la naturaleza de lo pesado y de lo ligero.
En tercer lugar se aclara por qué motivo estos grandes cuerpos han sido dispuestos por la naturaleza a tanta distancia, y no están más cerca los unos de los otros de forma que del uno se pudiera pasar al otro.
En cuarto lugar se explica cómo la distancia local cambia la naturaleza del cuerpo y cómo no.
En quinto lugar se explica cuánto se engaña Aristóteles cuando reconoce en cuerpos lejanísimos un impulso de gravedad o ligereza del uno hacia el otro.
En sexto lugar que el movimiento rectilíneo no conviene ni puede ser natural a la tierra o a otros cuerpos principales sino a las partes de estos cuerpos.
En séptimo lugar se aduce a partir de los cometas el argumento de que no es verdad que el grave tenga impulso o movimiento a su continente por muy lejos que esté.
En octavo lugar se muestra, a propósito de otro argumento, que los cuerpos simples de la misma especie en los demás mundos se mueven de la misma manera y cada parte tiene su centro y se refiere al centro común del todo, el cual centro sin embargo no cabe buscarlo en el caso del universo.
En noveno lugar se establece que los cuerpos y sus partes no tienen un arriba y un abajo determinados más que en la medida en que el lugar de su conservación está aquí o allí.
En décimo lugar cómo el movimiento es infinito y qué móvil tiene al infinito y a combinaciones innumerables sin que eso se siga gravedad o ligereza con velocidad infinita; y que el movimiento de las partes próximas, en cuanto conservan su ser, no puede ser infinito y que el impulso de las partes hacia su continente no puede darse más que dentro de la región del mismo.

Argumento del quinto diálogo:
Albertino, nuevo interlocutor, aduce once argumentos en los que se reúne toda la opinión contraria a la pluralidad y multitud de los mundos:
El primero se toma de que fuera del mundo se entiende que no hay lugar, ni tiempo, ni vacío, ni cuerpo sensible ni compuesto.
El segundo de la unidad del motor.
El tercero de los lugares de los cuerpos en movimiento.
El cuarto de las distancias de los horizontes con respecto al centro.
El quinto de la contigüidad de varios mundos esféricos.
El sexto de los espacios triangulares que generan con su contacto.
El séptimo del infinito, en acto, que no existe, y de que un número determinado no es más razonable que otro.
El octavo se toma de la determinación de las cosas naturales y de la potencia pasiva de las cosas, la cual no responde a la eficacia y potencia activa divinas.
El noveno argumento se toma de la bondad civil que consiste en la conveniencia.
El décimo de que por la contigüidad de un modo con otro se sigue que el movimiento de uno obstaculiza el movimiento del otro.
El undécimo de que si este mundo es completo y perfecto no es preciso que otro u otros se le añada o añadan.
Estas son las dudas y motivos en cuya solución reside tanta doctrina que ella sola basta para descubrir los más íntimos y fundamentales errores de la filosofía vulgar y el peso e importancia de la nuestra.

***
A manera de personal epílogo de este contenido notable, magistral, sorprendente para su época y digno de analizar, meditar y discernir en el presente, quiero señalar a manera de Epílogo que:

Las actas del proceso contra Giordano Bruno se "perdieron". Gaspare Scioppio fue testigo del juicio y dice que se le condenó por afirmar entre otras cosas que:

- Existen innumerables mundos.

- La magia es algo bueno y lícito.
- El Espíritu Santo es el anima mundi.
- Moisés ejecutó sus milagros por el conocimiento adquirido sobre magia de los egipcios.
- Cristo era un mago.

Parte del texto de la sentencia condenatoria que, "misteriosamente" desapareció, señalaba:

Fallamos, atentos los autos y méritos del dicho proceso, que debemos declarar y declaramos al dicho Giordano Bruno, de haber incurrido en sentencia de excomunión mayor, por la culpa de hereje, fautor, instigador e irrepento... a ser quemando en la hoguera, y sus cenizas esparcidas para que de él, no quede noticia.....    

Han pasado 400 años y no quedó noticia de sus verdugos e inquisidores, salvo el jesuita Bellarmino quien fue canonizado en 1930. Pero él, el hereje a la hoguera llevado, es una Luz en la sombra de la ignorancia que hoy resplandece cuando debía nuestra mente iluminar... y sus palabras enrostradas a quienes lo condenaron estimula nuestra lucha por la Libertad:

Tremate forse piu voi nel pronunciare la sentenza che io nel riceverla
Tembláis más vosotros al pronunciar la sentencia que yo al recibirla

¿Cuál libertad? ¡La libertad sobre uno mismo! y esa Libertad nos permite, como lo hizo Bruno, proyectar la mente hacia más allá de las estrellas, lo que representa el Portal de retorno hacia nuestra Cósmica
Realidad...

A manera de su vasta Enseñanza, para un Epílogo quizá Bruno nos diría algo que él señaló:

Dios es omnipotente y perfecto y el universo es infinito, si dios lo conoce todo entonces es capaz de pensar en todo, incluido lo que yo pienso, Debido a que dios es perfecto y conoce todo, debe crear lo que yo pienso. Yo puedo imaginar un infinito numero de mundos parecidos a la tierra, con un jardín del edén en cada uno. En todos esos jardines la mitad de los Adanes y Evas no comerán del fruto del conocimiento y la otra mitad lo hará, de esta manera un infinito numero de mundos caerá en desgracia  y habrá un infinito numero de crucifixiones. De aquí puede haber un único Jesús que irá de mundo en mundo o un infinito numero de Jesuses. Si hay un solo Jesús, la visita a un número infinito de mundos tomara una infinita cantidad de tiempo, de este modo debe haber un infinito numero de Jesuses creados por Dios.

Hay un espacio universal que abraza los infinitos mundos. El universo es infinito e inmenso. Único es el espacio inmenso que podemos llamar libremente vacío, en el cual hay innumerables e infinitos globos (planetas) como éste en el que vivimos y vegetamos nosotros. Muchas vidas hemos vivido y muchas más por delante tenemos a realizarse en cada uno de los mundos innumerables. Existe un universo infinito con mundos infinitos, en el que las estrellas fijas no lo son en absoluto. Hay innumerables soles con un sinnúmero de tierras que giran alrededor de dichos soles. Estos planetas no son visibles porque las estrellas se hallan a enormes distancias de nosotros, y deben haber en nuestro sistema solar otros planetas no visibles. Si se acepta el punto de vista de que el universo es infinito, lo que resulta inevitable, en tal caso suponer que está habitado por una limitada e imperfecta población de seres inteligentes, es incompatible con la infinita bondad y perfección de Dios y Sus Obras. Debe haber un infinito número de seres moralmente imperfectos y otros más perfectos, habitando la infinitud de mundos.

Recién en el año 1924 gracias al astrónomo Edwin P. Hubble, (1889 - 1953) del Observatorio Monte Wilson, San Francisco California, se pudo demostrar científicamente que existen otras galaxias. Hoy se afirma que cada galaxia está formada por miles de millones de sistemas solares. Son a su vez miles de millones de galaxias cuyo conjunto da lugar a una hipergalaxia; las que a su vez son cientos de millones que dan forma a megagalaxias las ... Y que nuestra Tierra es marginal del sol, una estrella marginal de la galaxia, la cual no ocupa la posición central, sino marginal en el universo, como tampoco la ocupa nuestra Tierra en el sistema solar ni nuestro sistema solar en la galaxia. Es decir, señores inquisidores del 1600, aunque duela aceptarlo: Hay miles de millones de mundos: NO SOMOS EL CENTRO DEL UNIVERSO NI LOS ÚNICOS SERES PENSANTES; somos marginales cósmicos en todo el sentido de la palabra y hay seres mucho más evolucionados que nosotros en esta y otras galaxias y, en especial, en otras dimensiones más sutiles que la nuestra... Además, los últimos descubrimientos de Hubble, relacionados con los movimientos y distancias galácticas, han ayudado a verificar la teoría de la expansión del Universo en una lógica secuencia fruto de un Gran Programador o Mente Universal, que todo lo rige, cuya Inteligencia Pura todo lo compenetra. Y... que Giordano Bruno tenía razón...

Quedo en pensativa contemplación intentando imaginar la mentalidad medieval de la época de Bruno y cómo él logró salir de las paredes de esa prisión mental y, sin nuestra tecnología encontrar lo que encontró y que, en mucho explica mejor lo cósmico que el más laureado filósofo actual y... Quizá, por qué no, puede que este título sea la razón de ser esencial que mi refugió satelital llamado Soliloquios me llevó a construir...


Un personal "Antipoema" nacido a la Luz del pensamiento de Bruno

Para nada soy poeta, al finalizar este soliloquio, mientras escucho Conciertos para violín de J. S. Bach, me nació algo como poema pensando en Bruno que fue un demoledor y cuestionador de los antivalores caducos en boga hace 400 años y recordé al maestro del antipoema, el poeta chileno Nicanor Parra, entonces a lo que en este instante escribí, en algo como verso, así lo consideré y acá su contenido quedó:

CiberAntiPoema
La Luz al mundo llegó
y se llamó Jesús.
La Luz se consolidó con la Transfiguración
y se llamó Jesucristo quien
nos la legó para el propósito que estaba destinada.
La Luz victoriosa retorna a cimentar su misión:
La de la humana transformación
que será para Todos por igual
y Cristo es su nombre.

iván
Quilpué, Chile
agosto de 2004

Como en septiembre de 2003 afirmé que Einstein fue un hombre venido del futuro, hoy, en septiembre de 2004 sostengo que Bruno nació en 1548 venido de un futuro más distante que nuestro presente. La diferencia entre Ambos viajeros en el tiempo relativo es la época, para uno era la era de la poderosa, temida, fanática, sectaria, arbitraria y dogmática Inquisición, pare el otro no...

Gracias Amigo Giordano Bruno, el Nolano Mártir, por ayudarme a Despertar y proyectar mi imaginación hacia lo infinito haciéndome sentir infinito; hacia lo eterno, haciéndome sentir eterno, hacia lo divino haciéndome sentir divino, hacia Dios haciéndome sentir parte de Su creación...

 


Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
septiembre 2004

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isp2002@vtr.net